En Villabona se mascó la tragedia

Revista Asturias, 22 de junio de 1919

La imagen que presenta hoy en día Villabona dista mucho de la que se podía ver prácticamente hasta los años 70 del siglo XX. Y es que desde que se pusieran en marcha las minas de carbón y se construyera la estación ferroviaria, con conexiones hacia Gijón primero y hacia San Juan de Nieva después, todo ello en la segunda mitad del siglo XIX, la población era tremendamente populosa y el movimiento de personas y mercancías era constante. A los dos aspectos dedicaremos nuestra atención en próximos artículos.

Solo en la explotación minera hubo periodos en los que se superaron los 300 trabajadores, a los que habría que añadir el de los empleados ferroviarios, primero en la Compañía del Norte y luego, en tiempos más próximos a nosotros, vinculados a RENFE. En consonancia con ello, el número de bares, establecimientos de ocio y tiendas de muy diverso tipo, era considerablemente superior al de los tiempos actuales, en los cuales sobreviven dos establecimientos hosteleros, uno en la propia población y otro en el Palacio del conde de San Antolín de Sotillo, a cuya arquitectura ya hemos dedicado un artículo.

Por eso no es en absoluto extraño que vividores de todos los pelajes acudieran al pueblo, especialmente en el día de cobro de los mineros, como se le ocurrió hacer a una compañía de variedades en 1919, generando un suceso que si no terminó en tragedia debió de ser por muy poco. De nuevo Ramón Rayón y sus publicaciones en la Revista Asturias, nos sirven para organizar el relato del acontecimiento.

Imagen de los años 60 de la calle principal de Villabona. Archivo Ayuntamiento de Llanera.

Atraídos por el dinero «caliente» de los mineros que lo habían recibido ese mismo día, llegó hasta Villabona una compañía de cómicos «acompañados de varias señoras de honor perdido», tal y como escribe Rayón «e inauguraron la función teatral». Y lo hicieron en todos los sentidos, estableciendo una entrada de 40 céntimos para poder acceder a la misma, y los criterios de acceso no debían de ser muy estrictos, en cuanto a la edad del público, ya que al parecer «entraron primero varios chiquillos que pagaron».

Sin embargo, con la función ya comenzada, en uno de los establecimientos públicos de la localidad cuyo nombre se nos oculta en la información, se dieron cita allí «innumerables mineros en completo estado de embriaguez, y como pretendían entrar gratis, alegando que el teatro estaba en un establecimiento público.» Lógicamente, la taquillera se opuso a tal pretensión, aunque los mineros no estaban por la labor de abonar la entrada, hasta que en un momento determinado «echaron mano a ésta y al resto de la compañía y no te digo lector lo que allí hubo: de todo menos de moralidad.»

Nos podemos imaginar el tumulto que se organizaría, no queremos ni pensar como terminaría el mobiliario del establecimiento y demás enseres, en medio del cual la compañía tuvo que salir por piernas en dirección a la estación ferroviaria, donde siguió la trifulca y «se dieron de palos, tiros y demás clases de instrumentos que integran esta clase de diversiones», saliendo los cómicos «a cincuenta por hora», una velocidad por otra parte nada desdeñable ya que era la que llegaban a alcanzar los trenes del momento.

El cronista no da cuenta de heridos o fallecidos en la trifulca, por lo que pudiera ser que todo se resolviera con magulladuras y algunos golpes. Rayón no puede evitar ironizar al final de su artículo, al recordar que entre los cómicos había una mujer «que adivinaba todo lo adivinable», y concluye preguntando al lector: «¿Qué te parece del modo de adivinar? ¿No pudo aquella señora saber lo que para ella y sus compañeros les estaba deparado, y así evitar el calvario sufrido?»

Revista Asturias, 22 de junio de 1919.

Llanera y la epidemia de gripe de 1918

Ahora que nos toca vivir tiempos de reclusión, pandemia de coronavirus mediante, echamos un poco la vista atrás para ver la situación a la que se enfrentó nuestro concejo durante la pandemia de gripe de 1918, llamada «gripe española» al ser la prensa de nuestro país la única que informó del avance de la misma, pero también conocida como «el soldado de Nápoles» o el «mal de moda». En el verano de 1920, este virus gripal desapareció tal y como había venido, no sin antes dejar unos dicen que 50 y otros que 100, millones de fallecidos en todo el mundo.

Una primera noticia de la presencia de gripe en nuestro concejo, la encontramos en las páginas del periódico El Noroeste, del 10 de diciembre de 1905, en las cuales informa de la visita que hizo a Llanera Dionisio Cuesta Olay, a indicación del gobernador, para investigar un posible brote de fiebres tifoideas. Afortunadamente, la noticia no era cierta y lo único reseñable fueron algunos casos de febrículas causadas por la gripe, enfermedad que en ese momento había causado un único fallecido.

Cuando los efectos de la epidemia de gripe se dejen sentir en el concejo, se encontrará con una población que venía sufriendo unas condiciones climáticas difíciles, a las que se venían a unir las subidas de precios en los productos de primera necesidad, provocada por la Primera Guerra Mundial. Así lo pone de manifiesto Ramón Rayón, a la sazón secretario del juzgado municipal de Llanera, en varios artículos publicados en la Revista Asturias editada en La Habana con destino a la colonia asturiana de la isla, pero que también traía a Asturias noticas relacionadas con los emigrados.

Revista Asturias, 14 de marzo de 1915.

En un artículo de Rayón publicado en esa revista en marzo de 1915, ya deja constancia de que los vecinos de Llanera «estamos padeciendo un tiempo crudísimo [sic]», y teme que la constante alza de los precios pueda llegar a desembocar en descontento social entre los obreros, entre los que parece estar detectando síntomas de inquietud.

«Cuando va bien a la liebre va mal al galgo». Rayón incluye ese refrán popular en un artículo de 1916, en el que si bien parece que las cosechas se presentan bien, no se presentan tan bien los precios que el consumidor tiene que pagar, ya que «con la disculpa de la guerra, todos los artículos sin distinción de clases, han subido un ciento por ciento sobre el valor anterior». Volverá a insistir en ello en un artículo del mes de noviembre cuando escriba que a pesar de la buena cosecha «los artículos de mayor consumo se venden a precios fabulosos. Con decir que es por causa de la guerra, se sale de paso; y adelante la explotación.» Por su parte, los sueldos no habían mejorado en absoluto y como consecuencia «todos tenemos la obligación ineludible de gastar aquellos artículos bajo pena de muerte. Fiar no se fía ni al lucero del alba, y he aquí que, marchamos bien de fondos y… ¡trampa adelante!»

Revista Asturias, 1 de noviembre de 1916.

Rayón también nos deja constancia de que si 1916 se despidió con mal tiempo, el año nuevo no iba a ser menos y empezaba incluso peor, y en el mes de junio ya tenemos noticia de la aparición de una epidemia en el concejo, en este caso de viruela. La noticia la encontramos en un acta del pleno del 30 de junio de 1917, en la cual, de una manera muy escueta, se dice que la epidemia le cuesta al ayuntamiento 400 pesetas, según la minuto que el médico Federico Gil Arévalo pasó a la corporación, en concepto de vacunación general de la población contra esa enfermedad.

Acta del pleno del 30 de junio de 1917.

En 1918, finalmente la gripe llegará al concejo creando una «grave situación epidémica», tal y como se reconoce en el acta del pleno del 28 de septiembre de ese año, y ante la cual el cura de Cayés no tuvo mejor idea de que sacar la figura de san Roque en procesión, para pedir el fin de la epidemia, actuación que es criticada desde las páginas del periódico El Noroeste del 12 de noviembre.

El Noroeste, 12 de noviembre de 1918.

