Historiador del arte, con experiencia y formación en el mundo del periodismo, la comunicación online y la gestión pública. Apasionado de la investigación y difusión de todo lo que tenga que ver con Llanera. Con dos libros publicados sobre el municipio y multitud de artículos en prensa y revistas de divulgación histórica.
Corría el año 1926 en plena dictadura de Primo de Rivera y bajo la alcaldía de Celestino Tresguerres, cuando llega al pleno municipal, concretamente en la sesión del 11 de diciembre de 1926, el asunto de si el ayuntamiento debe de dotarse o no de un vehículo de propiedad municipal, en lo que iba a ser el primer coche oficial con el que contó nuestro ayuntamiento en toda su historia que, por aquel entonces, ya sumaba bastante más de un siglo de andadura independiente.
Encabezamiento del acta de la sesión del 11 de diciembre de 1926.
El primer punto del orden del día de aquella sesión fue el dedicado a la dotación de una partida presupuestaria por importe de 5.000 pesetas, con destino a la compra del vehículo para el servicio del ayuntamiento, punto que fue defendido directamente por el alcalde Tresguerres.
Entre los motivos que éste alegó para justificar ese desembolso económico, estaba el hecho de que el concejo contaba con 11 parroquias «diseminadas en las cuales se están realizando o van a ejecutar obras por administración que hay que inspeccionar», tal y como se recoge en el acta del pleno, unas inspecciones que se veían dificultadas por «falta de medios de comunicación».
Otra de las ventajas que se veía a la compra de un coche, era la de agilizar la visita al terreno de las comisiones municipales que se enviaban para informar acerca de peticiones vecinales que llegaban al ayuntamiento, cuya resolución en ocasiones se retrasaba «porque no siempre puede la comisión informante ir a cumplir su cometido», sigue el acta.
Donde se explicitan algunos de los motivos que aconsejan la compra del vehículo.
Por otro lado, la propia dinámica de la gestión municipal hacía necesarios los viajes a distintos organismos oficiales ubicados en Oviedo, e incluso se generaban desplazamientos oficiales a municipios vecinos. A todo eso se añade la facilidad que aportaría a los propios concejales para desplazarse hasta la capital municipal para participar en las sesiones plenarias «y más aún, el regreso a sus hogares, casi siempre de noche y atravesando horas de carretera».
Todas ellas eran razones que venían a abonar el argumento principal esgrimido por Celestino Tresguerres, que uno era otro que el ahorro que iba a suponer para las arcas municipales, habida cuenta de que si bien «hasta ahora los gastos que los viajes oficiales originaban a la Corporación y empleados, eran satisfechos en su mayor parte del bolsillo particular de cada uno», el aumento en la frecuencia de esos viajes «hace que esos gastos se multipliquen y excedan de las disponibilidades de cada uno, lo que obligará a todos a pasar la cuenta para que, como es de justicia, se abone con cargo al presupuesto que resultará menos gravado si los viajes oficiales se hacen en el auto municipal».
Fragmento del acta de pleno en la que se explicita el modelo de coche que va a adquirir el municipio.
Una vez conseguida la unanimidad de los concejales asistentes a la sesión, se pasó a discutir el modelo de vehículo que podría ser más apropiado para los fines establecidos, llegándose a la conclusión de que la mejor opción, al decir del alcalde, era un «Peugeot 11 H.P., cinco asientos, usado, casi nuevo, que su dueño vende, por haber adquirido un coche mayor». Propietario que al parecer, pedía la cantidad de 8.500 pesetas aunque, eso sí, ofreciendo flexibilidad en el pago.
Modelo Peugeot 172 Bc Quadrilette 1924, 11 hp
Ya en 1926 una de las cuestiones que se valoraron para aprobar la compra del vehículo fue que «es de muy poco consumo», como puso de manifiesto el concejal José Alonso. Las deliberaciones entre los ediles concluyeron con el acuerdo de abonar con cargo al presupuesto en ejercicio la cantidad de 3.500 pesetas, dejando el resto del importe para el año siguiente, siempre y cuando el mecánico al que se le encargara la revisión del vehículo diera el visto bueno al estado del vehículo. Asimismo, se decidió reservar en el presupuesto la cantidad de 2.000 pesetas para afrontar los gastos que ocasionaría el uso del vehículo por la corporación.
Dejamos para un próximo artículo el recorrido por la polémica, que se extenderá hasta 1932, provocada por la compra de ese vehículo.
Fachada del edificio consistorial proyectada por Francisco Casariego. Foto del autor.
El viernes 21 de abril de 2023, se presentó en la Plaza de La Habana de Posada de Llanera el primer número de la revista Cartafueyos de Llanera Revista Cultural del Concejo, en la cual publico un artículo que reproduzco a continuación añadiendo el soporte visual que fue imposible incluir en la publicación en papel ,y que supone sacar a la luz por primera vez los planos completos de un proyecto arquitectónico del que únicamente se tenía noticia por las noticias aparecidas en prensa y las alusiones contenidas en las sesiones plenarias del Ayuntamiento de Llanera.
La apertura
Corría el año 1920 cuando tenemos las primeras noticias acerca de la intención de los responsables municipales, presididos por el alcalde, Joaquín Palacio Muñiz, de proceder a la construcción de un nuevo edificio consistorial, para lo cual el pleno acuerda adquirir un inmueble en Posada con el fin de dedicarla a juzgado y a ayuntamiento, mientras que el edificio que dejaría libre el consistorio se procedería a su reparación para que pudiera acoger el cuartel de la Guardia Civil.
En la toma de decisión de levantar un nuevo edificio consistorial, parece que concurrieron dos circunstancias. Por un lado, la amenaza lanzada por el jefe del contingente de la Guardia Civil instalado en la capital municipal, de suprimir la presencia de la Benemérita si no se le facilitaban unas instalaciones capaces de albergar en condiciones a los agentes y, por otro, la necesidad de mejorar las condiciones de la Casa Consistorial.
Eso queda así reflejado en el acta de la sesión plenaria del 10 de enero, cuyo primer punto del orden del día se centró en dar cuenta a los concejales acerca de una sesión extraordinaria, previsiblemente de la Comisión Permanente aunque no se explicita, llevada a cabo para afrontar este asunto.
Se informa al pleno del ofrecimiento hecho por Rosalía González Ablanedo, de una casa para dar solución al problema “teniendo en cuenta la gran necesidad que existe, por tratarse del caso de alojar la fuerza de la gda [sic] civil”, un asunto que requería atención rápida, toda vez que el mando de la Benemérita amenazaba con “que si en un plazo perentorio no se adquiere donde alojar la fuerza, suprimiría el puesto de este concejo.”
La amenaza no surtió ningún efecto sobre los concejales, y Severino Coterón Menéndez, representante del Partido Reformista, pide que la propuesta de Rosalía González se deje sobre la mesa por espacio de una semana para poder hacer un estudio más detenido de la misma.
La propuesta del reformista, en medio de una corporación dominada por el elemento conservador, fue rechazada por mayoría, decantándose en cambio por acordar el inmueble ofrecido y abonar el importe de 25.000 pesetas propuesto por la propiedad, repartidas en 9.000 a pagar al contado “y las diez y seis pesetas restantes, en obligaciones de dos mil pesetas cada un año con el cinco por ciento de interés anual.”
