Facetas Teatro (1996-2005): Una década a la luz de las velas

1 de mayo de 1996. Lugo de Llanera. Jira al Santufirme. Día desapacible, viento, lluvia. Imposible subir al picu. Grupo de jóvenes sentados al pie de la fuente. Así nació la idea de crear un grupo de teatro que dio en llamarse Facetas Teatro.

Como todo suceso histórico, este también tuvo sus antecedentes. En nuestro caso está en la organización de unos cursos de teatro en la Casa de Cultura de Posada, dirigidos por el dramaturgo, director y actor de Ujo, Maxi Rodríguez. Ahí está el arranque de todo.

Más tarde algunos incluso pasamos por el laboratorio teatral de Etelvino Vázquez en Lugones. De todo ello va surgiendo una inquietud por empezar una aventura que como cualquiera que se precie, comenzó por un paso pequeño.

Sin tener todavía las ideas muy claras, un grupo empieza a reunirse en un local de la ovetense calle Facetos, propiedad del padre de una de las integrantes de aquel colectivo todavía informal y que, durante un tiempo, se reúne más para hacer fiestas (algunas memorables) que para ensayar.

El primer contacto con un escenario fue muy poco esperanzador. Una suerte de actuación, por llamarla de alguna manera, en una residencia de ancianos en Ciudad Naranco, de la que algunos salimos pensando que hacer por hacer y sin ningún orden ni concierto, no era lo que queríamos. Había que dar un paso hacia algo más serio.

Cartel del debut de Facetas Teatro en 1997

Antes ya habíamos iniciado los trámites para convertirnos en asociación cultural, hasta conseguir los parabienes de la Consejería de Cultura y de Hacienda (por aquello de lograr la exención del IVA), que hacen que la fecha oficial de constitución del grupo sea la del año 1998, pero para nosotros el año de referencia siempre fue 1996.

De momento con el tema del local de ensayo resuelto, empieza la odisea de encontrar una obra para ponernos en marcha. Se trataba de buscar algo que no excediera en demasía las que considerábamos nuestras limitaciones. Por ello, nos decidimos por buscar textos no excesivamente largos y que nos parecieran asequibles.

Y el primer elegido fue el dramaturgo asturiano Alejandro Casona y su “Fablilla del secreto bien guardado”, una comedia de enredo de tintes costumbristas alrededor de un presunto tesoro. Complicaciones no tiene muchas y es de corta duración, tal vez demasiado corta.

Por eso decidimos añadirle otro montaje. Y no tuvimos mejor idea que decantarnos por un texto del teatro breve ni más ni menos que de Federico García Lorca, “Amor de don Perlimplin con Belisa en su jardín”. En una primera lectura nos pareció igualmente asequible, con tintes de comedia y que nos podía encajar.

Programa de mano de nuestra primera función en la Plaza de La Habana de Posada.

Llamémosle error de juventud ya que se trata de un texto de enorme complejidad y una intensidad dramática muy lorquiana, como muy pronto empezamos a descubrir.

En ese momento el grupo los formábamos Marco Franco, Lucas Trapaza, Sole Iglesias, Mayra Fernández, Vanessa Rodríguez, Laura Díaz y yo mismo. Esos fueron los osados concursantes que se pusieron manos a la obra (nunca mejor dicho), con mucha ilusión y mucho por aprender.

Todavía se me escapan los motivos por los que en el primer cartel anunciador de ese montaje aparezco yo como director, papel que sí adopté plenamente más adelante cuando me convertí en el más veterano del grupo.

La falta de un director hizo que todos adoptáramos esa figura para ayudarnos unos a otros lo mejor que sabíamos, hasta que recibimos la ayuda inestimable de Moisés González, en aquel entonces integrante de Teatro del Norte y hoy de su propia compañía El Callejón del Gato. Nuestro agradecimiento es imperecedero porque nuestro Perlimplin nunca habría sido lo mismo sin su ayuda, su paciencia con nosotros y su sabiduría teatral. Gracias Moisés.

El estreno

Viernes 30 de mayo de 1997, Plaza de La Habana de Posada de Llanera, estreno absoluto. Como decíamos en el programa de mano: “Los ensayos se han terminado y la historia de nuestro grupo comienza aquí y ahora. Como diría un clásico: La suerte está echada”. Y ciertamente después de meses de ensayos y muchos nervios, el veredicto del público no pudo ser mejor. Lleno absoluto y satisfacción final.

