Facetas Teatro (1996-2005): Una década a la luz de las velas

1 de mayo de 1996. Lugo de Llanera. Jira al Santufirme. Día desapacible, viento, lluvia. Imposible subir al picu. Grupo de jóvenes sentados al pie de la fuente. Así nació la idea de crear un grupo de teatro que dio en llamarse Facetas Teatro.

Como todo suceso histórico, este también tuvo sus antecedentes. En nuestro caso está en la organización de unos cursos de teatro en la Casa de Cultura de Posada, dirigidos por el dramaturgo, director y actor de Ujo, Maxi Rodríguez. Ahí está el arranque de todo.

Más tarde algunos incluso pasamos por el laboratorio teatral de Etelvino Vázquez en Lugones. De todo ello va surgiendo una inquietud por empezar una aventura que como cualquiera que se precie, comenzó por un paso pequeño.

Sin tener todavía las ideas muy claras, un grupo empieza a reunirse en un local de la ovetense calle Facetos, propiedad del padre de una de las integrantes de aquel colectivo todavía informal y que, durante un tiempo, se reúne más para hacer fiestas (algunas memorables) que para ensayar.

El primer contacto con un escenario fue muy poco esperanzador. Una suerte de actuación, por llamarla de alguna manera, en una residencia de ancianos en Ciudad Naranco, de la que algunos salimos pensando que hacer por hacer y sin ningún orden ni concierto, no era lo que queríamos. Había que dar un paso hacia algo más serio.

Cartel del debut de Facetas Teatro en 1997

Antes ya habíamos iniciado los trámites para convertirnos en asociación cultural, hasta conseguir los parabienes de la Consejería de Cultura y de Hacienda (por aquello de lograr la exención del IVA), que hacen que la fecha oficial de constitución del grupo sea la del año 1998, pero para nosotros el año de referencia siempre fue 1996.

De momento con el tema del local de ensayo resuelto, empieza la odisea de encontrar una obra para ponernos en marcha. Se trataba de buscar algo que no excediera en demasía las que considerábamos nuestras limitaciones. Por ello, nos decidimos por buscar textos no excesivamente largos y que nos parecieran asequibles.

Y el primer elegido fue el dramaturgo asturiano Alejandro Casona y su “Fablilla del secreto bien guardado”, una comedia de enredo de tintes costumbristas alrededor de un presunto tesoro. Complicaciones no tiene muchas y es de corta duración, tal vez demasiado corta.

Por eso decidimos añadirle otro montaje. Y no tuvimos mejor idea que decantarnos por un texto del teatro breve ni más ni menos que de Federico García Lorca, “Amor de don Perlimplin con Belisa en su jardín”. En una primera lectura nos pareció igualmente asequible, con tintes de comedia y que nos podía encajar.

Programa de mano de nuestra primera función en la Plaza de La Habana de Posada.

Llamémosle error de juventud ya que se trata de un texto de enorme complejidad y una intensidad dramática muy lorquiana, como muy pronto empezamos a descubrir.

En ese momento el grupo los formábamos Marco Franco, Lucas Trapaza, Sole Iglesias, Mayra Fernández, Vanessa Rodríguez, Laura Díaz y yo mismo. Esos fueron los osados concursantes que se pusieron manos a la obra (nunca mejor dicho), con mucha ilusión y mucho por aprender.

Todavía se me escapan los motivos por los que en el primer cartel anunciador de ese montaje aparezco yo como director, papel que sí adopté plenamente más adelante cuando me convertí en el más veterano del grupo.

La falta de un director hizo que todos adoptáramos esa figura para ayudarnos unos a otros lo mejor que sabíamos, hasta que recibimos la ayuda inestimable de Moisés González, en aquel entonces integrante de Teatro del Norte y hoy de su propia compañía El Callejón del Gato. Nuestro agradecimiento es imperecedero porque nuestro Perlimplin nunca habría sido lo mismo sin su ayuda, su paciencia con nosotros y su sabiduría teatral. Gracias Moisés.

El estreno

Viernes 30 de mayo de 1997, Plaza de La Habana de Posada de Llanera, estreno absoluto. Como decíamos en el programa de mano: “Los ensayos se han terminado y la historia de nuestro grupo comienza aquí y ahora. Como diría un clásico: La suerte está echada”. Y ciertamente después de meses de ensayos y muchos nervios, el veredicto del público no pudo ser mejor. Lleno absoluto y satisfacción final.

Para llegar ahí fueron muchas las personas que nos echaron una mano, de las que dejamos constancia en el programa de mano (diseñado al igual que el cartel por nuestro compañero Lucas Trapaza), pero no quiero dejar pasar la aportación especialmente importante de las madres de dos de nuestras componentes como fueron Azucena Quintanal y Aurora Vega. Un poco más adelante incidiré en su importancia.

Sole en el papel de Marcolfa y yo en el de Perlimplín en una sesión fotográfica en el local de ensayo de Teatro del Norte en Lugones.