Una pandemia que en diciembre de ese mismo año ya había causado 204 muertos en Llanera, a tenor del recuento llevado a cabo por Ramón Rayón, y cuyos nombres, niños excluidos, dejó recogidos en un artículo en la Revista Asturias que empezaba así: «Hoy me limito  a contaros, con gran pesar de mi alma, el número de personas que a partir de veintiocho de septiembre al día de la fecha, murieron de la moda, pues así llaman a esta epidemia terrible, o “Soldado de Nápoles”; este militar hizo él sólo en un mes más víctimas que hubo en la guerra sin emplear lo que en esta se denominan “artes”. No he de consignar nada más que el nombre de las personas mayores, omitiendo el de los niños, pero el número de fallecidos fué en totalidad el de doscientos cuatro.»

Parte del listado de fallecidos por la gripe de 1918, publicado por Ramón Rayón en la Revista Asturias en el número del 23 de diciembre de 1918.

Una epidemia que además de la lógica consternación por los vecinos fallecidos, trajo también un mal momento a las maltrechas arcas municipales, que se encontraron sin capacidad para hacer frente a los gastos médicos generados, tal y como se pone de manifiesto en el pleno del 18 de enero de 1919. En ella escuetamente se dice que «con motivo de la epidemia se ocasionaron gastos y que que como no existe consignación en el presupuesto, se acuerda que se satisfagan del Capítulo de imprevistos previos justificantes que lo acrediten». Únicamente el concejal Severino Coterón Menéndez, quien llegará a ser alcalde del concejo en 1931, votó en contra de la propuesta planteada por el alcalde.

Ese mismo año la gripe volverá a reaparecer en el concejo, aunque afortunadamente de una forma más leve que el año anterior, lo que no excluyó que hubiera casas en las que «están atacados todos los individuos; y tiene que acudir algún vecino a prestar asistencia; pero sucede que aquel adquiere la enfermedad y la lleva a su domicilio», aunque los fallecimientos causados por este rebrote no parecen haber alcanzado ni de lejos, los del año anterior.

Revista Asturias, 22 de junio de 1919.

Eso venía a complicar aún más la existencia a unos vecinos que estaban pasando viviendo una primavera aún peor que el invierno, climatológicamente hablando, causando retraso en las cosechas, por la presencia de «nieves, granizos, hielos, vientos y lluvias; en fin, la primavera no pudo portarse peor.» Rayón redacta este artículo en un tono pesimista: «Aquí no impera más que el dolor: todo son enfermedades, lo mismo en las personas que en los animales».

Revista Asturias, 22 de junio de 1919.

Cuando Llanera recibió a la primera mujer piloto de España

Corría el año 1929 cuando los campos de La Morgal, que todavía no se habían convertido en aeródromo aunque ya hacía varios años que se venía comentando la posibilidad de convertirlos en una instalación de ese tipo, recibieron el aterrizaje de María de la Salud Bernaldo de Quirós, a la sazón la primera mujer que tuvo en España el título de piloto de aviación en 1928, manejando un modelo De Havilland DH-60 Moth. Para hacernos una idea, el mismo avión el que Robert Redford y Meryl Streep viven una apasionada historia de amor sobre los cielos y las tierras de África.

Región, 22 de agosto de 1929.

Eca como era conocida en el entorno familiar o Miss Golondrina, como la habían bautizado sus compañeros varones del aeródromo de Getafe, había nacido en 1898 en el seno de una familia con raíces llaniscas. Se casa joven con su primo Ramón y joven también, quedará viuda después de un matrimonio de apenas dos años de duración, a lo largo de los cuales la pareja verá como pierden a dos bebés. Volverá a casarse en Ciudad Rodrigo (Salamanca) donde residía, con el que será alcalde de la localidad José Manuel Sánchez-Arjona y Velasco, del que se divorcia nada más estrenarse la ley de divorcio de la Segunda República, en 1932, siendo en ello también una de las primeras mujeres españolas en acogerse a esa ley.

De forma definitiva compartirá el resto de su vida con el comandante José Rodríguez Díaz de Lecea, quien había sido su instructor de vuelo y, posteriormente, será ministro del Aire en la dictadura franquista entre 1957 y 1962. Fallece en 1967.

Región, 23 de agosto de 1929.

A la aviadora se la esperaba ese mismo día en Oviedo, donde el alcalde ya lo tenía todo preparado, el campo señalizado e incluso la banda de música, cuando se recibe la noticia del cambio en el lugar de aterrizaje. “Deprisa se recogieron las banderas y los lienzos blancos dispuestos para llamar la atención hacia el campo, y se trasladaron al amplísimo campo de Coruño”, podemos leer en Región.

Eso no impidió que el alcalde ovetense llegara a tiempo a La Morgal acompañado por varios concejales, y donde ya estaban sus homólogos de Tineo y de Llanera, a los que se unió “el vecindario de aquellas inmediaciones” formado por personas que “acudieron unos corriendo campo a traviesa y otros por la carretera”, seguimos leyendo en Región.

Región, 26 de agosto de 1929.

El anónimo cronista de Región apunta que entre el público abundaban más las mujeres que los hombres, y el aterrizaje fue recibido con vítores y aclamaciones, teniendo que ser la multitud controlada por la Guardia Civil. María llegó acompañada por el comandante Lecea, profesor de la Escuela Civil.

Una vez cumplimentadas las autoridades, en un coche se trasladó a los aviadores en coche al Hotel Covadonga de Oviedo, para almorzar para esa misma tarde, volver a La Morgal a ofrecer bautismos de vuelo en los que participó la “bella señorita de Coruño”, María Luisa Uría, mientras que las señoritas de Lugo, María García, María Teresa Martínez y María González, ofrecieron un ramo de flores a la aviadora. Allí mismo se organizó una romería con organillos.

La Voz de Asturias, 22 de agosto de 1929.

Para el día 23 de agosto, cuando se celebró el banquete organizado por el Ayuntamiento de Llanera, en La Morgal había tres aparatos allí estacionados. Al banquete acudieron el gobernador Zuvillaga, el presidente de la Diputación, el alcalde y el primer teniente de alcalde de Oviedo y el alcalde de Llanera, entre otros.

En el diario Región del día siguiente se nos dan los nombres de los asistentes al banquete: «La presidencia estaba ocupada por María Bernaldo de Quirós; capitán, Pérez Marín; gobernador civil, teniente señor Sampil, don Gaspar Cienfuegos Jovellanos, don Ramón Menéndez de Luarca. A la izquierda, comandante Lecea, alcalde de Llanera, señor Tresguerres, y el resto del ayuntamiento. En la otra cabecera se hallaban la señora de Cienfuegos Jovellanos; presidente de la Diputación, señor Cuesta; alcalde de Oviedo, señor Gutiérrez; capitán de aviación, señor Moreno Miró; señor Sanrandeses, don Alejandro Pidal y don Luis Herrero».

Región, 22 de agosto de 1929.

A los postres, el alcalde Tresguerres, se dirigió a los presentes para agradecer su asistencia al acto, y le pide a la aviadora que utilice su influencia para conseguir que La Morgal se convierta en una base de la aviación militar, y anunció que iba a proponer que el campo llevara el nombre del general Zuvillaga.

La aviadora pronunció unas breves palabras de agradecimiento y comprometiéndose a apoyar las pretensiones municipales, que debieron de quedar un poco apagadas cuando el capitán Pérez Marín mostró unos documentos que portaba mostrando las condiciones que tenía que reunir el campo y, claro está, los gastos tendrían que correr a cuenta del Ayuntamiento, aunque tanto el presidente de la Diputación, como los alcaldes de Llanera y Oviedo, aseguran al enviado del jefe de la aeronáutica militar, Alfredo Kindelán, que harán todo lo que sea necesario para que la base sea una realidad.

