Iglesia de san Martín de Cayés

La parroquial de Cayés en una imagen del año 1917.

El aspecto actual de la iglesia parroquial de Cayés, dedicada a San Martín, lo debe todo a los años finales de la década de los años 20 del siglo pasado, cuando el párroco Manuel M. Antuña puso su empeño y dedicación a mejorar tanto el edificio como el cementerio anexo, dándole un nuevo aspecto a la construcción, tal y como podemos apreciar fijándonos en las dos fotografías con las que abro este artículo.

La iglesia en una imagen tomada por el autor en 2005.

Antes de eso, la primera noticia relacionada con este templo que localizamos en la prensa, concretamente en el periódico La Época el 28 de febrero de 1850, es la del nombramiento De Francisco Álvarez Nava como párroco de Cayés, iglesia que en 1866 recibirá la ingrata visita de los ladrones, quienes se llevaron las joyas de la iglesia, sin que la noticia aparecida en el rotativo La Esperanza el 1 de octubre de ese año, de más detalles al respecto.

La prensa será la fuente de información fundamental para seguir las sucesivas obras llevadas a cabo en la parroquial, con un primer punto de atención en el año 1915, en el cual sabemos, gracias a la Revista Asturias, que están próximas a su finalización las obras en el templo, sin que se nos proporcione información adicional, así que no podemos saber el alcance de las mismas.

Revista Asturias, 20 de junio de 1915.

Las obras más en serio parece que dieron comienzo, o al menos esa era la intención, en el año 1923, cuando el corresponsal de La Voz de Asturias, informa de la realización de «obras de alguna importancia en la iglesia parroquial de Cayés, a fin de dar cumplimiento a una cláusula testamentaria de D. Juan Álvarez Quintanal», obras a las que también contribuirán los vecinos de la parroquia con el fin de «dar más amplitud a dichas obras con lo que ganará mucho en esbeltez».

La Voz de Asturias, 2 de septiembre de 1923.

Será el diario Región el 29 de enero de 1931, quien nos dejará un listado detallado de las obras llevadas a cabo bajo la dirección del párroco Antuña, durante el quinquenio anterior. Obras que habían dado comienzo en 1925 dotando a la iglesia de un nuevo presbiterio, obra que superó ligeramente las 5.700 pts de la época, de las cuales 2.000 salieron del testamento de Juan Álvarez Quintanal, y el propio párroco aportará poco más de 2.800 pts. El resto del dinero se obtuvo por medio de limosnas y aportaciones de particulares

La Fábrica de Explosivos facilitó la madera para el techo, la bóveda, ventanas, puerta y andamios, además de pagar al carpintero. Por su parte, Cerámicas Guisasola aportó todo el ladrillo necesario y corrió con los gastos del decorado interior del nuevo presbiterio.

Cuatro años después, en 1929, se concluyeron las obras del cementerio, iniciadas un año antes, por un importe de 3.149,99 pts., sufragadas con el aporte de 50 pts por parte de cada vecino que tuviera una sepultura en propiedad en el campo santo, entre los que se encontraba Cerámicas Guisasola al adquirir una decena de sepulturas, además de aportar el ladrillo y la teja para el depósito de cadáveres y el adorno del montante del muro de cierre. El terreno para hacer la ampliación, se obtuvo por medio de una donación realizada por la esposa de Javier Cavanilles.

La Voz de Asturias, 21 de marzo de 1928.

El 16 de septiembre de 1929 se dio inicio a la obra de la torre de ladrillo y cemento, que vio su finalización el 12 de mayo de 1930, completada con la adquisición de una campana de media tonelada de peso, obras en las que de nuevo la implicación de la fábrica de Coruño fue determinante, cediendo la madera para el andamiaje, y los elementos necesarios para elevar la campana a su ubicación definitiva, junto con la colocación del pararrayos. Por su parte, Guisasola aportó otra vez ladrillos y 9.634,61 pts necesarias para cumplir con el presupuesto de la obra.

La Voz de Asturias, 29 de diciembre de 1929.

El 20 de junio de 1930 las obras del campanario fueron finalizadas. Sin embargo, la actividad constructiva del párroco no se detuvo ahí, sino que procedió a la compra de dos días de bueyes de terreno, con el fin de dotar a la iglesia de un campo que le diera más prestancia al edificio. Un campo delimitado con un muro en el que se abrió una zona de entrada, y cuyo coste total, cifrado en 3.008,20 pts salieron, según el diario Región, del propio bolsillo del párroco.

Aspecto actual de la torre campanario de la iglesia de Cayés. Foto del autor.

Item más. en diciembre de ese año finalizaron las obras del camino que unía la iglesia con la casa parroquial, de nuevo gracias a la inestimable ayuda de la Fábrica de Explosivos, que proporcionó la pólvora necesaria y el material para el firme, que fue transportado por los vecinos del barrio de Campiello, en sus carros. La cantidad económica de 966,50 pts restante, de nuevo fue aportada por el sacerdote.

Región, 18 de junio de 1931.

En agosto de ese año, se estaban culminando las obras de la nueva capilla del Santo Cristo con la que se dotó al templo, así como la ampliación de la sacristía, que culminarían una remodelación total del templo que habían costado más de 20.000 pts de la época, en total.

Imagen de la iglesia con el tejado colapsado en diciembre de 2003. Foto del autor.

