Los expedientes de reconstrucción de iglesias tras la Guerra Civil: San Miguel de Villardeveyo

Iglesia de San Miguel de Villardeveyo.

Con este artículo finalizo la serie dedicada a los expedientes de restauración de las iglesias de Llanera, una vez finalizada la Guerra Civil. En este caso le toca poner el cierre a la iglesia parroquial de San Miguel de Villardeveyo.

Del esplendor prerrománico que alguna vez tuvo, únicamente se conserva una celosía situada en la cabecera del templo y que permite fechar el templo entre los siglos IX-X, correspondiendo a este último siglo la primera mención escrita que encontramos del templo, concretamente en una donación del rey Ordoño II a la Catedral de san Salvador de Oviedo. Además de referencias medievales que sitúan su construcción durante el reinado de Alfonso III, quien ocuparía el trono entre los años 866 y 910.

Fragmento de una pieza prerrománica procedente de la parroquial de Villardeveyo, aparecida hace unos años incrustada en la pared de una vivienda durante unas obras de rehabilitación.

En los siglos XVIII y XIX aparece mencionada san Miguel de Villardeveyo por personajes de la relevancia del polígrafo gijonés, Gaspar Melchor de Jovellanos, quien conoció esta iglesia y la incluyó dentro del catálogo der iglesias prerrománicas tardías. Más tarde, en 1845, José María Cuadrado, ve en ella “rasgos de arquitectura godo-romana anterior a la bizantina, usada en Asturias durante los tres primeros siglos de la monarquía de Pelayo”. En 1848, el historiador y político, José Caveda y Nava fechó su construcción en el siglo X, y cuenta como se encontraba en un lamentable estado de conservación incluso con la techumbre derruida, y ya en ese momento señalaba que el único elemento que recordaba a la fábrica prerrománica era una ventana con celosía. 

Celosía prerrománica ubicada en la cabecera de la iglesia.

Ante la mala situación en la que estaba el templo, los vecinos de la parroquia deciden en 1850 ponerse manos a la obra, y convocar una asamblea con el fin de afrontar la restauración del templo parroquial. El acta está fechada un 17 de noviembre y los motivos que llevan a los vecinos a reunirse tienen que ver con la situación de un templo “enteramente arruinado y expuesto a que suceda algún trastorno o desgracia cuando se hallen en Misa popular”.

La necesidad de afrontar obras con urgencia, queda acreditada en la primera condición que fijan: “Que la obra se principiará inmediatamente que se hallen recursos para su planificación”. Asimismo se deduce que ya se había contactado con algunas personas de la parroquia, algo más pudientes, para ayuda de los gastos y animados “con estos auxilios”, empezaron a dar forma al proyecto.

Portada del proyecto de rehabilitación tras la Guerra Civil.

Otra de las obligaciones contraídas por los vecinos, fue la de “poner a su costa y por su cuenta y riesgo, cuantos materiales se necesiten para la fabricación de la nueva Iglesia y ponerlo en el punto donde se halle la obra”. Para organizar esa entrega tanto el párroco como el vecino, Francisco Rubín de Celis, quedaban facultados para elegir capataces en distintos puntos de la parroquia encargados de que los vecinos de la zona que tuvieran asignada, cumplieran con esa obligación. En el caso de aquellos que carecieran de carro y de ganado para el acarreo de materiales, quedaban obligados a aportar su esfuerzo personal.

Siguiendo con las condiciones pactadas por los vecinos para afrontar la reconstrucción de la iglesia, aquellos vecinos que teniendo carro no acudiera con él para ayudar en los trabajos estaría incurriendo en una multa de 10 reales por cada día de ausencia, mientras que si se tratara de una prestación personal, la multa sería de 4 reales diarios. En ambos casos, el dinero se utilizaría para el pago bien a un carretero bien a un peón, para el “pago y satisfacción á otro operario que sirva en la obra en nombre del rebelde”.


Solicitud hecha por el párroco Rufino Truébano en 1940, al obispado para afrontar las obras de rehabilitación.

En el caso de que el presupuesto asignado, que no se concreta, no llegara para cubrir la totalidad del gasto, la diferencia tendría que ser abonada por los firmantes del acuerdo y por el resto de vecinos de la parroquia, a partes iguales.

Más interesante es la quinta condición, que dice literalmente: “Que para ayuda de la planificación y fabricación de la nueva Iglesia, se aprovecharán de todos los materiales que hoy existen y tiene la antigua, la que se hechará en el suelo”. Eso nos habla del grado de deterioro que tenía el edificio existente y que las obras de reconstrucción, se iban a hacer previo derribo de algunas de sus partes. Actuación que no sabemos hasta qué punto puede haber modificado las proporciones o incluso las dimensiones de la iglesia, que volvería a sufrir, como veremos más adelante, otra reconstrucción importante tras la Guerra Civil.

Otro de los documentos contenidos en el expediente de restauración de San Miguel de Villardeveyo.

Para ejecutar las obras se especifica que “en esta parroquia hay varios Maestros, labrantes, de mampostería y carpintería”, quienes tienen unas minutas de “diez reales el labrante, ocho el mampostero, y otros ocho el carpintero”.

Al año siguiente, abril de 1851, en Posada se firma un nuevo documento gracias al cual sabemos que el coste de las obras iba a ser de 6.360 reales, como mejor oferta recibida, un dinero que  el contratista recibirá en tres pagos, de los cuales 1.000 se entregarán al inicio de la obra, y el resto en dos pagos más según fuera avanzando la obra.