Para llegar ahí fueron muchas las personas que nos echaron una mano, de las que dejamos constancia en el programa de mano (diseñado al igual que el cartel por nuestro compañero Lucas Trapaza), pero no quiero dejar pasar la aportación especialmente importante de las madres de dos de nuestras componentes como fueron Azucena Quintanal y Aurora Vega. Un poco más adelante incidiré en su importancia.

Sole en el papel de Marcolfa y yo en el de Perlimplín en una sesión fotográfica en el local de ensayo de Teatro del Norte en Lugones.

También se tiró de parejas y amistades y ahí tuvimos, por ejemplo, a César Suárez a los mandos de luces y sonido, que también debutó con nosotros y que a lo largo de los años siguió echando una mano no poco importante. En 1999 lo nombramos miembro honorífico por su contribución al grupo,

Antes de llegar al estreno tuvimos que afrontar un problema no menor. Y es que se nos pidió que dejáramos el local que estábamos usando en Oviedo y hubo que ponerse a buscar una solución. De nuevo las familias fueron un apoyo extraordinario y esta vez llegó de la mano de Alfredo Fernández (Carreño), con la cesión de un bajo de obra en Lugo de Llanera (calle San Isidro), por donde, al ver entrar y salir de allí un grupo de chavales con cachivaches de lo más variopinto y escuchar nuestras voces mientras ensayábamos, pronto se corrió la voz de que éramos miembros de una secta. En fin.

Programa de mano de Anillos para una dama, la obra que junto con el Perlimplin más satisfacciones nos dio

Allí, en un local con sueño de cemento, totalmente sin acondicionar, con polvo, arena, paredes desnudas y sin luz, ensayábamos por las noches después de que las obligaciones estudiantiles o laborales nos lo permitían, lo que nos generó otra dificultad añadida: ¿cómo ensayar por la noche en un local que no contaba con luz eléctrica ninguna? Todavía recuerdo la cara de pasmo que nos puso a Sole y a mí un dependiente de una ferretería de Lugones cuando le pedimos consejo sobre cómo iluminar un local sin luz eléctrica. Debió de pensar que vivíamos en algún tipo de cueva o similar.

La primera opción y la que se mantuvo a lo largo del tiempo fue la de iluminarnos con velas, de ahí que siempre en todos nuestros montajes posteriores en recuerdo de aquellos momentos, siempre van a aparecen velas estuvieran o no a la vista. Eso lo completamos con un par de fluorescentes enchufados a unas baterías que nos íbamos turnando para cargarlas en nuestras casas.

Y el frío que pasamos allí tampoco se nos olvida, de ahí que termos con caldo o café caliente, mantas y toda suerte de ropa de abrigo nos acompañaran en los meses más fríos, así que cuando tocaba entrar en escena había que quitarse antes varias capas de ropa de encima para tener algo de movilidad.

Modificamos el repertorio y salimos de Llanera… y de Asturias

Gracias al trabajo generoso de Marco Franco que en aquel entonces trabajaba en una fábrica de muebles de cocina, nos dotó de una primera cámara negra formada por unos listones de pino, unas bases y unos enganches para colocar otros listones horizontes sobre los que clavar, por medio de chinchetas, unas telas negras y listo. Todo muy precario pero funcional al mismo tiempo.

Cartel de nuestra primera función en el Centro Sociocultural de Cayés.

Estructura que ya pudimos utilizar en enero de 1998 cuando volvimos a la Plaza de La Habana de Posada para estrenar un nuevo programa doble. Nos habíamos dado cuenta que no era buena idea reunir en un mismo espectáculo a Casona y a Lorca. Así que optamos por poner en pie un programa doble del asturiano sumando a la Fablilla la “Farsa del cornudo apaleado”.

También recibimos a una compañera nueva, Marta Moreno, para cubrir la ausencia de Laura que por motivos personales no nos pudo seguir acompañando. Marta se incorporó igualmente al elenco del Perlimplin.

Eso fue el 9 de enero y el 17 fuimos al escenario del Centro Social de Cayés para repetir función. Cualquiera que se haya subido alguna vez al escenario cayesino se da cuenta inmediatamente de que no es una plaza fácil.