Ya en el siglo XXI, concretamente en diciembre de 2003, la estructura de buena parte de la techumbre no aguantó más y se produjo un hundimiento, afortunadamente, en un momento en el que no había ninguna persona en su interior, que obligó a trasladar el culto durante un largo periodo de tiempo hasta que se puedo solucionar el problema y volver a abrirla al culto.

Noticias publicada en el diario Región el 29 de enero de 1931, resumiendo las obras realizadas en la iglesia parroquial de Cayés durante los cinco años anteriores.

Santiago de Arlós, excelente ejemplo de románico rural

Iglesia de Santiago de Arlos en una imagen de 2006. Foto del autor.

Hace unos meses dedicaba una serie de artículos a los expedientes de restauración de las iglesias de Llanera, afectadas por la destrucción durante la Guerra Civil, y una de ellas era la de Santiago de Arlós, por lo que los detalles referidos a esa reconstrucción no van a formar parte de este artículo y remito al lector interesado a ese artículo, y en el presente me voy a centrar en los aspectos artísticos de un templo que es un magnífico ejemplo de románico rural asturiano.

Es uno de los escasos templos asturianos que podemos fechar de forma aproximada recurriendo a la documentación. Sabemos que fue donada por el obispo Martín II al monasterio de San Vicente de Oviedo el 13 de octubre de 1151, tras haber recibido la Catedral de Oviedo la donación previa por un tal Petrus Guterri. Todo esto nos permite saber que esta iglesia estaría construida al menos en el segundo cuarto del siglo XII, aunque siguiendo paralelos estilísticos hay autores que la llevan al siglo XIII, lo cual puede indicar diferentes momentos en su construcción y que la iglesia se fuera enriqueciendo a lo largo del tiempo.

Portada del templo. Foto del autor.

Nos encontramos ante un buen ejemplo de románico rural al cual podemos suponerle una fundación relacionada con el Camino de Santiago, uno de cuyos ramales secundarios, concretamente vinculado al llamado Camino de la Costa, pasaba por las inmediaciones de la iglesia siguiendo un itinerario muy parecido al de la actual carretera que une Avilés con Grado donde se uniría a la ruta principal del Camino de Santiago en Asturias. Otra posible pista al respecto puede estar en la propia advocación del templo.

Es una iglesia sencilla, de proporciones modestas compuesta por una sola nave y cabecera rectangular más baja y estrecha que la nave. La cubierta de cielo raso de la nave no se correspondería con la original que sería de madera, en cambio la cabecera conserva la bóveda de medio cañón típica en estos casos. Lo que hace de esta construcción un ejemplo destacado es su decoración concentrada en la portada, el arco de triunfo, la ventana del ábside y algunos canecillos que todavía conservan su decoración escultórica.

Capitel de la portada representando a sendos caballeros practicando la cetrería. Foto del autor.

En la portada podemos ver dos arquivoltas con guardapolvos decorados con el ajedrezado, mientras que en las arquivoltas la decoración se hace por medio de pequeñas bolas helicoidales y franjas de semicírculos. Tanto las arquivoltas como el guardapolvos, apoyan en impostas con relieves de minuciosa decoración geométrica. Por debajo de estas, aparecen dos columnas en los lados más exteriores y molduras angulares en los interiores que repiten los motivos decorativos de la arquivolta correspondiente.

Capitel de la portada que simboliza la lucha entre las fuerzas del Bien y del Mal. Foto del autor.

Los capiteles de las columnas, ofrecen un relieve de gran calidad con temática figurativa. En el lado derecho aparecen dos animales afrontados que pueden identificarse como leones que aparecen devorando algo que parecen serpientes, una de la cuales aparece mordiendo el lomo del león más exterior, simbolizando el combate entre las fuerzas del Bien y del Mal. Sobre el lomo de uno de estos leones se aprecia un castillo que presenta una escalera apoyada en una de las almenas y una máscara humana. Por su parte, en el capitel de la izquierda, se representan sendos caballeros portando aves con las que practicarían el arte de la cetrería.

Detalle de la decoración del arco de triunfo. Foto del autor.

El arco de triunfo, que separa el espacio reservado a los fieles del que ocuparía el clero oficiante, vuelve a decorarse con profusión de motivos vegetales, geométricos, humanos y animalísticos como palmetas, posible representación simbólica de la flora del Paraíso, entre las que aparecen unas máscaras humanas, y una pareja de aves afrontadas (palomas o pelícanos) que parecen estar bebiendo, animal que se identifica con Jesús Salvador y la Redención. 

Decoración del arco de triunfo. foto del autor.

En la cabecera nos encontramos con dos columnillas con capiteles. En el de la derecha se ven dos animales afrontados, tal vez leones de nuevo, que parecen estar devorando un pájaro representando las fuerzas maléficas y destructivas o castigos ejemplares, y en el de la izquierda, se representa un macho cabrío con dos cuerpos que comparten una sola cabeza, representación simbólica del Demonio o el Mal. 

Ventana del ábside. Foto del autor.

Asimismo, se conservan algunos canecillos en los que podemos ver diferentes tipos de representaciones: un hombre portando sobre sus hombros un tonel, rostros humanos, elementos geométricos tipo rollos, bolas, un ratón que toca un arpa, una suerte de mono, entre otros.

Canecillos en el exterior de la iglesia. Foto del autor.

Los expedientes de reconstrucción de iglesias tras la Guerra Civil: San Miguel de Villardeveyo

Iglesia de San Miguel de Villardeveyo.

Con este artículo finalizo la serie dedicada a los expedientes de restauración de las iglesias de Llanera, una vez finalizada la Guerra Civil. En este caso le toca poner el cierre a la iglesia parroquial de San Miguel de Villardeveyo.