La Voz de Asturias 22 de agosto de 1929.

La tarde continuó con una verbena con música de organillos y varios bautismos aéreos, y el 24 de agosto por la mañana, María Bernaldo de Quirós levantó el vuelo en dirección a La Coruña mientras que Pérez Marín hacía lo propio rumbo a Madrid.

La peripecia vital de María de la Salud Bernaldo de Quirós se puede seguir durante los años 20 a través de los medios de comunicación, convertida en una celebridad, tanto que la empresa fabricante del avión, la británica De Havilland, le vendió un aparato a mitad de precio a condición de que lo utilizara para volar por España haciendo propaganda de la marca y de un modelo de avión pensado para la aviación de recreo, y también para una formación militar básica.

Así va a ser frecuente encontrar noticias en la prensa española narrando su viaje iniciático entre Getafe y Chinchón, para asistir a una corrida de toros invitada por el matador Marcial Lalanda, su participación en un concurso aéreo en San Sebastián, o efectuar el saque de honor en un partido de fútbol en Vigo. A lo largo de su vida dio más de 200 bautismos aéreos, muchos de ellos a mujeres. La llegada de la dictadura la dejó en tierra y los medios de comunicación no volverán a dar noticias suyas hasta su fallecimiento en 1983.

María Bernaldo de Quirós practicando la caza de la avutarda en una imagen obtenida de Internet.

Ganadería, concursos y mercados históricos en el concejo de Llanera

Foto del anuario de La Piedriquina 2020

Ya se puede encontrar en quioscos y librerías el último anuario de La Piedriquina, cuya presentación en sociedad se ha tenido que retrasar virus mediante. Vuelvo a colaborar con el mismo con un artículo que titulo de la misma manera que este artículo, que no es más que un breve resumen de lo que se puede leer en las páginas de la revista. De nuestro municipio, comparto anuario con Chema Martínez, que dedica su artículo a los lecheros y lecheras de la parroquia de San Cucufate.

En mi caso, estudio, entre mediados del siglo XIX y los años 30 del siglo XX, el desarrollo de la ganadería en el concejo, a través de los concursos y mercados de ganado cuyos orígenes también hay que buscarlos en ese siglo XIX, demostrando que la tradición de celebrar este tipo de citas ganaderas, con el fin de ayudar a los ganaderos de Llanera a mejorar su cabaña, en el municipio, es mucho más antigua de lo que se sabía hasta el momento.

Fragmento del acta del pleno del 21 de abril de 1883 en la que se aprobó la celebración del primer concurso de ganado en el concejo.

Antes de eso, ya existía una costumbre inmemorial de celebración de un mercado semanal de productos agrícolas y ganados los sábados, tal y como se deduce del acta de la sesión extraordinaria del 31 de agosto de 1872, en la que se toma la decisión de que sea el ayuntamiento quien autorice, en virtud de sus competencias administrativas, la celebración del mercado semanal “que ya en años anteriores fue concedido por la autoridad competente”, y que ahora a la vista de la conveniencia que tendría para “los intereses peculiares de los pueblos, determinó que se volviera a crear uno en Posada Capital del Concejo” y se toma como referencia el sábado, ya que en ese día “ninguno existe a una distancia considerable.” Ahí está el punto de arranque del mercado semanal de los sábados que se mantendrá hasta bien entrado el siglo XX en la capital municipal.

En abril de 1883 el pleno da luz verde a la propuesta del alcalde, Ramón García Miranda y Ablanedo, de crear una exposición de toros sementales, aprovechando que en las cuentas municipales existía la cantidad de 250 pesetas, originalmente destinada a hacer obras en la zona del mercado semanal “estimulando de esa manera el celo de los ganaderos o criadores y fomentar el mercado de ganado que sin duda reportaría veneficios [sic] al concejo”, y se comisiona al alcalde para que redacte el necesario reglamento que regule las condiciones de participación en lo que será el primer concurso ganadero celebrado en el concejo.

Punto 4 del reglamento del concurso de 1883.

Ramón García se aplicó a la tarea y en el mes de junio ya pudo llevar al pleno, concretamente el día 9, un reglamento con 16 puntos. Las cualidades a valorar por el jurado era las siguientes, recogidas en el punto 14 del reglamento: “que el novillo ó toro debe [sic] ser de raza mansa, sano, rovusto [sic] que no tenga enfermedad ó defecto impropio para mejorar la especie, bien hecho de cabeza ligera y corta, con los hojos [sic] negros y vivos, la frente ancha, los cuernos delgados y mas bien cortos que largos y de color claro, las orejas pequeñas y delgadas, el ozico [sic] fresco, los labios gruesos, anchas las espaldas y el pecho, el lomo recto y el bientre [sic] poco abultado, remos un poco cortos y bien aplomados, la cola delgada y bien poblada de cerdas, el pelo de un solo color y bien reluciente.

Casa Trina, Lugo de Llanera. Revista Asturias 1923.

Poco después, en el mes de agosto del mismo año 1883, el ayuntamiento acuerda fechar la feria bautizada como del Santo Ángel, para los tres primeros días del mes de octubre. Para darle difusión a la cita se opta por la publicación de “edictos impresos á las parroquias de este concejo y a los de la Provincia, con cargo al presupuesto de gastos para el mercado.”

Casería de Lugo de Llanera. La imagen apareció publicada en la Revista Asturias en 1919.

Corría el año 1885, cuando el ayuntamiento decide potenciar su política de apoyo a los ganaderos locales, con la instauración de un mercado de vacuno semanal, de la misma manera que ya se venía haciendo, al menos desde 1872 como veíamos al inicio del artículo, con “el de cereales y demás géneros y lo mismo el ganado de cerda.” De nuevo la iniciativa partió del alcalde y los concejales la apoyaron con su voto afirmativo. Uno de los objetivos que se buscaban con esa iniciativa era el de aumentar los ingresos fiscales del consistorio “sin recargo á los contribuyentes vastante [sic] agobiados.” La fecha fijada para poner en marcha este mercado fue la del 6 de diciembre “haciendo ver á los habitantes de este término municipal la conveniencia del mercado para que asistan con sus ganados pues es sabido que el concejo ganaría muchísimo con un centro semanal de transacciones de ganados y cereales.”

La Plaza de La Habana de Posada. La Voz de Asturias 1927.

Después de un periodo en el que la celebración de eventos ganaderos parece haber entrado en un periodo de parón, y no será hasta 1911 cuando el consistorio vuelva sobre esa idea, y el 22 de abril de ese año se retomará la determinación de organizar un concurso de ganado vacuno, ahora ya se le denomina así y no como exposición, que tendría lugar el 25 de julio siguiente. De nuevo, se justifica la organización del concurso por el “gran beneficio para la ganadería y una ventaja para el labrador”, y para dotarlo de mayor aliciente se acuerda conceder “dos premios de 100 pesetas, dos de 50 y dos de 25 para los tres toros y tres vacas de leche mejores de agricultores del Concejo”, premios que se esperaban completar con otros que se solicitarían tanto al ministro de Fomento como al presidente de la Diputación “para el concurso nacional y provincial.”

Xatas rameras en la fiesta de Sta. Bárbara de Posada de Llanera. La foto se publicó en el diario Región en 1925.

A lo largo de la década de los años 10 se van a seguir celebrando algunas ediciones más, de las que doy cuenta en el artículo. En 1916 va a ser el Sindicato Agrario Católico de Villardeveyo, el que empiece con la organización de un mercado ganadero en la parroquia, detrás del cual estaba la figura del conde de Villabona, se dirige al ayuntamiento con el fin de pedir “permiso para reunirse una vez al mes, ó un día a la semana, con sus ganados para poder hacer transacciones en el sitio denominado Villavona [sic] de la parroquia de Villardeveyo, para poder dar impulso a la industria pecuaria de este termino municipal y los pueblos limítrofes.”


