La Colonia Industrial, un antecedente industrial en Pruvia

Plano de la Colonia Industrial proyectada en Pruvia. Diario Región, 6 de febrero de 1931

Ya es casi un tópico que al hablar de Llanera salga a relucir la privilegiada situación geográfica en la que se encuentra, pero eso no hace menos cierta esa afirmación, que viene siendo válida desde que los primeros grupos humanos deambularon por estas tierras, y que luego los romanos convirtieron en un centro neurálgico de su red de calzadas en la región y, ya en el siglo XIX fue ratificada por los nudos ferroviarios de Lugo y de Villabona. En tiempos más cercados el cruce de autopista con autovías y carreteras nacionales, no han sino ratificar ese privilegio geográfico del que disfrutamos.

Lógicamente, los industriales también se dieron cuenta de ello como demuestra la sucesión de noticias que podemos leer fundamentalmente en el diario Región, entre los días 3 y 6 de febrero de 1931, haciéndose eco del interés de medio centenar de productores de bebidas alcohólicas, por abandonar sus ubicaciones en Oviedo para trasladarse a lo que denominaron «colonia industrial», ubicada en terrenos de Pruvia, al pie de la carretera hacia Gijón, y cuyo plano reproducimos en la imagen con la que abrimos este artículo.

Región, 3 de febrero de 1931

La iniciativa de crear esta suerte de antecedente de los polígonos industriales, partió de Sotero Pérez, a la sazón presidente de la Agremación de almacenistas de vinos y fabricantes de licores de Asturias, quien calificó el proyecto como una «necesidad imperiosa», con la idea de «expandir su radio de acción sin las trabas sistemáticas de la que es objeto». Un proyecto además, como escribe el anónimo redactor de Región «responde en todo a las necesidades de la vida industrial moderna que exige gran radio de acción economía para el desenvolvimiento de los negocios».

Con el fin de analizar la viabilidad del proyecto, la junta directiva de la asociación empresarial decide nombrar a cuatro de los asociados, Bonifacio Gutiérrez, Rafael González, Andrés Alonso y Waldo Balbuena, para que hagan estudios y gestiones para que de ahí salga un proyecto «definitivamente realizable».

Región, 4 de febrero de 1931

En las páginas del 4 de febrero, podemos leer en las páginas del mismo diario, una entrevista con el presidente de los almacenistas y productores de bebidas alcohólicas, en la que desgrana algunas de las razones que llevan a la asociación a construir esa colonia industrial en Llanera. Así, apunta hacia unos impuestos excesivos que se pagan en Oviedo: «Nos aplastan, aún no hemos salido de unos, encauzando nuestras actividades, cuando ya se establecen otros», subidas que terminan repercutiendo en el precio de sus productos al público.

Con el trasladado, el presidente de los empresarios, calcula un gran ahorro para las contabilidades empresariales, habida cuenta de que los impuestos de un año en Llanera eran una décima parte de los que se veían obligados a pagar en la capital asturiana

Para llevar adelante la construcción de la infraestructura, Sotero Pérez desvela que se encargaría de ello una sociedad catalana, que sería tanto la encargada de comprar los terrenos como de levantar los almacenes, de tal forma que «ni los fabricantes ni los almacenistas tendrán que hacer ningún desembolso previo», y el pago sería «mensual, contra letras aceptadas».

El colectivo empresarial ya se habría puesto en contacto con el Ayuntamiento de Llanera, para trasladarle la idea, y el presidente afirma en la entrevista que el alcalde les había dado toda clase de facilidades, apuntando hacia unos terrenos considerados como idóneos en la zona de Las Cabañas.

Región, 5 de febrero de 1931

Lógicamente, el periódico ovetense se puso en contacto con el regidor de la capital con el fin de pulsar su opinión al respecto. En ese momento, ocupaba el sillón de primer edil de forma interina, Antidio Mauri. Preguntado por el periódico, Mauri, también presidente de la Comisión de Hacienda del ayuntamiento, manifestó que el traslado de los industriales a Llanera no iba a tener ninguna repercusión negativa en las arcas municipales, ya que «sólo tributan por las ventas que hacen dentro del concejo; la mercancía que expenden para otros concejos no satisfacen por ella arbitrio de ninguna especie».

En La Voz de Asturias, que ese mismo día se hace eco del proyecto de los industriales ovetenses, se recogen algunas declaraciones más del alcalde accidental al respecto. Además de insistir en el hecho de que los industriales pagan por las bebidas que venden, añade que «de seguir abasteciendo a la clientela que tengan en el concejo de Oviedo, no tendrán más remedio que pagar. Los perjuicios, en todo caso, serán para ellos, que tendrá que pagar transportes».

La Voz de Asturias, 5 de febrero de 1931

A esas declaraciones del alcalde ovetense, responde Sotero Pérez de nuevo desde las páginas de Región al día siguiente, y entrando en el desglose de gastos, afirma que el Oviedo las tasas impositivas les suponen un desembolso supresión a las 8.500 pts., mientras que en Llanera se quedarían en poco más de 3.400 pts., suponiendo un ahorro anual en torno a las 5.200 pts. Ahorros que permitirían a los fabricantes de licores «amortizar sus almacenes en 5 años y a los expendedores de vinos en 10 años».

Unos almacenes cuyo coste cifra en 15.000 pts. sin contar el precio del solar, por lo que el montante final «echando muy por largo, no subiría de veinticinco mil pesetas cada uno», en palabras de Sotero Pérez, quien también desvela que la colonia se proyectaba construir sobre una superficie rectangular de 300 metros cuadrados «con comunicación directa a la carretera que va de Biedes a La Campana, la cual enlaza con la de Oviedo-Avilés, y prosigue a unirse con la de Adinero-Gijón, en el punto conocido por Pruvia».

Asimismo, se tendría que construir una vía ferroviaria de 275 metros de longitud que uniera el tendido del Ferrocarril del Norte con la colonia industrial. Una obra cuyo coste no desvela al «hallarse supeditado a los gastos de expropiación, facilidades otorgadas por la Compañía y trámites complementarios acerca de la División de Ferrocarriles».

Región, 6 de febrero de 1931

No cabe duda de que este es el antecedente, si bien fallido porque no hay constancia de que este proyecto finalmente se llevara a término, de la posterior relevancia que tendrá Pruvia en el establecimiento de empresas industriales, de servicios y de hostelería que se fueron instalando en la zona en las décadas posteriores a la Guerra Civil, si bien no de una forma tan clara y planificada como se quiso llevar a cabo en ese año de 1931.

La Sociedad Cultural de Llanera y su proyecto de biblioteca

Si nos asomamos a las páginas de los periódicos de los años veinte, concretamente de los de 1927, nos podemos encontrar, en Región y en El Noroeste, con la noticia de la creación en el concejo de la bautizada como Sociedad Cultural de Llanera, entre cuyos proyectos estaba la fundación de la primera biblioteca en nuestro concejo.

La primera noticia la localizamos en las páginas de Región del 29 de enero de 1927. En ellas se informa de la convocatoria que se había enviado a varias personas, a las cuales no se identifica, con el fin de poner en marcha la «formación de un Ateneo Popular». Todos los invitados, como no podía ser de otra manera, aprobaron «con gran entusiasmo llevar a cabo la idea de sus iniciadores e inscribiéndose acto seguido unos veinticinco», una cifra nada despreciable por otra parte.

Región, 29 de enero de 1927.

Lo que sí nos dice la información periodística es el nombre de la directiva encargada de poner en marcha la idea, integrada por Ramón Rayón, José Luis Moreno del Busto, Aurelio Hevia, Sinesio Rodríguez y Manuel Vázquez. La nota publicada en Región termina diciendo: «Acogemos con simpatía esta iniciativa, significando nuestro aplauso a los señores que empezaron la labor de organización, y celebramos que al futuro Ateneo se incorpore buen número de simpatizantes».

En el mes de febrero será El Noroeste el medio que informe del devenir del colectivo, ya transmutado en la Sociedad Cultural de Llanera, ya constituida y cuya sede social estará en la capital municipal. El propósito fundamental de sus fundadores era el de «intensificar la cultura en todos sus órdenes», y para cumplir con ese objetivo tenían la idea de «instalar en el domicilio de la misma una Biblioteca, se organizarán conferencias y otros actos instructivos».

El Noroeste, 26 febrero de 1927.

Unos objetivos de cierta ambición para un municipio como el nuestro por aquellos años, y para lograrlos contaba ya, según El Noroeste, con «gran número de asociados, la adhesión de otros muchos», y la junta directiva que se encargaría de cumplir con ellos quedaba formada definitivamente por Ramón Rayón (secretario del juzgado) como presidente; José A. Martínez, como vicepresidente; Manuel Vázquez, secretario; José Rodríguez y Arias, tesorero; y los vocales Guillermo Toca (farmacéutico municipal), Víctor G. Proaza (indiano), Aurelio Hevia, Ramón González Llera (depositario municipal), Sinesio Rodríguez, Celestino G. Tresguerres (alcalde de Llanera), Celedonio García (será presidente del Partido Reformista en Llanera en 1930), y Víctor García González (indiano).