Del esplendor prerrománico que alguna vez tuvo, únicamente se conserva una celosía situada en la cabecera del templo y que permite fechar el templo entre los siglos IX-X, correspondiendo a este último siglo la primera mención escrita que encontramos del templo, concretamente en una donación del rey Ordoño II a la Catedral de san Salvador de Oviedo. Además de referencias medievales que sitúan su construcción durante el reinado de Alfonso III, quien ocuparía el trono entre los años 866 y 910.

Fragmento de una pieza prerrománica procedente de la parroquial de Villardeveyo, aparecida hace unos años incrustada en la pared de una vivienda durante unas obras de rehabilitación.

En los siglos XVIII y XIX aparece mencionada san Miguel de Villardeveyo por personajes de la relevancia del polígrafo gijonés, Gaspar Melchor de Jovellanos, quien conoció esta iglesia y la incluyó dentro del catálogo der iglesias prerrománicas tardías. Más tarde, en 1845, José María Cuadrado, ve en ella “rasgos de arquitectura godo-romana anterior a la bizantina, usada en Asturias durante los tres primeros siglos de la monarquía de Pelayo”. En 1848, el historiador y político, José Caveda y Nava fechó su construcción en el siglo X, y cuenta como se encontraba en un lamentable estado de conservación incluso con la techumbre derruida, y ya en ese momento señalaba que el único elemento que recordaba a la fábrica prerrománica era una ventana con celosía. 

Celosía prerrománica ubicada en la cabecera de la iglesia.

Ante la mala situación en la que estaba el templo, los vecinos de la parroquia deciden en 1850 ponerse manos a la obra, y convocar una asamblea con el fin de afrontar la restauración del templo parroquial. El acta está fechada un 17 de noviembre y los motivos que llevan a los vecinos a reunirse tienen que ver con la situación de un templo “enteramente arruinado y expuesto a que suceda algún trastorno o desgracia cuando se hallen en Misa popular”.

La necesidad de afrontar obras con urgencia, queda acreditada en la primera condición que fijan: “Que la obra se principiará inmediatamente que se hallen recursos para su planificación”. Asimismo se deduce que ya se había contactado con algunas personas de la parroquia, algo más pudientes, para ayuda de los gastos y animados “con estos auxilios”, empezaron a dar forma al proyecto.

Portada del proyecto de rehabilitación tras la Guerra Civil.

Otra de las obligaciones contraídas por los vecinos, fue la de “poner a su costa y por su cuenta y riesgo, cuantos materiales se necesiten para la fabricación de la nueva Iglesia y ponerlo en el punto donde se halle la obra”. Para organizar esa entrega tanto el párroco como el vecino, Francisco Rubín de Celis, quedaban facultados para elegir capataces en distintos puntos de la parroquia encargados de que los vecinos de la zona que tuvieran asignada, cumplieran con esa obligación. En el caso de aquellos que carecieran de carro y de ganado para el acarreo de materiales, quedaban obligados a aportar su esfuerzo personal.

Siguiendo con las condiciones pactadas por los vecinos para afrontar la reconstrucción de la iglesia, aquellos vecinos que teniendo carro no acudiera con él para ayudar en los trabajos estaría incurriendo en una multa de 10 reales por cada día de ausencia, mientras que si se tratara de una prestación personal, la multa sería de 4 reales diarios. En ambos casos, el dinero se utilizaría para el pago bien a un carretero bien a un peón, para el “pago y satisfacción á otro operario que sirva en la obra en nombre del rebelde”.


Solicitud hecha por el párroco Rufino Truébano en 1940, al obispado para afrontar las obras de rehabilitación.

En el caso de que el presupuesto asignado, que no se concreta, no llegara para cubrir la totalidad del gasto, la diferencia tendría que ser abonada por los firmantes del acuerdo y por el resto de vecinos de la parroquia, a partes iguales.

Más interesante es la quinta condición, que dice literalmente: “Que para ayuda de la planificación y fabricación de la nueva Iglesia, se aprovecharán de todos los materiales que hoy existen y tiene la antigua, la que se hechará en el suelo”. Eso nos habla del grado de deterioro que tenía el edificio existente y que las obras de reconstrucción, se iban a hacer previo derribo de algunas de sus partes. Actuación que no sabemos hasta qué punto puede haber modificado las proporciones o incluso las dimensiones de la iglesia, que volvería a sufrir, como veremos más adelante, otra reconstrucción importante tras la Guerra Civil.

Otro de los documentos contenidos en el expediente de restauración de San Miguel de Villardeveyo.

Para ejecutar las obras se especifica que “en esta parroquia hay varios Maestros, labrantes, de mampostería y carpintería”, quienes tienen unas minutas de “diez reales el labrante, ocho el mampostero, y otros ocho el carpintero”.

Al año siguiente, abril de 1851, en Posada se firma un nuevo documento gracias al cual sabemos que el coste de las obras iba a ser de 6.360 reales, como mejor oferta recibida, un dinero que  el contratista recibirá en tres pagos, de los cuales 1.000 se entregarán al inicio de la obra, y el resto en dos pagos más según fuera avanzando la obra.

Documentadas asimismo, se encuentran las obras llevadas a cabo en 1884, durante las cuales se colocó el suelo que actualmente se puede ver en el templo, se tapiaron algunos ventanales en el muro norte, y las capillas laterales y la central, serían objeto de reforma, y la que sería la nave sur (en origen se trataría de un templo de tres naves como así lo dejó escrito Bernardo Alonso Ablanedo en 1804, en su Descripción del concejo de Llanera), terminaría por convertirse en el pórtico actual.