Fachada lateral del consistorio. Foto del autor.
Asimismo, se acuerda que el inmueble que se pretende adquirir será dedicada a Consistoriales y Juzgado, además de dependencias auxiliares, mientras que el edificio que liberará el ayuntamiento se procederá a su acondicionamiento para su uso como cuartel y caballerizas para la Guardia Civil “y todo lo necesario para ese fin, y que dada la gran necesidad se den principio á las obras lo antes posible.”
Por la revista Asturias y el artículo del por aquel entonces secretario municipal, Ramón Rayón, del 4 de abril de 1920, sabemos que el contingente de la Guardia Civil se encontraba en aquellos momentos acuartelado en Villabona, después de que Fernando Ablanedo, propietario del inmueble que ocupaba el instituto armado hubiera procedido a su venta a la Sociedad Hijos de Guisasola, para la instalación de una botica y de un comercio al por mayor, y de ahí la reclamación del cuerpo de su reubicación.
Como buen conocedor de la realidad municipal, Rayón no evita transmitir las dificultades existentes para que el proyecto salga finalmente adelante debido a la existencia de “una tirantez política tan grande que es causa de no poder efectuarse cualquier empresa que se proyecte”, aunque en esta ocasión muestra su confianza en que se lleve adelante “para el bien de todos.”
Fuera por esa tensión política o por otra cuestión, el caso es que el asunto entró en vía muerta durante unos meses y no será hasta septiembre que se vuelva a asomar al plenario municipal, ya con la presencia de un nuevo alcalde, Manuel Alonso Rodríguez.
Por ese tiempo, la Guardia Civil ya parece haber vuelto a la capital municipal, toda vez que se discute sobre la necesidad de ampliar, como se lee en el acta de la sesión del 4 de septiembre, “en la parte Norte un local para destinar a cocinas para la casa cuartel.” El plenario acuerda llevar adelante las obras y, en el punto siguiente del orden del día, se toma la decisión de requerir a Rosalía González con el fin de firmar la escritura de compra venta del inmueble que el consistorio había acordado adquirir, para lo que se le da un plazo de 30 días. Ya no vamos a tener más noticias sobre el asunto hasta que en plena dictadura primorriverista y bajo la alcaldía de Celestino Tresguerres, se active el proyecto ya con una madurez mayor que hacía presagiar que el municipio podría por fin contar con unas nuevas Casas Consistoriales.
Fachada posterior. Foto del autor.
La polémica
A finales de 1926, concretamente en el mes de diciembre, será cuando se reactive el proyecto de nuevo ayuntamiento mediante la reserva en los presupuestos municipales de 15.000 pesetas ante la “necesidad de construir una nueva Consistorial”, obras que debían de estar en marcha, ya que en el acta del día 11 de diciembre se dice que la cantidad se guarda “a reserva de que la Corporación, en sucesivos presupuestos vote el crédito suficiente para terminar las obras.” Obras que más parecen tener que ver con reparaciones en el edificio ya existente, ya que no será hasta 1929 cuando el plenario vea los planos de lo que iba a ser el nuevo edificio consistorial.
En julio de ese año, concretamente el día 20, el alcalde Tresguerres plantea a sus compañeros de corporación la “gran necesidad de construir una nueva Consistorial y una Casa-Cuartel”, y pide al interventor que explique a los concejales cual es la manera de disponer de los fondos necesarios para ello.
La explicación que ofrece incluye utilizar para ese menester 40.000 pesetas procedentes del superávit del presupuesto de 1928, unidas a las 20.000 reservadas para el mismo fin en las cuentas del año en curso, a lo que se sumaría un crédito por otras 10.000 pesetas destinadas a las obras en el cuartel de la Benemérita. Esas cantidades, según el interventor, serían suficientes para iniciar las obras y se tenía la previsión de finalizarlas gracias al presupuesto para el año 1930. La propuesta del interventor logra el apoyo por unanimidad de la corporación.
Será en el mes de noviembre de 1929, cuando apenas si quedan unos meses para finalice la dictadura de Primo de Rivera, en enero siguiente, y con ella el mandato de los ayuntamientos de ese periodo, el momento en el que se presente a los concejales los planos del nuevo edificio proyectado por el arquitecto Francisco Casariego (Oviedo 1890-1958).
De nuevo Tresguerres vuelve a insistir a sus concejales en la necesidad de llevar adelante la obra del nuevo edificio, para lo cual se hace imprescindible proceder a la compra de un solar capaz de acoger el edificio proyectado por Casariego. El solar que parece más adecuado, tal y como se lee en el acta del pleno del 30 de noviembre, parece ser uno propiedad de Carmen García Martínez, algo con lo que el redactor del proyecto también parece estar de acuerdo y así lo ratifican los concejales por unanimidad.
De nuevo gracias a una publicación editada en Cuba, El Progreso de Asturias, con destino a la comunidad asturiana, como también lo era la revista Asturias que mencionamos anteriormente, sabemos que el proyecto de nuevo ayuntamiento era acogido con suspicacias en la capital municipal, al considerar que “lo que pretender hacer los señores concejales ahora, no es cubrir una necesidad apremiante, construyendo un edificio de tanta cuantía y máxime teniendo en cuenta que el arca municipal no está en condiciones para hacer tan gran desembolso”. Según la memoria económica que acompaña a los planos de Francisco Casariego, el importe total de la obra sería de 151.101,46 pesetas.
Resumen del presupuesto. Foto del autor.
El anónimo cronista de El Progreso de Asturias, que publica la información en su número del 30 de enero de 1930, pide que se utilice el solar vecino a la plaza cubierta, donde antiguamente se llevaba a cabo el mercado de ganado, para dotar a Posada de un parque, teniendo en cuenta que los vecinos “carecen en absoluto de lugares de esparcimiento”, además de cumplir con el compromiso adquirido por el ayuntamiento con el Club Llanera de La Habana “de higienizar los alrededores de la Plaza cubierta, que buena falta hace”, y supondría una “verdadera obra de embellecimiento y de utilidad pública”, concluye el artículo.
Con esas críticas probablemente en mente, la nueva corporación presidida por José González Solares, una vez puesto fin a los ayuntamientos del periodo dictatorial, decide aprobar unos presupuestos municipales en los que se aumenta la partida dedicada a la reparación del viejo ayuntamiento y otros edificios en 2.000 pesetas, y en 5.000 pesetas para los gastos de calefacción. A estas alturas, el edificio de casa cuartel seguía sin construirse como demuestra el hecho de que en ese presupuesto, aprobado el 8 de marzo de 1930, se aumenta de 7.000 a 13.500 pesetas la partida para levantar el nuevo cuartel.
El 19 abril el concejal José Rodríguez, pregunta en pleno acerca de la compra del solar sobre el que supuestamente se iba a edificar el nuevo consistorio, sin que el acta de la sesión recoja si recibió respuesta alguna a su demanda.
