
1 de mayo de 1996. Lugo de Llanera. Jira al Santufirme. Día desapacible, viento, lluvia. Imposible subir al picu. Grupo de jóvenes sentados al pie de la fuente. Así nació la idea de crear un grupo de teatro que dio en llamarse Facetas Teatro.
Como todo suceso histórico, este también tuvo sus antecedentes. En nuestro caso está en la organización de unos cursos de teatro en la Casa de Cultura de Posada, dirigidos por el dramaturgo, director y actor de Ujo, Maxi Rodríguez. Ahí está el arranque de todo.
Más tarde algunos incluso pasamos por el laboratorio teatral de Etelvino Vázquez en Lugones. De todo ello va surgiendo una inquietud por empezar una aventura que como cualquiera que se precie, comenzó por un paso pequeño.
Sin tener todavía las ideas muy claras, un grupo empieza a reunirse en un local de la ovetense calle Facetos, propiedad del padre de una de las integrantes de aquel colectivo todavía informal y que, durante un tiempo, se reúne más para hacer fiestas (algunas memorables) que para ensayar.
El primer contacto con un escenario fue muy poco esperanzador. Una suerte de actuación, por llamarla de alguna manera, en una residencia de ancianos en Ciudad Naranco, de la que algunos salimos pensando que hacer por hacer y sin ningún orden ni concierto, no era lo que queríamos. Había que dar un paso hacia algo más serio.

Antes ya habíamos iniciado los trámites para convertirnos en asociación cultural, hasta conseguir los parabienes de la Consejería de Cultura y de Hacienda (por aquello de lograr la exención del IVA), que hacen que la fecha oficial de constitución del grupo sea la del año 1998, pero para nosotros el año de referencia siempre fue 1996.
De momento con el tema del local de ensayo resuelto, empieza la odisea de encontrar una obra para ponernos en marcha. Se trataba de buscar algo que no excediera en demasía las que considerábamos nuestras limitaciones. Por ello, nos decidimos por buscar textos no excesivamente largos y que nos parecieran asequibles.
Y el primer elegido fue el dramaturgo asturiano Alejandro Casona y su “Fablilla del secreto bien guardado”, una comedia de enredo de tintes costumbristas alrededor de un presunto tesoro. Complicaciones no tiene muchas y es de corta duración, tal vez demasiado corta.
Por eso decidimos añadirle otro montaje. Y no tuvimos mejor idea que decantarnos por un texto del teatro breve ni más ni menos que de Federico García Lorca, “Amor de don Perlimplin con Belisa en su jardín”. En una primera lectura nos pareció igualmente asequible, con tintes de comedia y que nos podía encajar.

Llamémosle error de juventud ya que se trata de un texto de enorme complejidad y una intensidad dramática muy lorquiana, como muy pronto empezamos a descubrir.
En ese momento el grupo los formábamos Marco Franco, Lucas Trapaza, Sole Iglesias, Mayra Fernández, Vanessa Rodríguez, Laura Díaz y yo mismo. Esos fueron los osados concursantes que se pusieron manos a la obra (nunca mejor dicho), con mucha ilusión y mucho por aprender.
Todavía se me escapan los motivos por los que en el primer cartel anunciador de ese montaje aparezco yo como director, papel que sí adopté plenamente más adelante cuando me convertí en el más veterano del grupo.
La falta de un director hizo que todos adoptáramos esa figura para ayudarnos unos a otros lo mejor que sabíamos, hasta que recibimos la ayuda inestimable de Moisés González, en aquel entonces integrante de Teatro del Norte y hoy de su propia compañía El Callejón del Gato. Nuestro agradecimiento es imperecedero porque nuestro Perlimplin nunca habría sido lo mismo sin su ayuda, su paciencia con nosotros y su sabiduría teatral. Gracias Moisés.
El estreno
Viernes 30 de mayo de 1997, Plaza de La Habana de Posada de Llanera, estreno absoluto. Como decíamos en el programa de mano: “Los ensayos se han terminado y la historia de nuestro grupo comienza aquí y ahora. Como diría un clásico: La suerte está echada”. Y ciertamente después de meses de ensayos y muchos nervios, el veredicto del público no pudo ser mejor. Lleno absoluto y satisfacción final.
Para llegar ahí fueron muchas las personas que nos echaron una mano, de las que dejamos constancia en el programa de mano (diseñado al igual que el cartel por nuestro compañero Lucas Trapaza), pero no quiero dejar pasar la aportación especialmente importante de las madres de dos de nuestras componentes como fueron Azucena Quintanal y Aurora Vega. Un poco más adelante incidiré en su importancia.