Presupuesto de la rehabilitación del templo en 1940.

Si los deterioros de los que tenemos noticia a lo largo del siglo XIX se debieron al paso del tiempo, los sufridos durante la Guerra Civil fueron provocados por la mano del hombre, como se acredita en el expediente 3.505 de la Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones. Un expediente que se inicia el 31 de enero de 1940, con la pertinente petición del secretario de Cámara y Gobierno del Obispado de Oviedo, Rufino Truébano, solicitando ayuda económica al presidente de la Junta Provincial de Regiones Devastadas. Escrito también rubricado por el obispo de la diócesis ovetense.

En este caso, el autor del presupuesto de la obra fue el mismo que ese mismo año haría el referido a la iglesia de san Juan de Ables, es decir, el aparejador, Enrique González Arranz, por un total de 35.353,70 pts. En la memoria que acompaña a este presupuesto, Arranz explica que el templo está construido “a base de la solidez típica en esta clase de construcciones y está exenta de elementos artísticos y ornamentales, como parece fue norma en la construcción de edificios religiosos en este concejo”.

Memoria que acompañaba al presupuesto de la obra.

Asimismo, hace referencia a las obras de 1884 y señala que durante las mismas “se modificó su antigua estructura al ampliarlo bilateralmente a la nave central, sendas edificaciones para atender a las necesidades del culto, abriendo en el muro, mediante pilastras y arcos, comunicación con la nueva capilla”. Dos afirmaciones que parecen desconocer la importancia histórica y artística de la iglesia cuya restauración aspiraba a tener entre las manos, si bien es cierto que hacía ya mucho tiempo que había perdido los elementos más señeros de su origen prerrománico. 

Ejemplo de recibo de las aportaciones económicas, no siempre voluntarias, hechas por los vecinos para la restauración de la iglesia tras el conflicto civil.

En ese mismo año, añade, se “levantó la torre, sobre base rectangular y adosada a la parte anterior del edificio”, a través de la cual se accede a la portada principal de acceso a un templo con una superficie de 337,60 metros cuadrados. “Fue propósito, en parte frustrado, durante el dominio marxista, reducir a cenizas esta Iglesia, para lo cual además de incendiarla intentaron volar sus paredes y apoyos de arcos con dinamita, quedando por tanto destruida toda su cubierta y maderamen y debilitadas sus paredes”, y se mantienen intactas las “paredes del contorno y crujías interiores” a excepción de las “partes en que se provocaron las explosiones en las que se precisa hacer los refuerzos pertinentes”.

Certificado emitido por el secretario municipal accidental.

Como en expedientes que ya hemos visto, el arquitecto de la Comisión de Oviedo de Regiones devastadas, Francisco de Zuvillaga, da el visto bueno al presupuesto en septiembre de 1941, y con todos los informes favorables, el obispo remite, el 17 de octubre de ese mismo año, toda la documentación al Ministro de Justicia. El mismo obispado solicita al párroco de Villardeveyo, Manuel Fanjul Suárez, bajo el reclamo de “urge”, que responda a un cuestionario. Gracias a él sabemos que se habían iniciado las obras dirigidas por Luis López Argüelles, ayudante de minas y fábricas metalúrgicas. 

En el mismo cuestionario se contesta afirmativamente a las preguntas acerca de su estaba construidos los cimiento, levantadas las paredes, la cubierta y los pavimentos, así como si las obras se estaban ejecutando conforme al proyecto. Asimismo, se cifra en 18.670.20 pts la cantidad invertida hasta ese momento en las obras, lo que supone algo más del 50% del presupuesto total de la obra ligeramente superior a las 35.000 pts. 

Cuestionario de avance de las obras.

A la vista de esos datos económicos facilitados por el párroco, se considera que el presupuesto original está “desproporcionado”, por lo que se reduce su cuantía a 28.000 pts “cantidad por la que se propone la aprobación”, según consta en el informe emitido por el arquitecto J.M. Díaz en Gijón el 5 de julio de 1942. Unos días después, el 23 de julio, el obispo de Oviedo envía al presidente de la Junta Nacional de Reconstrucción de Templos Parroquiales, con sede en Madrid, una solicitud de subvención para ayudar al desarrollo de las obras de recuperación de la iglesia de Villardeveyo, por importe de 18.000 pts. La recaudación de fondos para financiar las obras de recuperación del tempo, se habían iniciado muy pronto, como demuestra un recibo emitido a nombre de José Álvarez Álvarez, por importe de cinco pesetas “a cuenta del segundo donativo voluntario de 25 pts para ayudar a la reconstrucción del templo de San Miguel de Villardeveyo”. El recibo está firmado por el tesorero, Luis Roza, y lleva fecha de octubre de 1939. En 2002 se volverán a hacer obras de restauración por un importe aproximado de 27.000 €, que afectaron sobre todo a la cubierta.

Información aparecida en La Nueva España sobre las obras de rehabilitación llevadas a cabo en 2002.

Los expedientes de reconstrucción de iglesias tras la Guerra Civil: Santiago de Pruvia

Iglesia de Santiago de Pruvia.

Su construcción se data entre los siglos XVI y XVII, primero como capilla de la familia Rodríguez de Pruvia, cuya casa solariega se encuentra muy próxima a ella, y más tarde como iglesia parroquial desde que en 1893 Pruvia adquiriera entidad propia, al producirse su separación de la parroquia de santa María de Lugo, pasando así Llanera a contar con las once entidades parroquiales con las que cuenta en la actualidad.