Final de la esfoyaza en La Miranda. Imagen del periódico Región en 1925

Durante el periodo de la alcaldía de Celestino Tresguerres, durante la dictadura de Primo de Rivera, se retoma la iniciativa municipal de organizar concursos ganaderos. La inauguración del concurso tuvo lugar el 20 de junio de ese año 1925, tal y como desvela el diario ovetense Región el día 18. Un concurso que dice que es organizado “por entusiastas agricultores de este concejo, y al cual concurrirán con sus mejores reses, los de las once parroquias que lo componen.” Como aliciente para los participantes “se han establecido tres importantes premios, donados por el Ayuntamiento, industriales y agricultores de este término municipal”, y a la vista de la participación que se espera “es casi seguro que el concurso constituya un franco éxito”, termina el suelto.

Vista de la parroquia de Cayés. Revista Asturias 1917.

Efectivamente, debió de ser todo un acontecimiento a tenor de la información publicada en el periódico El Noroeste, unos días después, por un entusiasta cronista, que no duda en escribir que el mercado de Llanera “si se exceptúa el de Oviedo, era el mejor de Asturias”,para ello cita como fuentes de autoridad “a personas que frecuentan los mercados.” En este caso, el volumen de transacciones habría superado las “50.000 pesetas y los ganaderos de Noreña, Balbona y del mismo Llanera, hicieron compras de importancia”, con lo que augura que la convocatoria quincenal del mercado, el primer y el tercer sábado de mes, va a tener un gran impacto entre ganaderos y tratantes. En una cita que reunía tanto vacas como cabras.

Toro ganador del concurso ganadero de Llanera del año 1926. Foto del diario Región.

Además de los concursos y los mercados, se llevaron a cabo otras iniciativas para seguir con la mejora de la condición genética de los animales del concejo, por medio de la adquisición o cesión de sementales. Algunas noticias tenemos de ello en la segunda mitad de los años 20, cuando a través de los sindicatos agrarios vayan llegando al concejo toros gracias a un programa de la Diputación que se extenderá por toda la región. Esos sementales que se entregaban a las sociedades agrarias, eran de “raza suiza” pensando en mejorar las capacidades lecheras de la cabaña ganadera.

Semental cedido al Sindicato Agrario de Bonielles. Región 1926.

Todo esto y mucho más, entre ello el reglamento completo del primer concurso ganadero de Llanera, en las páginas de La Piedriquina.

El mundo castreño en Llanera

El castro del Pico Cogolla visto desde la calle Alejandro Mon de Posada, durante la nevada de enero de 2006. Foto del autor

En el territorio que hoy define nuestro concejo, nos encontramos con cinco de estos asentamientos, como son el Cantu San Pedro y El Cuetu, en la parroquia de Lugo; Picu Cogolla, en Rondiella; La Coroña, parroquia de Ferroñes; y Peña Menende, en la de Bonielles. Todos ellos fueron catalogados por el erudito de Las Regueras, José Manuel González.

Ninguno de ellos ha sido objeto de ningún estudio riguroso, que nos permita siquiera aventurar su cronología o su contemporaneidad o no, lo que obliga a que cualquier afirmación que se haga al respecto de ellos, se tenga necesariamente que mover dentro del resbaladizo terreno de las hipótesis.

El más destacado de todos ellos, es el Cantu San Pedro, que se eleva unos 25 metros en relación al terreno circundante, lo que le otorga una posición dominante con relación al territorio, predominantemente llano, que lo rodea. A pesar de la presión humana (en parte de la superficie que ocupaba el castro, se encuentra construida una vivienda, mientras que otra parte ha sido cortada limpiamente por las vías del ferrocarril), conserva la estructura mesetaria típica de estos poblados, junto con las laderas en terraza.

El Cantu San Pedro. Imagen del año 2005. Foto del autor

Su posición le permite tener una visibilidad de 360º, y mantener contacto visual tanto en El Cuetu, como con el Picu Cogolla, ambos con un aparato defensivo de mayor envergadura, y situados a una mayor altitud. En el caso de El Cuetu, se encuentra a 350 metros de altura, y todavía se puede distinguir un potente foso defensivo con forma de V. Por su parte, el Pico Cogolla, se eleva hasta los 340 metros, y las defensas se concentran en el lado oeste, ya que es el lugar más desguarnecido, formadas por un gran foso de unos 3 metros de ancho.

Todo esto ha hecho pensar a los investigadores, que estos tres recintos podrían estar relacionados entre sí, siendo El Cuetu y el Picu Cogolla, centros de vigilancia, mientras que el Cantu, podría ocupar una posición más relacionada con la producción agrícola y ganadera, funcionando así, como un centro aglutinador de población. Tampoco es descartable, en el estado actual de los conocimientos, que El Cantu fuera de fundación romana, en que se concentraría la población de los otros castros para dar origen al hábitat disperso que conformaría la fisonomía de Lucus Asturum.

Vista panorámica desde la falda del Pico Cogolla. Foto del autor.

De todos los castros de nuestro concejo, el que se encuentra a una mayor altitud relativa, es Peña Menende, que llega hasta los 481 metros, una altura ya considerable para nuestro municipio, en el cual la altura máxima es el Gorfolí con 617 metros. Por su parte, La Coroña, está a 320 metros de altitud, en una ubicación que le da una preeminencia visual sobre el valle de Ferroñes y, en días despejados, hasta el Cantábrico. Este castro es un claro ejemplo de cantera de fortuna, ya que de él se extrajeron materiales para construir el firme de la carretera que pasa por sus cercanías.

Todavía hoy se pueden apreciar vestigios de una probable muralla defensiva.Si seguimos las teorías de J. Camino Mayor, quien hace un promedio de habitantes por hectárea, atribuyendo 200 individuos por hectárea, en el caso del Picu Cogolla, cuya superficie es de 0,5 hectáreas, tendríamos un total de habitantes de 100 individuos, y de 20 en La Coroña, teniendo en cuenta que su superficie total es de 0,1 hectáreas. Lo más probables, teniendo en cuenta la morfología de estos asentamientos, es que el número de residentes fuera aún menor, además de la existencia de construcciones no dedicadas a vivienda, como almacenes o establos, por ejemplo, reducirían aún más el espacio habitable.

Castro de Areñes. Imagen de 2005. Foto del autor.

Sin embargo, hay que tener en cuenta, que los castros no serían las únicas zonas de concentración de población, sino que es perfectamente posible la existencia de un hábitat disperso, con granjas aisladas, o pequeñas aldeas, que, al ser construcciones donde los materiales perecederos sería los predominantes, no han dejado huellas de su existencia, de tal forma que los castros podrían funcionar como lugares centrales, y de articulación de la vida social de estas gentes.

El Pico Cogolla. Foto del autor.

Tablero de cancel y capiteles prerrománicos

Posible tablero de cancel procedente de Lugo de Llanera. Expuesto en el Museo Arqueológico de Asturias. Foto del autor.

Sigo con el repaso a los materiales procedentes de Llanera que se pueden ver en las salas del Museo Arqueológico de Asturias, y lo hago con un posible tablero de cancel de época altomedieval y unos capiteles prerrománicos localizados tanto en Lugo como en Villabona, aunque los que están expuestos en el museo son los dos procedentes de esta última localidad.

En excavaciones realizadas por Emilio Olávarri en los terrenos colindantes con esa antigua iglesia de Santa María de Lugo, se localizó, en 1981, un tablero de cancel que todos los autores fechan con anterioridad al periodo de la monarquía asturiana. El arqueólogo César García de Castro Valdés, por indicios indirectos le supone una cronología entre los siglos VII-VIII, algo en lo que coincide Fernando Marín, atribuyéndola a la plástica visigoda. Se encontró cubriendo una tumba de lajas datable entre los siglos VIII y X.