Tanto El Noroeste, en el mes de febrero, como Región en el de marzo, afirman que ya están hechas donaciones de libros con destino a los fondos de la nueva biblioteca, con obras de Armando Palacio Valdés, donadas por el gijonés Aurelio Menéndez, y «varios tomos de literatura española», a cargo de Álvaro Álvarez.

Región, 2 de marzo de 1927.

El hecho de no haber localizado más informaciones hasta el momento, en los medios de comunicación regionales, nos hace sospechar que tan encomiable iniciativa no debió de culminar con el éxito deseado y la sociedad no pudo llegar a cumplir con los objetivos previstos.

Con otra finalidad más lúdica, Región dará cuenta en sus páginas del 6 de mayo de 1931, de la fundación en Posada «en breve» de un «nuevo Centro Cultural de Recreo a base de los primeros de su categoría en un soberbio local». Con total seguridad está anunciando de la apertura de un local para organizar bailes y otras veladas de carácter más social que cultural. «La directiva la compondrán distinguidas personas del concejo, y otro día daremos a conocer a los lectores más detalles sobre el particular», termina la nota de Región. La ausencia de noticias posteriores hace sospechar que tampoco llegar a levantar el vuelo la iniciativa.

Región, 6 de mayo de 1931.

Así las cosas, Llanera tendrá que esperar hasta la dictadura franquista para contar con su primera biblioteca pública, concretamente hasta el año 1959, cuando se produzca la inauguración de la Biblioteca Pública Alejandro Mon, en la calle del mismo nombre, que se mantendría en uso hasta prácticamente 30 años más tarde, cuando, ya con la democracia de vuelta al país, se inauguró la actual Casa de Cultura de Posada, ocupando el mismo solar que había ocupado el ayuntamiento, primero, y la sede de la OJE (Organización Juvenil Española), después.

Imagen de la biblioteca el día de su inauguración en 1959. Foto Archivo Ayuntamiento de Llanera.

Iglesia de san Martín de Cayés

La parroquial de Cayés en una imagen del año 1917.

El aspecto actual de la iglesia parroquial de Cayés, dedicada a San Martín, lo debe todo a los años finales de la década de los años 20 del siglo pasado, cuando el párroco Manuel M. Antuña puso su empeño y dedicación a mejorar tanto el edificio como el cementerio anexo, dándole un nuevo aspecto a la construcción, tal y como podemos apreciar fijándonos en las dos fotografías con las que abro este artículo.

La iglesia en una imagen tomada por el autor en 2005.

Antes de eso, la primera noticia relacionada con este templo que localizamos en la prensa, concretamente en el periódico La Época el 28 de febrero de 1850, es la del nombramiento De Francisco Álvarez Nava como párroco de Cayés, iglesia que en 1866 recibirá la ingrata visita de los ladrones, quienes se llevaron las joyas de la iglesia, sin que la noticia aparecida en el rotativo La Esperanza el 1 de octubre de ese año, de más detalles al respecto.

La prensa será la fuente de información fundamental para seguir las sucesivas obras llevadas a cabo en la parroquial, con un primer punto de atención en el año 1915, en el cual sabemos, gracias a la Revista Asturias, que están próximas a su finalización las obras en el templo, sin que se nos proporcione información adicional, así que no podemos saber el alcance de las mismas.

Revista Asturias, 20 de junio de 1915.

Las obras más en serio parece que dieron comienzo, o al menos esa era la intención, en el año 1923, cuando el corresponsal de La Voz de Asturias, informa de la realización de «obras de alguna importancia en la iglesia parroquial de Cayés, a fin de dar cumplimiento a una cláusula testamentaria de D. Juan Álvarez Quintanal», obras a las que también contribuirán los vecinos de la parroquia con el fin de «dar más amplitud a dichas obras con lo que ganará mucho en esbeltez».

La Voz de Asturias, 2 de septiembre de 1923.

Será el diario Región el 29 de enero de 1931, quien nos dejará un listado detallado de las obras llevadas a cabo bajo la dirección del párroco Antuña, durante el quinquenio anterior. Obras que habían dado comienzo en 1925 dotando a la iglesia de un nuevo presbiterio, obra que superó ligeramente las 5.700 pts de la época, de las cuales 2.000 salieron del testamento de Juan Álvarez Quintanal, y el propio párroco aportará poco más de 2.800 pts. El resto del dinero se obtuvo por medio de limosnas y aportaciones de particulares

La Fábrica de Explosivos facilitó la madera para el techo, la bóveda, ventanas, puerta y andamios, además de pagar al carpintero. Por su parte, Cerámicas Guisasola aportó todo el ladrillo necesario y corrió con los gastos del decorado interior del nuevo presbiterio.

Cuatro años después, en 1929, se concluyeron las obras del cementerio, iniciadas un año antes, por un importe de 3.149,99 pts., sufragadas con el aporte de 50 pts por parte de cada vecino que tuviera una sepultura en propiedad en el campo santo, entre los que se encontraba Cerámicas Guisasola al adquirir una decena de sepulturas, además de aportar el ladrillo y la teja para el depósito de cadáveres y el adorno del montante del muro de cierre. El terreno para hacer la ampliación, se obtuvo por medio de una donación realizada por la esposa de Javier Cavanilles.

La Voz de Asturias, 21 de marzo de 1928.

El 16 de septiembre de 1929 se dio inicio a la obra de la torre de ladrillo y cemento, que vio su finalización el 12 de mayo de 1930, completada con la adquisición de una campana de media tonelada de peso, obras en las que de nuevo la implicación de la fábrica de Coruño fue determinante, cediendo la madera para el andamiaje, y los elementos necesarios para elevar la campana a su ubicación definitiva, junto con la colocación del pararrayos. Por su parte, Guisasola aportó otra vez ladrillos y 9.634,61 pts necesarias para cumplir con el presupuesto de la obra.

La Voz de Asturias, 29 de diciembre de 1929.

El 20 de junio de 1930 las obras del campanario fueron finalizadas. Sin embargo, la actividad constructiva del párroco no se detuvo ahí, sino que procedió a la compra de dos días de bueyes de terreno, con el fin de dotar a la iglesia de un campo que le diera más prestancia al edificio. Un campo delimitado con un muro en el que se abrió una zona de entrada, y cuyo coste total, cifrado en 3.008,20 pts salieron, según el diario Región, del propio bolsillo del párroco.

Aspecto actual de la torre campanario de la iglesia de Cayés. Foto del autor.

Item más. en diciembre de ese año finalizaron las obras del camino que unía la iglesia con la casa parroquial, de nuevo gracias a la inestimable ayuda de la Fábrica de Explosivos, que proporcionó la pólvora necesaria y el material para el firme, que fue transportado por los vecinos del barrio de Campiello, en sus carros. La cantidad económica de 966,50 pts restante, de nuevo fue aportada por el sacerdote.

Región, 18 de junio de 1931.

En agosto de ese año, se estaban culminando las obras de la nueva capilla del Santo Cristo con la que se dotó al templo, así como la ampliación de la sacristía, que culminarían una remodelación total del templo que habían costado más de 20.000 pts de la época, en total.

Imagen de la iglesia con el tejado colapsado en diciembre de 2003. Foto del autor.

Ya en el siglo XXI, concretamente en diciembre de 2003, la estructura de buena parte de la techumbre no aguantó más y se produjo un hundimiento, afortunadamente, en un momento en el que no había ninguna persona en su interior, que obligó a trasladar el culto durante un largo periodo de tiempo hasta que se puedo solucionar el problema y volver a abrirla al culto.

Noticias publicada en el diario Región el 29 de enero de 1931, resumiendo las obras realizadas en la iglesia parroquial de Cayés durante los cinco años anteriores.

El teatro aficionado en Cayés en los años 20 y 30

Integrantes del Cuadro Artístico de Coruño. Región 23 de abril de 1926.

Dedicaba mi artículo anterior a contar las andanzas del Cuadro Artístico de Lugo, en una primera aproximación al teatro aficionado en nuestro concejo, en las décadas de los años 20 y 30. Esta vez fijo la atención en los entusiastas del arte de Talía en la parroquia de Cayés, concretamente del barrio de Coruño, y, en menor medida también en los de Posada, de los que hay muy pocas referencias en la prensa del momento, lo que me hace pensar, al menos de momento, que tuvo menos arraigo esta afición teatral.

La primera mención a la existencia de un grupo de teatro en el barrio obrero de Coruño, vinculado a la Fábrica de Explosivos, la encontramos en una breve información publicada en La Voz de Asturias, el 24 de febrero de 1926, en la que se explica que el domingo anterior, un grupo de jóvenes había organizado una velada teatral, no se nos dice donde aunque previsiblemente sería en el mismo local en el que la Sociedad El Recreo llevaba a cabo sus actividades, con la puesta en escena de la obra Los peligros de mentir, una «hermosa comedia» que se representó «muy a satisfacción del numeroso público que acudió a presentarla».

La Voz de Asturias, 24 de febrero de 1926.