También se tiró de parejas y amistades y ahí tuvimos, por ejemplo, a César Suárez a los mandos de luces y sonido, que también debutó con nosotros y que a lo largo de los años siguió echando una mano no poco importante. En 1999 lo nombramos miembro honorífico por su contribución al grupo,
Antes de llegar al estreno tuvimos que afrontar un problema no menor. Y es que se nos pidió que dejáramos el local que estábamos usando en Oviedo y hubo que ponerse a buscar una solución. De nuevo las familias fueron un apoyo extraordinario y esta vez llegó de la mano de Alfredo Fernández (Carreño), con la cesión de un bajo de obra en Lugo de Llanera (calle San Isidro), por donde, al ver entrar y salir de allí un grupo de chavales con cachivaches de lo más variopinto y escuchar nuestras voces mientras ensayábamos, pronto se corrió la voz de que éramos miembros de una secta. En fin.

Allí, en un local con sueño de cemento, totalmente sin acondicionar, con polvo, arena, paredes desnudas y sin luz, ensayábamos por las noches después de que las obligaciones estudiantiles o laborales nos lo permitían, lo que nos generó otra dificultad añadida: ¿cómo ensayar por la noche en un local que no contaba con luz eléctrica ninguna? Todavía recuerdo la cara de pasmo que nos puso a Sole y a mí un dependiente de una ferretería de Lugones cuando le pedimos consejo sobre cómo iluminar un local sin luz eléctrica. Debió de pensar que vivíamos en algún tipo de cueva o similar.
La primera opción y la que se mantuvo a lo largo del tiempo fue la de iluminarnos con velas, de ahí que siempre en todos nuestros montajes posteriores en recuerdo de aquellos momentos, siempre van a aparecen velas estuvieran o no a la vista. Eso lo completamos con un par de fluorescentes enchufados a unas baterías que nos íbamos turnando para cargarlas en nuestras casas.
Y el frío que pasamos allí tampoco se nos olvida, de ahí que termos con caldo o café caliente, mantas y toda suerte de ropa de abrigo nos acompañaran en los meses más fríos, así que cuando tocaba entrar en escena había que quitarse antes varias capas de ropa de encima para tener algo de movilidad.
Modificamos el repertorio y salimos de Llanera… y de Asturias
Gracias al trabajo generoso de Marco Franco que en aquel entonces trabajaba en una fábrica de muebles de cocina, nos dotó de una primera cámara negra formada por unos listones de pino, unas bases y unos enganches para colocar otros listones horizontes sobre los que clavar, por medio de chinchetas, unas telas negras y listo. Todo muy precario pero funcional al mismo tiempo.

Estructura que ya pudimos utilizar en enero de 1998 cuando volvimos a la Plaza de La Habana de Posada para estrenar un nuevo programa doble. Nos habíamos dado cuenta que no era buena idea reunir en un mismo espectáculo a Casona y a Lorca. Así que optamos por poner en pie un programa doble del asturiano sumando a la Fablilla la “Farsa del cornudo apaleado”.
También recibimos a una compañera nueva, Marta Moreno, para cubrir la ausencia de Laura que por motivos personales no nos pudo seguir acompañando. Marta se incorporó igualmente al elenco del Perlimplin.
Eso fue el 9 de enero y el 17 fuimos al escenario del Centro Social de Cayés para repetir función. Cualquiera que se haya subido alguna vez al escenario cayesino se da cuenta inmediatamente de que no es una plaza fácil.
Actuar con la primera fila prácticamente metida en el escenario y ver todas las reacciones del público en tiempo real, requiere de muy altas dosis de concentración. Era una prueba de fuego ante un auditorio lleno hasta la bandera y que siempre nos trató de forma muy generosa, a pesar de que no faltó quien quiso crearnos una rivalidad artificial con el grupo de teatro local, El Merín, colectivo a cuyos estrenos siempre fuimos con gusto y ellos hicieron lo mismo con nosotros.