También se tiró de parejas y amistades y ahí tuvimos, por ejemplo, a César Suárez a los mandos de luces y sonido, que también debutó con nosotros y que a lo largo de los años siguió echando una mano no poco importante. En 1999 lo nombramos miembro honorífico por su contribución al grupo,

Antes de llegar al estreno tuvimos que afrontar un problema no menor. Y es que se nos pidió que dejáramos el local que estábamos usando en Oviedo y hubo que ponerse a buscar una solución. De nuevo las familias fueron un apoyo extraordinario y esta vez llegó de la mano de Alfredo Fernández (Carreño), con la cesión de un bajo de obra en Lugo de Llanera (calle San Isidro), por donde, al ver entrar y salir de allí un grupo de chavales con cachivaches de lo más variopinto y escuchar nuestras voces mientras ensayábamos, pronto se corrió la voz de que éramos miembros de una secta. En fin.

Programa de mano de Anillos para una dama, la obra que junto con el Perlimplin más satisfacciones nos dio

Allí, en un local con sueño de cemento, totalmente sin acondicionar, con polvo, arena, paredes desnudas y sin luz, ensayábamos por las noches después de que las obligaciones estudiantiles o laborales nos lo permitían, lo que nos generó otra dificultad añadida: ¿cómo ensayar por la noche en un local que no contaba con luz eléctrica ninguna? Todavía recuerdo la cara de pasmo que nos puso a Sole y a mí un dependiente de una ferretería de Lugones cuando le pedimos consejo sobre cómo iluminar un local sin luz eléctrica. Debió de pensar que vivíamos en algún tipo de cueva o similar.

La primera opción y la que se mantuvo a lo largo del tiempo fue la de iluminarnos con velas, de ahí que siempre en todos nuestros montajes posteriores en recuerdo de aquellos momentos, siempre van a aparecen velas estuvieran o no a la vista. Eso lo completamos con un par de fluorescentes enchufados a unas baterías que nos íbamos turnando para cargarlas en nuestras casas.

Y el frío que pasamos allí tampoco se nos olvida, de ahí que termos con caldo o café caliente, mantas y toda suerte de ropa de abrigo nos acompañaran en los meses más fríos, así que cuando tocaba entrar en escena había que quitarse antes varias capas de ropa de encima para tener algo de movilidad.

Modificamos el repertorio y salimos de Llanera… y de Asturias

Gracias al trabajo generoso de Marco Franco que en aquel entonces trabajaba en una fábrica de muebles de cocina, nos dotó de una primera cámara negra formada por unos listones de pino, unas bases y unos enganches para colocar otros listones horizontes sobre los que clavar, por medio de chinchetas, unas telas negras y listo. Todo muy precario pero funcional al mismo tiempo.

Cartel de nuestra primera función en el Centro Sociocultural de Cayés.

Estructura que ya pudimos utilizar en enero de 1998 cuando volvimos a la Plaza de La Habana de Posada para estrenar un nuevo programa doble. Nos habíamos dado cuenta que no era buena idea reunir en un mismo espectáculo a Casona y a Lorca. Así que optamos por poner en pie un programa doble del asturiano sumando a la Fablilla la “Farsa del cornudo apaleado”.

También recibimos a una compañera nueva, Marta Moreno, para cubrir la ausencia de Laura que por motivos personales no nos pudo seguir acompañando. Marta se incorporó igualmente al elenco del Perlimplin.

Eso fue el 9 de enero y el 17 fuimos al escenario del Centro Social de Cayés para repetir función. Cualquiera que se haya subido alguna vez al escenario cayesino se da cuenta inmediatamente de que no es una plaza fácil.

Actuar con la primera fila prácticamente metida en el escenario y ver todas las reacciones del público en tiempo real, requiere de muy altas dosis de concentración. Era una prueba de fuego ante un auditorio lleno hasta la bandera y que siempre nos trató de forma muy generosa, a pesar de que no faltó quien quiso crearnos una rivalidad artificial con el grupo de teatro local, El Merín, colectivo a cuyos estrenos siempre fuimos con gusto y ellos hicieron lo mismo con nosotros.

Portada del primer programa de mano.

Y llega el momento de salir fuera de nuestra zona de confort. En abril de 1998 salimos por vez primera del concejo para irnos, ni más ni menos, que hasta A Veiga (Vegadeo) para participar en los Encuentros teatrales Elisa y Luis Villamil.

Ahí recibimos una buena inyección de moral toda vez que nos galardonaron con sendos premios. Uno a la mejor actriz secundaria, para Sole Iglesias, y otro al mejor vestuario, ambas por el Perlimplin. Un premio, este último, que nos hizo especial ilusión por el trabajo de las madres que vieron así recompensado, siquiera moralmente, su dedicación.

Esos encuentros a los que acudimos en varias ediciones más, nos pusieron delante de otro reto: cómo conseguir que aquel escenario tan grande no nos comiera un montaje pequeño como era el nuestro. Solución: hacernos con una cámara negra que delimitara el espacio de actuación y nos permitiera concentrar la luz donde a nosotros nos interesaba.

Ahí nos dimos cuenta de que la cámara negra que teníamos de madera era demasiado pequeña, así que empezamos a buscar la manera de hacernos con una estructura de mayor tamaño y versatilidad. La opción era recurrir al metal, y ahí entramos en nuestra particular edad del hierro, de nuevo gracias a la generosidad del por aquel entonces, marido de una de nuestras compañeras, Luis Ángel, que trabajaba en una empresa de calderería en Silvota, y que por el coste de los materiales, algo más de 15.500 pesetas, nos equipó con una estructura que ya nos abandonó hasta el final.