El Salón García de Lugo de Llanera, unos días después, fue el escenario que vio una nueva representación de esa obra, dejando «una grata impresión» entre el público de Lugo, recoge la La Voz de Asturias, en una información que nos permite conocer los nombres de los integrantes del grupo. En el primer acto intervinieron Fermín González interpretando a De Gálvez; Juan Alonso (Juanito); José Pérez (don Rafael); Celso Díaz (Mateo); Pepe (Jacinto) y Francisco «El Boy» (Liana). En el segundo acto, el protagonismo fue para Valerio Quesada (Bartolo), David «Pupín» (Gazpachu); Luis Menéndez (Bastián) y Jerónimo Macías como apuntador.

La Voz de Asturias, 28 de febrero de 1926.

Animados seguramente por la buena acogida, el grupo volverá visitar el Salón García un mes después, para levantar un programa doble formado las obras El médico a palos de Moliere, y ¡Una limosna por Dios! Un grupo al que debía de dominar un gran entusiasmo, ya que apenas dos meses después, en mayo, ya estaba en disposición de presentar al público otro programa doble formado esta vez por El alcalde de Retortijo, D. Quico Polaina de las Verdes Praderas y el monólogo La buena crianza o tratado de urbanidad. Repertorio que ofrecieron a su público de Coruño en una función en su barrio de origen, y que repetirían al jueves siguiente en Lugo, en el Salón García.

La Voz de Asturias, 9 de mayo de 1926.

Un andar frenético que en algún momento y por circunstancias que desconocemos, se debió de detener, si bien no por mucho tiempo, hasta que uno de sus integrantes David, apodado Pupín, se hizo cargo del mismo pasado el Cuadro Artístico de Coruño a denominarse Cuadro Artístico Pupín, y con esa denominación lo encontramos ya en 1927, en lo que según La Voz de Asturias, era la reaparición del grupo sobre los escenarios. El grupo estaba en ese momento «organizando sus ensayos y presentarán al público un buen escogido programa», con la vista puesta en el día de san José, fecha prevista para el estreno del grupo ante el público. Un grupo formado por «expertos jóvenes obreros y esperamos de tan excelentes artistas unos grandes éxitos teatrales».

La Voz de Asturias 24 de febrero de 1927.

La reaparición tuvo lugar en la fecha prevista en el Salón La Lula, con una estructura de programa ya clásica en el grupo de dos obras teatrales y un monólogo. En este caso, se abrió la función con El miedo ridículo, obra en un acto con Fermín González (Amo de la casa), José Pérez y David «Pupín» (criados) y Ángel Lozano (viajante). Vino seguida por El que la hace la paga o ratones en trampa, con José Pérez, F. González, David «Pupín», Jerónimo Macías, José Antonio y los niños Luis M., Juan A., Ángel L., Francisco J. y Avelino Díaz. «Pupín» cerró la velada recitando el monólogo ¡Cuando el güelu lo diz…! El corresponsal de La Voz de Asturias terminaba su crónica diciendo: «Dado el buen aliciente del Cuadro Artístico, ya visto en otras ocasiones, es de esperar que tendrán un éxito resonante, y del resultado de la velada se dará a conocer a los lectores de este diario».

La Voz de Asturias, 18 de marzo de 1927.

Y así lo hizo unos días después, concretamente el 25 de marzo. De ahí sabemos que el Salón La Lula registró un lleno hasta la bandera, con los actores a la altura de las circunstancias, saldando la primera de las obras con actuaciones que «rayaron a gran altura en la interpretación de dicha obra», mientras que en la segunda todos ellos, niños incluidos, «dijeron admirablemente sus papeles, y el público, agradecido, obsequió al cuadro con muchos aplausos», mientras que el vestuario y el decorado fueron «muy elegante y adecuado», respectivamente. El recitado del monólogo final «dejó al público sin aliente de tanto reírse, recibiendo el incipiente actor calurosos aplausos».

El domingo de la Pascua de 1927, los de Cayés volvieron al Salón La Lula, esta vez para ofrecer al público el monólogo ¡Pobre melandru!, de Pachín de Melás.

Pasará prácticamente un año hasta que volvamos a tener noticias del grupo teatral cayesino, y será con motivo de una actuación conjunta que llevará a cabo junto con el cuadro artístico de la capital municipal. Ambos grupos unieron fuerzas para ofrecer un programa de monólogos asturianos el 25 de marzo de 1928, en el local de Los Chicos, cuya ubicación se nos oculta. El programa incluyó Los rapazos cantariegos, original de Pachín de Melás, interpretado por Antonio y José María; seguido por ¡Pobre melandru! a cargo de «Pupín» y de Lozano, mientras que el propio «Pupín» ponía fin a la función interpretando «La buena crianza o tratado de urbanidad en 17 minutos», que ya formaba parte del repertorio del grupo cayesino desde 1926.

La Voz de Asturias, 25 de marzo de 1928.

Una breve parada para hacer referencia al grupo teatral de Posada, integrado por jóvenes que también formaban parte del equipo de fútbol aficionado El Rápido, y que también serán responsable de la organización de alguna edición de las fiestas veraniegas de la capital municipal, lo que demuestra que se trataba de un grupo muy activo, sin bien no le darían continuidad a la afición teatral, y esa actuación conjunta con sus vecinos de Cayés es una de las dos únicas referencias que tenemos de ello.

El grupo había debutado en febrero de 1928, con la obra El médico a palos, obra que «fue un éxito grande (…) saliendo el público, que era numeroso, gratamente impresionado de la labor notable de los mismos», en una función en la que todos los actores «desempeñaron su papel a las mil maravillas; por eso queremos citarlos individualmente, por que todos tienen muy bien ganado el galardón artístico por su labor educativa».

Región 24 de febrero de 1928.

Después de esa función, el grupo de Coruño parece haber pasado por una etapa de crisis, con un primer anuncio de reaparición para marzo de 1929 en el Salón García de Lugo, reaparición que finalmente no se pudo hacer por causas ajenas a la voluntad del grupo, como explica el diario Región el 14 de marzo de 1929, fijando la fecha definitiva para una semana después. La ausencia de noticias del grupo hasta dos años más tarde, nos hace sospechar que la vuelta a las tablas se hizo esperar más de lo deseado.

Cuando los de Coruño recuperen el grupo teatral, la prensa lo tratará como si fuera un grupo de nueva creación, y se fija su primera actuación para el mes de octubre de 1931 en el local Zapaterín, en la capital municipal. Una velada que daría comienzo a las ocho y media de la noche, con un programa compuesto por textos de Pachín de Melás, como eran Arre Moricu, La herencia de Pepín, y Xuacu busca criau y na… más, junto con Un match de boxeo, de Nieva. «Dado el sugestivo programa es de esperar que obtendrán un buen lleno y nos congratulamos de que los éxitos de tan noveles actores sean coronados».

Región, 11 de octubre de 1931.

«El domingo y con un lleno insuperable, ha debutado en el salón El Zapaterín el novel Cuadro Artístico de Coruño». Así se inicia la breve crónica que incluyó Región en sus páginas unos días después del debut. En ella se nos informa de que el grupo ofrecerá el mismo programa que en Posada, en el salón de El Andaluz, en Pruvia, el domingo siguiente. Una función que no pudieron culminar con éxito, debido a que a la hora de iniciar la función, tal y como podemos leer en La Voz de Asturias del 24 de octubre de 1931, unos chavales azuzados por uno de ellos, interrumpieron la función «abusando de la educación de los jóvenes forasteros» y faltando al respecto a varias de las mujeres allí presentes, de tal forma que el anónimo cronista pide mayor presencia de las autoridades en la zona para que sucesos así no volvieran a repetirse.

Para resarcirse del mal sabor de boca, el grupo fue muy bien recibido en el salón de Amalio Prieto en Balboa (Siero), y la próxima función tenían previsto ofrecerla en la Venta del Escamplero, en el vecino concejo de Las Regueras.

La mala experiencia en Pruvia, no les hizo desistir de volver a acudir a la misma, y para febrero de 1932 tenían previsto el regreso, esta vez con un programa estrenado en el Salón Maravillas de Coruño, propiedad de Vicente Suárez, compuesto por Timidito y Francón, obra en un acto, ¡Ya me ha tocado! y La herencia, de Pachín de Melás. El mismo repertorio lo llevarán a Cancienes al mes siguiente.

Región, 13 de febrero de 1932.

La última noticia que tenemos referida a este grupo con anterioridad a la guerra civil, está fechada el 9 de abril de 1932, cuando el diario Región anuncia que para el día siguiente, el colectivo llevará a cabo una actuación en la Plaza de Abastos de Posada con un programa que se abrió con Los malditos, comedia dramática en dos actos de ambiente asturiano con la participación de Lola Menéndez, Eloína Villa y Libertad Fernández. La segunda obra iba a ser Júntate con buenos y se cerraría con Los años del tío Figuas (juguete cómico en un acto).

La función iba a ser benéfica a favor de María Luisa, hija de Manolo Belín, con el fin de recaudar fondos para la compra de un elemento ortopédico para una de sus piernas. Se pusieron a la venta localidades al precio de 50 céntimos los adultos y de 30 céntimos para los menores, que se podían adquirir en los establecimientos comerciales siguientes: Don Antonio Carús, La Venta del Gallo; Aurelio, Puente de Cayés; Peluquería Rogelio, Coruño; Casa Laureano, Posada; Viuda de Jesús, San Cucufate; Bonifacio, La Miranda; Los Ferroviarios y José Pina, Lugo de Llanera.