Y llega el momento de salir fuera de nuestra zona de confort. En abril de 1998 salimos por vez primera del concejo para irnos, ni más ni menos, que hasta A Veiga (Vegadeo) para participar en los Encuentros teatrales Elisa y Luis Villamil.
Ahí recibimos una buena inyección de moral toda vez que nos galardonaron con sendos premios. Uno a la mejor actriz secundaria, para Sole Iglesias, y otro al mejor vestuario, ambas por el Perlimplin. Un premio, este último, que nos hizo especial ilusión por el trabajo de las madres que vieron así recompensado, siquiera moralmente, su dedicación.
Esos encuentros a los que acudimos en varias ediciones más, nos pusieron delante de otro reto: cómo conseguir que aquel escenario tan grande no nos comiera un montaje pequeño como era el nuestro. Solución: hacernos con una cámara negra que delimitara el espacio de actuación y nos permitiera concentrar la luz donde a nosotros nos interesaba.
Ahí nos dimos cuenta de que la cámara negra que teníamos de madera era demasiado pequeña, así que empezamos a buscar la manera de hacernos con una estructura de mayor tamaño y versatilidad. La opción era recurrir al metal, y ahí entramos en nuestra particular edad del hierro, de nuevo gracias a la generosidad del por aquel entonces, marido de una de nuestras compañeras, Luis Ángel, que trabajaba en una empresa de calderería en Silvota, y que por el coste de los materiales, algo más de 15.500 pesetas, nos equipó con una estructura que ya nos abandonó hasta el final.

Con ella ganamos la posibilidad de ampliar o cerrar el espacio y sus tres metros de altura impedían que la luz se concentrara donde nosotros queríamos. Eso sí, tuvimos que renovar el surtido de telas negras y su colocación era más dificultosa, pero las ventajas fueron muchas.
Y salimos también de la región. Diciembre de 1998, con abundante nieve en los márgenes de la carretera y un frío intenso, tomamos la autopista del Huerna para debutar fuera de Asturias (fue la primera y única vez que salimos de Asturias), concretamente en la localidad leonesa de Villablino, donde nos acogió mi tía Josefa que alimentó a base de tortilla y lentejas nuestros estómagos.
Allí llevamos de nuevo el programa doble de Casona y pasamos una factura de 60.000 pesetas que tardamos, ni más ni menos, que tres años en cobrar y eso después de tener que insistir en repetidas ocasiones, e incluso tirar de familiares en la zona hasta que conseguimos que el consistorio saldara la deuda.
Buscando el norte y El jardín de nuestra infancia
1999 vino marcado por un nuevo proyecto al que titulamos “Buscando el norte. El sur también existe”, en el que reunimos siete piezas de teatro breve de los asturianos Sandro Cordero, Eladio de Pablo y Moisés González. Eran: El asesino del martillo, Me has llamado Paula, Revista del corazón, Muñecos, Las conchitas, El gato y el ratón y Educación. Piezas entre dos y cuatro personajes.