Imagen de Anillos para una dama en el estreno en Posada.

Con ella ganamos la posibilidad de ampliar o cerrar el espacio y sus tres metros de altura impedían que la luz se concentrara donde nosotros queríamos. Eso sí, tuvimos que renovar el surtido de telas negras y su colocación era más dificultosa, pero las ventajas fueron muchas.

Y salimos también de la región. Diciembre de 1998, con abundante nieve en los márgenes de la carretera y un frío intenso, tomamos la autopista del Huerna para debutar fuera de Asturias (fue la primera y única vez que salimos de Asturias), concretamente en la localidad leonesa de Villablino, donde nos acogió mi tía Josefa que alimentó a base de tortilla y lentejas nuestros estómagos.

Allí llevamos de nuevo el programa doble de Casona y pasamos una factura de 60.000 pesetas que tardamos, ni más ni menos, que tres años en cobrar y eso después de tener que insistir en repetidas ocasiones, e incluso tirar de familiares en la zona hasta que conseguimos que el consistorio saldara la deuda.

Buscando el norte y El jardín de nuestra infancia

1999 vino marcado por un nuevo proyecto al que titulamos “Buscando el norte. El sur también existe”, en el que reunimos siete piezas de teatro breve de los asturianos Sandro Cordero, Eladio de Pablo y Moisés González. Eran: El asesino del martillo, Me has llamado Paula, Revista del corazón, Muñecos, Las conchitas, El gato y el ratón y Educación. Piezas entre dos y cuatro personajes.

Programa de mano de Buscando el norte.

Lo decíamos en el programa de mano: “A lo largo de la hora, más o menos, que dura este montaje, veremos desde los peligros que nos pueden acechar en un parque, hasta como un señor casado se ampara en la palabrería de la LOGSE para ocultar una infidelidad, pasando por la selva en la que se ha convertido conseguir un trabajo, o el drama de los embarazos no deseados (…) El mundo es un teatro de orgullo y de error lleno de infelices que hablan de la felicidad, escribió alguien alguna vez”.

Estreno, como siempre en Posada, porque para nosotros la prioridad siempre fue estrenar en casa, en abril de 1999. Sin duda ninguna, fue la obra en la que más nos reímos durante los ensayos. Puedo asegurar que las carcajadas eran diarias, sin embargo, esa sensación no terminamos de hacerla llegar al público del todo, que sólo después de dos o tres de las piezas lograba entrar en la dinámica de la obra por nuestra falta de pericia a la hora de engranar piezas tan diferentes. De todo se aprende.

Marta ya no estuvo con nosotros en este montaje, que solo dos días después del estreno subimos de nuevo a las tablas del teatro de A Veiga, de nuevo en el marco de los encuentros teatrales. Mayra, que ya estaba estudiando en el Instituto del Teatro (ITAE), hoy Escuela Superior de Arte Dramático (ESAD), para convertirse en la profesional que es hoy, también dejó el grupo tras esa actuación. Lucas Trapaza ya lo había hecho el año anterior. En el capítulo de fichajes incorporamos a Mayte Ramiro que está con nosotros hasta el final.

Muchas bajas y tocaba remodelar el grupo, también por la ausencia temporal de Sole Iglesias, y los albores del nuevo siglo ven un grupo rejuvenecido con la llegada de Patricia Peláez, Rebeca García, Chabe Vega y Adelino García. Este último se mantuvo también hasta el 2005.

Portada del programa de mano de El jardín de nuestra infancia.

Con todos ellos ponemos en pie “El jardín de nuestra infancia” de Alberto Miralles, un drama familiar anclado diez años antes del transcurso de la acción, con más luces que sombras. Una obra de la que hicimos tres únicas funciones: Posada, Cayés y Vegadeo. Aquí contamos con la colaboración a los mandos técnicos de Marco Franco, después de lo cual deja el grupo definitivamente.

El siglo XXI

Otra vez nos encontramos con que dos de las compañeras que habían debutado con nosotros el año anterior, deciden no continuar. Fueron los casos de Patricia y de Rebeca. Celebramos el regreso de Sole y la incorporación de Javier Cachero. Con ellos y con Adelino García, Mayte Ramiro, Chabe Vega (luego sustituida por Cristina Terente) y yo sobre las tablas y César Suárez a la técnica, nos embarcamos en levantar la obra de Antonio Gala, “Anillos para una dama”. Con Cristina se sumó la ayuda de su futuro marido, Juan, quien también se involucró mucho en la parte logística del grupo.

Anillos para una dama. De izquierda a derecha Adelino (Minaya), Sole (JImena), Chabe (Constanza), Mayte (María) y Javi (obispo)

Una obra magnífica y con la que todos disfrutamos muchísimo y con la que me atrevo a decir, que alcanzamos el mayor éxito de público. Ya desde 1999 estábamos ensayando en el Centro Social de Cayés, lo que nos facilitó mucho las cosas, hasta que tuvo lugar un suceso del que doy alguna cuenta más abajo.