Por lo que se refiere a la iconografía que se recoge en esta pieza, se encuentra dividida en dos frisos superpuestos divididos por una franja de lunetos. En ambos frisos se representa a sendos leones afrontados y simétricos separados por un árbol estilizado rematado en punta de lanza y que toma la forma de cruz ansada de tradición egipcia; este árbol hunde sus raíces en el agua que da la vida, representada por los lunetos ya mencionados. Sobre los lomos de los leones aparecen representadas sendas palmeras alusivas a la flora del Paraíso. Por la parte superior y derecha se conserva parte de una cenefa decorada con motivos esquemáticos de roleos triangulares y hojas de hiedra.

Detalle del friso inferior del posible tablero de cancel. Foto del autor.

Todos estos motivos tienen su origen en Oriente ya desde la Antigüedad y llegarían a Asturias a través de objetos como telas, marfiles, etc., a lo que se añadiría la tradición local. Así, el uso de la piedra local y de la técnica del relieve en dos planos estaría preludiando lo que sería la plástica prerrománica, en opinión de César García de Castro Valdés, quien también destaca que nos encontramos ante una pieza sin parangón en la Alta Edad Media asturiana y de importancia singular dentro de lo hispánico.

Asimismo, en el Museo Arqueológico Provincial, está depositado un capitel, también encontrado en las proximidades de Santa María de Lugo de Llanera. Está trabajado en arenisca gris, cuenta con una talla de hojas carnosas, redondeadas con un grueso nervio central, lo que le lleva a afirmar a César García de Castro Valdés, que podría ser el antecedente de los capiteles que se encuentran en la arquería del ábside de San Miguel de Lillo12. Su datación es controvertida, ya que mientras el autor citado lo fecha en los siglos VII-VIII, Domínguez Perela lo sitúa en el siglo IX.

Capitel procedente de Villabona expuesto en el Museo Arqueológico de Asturias. Foto del autor.

En unas excavaciones realizadas por Augusto Díaz-Ordóñez y Bailly, conde de San Antolín de Sotillo, en los años 1926-28, en un lugar de su propiedad llamada «Mundín», en las ruinas de la capilla de Santa Eufemia, se localizaron sendos capiteles de plástica prerrománica. Se encuentran depositados en el Museo Arqueológico Provincial.

El primero de ellos es un capitel exento tallado en arenisca gris, con forma de tronco de pirámide invertida, tipología que deriva de modelos bizantinos. En sus cuatro caras aparece una decoración de sogueado, motivo que procede de la orfebrería castreña, formando arcos de medio punto ligeramente peraltados apoyados en columnillas que acogen figuras humanas que representan al llamado «hombre del bastón», tema que proviene de la cultura irlandesa y cuyo significado exacto se desconoce (obispo, pastor, representación triunfal del emperador siguiendo modelos de los dípticos romanos…); se tallan un total de ocho figuras de este tipo, dos por cada cara. En la parte superior, también repetido en las cuatro caras, dos aves de presa (águilas o buitres) afrontadas y con las alas plegadas que se disputan un cuadrúpedo (tal vez un cordero) al que sujetan por el lomo con sus garras.

Este capitel tiene unas características muy similares a los que podemos ver en Santa María del Naranco, por lo que suele fecharse en el período ramirense (842-850).

El segundo de los capiteles encontrados en la misma zona que el anterior, también está tallado en arenisca gris y tiene una forma troncopiramidal. Asimismo, volvemos a ver a las aves de presa capturando a un cuadrúpedo y los arcos de medio punto apoyados en columnillas que albergan relieves con el «hombre del bastón». Estas similitudes hacen que pueda pensarse en una relación entre ambos.

Materiales romanos expuestos en el Museo Arqueológico

Mapa de vías romanas en Asturias en el Museo Arqueológico de Asturias. Foto del autor.

Este artículo va a tratar sobre los materiales romanos expuestos en las salas del Museo Arqueológico de Asturias, y no de los materiales que a lo largo de los años se han ido localizando en el enclave de Lucus Asturum y están depositados en las instalaciones del museo. No se trata pues, de hacer un repaso concienzudo acerca de las distintas excavaciones o hallazgos más o menos fortuitos, se han llevado a cabo a lo largo de los siglos. Sirva para despertar la curiosidad y nos decidamos a visitar un museo con muy buenas colecciones y en el cual hay un pequeño rincón dedicado a nuestro concejo. Si haré una breve referencia para lamentar que el público no pueda ver interesantes restos cerámicos, sin ánimo de crítica ya que es imposible exponerlo todo, también aparecidos en la zona.

Mapa de emplazamientos castreños y romanos en Llanera. Museo Arqueológico de Asturias. Foto del autor.

La pieza más importante de todas las localizadas hasta el momento de época romana, es la conocida como Ara a los Lares Viales, localizada en la campaña arqueológica de 1989 incrustada en uno de los muros correspondientes a la antigua iglesia de Santa María de Lugo, destruida durante la Guerra Civil y nunca reconstruida. Una pieza que formó parte de las exposiciones Orígenes (Oviedo, 1993) y Astures (Gijón, 1995), y desde la ampliación y reapertura del Museo Arqueológico está expuesta permanentemente en sus instalaciones.

Ara a los Lares Viales. Museo Arqueológico de Asturias. Foto del autor.

Se trata de una pieza tallada sobre un bloque de piedra arenisca, de pequeñas dimensiones, ya que su altura oscila entre los 29,5 y los 44 cm, mientras que el ancho está entre los 19 y los 20 cm. Se le suele otorgar una cronología entre mediados o finales del siglo I d.C o el II d.C.

Sobre ese bloque se puede leer en tres líneas la inscripción: Aram Laribu(s) Vialibu(s). En la parte superior de esta leyenda se pueden ver tres pequeños huecos separados entre sí por columnillas, en cuyo interior se podrían haber albergado relieves de divinidades menores, o los símbolos de la tríada de dioses que podían adoptar los Lares en ocasiones. Así, nos encontramos con una forma, hasta el momento, única en Asturias y muy poco frecuente en el noroeste peninsular. En Asturias sólo se han encontrado otras tres dedicatorias a estos dioses, dos en Tuña (Tineo) y la tercera  en Comba (Allande).

Estas divinidades eran las encargadas de proteger los caminos y a los caminantes, de ahí que su colocación habitual se relacionaba con encrucijadas de las rutas, o próximas a las vías de comunicación. El culto a estas divinidades, fue utilizado para asimilar a los dioses indígenas incidiendo en un proceso de sincretismo religioso en unas poblaciones permeables al proceso romanizador.

Otros materiales expuestos

En el mes de agosto de 1984, con motivo de unas obras realizadas por RENFE en la estación ferroviaria de Lugo de Llanera, se encontraron varios materiales de clara filiación romana, enfrente del edifico de la estación, al otro lado de las vías. Esos materiales son ladrillos circulares que formaron parte de la suspensurae del hipocausto de unas termas, con unas alturas entre los 7 y los 8 centímetros y diámetros entre los 18 y los 23 centímetros. Así como un fragmento de ladrillo rectangular.

Vitrina con materiales romanos procedentes de Lucus Asturum. Museo Arqueológico de Asturias. Foto del autor.

Junto a ello un pequeño fragmento de mosaico con decoración tardía, y que Matilde Escortell, data de época tardía. Estos fragmentos conservan el lecho sobre el que se asientan las teselas de entre 6 y 8 mm de arista, y en las que se pueden apreciar los colores negro, blanco, rojo, gris y ocre.