Región, 9 de abril de 1932.

El cuadro artístico de Lugo en los años 20

Integrantes del cuadro artístico de Lugo. Región 5 de febrero de 1926.

Las páginas de los periódicos La Prensa y El Noroeste del 18 de abril de 1922, incluían una información acerca de la fundación en Lugo de Llanera, de un «casino recreativo que a la vez que servirá de expansión y divertimiento los días festivos, lo será para la realización de actos culturales». Para contribuir a esos fines, se fundaba al mismo tiempo un cuadro artístico «bajo la genial dirección de nuestro querido y respetable amigo don José Tolosa Comaporada».

Cuando aparece esta información en ambos medios, el incipiente grupo teatral ya había debutado poniendo sobre las tablas un programa doble formado por las obras El tapete verde y El veneno. La sede de ese casino y lugar de actuación del grupo teatral, se encontraba en las inmediaciones de la estación ferroviaria, y el estreno de la función teatral con programa doble, tuvo lugar después de un baile que, al parecer, estuvo muy animado, cosechando después los actores el «agrado del público, que premió con aplausos la labor de los incipientes actores, especialmente del niño Alfredo Blanco, que admirablemente hizo dos principales papeles», según se puede leer en El Noroeste.

La Prensa, 18 de abril de 1922.

El trabajo del grupo hubo de ser intenso y con mucha afición, porque para el mes de abril ya tenían previsto el estreno de otros dos textos, como eran El taller del carpintero y A bofetadas, obras en las que iban a debutar «las simpáticas jóvenes de la localidad Amada Menéndez y María Menéndez», tal y como nos informan desde las páginas de El Noroeste, en el mismo día en el que se iba a producir el estreno, el domingo 28 de abril. Ante el estreno «existe en este vecindario gran interés por presenciar la labro de los artistas».

El Noroeste, 28 de abril de 1922.

A pesar de esos inicios tan prometedores, no volveremos a tener constancia de la actividad de este grupo, hasta que unos años después la localidad recupere la existencia de un nuevo grupo teatral. Así, habrá que esperar hasta 1926 para conocer la fundación de un nuevo grupo a cargo de «unos cuantos jóvenes, entusiastas del arte de Talía», según se explica en La Voz de Asturias del 3 de enero de 1926, y que son los que aparecen en la fotografía con la que abrimos este artículo.

Unos días antes de la publicación de la noticia, ya habían dado comienzo a los ensayos «de varias obras teatrales, entre las cuales figuran algunas de ambiente asturiano», con la vista puesta en el estreno previsto para el día 6 de enero a las nueve de la noche, en el Salón García «aprovechando la circunstancia de ser la festividad de Reyes». Según el periodista «es digna de encomio la obra que se proponen realizar estos jóvenes de Lugo, así el nivel cultural de su pueblo».

La Voz de Asturias, 3 de enero de 1926.

En febrero, La Voz de Asturias, nos informa de que el grupo, en lo que era su segunda representación, había puesto sobre las tablas la comedia La chaqueta parda y la obra costumbrista Secadiella. En palabras del cronista en la primera de las obras destacaron «las simpáticas y bellas señoritas Amada Menéndez y Maruja Genúa [sic]«, quienes «se nos mostraron como dos consumadas actrices (…); Julio Sanz, en su papel de Juan, estuvo admirable, y el simpático Jesús Casaprima, muy requetebién en lo suyo».

En el segundo de los montajes, los actores más destacados fueron Felipe González, Manuel Menéndez y Jesús García Suárez. El cierre al programa teatral lo pusieron Amada Menéndez y Álvaro A. Suárez-Puerta, con el recitado de varias composiciones poéticas. El periodista felicita efusivamente a todos los integrantes, especialmente «a los cultos jóvenes don Álvaro Álvarez Suárez-Puerta y don Julio Copa, presidente y vicepresidente de dicha agrupación cultural».

La Voz de Asturias, 3 de febrero de 1926.

Lamentablemente de nuevo nos encontramos con la falta de información acerca de la posible continuidad o no, que pudiera haber tenido este grupo, ya que a partir de aquí ya no vuelve a asomarse a las páginas de los periódicos. Posada y Cayés también tendrán sus propios cuadros artísticos, de los que me ocuparé en otra ocasión, especialmente del segundo que tuvo mayor continuidad, y que nos demuestra que en los años veinte la afición por el teatro estaba muy extendida por el concejo.

Cuando Llanera recibió a la primera mujer piloto de España

Corría el año 1929 cuando los campos de La Morgal, que todavía no se habían convertido en aeródromo aunque ya hacía varios años que se venía comentando la posibilidad de convertirlos en una instalación de ese tipo, recibieron el aterrizaje de María de la Salud Bernaldo de Quirós, a la sazón la primera mujer que tuvo en España el título de piloto de aviación en 1928, manejando un modelo De Havilland DH-60 Moth. Para hacernos una idea, el mismo avión el que Robert Redford y Meryl Streep viven una apasionada historia de amor sobre los cielos y las tierras de África.

Región, 22 de agosto de 1929.

Eca como era conocida en el entorno familiar o Miss Golondrina, como la habían bautizado sus compañeros varones del aeródromo de Getafe, había nacido en 1898 en el seno de una familia con raíces llaniscas. Se casa joven con su primo Ramón y joven también, quedará viuda después de un matrimonio de apenas dos años de duración, a lo largo de los cuales la pareja verá como pierden a dos bebés. Volverá a casarse en Ciudad Rodrigo (Salamanca) donde residía, con el que será alcalde de la localidad José Manuel Sánchez-Arjona y Velasco, del que se divorcia nada más estrenarse la ley de divorcio de la Segunda República, en 1932, siendo en ello también una de las primeras mujeres españolas en acogerse a esa ley.

De forma definitiva compartirá el resto de su vida con el comandante José Rodríguez Díaz de Lecea, quien había sido su instructor de vuelo y, posteriormente, será ministro del Aire en la dictadura franquista entre 1957 y 1962. Fallece en 1967.

Región, 23 de agosto de 1929.

A la aviadora se la esperaba ese mismo día en Oviedo, donde el alcalde ya lo tenía todo preparado, el campo señalizado e incluso la banda de música, cuando se recibe la noticia del cambio en el lugar de aterrizaje. “Deprisa se recogieron las banderas y los lienzos blancos dispuestos para llamar la atención hacia el campo, y se trasladaron al amplísimo campo de Coruño”, podemos leer en Región.

Eso no impidió que el alcalde ovetense llegara a tiempo a La Morgal acompañado por varios concejales, y donde ya estaban sus homólogos de Tineo y de Llanera, a los que se unió “el vecindario de aquellas inmediaciones” formado por personas que “acudieron unos corriendo campo a traviesa y otros por la carretera”, seguimos leyendo en Región.

Región, 26 de agosto de 1929.

El anónimo cronista de Región apunta que entre el público abundaban más las mujeres que los hombres, y el aterrizaje fue recibido con vítores y aclamaciones, teniendo que ser la multitud controlada por la Guardia Civil. María llegó acompañada por el comandante Lecea, profesor de la Escuela Civil.

Una vez cumplimentadas las autoridades, en un coche se trasladó a los aviadores en coche al Hotel Covadonga de Oviedo, para almorzar para esa misma tarde, volver a La Morgal a ofrecer bautismos de vuelo en los que participó la “bella señorita de Coruño”, María Luisa Uría, mientras que las señoritas de Lugo, María García, María Teresa Martínez y María González, ofrecieron un ramo de flores a la aviadora. Allí mismo se organizó una romería con organillos.

La Voz de Asturias, 22 de agosto de 1929.

Para el día 23 de agosto, cuando se celebró el banquete organizado por el Ayuntamiento de Llanera, en La Morgal había tres aparatos allí estacionados. Al banquete acudieron el gobernador Zuvillaga, el presidente de la Diputación, el alcalde y el primer teniente de alcalde de Oviedo y el alcalde de Llanera, entre otros.

En el diario Región del día siguiente se nos dan los nombres de los asistentes al banquete: «La presidencia estaba ocupada por María Bernaldo de Quirós; capitán, Pérez Marín; gobernador civil, teniente señor Sampil, don Gaspar Cienfuegos Jovellanos, don Ramón Menéndez de Luarca. A la izquierda, comandante Lecea, alcalde de Llanera, señor Tresguerres, y el resto del ayuntamiento. En la otra cabecera se hallaban la señora de Cienfuegos Jovellanos; presidente de la Diputación, señor Cuesta; alcalde de Oviedo, señor Gutiérrez; capitán de aviación, señor Moreno Miró; señor Sanrandeses, don Alejandro Pidal y don Luis Herrero».

Región, 22 de agosto de 1929.