También fue la obra de la que más funciones llegamos a realizar, después, eso sí, de una activa política de envío de dosieres por correo a aquellos ayuntamientos que programaban teatro aficionado y de visitar personalmente a algunos de ellos.

Este montaje también fue el responsable de que empezáramos a pensar en mejorar el hasta ese momento nulo equipamiento de luces, para no depender totalmente del existente en los distintos escenarios que, en muchas ocasiones, dejaba bastante que desear, caso de A Veiga que si bien tiene un escenario magnífico y un gran patio de butacas, en cuanto a las luces, en aquellos años, se limitaban a dos o máximo tres focos en funcionamiento.

Mayte y Sole en Anillos para una dama

Nos adentramos de nuevo en un mundo del que no teníamos mucha idea, por ser suave, y un día nos plantamos Sole y yo en una empresa del polígono de ASIPO creo recordar, y salimos de allí con cuatro focos por el módico precio de 165.000 pesetas, con un pequeño descuento que nos hizo el propietario, sin duda apiadado por nuestro desconocimiento de la materia. A eso unimos después dos estructuras metálicas para poder colgarlos según nuestras necesidades que nos sumaron otras 20.000 pesetas a la factura.

Asimismo, dentro de la línea minimalista que siempre se movieron nuestros montajes, tanto por razones logísticas como por convencimiento, decidimos hacer una serie de cubos de distintas alturas pintados en negro, que nos dieron muy buen resultado estético, tanto que ya nos acompañaron en todos los montajes posteriores, gracias a la pericia de otro padre, Iglesias. Por supuesto, las velas no faltaron y esta vez lucieron espléndidas en un candelabro que está presente en buena parte de la obra.

No nos podemos olvidar de otro progenitor, fotógrafo en este caso, Ramiro, a quien debemos la imagen que utilizamos en el cartel, además de los reportajes fotográficos de Anillos y de Pareja abierta.

El 17 de marzo de 2001 estrenamos en Posada, y viajamos con la obra hasta 2004, hasta llegar a hacer hasta 16 representaciones de la misma. Cayés, Corvera, A Veiga, San Martín del Rey Aurelio, Langreo, Lugones, Navelgas, fueron algunos de los lugares en las que la llegamos a representar. Intentamos visitar una muestra de teatro aficionado en Torrelavega (Cantabria) pero no fue posible.

De nuevo el trabajo de las madres con el vestuario se vio recompensado con un nuevo galardón, otra vez en los encuentros de A Veiga. Con Anillos participamos en las Primeras Jornadas de Teatro Local que tuvieron lugar en Cayés entre el 21 y el 22 de mayo de 2002, con la participación de la Asociación de Mujeres de Llanera, que puso en pie “Pitición de mano” de Antón de la Braña; nosotros; y cerró las jornadas el Grupo Cultural El Merín con “Tiquismiquis” de Vital Aza.

Cartel de las Jrnadas de Teatro Local de 2002

Al mismo tiempo que seguíamos con Anillos, empezamos a pensar en un nuevo montaje para cumplir con nuestro ritual particular de hacer un estreno al año. Para 2002 elegimos la obra de los italianos Franca Rame y Dario Fo, “Pareja abierta”, que si bien la obra es para dos personajes, nosotros desdoblamos la pareja en tres diferentes, una por cada uno de los momentos por los que pasa la pareja protagonista. Montaje que luego cambiamos al modelo de dos parejas.

Cartel de Pareja abierta de Franca Rame y Darío Fo.

En mayo estrenamos en Posada, en mayo, en junio fuimos a Cayés, y el periplo de la obra nos llevó a Corvera, a la Residencia Covadonga de Oviedo (donde por fin algunos nos pudimos quitar el mal sabor de boca que nos habían dejado aquellas dos primeras actuaciones en residencias de mayores del siglo pasado) y a volver a Art Nalón Escena, en Sama, de donde regresamos con un segundo premio cerrando así el capítulo de cuatro galardones obtenidos a lo largo de nuestra historia.

Mientras seguíamos con Anillos y con Pareja abierta, por distintos motivos, no pudimos sacar adelante el proyecto de la Medea de Fermín Cabal, y esa crisis y la ausencia de nuevo de Sole y mi anuncio de que el siguiente montaje iba a ser el último para mí, desemboca en nuestro último espectáculo (el last dance que se dice ahora).

Pareja abierta. De izquierda a derecha: Sole, Alfredo, Adelino, Cristina, Mayte y Javi

Para ello elegimos la obra “Objetos perdidos” de Antonio Muñoz de Mesa, una obra con un humor cercano al absurdo. “Personajes que buscan. Personajes que encuentran. Desconocidos en tránsito. Todos comparten el mismo destino sin saberlo. Los detalles los diferencian. Los contornos se difuminan. Palabras que cruzan el espacio como cuchillos. Huida hacia adelante alumbrada por fluorescentes. Siniestramente surreal y obsesivamente acaramelada”. Así presentamos la obra en el programa de mano.