Asimismo, se puede ver un pavimento de ladrillos romboidales aparecido en las excavaciones llevadas a cabo en los años 20 del siglo pasado, en el entorno de la antigua parroquial de Lugo, llevadas a cabo por José Cuesta Fernández y José Fernández Menéndez. De otras piezas halladas en esas mismas excavaciones, tal y como apareció recogido en la prensa del momento, no se tiene conocimiento de su paradero, mientras que otras deben de seguir en los almacenes del propio museo.

Suelo de ladrillos romboidales aparecido en las excavaciones de los años 20. Museo Arqueológico de Asturias. Foto del autor.

Cerámica

Como decía al principio, una breve mención a la interesante colección de fragmentos cerámicos aparecidos durante las excavaciones dirigidas por Emilio Olávarri en 1981, y que fue una de las más fructíferas por lo que a la cerámica se refiere. Se trata de trozos de terra sigillata hispanica, que es el principal tipo cerámico utilizado por los romanos para la vajilla de mesa. Estos restos han sido estudiados y publicados por Armando Fernández, quien los fecha en la segunda mitad del siglo I d.C.

En estas cerámicas se puede apreciar un repertorio iconográfico muy interesante, del que destacamos algunos ejemplos. Así aparecen representaciones de dioses, con una cabeza del dios Mercurio, o un punzón, símbolo que sirve para identificar a la diosa Fortuna; y también repertorio faunístico, en este caso un pato con las alas semidesplegadas.

Santiago de Arlós, excelente ejemplo de románico rural

Iglesia de Santiago de Arlos en una imagen de 2006. Foto del autor.

Hace unos meses dedicaba una serie de artículos a los expedientes de restauración de las iglesias de Llanera, afectadas por la destrucción durante la Guerra Civil, y una de ellas era la de Santiago de Arlós, por lo que los detalles referidos a esa reconstrucción no van a formar parte de este artículo y remito al lector interesado a ese artículo, y en el presente me voy a centrar en los aspectos artísticos de un templo que es un magnífico ejemplo de románico rural asturiano.

Es uno de los escasos templos asturianos que podemos fechar de forma aproximada recurriendo a la documentación. Sabemos que fue donada por el obispo Martín II al monasterio de San Vicente de Oviedo el 13 de octubre de 1151, tras haber recibido la Catedral de Oviedo la donación previa por un tal Petrus Guterri. Todo esto nos permite saber que esta iglesia estaría construida al menos en el segundo cuarto del siglo XII, aunque siguiendo paralelos estilísticos hay autores que la llevan al siglo XIII, lo cual puede indicar diferentes momentos en su construcción y que la iglesia se fuera enriqueciendo a lo largo del tiempo.

Portada del templo. Foto del autor.

Nos encontramos ante un buen ejemplo de románico rural al cual podemos suponerle una fundación relacionada con el Camino de Santiago, uno de cuyos ramales secundarios, concretamente vinculado al llamado Camino de la Costa, pasaba por las inmediaciones de la iglesia siguiendo un itinerario muy parecido al de la actual carretera que une Avilés con Grado donde se uniría a la ruta principal del Camino de Santiago en Asturias. Otra posible pista al respecto puede estar en la propia advocación del templo.

Es una iglesia sencilla, de proporciones modestas compuesta por una sola nave y cabecera rectangular más baja y estrecha que la nave. La cubierta de cielo raso de la nave no se correspondería con la original que sería de madera, en cambio la cabecera conserva la bóveda de medio cañón típica en estos casos. Lo que hace de esta construcción un ejemplo destacado es su decoración concentrada en la portada, el arco de triunfo, la ventana del ábside y algunos canecillos que todavía conservan su decoración escultórica.

Capitel de la portada representando a sendos caballeros practicando la cetrería. Foto del autor.

En la portada podemos ver dos arquivoltas con guardapolvos decorados con el ajedrezado, mientras que en las arquivoltas la decoración se hace por medio de pequeñas bolas helicoidales y franjas de semicírculos. Tanto las arquivoltas como el guardapolvos, apoyan en impostas con relieves de minuciosa decoración geométrica. Por debajo de estas, aparecen dos columnas en los lados más exteriores y molduras angulares en los interiores que repiten los motivos decorativos de la arquivolta correspondiente.

Capitel de la portada que simboliza la lucha entre las fuerzas del Bien y del Mal. Foto del autor.

Los capiteles de las columnas, ofrecen un relieve de gran calidad con temática figurativa. En el lado derecho aparecen dos animales afrontados que pueden identificarse como leones que aparecen devorando algo que parecen serpientes, una de la cuales aparece mordiendo el lomo del león más exterior, simbolizando el combate entre las fuerzas del Bien y del Mal. Sobre el lomo de uno de estos leones se aprecia un castillo que presenta una escalera apoyada en una de las almenas y una máscara humana. Por su parte, en el capitel de la izquierda, se representan sendos caballeros portando aves con las que practicarían el arte de la cetrería.

Detalle de la decoración del arco de triunfo. Foto del autor.

El arco de triunfo, que separa el espacio reservado a los fieles del que ocuparía el clero oficiante, vuelve a decorarse con profusión de motivos vegetales, geométricos, humanos y animalísticos como palmetas, posible representación simbólica de la flora del Paraíso, entre las que aparecen unas máscaras humanas, y una pareja de aves afrontadas (palomas o pelícanos) que parecen estar bebiendo, animal que se identifica con Jesús Salvador y la Redención. 

Decoración del arco de triunfo. foto del autor.

En la cabecera nos encontramos con dos columnillas con capiteles. En el de la derecha se ven dos animales afrontados, tal vez leones de nuevo, que parecen estar devorando un pájaro representando las fuerzas maléficas y destructivas o castigos ejemplares, y en el de la izquierda, se representa un macho cabrío con dos cuerpos que comparten una sola cabeza, representación simbólica del Demonio o el Mal. 

Ventana del ábside. Foto del autor.

Asimismo, se conservan algunos canecillos en los que podemos ver diferentes tipos de representaciones: un hombre portando sobre sus hombros un tonel, rostros humanos, elementos geométricos tipo rollos, bolas, un ratón que toca un arpa, una suerte de mono, entre otros.

Canecillos en el exterior de la iglesia. Foto del autor.

La familia Valdés y la Torre de Guyame

La Torre de los Valdés en una imagen de los años 60. Foto Archivo del Ayuntamiento de Llanera.

Como afirma el padre José María Patac en el prólogo del libro de Elviro Martínez, Cartas de Felipe II al general Pedro de Valdés, el origen de la familia Valdés estaría, siguiendo un manuscrito del siglo XVII del archivo del conde de Revillagigedo, en el siglo X, concretamente en uno de los hijos del conde D. Melén González, llamado Gonzalo Meléndez. Este personaje prestaría servicios bélicos con el rey Alfonso X el Sabio, gracias a lo cual conseguiría los señoríos de Busto y el valle del río Ese. “El apellido de esta nobilísima casa se tomó del valle de Esse que, juntando las letras, se llamó de Valdés. Llamóse de Esse por el río que corre serpiando por aquel valle en forma de s”, tal y como explica Luis Alfonso de Carvallo (1571-1635) en su obra Linajes asturianos.

Ese mismo autor nos dice que fue Rodrigo Menéndez de Valdés, a la sazón tercer señor de “las torres de San Cucado” el primero en utilizar el apellido Valdés, y que fue “rico ome” de Alfonso VIII, hasta su fallecimiento en el año 1210, recibiendo cristiana sepultura en el Monasterio de San Vicente de Oviedo. Un hijo suyo, Pedro Menéndez de Valdés, aparece citado en las crónicas de la batalla de las Navas de Tolosa, disputada en 1212, aunque se le cita como Gómez Pérez el Asturiano, y uno de sus vástagos daría origen a la familia Valdés en Andalucía.

El edificio en una imagen de 2019. Foto del autor.