Actuar con la primera fila prácticamente metida en el escenario y ver todas las reacciones del público en tiempo real, requiere de muy altas dosis de concentración. Era una prueba de fuego ante un auditorio lleno hasta la bandera y que siempre nos trató de forma muy generosa, a pesar de que no faltó quien quiso crearnos una rivalidad artificial con el grupo de teatro local, El Merín, colectivo a cuyos estrenos siempre fuimos con gusto y ellos hicieron lo mismo con nosotros.

Portada del primer programa de mano.

Y llega el momento de salir fuera de nuestra zona de confort. En abril de 1998 salimos por vez primera del concejo para irnos, ni más ni menos, que hasta A Veiga (Vegadeo) para participar en los Encuentros teatrales Elisa y Luis Villamil.

Ahí recibimos una buena inyección de moral toda vez que nos galardonaron con sendos premios. Uno a la mejor actriz secundaria, para Sole Iglesias, y otro al mejor vestuario, ambas por el Perlimplin. Un premio, este último, que nos hizo especial ilusión por el trabajo de las madres que vieron así recompensado, siquiera moralmente, su dedicación.

Esos encuentros a los que acudimos en varias ediciones más, nos pusieron delante de otro reto: cómo conseguir que aquel escenario tan grande no nos comiera un montaje pequeño como era el nuestro. Solución: hacernos con una cámara negra que delimitara el espacio de actuación y nos permitiera concentrar la luz donde a nosotros nos interesaba.

Ahí nos dimos cuenta de que la cámara negra que teníamos de madera era demasiado pequeña, así que empezamos a buscar la manera de hacernos con una estructura de mayor tamaño y versatilidad. La opción era recurrir al metal, y ahí entramos en nuestra particular edad del hierro, de nuevo gracias a la generosidad del por aquel entonces, marido de una de nuestras compañeras, Luis Ángel, que trabajaba en una empresa de calderería en Silvota, y que por el coste de los materiales, algo más de 15.500 pesetas, nos equipó con una estructura que ya nos abandonó hasta el final.

Imagen de Anillos para una dama en el estreno en Posada.

Con ella ganamos la posibilidad de ampliar o cerrar el espacio y sus tres metros de altura impedían que la luz se concentrara donde nosotros queríamos. Eso sí, tuvimos que renovar el surtido de telas negras y su colocación era más dificultosa, pero las ventajas fueron muchas.

Y salimos también de la región. Diciembre de 1998, con abundante nieve en los márgenes de la carretera y un frío intenso, tomamos la autopista del Huerna para debutar fuera de Asturias (fue la primera y única vez que salimos de Asturias), concretamente en la localidad leonesa de Villablino, donde nos acogió mi tía Josefa que alimentó a base de tortilla y lentejas nuestros estómagos.

Allí llevamos de nuevo el programa doble de Casona y pasamos una factura de 60.000 pesetas que tardamos, ni más ni menos, que tres años en cobrar y eso después de tener que insistir en repetidas ocasiones, e incluso tirar de familiares en la zona hasta que conseguimos que el consistorio saldara la deuda.

Buscando el norte y El jardín de nuestra infancia

1999 vino marcado por un nuevo proyecto al que titulamos “Buscando el norte. El sur también existe”, en el que reunimos siete piezas de teatro breve de los asturianos Sandro Cordero, Eladio de Pablo y Moisés González. Eran: El asesino del martillo, Me has llamado Paula, Revista del corazón, Muñecos, Las conchitas, El gato y el ratón y Educación. Piezas entre dos y cuatro personajes.

Programa de mano de Buscando el norte.

Lo decíamos en el programa de mano: “A lo largo de la hora, más o menos, que dura este montaje, veremos desde los peligros que nos pueden acechar en un parque, hasta como un señor casado se ampara en la palabrería de la LOGSE para ocultar una infidelidad, pasando por la selva en la que se ha convertido conseguir un trabajo, o el drama de los embarazos no deseados (…) El mundo es un teatro de orgullo y de error lleno de infelices que hablan de la felicidad, escribió alguien alguna vez”.

Estreno, como siempre en Posada, porque para nosotros la prioridad siempre fue estrenar en casa, en abril de 1999. Sin duda ninguna, fue la obra en la que más nos reímos durante los ensayos. Puedo asegurar que las carcajadas eran diarias, sin embargo, esa sensación no terminamos de hacerla llegar al público del todo, que sólo después de dos o tres de las piezas lograba entrar en la dinámica de la obra por nuestra falta de pericia a la hora de engranar piezas tan diferentes. De todo se aprende.