A los postres, el alcalde Tresguerres, se dirigió a los presentes para agradecer su asistencia al acto, y le pide a la aviadora que utilice su influencia para conseguir que La Morgal se convierta en una base de la aviación militar, y anunció que iba a proponer que el campo llevara el nombre del general Zuvillaga.

La aviadora pronunció unas breves palabras de agradecimiento y comprometiéndose a apoyar las pretensiones municipales, que debieron de quedar un poco apagadas cuando el capitán Pérez Marín mostró unos documentos que portaba mostrando las condiciones que tenía que reunir el campo y, claro está, los gastos tendrían que correr a cuenta del Ayuntamiento, aunque tanto el presidente de la Diputación, como los alcaldes de Llanera y Oviedo, aseguran al enviado del jefe de la aeronáutica militar, Alfredo Kindelán, que harán todo lo que sea necesario para que la base sea una realidad.

La Voz de Asturias 22 de agosto de 1929.

La tarde continuó con una verbena con música de organillos y varios bautismos aéreos, y el 24 de agosto por la mañana, María Bernaldo de Quirós levantó el vuelo en dirección a La Coruña mientras que Pérez Marín hacía lo propio rumbo a Madrid.

La peripecia vital de María de la Salud Bernaldo de Quirós se puede seguir durante los años 20 a través de los medios de comunicación, convertida en una celebridad, tanto que la empresa fabricante del avión, la británica De Havilland, le vendió un aparato a mitad de precio a condición de que lo utilizara para volar por España haciendo propaganda de la marca y de un modelo de avión pensado para la aviación de recreo, y también para una formación militar básica.

Así va a ser frecuente encontrar noticias en la prensa española narrando su viaje iniciático entre Getafe y Chinchón, para asistir a una corrida de toros invitada por el matador Marcial Lalanda, su participación en un concurso aéreo en San Sebastián, o efectuar el saque de honor en un partido de fútbol en Vigo. A lo largo de su vida dio más de 200 bautismos aéreos, muchos de ellos a mujeres. La llegada de la dictadura la dejó en tierra y los medios de comunicación no volverán a dar noticias suyas hasta su fallecimiento en 1983.

María Bernaldo de Quirós practicando la caza de la avutarda en una imagen obtenida de Internet.

La extensión del alumbrado público (II): Andorcio (Ables) y Lugo de Llanera

Fragmento del acta del pleno del 13 de agosto de 1927, en el que se pidió la llegada del alumbrado a Guyame (San Cucufate)

Cuando llegamos al año 1927, la capital municipal, Posada, además de Cayés, Ables y San Cucufate, son las poblaciones y parroquias que en mayor o menor medida, incluso polémicas mediante, cuentan con alumbrado público en lo que suponía la llegada de uno de los elementos de modernidad que, poco a poco, se iban abriendo paso en el municipio. Así, no es extraño que otras poblaciones empiecen a demandar ese nuevo adelanto tecnológico como fue el caso de Guyame, perteneciente a la parroquia de San Cucufate, cuya petición fue presentada en el pleno municipal del 13 de agosto de 1927, por el concejal de la parroquia, Eloy Álvarez, y el suplente, Leoncio López.

Ellos pidieron a sus compañeros de corporación «se de la debida protección a los vecinos del barrio de Guyame para que puedan disfrutar del fluido eléctrico al igual que los convecinos de S. Cucufate y Ables.» El resto de concejales se muestran de acuerdo con esta petición siempre y cuando «además de la petición antedicha se comprometen a realizar beneficios para que de esta manera la Sociedad Popular [Ovetense] pueda suministrar a dicho pueblo la luz eléctrica.» Carecemos de datos que nos permitan saber cuándo llegó finalmente el fluido eléctrico a esa población.

El Noroeste, 21 de marzo de 1928. Los vecinos de La Venta del Gallo llevan tiempo pidiendo el alumbrado público sin éxito.

Al año siguiente, 1928, El Noroeste incluye en sus páginas un ruego al alcalde de Llanera, Celestino G. Tresguerres, recordándole que los vecinos de La Venta del Gallo llevan ya un tiempo largo pidiendo contar con alumbrado público, una petición que para el redactor es lógico que se atienda «porque es un barrio de alguna importancia industrial y máxime teniendo en cuenta que en el límite de Lugones se halla establecido.» Tampoco tenemos constancia de cuando fue finalmente atendida esa demanda.

Región, 17 de junio de 1928. Los vecinos de Andordio (Ables) organizan una romería para festejar la llegada del alumbrado.

Si sabemos fehacientemente, gracias al diario Región del 17 de junio de 1928, que los vecinos de Andorcio, uno de los barrios de la parroquia de Ables, se disponían a celebrar, ese mismo día, domingo, a partir de las cuatro de la tarde, la llegada del fluido eléctrico suministrado por la Sociedad Popular Ovetense (SPO). Para ello, los vecinos organizaron «una romería que será amenizada por varios organillos y la música del país.» En el artículo anterior, veíamos como tanto el barrio alto como el bajo de Ables lograban la llegada de la electridad, y con la incorporación del barrio de Andorcio, la parroquia se ponía en cabeza del municipio en cuanto a la extensión de la electricidad.

Región, 7 de julio de 1928. Se pide mejor mantenimiento del alumbrado en Ables.

Una extensión que no estaba exenta de problemas, por la necesidad de hacer un buen mantenimiento de la instalación, y precisamente desde Ables, un mes después de la celebración llevada a cabo en Andorcio, llegan peticiones, a través de las páginas de Región del 7 de julio de 1928, para que el empleado municipal contratado para hacer el mantenimiento eléctrico cumpla con sus funciones, lo que nos hace sospechar que, lo mismo que vimos en su momento con el alumbrado en la capital municipal, en ese año se empezó a poner de manifiesto el descuido en el mantenimiento de la red.

Fragmento del acta del pleno del 11 de diciembre de 1930. Se acepta la oferta de dos vecinos de Cayés para hacerse cargo del mantenimiento del alumbrado eléctrico en el concejo.

Por una pregunta planteada en el pleno del 11 de diciembre de 1930, por el concejal del Partido Reformista, Severino Coterón, sabemos que el alumbrado con el que contaba el municipio a esa fecha, le costaba al ayuntamiento en torno a las 3.000 pts, por el dato facilitado por el interventor municipal. En ese mismo pleno, se trata de la oferta realizada por dos vecinos de Cayés, Benjamín González Suárez y José González, para hacerse cargo del mantenimiento y encendido de todo el alumbrado público de Llanera «poniendo por su cuenta los materiales, comprometiéndose al recambio de lámparas dentro de las veinticuatro horas en que dejen de lucir y al inmediato arreglo de averías, excepto las de los transformadores y líneas en que la fábrica no consiente toquen más que sus empleados y dejando a su servicio al actual empleado de San Cucufate hasta que vaya a cumplir con sus deberes militares, todo por la cantidad anual de mil trescientas pts.» A la vista de las condiciones, el pleno acuerda que ambos se hagan cargo del servicio a partir del día 1 de enero siguiente.

El Comercio, 14 de junio de 1929. Anuncia la próxima llegada del alumbrado a Lugo. Hubo que esperar hasta 1934.

El siguiente núcleo de población del que se empieza a hablar para recibir el fluido eléctrico será Lugo de Llanera en el año 1929. Esta vez será el diario El Comercio el 14 de junio de ese año, el que dé la noticia de que la SPO y su director e ingeniero, Julio Eguilaz, atendiendo a las peticiones que le estaban llegando desde la población, toma la decisión de «surtir de energía eléctrica el mencionado barrio.» El periódico se muestra optimista en relación a los plazos y aventura que «en fecha próxima se celebrará solemnemente la inauguración del alumbrado.»

Región, 28 de junio de 1929. La Diputación aprobó la petición de la SPO de obras para llevar la electricidad a Lugo y Villabona.

La empresa empieza a hacer los trámites para lograr que Lugo cuente con electricidad, y el diario Región nos informa, el 28 de junio, que la SPO solicita a la Diputación la pertinente autorización para construir una línea alta tensión «desde Lugones a Villabona, con objeto de extender lo servicios de alumbrado y fuerza motriz a los pueblos de Lugo y Villabona.» La burocracia administrativa es como es y no será hasta finales del año siguiente, 1929, cuando la SPO reciba el visto bueno al expediente (Región, 13 de diciembre de 1929).

El Noroeste, 16 de agosto de 1934. Las fiestas de agosto sirvieron para inaugurar el tendido eléctrico en Lugo.

Tampoco eso aceleró la llegada del adelanto tecnológico a la población de Lugo, ya que todavía tendría que esperar otros cinco años para ver su anhelo cumplido. El Noreoste, el 16 de agosto de 1934, nos dice que coincidiendo con la fiesta de Nuestra Señora de La Asunción, se producirá la «inauguración del tendido eléctrico», seguramente de ahí «el entusiasmo indecible que reina, se barrunta tres días grandes para todo el mundo, particularmente para la gente bailadora y la gente menuda.» Una alegría que, como casi siempre, no fue completa ya que al año siguiente, el mismo periódico publicaba un elocuente titular: «La estación en tinieblas», seguido de una no menos incisiva apertura: «Nos referimos á la del Norte, ubicada en Lugo de Llanera. A veces ocurren cosas anormales debido exclusivamente al desdén que llega á apoderarse totalmente de los hombres flojos de espíritu, cuando en realidad, con ‘dar vuelta á la hoja’, se penetra en la normalidad de lo anormal, sin necesidad de ser ningún erudito en geometría…»

El Noroeste, 27 de enero de 1935. A pesar de que la población de Lugo ya contaba con alumbrado, este no había llegado a la estación ferroviaria.