De todos los descendientes de esta familia, merece mención aparte Diego Menéndez de Valdés, apodado «El Valiente», por la defensa que hizo del rey Pedro I durante la guerra que este mantuvo con Enrique II de Trastámara, hijo bastardo de Alfonso IX, quien utilizaría los señoríos que le había concedido en herencia el magnate asturiano Don Rodrigo Álvarez, para alzarse en contra de su hermanastro al que acabaría por destronar. 

Ante la situación, en 1367, se convocó una reunión en el monasterio ovetense de Santa María de la Vega, para poner en marcha una federación a favor de Pedro I. Esta reunió fue dirigida por la familia Valdés, y a ella acudieron un total de 28 concejos, tanto asturianos como del norte de León. El posicionamiento de la familia Valdés a favor de Pedro I, provocaría que su torre de Guyame fuera destruida y sus campos sembrados de sal, por Enrique como represalia por no haberle dado alojamiento en una ocasión durante la guerra.

Escudos nobiliarios de la familia Valdés, Castilla-León y Quirós. Foto del autor.

En la llamada «Leyenda del perdón», recogida por Luis Alfonso de Carvallo, se cuenta que don Diego consiguió escapar después de ser derrotado en Vega de Poja, en el concejo de Siero, y se refugió en un convento benedictino ovetense, en donde muy pronto destacó su habilidad en el manejo de las armas, lo que hizo que varios hidalgos lo convenciesen para que fuera a participar en un torneo organizado en honor del Enrique. En el transcurso del mismo, Diego Menéndez de Valdés, derrotó el solo a seis campeones franceses que habían derrotado a todos los españoles, y un séptimo pidió clemencia. Entonces el rey, después de pedirle que se descubriera, ya que no sabía de quien se trataba, le concedió el perdón y el privilegio de reconstruir sus torres a un tiro de ballesta de donde había tenido las anteriores. Privilegio que le fue refrendado por Juan II a principios del siglo XV.

A su muerte, don Diego y su mujer, doña Mencía de Nava, fueron enterrados en el monasterio de San Francisco de Oviedo (hoy desaparecido) junto a las gradas del altar mayor, en dos sepulcros con sus respectivas estatuas sostenidas por doce leones, y con los escudos de las familias Valdés y Nava.

La torre de los Valdés 

Detalle de la torre. Foto del autor.

Los orígenes de lo que podemos ver hoy hay que buscarlos en la segunda mitad del siglo XII, momento en el cual García González erigiría las primitivas torres. Posteriormente, en 1262, el rey Alfonso X redacta una carta en la que ordena destruir torres y castillos en Asturias, entre las que se encontraba la de Guyame.

En 1393, tras conseguir el perdón real, Diego Menéndez de Valdés recibe la autorización para edificar una torre en el lugar llamado El Pico, próxima a los palacios de la Viña, con “su corral y barrera, y casa, y almena y mando” tal y como se recoge en un albalá de Enrique III, por el cual le permite la finalización de la edificación de “sus torres viejas”, privilegio éste que fue confirmado por Juan II en 1412. Esta alusión a las “torres viejas” hace sospechar a José Luis Avello la existencia de más de una torre, sospecha que ve corroborada por el testimonio de Luis de Valdés “al señalar que la casa de Valdés se encontraba ‘apartada de la vieja (Torre del Pico) a tiro de mosquete’; seguramente pudo haber ocupado la superficie en la que hoy se asienta el llamado Palacio de San Cucao (Villanueva)”.

Parte trasera del edificio. Foto del autor.

Si a todo esto añadimos las sucesivas remodelaciones y obras diversas realizadas en los siglos XIX y XX, no es extraño que lo que nos ha llegado hasta hoy sea un conjunto muy diferente del que debió de haber sido en su origen.

La construcción es del tipo palacial rural, formada por una torre de planta cuadrada, de tres pisos y remate almenado (remate que en fotos antiguas vemos con una cubierta de teja a cuatro aguas), con un cuerpo rectangular adosado en el siglo XIX, de dos plantas y desván, también rematado en almenas. En la fachada este de la torre se conserva una de las ventanas geminadas originales con tres escudos de armas, modelo que se utilizó para construir los vanos de la fábrica neohistoricista. Los escudos están tallados directamente sobre la piedra y son: Valdés, Castilla y León y Bernaldo de Quirós. Las armas de los Valdés que aquí se ven son las más antiguas que se conocen de este linaje. 

La disposición interior no se adapta a los esquemas palaciales tradicionales, sino a las necesidades funcionales para su uso como residencia. 

Imagen de los años 60. Archivo Ayuntamiento de Llanera

Los palacios del siglo XVII en Llanera (y II): Villabona

El Palacio de Villabona en una imagen de los años 60. Foto Archivo del Ayuntamiento de Llanera

Se trata de un edificio construido en dos fases separadas por unos cuarenta años de diferencia, en un solar propiedad de la familia Alonso de Villabona al menos desde finales del siglo XV. En 1615, Toribio Alonso de Villabona y su mujer Quiteria González de Oviedo y Portal fundan el mayorazgo de la casa y en 1619 inician su actividad constructora ordenando levantar en la iglesia de san Miguel de Villardeveyo, la capilla mayor con patronato, asientos, armas y sepulturas, conjunto del que desgraciadamente no se conserva resto alguno.

El matrimonio será el responsable de contratar las primeras obras del futuro palacio que no fueron otras que las de la torre que todavía hoy podemos admirar, en cuyo interior se construyó una capilla, luego convertida en oratorio, dedicada a los Reyes Magos. Eso fue en 1623 y el encargo se otorgó a Juan de Naveda una figura sobre la que merece la pena detener la vista por un momento.

El palacio en los años 60. Foto Archivo del Ayuntamiento de Llanera.

Nacido en San Mamés de Aras (Voto, Cantabria) en torno al año 1590, fallecerá en León en 1638 mientras dirigía las obras de la catedral, Juan de Naveda Sisniega fue discípulo de Juan de Herrera, arquitecto conocido por haber sido el responsable del Monasterio de San Lorenzo del Escorial, y eso le convertirá en una de las figuras fundamentales en la extensión de los postulados clasicistas por el norte de la península. Naveda llega a Asturias en el año 1621, después de haber estado trabajando en el conjunto ducal de la localidad burgalesa de Lerma, para hacerse cargo de las trazas de las Casas Consistoriales de Oviedo y, a partir de ese año, irá dejando por la región un conjunto de obras notables como es el caso de la Capilla de la Concepción en la torre de La Pedrera (Villaviciosa), la girola de la Catedral de Oviedo, el Palacio de Peón (Villaviciosa) o la rehabilitación del Palacio del obispo Valdés (Gijón).

La torre alberga en su interior la capilla dedicada a los Reyes Magos. Foto del autor.

En 1623 el insigne arquitecto dejará perfilados los planos de la capilla del Palacio de Villabona en los que se puede leer de su puño y letra: “Esta es la traza y planta hecha por Juan de Naueda, maestro arquitecto de las obras de Su Magestad, de la hermita que a de haçer Juan Gómez, maestro de cantería, delante de su casa en el lugar de Villabona, concejo de Llanera. De lo qual otorgaron escritura oy, veynte y cinco de septiembre de mil y seiscientos y veynte y tres. Y esta planta y alzado, cosido con ella, quedó en poder del dicho Toribio Alonso de Villabona” (Pedrayes, 1996), y siguen las condiciones que van a regir la construcción entre las que se incluye la fecha tope para la finalización de los trabajos: el primero de octubre de 1624. La piedra necesaria para llevar a cabo la obra tenía que proceder de la cantera gijonesa de Ruedes, según otra de las condiciones fijadas en el acuerdo.

Inscripción inserta en el muro de la torre del palacio. Foto del autor.