Portada del proyecto de restauración de la iglesia tras la Guerra Civil.

El aspecto externo de la iglesia se encuentra muy modificado, resultando de mucho mayor interés el interior del templo, donde se conservan dos escudos de la familia Rodríguez a los lados del arco de triunfo, y otro más rematando un camarín con una inscripción que reza: “Esta capilla y retablo y la a ella colateral es de Alonso Rodríguez de Prubia i María Ximénez de Valenzuela su muger que la fundaron e hizie hizieron a su costa i dieron todos los hornamentos dotáronla en trexientos ducados de principal que rescibieron los bezinos de Prubia a cuia cuenta está el manometerlos año de 1619”. De la familia Rodríguez pasará a ser propiedad de los Candamo.

Inscripción que recuerda que fueron Alonso Rodríguez de Pruvia y su mujer, María Jiménez de Valenzuela, los promotores de la iglesia en el año 1619.

Esta iglesia también sufrirá destrucción durante la Guerra Civil, de tal forma que en enero de 1940 se hace la petición de subvención con el fin de volver a reconstruir el edificio. En este caso, el autor del proyecto fue el arquitecto, Francisco Saro, quien planteó una serie de trabajos destinados a revertir “los grandes desperfectos que a continuación reseñamos; destrucción total de las cubiertas, pórtico, tribuna y portería tanto interior como exterior, quedando únicamente en pie los muros y estos con desperfectos”.

Presupuesto para la restauración de la iglesia.

Las obras, señala el arquitecto, iban a estar dirigidas a adaptarse “en lo posible a lo que fue un día iglesia parroquial de Pruvia”, utilizando para ello un sistema constructivo habitual “atendiendo con ello a la fácil ejecución y economía”. El listado de trabajos a realizar incluye “muros de mampostería ordinaria, cubierta entramado de madera con las firmas vistas al interior, tablero de rasilla poblado de teja curva, el Presbiterio con bóveda por arista acusándose los arcos ojivos, en el pórtico soportes de madera con zapatas del mismo material y basas de piedra artificial; el pavimento actual de losas de piedra se encuentra en bastante buen estado exijiendo [sic] solo una pequeña reparación”. 

Detalle de la bóveda en la zona del altar.

El presupuesto previsto para llevar a cabo todos esos trabajos fue de 24.672,67 pts. Era enero de 1941. Desde la oficina técnica de la Comisión de Oviedo de Regiones Devastadas, en febrero del mismo año, tanto el arquitecto Juan Vallaure, como el arquitecto jefe, José Francisco de Zuvillaga, dieron por bueno el presupuesto e informaron favorablemente el expediente de reconstrucción nº 2427. Un mes después, la Comisión da también su visto bueno a esa cantidad y en abril hará lo propio el obispado remitiendo el expediente al Ministro de Justicia.

Memoria del proyecto de restauración.

Eso no fue óbice para que en junio de 1943, el ecónomo Ramón Sampedro Peláez, no tuviera que responder a un cuestionario, a través del cual nos hacemos una idea de lo que habían avanzado, poco, las obras de reconstrucción del templo. Así, sabemos que las paredes de la iglesia se habían aguantado el intento de destrucción, mientras que la cubierta únicamente se había hecho una provisional y todavía no se había actuado sobre la cubierta ni de la sacristía ni del pórtico, en el pavimento aún no se había hecho ninguna actuación, aunque como hemos visto, el informe del arquitecto decía que estaba en bastante buen estado.

Escudo de armas en el interior de la iglesia.

Hasta ese momento la inversión realizada era de 4.875 pts. Esa era la cantidad que contaba con justificación, ya que había otra cantidad que no se especifica en el cuestionario carecía de ella, toda vez que el “constructor Sr. Álvarez Nieto deja mucho que desear en sus procedimientos respecto de su cometido”, frase de la que se deduce el descontento del ecónomo con el responsable de la obra.

Ese cuestionario fue respondido en el mes de junio de 1943 y después de otros documentos de menor entidad resueltos a lo largo de ese año, llegamos a 1950 con las obras aún por terminar, como desvela la carta remitida por Marcelino Ramos Fernández, coadjutor de la parroquia de san Juan el Real de Oviedo y párroco de la de Pruvia, al director general de Regiones Devastadas.

Cuestionario sobre el estado de las obras en 1943.

Una carta en la cual se dan informaciones muy interesantes, al respecto del aspecto original que tenía la iglesia antes del incendio sufrido en 1936. En ella se explica que el retablo del altar mayor “era de madera de caoba traída de América, con algunas imágenes de verdadero valor artístico”, y que el techo estaba cubierto por frescos. El párroco explica que los descendientes de la familia que había patrocinado la construcción en el siglo XVII, están “cooperando en la medida de sus posibilidades a su reconstrucción y culto”. Todos esos argumentos le valen al párroco para tratar de llamar la atención sobre un templo que no es “una de tantas iglesias de aldea sin mérito alguno por lo que es más de lamentar el mal estado en que se encuentra”.