En resumen se refiere a la ausencia de iluminación eléctrica de una estación situada a medio camino entre Lugones y Villabona, con un notable tráfico tanto de personas como de mercancías y, al parecer, iluminada únicamente por un farol de petróleo «que como mocho de la vida antigua cuelga de la pared consumiendo un artículo extranjero.» Lo mismo ocurre en la zona de almacenaje de la estación «que es más bien almacén de trastes viejos que de depósito de mercancías.» La sala de espera está igualmente a oscuras, pero eso sí decorada «con infinidad de letreros del departamento de Sanidad dando reglas para lograr la salubridad pública.»

La extensión del alumbrado público (I): Cayés, San Cucufate y Ables

En los dos artículos anteriores a este, hablábamos, respectivamente, de la llegada del alumbrado público a Posada de Llanera en el año 1923, y de la polémica generada al año siguiente en torno a su coste y si tenía que ser el ayuntamiento quien asumiera el mismo, o tenían que ser los vecinos, tal y como defendían dos concejales que terminó generando una amplia atención mediática y una polémica que se tuvo que zanjar en un pleno municipal, a favor de la continuidad del alumbrado y del pago por parte del ayuntamiento. En este tercer artículo dedicado al mismo asunto eléctrico, veremos como a lo largo de los años 20 y primeros 30, esta mejora tecnológica se irá extendiendo a otros núcleos del municipio, empezando por Cayés y pasando por Ables y San Cucao.

El Noroeste 23 de enero de 1923.

De forma lógica, el primer núcleo en recibir esa mejora tenía que ser la parroquia de Cayés, ya que, como vimos, la línea para traer el fluido hasta Posada partía de Cerámicas Guisasola, fábrica ubicada en la localidad de La Venta del Gallo, dentro de esa parroquia. Así, lo hizo saber el diario gijonés El Noroeste, el 23 de enero de 1923, cuando informa de que «hace unos días ha sido instalada la luz eléctrica en el pueblo de Cayés», a través de la Sociedad Popular Ovetense (SPO) y gracias a la generosidad de la firma Hijos de Guisasola, propietaria de la empresa cerámica. El periodista, se pregunta que ya que ha llegado a Cayés, si no será posible su extensión a la parroquia vecina de Ables.

Sin embargo, los vecinos de Ables tendrán que esperar todavía tres años para ver colmadas sus esperanzas de ver llegar el alumbrado público a sus caminos. Así nos lo hace saber La Voz de Asturias el 26 de enero de 1926, cuando informa del desarrollo a buen ritmo de los trabajos para llevar la luz eléctrica por cuenta de la SPO, con la intención de hacerla llegar también a la parroquia aledaña de San Cucufate. Por esa misma crónica, sabemos que otros territorios del concejo estaban demandando la llegada de la electricidad a ellos.

La Voz de Asturias, 26 de enero de 1926.

El hecho de que José Tartiere, conde de Santa Bárbara de Lugones, y gestor de las fábricas de explosivos de Cayés y de Lugones, entre otras muchas cosas, tuviera una propiedad en San Cucufate, fue un elemento que ayudó a la llegada de la luz a esa parroquia. Esa conclusión la extraemos de la lectura del acta del pleno municipal celebrado el 23 de mayo de 1925, y de la moción presentada por el concejal José Alonso Granda que decía lo siguiente: «Que en próxima fecha será instalada la luz eléctrica en la parroquia de San Cucufate; como la instalación ha de ir enclavada en la carretera sería muy necesario establecer seis luces públicas con las que quedaría el pueblo perfectamente adornado. Ruega al propio tiempo que la Corporación haciéndose eco del común sentir de los vecinos de San Cucufate, acuerde consignar en acta un voto de gracias para el Excmo Señor Conde de Santa Bárbara por sus felices gestiones en pro de tan importante mejora.» El resto de la corporación hizo suya la moción aprobada por unanimidad, incluyendo la instalación de seis luces públicas «teniendo en cuenta, tan luego sea un hecho imponer el tributo correspondiente a las personas que les reportan estos beneficios.»

Fragmento del acta del pleno municipal del 23 de mayo de 1925.

La obra no debió de ir tan rápida como esperaba el edil Alonso Granda, casi un año después el diario Región escribía: «La instalación de la luz eléctrica en San Cucufate toca a su fin. Pronto, dentro de muy breves días, lucirá esta en tan simpático pueblecito veraniego.» El vecindario de la parroquia quiere manifestar su agradecimiento a José Tartiere y propone bautizar con el nombre de Avenida José Tartiere la carretera principal que atraviesa el pueblo, a imagen y semejanza de lo que se había hecho en la capital municipal con Prudencio González. Esa información está fechada el 16 de mayo de 1926. Una semana después, la misma noticia, con idéntica redacción, aparecerá en el diario El Comercio. La iniciativa de bautizar al tramo de carretera con el nombre del conde de Santa Bárbara, finalmente nunca se llevará a cabo sin que por ahora, conozcamos las razones para no llevarla a cabo.

Región, 16 de mayo de 1926.

La ansiada inauguración del alumbrado tuvo lugar el sábado 30 de mayo de 1926, haciendo «realidad el suelo dorado de los vecinos de San Cucufate», tal y como escribe Región el día 1 de junio de ese mismo año. En el acto «derrochose en gusto y dinero», siendo el epicentro del festejo la explanada delante de Casa García, donde se instaló «gran número de bombillas de distintos colores, intercalándose varios focos, dando un aspecto sorprendente a la plazuela en la cual el baile y demás festejos celebrados, duraron hasta la una de la madrugada.»

Región, 1 de junio de 1926.

Luego le tocará el turno a la parroquia de Ables, donde el ayuntamiento instalará seis bombillas a petición de los vecinos, nos cuenta El Noroeste el 10 de octubre de 1926, y en marzo del año siguiente, Región mediante, sabemos que la parroquia celebró la llega del alumbrado público a la misma. La celebración se hizo por medio de una «gran romería el domingo último, que estuvo animadísima y se lanzaron a espacio multitud de cohetes.» Algo antes, la electricidad había llegado al barrio de Arriba y ahora sus convecinos del barrio de Abajo se sumaban a ella.

Región, 10 de marzo de 1927.

No acabaron ahí los actos de celebración, toda vez que en el mes de abril de 1927, los vecinos de Ables quisieron agradecer al alcalde, Celestino Tresguerres, la mejora recibida obsequiándole con un «valioso juego de café, verdadera obra de arte, y un hermoso álbum en el que constan los nombres de los vecinos que contribuyeron con su óbolo a tan merecido como justo homenaje de agradecimiento.» Fueron los vecinos Fructuoso Hevia, Vicente Díaz, Enrique Rodríguez y Fructuoso Martínez, los encargados de entregarle el regalo en su casa en el día de su onomástica. Tresguerres agradeció el gesto y «obsequió a los comisionados con pastas y licores.» (Región, 14 de abril de 1927).

Región, 14 de abril de 1927.

Las luces de la polémica

El inicio de la polémica. Región 1 de junio de 1924.

En el artículo anterior veíamos como las gestiones realizadas por el indiano Prudencio González, habían conseguido dotar, en 1923, a la capital municipal con alumbrado público, proyecto en el que también se implicó el ayuntamiento y el Club Llanera de La Habana, que le valió a nuestro convecino que desde entonces la calle principal de Posada de Llanera, lleve su nombre. También veíamos como a la hora de dotar a la calle con las pertinentes señales con el nuevo nombre de Avenida Prudencio González, al promotor de la iniciativa, el comerciante Ramón González, le costó encontrar el apoyo económico necesario por parte de los vecinos, unos por desidia y otros por desinterés, como afirmaba La Voz de Asturias.

Tal vez haya que buscar ahí la raíz de la polémica que, de un modo sorprendente visto desde hoy en día, estalló al año siguiente en torno al alumbrado de la capital municipal, en lo que sin duda era un importante adelanto en el municipio y que era muy demandado por las diferentes parroquias del concejo para ellas mismas. Fue el diario Región el primero en vaticinar los nubarrones de la polémica, cuando el 1 de junio de 1924 publica en sus páginas una información bajo el titular «¿Será verdad?» En ella, se hacía eco de la posibilidad de que en la próxima reunión de la Junta Permanente del ayuntamiento, hubiera concejales que pidieran la supresión de la partida presupuestaria reservada para el pago del alumbrado público, y que ascendía a la cantidad de 650 pts.