Sí es más expresiva el acta del pleno del 28 de junio, presidido por Eugenio Vázquez Rodríguez, si bien tuvo que abandonar el salón de sesiones al tener un interés personal en el asunto de la compra del solar, tal y como le recordó el concejal Severino Coterón, que es quien fuerza el abandono del pleno por parte de Vázquez, quien fue sustituido por el primer teniente alcalde, José González Solares.
Cumplido con ese trámite, se pasa a dar lectura a la escritura firmada el 2 de enero de ese mismo año 1930, otorgada por Carmen García Martínez, ante el notario López Urrutia, por el cual se procedió a la venta de un solar de 3.420 metros cuadrados de superficie, sito en la capital municipal, a razón de 4,75 pesetas el metro cuadrado, con destino a la nueva consistorial.
El presidente de la sesión pide que el pleno denuncie esa escritura “por haber suficientes terrenos propios del municipio”, y amparándose en un Real Decreto publicado ese mismo mes, por el cual se autoriza a los municipios a declarar lesivos todos los acuerdos adoptados a partir del 13 de septiembre de 1923, con el fin de poder recurrir a la vía contencioso administrativa para obtener el resarcimiento que se vea conveniente. El plenario acuerda finalmente intentar una avenencia con la propiedad con el fin de no llegar a la vía judicial, y si este no fuera posible “promover recurso contencioso contra los acuerdos de la Corporación de la Dictadura referentes a la compra a Dña Carmen García de un solar para nueva Consistorial y anular la escritura pública otorgada.”
Detalle del presupuesto adjunto al proyecto. Foto del autor.
El asunto vuelve al pleno el 11 de octubre, para estudiar el informe jurídico que se había solicitado a los abogados José Buylla y Ramón G. López. Ambos letrados coinciden en la procedencia de declarar lesivos los acuerdos tomados al respecto por la corporación presidida por Tresguerres, pedir a los tribunales que declaren la escritura nula, para, a continuación, acudir al juzgado para pedir daños y perjuicios. Así lo acuerda el pleno facultando al alcalde para que en el plazo de ocho días de un poder en nombre del ayuntamiento, a los procuradores Bueres, Cabañas, Pedrosa y Emilio Valdés, además de encargar la defensa al letrado Ramón González López.
En el turno de ruegos y preguntas de esa misma sesión, el edil Severino Coterón, indaga acerca del recuento de la madera adquirida con la finalidad de ser destinada a la construcción de la nueva consistorial, y si fue trasladada al almacén municipal. Al mismo tiempo, se interesó por saber a qué capítulo del presupuesto se imputó ese gasto así como el de los planos. El alcalde le responde que la madera aún está en posesión del vendedor, Manuel Braña, y que los costes de su compra, traslado y de los planos se imputaron al presupuesto de 1929, sin que se explicitara la cuantía de ese gasto.
El asunto de los costes de la madera, volverá a ponerse de manifiesto en el pleno del 8 de noviembre, en el transcurso del cual se discute partida por partida, el presupuesto presentado por el carpintero Manuel Braña, algunas de las cuales son rechazadas. El plenario acuerda abonar 513 pesetas, excluyendo el coste del seguro contra incendios que era de 100 pesetas. El aporte de madera necesitó del viaje de tres carpinteros a Gijón para proceder a su selección y transporte hasta Llanera.
Se da un plazo de 48 horas a Manuel Braña para que acuda al ayuntamiento para ser informado sobre el acuerdo adoptado y, en caso de conformidad, proceder al traslado de la madera o, en caso de disconformidad, acudir al juzgado para que permita el traslado de la madera que aún estaba en su poder, ya que una parte ya se encontraba almacenada en la Plaza de Abastos, donde un recuento realizado por el concejal Celedonio García, había detectado la falta de 200 piezas, ante lo cual se decide iniciar una investigación para intentar averiguar el paradero de las mismas. Un material que volverá a asomarse a las páginas de la prensa socialista, cuando el diario Avance publique el 26 de noviembre, que “continúa almacenada la madera comprada en mal hora por el Ayuntamiento de la Dictadura, para la construcción de la nueva Casa Consistorial”. El municipio asegura que “todavía no se ha recibido el permiso del ministerio de Hacienda para proceder a la subasta, permiso que le fue pedido hace tiempo”, como podemos leer en el mismo artículo. Del destino de la madera nunca más se supo.
Carpeta que contiene el proyecto de casa consistorial. Foto del autor.
El arquitecto
El ayuntamiento, como ya hemos visto, encargó la redacción de los planos al ovetense, Francisco Casariego Terrero (1890-1950), arquitecto y pintor. Dejando de lado esta segunda faceta, decir que estudia arquitectura en Madrid entre 1910 y 1916 al mismo tiempo que estudia en la Academia de Artillería, para más tarde ejercer como arquitecto municipal en Langreo; en 1921 ejerce como arquitecto de catastro; y, entre 1922 y 1940 lo hace como arquitecto municipal de Oviedo.
Cuando le llega el encargo de realizar los planos de un nuevo ayuntamiento para Llanera, ya era un profesional con una importante trayectoria, como demuestra el hecho de que, junto con el ingeniero municipal, Ildefonso Sánchez del Río, había realizado el proyecto del ensanche de varias calles de la capital asturiana, incluyendo algunas intervenciones en la Fábrica de Armas.
De su mano salió una amplia obra arquitectónica, tanto en Asturias como fuera de las fronteras regionales. Como veremos en los planos del consistorio de Llanera, por esos años era un arquitecto caracterizado por la solidez constructiva y el manejo de elementos regionalistas e historicistas como se aprecia en la Casa del Arco Iris, el edificio de viviendas de la calle Uría 25, el Cine Principado en la calle Cabo Noval ya desaparecido, o la colonia Ladreda conjuntamente con Enrique Bustelo, todas ellas obras de los años 20.
Probablemente el proyecto de mayor interés dentro de su obra arquitectónica sean las instalaciones del Orfanato Minero de Oviedo, creado en 1929 gracias al acuerdo entre el SOMA y el gobierno de Primo de Rivera, para atender las necesidades de los huérfanos de la minería. Un adelanto muy importante por lo que tocaba a la atención de los menores, en un momento en el que la siniestralidad minera era muy alta dejando a muchas familias en una situación de extrema vulnerabilidad.
La construcción se inicia en 1931 bajo la dirección del ingeniero de minas, Ernesto Winter, y el proyecto fue obra de los arquitectos asturianos Enrique Rodríguez Bustelo y Francisco Casariego, quienes contaron con la ayuda de Ildefonso Sánchez del Río, en todo lo que tuvo que ver con la estructura de hormigón armado con la que cuenta el edificio. En Llanera sí llegó a construir el edifico de Cerámicas Guisasola en 1947.
Portada del proyecto. Foto del autor.
La fachada principal no sólo se privilegiaba con el pórtico y con el balcón, sino que se añadía una apertura rematada por escudo y con un aparejo de piedra que continuaba el del piso inferior hasta concluir todo el frente con un reloj y un remate en el tejado que recuerda al que podemos ver en el Ayuntamiento de Oviedo, siguiendo modelos historicistas procedentes del siglo XIX ya muy ensayados en la arquitectura de algunos de los ayuntamientos asturianos, como los que hemos mencionado con anterioridad.