Lo decíamos en el programa de mano: “A lo largo de la hora, más o menos, que dura este montaje, veremos desde los peligros que nos pueden acechar en un parque, hasta como un señor casado se ampara en la palabrería de la LOGSE para ocultar una infidelidad, pasando por la selva en la que se ha convertido conseguir un trabajo, o el drama de los embarazos no deseados (…) El mundo es un teatro de orgullo y de error lleno de infelices que hablan de la felicidad, escribió alguien alguna vez”.
Estreno, como siempre en Posada, porque para nosotros la prioridad siempre fue estrenar en casa, en abril de 1999. Sin duda ninguna, fue la obra en la que más nos reímos durante los ensayos. Puedo asegurar que las carcajadas eran diarias, sin embargo, esa sensación no terminamos de hacerla llegar al público del todo, que sólo después de dos o tres de las piezas lograba entrar en la dinámica de la obra por nuestra falta de pericia a la hora de engranar piezas tan diferentes. De todo se aprende.
Marta ya no estuvo con nosotros en este montaje, que solo dos días después del estreno subimos de nuevo a las tablas del teatro de A Veiga, de nuevo en el marco de los encuentros teatrales. Mayra, que ya estaba estudiando en el Instituto del Teatro (ITAE), hoy Escuela Superior de Arte Dramático (ESAD), para convertirse en la profesional que es hoy, también dejó el grupo tras esa actuación. Lucas Trapaza ya lo había hecho el año anterior. En el capítulo de fichajes incorporamos a Mayte Ramiro que está con nosotros hasta el final.
Muchas bajas y tocaba remodelar el grupo, también por la ausencia temporal de Sole Iglesias, y los albores del nuevo siglo ven un grupo rejuvenecido con la llegada de Patricia Peláez, Rebeca García, Chabe Vega y Adelino García. Este último se mantuvo también hasta el 2005.

Con todos ellos ponemos en pie “El jardín de nuestra infancia” de Alberto Miralles, un drama familiar anclado diez años antes del transcurso de la acción, con más luces que sombras. Una obra de la que hicimos tres únicas funciones: Posada, Cayés y Vegadeo. Aquí contamos con la colaboración a los mandos técnicos de Marco Franco, después de lo cual deja el grupo definitivamente.
El siglo XXI
Otra vez nos encontramos con que dos de las compañeras que habían debutado con nosotros el año anterior, deciden no continuar. Fueron los casos de Patricia y de Rebeca. Celebramos el regreso de Sole y la incorporación de Javier Cachero. Con ellos y con Adelino García, Mayte Ramiro, Chabe Vega (luego sustituida por Cristina Terente) y yo sobre las tablas y César Suárez a la técnica, nos embarcamos en levantar la obra de Antonio Gala, “Anillos para una dama”. Con Cristina se sumó la ayuda de su futuro marido, Juan, quien también se involucró mucho en la parte logística del grupo.

Una obra magnífica y con la que todos disfrutamos muchísimo y con la que me atrevo a decir, que alcanzamos el mayor éxito de público. Ya desde 1999 estábamos ensayando en el Centro Social de Cayés, lo que nos facilitó mucho las cosas, hasta que tuvo lugar un suceso del que doy alguna cuenta más abajo.
También fue la obra de la que más funciones llegamos a realizar, después, eso sí, de una activa política de envío de dosieres por correo a aquellos ayuntamientos que programaban teatro aficionado y de visitar personalmente a algunos de ellos.
Este montaje también fue el responsable de que empezáramos a pensar en mejorar el hasta ese momento nulo equipamiento de luces, para no depender totalmente del existente en los distintos escenarios que, en muchas ocasiones, dejaba bastante que desear, caso de A Veiga que si bien tiene un escenario magnífico y un gran patio de butacas, en cuanto a las luces, en aquellos años, se limitaban a dos o máximo tres focos en funcionamiento.

Nos adentramos de nuevo en un mundo del que no teníamos mucha idea, por ser suave, y un día nos plantamos Sole y yo en una empresa del polígono de ASIPO creo recordar, y salimos de allí con cuatro focos por el módico precio de 165.000 pesetas, con un pequeño descuento que nos hizo el propietario, sin duda apiadado por nuestro desconocimiento de la materia. A eso unimos después dos estructuras metálicas para poder colgarlos según nuestras necesidades que nos sumaron otras 20.000 pesetas a la factura.
Asimismo, dentro de la línea minimalista que siempre se movieron nuestros montajes, tanto por razones logísticas como por convencimiento, decidimos hacer una serie de cubos de distintas alturas pintados en negro, que nos dieron muy buen resultado estético, tanto que ya nos acompañaron en todos los montajes posteriores, gracias a la pericia de otro padre, Iglesias. Por supuesto, las velas no faltaron y esta vez lucieron espléndidas en un candelabro que está presente en buena parte de la obra.