Para llevar a cabo la culminación de las obras, considera insuficiente la subvención concedida por la dirección general por importe de 20.000 pts, por lo que la obra aún no se ha podido finalizar. De hecho la iglesia carece en ese momento, según se recoge en la carta, sin cielo raso “y en un estado de desmantelamiento y desamparo que aleja a los fieles de la asistencia a los Oficios Divinos”, unos fieles a los que no duda en calificar como “aldeanos ignorantes, a los que por desgracia, es necesario atraer además de con la palabra de Dios, con el culto en un ambiente que les mueva a devoción y del que hoy carecen”.

En 1950 las obras seguían sin haber sido terminadas.

Con el fin de poder terminar las obras iniciadas en la nave y la construcción del altar mayor “desde luego más modesto que el anterior”, serían necesarias, según los cálculos del párroco, unas 70.000 pts, sin duda, un presupuesto muy alejado de aquellas algo más de 24.000 pts presupuestadas siete años antes, en 1943.

Esa es toda la información contenida en el expediente. Los visitantes de hoy podemos todavía disfrutar del interior de una iglesia con enorme interés, con los escudos de la familia Rodríguez, el camarín y una hermosa bóveda de crucería, aunque, lamentablemente, ni el retablo ni las pinturas se han conservado.

Los expedientes de reconstrucción de iglesias tras la Guerra Civil: San Nicolás de Bonielles

Iglesia de San Nicolás de Bonielles.

En este caso nos encontramos con el expediente con menos documentación de los cinco que hemos localizado. La iglesia tal y como la conocemos hoy, es fruto de una reconstrucción llevada a cabo en el siglo XIX, para sustituir a la anterior que albergaba la sepultura de la familia Carbajal. Actualmente, y a pesar de la destrucción durante la Guerra Civil, se puede visitar la tumba de Alejandro Mon y Menéndez de la Torre (Oviedo 1801-1881), prototipo del caciquismo decimonónico y por ello fue dardo de las críticas desde las páginas del periódico republicano y anticaciquil, El Noroeste, editado en Gijón y que con el paso de los años serán el órgano oficial del Partido Reformista de Melquiades Álvarez.

Tumbas de los Mon, padre e hijo, en interior de la parroquial de Bonielles.

Según la ficha del Inventario del Patrimonio Arquitectónico de Asturias, se trata de una iglesia del siglo XIX, de tradición barroca, «de nave única, transepto apenas marcado en planta, cabecera de planta cuadrada con dependencias adosadas de menor altura y pórtico a ambos lados. Está realizada en sillar y sillares con mortero en la fachada y sacristías que está a la vista en el lienzo mural, puerta adentellada, con enmarque moldurado y uso de dovelas desplazadas, que se remata con friso liso y tejaroz, y que tiene sobre ella un luneto.»

Portada del proyecto de restauración del templo.

Después de esta digresión y de regreso a lo que nos ocupa en este artículo, fue el aparejador Juan de Mendiolagoitia el responsable de la redacción del proyecto de reconstrucción de la iglesia, con un importe total de 37.902,15 pts. Si bien el presupuesto está fechado en el mes de noviembre de 1939, la memoria que lo acompaña tiene fecha del 30 de noviembre de 1945, sin que conozcamos las razones de un retraso tan considerable.

Memoria firmada por el aparejador Juan de Mendiolagoitia.

En esa memoria el aparejador destaca que la iglesia “era de moderna planta”, y “durante el dominio rojo fue saqueada e incendiada, quedando destruida totalmente la cubierta, así como las puertas, ventanas, el pavimento, la tribuna, el pórtico y la sacristía, amén los altares, imágenes, y demás enseres de la iglesia”. La parte positiva que ve Mendiolagoitia, es que al no haber sido afectada la estructura arquitectónica del edificio, “no es necesario para su reparación la dirección facultativa de arquitecto.”

Presupuesto para la restauración de la iglesia de Bonielles.

En el reparto por partidas, la parte que se iba a llevar una mayor cantidad dentro del presupuesto total, era la cubierta con 337,20 metros cuadrados de superficie, incluyendo bajantes, con 16.875 pts. Le seguía la albañilería, con trabajos de cargas y enlucidos interiores, de las bóvedas y en el cielo raso, además del embaldosado sobre hormigón. El total de la albañilería se cifra en 12.232,34 pts; mientras que la carpintería y la pintura suman 4.294,90 y 3.232,34 pts, respectivamente.

Los expedientes de reconstrucción de iglesias tras la Guerra Civil: Santiago de Arlós

Aspecto actual de la parroquial de Arlós.

Independientemente de que su construcción tuviera lugar en el siglo XII o en el XIII, ya que si bien aparece citada en un documento de donación fechado en el año 1151 no falta quien, siguiendo paralelos estilísticos, retrase la fecha de su elevación hasta el siglo XIII, lo cierto es que se trata de una edificación muy antigua y que recibió, a lo largo de los siglos, varias obras que le han asegurado su pervivencia hasta nuestros días, aunque actualmente se encuentre en un estado muy precario que pide a gritos una pronta restauración de importancia.

Vista general de la iglesia de Santiago de Arlós.

Por hacer un resumen muy breve de ello, decir que los libros de fábrica de la iglesia recogen una serie de obras realizadas a lo largo de los siglos XVIII y XX. En 1882 se solicita al Ministerio de Gracia y Justicia permiso para la construcción de una nueva iglesia, lo que hace suponer que el estado de conservación de la misma se encontraba muy al límite y requeriría una actuación decidida para asegurar su viabilidad arquitectónica. Cinco años después, en 1887, se van a llevar a cabo reformas en la nave, y en 1895 se procede al embaldosado de la nave, y en 1902 se añade al conjunto una sacristía en el muro sur de la cabecera.