En las fachadas laterales se rompe la monotonía del muro continuo, dando un ligero resalte al cuerpo central, hasta el antepecho de sendas ventanas relacionadas con los dormitorios de las dos viviendas que ocupan todo el espacio de la segunda planta, una destinada al conserje del edificio y otra al secretario municipal.
El edificio estaba formado por una planta de sótano con una serie de habitáculos que reproducen la estructura de habitaciones del piso inmediatamente superior. Desde el pórtico se accedía a la planta baja que era la ocupada en su totalidad por las instalaciones del Juzgado Municipal, con un vestíbulo de acceso a cuyos lados se sitúan tanto el despacho del juez como la Depositaría, y con un patio central como elemento organizador del espacio, una sala de juicios, las instalaciones de calefacción y la cárcel municipal la cual tenía un acceso independiente por la parte trasera del edificio para llegar a las dos celdas con las que contaba, y el despacho del secretario municipal.
Planta segunda del edificio proyectado. Foto del autor.
Por medio de unas escaleras se subía al primer piso, destinado a acoger el Ayuntamiento propiamente dicho, con su Salón de Sesiones con salida al balcón sobre la fachada principal, despachos para el alcalde, el secretario, archivo y otras dependencias.
La estructura interna se remataba con un segundo piso dedicado exclusivamente a acoger las viviendas del conserje y del secretario, con sus correspondientes dormitorios, cocinas, comedor y baño, junto con el acceso al reloj. No será hasta los años 60, concretamente hasta 1969 cuando Llanera pueda presumir de tener un nuevo edificio consistorial, que en su día supuso una mejora muy importante y que sigue en uso en este siglo XXI, mostrando ya múltiples carencias que hacen aconsejable pensar en la elevación de una nueva construcción, adaptada plenamente a las necesidades de un municipio en crecimiento y con servicios municipales distribuidos en diferentes localizaciones dentro de la capital municipal.
Plano de la Colonia Industrial proyectada en Pruvia. Diario Región, 6 de febrero de 1931
Ya es casi un tópico que al hablar de Llanera salga a relucir la privilegiada situación geográfica en la que se encuentra, pero eso no hace menos cierta esa afirmación, que viene siendo válida desde que los primeros grupos humanos deambularon por estas tierras, y que luego los romanos convirtieron en un centro neurálgico de su red de calzadas en la región y, ya en el siglo XIX fue ratificada por los nudos ferroviarios de Lugo y de Villabona. En tiempos más cercados el cruce de autopista con autovías y carreteras nacionales, no han sino ratificar ese privilegio geográfico del que disfrutamos.
Lógicamente, los industriales también se dieron cuenta de ello como demuestra la sucesión de noticias que podemos leer fundamentalmente en el diario Región, entre los días 3 y 6 de febrero de 1931, haciéndose eco del interés de medio centenar de productores de bebidas alcohólicas, por abandonar sus ubicaciones en Oviedo para trasladarse a lo que denominaron «colonia industrial», ubicada en terrenos de Pruvia, al pie de la carretera hacia Gijón, y cuyo plano reproducimos en la imagen con la que abrimos este artículo.
Región, 3 de febrero de 1931
La iniciativa de crear esta suerte de antecedente de los polígonos industriales, partió de Sotero Pérez, a la sazón presidente de la Agremación de almacenistas de vinos y fabricantes de licores de Asturias, quien calificó el proyecto como una «necesidad imperiosa», con la idea de «expandir su radio de acción sin las trabas sistemáticas de la que es objeto». Un proyecto además, como escribe el anónimo redactor de Región «responde en todo a las necesidades de la vida industrial moderna que exige gran radio de acción economía para el desenvolvimiento de los negocios».
Con el fin de analizar la viabilidad del proyecto, la junta directiva de la asociación empresarial decide nombrar a cuatro de los asociados, Bonifacio Gutiérrez, Rafael González, Andrés Alonso y Waldo Balbuena, para que hagan estudios y gestiones para que de ahí salga un proyecto «definitivamente realizable».
Región, 4 de febrero de 1931
En las páginas del 4 de febrero, podemos leer en las páginas del mismo diario, una entrevista con el presidente de los almacenistas y productores de bebidas alcohólicas, en la que desgrana algunas de las razones que llevan a la asociación a construir esa colonia industrial en Llanera. Así, apunta hacia unos impuestos excesivos que se pagan en Oviedo: «Nos aplastan, aún no hemos salido de unos, encauzando nuestras actividades, cuando ya se establecen otros», subidas que terminan repercutiendo en el precio de sus productos al público.
Con el trasladado, el presidente de los empresarios, calcula un gran ahorro para las contabilidades empresariales, habida cuenta de que los impuestos de un año en Llanera eran una décima parte de los que se veían obligados a pagar en la capital asturiana
Para llevar adelante la construcción de la infraestructura, Sotero Pérez desvela que se encargaría de ello una sociedad catalana, que sería tanto la encargada de comprar los terrenos como de levantar los almacenes, de tal forma que «ni los fabricantes ni los almacenistas tendrán que hacer ningún desembolso previo», y el pago sería «mensual, contra letras aceptadas».
El colectivo empresarial ya se habría puesto en contacto con el Ayuntamiento de Llanera, para trasladarle la idea, y el presidente afirma en la entrevista que el alcalde les había dado toda clase de facilidades, apuntando hacia unos terrenos considerados como idóneos en la zona de Las Cabañas.
Región, 5 de febrero de 1931
Lógicamente, el periódico ovetense se puso en contacto con el regidor de la capital con el fin de pulsar su opinión al respecto. En ese momento, ocupaba el sillón de primer edil de forma interina, Antidio Mauri. Preguntado por el periódico, Mauri, también presidente de la Comisión de Hacienda del ayuntamiento, manifestó que el traslado de los industriales a Llanera no iba a tener ninguna repercusión negativa en las arcas municipales, ya que «sólo tributan por las ventas que hacen dentro del concejo; la mercancía que expenden para otros concejos no satisfacen por ella arbitrio de ninguna especie».
En La Voz de Asturias, que ese mismo día se hace eco del proyecto de los industriales ovetenses, se recogen algunas declaraciones más del alcalde accidental al respecto. Además de insistir en el hecho de que los industriales pagan por las bebidas que venden, añade que «de seguir abasteciendo a la clientela que tengan en el concejo de Oviedo, no tendrán más remedio que pagar. Los perjuicios, en todo caso, serán para ellos, que tendrá que pagar transportes».
La Voz de Asturias, 5 de febrero de 1931
A esas declaraciones del alcalde ovetense, responde Sotero Pérez de nuevo desde las páginas de Región al día siguiente, y entrando en el desglose de gastos, afirma que el Oviedo las tasas impositivas les suponen un desembolso supresión a las 8.500 pts., mientras que en Llanera se quedarían en poco más de 3.400 pts., suponiendo un ahorro anual en torno a las 5.200 pts. Ahorros que permitirían a los fabricantes de licores «amortizar sus almacenes en 5 años y a los expendedores de vinos en 10 años».