No nos podemos olvidar de otro progenitor, fotógrafo en este caso, Ramiro, a quien debemos la imagen que utilizamos en el cartel, además de los reportajes fotográficos de Anillos y de Pareja abierta.
El 17 de marzo de 2001 estrenamos en Posada, y viajamos con la obra hasta 2004, hasta llegar a hacer hasta 16 representaciones de la misma. Cayés, Corvera, A Veiga, San Martín del Rey Aurelio, Langreo, Lugones, Navelgas, fueron algunos de los lugares en las que la llegamos a representar. Intentamos visitar una muestra de teatro aficionado en Torrelavega (Cantabria) pero no fue posible.
De nuevo el trabajo de las madres con el vestuario se vio recompensado con un nuevo galardón, otra vez en los encuentros de A Veiga. Con Anillos participamos en las Primeras Jornadas de Teatro Local que tuvieron lugar en Cayés entre el 21 y el 22 de mayo de 2002, con la participación de la Asociación de Mujeres de Llanera, que puso en pie “Pitición de mano” de Antón de la Braña; nosotros; y cerró las jornadas el Grupo Cultural El Merín con “Tiquismiquis” de Vital Aza.

Al mismo tiempo que seguíamos con Anillos, empezamos a pensar en un nuevo montaje para cumplir con nuestro ritual particular de hacer un estreno al año. Para 2002 elegimos la obra de los italianos Franca Rame y Dario Fo, “Pareja abierta”, que si bien la obra es para dos personajes, nosotros desdoblamos la pareja en tres diferentes, una por cada uno de los momentos por los que pasa la pareja protagonista. Montaje que luego cambiamos al modelo de dos parejas.

En mayo estrenamos en Posada, en mayo, en junio fuimos a Cayés, y el periplo de la obra nos llevó a Corvera, a la Residencia Covadonga de Oviedo (donde por fin algunos nos pudimos quitar el mal sabor de boca que nos habían dejado aquellas dos primeras actuaciones en residencias de mayores del siglo pasado) y a volver a Art Nalón Escena, en Sama, de donde regresamos con un segundo premio cerrando así el capítulo de cuatro galardones obtenidos a lo largo de nuestra historia.
Mientras seguíamos con Anillos y con Pareja abierta, por distintos motivos, no pudimos sacar adelante el proyecto de la Medea de Fermín Cabal, y esa crisis y la ausencia de nuevo de Sole y mi anuncio de que el siguiente montaje iba a ser el último para mí, desemboca en nuestro último espectáculo (el last dance que se dice ahora).

Para ello elegimos la obra “Objetos perdidos” de Antonio Muñoz de Mesa, una obra con un humor cercano al absurdo. “Personajes que buscan. Personajes que encuentran. Desconocidos en tránsito. Todos comparten el mismo destino sin saberlo. Los detalles los diferencian. Los contornos se difuminan. Palabras que cruzan el espacio como cuchillos. Huida hacia adelante alumbrada por fluorescentes. Siniestramente surreal y obsesivamente acaramelada”. Así presentamos la obra en el programa de mano.
El telón se baja definitivamente para nosotros (Adelino, Mayte, Cristina, Javi, Alfredo y Sole a la técnica) un 23 de abril de 2005. Desde entonces, nostalgia por lo vivido.

Anécdotas y curiosidades
Hasta ahora apenas si hago mención a las cuestiones de organización económica. Empiezo diciendo que seguramente fuimos el único grupo aficionado de la región en no contar con ni una sola peseta o euro procedente de una subvención pública, ni municipal ni regional. Algo que siempre que lo hablábamos con otros grupos como el nuestro levantaba más de una sorpresa.
Nuestra filosofía siempre fue la de ser lo más autónomos de cualquier administración que nos fuera posible. De hecho, un año que nos decidimos a pedir una subvención regional nos concedieron 10.000 pesetas, cantidad a la que renunciamos al enterarnos de que las subvenciones se cobran después de haber gastado y justificado el importe concedido, tal era nuestra ignorancia por aquellos años. Y como no disponíamos de esa cantidad decidimos devolver el importe y no volver a solicitar dinero nunca más.
Pensábamos que si la administración, la que fuera, nos contrataba y nos pagaba un caché con eso tendríamos dinero suficiente para sufragar el coste de poner en pie un montaje nuevo, como así hicimos durante toda nuestra trayectoria.