Marta ya no estuvo con nosotros en este montaje, que solo dos días después del estreno subimos de nuevo a las tablas del teatro de A Veiga, de nuevo en el marco de los encuentros teatrales. Mayra, que ya estaba estudiando en el Instituto del Teatro (ITAE), hoy Escuela Superior de Arte Dramático (ESAD), para convertirse en la profesional que es hoy, también dejó el grupo tras esa actuación. Lucas Trapaza ya lo había hecho el año anterior. En el capítulo de fichajes incorporamos a Mayte Ramiro que está con nosotros hasta el final.

Muchas bajas y tocaba remodelar el grupo, también por la ausencia temporal de Sole Iglesias, y los albores del nuevo siglo ven un grupo rejuvenecido con la llegada de Patricia Peláez, Rebeca García, Chabe Vega y Adelino García. Este último se mantuvo también hasta el 2005.

Portada del programa de mano de El jardín de nuestra infancia.

Con todos ellos ponemos en pie “El jardín de nuestra infancia” de Alberto Miralles, un drama familiar anclado diez años antes del transcurso de la acción, con más luces que sombras. Una obra de la que hicimos tres únicas funciones: Posada, Cayés y Vegadeo. Aquí contamos con la colaboración a los mandos técnicos de Marco Franco, después de lo cual deja el grupo definitivamente.

El siglo XXI

Otra vez nos encontramos con que dos de las compañeras que habían debutado con nosotros el año anterior, deciden no continuar. Fueron los casos de Patricia y de Rebeca. Celebramos el regreso de Sole y la incorporación de Javier Cachero. Con ellos y con Adelino García, Mayte Ramiro, Chabe Vega (luego sustituida por Cristina Terente) y yo sobre las tablas y César Suárez a la técnica, nos embarcamos en levantar la obra de Antonio Gala, “Anillos para una dama”. Con Cristina se sumó la ayuda de su futuro marido, Juan, quien también se involucró mucho en la parte logística del grupo.

Anillos para una dama. De izquierda a derecha Adelino (Minaya), Sole (JImena), Chabe (Constanza), Mayte (María) y Javi (obispo)

Una obra magnífica y con la que todos disfrutamos muchísimo y con la que me atrevo a decir, que alcanzamos el mayor éxito de público. Ya desde 1999 estábamos ensayando en el Centro Social de Cayés, lo que nos facilitó mucho las cosas, hasta que tuvo lugar un suceso del que doy alguna cuenta más abajo.

También fue la obra de la que más funciones llegamos a realizar, después, eso sí, de una activa política de envío de dosieres por correo a aquellos ayuntamientos que programaban teatro aficionado y de visitar personalmente a algunos de ellos.

Este montaje también fue el responsable de que empezáramos a pensar en mejorar el hasta ese momento nulo equipamiento de luces, para no depender totalmente del existente en los distintos escenarios que, en muchas ocasiones, dejaba bastante que desear, caso de A Veiga que si bien tiene un escenario magnífico y un gran patio de butacas, en cuanto a las luces, en aquellos años, se limitaban a dos o máximo tres focos en funcionamiento.

Mayte y Sole en Anillos para una dama

Nos adentramos de nuevo en un mundo del que no teníamos mucha idea, por ser suave, y un día nos plantamos Sole y yo en una empresa del polígono de ASIPO creo recordar, y salimos de allí con cuatro focos por el módico precio de 165.000 pesetas, con un pequeño descuento que nos hizo el propietario, sin duda apiadado por nuestro desconocimiento de la materia. A eso unimos después dos estructuras metálicas para poder colgarlos según nuestras necesidades que nos sumaron otras 20.000 pesetas a la factura.

Asimismo, dentro de la línea minimalista que siempre se movieron nuestros montajes, tanto por razones logísticas como por convencimiento, decidimos hacer una serie de cubos de distintas alturas pintados en negro, que nos dieron muy buen resultado estético, tanto que ya nos acompañaron en todos los montajes posteriores, gracias a la pericia de otro padre, Iglesias. Por supuesto, las velas no faltaron y esta vez lucieron espléndidas en un candelabro que está presente en buena parte de la obra.

No nos podemos olvidar de otro progenitor, fotógrafo en este caso, Ramiro, a quien debemos la imagen que utilizamos en el cartel, además de los reportajes fotográficos de Anillos y de Pareja abierta.