Al término de las obras se requirió la presencia de Naveda para solventar el pleito por la tasación de las obras generado entre el comitente y el maestro cantero, Juan Gómez, una valoración fijada finalmente en 2.300 reales. Una construcción inscrita dentro de los parámetros clasicistas definitorios del estilo de Juan de Naveda, un estilo centrado en lo esencial y en potenciar las armonías geométricas entre los distintos elementos que configuran la construcción. En este caso, la capilla se va a cubrir con una bóveda vaída, con pechinas y arcos de medio punto apoyados en pilares sobre una planta de cruz griega. En las pechinas se pueden ver unos tondos con las efigies de san Antonio Abad, san Francisco, san Ignacio y otro santo cuya identificación se ha perdido. En el centro de la bóveda se representa la Cruz de la Victoria.

El edificio visto desde Veyo. Foto del autor.

En la faja que rodea la capilla aparece la siguiente inscripción: “ESTA. CAPYLLA. / HYZYERON. A SV COSTA. TORYBYO ALONSO DE VILLA.BONA SEÑOR DE LA CASSA. DE VILLA.BONA. Y QVYTERYA. GONCALEZ DE OVYEDO Y DEL PORTAL SV. MUG / ER. A HONOR DE LOS TRES SANTOS. REYES. MAGOS. LA DOTARON / CON. DOZE MYSSAS. DE ANYBER / SSARYO. CADA. AÑO. DYCHAS. DENTRO. DE SV OCTABARYO. SOBRE. ESTAS CASSAS QVE ESTAN. DEBAXO DELLA CON SV CERCADO Y A / SYENTO Y VYENES. A ELLA ANEXOS. AÑO. M.DC.XX.V”.

Capilla que contenía un pequeño retablo fechado por Germán Ramallo en 1625 y del que dice que contenía un relieve central con la Adoración de los Magos. En su día, Ramallo todavía pudo ver algunos elementos de un retablo que encontró “desmontado y utilizado como objeto decorativo en sus diversos elementos”. Se conservan “dos tablas, una de gran calidad, con un relieve de la Virgen, el Niño y san José, y otra con la representación de santa Olaya (santa Eulalia)” (Rodríguez, 2007).

Escudo de la familia Alonso de Villabona. Foto del autor.

En la puerta de acceso a la capilla desde el exterior, nos encontramos con una portada románica procedente del antiguo monasterio de Santa Clara, ubicado en Oviedo y hoy sede de la Agencia Tributaria. Esa portada es uno de los pocos elementos conservados de la fábrica románica de un monasterio que en el siglo XVIII sufrió profundas y polémicas modificaciones. En el siglo XIX fue afectado por la desamortización y la parte antigua del monasterio se derribó en 1902, momento en el que se pudo hacer el traslado hasta Villabona.

Inicialmente el conjunto se reconstruyó en la zona de acceso a la finca del palacio, lugar en el que se mantuvo hasta el momento en el que un camión sufrió un accidente a consecuencia del cual la portada se vino abajo. Después de que los restos estuvieran algún tiempo esparcidos por la finca, se decidió su reubicación en la puerta de entrada a la capilla del palacio.

Escudo de la familia Portal en la fachada del palacio. Foto del autor.

Esa portada está formada por una serie de sillares bien trabajados que alojan un arco semicircular formado por dovelas sin decorar y un guardapolvo de puntas de diamante. Por comparación con fotografías antiguas, se puede ver que ambos elementos presentan una curvatura más pronunciada de la que tenían originalmente, al mismo tiempo que lo que eran canecillos, bajo el tejaroz, ahora aparecen colocados en sendas esquinas con fines más decorativos que prácticos, mientras que el arco y el guardapolvo apoyan en sendos capiteles, uno con decoración de tipo vegetal, sostenidos en dos columnillas adosadas que no tienen nada que ver con la primitiva fábrica románica. Por encima de esa portada y en el antepecho del segundo de los vanos, encontramos la siguiente inscripción: “ESTA CASA CON / SUS ARMAS FUE TRANSLADADA I INCORPORADA / CON ESTA CAPILLA A EXPENSAS DE LOS SEÑO / RES BALTHASAR DE VBON SUBCESOR DUE / ÑO I POSEEDOR DELLA I DOÑA THERESA DE RI / VERA SV MVGER COMENZOSE ESTA HOBRA AÑO DE 1661 ACABOSE AÑO DE 1669 OÑOS”. 

Vista general del palacio. Foto del autor.

La torre de tres pisos está horadada por dos vanos de buenas dimensiones, ambos rematados en medio punto y clave, de piezas más regulares en el primero, mientras que el superior presenta una mayor irregularidad en el tamaño de los bloques que le dan forma. A su lado se coloca el escudo de la familia Quintana. El último piso, separado del inferior por una línea de imposta resaltada en relación al muro, únicamente está iluminado por dos saeteras rectangulares.

La información ofrecida por la inscripción nos dice que entre la finalización de las obras de la capilla y el inicio de las del palacio propiamente dicho se dejaron pasar casi 40 años, probablemente siguiendo los planos que el propio Juan de Naveda pudo dejar dibujados en su día. En todo caso, la fusión entre una construcción y otra está resuelta con calidad.

Pieza situada en el muro exterior de cierre de la finca del palacio. Foto del autor.

La nota discordante vendría impuesta por la presencia de una segunda torre flanqueando la fachada, que rompería con la proporción general de la construcción en tanto en cuanto estaría desplazada en relación al eje de simetría del resto de elementos constructivos. Esa torre no se ha conservado y, posiblemente, no estaría incluida en el diseño original. La fachada del palacio se organiza de una forma simétrica, con dos pisos, por los tres de la torre, que traslucen al exterior la distribución interior de los espacios de habitación. Así, la parte baja acoge la gran puerta de entrada, flanqueada por dos pequeñas saeteras rematadas en venera, a una suerte de recibidor a cuyos lados se abren sendos espacios probablemente destinados a almacenes, que tiene su traducción al exterior en dos grandes vanos con antepecho y rematados en medio punto.

Esta parte baja tiene su correlato en el piso superior con la ventana que marca la presencia de la zona noble del palacio con el gran salón. Vanos que al contrario de lo que sucedía con los del piso bajo, aparecen ligeramente decorados con unas molduras rectas, a lo que se añade, en los vanos laterales, un alfeizar saliente. El central que sería el correspondiente de forma directa con el salón, se destaca con un pequeño balcón de poco vuelo sobre una cornisa también moldurada. A ambos lados se colocan sendos escudos de las familias Alonso de Villabona y Portal para reforzar el aire noble que caracteriza a toda la construcción.

Posible canecillo románico colocado en el muro de cierre de la finca. Foto del autor.

La presencia de los muros vistos permite apreciar las diferencias en el uso del material según se trate de los paramentos o los vanos y esquinales. Sillarejo de piezas irregulares es el utilizado para los muros, mientras que los elementos que no aparecerían cubiertos por algún tipo de revoco presentan sillares bien escuadrados y de mayor tamaño.

Los espacios internos del palacio se organizan en torno a un patio con cuatro columnas de orden toscano, el orden que el arquitecto renacentista italiano Andrea Palladio (1508-1580) consideraba como el más puro y simple de todos los órdenes arquitectónicos. Columnas sobre las que se levanta un corredor de madera tallado con una estética barroca construido en 1940. En un año indeterminado posterior a la Guerra Civil, se sustituyó el corredor de la fachada sur por una galería acristalada. En los años 20, se trasladó la escalera de acceso al segundo piso originalmente pegada al muro norte de la torre y la capilla.

Declarado en 1982 Monumento Histórico Artístico de carácter nacional, el Palacio de Villabona es hoy en día, sin ningún género de dudas, el mejor ejemplo de arquitectura nobiliaria conservado en el concejo.