Portada de la iglesia.

Con ello se modificaba la estructura primigenia de la iglesia, consistente en una sencilla nave rectangular y un ábside de planta cuadrada, siguiendo los esquemas constructivos que se venían desarrollando en la región desde la época de la Monarquía Asturiana, destacando poderosamente la calidad de la talla contenida en los capiteles tanto de la portada como del arco de triunfo, así como en la ventana del ábside y en los canecillos, muchos de ellos perdidos con el paso de los siglos.

En negro la planta original de la iglesia.

En 1999 se hizo otro conjunto de obras entre las que destacaron la separación de los nichos adosados al muro norte de la nave, causantes de graves problemas de humedad en el interior, la apertura del muro oeste del cabildo y la colocación de un tejadillo que rompe dramáticamente las proporciones exteriores del edificio, renovación de la carga exterior y algún trabajo en la cubierta. La viceconsejería de Cultura del Principado de Asturias anunció in situ, la realización de trabajos de consideración a lo largo del año 2018, que iban a servir para asegurar la pervivencia de la auténtica joya del patrimonio monumental del concejo de Llanera, sin que finalmente se llevaran a cabo.

Portada del proyecto de reconstrucción del templo tras la Guerra Civil.

Cuando se hace el repaso a las sucesivas noticias existentes sobre reparaciones en esta iglesia, nunca se hace mención a las llevadas a cabo tras la Guerra Civil, en este caso siguiendo las directrices marcadas por el arquitecto Juan Antonio Miralles, firmante del proyecto de reconstrucción tras los sucesos bélicos.

Fragmento de la carta manuscrita del párroco Ramón Cuesta dirigida al obispo de Oviedo.

En este caso el expediente se inicia con un escrito enviado por el párroco, Ramón Cuesta Junquera, dirigido al obispo de Oviedo, el 15 de marzo de 1945. En el mismo narra con cierto pormenor la destrucción de la iglesia que había tenido lugar en el mes de agosto de 1936, provocada por un incendio de mano de “los marxistas.” Suceso que convirtió en pasto de las llamas “los retablos, imágenes, confesionarios, reclinatorios, techumbre etc.; quedando solo las paredes en estado ruinoso y el pórtico; sin que hasta la fecha háyase recibido ayuda alguna del Estado para reparación de tantos daños.”

Memoria descriptiva del proyecto firmada por el arquitecto Juan Antonio Miralles.

Sin embargo, los vecinos “pobres en su inmensa mayoría”, en palabras del párroco, habían aportado tanto en dinero como en madera, la nada desdeñable cifra de “13.500 pesetas aproximadamente, cantidad insignificante, si se tiene en cuenta el presupuesto total de las obras”, un presupuesto que el arquitecto Miralles había estimado en 49.492,53 pts. De ahí que Cuesta Junquera enviara al obispo el presupuesto para hacer las reparaciones necesarias, para que éste lo hiciera llegar “a donde convenga en orden a conseguir la subvención que a tenor del presupuesto se necesita para realizar las obras” necesarias para que la iglesia pudiera volver a acoger “con decoro los actos del culto.”

Resumen del presupuesto de la obra de restauración.

La memoria descriptiva redactada por Miralles, incide en los argumentos del párroco al señalar que la iglesia “fue semidestruida por las hordas marxistas durante nuestra pasada guerra.” La estructura y los muros no fueron los que más sufrieron la acción del fuego, de ahí que en exterior se plantee únicamente la reparación de desconchones de las fachadas, mientras que para el interior se prevé el enlucido y pintado de los muros. Para las sacristías se plantea la colocación de un falso techo y la reparación de las paredes, y para el solado de la iglesia se estudia la colocación de “madera de castaño machiembrado sobre rastreles también de castaño”, mientras que en las sacristías el suelo será de “de baldosa de 20×20 en colores lisos.”

Sin embargo, la obra principal se reserva para la cubierta, en ese momento resuelta de manera provisional “y que necesita una rápida reparación ya que cala al interior completamente los días lluviosos”, según se explica en la memoria descriptiva. También se plantea la reparación de las cubiertas del porche y de las sacristías, y la reconstrucción del coro.

Una vez examinado el proyecto y el presupuesto, el 30 de abril de 1945, la documentación recibe el visto bueno para continuar con el expediente de concesión de la ayuda económica solicitada.

Los expedientes de reconstrucción de iglesias tras la Guerra Civil: San Juan de Ables

La iglesia parroquial de San Juan de Ables en una imagen del año 1916.

En el transcurso del alrededor de año y medio que el concejo de Llanera se mantuvo como retaguardia del frente de Oviedo, las iglesias del municipio van a sufrir intentos de destrucción, que les causaron daños de diversa consideración que, una vez finalizada la contienda civil, van a generar la apertura de los correspondientes expedientes de reconstrucción resueltos por la Dirección Regional de Regiones Devastadas y Reparaciones, departamento puesto en marcha por el franquismo con el fin de volver a poner en pie todos aquellos edificios destruidos durante la guerra.

Cinco de esos expedientes los hemos localizado hace ya unos cuantos años, en el Archivo General de la Administración, ubicado en la ciudad madrileña de Alcalá de Henares, todos ellos incoados en los inicios de la década de 1940. Los expedientes, unos más completos que otros, a los que hacemos referencia son los relativos a las iglesias de San Juan de Ables, Santiago de Arlós, San Nicolás de Bonielles, Santiago de Pruvia y San Miguel de Villardeveyo. A ellos dedicaremos los próximos artículos y remitimos al lector interesado en una visión de conjunto, al número 11 de la revista La Piedriquina, editado en el año 2018 en la que firmo un artículo completo sobre este mismo tema.