El telón se baja definitivamente para nosotros (Adelino, Mayte, Cristina, Javi, Alfredo y Sole a la técnica) un 23 de abril de 2005. Desde entonces, nostalgia por lo vivido.

Programa de mano de Pareja abierta. Esta vez optamos por un formato de tarjeta de visita

Anécdotas y curiosidades

Hasta ahora apenas si hago mención a las cuestiones de organización económica. Empiezo diciendo que seguramente fuimos el único grupo aficionado de la región en no contar con ni una sola peseta o euro procedente de una subvención pública, ni municipal ni regional. Algo que siempre que lo hablábamos con otros grupos como el nuestro levantaba más de una sorpresa.

Nuestra filosofía siempre fue la de ser lo más autónomos de cualquier administración que nos fuera posible. De hecho, un año que nos decidimos a pedir una subvención regional nos concedieron 10.000 pesetas, cantidad a la que renunciamos al enterarnos de que las subvenciones se cobran después de haber gastado y justificado el importe concedido, tal era nuestra ignorancia por aquellos años. Y como no disponíamos de esa cantidad decidimos devolver el importe y no volver a solicitar dinero nunca más.

Pensábamos que si la administración, la que fuera, nos contrataba y nos pagaba un caché con eso tendríamos dinero suficiente para sufragar el coste de poner en pie un montaje nuevo, como así hicimos durante toda nuestra trayectoria.

Cartel de nuestra última función.

Por otro lado, desde el principio, cuando todavía no éramos todavía un grupo formal, acordamos un sistema de cuotas de tal forma que cada miembro, mensualmente, aportaba 1.000 pesetas a la caja común, cantidad que pronto reducimos a 500 pesetas, y así seguimos hasta que el grupo ya se sostuvo económicamente.

Si antes decía que en Lugo de Llanera cuando nos trasladamos a ensayar allí había gente que pensaba que éramos una secta, en Cayés no faltó quien fuera corriendo al ayuntamiento a decir que nuestra presencia en el Centro Social, que el consistorio nos había concedido como local de ensayo, provocaba, literalmente, “alarma social” lo que acabó derivando en que sacáramos nuestras cosas de allí para trasladarlas a un espacio que nos cedieron César y Mary aquí en Posada.

Como local de ensayo conseguimos, gracias a la gestión de Adelino, que la parroquia de Rondiella nos diera acceso a los locales parroquiales anexos a la iglesia de Posada, lo que nos permitió ensayar más cómodamente al evitarnos desplazamientos en un momento en el que la mayoría de los integrantes éramos de Posada.

Crstina y Adelino en un momento de Pareja abierta.

Comento más arriba como en 2001 incorporamos a nuestro material escénico, cuatro focos. Con ellos fuimos, por ejemplo, a actuar al local de la asociación de vecinos de Granda (Gijón), un espacio incluso más pequeño que Cayés. Pues bien, empezamos a tirar cables, conectamos a los enchufes de la pared que había por allí, ponemos unas bases, y empezamos la función.

A eso de los cinco o diez minutos de empezar, saltaron los plomos y poco más y nos llevamos por delante toda la instalación del local. Y no sé si fue por eso o si fue porque se dejó de hacer teatro en un lugar totalmente inapropiado, pero el caso es que no nos volvieron a llamar nunca más para actuar allí.

En Navelgas actuamos coincidiendo con la fiesta del bateo del oro, y la función tuvo lugar en el comedor del colegio con tan mala suerte que el inicio de nuestra actuación coincidió con la final del torneo de fútbol sala que se jugaba en las instalaciones deportivas del centro, así que durante algún tiempo actuamos al compás de los aficionados futboleros del exterior.

Adelino, Sole y Mayte en Anillos para una dama.

Y siempre recordaremos a dos niñas que sentadas en la primera fila, se pasaron la obra comiendo palomitas deleitándonos tanto con el olor como con el sonido de tan apasionante aperitivo. Por no hablar de la mosca que se empeñó en posárseme en la nariz en un momento en que mi personaje debía de permanecer impertérrito.

Imbricados como estuvimos en la vida cultural del municipio, también participamos en actividades de cuentacuentos organizadas por la Casa de Cultura, e incluso fuimos al IES a dar un mini curso de teatro al alumnado con motivo de una de sus semanas culturales.

Incluso cuatro de nosotros llegamos a participar en la grabación de un corto, codirigido por un vecino de Posada, Ángel, como parte del proyecto final de un curso de audiovisuales.  Era una adaptación muy particular del cuento del argentino Jorge Luis Borjes, El Aleph.

Texto del programa de Pareja abierta.

También hubo proyectos que no salieron adelante. Uno de ellos la participación en la cabalgata de Reyes, más que nada porque no se nos ocurrían más que propuestas rompedoras que sabíamos que no iban a tener una acogida muy favorable, así que agradecimos la invitación pero no llegamos ni siquiera a presentar nuestras ideas al resto de colectivos que sí estaban totalmente implicados en el desfile.

Y lo que si nos dio pena fue que no saliera adelante la propuesta que nos llegó a plantear el director de la coral en aquel momento, Luis García Santana, de poner en escena una zarzuela completa, aportando nosotros la dirección de escena y la parte más actoral y la coral la parte musical. La marcha de Luis con dirección a su tierra canaria impidió que la idea cobrara forma.