Unos almacenes cuyo coste cifra en 15.000 pts. sin contar el precio del solar, por lo que el montante final «echando muy por largo, no subiría de veinticinco mil pesetas cada uno», en palabras de Sotero Pérez, quien también desvela que la colonia se proyectaba construir sobre una superficie rectangular de 300 metros cuadrados «con comunicación directa a la carretera que va de Biedes a La Campana, la cual enlaza con la de Oviedo-Avilés, y prosigue a unirse con la de Adinero-Gijón, en el punto conocido por Pruvia».
Asimismo, se tendría que construir una vía ferroviaria de 275 metros de longitud que uniera el tendido del Ferrocarril del Norte con la colonia industrial. Una obra cuyo coste no desvela al «hallarse supeditado a los gastos de expropiación, facilidades otorgadas por la Compañía y trámites complementarios acerca de la División de Ferrocarriles».
Región, 6 de febrero de 1931
No cabe duda de que este es el antecedente, si bien fallido porque no hay constancia de que este proyecto finalmente se llevara a término, de la posterior relevancia que tendrá Pruvia en el establecimiento de empresas industriales, de servicios y de hostelería que se fueron instalando en la zona en las décadas posteriores a la Guerra Civil, si bien no de una forma tan clara y planificada como se quiso llevar a cabo en ese año de 1931.
Entrada al antigo cementerio de Lugo de Llanera, anexo en su día a la parroquial de Sta. Mª de Lugo destruida durante la Guerra Civil y reconstruida en la ubicación actual en la población de Lugo de Llanera.
Esta mañana una amiga me envió una noticia publicada en el periódico El Español el pasado mes de octubre, en la que se recogía la historia de la primera viajera de la historia, la gallega Egeria quien habría viajado a Tierra Santa allá por el s. IV, dejando además una crónica del viaje, una parte de la cual se conserva en la biblioteca de la ciudad italiana de Arezzo, donde fue descubierta por un investigador italiano en 1884.
En esos finales del s. IV llevó a cabo un viaje de alrededor de 5.000 kilómetros, lo que hace suponer que era una mujer de posibles, incluso contó con escolta del ejército romano en algún tramo del recorrido, y, sin duda, de una gran curiosidad como así demuestra su escrito o, al menos, la parte que se conserva. Un viaje de gran dureza para la época del que no sabemos si regresó a la Gallaecia, su punto de partida, o si sucumbió a las penurias del camino.
Sirva esta introducción para decir que leyendo esa noticia, me saltó a la mente la referencia a dos hombres que hicieron una donación de terrenos a la iglesia de Santa María de Lugo en tiempos medievales, precisamente cuando iban camino a Jerusalén. Así aparece recogido en un exhaustivo inventario de propiedades de la iglesia lucense en tiempos del clérigo Pelayo Domínguez, el presbítero Cristóbal, Domingo de Ciudad, Pedro Abad y Pedro Miguélez. Documento fechado de forma imprecisa entre los siglos XII y XIII, en el momento en el que la parroquial de Santa María pertenecía al monasterio ovetense de San Vicente.
En ese documento podemos leer como Pelagio Iohannes y Christóforo Iohannes, mientras iban camino a Jerusalén, donaron a Santa María, media propiedad que tenían colindante con otra propiedad de Pelayo Ectaz de Cerredo, sin que tengamos más detalles al respecto, salvo que esa donación tuvo lugar en tiempos del presbítero Christóforo, y se incluye dentro de una larga relación de heredades y pomares realizadas por una multitud de personas en ese mismo tiempo.
Literalmente se recoge en el documento: «Alio petazum médiums, que dederunt Pelagio Iohannes et Christoforo Iohannes quando ibant ad Iherusalem, sub ipsa terra de Pelagio Ectaz de Cerredo».
Seguramente el recorrido de estos dos peregrinos a Tierra Santa sería muy similar al seguido siglos antes por Egeria, y no podemos sino especular con las razones para afrontar toda una aventura, entre los que a buen seguro el componente piadoso tuvo que ser una fuerza motriz fundamental. Tampoco sabemos, como en el caso de la gallega, que deparó el destino a esos dos aventureros ni sobre las razones que les llevaron a hacer una donación como la que hicieron, a la iglesia de Santa María de Lugo, pero ahí queda este pequeño detalle recogido. Tal vez algún día algún investigador dé con la puesta de Pelayo y Cristóforo y podamos conocer más detalles de su peregrinación.
Reproducción del libro de José Mª Canal Sánchez-Pagín.
En agosto se cumplirán 137 años del paso por nuestro concejo del entonces rey Alfonso XII, y 119 desde que su hijo, Alfonso XIII, hiciera lo propio y en ambos casos fue el ferrocarril el medio de transporte elegido para esas visitas, más bien pasos fugaces por las tierras de Llanera.
En agosto de 1884 se inauguraba la rampa de Pajares y con ello se comunicaba por vía férrea Asturias con al Meseta y con Madrid, reduciendo un viaje de 70 horas en diligencia a las 22 en un tren que podía llegar a alcanzar la velocidad de hasta 50 kilómetros por hora, una velocidad nada despreciable para la época.
Abro este artículo reproduciendo el fragmento que a este hecho dedicó el párroco José Mª Canal, en su libro «Santa María de Lugo. Una parroquia. Un santuario», editado en 1984 y que es posible encontrar en las estanterías de nuestras bibliotecas. En él recoge parte de la crónica que el periódico ovetense El Carbayón dedicó al paso por Llanera de la expedición real, la cual se detuvo en la estación de Lugo para recibir el saludo del alcalde, Ramón García Miranda y Ablanedo, quien después de un estampido de voladores, se dirigió al rey quien «acogió el saludo con una sonrisa… El recibimiento fue brillante y respetuoso». Y eso parece haber sido todo.
El monarca vino acompañado por su mujer, Cristina de Habsburgo, y sus hijas Isabel y Eulalia, además de una amplia comitiva oficial, en la que se incluían hasta cuatro ministros.
Alfonso XIII. Foto Wikipedia.
Igualmente amplia fue la comitiva que acompañó a Alfonso XIII durante su viaje oficial a Asturias en enero de 1902, aunque esta vez la familia quedó reducida a su hermana Mercedes, y el esposo de esta, don Carlos. Después de hacer noche en Oviedo, como se explica en las páginas de El Noroeste, «varios coches conducen a la estación los equipajes de los regios expedicionarios y de sus comitivas». Cuando el rey accede a la estación se va a encontrar con «más de dos mil personas. El cuadro que ofrecen los andenes es imponente», escribe el periodista de El Noroeste.
Sin apenas saludar al alcalde de la capital asturiana, la comitiva se sube al tren, y en Lugones el tren se detendrá un corto periodo de tiempo, para dejar paso al tren mixto procedente de Gijón, para, a continuación, seguir rumbo a Villabona, donde «apenas hay una docena de personas». Nada dice el periodista acerca del paso por Lugo de Llanera, donde estaba previsto que una comisión municipal saliera a su encuentro, tal y como se había hecho con Alfonso XII, años antes.
Fragmento del acta del pleno municipal del 26 de julio de 1902. Foto del autor.