La parroquial de Ables en una imagen de 2005.

Se trata de un templo parroquial estilísticamente encuadrable dentro del estilo popular que se desarrolla entre los siglos XVII y XIX. La planta de la iglesia se corresponde al modelo de cruz latina, aunque al exterior está oculta por añadidos que se le han ido haciendo al edificio a lo largo del tiempo. Iglesia de buenas proporciones, con coro a los pies de la nave que se separa del altar por medio de un arco de medio punto, y presenta cubierta adintelada en contraposición a las bóvedas de cañón apreciables en los brazos del crucero que remata en una cúpula sencilla. En el aspecto exterior, destaca la espadaña con sendos huecos para acoger la campanas y un magnífico ejemplar de tejo.

Procesión en Ables en el mes de julio de 1924.

Tras la destrucción sufrida durante la Guerra Civil, el expediente de restauración se pone en marcha el 31 de enero de 1940, por medio de un documento firmado por el secretario de Cámara y Gobierno del Obispado de Oviedo, Rufino Truébano, y dirigido al presidente de la Junta Provincial de Regiones Devastadas, solicitando la concesión de la subvención necesaria para proceder a la reconstrucción del templo.

Portada del expediente de restauración de la parroquial de Ables.

El encargado de la redacción del proyecto y elaborar la memoria correspondiente, fue el aparejador, Enrique González Arranz. En ésta última señala que la iglesia es una edificación de “antigua construcción, manifestando aún en la actualidad y en el interior del templo, el cuidado y arte que requieren esta clase de edificaciones.” Un edificio que ocupa una superficie de 441,60 metros cuadrados, y explica las causas del estado de deterioro que se busca financiar a cargo de Regiones Devastadas: “Durante la pasada guerra se intentó destruir este edificio incendiando en su interior montones de madera a puertas cerradas, por cuyo motivo se destruyó el pavimento, la carpintería y gran parte de los techos y cubierta, siendo preciso a su reconstrucción demoler la parte que quedó calcinada: cubierta del pórtico, revestido de las paredes, etc., en la forma que se detalla en los planos y presupuesto que se adjuntan.”

Presupuesto de restauración firmado por el aparejador Enrique González Arranz.

Las obras se presupuestaron en un total de 25.521,61 pesetas, para llevar a cabo una reforma integral desde el tejado (sustitución de la armadura de madera y retejado), sacristías, tribuna (incluyendo los peldaños de acceso), las vidrieras (con herrajes y pintura), y para culminar la obra pintura interior al temple con la aplicación de tres manos. El presupuesto incluía un 5%, es decir, 1.215,35 pesetas de imprevistos.

Las obras irán avanzando, como así queda reflejado en el informe del arquitecto de la Oficina Técnica de la Comisión de Oviedo, de la Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones, José Francisco de Zuvillaga, fechado el 20 de septiembre de 1941, en el que afirma que la iglesia había sufrido “destrucción casi total”, y que en ese momento se encontraba reconstruida “en parte”, y da el visto bueno al presupuesto presentado para su reconstrucción. El 6 de octubre del mismo año, la Comisión de Oviedo, da por bueno el presupuesto, y el día 17 el Obispado de Oviedo envía el expediente al ministro de Justicia.

Informe del 20 de septiembre de 1941.

Sin embargo, la tramitación todavía se alargaría hasta el año siguiente, cuando se le solicita al párroco de Ables, Benjamín Martínez Rodríguez, cumplimentar un cuestionario, en cuyo margen se puede leer: “A devolver consignando los datos que faltan.” En el apartado de observaciones, el párroco de Ables explica que la iglesia “fue destruida quedando sólo las paredes y el campanario. Los vecinos de la parroquia pusieron la cubierta para dedicarla al culto a su espensas [sic]”. En ese momento se habían invertido 2.500 pesetas en la restauración del templo aportadas por los vecinos de la parroquia. Hablamos del 18 de enero de 1942.

Cuestionario sobre el avance de los trabajos de restauración.

Obras llevadas a cabo por Vicente Díaz, y de su puño y letra se conserva un documento justificativo por importe de esas 2.500 pesetas, fechado el 8 de julio de 1942. Dinero que se había empleado en reparar la cubierta, y repartido en 1.000 pts para pagar jornales; de sierra 500 pts; en materiales como cristales, puntas, cerraduras y bisagras, otras 500 pts; mientras que los derechos del constructor de la obra se habían llevado otras 500 pts.

Certificado del número de feligreses con los que contaba la parroquia en 1942.

A la vista de esa justificación, el obispo de Oviedo, Manuel Arce Ochotorena, envía el 23 de julio de 1942, al presidente de la Junta Nacional de reconstrucción de templos parroquiales, una solicitud de subvención por importe de 15.000 pts, y un año después, el 18 de julio de 1943, un arquitecto gijonés redacta otro informe en el cual “vistos los datos consignados en el cuestionario suscrito por el Sr. Párroco, se deduce que existe desproporción entre lo presupuestado y el coste real de las obras, razón que obliga a reducir la cantidad importe de los daños a la cifra alzada de 16.000 pts por la que se propone aprobación.”

Hasta aquí llega la información contenida en el expediente número 3579 de la Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones. La realidad es que de una forma u otra, la iglesia fue restaurada y puesta al servicio de los feligreses de la parroquia.