Logotipo diseñado por Lucas Trapaza

El teatro aficionado en Cayés en los años 20 y 30

Integrantes del Cuadro Artístico de Coruño. Región 23 de abril de 1926.

Dedicaba mi artículo anterior a contar las andanzas del Cuadro Artístico de Lugo, en una primera aproximación al teatro aficionado en nuestro concejo, en las décadas de los años 20 y 30. Esta vez fijo la atención en los entusiastas del arte de Talía en la parroquia de Cayés, concretamente del barrio de Coruño, y, en menor medida también en los de Posada, de los que hay muy pocas referencias en la prensa del momento, lo que me hace pensar, al menos de momento, que tuvo menos arraigo esta afición teatral.

La primera mención a la existencia de un grupo de teatro en el barrio obrero de Coruño, vinculado a la Fábrica de Explosivos, la encontramos en una breve información publicada en La Voz de Asturias, el 24 de febrero de 1926, en la que se explica que el domingo anterior, un grupo de jóvenes había organizado una velada teatral, no se nos dice donde aunque previsiblemente sería en el mismo local en el que la Sociedad El Recreo llevaba a cabo sus actividades, con la puesta en escena de la obra Los peligros de mentir, una «hermosa comedia» que se representó «muy a satisfacción del numeroso público que acudió a presentarla».

La Voz de Asturias, 24 de febrero de 1926.

El Salón García de Lugo de Llanera, unos días después, fue el escenario que vio una nueva representación de esa obra, dejando «una grata impresión» entre el público de Lugo, recoge la La Voz de Asturias, en una información que nos permite conocer los nombres de los integrantes del grupo. En el primer acto intervinieron Fermín González interpretando a De Gálvez; Juan Alonso (Juanito); José Pérez (don Rafael); Celso Díaz (Mateo); Pepe (Jacinto) y Francisco «El Boy» (Liana). En el segundo acto, el protagonismo fue para Valerio Quesada (Bartolo), David «Pupín» (Gazpachu); Luis Menéndez (Bastián) y Jerónimo Macías como apuntador.

La Voz de Asturias, 28 de febrero de 1926.

Animados seguramente por la buena acogida, el grupo volverá visitar el Salón García un mes después, para levantar un programa doble formado las obras El médico a palos de Moliere, y ¡Una limosna por Dios! Un grupo al que debía de dominar un gran entusiasmo, ya que apenas dos meses después, en mayo, ya estaba en disposición de presentar al público otro programa doble formado esta vez por El alcalde de Retortijo, D. Quico Polaina de las Verdes Praderas y el monólogo La buena crianza o tratado de urbanidad. Repertorio que ofrecieron a su público de Coruño en una función en su barrio de origen, y que repetirían al jueves siguiente en Lugo, en el Salón García.

La Voz de Asturias, 9 de mayo de 1926.

Un andar frenético que en algún momento y por circunstancias que desconocemos, se debió de detener, si bien no por mucho tiempo, hasta que uno de sus integrantes David, apodado Pupín, se hizo cargo del mismo pasado el Cuadro Artístico de Coruño a denominarse Cuadro Artístico Pupín, y con esa denominación lo encontramos ya en 1927, en lo que según La Voz de Asturias, era la reaparición del grupo sobre los escenarios. El grupo estaba en ese momento «organizando sus ensayos y presentarán al público un buen escogido programa», con la vista puesta en el día de san José, fecha prevista para el estreno del grupo ante el público. Un grupo formado por «expertos jóvenes obreros y esperamos de tan excelentes artistas unos grandes éxitos teatrales».

La Voz de Asturias 24 de febrero de 1927.

La reaparición tuvo lugar en la fecha prevista en el Salón La Lula, con una estructura de programa ya clásica en el grupo de dos obras teatrales y un monólogo. En este caso, se abrió la función con El miedo ridículo, obra en un acto con Fermín González (Amo de la casa), José Pérez y David «Pupín» (criados) y Ángel Lozano (viajante). Vino seguida por El que la hace la paga o ratones en trampa, con José Pérez, F. González, David «Pupín», Jerónimo Macías, José Antonio y los niños Luis M., Juan A., Ángel L., Francisco J. y Avelino Díaz. «Pupín» cerró la velada recitando el monólogo ¡Cuando el güelu lo diz…! El corresponsal de La Voz de Asturias terminaba su crónica diciendo: «Dado el buen aliciente del Cuadro Artístico, ya visto en otras ocasiones, es de esperar que tendrán un éxito resonante, y del resultado de la velada se dará a conocer a los lectores de este diario».

La Voz de Asturias, 18 de marzo de 1927.

Y así lo hizo unos días después, concretamente el 25 de marzo. De ahí sabemos que el Salón La Lula registró un lleno hasta la bandera, con los actores a la altura de las circunstancias, saldando la primera de las obras con actuaciones que «rayaron a gran altura en la interpretación de dicha obra», mientras que en la segunda todos ellos, niños incluidos, «dijeron admirablemente sus papeles, y el público, agradecido, obsequió al cuadro con muchos aplausos», mientras que el vestuario y el decorado fueron «muy elegante y adecuado», respectivamente. El recitado del monólogo final «dejó al público sin aliente de tanto reírse, recibiendo el incipiente actor calurosos aplausos».