El acta del pleno municipal del 26 de julio de 1902, nos informa de la intención del pleno de enviar una comisión para recibir al monarca a su paso por Lugo de Llanera, formada por el alcalde, de nuevo, Ramón García Miranda, junto con los concejales Froilán Menéndez Prado, José González Solares, Manuel Rodríguez García, Celedonio Díaz Rodríguez y Víctor Rodríguez Ablanedo «además del resto de individuos que voluntariamente se quieran sumar al recibimiento». Queda pendiente la presentación de «la cuenta de los gastos que se han de producir».
El Noroeste, 13 de agosto de 1902.
Es bastante posible que si ya en Oviedo apenas si saludó a la corporación municipal, en este caso Alfonso XIII, pasara de largo sin detenerse hasta rendir viaje en Avilés donde se levantaron varias tribunas para acoger al público que acudió a recibir al «regio huésped», como lo define el periódico gibones, y disfrutar de «un espléndido lunch para 34 comensales que tenía preparado la corporación municipal». Después de visitar la fábrica azucarera de Villalegre, Soto de Rey y Salinas y embarcar en el Urania con destino a Santander, no sin antes dejar en Avilés «para los pobres de la parroquia mil quinientas pesetas».
En unos días se cumplirán 116 años desde que el aeronauta langreano, Jesús Fernández Duro, sobrevolara por dos ocasiones, los cielos de Llanera, pilotando El Alcotán, un globo aerostático con el que consiguió múltiples hazañas aéreas que le valieron, entre otras condecoraciones la Legión de Honor francesa. Esos serían dos de sus últimos vuelos, ya que la muerte le alcanzará al año siguiente en San Juan de Luz, a la edad de 28 años, debido a unas fiebres tifoideas.
El aeronauta había nacido en La Felguera en 1878 y había estudiado ingeniería mecánica en París, donde obtiene al mismo tiempo, el título de piloto de globo. Un aparato al que bautizó con el nombre de Alcotán, un ave de la familia de los halcones, con el que realizará múltiples giras por España como la que le llevó a ser el primer piloto en sobrevolar los Pirineos en 1906, viajando desde la localidad francesa de Pau hasta la andaluza de Granada.
El Noroeste 23 de julio de 1905
En las páginas del periódico gijonés El Noroeste, encontramos la crónica de un vuelo que dio comienzo en Gijón con el inflado del globo a las ocho de la mañana, para, hora y media más tarde despegar de forma majestuosa «siendo despedido entusiásticamente por numeroso público entre el que se encontraban algunas señoras y señoritas». El vuelo fue seguido desde un coche por sus amigos Yermo, Ablanedo y Ruíz Gómez.
El vuelo llevó al globo a cruzar, imaginamos que en medio de una gran curiosidad vecinal, la zona de Porceyo, Sotiello y la Venta de Veranes, a cuya altura el piloto decidió soltar una de las bolsas de lastre con el fin de aligerar el peso y poder así superar las alturas de Puga y entrar ya en los cielos de Llanera, tomando dirección hacia Villabona, cruzar sobre el túnel de Robledo, sobrevolar Lugo de Llanera y aterrizar en las proximidades de la Fábrica de Lugones.
El Noroeste 23 de julio de 1905
Eran las once de la mañana y en la zona de aterrizaje le estaban esperando los hermanos Guisasola y los amigos que habían ido siguiendo el vuelo desde el coche, aterrizaje que tuvo lugar, según El Noroeste, en medio de una gran expectación de los vecinos del barrio de Cayés «hombres, mujeres, ancianos y niños», quienes ya habían advertido la presencia del aeronauta sobre la altura de Santufirme. Después de comer en Lugones, toda la expedición regresó a la Gijón en coche ya por la tarde.
Según la información recogida por el periódico gijonés, este vuelo hacía el número 34 de los llevados a cabo por Fernández Duro «quien ha maniobrado con habilidad suma, aprovechando las corrientes bajas que impulsaban el globo hacia el concejo de Siero y las más altas que lo dirigían hacia Avilés, consiguiendo tomar tierra en el lugar que se proponía hacerlo como si dispusiese el globo de una dirección obediente a la voluntad del piloto».
Retrato de Jesús Fernández Duro. (Foto Wikipedia)
Dos días después el mismo rotativo, se hace eco de nuevo en su primera página, de un nuevo vuelo del Alcotán, que de nuevo tuvo como protagonista a nuestro concejo, aunque esta vez parece que más por el capricho del viento que por la intención del piloto, quien parece ser que tenía previsto llevar a cabo un vuelo sobre la costa, y «apenas quedó libre de amarras tomó la dirección de la parroquia de Roces», para terminar tomando tierra «en una fumarada contigua al punte de Cayés a corta distancia de la fábrica de cerámica de los Sres. Guisasola, es decir, a 500 metros de donde El Alcotán tomó tierra en su expedición del sábado».
El Noroeste 25 de julio de 1905
Jesús Fernández Duro no sólo fue un hombre que llevó a cabo múltiples hazañas aéreas, de las que se hicieron eco las páginas de la prensa europea, sino que también animado por su espíritu aventurero, en 1902 llevó a cabo la hazaña de viajar, ida y vuelta, en automóvil entre Gijón y Moscú sin utilizar ningún tipo de mapa, sumando la friolera de 10.000 kilómetros. Desde el año 2004, su localidad natal recuerda su memoria con un monumento en su honor, y al año siguiente se funda el Círculo Aeronáutico Jesús Fernández Duro también en La Felguera.
Imagen del monumento en memoria de Jesús Fernández Duro en La Felguera. (Foto Wikipedia)
Ayer mismo veía en los informativos la notica de que una empresa navarra proyecta la construcción en el municipio soriano de Noviercas, de una granja con capacidad para 23.000 vacas de producción lechera que prevé ocupar una extensión de algo así como 1.000 campos de fútbol ni más ni menos. El alcalde totalmente favorable a la instalación en un municipio ejemplo de la España que se nos está vaciando, y otros colectivos en contra por el riesgo que supone para el medio ambiente la producción de purines de una explotación de ese tipo y el enorme consumo de agua que va a traer consigo. En contraposición hablaban ayer de más de 100 puestos de trabajo.
Esa noticia me hizo recordar otra aparecida en la Revista Asturias allá por el año 1916, casi nada, que hablaba del interés del marqués de Argüelles por instalar en Villabona una ganadería para 500 reses también dedicadas a la producción lechera, que iría acompañada de una fábrica de productos lácteos. Sin duda, la proximidad a la estación ferroviaria era un atractivo para poder poner en el mercado el producto con facilidad.
Cuando el secretario del juzgado de Posada, Ramón Rayón, publica esa información en la revista el 1 de noviembre de 1916, da como hecho cierto que el marqués tiene arrendado el coto de Villabona para instalar allí a las reses, de hecho, ya parece que había 200 pastando por allí, un número que, sin duda, debía de parecerles tan fantástico a los vecinos de un concejo donde el ganadero que tenía 4 vacas era algo excepcional, como hoy nos parecen las 23.000 de Noviercas.