El 17 de marzo de 2001 estrenamos en Posada, y viajamos con la obra hasta 2004, hasta llegar a hacer hasta 16 representaciones de la misma. Cayés, Corvera, A Veiga, San Martín del Rey Aurelio, Langreo, Lugones, Navelgas, fueron algunos de los lugares en las que la llegamos a representar. Intentamos visitar una muestra de teatro aficionado en Torrelavega (Cantabria) pero no fue posible.

De nuevo el trabajo de las madres con el vestuario se vio recompensado con un nuevo galardón, otra vez en los encuentros de A Veiga. Con Anillos participamos en las Primeras Jornadas de Teatro Local que tuvieron lugar en Cayés entre el 21 y el 22 de mayo de 2002, con la participación de la Asociación de Mujeres de Llanera, que puso en pie “Pitición de mano” de Antón de la Braña; nosotros; y cerró las jornadas el Grupo Cultural El Merín con “Tiquismiquis” de Vital Aza.

Cartel de las Jrnadas de Teatro Local de 2002

Al mismo tiempo que seguíamos con Anillos, empezamos a pensar en un nuevo montaje para cumplir con nuestro ritual particular de hacer un estreno al año. Para 2002 elegimos la obra de los italianos Franca Rame y Dario Fo, “Pareja abierta”, que si bien la obra es para dos personajes, nosotros desdoblamos la pareja en tres diferentes, una por cada uno de los momentos por los que pasa la pareja protagonista. Montaje que luego cambiamos al modelo de dos parejas.

Cartel de Pareja abierta de Franca Rame y Darío Fo.

En mayo estrenamos en Posada, en mayo, en junio fuimos a Cayés, y el periplo de la obra nos llevó a Corvera, a la Residencia Covadonga de Oviedo (donde por fin algunos nos pudimos quitar el mal sabor de boca que nos habían dejado aquellas dos primeras actuaciones en residencias de mayores del siglo pasado) y a volver a Art Nalón Escena, en Sama, de donde regresamos con un segundo premio cerrando así el capítulo de cuatro galardones obtenidos a lo largo de nuestra historia.

Mientras seguíamos con Anillos y con Pareja abierta, por distintos motivos, no pudimos sacar adelante el proyecto de la Medea de Fermín Cabal, y esa crisis y la ausencia de nuevo de Sole y mi anuncio de que el siguiente montaje iba a ser el último para mí, desemboca en nuestro último espectáculo (el last dance que se dice ahora).

Pareja abierta. De izquierda a derecha: Sole, Alfredo, Adelino, Cristina, Mayte y Javi

Para ello elegimos la obra “Objetos perdidos” de Antonio Muñoz de Mesa, una obra con un humor cercano al absurdo. “Personajes que buscan. Personajes que encuentran. Desconocidos en tránsito. Todos comparten el mismo destino sin saberlo. Los detalles los diferencian. Los contornos se difuminan. Palabras que cruzan el espacio como cuchillos. Huida hacia adelante alumbrada por fluorescentes. Siniestramente surreal y obsesivamente acaramelada”. Así presentamos la obra en el programa de mano.

El telón se baja definitivamente para nosotros (Adelino, Mayte, Cristina, Javi, Alfredo y Sole a la técnica) un 23 de abril de 2005. Desde entonces, nostalgia por lo vivido.

Programa de mano de Pareja abierta. Esta vez optamos por un formato de tarjeta de visita

Anécdotas y curiosidades

Hasta ahora apenas si hago mención a las cuestiones de organización económica. Empiezo diciendo que seguramente fuimos el único grupo aficionado de la región en no contar con ni una sola peseta o euro procedente de una subvención pública, ni municipal ni regional. Algo que siempre que lo hablábamos con otros grupos como el nuestro levantaba más de una sorpresa.

Nuestra filosofía siempre fue la de ser lo más autónomos de cualquier administración que nos fuera posible. De hecho, un año que nos decidimos a pedir una subvención regional nos concedieron 10.000 pesetas, cantidad a la que renunciamos al enterarnos de que las subvenciones se cobran después de haber gastado y justificado el importe concedido, tal era nuestra ignorancia por aquellos años. Y como no disponíamos de esa cantidad decidimos devolver el importe y no volver a solicitar dinero nunca más.

Pensábamos que si la administración, la que fuera, nos contrataba y nos pagaba un caché con eso tendríamos dinero suficiente para sufragar el coste de poner en pie un montaje nuevo, como así hicimos durante toda nuestra trayectoria.