El anónimo redactor de la noticia, se muestra confiado en que tal propósito no saldría adelante, toda vez que el ayuntamiento tenía firmado un contrato con la Sociedad Popular Ovetense (SPO), por el cual estaba obligado al pago del servicio durante un número determinado de años. A pesar de ello, el periodista no puede evitar dejar la duda en el aire: «¿Será posible que lo que tanto trabajo costó por conseguirlo haya quien pretenda hacerlo desaparecer?», y advierte que «el Pueblo de Posada hará prevalecer sus derechos antes que tal anomalía se cometa.»

La Voz de Asturias 5 de junio de 1924.

Antonio Menéndez, corresponsal de La Voz de Asturias, empieza a informar sobre el tema el 5 de junio, dando cuenta de un pleno extraordinario llevado a cabo el sábado 31 de mayo (en las actas conservadas en el archivo municipal no aparece ningún pleno con esta fecha, con lo que caben dos posibilidades: o bien por algún motivo no se llegó a hacer ese acta, o bien se trató en realidad de una reunión de la Comisión Permanente, ya que de este órgano no se ha conservado ningún acta), en el cual, entre otros asuntos, se trató la propuesta de los ediles Deogracias Ruiz y Fernando Ablanedo, en favor de la supresión del pago del alumbrado público.

El secretario municipal desgranó algunas cuestiones legales que, en su opinión, no harían posible tomar ese acuerdo, empezando por el acuerdo plenario del 17 de marzo de 1923 y terminando, por la existencia de un contrato con la empresa suministradora. Los dos concejales de la polémica «se muestran extrañados de la protesta presentada por el vecindario, que acababan de oír, pues ignoraban que sus propósitos trascendieran a la calle y que pudiera tomarse el acuerdo sin la protesta unánime de los vecinos.» Sin embargo, a pesar de la presión del público asistente al pleno, ambos se mantuvieron firmes en su propuesta.

Será el secretario judicial, Ramón Rayón, quien apunte en la dirección del contrato existente con la SPO como argumento que pareció definitivo, una vez leído el texto públicamente, documento que tanto Ruiz como Ablanedo, afirmaron desconocer y que al proceder a su lectura pareció dejarles convencidos de lo absurdo de su postura contraria al alumbrado público en la capital del concejo. Rayón, en su alocución, había pedido que «por respeto a la persona que tanto trabajó por la traída del fluido eléctrico, y al que el Ayuntamiento anterior quiso testimoniar su agradecimiento, poniendo su nombre a una calle de Posada, no debe ni discutirse el asunto.»

El Noroeste, 14 de junio de 1924.

Sin embargo, la polémica no se quedó ahí, sino que los dos concejales señalados como opositores, enviaron al periódico El Noroeste y publicada el 14 de junio de 1924 (ese mismo día también la publicó La Prensa), una carta que no sirvió más que para avivar la polémica. En ella, ambos ediles rechazan la acusación de querer votar en contra del alumbrado público en Posada de Llanera, sino que su opinión es la de que «debe ser objeto de una exacción que recaiga sobre las personas más directamente beneficiadas en el referido servicio, para que desaparezca la carga de 650 pesetas que gravita sobre un presupuesto débil.» A modo de ejemplo, señalan que en las cuentas municipales se incluyen 3.500 pts para obligaciones sanitarias, «de las cuales se dedicaron mil para la construcción de un puente en Arlós, quedando para el resto del concejo dos mil quinientas pesetas que es necesario distribuir entre más de cien barrios.»

La misma carta con la extensión completa, aparecerá también en las páginas de Región el día 17. Así sabemos que otro de los argumentos de ambos concejales fue el de considerar que Rondiella es una de las parroquias de menor extensión del concejo, y ese gasto de 650 pts solo en alumbrado, les lleva a preguntarse: «¿Dónde está la equidad, la igualdad y la justicia ante la ley? Para regenerar los pueblos es condición precisa alejarse del egoísmo.» Para evitar acusaciones de que detrás de su posición no hay más que rencillas personales, explica que «de los 25 vecinos que lindan con la carretera, 23 son amigos nuestros y apelamos al testimonio de los mismos.» Terminan pidiendo que el ayuntamiento «establezca una contribución especial sobre el alumbrado público (…) y así se completaría la obra de justicia.»

Región, 17 de junio de 1924.

No parece que esos 23 vecinos se sintieran animados por su pretendida amistad con los dos concejales, habida cuenta de que van a ser ellos los firmantes de la réplica, también en forma de carta dividida en diez puntos, aparecida en La Voz de Asturias del día 18 de junio. En el sexto, los firmantes les recuerdan a los concejales, que en el desvío de 1.000 pts hacia el puente de Arlós ellos también estuvieron de acuerdo en su momento, y rechazan que «nuestras apreciaciones, pueden ser equivocadas, pero que nunca son insidiosas ni falsas, como ellos afirman.» En el punto 9º, matizan que en la sesión plenaria convocada para cerrar la cuestión «solo hubo dos votos en contra; los de los señores Alonso y Ruiz.»

La Voz de Asturias, 18 de junio de 1924.

Una semana después, serán los concejales los que recurran a las páginas de La Voz de Asturias del día 25, para continuar con el intercambio epistolar con los vecinos los que replican que ya que parecen dispuestos a colaborar con su propio peculio para hacer llegar la electricidad al resto del municipio, pueden correr con el gasto de su llegada a la capital municipal y eso «más lo agradecería el resto del concejo.» Asimismo, rechazan haber votado en contra en el pleno, habida cuenta que dicha votación no habría tenido lugar y no está claro «que los 25 vecinos de Posada estén exentos de la exacción especial que el Estatuto municipal vigente establece que se imponga sobre las personas especialmente interesadas en determinadas obras.» Finalizan la carta con el siguiente párrafo: «No nos guía tampoco a nosotros el deseo de mortificar por considerarlo impropio de persona bien nacida; es siempre deplorable la ofensa, sin embargo hay quien trata de inferirla sin tener presente que ‘para lanzar injurias, no basta tener elocuencia, es preciso tener crédito’ según ha dicho un gran estadista.»

La Voz de Asturias, 25 de junio de 1924.

Esas afirmaciones iban a tener cumplida respuesta el día 29, de nuevo desde las páginas de La Voz de Asturias que empieza así: «Que es indubitable que lo que pretenden dichos señores con defender lo indefendible, es exhibirse para salir del actual ostracismo en que se encuentran, y por eso no debiéramos concederles el honor de la réplica.» Más adelante, se les pregunta «¿Qué concepto tienen ustedes, si es que tienen alguno, de la equitativa distribución de los fondos públicos? (…) ¿No conciben ustedes que en la provincia habrá parroquias, incluso concejos, que contribuyan al contingente provincial y a pesar de ello pasarán años y años sin beneficiarse con un mal camino vecinal?»

La Voz de Asturias, 29 de junio de 1924.

Todavía habrá sendos intercambios epistolares más en los primeros días del mes de julio, en los que no insistiré por la repetición de argumentos ya conocidos y a estas alturas del intercambio epistolar, probablemente la única forma de ponerle fin era con la discusión del asunto en un pleno municipal, donde todo el mundo se retratara. Así, al pleno del 31 de agosto de 1924 llega un escrito firmado por un grupo de vecinos de Posada, motivado por el rumor de que «algunos Señores Concejales, pretenden privarles del alumbrado público, el cual reporta grandes beneficios no solo a los vecinos, sino también a los transeúntes; y que de llevarse a la práctica irrogaría grandes perjuicios.» La Corporación a la vista del escrito y del acuerdo al que se había llegado en el pleno del 17 de marzo de 1923, «ya la Corporación acordó costear las luces públicas, las de la Consistorial y Juzgado; y que de suprimirse estas sería un atropello, e irrogaría graves perjuicios, acuerda dejar en firme dicho acuerdo y seguir consignando la cantidad suficiente en los presupuestos municipales.»

Fragmento del acta del pleno del 31 de agosto de 1924.

Con esa decisión la polémica terminó por quedar en nada y Posada pudo seguir disfrutando del alumbrado público, al menos mientras las bombillas estuvieron en funcionamiento, porque en el arranque del año 1928, Región publica la noticia de que desde hace varias semanas, el alumbrado público de Posada carece de lámparas casi en su totalidad. Esa situación, denunciada en el mes de enero, en marzo seguía sin resolverse tal y como se puede leer tanto en El Noroeste como en Región, los días 21 y 23 de marzo de 1928.

Prudencio González y la llegada del alumbrado público a la capital municipal

Asistentes al banquete de homenaje llevado a cabo en Cuba en honor de Prudencio González (marcado con la X). Región 25 de abril de 1924.

En mi artículo anterior me detuve en la figura de Alejandro Mon y su relación con el concejo, y las razones por las cuales da nombre a una de las calles de la capital municipal, Posada de Llanera. En esta ocasión, hago lo propio con el personaje que bautiza la principal avenida de la misma población, y que recuerda la memoria de Prudencio González. Vamos a ver cómo la vinculación de este convecino nuestro, cuya familia era y sigue siendo la propietaria del popular comercio Casa Rosa abierto en 1870, con la llegada del primer alumbrado público a Posada, le va a hacer acreedor a ese honor.

El Noroeste, 21 de enero de 1922.