No sólo parece que al menos 200 de las 500 previstas, ya habían llegado a sus pastos, sino que el marqués había adquirido «cincuenta varas de yerba a razón de peseta la arroba», y añade que «según me informaron va a construir una una fábrica de productos lácteos y como el Marqués nada se le pone por delante, a causa de que tiene mucho dinero, será desde luego, un hecho la anterior noticia.»
Hasta el momento, no he encontrado más información al respecto, lo que me hace sospechar que la iniciativa no tuvo mayor recorrido y que todo se quedó en buenas intenciones.
En el resto de la noticia, el cronista señala la buena cosecha de trigo, la de maíz tenía buena pinta y la de hierba también había sido importante, mientras que los precios, guerra mundial mediante, estaban disparados y lo sueldos, como dice irónicamente, «mantienen la más estricta neutralidad», mientras el vecino de Santa Rosa, José Prado, lamentaba el robo de un cobertor, 17 sábanas, dos pares de botas, 20 camisas, un traje de caballero, 6 fundas de almohada y una capa de cristianar.
En nuestro artículo anterior comentábamos la visita que había hecho al concejo el inspector educativo, Dimas Rojas González, en 1898 y como de su informe no habían salido muy bien paradas las escuelas del municipio por sus condiciones higiénicas, la masificación y, en algún caso, por la labor de los maestros. Todo eso se juntó en el caso de Arlós.
Probablemente, aunque en el acta del pleno en el que se leyó el informe del inspector no aparece con claridad y de la advertencia que trasladó a la corporación de vigilar más estrechamente la administración del material comprado para las escuelas, venga la causa primera del expediente que se abrió al año siguiente, 1899, al maestro de Arlós, Manuel Rodríguez Pérez. Un expediente que sería abierto por la Junta Local de Primera Enseñanza y luego remitido, como era preceptivo al gobernador.
Así el asunto llegó al pleno del 13 de octubre de 1899, presidido por el alcalde Ramón García Miranda, y en él la corporación señala que al analizar las pruebas de descargo presentadas por el docente «debe tenerse muy en cuenta que los testimonios que éste ha presentado, son amigos y llamados por él», testigos que «han declarado en cuanto al servicio y el menage [sic] de la escuela todo lo contrario á lo que la Junta Local de este concejo ha observado cuando giró la visita á dicho local escuela».
Acta del pleno del 13 de octubre de 1899.
Y por si fuera poco el hecho de que no cuidara como tenía que ser del material escolar, su conducta también era cuando menos peculiar. Los concejales que giraron la inspección detectaron que el maestro «viaja a los mercados con muchísima frecuencia» y lo que resulta más llamativo: «que se ocupa de la medicina está bien demostrado, toda vez que ha expedido recetas con su firma como lo han visto varias personas».
Y claro está en los tiempos que corrían, no podía faltar la opinión del párroco que tampoco resultó ser favorable al maestro, vía informe y que la corporación pide que sea respetado «y atenerse en un todo á lo por él manifestado antes que al de ningún otro vecino de la referida parroquia de Arlós».
Al día siguiente, 14 de octubre, el asunto vuelve a surgir en el pleno el asunto y se nos facilita algún detalle más. El primero es que el informe municipal había sido solicitado por la Junta Provincial de Instrucción Pública; el segundo que los testigos aportados por el maestro atestiguaron que era un fiel cumplidor del horario lectivo, a pesar de que «está bien demostrado que los primeros testigos declararon la verdad y espontáneamente están bien informado pues han venido tan solo porque ven las muchas faltas en aquella escuela», tal y como se recoge literalmente en el acta plenaria.
Acta del 14 de octubre de 1899.
Otro dato nuevo que se nos ofrece es que cuando la comisión municipal visitó la escuela «ni había libros ni menage [sic] que valen la suma de cinco pesetas por más que el Señor Maestro diga otra cosa». Por otro lado, se confirma que era habitual verlo en los mercados de Avilés y de Oviedo «no solo para comprar lo que la escuela necesita sino para otros asuntos a que se dedica y entre ellos á curar enfermos, hasta el punto de expedir recetas con su firma como lo han visto algunos individuos de esta corporación».
Tampoco libraba del análisis su actitud hacia la religión especialmente hacia el precepto pascual, siendo imposible encontrar «testigo alguno que pueda afirmar si cumple o no» con esa obligación.
No conocemos el resultado final del informe, pero el hecho de que el periódico El Progreso de Asturias publicara el 15 de octubre de 1901, la noticia de que la escuela de niños de Arlós, dotada con 625 pts., se iba a cubrir por concurso de turno único y que los aspirantes tenían 30 días para hacerlos, nos hace sospechar que la investigación pudo haber concluido con la destitución de Manuel Rodríguez Pérez como maestro de la parroquia.
Apertura del acta del pleno municipal del 30 de abril de 1898.
En julio del año pasado escribí un primer artículo dedicado a la situación de las escuelas en el concejo en la siglo XIX, que se puede leer pinchando aquí, y anunciaba un segundo referido al contenido de un informe elaborado por el inspector educativo, Dimas Rojas González, en el año 1898.
Este documento de especial interés para nuestro concejo, lo conocemos gracias a que se leyó en el transcurso de un pleno monográfico sobre el asunto, que se celebró el 30 de abril de ese año, cuyas actas se conservan en el archivo municipal de Llanera. En ese informe se recorre la situación de los centros educativos y del mismo se aprecia claramente el nivel de deficiencia que existía en las mismas.
El inspector quedó muy poco satisfecho de su visita a las escuelas del concejo, como aparece expresado de forma muy clara en el arranque del acta municipal: “Que tan disgustado se halla a causa del nada satisfactorio estado de la casi totalidad de las escuelas del concejo que no puede por menos de significarlo a esta Corporación en primera línea, si bien con harto sentimiento y por obligar a ello el cargo que desempeña”.
Escuelas de Sta. Cruz y de Pruvia.
Empezando por la parroquia que acoge a la capital municipal, Rondiella, el inspector encuentra «deficiencias reglamentarias en los registros» y señala la falta de asistencia de los alumnos en una escuela de grado elemental. En el caso de Arlós, un total de 79 niños y 57 niñas, de los cuales acuden regularmente 70 entre ambos sexos, comparten un espacio de apenas 17 metros cuadrados. Con razón el inspector afirma que es imposible dar clase en esas condiciones, además de encontrar malas las condiciones higiénicas con un aire viciado en el interior. Además, incidió en el aspecto legal de no estar permitida la enseñanza mixta en las escuelas elementales y en las parroquias de más de 800 habitantes, como era el caso, era obligatorio contar con una escuela de niñas. Ante la situación, el inspector decidió enviar para casa a las niñas presentes, un total de 21.
Sin embargo, entiende que “la instrucción de los niños se extiende á la que en la generalidad de las asignaturas del grado elemental y está en buen estado relativamente á las muchas faltas de asistencia”.
Fragmento del acta del 30 de abril de 1898.