Por otro lado, desde el principio, cuando todavía no éramos todavía un grupo formal, acordamos un sistema de cuotas de tal forma que cada miembro, mensualmente, aportaba 1.000 pesetas a la caja común, cantidad que pronto reducimos a 500 pesetas, y así seguimos hasta que el grupo ya se sostuvo económicamente.
Si antes decía que en Lugo de Llanera cuando nos trasladamos a ensayar allí había gente que pensaba que éramos una secta, en Cayés no faltó quien fuera corriendo al ayuntamiento a decir que nuestra presencia en el Centro Social, que el consistorio nos había concedido como local de ensayo, provocaba, literalmente, “alarma social” lo que acabó derivando en que sacáramos nuestras cosas de allí para trasladarlas a un espacio que nos cedieron César y Mary aquí en Posada.
Como local de ensayo conseguimos, gracias a la gestión de Adelino, que la parroquia de Rondiella nos diera acceso a los locales parroquiales anexos a la iglesia de Posada, lo que nos permitió ensayar más cómodamente al evitarnos desplazamientos en un momento en el que la mayoría de los integrantes éramos de Posada.

Comento más arriba como en 2001 incorporamos a nuestro material escénico, cuatro focos. Con ellos fuimos, por ejemplo, a actuar al local de la asociación de vecinos de Granda (Gijón), un espacio incluso más pequeño que Cayés. Pues bien, empezamos a tirar cables, conectamos a los enchufes de la pared que había por allí, ponemos unas bases, y empezamos la función.
A eso de los cinco o diez minutos de empezar, saltaron los plomos y poco más y nos llevamos por delante toda la instalación del local. Y no sé si fue por eso o si fue porque se dejó de hacer teatro en un lugar totalmente inapropiado, pero el caso es que no nos volvieron a llamar nunca más para actuar allí.
En Navelgas actuamos coincidiendo con la fiesta del bateo del oro, y la función tuvo lugar en el comedor del colegio con tan mala suerte que el inicio de nuestra actuación coincidió con la final del torneo de fútbol sala que se jugaba en las instalaciones deportivas del centro, así que durante algún tiempo actuamos al compás de los aficionados futboleros del exterior.

Y siempre recordaremos a dos niñas que sentadas en la primera fila, se pasaron la obra comiendo palomitas deleitándonos tanto con el olor como con el sonido de tan apasionante aperitivo. Por no hablar de la mosca que se empeñó en posárseme en la nariz en un momento en que mi personaje debía de permanecer impertérrito.
Imbricados como estuvimos en la vida cultural del municipio, también participamos en actividades de cuentacuentos organizadas por la Casa de Cultura, e incluso fuimos al IES a dar un mini curso de teatro al alumnado con motivo de una de sus semanas culturales.
Incluso cuatro de nosotros llegamos a participar en la grabación de un corto, codirigido por un vecino de Posada, Ángel, como parte del proyecto final de un curso de audiovisuales. Era una adaptación muy particular del cuento del argentino Jorge Luis Borjes, El Aleph.

También hubo proyectos que no salieron adelante. Uno de ellos la participación en la cabalgata de Reyes, más que nada porque no se nos ocurrían más que propuestas rompedoras que sabíamos que no iban a tener una acogida muy favorable, así que agradecimos la invitación pero no llegamos ni siquiera a presentar nuestras ideas al resto de colectivos que sí estaban totalmente implicados en el desfile.
Y lo que si nos dio pena fue que no saliera adelante la propuesta que nos llegó a plantear el director de la coral en aquel momento, Luis García Santana, de poner en escena una zarzuela completa, aportando nosotros la dirección de escena y la parte más actoral y la coral la parte musical. La marcha de Luis con dirección a su tierra canaria impidió que la idea cobrara forma.