La primera noticia que tenemos de las gestiones que está realizando un particular, cuyo nombre no está autorizado a publicar pero que toda seguridad se trata de nuestro protagonista, la tenemos en la edición de El Noroeste del 21 de enero de 1922, y en ella se muestra el optimismo acerca de la llegada del alumbrado público a Posada, una mejora que «es incuestionable que desde hace ya muchos años, no la capital, sino la mayoría de los pueblos del concejo debiera disfrutar de tan necesario fluido». Sin embargo, por «la apatía de unos y la despreocupación de otros, estamos como los pueblos más incomunicados de España.» Al mismo tiempo, se pide, a las tres grandes industrias asentadas en el concejo, a saber, Cerámicas Guisasola, Fábrica de Explosivos y Sociedad Orueta e Irán explotadora de la mina carbonífera de Santufirme, que colaboren con esta iniciativa.

El Noroeste, 25 de febrero de 1922.

Si en enero se había mantenido en secreto el nombre del impulsor del proyecto, al mes siguiente El Noroeste deja claro que es Prudencio González el principal promotor de la idea, quien recién llegado de La Habana se vio «extrañado de ver llegar la luz á las mismas puertas de Posada (…) creyó conveniente iniciar un movimiento de opinión en este sentido.» El primero contacto lo estableció con la empresa Cerámicas Guisasola, la cual respondió favorablemente y ofreció la posibilidad, de forma gratuita, de continuar la línea desde la ubicación de la empresa en La Venta del Gallo (Cayés).

El Noroeste, 25 de febrero de 1922.

Asimismo, se forma una comisión gestora en la que se integraron los siguientes delegados: Justo Fernández Ablanedo, para Cuba; Crisanto Álvarez Cueto, en Buenos Aires; Eduardo Menéndez López, en México; y José Álvarez Salvador, en los Estados Unidos; con el objetivo de conseguir aportaciones por parte de los emigrantes de Llanera en cada uno de esos países. La comisión estaba presidida por el sacerdote, Ramón Díaz; con Prudencio González como secretario; Froilán Menéndez, tesorero; y los vocales, Fermín Rayón, Eugenio Vázquez, Guillermo Toca, Francisco Virsida, Bernardo Díaz y Bonifacio Rodríguez.

Aunque no se dan detalles pormenorizados, El Noroeste del 24 de mayo de 1922, señala la satisfacción que tienen los miembros de la comisión pro alumbrado de Posada, por los éxitos que se van logrando, hasta el punto de que en su primera reunión, el presidente propone da un voto de gracias a Prudencio González, quien «á más de ser su organizador, llevó á cabo multitud de trabajos que tan franco y lisonjero éxito obtuvieron.» Animados por la buena marcha del proyecto, muestran su voluntad de seguir con la actividad de la comisión, y utilizar parte del dinero recaudado «en mejorar el servicio de aguas y construir un lavadero cubierto, previa aquiescencia de las personas que habían hecho donativos para la luz.» En esa reunión no pudo estar presente el vocal Francisco Virsida, debido a su fallecimiento, y se acordó nombrar a Ramón Rayón, secretario judicial, como vicesecretario de la comisión.

Fragmento del acta del pleno del 9 de agosto de 1922.

Lógicamente, el asunto termina por llegar al pleno municipal, y será en una sesión extraordinaria celebrada el 9 de agosto de 1922, cuando se trate del asunto con la lectura de una carta enviada por la Sociedad Popular Ovetense (SPO), en la que ofrece sus servicios para dotar de alumbrado a la capital municipal, y otra de la Sociedad Hijos de Guisasola facilitando el uso de su red para traer la electricidad hasta Posada. El pleno designa una comisión, integrada por el alcalde, Joaquín Palacio Muñiz, y los concejales, Benjamín Valdés Medio y Marcelino Rodríguez, para entrevistarse con la SPO y con Hijos de Guisasola «y de la entrevista habida, dar cuenta á la Corporación en un día para que esta resuelva lo que estime más procedente.»

Fragmento del acta del peno del 17 de marzo de 1923.

A pesar de que parecía todo estar encarrilado para que el alumbrado público fuera una realidad ya en ese año de 1922, habrá que esperar hasta el año siguiente para encontrar noticias sobre la evolución del proyecto, concretamente hasta un acta de la sesión plenaria del 17 de marzo de 1923. Todos los concejales estuvieron de acuerdo ese día, en «dar toda clase de facilidades a la sociedad empresaria» para instalar el transformador y los postes necesarios, mientras que el coste de las luces correría a cargo de los fondos municipales. Los encargados de trasladar ese ofrecimiento a la SPO fue una comisión integrada por los concejales Eugenio Vázquez y José Rodríguez, y los miembros de la comisión pro alumbrado, Froilán Menéndez y Guillermo Toca. Esa reunión debió de producirse y en ella se concretaría el número de luces a instalar en Posada, ya que en el pleno del 2 de junio se pide a la comisión citada que vuelva a hablar con la empresa con el fin de instalar dos luces más de las concertadas, una «en la plazuela de la casa de D. Primo Álvarez, cartero, y otra en las inmediaciones de la casa de D. Bonifacio Rodríguez.»

La Voz de Asturias, 28 de julio de 1923.

La Voz de Asturias, deja constancia el 28 de julio de 1923, de que la Diputación tiene para informar la concesión solicitada por la Sociedad Popular Ovetense, para hacer una línea de baja tensión en la carretera Lugones-Avilés, con el fin de dar alumbrado a la capital de Llanera, y con ello el proyecto entraba ya en su fase decisiva.

El Progreso, 30 de julio de 1923.

Otro medio de comunicación, esta vez editado en Cuba para la emigración asturiana con informaciones tanto de la isla como de Asturias, como fue El Progreso, nos informa en sus páginas del 30 de julio de 1923, que el proyecto de alumbrado público se había conseguido sin necesidad de recurrir al dinero recolectado por la colonia de naturales de Llanera en la isla caribeña, por lo que la dirección del Club Llanera de La Habana toma la decisión de reservar ese dinero para llevar adelante otro proyecto muy ambicionado por ese colectivo, como era el de dotar a Posada de Llanera de una plaza mercado cubierta, proyecto que finalmente fue una realidad y del que hablaremos en otro momento. Con todo ello, podemos concluir que el año 1923 fue el año en el cual Posada de Llanera, empezó a contar con iluminación eléctrica en su calle principal.

Avenida Prudencio González

Acta del pleno del 17 de noviembre de 1923, en el que se trató la propuesta de Ramón González para poner el nombre de Agustín González a la calle principal de Posada de Llanera.

La iniciativa de bautizar la avenida con el nombre del indiano fue del comerciante de Posada, Ramón González Llosa, cuya petición oficial se discute en el pleno el 17 de noviembre de 1923. «Todos conocéis las gestiones realizadas para conseguir el fin que se proponía y sin desmayar ante los obstáculos que al paso se le presentaban vio colmado el éxito de la empresa emprendida. De corazones nobles y adornados de sentimientos humanitarios es ser agradecidos a los favores que reciben», se decía en el texto presentado por el promotor de denominar como Avenida de Prudencio González, el tramo de la calle principal entre el domicilio de Froilán Menéndez y el suyo propio. La propuesta salió adelante por unanimidad. En ese momento, el homenajeado se encontraba de nuevo en La Habana.

Región, 25 de noviembre de 1923.

Ramón González no se quedó ahí, sino que además abrió una suscripción popular entre los vecinos de Posada, con el fin de costear los rótulos con los que hacer visible el nuevo nombre de una calle que hasta ese momento era más conocida como Avenida de las Huelgas. El encargado de recoger el dinero recaudado era Antonio Menéndez Varela, a la sazón corresponsal en Llanera del periódico El Noroeste. Una suscripción que, sin embargo, no logró el éxito apetecido, como así hizo constar el promotor en una carta enviada a La Voz de Asturias del 27 de diciembre de 1923, «unos por apatía, por diferencia de criterio otros y por indiferencia los más.» En total se hicieron once aportaciones por un importe total de 75 pts, que fueron suficientes al renunciar Francisco López y Ramón Menéndez, a la cantidad que les correspondía por la colocación de las nuevas señales indicativas.

La Voz de Asturias, 27 de diciembre de 1923.

En el pleno del 22 de marzo de 1924, se dio lectura a una carta enviada por Prudencio González agradeciendo el gesto de dar su nombre a la calle, y en el acta de la sesión queda patente el agradecimiento del consistorio hacia el indiano: «Nuevamente la Corporación queda altamente agradecida al benemérito hijo de Llanera, y acuerda que jamás se borre esta memoria en pro de un joven que tantos desvelos ha sufrido por llevar a la práctica obras de vital interés para el concejo. Que se le comunique este acuerdo para satisfacción del mismo.»

Algunos de los asistentes al homenaje tributado en Cuba a Prudencio González. Región 25 de abril de 1924.

Los homenajes no sólo los acabará recibiendo Prudencio González en Llanera, sino que en la propia capital cubana, de la mano del Club Llanera de La Habana, del que era socio, en el conocido como Salón H se organizará un banquete en su honor acompañado por la dirección del club, encabezada por su presidente, José María Martínez, en el transcurso del cual se le nombrará presidente de honor del club.