Cartel de nuestra última función.

Por otro lado, desde el principio, cuando todavía no éramos todavía un grupo formal, acordamos un sistema de cuotas de tal forma que cada miembro, mensualmente, aportaba 1.000 pesetas a la caja común, cantidad que pronto reducimos a 500 pesetas, y así seguimos hasta que el grupo ya se sostuvo económicamente.

Si antes decía que en Lugo de Llanera cuando nos trasladamos a ensayar allí había gente que pensaba que éramos una secta, en Cayés no faltó quien fuera corriendo al ayuntamiento a decir que nuestra presencia en el Centro Social, que el consistorio nos había concedido como local de ensayo, provocaba, literalmente, “alarma social” lo que acabó derivando en que sacáramos nuestras cosas de allí para trasladarlas a un espacio que nos cedieron César y Mary aquí en Posada.

Como local de ensayo conseguimos, gracias a la gestión de Adelino, que la parroquia de Rondiella nos diera acceso a los locales parroquiales anexos a la iglesia de Posada, lo que nos permitió ensayar más cómodamente al evitarnos desplazamientos en un momento en el que la mayoría de los integrantes éramos de Posada.

Crstina y Adelino en un momento de Pareja abierta.

Comento más arriba como en 2001 incorporamos a nuestro material escénico, cuatro focos. Con ellos fuimos, por ejemplo, a actuar al local de la asociación de vecinos de Granda (Gijón), un espacio incluso más pequeño que Cayés. Pues bien, empezamos a tirar cables, conectamos a los enchufes de la pared que había por allí, ponemos unas bases, y empezamos la función.

A eso de los cinco o diez minutos de empezar, saltaron los plomos y poco más y nos llevamos por delante toda la instalación del local. Y no sé si fue por eso o si fue porque se dejó de hacer teatro en un lugar totalmente inapropiado, pero el caso es que no nos volvieron a llamar nunca más para actuar allí.

En Navelgas actuamos coincidiendo con la fiesta del bateo del oro, y la función tuvo lugar en el comedor del colegio con tan mala suerte que el inicio de nuestra actuación coincidió con la final del torneo de fútbol sala que se jugaba en las instalaciones deportivas del centro, así que durante algún tiempo actuamos al compás de los aficionados futboleros del exterior.

Adelino, Sole y Mayte en Anillos para una dama.

Y siempre recordaremos a dos niñas que sentadas en la primera fila, se pasaron la obra comiendo palomitas deleitándonos tanto con el olor como con el sonido de tan apasionante aperitivo. Por no hablar de la mosca que se empeñó en posárseme en la nariz en un momento en que mi personaje debía de permanecer impertérrito.

Imbricados como estuvimos en la vida cultural del municipio, también participamos en actividades de cuentacuentos organizadas por la Casa de Cultura, e incluso fuimos al IES a dar un mini curso de teatro al alumnado con motivo de una de sus semanas culturales.

Incluso cuatro de nosotros llegamos a participar en la grabación de un corto, codirigido por un vecino de Posada, Ángel, como parte del proyecto final de un curso de audiovisuales.  Era una adaptación muy particular del cuento del argentino Jorge Luis Borjes, El Aleph.

Texto del programa de Pareja abierta.

También hubo proyectos que no salieron adelante. Uno de ellos la participación en la cabalgata de Reyes, más que nada porque no se nos ocurrían más que propuestas rompedoras que sabíamos que no iban a tener una acogida muy favorable, así que agradecimos la invitación pero no llegamos ni siquiera a presentar nuestras ideas al resto de colectivos que sí estaban totalmente implicados en el desfile.

Y lo que si nos dio pena fue que no saliera adelante la propuesta que nos llegó a plantear el director de la coral en aquel momento, Luis García Santana, de poner en escena una zarzuela completa, aportando nosotros la dirección de escena y la parte más actoral y la coral la parte musical. La marcha de Luis con dirección a su tierra canaria impidió que la idea cobrara forma.

Logotipo diseñado por Lucas Trapaza

Llanera y el socialismo, 125 años de relación

Dos claves, al menos, explican la historia del municipio a lo largo del siglo XIX a mi entender. Por un lado, el proceso industrializador, iniciado con la explotación carbonífera de Santufirme seguido por la instalación de fábricas como Cerámicas Guisasola (La Estufa), y la Fábrica de Explosivos, ambas en la parroquia de Cayés y, de la mano de todo ello, la expansión ferroviaria con los nudos de Lugo de Llanera y, sobre todo, de Villabona.