El domingo de la Pascua de 1927, los de Cayés volvieron al Salón La Lula, esta vez para ofrecer al público el monólogo ¡Pobre melandru!, de Pachín de Melás.

Pasará prácticamente un año hasta que volvamos a tener noticias del grupo teatral cayesino, y será con motivo de una actuación conjunta que llevará a cabo junto con el cuadro artístico de la capital municipal. Ambos grupos unieron fuerzas para ofrecer un programa de monólogos asturianos el 25 de marzo de 1928, en el local de Los Chicos, cuya ubicación se nos oculta. El programa incluyó Los rapazos cantariegos, original de Pachín de Melás, interpretado por Antonio y José María; seguido por ¡Pobre melandru! a cargo de «Pupín» y de Lozano, mientras que el propio «Pupín» ponía fin a la función interpretando «La buena crianza o tratado de urbanidad en 17 minutos», que ya formaba parte del repertorio del grupo cayesino desde 1926.

La Voz de Asturias, 25 de marzo de 1928.

Una breve parada para hacer referencia al grupo teatral de Posada, integrado por jóvenes que también formaban parte del equipo de fútbol aficionado El Rápido, y que también serán responsable de la organización de alguna edición de las fiestas veraniegas de la capital municipal, lo que demuestra que se trataba de un grupo muy activo, sin bien no le darían continuidad a la afición teatral, y esa actuación conjunta con sus vecinos de Cayés es una de las dos únicas referencias que tenemos de ello.

El grupo había debutado en febrero de 1928, con la obra El médico a palos, obra que «fue un éxito grande (…) saliendo el público, que era numeroso, gratamente impresionado de la labor notable de los mismos», en una función en la que todos los actores «desempeñaron su papel a las mil maravillas; por eso queremos citarlos individualmente, por que todos tienen muy bien ganado el galardón artístico por su labor educativa».

Región 24 de febrero de 1928.

Después de esa función, el grupo de Coruño parece haber pasado por una etapa de crisis, con un primer anuncio de reaparición para marzo de 1929 en el Salón García de Lugo, reaparición que finalmente no se pudo hacer por causas ajenas a la voluntad del grupo, como explica el diario Región el 14 de marzo de 1929, fijando la fecha definitiva para una semana después. La ausencia de noticias del grupo hasta dos años más tarde, nos hace sospechar que la vuelta a las tablas se hizo esperar más de lo deseado.

Cuando los de Coruño recuperen el grupo teatral, la prensa lo tratará como si fuera un grupo de nueva creación, y se fija su primera actuación para el mes de octubre de 1931 en el local Zapaterín, en la capital municipal. Una velada que daría comienzo a las ocho y media de la noche, con un programa compuesto por textos de Pachín de Melás, como eran Arre Moricu, La herencia de Pepín, y Xuacu busca criau y na… más, junto con Un match de boxeo, de Nieva. «Dado el sugestivo programa es de esperar que obtendrán un buen lleno y nos congratulamos de que los éxitos de tan noveles actores sean coronados».

Región, 11 de octubre de 1931.

«El domingo y con un lleno insuperable, ha debutado en el salón El Zapaterín el novel Cuadro Artístico de Coruño». Así se inicia la breve crónica que incluyó Región en sus páginas unos días después del debut. En ella se nos informa de que el grupo ofrecerá el mismo programa que en Posada, en el salón de El Andaluz, en Pruvia, el domingo siguiente. Una función que no pudieron culminar con éxito, debido a que a la hora de iniciar la función, tal y como podemos leer en La Voz de Asturias del 24 de octubre de 1931, unos chavales azuzados por uno de ellos, interrumpieron la función «abusando de la educación de los jóvenes forasteros» y faltando al respecto a varias de las mujeres allí presentes, de tal forma que el anónimo cronista pide mayor presencia de las autoridades en la zona para que sucesos así no volvieran a repetirse.

Para resarcirse del mal sabor de boca, el grupo fue muy bien recibido en el salón de Amalio Prieto en Balboa (Siero), y la próxima función tenían previsto ofrecerla en la Venta del Escamplero, en el vecino concejo de Las Regueras.

La mala experiencia en Pruvia, no les hizo desistir de volver a acudir a la misma, y para febrero de 1932 tenían previsto el regreso, esta vez con un programa estrenado en el Salón Maravillas de Coruño, propiedad de Vicente Suárez, compuesto por Timidito y Francón, obra en un acto, ¡Ya me ha tocado! y La herencia, de Pachín de Melás. El mismo repertorio lo llevarán a Cancienes al mes siguiente.

Región, 13 de febrero de 1932.

La última noticia que tenemos referida a este grupo con anterioridad a la guerra civil, está fechada el 9 de abril de 1932, cuando el diario Región anuncia que para el día siguiente, el colectivo llevará a cabo una actuación en la Plaza de Abastos de Posada con un programa que se abrió con Los malditos, comedia dramática en dos actos de ambiente asturiano con la participación de Lola Menéndez, Eloína Villa y Libertad Fernández. La segunda obra iba a ser Júntate con buenos y se cerraría con Los años del tío Figuas (juguete cómico en un acto).