En Santa Cruz, parece que el principal problema que observa Dimas Rojas, es la falta de nivel educativo, de tal forma que amenaza al maestro con la jubilación en el caso de que en próxima visita la situación no haya mejorado. Tampoco sale bien parado el docente de Pruvia, quien, en opinión del inspector, no sigue los criterios pedagógicos ni respeta el reglamento. En Lugo aprecia problemas de salubridad y masificación, además de encontrar a niños y niñas compartiendo el mismo espacio, aún habiendo una escuela específicamente para niñas. Claro que esta última tenía unas dimensiones de 3,08 m por 2,08 m. para 56 alumnos (22 niños y 31 niñas), todos ellos respirando un aire insano. Mandó marchar a los niños.
Mejor iban las cosas por Bonielles, gracias a un maestro activo y que «se esfuerza para que los niños aprendan» a pesar de que su titulación es la más básica posible. Todos sus alumnos saben leer, no todos saben escribir y muy pocos tienen conocimientos de aritmética según el inspector. Las escuelas de San Cucufate y de Ables recibirán la visita de la junta, previsiblemente la de Primera Enseñanza, por lo que se deja para esa visita la elaboración del informe sobre su situación, aunque de la primera se dice que está «en estado regular».
Fragmento del acta del 30 de abril de 1898.
En Cayés, Rojas González, encuentra que el maestro cumple «regularmente» con su cometido, mientras que en Ferroñes el docente «es trabajador y sus alumnos obtienen resultados», lo que convierte a su escuela en un centro de atracción de alumnos procedentes de otras parroquias vecinas, lo que demuestra la existencia de una cierta preocupación por parte de las familias de enviar a sus hijos a la escuela en la que podían obtener mejores aprendizajes.
Finalmente, Villardeveyo da la impresión de rozar el desastre más absoluto, ya que a pesar de tener un maestro con formación superior, no había ni organización ni método, tampoco había libros para uso de los alumnos y el material disponible era muy escaso mientras que la asistencia era muy baja. Ante el inspector, el docente explica que se lleva dos meses delicado de salud, disculpa que no impide que sea amonestado por el inspector, quien termina recomendando al ayuntamiento que se lleven a cabo exámenes anuales a todos los alumnos y se vigile la administración del material para evitar abusos.
Al final de la sesión plenaria, el alcalde, Ramón García Miranda y Ablanedo, da las gracias al inspector “por lo bien que se enteró de la enseñanza de las escuelas de este término municipal”, y se ofreció, de acuerdo con la junta local a “corregir todas las faltas y cuenta con todos los maestros que si bien hay algunos que no responden á los sacrificios que este Ayuntamiento hace por la enseñanza, sin embargo en su mayoría son celosos”, y se espera que en próximas inspecciones la imagen que se lleve el inspector de las escuelas del concejo, haya mejorado.
Fragmento del acta donde se mencionan las escuelas de Cayés, Ferroñes y Villardeveyo.
Si nos asomamos a las páginas de los periódicos de los años veinte, concretamente de los de 1927, nos podemos encontrar, en Región y en El Noroeste, con la noticia de la creación en el concejo de la bautizada como Sociedad Cultural de Llanera, entre cuyos proyectos estaba la fundación de la primera biblioteca en nuestro concejo.
La primera noticia la localizamos en las páginas de Región del 29 de enero de 1927. En ellas se informa de la convocatoria que se había enviado a varias personas, a las cuales no se identifica, con el fin de poner en marcha la «formación de un Ateneo Popular». Todos los invitados, como no podía ser de otra manera, aprobaron «con gran entusiasmo llevar a cabo la idea de sus iniciadores e inscribiéndose acto seguido unos veinticinco», una cifra nada despreciable por otra parte.
Región, 29 de enero de 1927.
Lo que sí nos dice la información periodística es el nombre de la directiva encargada de poner en marcha la idea, integrada por Ramón Rayón, José Luis Moreno del Busto, Aurelio Hevia, Sinesio Rodríguez y Manuel Vázquez. La nota publicada en Región termina diciendo: «Acogemos con simpatía esta iniciativa, significando nuestro aplauso a los señores que empezaron la labor de organización, y celebramos que al futuro Ateneo se incorpore buen número de simpatizantes».
En el mes de febrero será El Noroeste el medio que informe del devenir del colectivo, ya transmutado en la Sociedad Cultural de Llanera, ya constituida y cuya sede social estará en la capital municipal. El propósito fundamental de sus fundadores era el de «intensificar la cultura en todos sus órdenes», y para cumplir con ese objetivo tenían la idea de «instalar en el domicilio de la misma una Biblioteca, se organizarán conferencias y otros actos instructivos».
El Noroeste, 26 febrero de 1927.
Unos objetivos de cierta ambición para un municipio como el nuestro por aquellos años, y para lograrlos contaba ya, según El Noroeste, con «gran número de asociados, la adhesión de otros muchos», y la junta directiva que se encargaría de cumplir con ellos quedaba formada definitivamente por Ramón Rayón (secretario del juzgado) como presidente; José A. Martínez, como vicepresidente; Manuel Vázquez, secretario; José Rodríguez y Arias, tesorero; y los vocales Guillermo Toca (farmacéutico municipal), Víctor G. Proaza (indiano), Aurelio Hevia, Ramón González Llera (depositario municipal), Sinesio Rodríguez, Celestino G. Tresguerres (alcalde de Llanera), Celedonio García (será presidente del Partido Reformista en Llanera en 1930), y Víctor García González (indiano).
Tanto El Noroeste, en el mes de febrero, como Región en el de marzo, afirman que ya están hechas donaciones de libros con destino a los fondos de la nueva biblioteca, con obras de Armando Palacio Valdés, donadas por el gijonés Aurelio Menéndez, y «varios tomos de literatura española», a cargo de Álvaro Álvarez.
Región, 2 de marzo de 1927.
El hecho de no haber localizado más informaciones hasta el momento, en los medios de comunicación regionales, nos hace sospechar que tan encomiable iniciativa no debió de culminar con el éxito deseado y la sociedad no pudo llegar a cumplir con los objetivos previstos.
Con otra finalidad más lúdica, Región dará cuenta en sus páginas del 6 de mayo de 1931, de la fundación en Posada «en breve» de un «nuevo Centro Cultural de Recreo a base de los primeros de su categoría en un soberbio local». Con total seguridad está anunciando de la apertura de un local para organizar bailes y otras veladas de carácter más social que cultural. «La directiva la compondrán distinguidas personas del concejo, y otro día daremos a conocer a los lectores más detalles sobre el particular», termina la nota de Región. La ausencia de noticias posteriores hace sospechar que tampoco llegar a levantar el vuelo la iniciativa.
Región, 6 de mayo de 1931.
Así las cosas, Llanera tendrá que esperar hasta la dictadura franquista para contar con su primera biblioteca pública, concretamente hasta el año 1959, cuando se produzca la inauguración de la Biblioteca Pública Alejandro Mon, en la calle del mismo nombre, que se mantendría en uso hasta prácticamente 30 años más tarde, cuando, ya con la democracia de vuelta al país, se inauguró la actual Casa de Cultura de Posada, ocupando el mismo solar que había ocupado el ayuntamiento, primero, y la sede de la OJE (Organización Juvenil Española), después.
Imagen de la biblioteca el día de su inauguración en 1959. Foto Archivo Ayuntamiento de Llanera.