Y la segunda clave, en el ámbito político, el caciquismo, el dominio del electorado del concejo para asegurar el mantenimiento del conservadurismo con el uso de todas las malas prácticas al uso: el pucherazo electoral, la amenaza a los colonos agrarios con subidas de rentas si no votaban acorde a lo ordenado por el propietario, entrega de votos a la salida de las iglesias, presencia de fallecidos en los censos electorales o recuentos que arrojan más votos que votantes registrados.

Socialmente, podemos incluir una tercera clave: la emigración hacia América. No en vano es uno de los de mayor salida de coterráneos hacia América y el Caribe, reflejo de que la llegada de las nuevas industrias no trae con ellas una mejora sensible en el nivel de vida de la población, afectada, por otro lado, por unos niveles de analfabetismo muy importantes.

Quintana en Lugo de Llanera en 1919. Revista Asturias.

Con todo ello tenemos, por un lado, la gestación de un movimiento obrero que busca un doble objetivo: la mejora de las condiciones laborales y lograr una representación política acorde a una creciente importancia numérica. 

Esas pretensiones, animadas por las ideas socialistas chocan con la pervivencia de un sector muy conservador, contrario a cualquier cambio que pueda poner en riesgo el estatu quo político, con el apoyo en la Guardia Civil como fuerza represora.

La primera agrupación

Es en la Fábrica de Explosivos de Cayés, inaugurada en 1895, donde primero cuaja el movimiento obrero en forma de organización política. Es el mes de mayo de 1901 (la Federación Socialista Asturiana se forma en el mes de febrero de ese mismo año), coincidiendo con la gira que el fundador del PSOE (partido establecido en 1879), Pablo Iglesias, hace a la zona de Llanera-Lugones, incluyendo un mitin en Cayés en lo que fue el acicate definitivo para la puesta en marcha de la primera agrupación socialista en Llanera.

Cerámicas Guisasola. Revista Asturias, 1917.

Una formación que toma carta de naturaleza en un mitin presidido por que el que es el primer secretario general de la agrupación, José Álvarez González “El Llobu”, en el que está presente el presidente de la FSA, Manuel Vigil. La primera ejecutiva queda formada por José Álvarez (presidente), Manuel Paredes (vicepresidente), Laureano de la Fuente (secretario), Manuel Martínez (contador) y José Llaneza (cuentas).

A partir de ahí, empieza a desarrollar su trabajo en defensa de los trabajadores de la fábrica, y, al año siguiente de su fundación, convoca el primer paro ante la bajada de salarios decretada por la dirección de la empresa en medio de un contexto de subida de impuestos y precios. La gota que colma el vaso es el traslado de una compañera a un puesto de menor remuneración, en castigo por acudir a una manifestación de celebración del Primero de Mayo en Oviedo.

En esta primera época del socialismo en Llanera, el siguiente punto de inflexión llega en 1915 con la fundación de la sección sindical de los mineros de Santufirme, de donde surgirá la figura emblemática para el socialismo local de Agustín González “El Dios”, obrero minero dotado de “una cultura y de una inteligencia que para sí quisieran muchos que por tales se tienen”, como le definen las páginas del periódico El Noroeste en mayo de 1918.

El trabajo incansable de Agustín González, le lleva a ser el refundador de la Sociedad de Obreros Cerámicos de Cayés en 1930 (la fundación inicial es de 1916), que agrupa a los trabajadores de La Estufa; trabaja para conseguir la organización de los campesinos en organizaciones vinculadas a la Federación de Trabajadores de la Tierra de UGT, entre otras labores a medio camino entre lo sindical y lo político.

Casa del Pueblo de La Miranda, conocida popularmente como El Centro. Archivo Histórico de Asturias

El sindicato minero es el responsable de la creación de la primera y única Casa del Pueblo, popularmente conocida como El Centro, gracias a la compra de un solar en el Alto de la Miranda, concretamente en la zona conocida como Las Cabañas, convertida desde entonces en uno de los epicentros de la actividad política en el municipio. Es el año 1918. 

En ese momento, el presidente de la sección sindical (adscrita ya al SOMA, organización fundada en 1910 por Manuel Llaneza) es Manuel Rodríguez Rodríguez y el secretario, Manuel González Menéndez.