La función iba a ser benéfica a favor de María Luisa, hija de Manolo Belín, con el fin de recaudar fondos para la compra de un elemento ortopédico para una de sus piernas. Se pusieron a la venta localidades al precio de 50 céntimos los adultos y de 30 céntimos para los menores, que se podían adquirir en los establecimientos comerciales siguientes: Don Antonio Carús, La Venta del Gallo; Aurelio, Puente de Cayés; Peluquería Rogelio, Coruño; Casa Laureano, Posada; Viuda de Jesús, San Cucufate; Bonifacio, La Miranda; Los Ferroviarios y José Pina, Lugo de Llanera.

Región, 9 de abril de 1932.

El cuadro artístico de Lugo en los años 20

Integrantes del cuadro artístico de Lugo. Región 5 de febrero de 1926.

Las páginas de los periódicos La Prensa y El Noroeste del 18 de abril de 1922, incluían una información acerca de la fundación en Lugo de Llanera, de un «casino recreativo que a la vez que servirá de expansión y divertimiento los días festivos, lo será para la realización de actos culturales». Para contribuir a esos fines, se fundaba al mismo tiempo un cuadro artístico «bajo la genial dirección de nuestro querido y respetable amigo don José Tolosa Comaporada».

Cuando aparece esta información en ambos medios, el incipiente grupo teatral ya había debutado poniendo sobre las tablas un programa doble formado por las obras El tapete verde y El veneno. La sede de ese casino y lugar de actuación del grupo teatral, se encontraba en las inmediaciones de la estación ferroviaria, y el estreno de la función teatral con programa doble, tuvo lugar después de un baile que, al parecer, estuvo muy animado, cosechando después los actores el «agrado del público, que premió con aplausos la labor de los incipientes actores, especialmente del niño Alfredo Blanco, que admirablemente hizo dos principales papeles», según se puede leer en El Noroeste.

La Prensa, 18 de abril de 1922.

El trabajo del grupo hubo de ser intenso y con mucha afición, porque para el mes de abril ya tenían previsto el estreno de otros dos textos, como eran El taller del carpintero y A bofetadas, obras en las que iban a debutar «las simpáticas jóvenes de la localidad Amada Menéndez y María Menéndez», tal y como nos informan desde las páginas de El Noroeste, en el mismo día en el que se iba a producir el estreno, el domingo 28 de abril. Ante el estreno «existe en este vecindario gran interés por presenciar la labro de los artistas».

El Noroeste, 28 de abril de 1922.

A pesar de esos inicios tan prometedores, no volveremos a tener constancia de la actividad de este grupo, hasta que unos años después la localidad recupere la existencia de un nuevo grupo teatral. Así, habrá que esperar hasta 1926 para conocer la fundación de un nuevo grupo a cargo de «unos cuantos jóvenes, entusiastas del arte de Talía», según se explica en La Voz de Asturias del 3 de enero de 1926, y que son los que aparecen en la fotografía con la que abrimos este artículo.

Unos días antes de la publicación de la noticia, ya habían dado comienzo a los ensayos «de varias obras teatrales, entre las cuales figuran algunas de ambiente asturiano», con la vista puesta en el estreno previsto para el día 6 de enero a las nueve de la noche, en el Salón García «aprovechando la circunstancia de ser la festividad de Reyes». Según el periodista «es digna de encomio la obra que se proponen realizar estos jóvenes de Lugo, así el nivel cultural de su pueblo».

La Voz de Asturias, 3 de enero de 1926.

En febrero, La Voz de Asturias, nos informa de que el grupo, en lo que era su segunda representación, había puesto sobre las tablas la comedia La chaqueta parda y la obra costumbrista Secadiella. En palabras del cronista en la primera de las obras destacaron «las simpáticas y bellas señoritas Amada Menéndez y Maruja Genúa [sic]«, quienes «se nos mostraron como dos consumadas actrices (…); Julio Sanz, en su papel de Juan, estuvo admirable, y el simpático Jesús Casaprima, muy requetebién en lo suyo».

En el segundo de los montajes, los actores más destacados fueron Felipe González, Manuel Menéndez y Jesús García Suárez. El cierre al programa teatral lo pusieron Amada Menéndez y Álvaro A. Suárez-Puerta, con el recitado de varias composiciones poéticas. El periodista felicita efusivamente a todos los integrantes, especialmente «a los cultos jóvenes don Álvaro Álvarez Suárez-Puerta y don Julio Copa, presidente y vicepresidente de dicha agrupación cultural».

La Voz de Asturias, 3 de febrero de 1926.

Lamentablemente de nuevo nos encontramos con la falta de información acerca de la posible continuidad o no, que pudiera haber tenido este grupo, ya que a partir de aquí ya no vuelve a asomarse a las páginas de los periódicos. Posada y Cayés también tendrán sus propios cuadros artísticos, de los que me ocuparé en otra ocasión, especialmente del segundo que tuvo mayor continuidad, y que nos demuestra que en los años veinte la afición por el teatro estaba muy extendida por el concejo.