Documentadas asimismo, se encuentran las obras llevadas a cabo en 1884, durante las cuales se colocó el suelo que actualmente se puede ver en el templo, se tapiaron algunos ventanales en el muro norte, y las capillas laterales y la central, serían objeto de reforma, y la que sería la nave sur (en origen se trataría de un templo de tres naves como así lo dejó escrito Bernardo Alonso Ablanedo en 1804, en su Descripción del concejo de Llanera), terminaría por convertirse en el pórtico actual.

Presupuesto de la rehabilitación del templo en 1940.

Si los deterioros de los que tenemos noticia a lo largo del siglo XIX se debieron al paso del tiempo, los sufridos durante la Guerra Civil fueron provocados por la mano del hombre, como se acredita en el expediente 3.505 de la Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones. Un expediente que se inicia el 31 de enero de 1940, con la pertinente petición del secretario de Cámara y Gobierno del Obispado de Oviedo, Rufino Truébano, solicitando ayuda económica al presidente de la Junta Provincial de Regiones Devastadas. Escrito también rubricado por el obispo de la diócesis ovetense.

En este caso, el autor del presupuesto de la obra fue el mismo que ese mismo año haría el referido a la iglesia de san Juan de Ables, es decir, el aparejador, Enrique González Arranz, por un total de 35.353,70 pts. En la memoria que acompaña a este presupuesto, Arranz explica que el templo está construido “a base de la solidez típica en esta clase de construcciones y está exenta de elementos artísticos y ornamentales, como parece fue norma en la construcción de edificios religiosos en este concejo”.

Memoria que acompañaba al presupuesto de la obra.

Asimismo, hace referencia a las obras de 1884 y señala que durante las mismas “se modificó su antigua estructura al ampliarlo bilateralmente a la nave central, sendas edificaciones para atender a las necesidades del culto, abriendo en el muro, mediante pilastras y arcos, comunicación con la nueva capilla”. Dos afirmaciones que parecen desconocer la importancia histórica y artística de la iglesia cuya restauración aspiraba a tener entre las manos, si bien es cierto que hacía ya mucho tiempo que había perdido los elementos más señeros de su origen prerrománico. 

Ejemplo de recibo de las aportaciones económicas, no siempre voluntarias, hechas por los vecinos para la restauración de la iglesia tras el conflicto civil.

En ese mismo año, añade, se “levantó la torre, sobre base rectangular y adosada a la parte anterior del edificio”, a través de la cual se accede a la portada principal de acceso a un templo con una superficie de 337,60 metros cuadrados. “Fue propósito, en parte frustrado, durante el dominio marxista, reducir a cenizas esta Iglesia, para lo cual además de incendiarla intentaron volar sus paredes y apoyos de arcos con dinamita, quedando por tanto destruida toda su cubierta y maderamen y debilitadas sus paredes”, y se mantienen intactas las “paredes del contorno y crujías interiores” a excepción de las “partes en que se provocaron las explosiones en las que se precisa hacer los refuerzos pertinentes”.

Certificado emitido por el secretario municipal accidental.

Como en expedientes que ya hemos visto, el arquitecto de la Comisión de Oviedo de Regiones devastadas, Francisco de Zuvillaga, da el visto bueno al presupuesto en septiembre de 1941, y con todos los informes favorables, el obispo remite, el 17 de octubre de ese mismo año, toda la documentación al Ministro de Justicia. El mismo obispado solicita al párroco de Villardeveyo, Manuel Fanjul Suárez, bajo el reclamo de “urge”, que responda a un cuestionario. Gracias a él sabemos que se habían iniciado las obras dirigidas por Luis López Argüelles, ayudante de minas y fábricas metalúrgicas. 

En el mismo cuestionario se contesta afirmativamente a las preguntas acerca de su estaba construidos los cimiento, levantadas las paredes, la cubierta y los pavimentos, así como si las obras se estaban ejecutando conforme al proyecto. Asimismo, se cifra en 18.670.20 pts la cantidad invertida hasta ese momento en las obras, lo que supone algo más del 50% del presupuesto total de la obra ligeramente superior a las 35.000 pts. 

Cuestionario de avance de las obras.

A la vista de esos datos económicos facilitados por el párroco, se considera que el presupuesto original está “desproporcionado”, por lo que se reduce su cuantía a 28.000 pts “cantidad por la que se propone la aprobación”, según consta en el informe emitido por el arquitecto J.M. Díaz en Gijón el 5 de julio de 1942. Unos días después, el 23 de julio, el obispo de Oviedo envía al presidente de la Junta Nacional de Reconstrucción de Templos Parroquiales, con sede en Madrid, una solicitud de subvención para ayudar al desarrollo de las obras de recuperación de la iglesia de Villardeveyo, por importe de 18.000 pts. La recaudación de fondos para financiar las obras de recuperación del tempo, se habían iniciado muy pronto, como demuestra un recibo emitido a nombre de José Álvarez Álvarez, por importe de cinco pesetas “a cuenta del segundo donativo voluntario de 25 pts para ayudar a la reconstrucción del templo de San Miguel de Villardeveyo”. El recibo está firmado por el tesorero, Luis Roza, y lleva fecha de octubre de 1939. En 2002 se volverán a hacer obras de restauración por un importe aproximado de 27.000 €, que afectaron sobre todo a la cubierta.

Información aparecida en La Nueva España sobre las obras de rehabilitación llevadas a cabo en 2002.
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