El edificio consta de tres plantas y garaje anexo, sobre una superficie aproximada de 80 metros cuadrados. En ella se aloja, en 1927, la Cooperativa Obrera de Santofirme.

Primeros éxitos electorales, la dictadura de Primo de Rivera y los años 30

La labor realizada desde 1901, con altos y bajos, da sus frutos finalmente en las municipales de 1920. En ellas Agustín González se convierte en el primer concejal socialista, hasta que con la formación del nuevo ayuntamiento ya bajo la sombra de la dictadura primorriverista en 1924, y con Celestino González Tresguerres como nuevo alcalde, Agustín González renuncia a su acta de concejal, alegando que su militancia socialista le impedía desempeñar cargo alguno que no fuera de elección democrática.

Agustín Gonzalez. Foto archivo de la familia.

En 1930 cae la dictadura, en 1931 llega la Segunda República, momento a partir del cual el asociacionismo político socialista se dispara. Para 1933 eran ya siete las secciones agrarias adscritas a la UGT, además de la sección minera de Santufirme, la Sociedad de Obreros Cerámicos, y la sección La Polvorista vinculada a la Fábrica de Explosivos de Cayés, a las que habría que añadir las agrupaciones de Juventudes Socialistas, la primera de las cuales se forma en la parroquia de Villardeveyo en 1931. A ella se unirán, más tarde, las de Ables o San Cucufate, entre otras.

La participación de los mineros en los sucesos revolucionarios de 1934, provocan que los primeros disparos de la revolución se escuchen en Llanera, con el saldo de un minero y un guardia civil fallecidos en la noche del 5 al 6 de octubre de 1934. Al término del conflicto, Agustín González se exilia en Francia primero y en Bélgica después. Regresa gracias a la amnistía gubernamental de 1936 y, con el inicio de la Guerra Civil, se convierte en el primer alcalde socialista de Llanera, hasta que, en 1938, es apresado por las fuerzas franquistas y, posteriormente, fusilado contra la tapia del cementerio de San Esteban de las Cruces, en Oviedo.

En democracia

La que podemos llamar segunda fase en el desarrollo del socialismo en el concejo, tiene lugar tras la llegada de la democracia. La agrupación vuelve a la vida en 1977, momento a partir del cual los socialistas se vuelven a organizar, esta vez en una única agrupación, con sede en la capital municipal, y que se reúne en locales cedidos por afiliados o simpatizantes. el septiembre de 1977 cuenta con 17 afiliados que para el año siguiente ya son 52, de los cuales únicamente 7 son mujeres, según el informe redactado por Purificación Tomás después de girar visita a la agrupación, en enero de 1978. Sólo una mujer aparece en esa primera ejecutiva y es la vecina de Lugo de Llanera, Ana Luisa Martínez González, mientras que el primer secretario es Gaspar Gonzalez, también vecino de Lugo.

De forma precaria empiezan a reunirse en la antigua cuadra de casa El Pirulo, una vivienda propiedad de Ligero en el arranque de la actual calle Carrera de San Cucao, un reducido espacio existente tras el antiguo videoclub de Vítor y, de forma ya más estable, en un pequeño local en la Plaza de la Habana propiedad de Ramón el Guarnicionero, para pasar en 2005 a un bajo en la Calle Carrión de Posada de Llanera.

Casa El Pirulo en Posada de Llanera. Imagen publicada en la revista El Progreso de Asturias en 1931.

Hubo que esperar a las segundas elecciones municipales para volver a ver un alcalde socialista en la persona de Justo Suárez Prado (1983-1991), al que seguirán Rafael Areces Fernández (1991-1995), Gerardo Sanz Pérez (2015-2025) y Eva María Pérez (por dimisión de Gerardo Sanz, desde agosto de 2025), convertida en la primera mujer alcaldesa en la historia del municipio.En definitiva, son 125 años en los que Llanera pasó de ser un concejo eminentemente agrario a ver como su paisaje empezaba a cambiar, si bien lentamente, para empezar a ser un municipio de obreros mixtos, situación que prácticamente se mantiene hasta los años 80 del siglo XX, cuando el desarrollo de polígonos como los de Silvota y ASIPO, más el Parque Tecnológico, amén del desarrollo en las infraestructuras, vienen a transformar el municipio en lo que es hoy, con una economía basada en el sector servicios y con un sector primario muy residual.