Como un préstamo de la familia Polo al ayuntamiento terminó en pleito

Seguramente habrá personas a las que el nombre de Felipe Polo así a bote pronto no le diga muchas cosas, pero si añado el dato de que fue (a su pesar) suegro de Franco, entonces la cosa seguro que cambia un poco y ya ubicamos al personaje, incluso en sus propiedades, por parte de la familia de su mujer, en La Piniella en la parroquia de San Cucufate. Para esta entrada de hoy hay que remontarse a finales del siglo XIX, para seguir la pista de la historia.

Lo primero sería explicar que las finanzas de los ayuntamientos hasta bien entrado el siglo XX, vamos hasta el regreso de la democracia, eran del todo caóticas y los municipios apenas si eran capaces de recaudar lo suficiente para hacer frente a los gastos corrientes. El caso de Llanera, en ese sentido, era paradigmático lastrado como estaba por no tener un sistema eficaz de recaudación y por los altos niveles de contrabando, tal y como podemos leer en diversas actas municipales, y a los que seguramente acabaré por referirme en alguna entrada en este mismo blog.

Así, no era extraño que de cuando en cuando, el ayuntamiento recurriera a solicitar préstamos a particulares o a poner en marcha colectas entre los vecinos a los que se ofrecía un porcentaje de rentabilidad, como si de un préstamo bancario se tratara.

Acta del pleno del 21 de noviembre de 1896.

Para el tema que nos ocupa nos vamos al año 1896, cuando en el pleno del 21 de noviembre, bajo la presidencia del alcalde Ramón García Miranda y Ablanedo (todo un personaje, todo hay que decirlo, y al que también le prestaré una atención especial), se informa a la corporación del recibimiento de una carta firmada por Felipe Polo y Juan Ávila, maridos de las hijas de Ramón Martínez Valdés, Pilar y Ramona, en la que reclaman la cifra de 8.000 pesetas prestadas al ayuntamiento para financiar las obras de la carretera entre San Cucufate y la capital municipal. El pleno decide nombrar una comisión formada por los concejales, José González Solares y Severino López Coto para proceder a la liquidación del préstamo.

Acta del pleno del 21 de noviembre de 1896.

El ayuntamiento no debió de agilizar mucho las gestiones, habida cuenta de que algo más de un año más tarde, concretamente en enero de 1898, el asunto vuelve de nuevo al pleno municipal, ante la insistencia de Felipe Polo y de Juan de Ávila por resolver el asunto. Tema por lo demás antiguo, ya que según se recoge en el acta del pleno, el préstamo se había hecho en el ya lejano año de 1864.

Así lo pusieron de manifiesto varios exconcejales llamados por el alcalde para aclarar la situación, acordándose de nuevo nombrar una comisión que procediera a la liquidación de las cantidades que se adeudaran «teniendo en cuenta que esos señores deven [sic] satisfacer y dar como cantidades recibidas todas las cantidades que adeudaban como contribuciones de consumos y contingente provincial desde el día del otorgamiento de la Escritura (del préstamo) hasta el día de la liquidación», como se recoge en el acta del pleno del 8 de enero de 1898. En caso de que los herederos no aceptaran este acuerdo, el ayuntamiento iría a los tribunales.

Acta del pleno del 8 de enero de 1898.

Así llegamos al año 1900 y al acta del pleno del 17 de noviembre, en la cual encontramos dos datos relevantes. Uno que el asunto finalmente llegó a juicio y que el préstamo lo había hecho Ramón Martínez Valdés siendo él alcalde de Llanera. En el pleno, los concejales que intervinieron pusieron de manifiesto que «poco o nada se les debe», y fueron los ediles Víctor Rodríguez Ablanedo y Manuel Ablanedo y Álvarez, quienes desvelaron que el dinero prestado por Ramón lo había sido durante su periodo como alcalde, y con la única finalidad de «faborecer [sic] sus propiedades de San Cucufate», de ahí que el ayuntamiento «debe defenderse y no pagar cantidades que no debe».

Por otro lado, desvelan que la casa de La Piniella no pagaba la contribuciones, y ponen el acento en que la mala administración, tanto por parte de la familia como por parte del ayuntamiento, está provocando el aumento de la deuda, y se muestran convencidos de que «si viviesen los padres políticos del los demandantes hijos pertenecientes a una de las principales familias de este concejo, no tolerarían jamás que se llevara este asunto más que al terreno de la amistad.» Antes de la votación, que arrojó un resultado unánime de defender los intereses del ayuntamiento por la vía judicial, el concejal Ramón Martínez Coto, tío de los demandantes, abandonó el Salón de Plenos.

Acta del pleno del 17 de noviembre de 1900.

Las actas de los plenos del Ayuntamiento de Llanera, no nos dan más información al respecto, ni siquiera a través de la prensa hemos podido localizar información acerca de cómo terminó el pleito, pero lo que sí sabemos es que las disputas entre la familia y el ayuntamiento y vecinos de la zona, no terminaron ahí.

Así El Noroeste, el 5 de octubre de 1907, informa de la puesta a disposición judicial del vecino de San Cucufate, Vicente Martínez Díaz, por ser el autor de la extracción de 30 metros cúbicos de tierra de una finca al parecer propiedad de Felipe Polo.

El Noroeste, 5 de octubre de 1907.

Un hecho que es bastante posible que tuviera que ver con la disputa sobre un terreno comunal en la zona, como pone de manifiesto la solicitud que Felipe Polo hace al ayuntamiento, vista en el pleno del 29 de mayo de 1909, en la pide que se proceda al deslinde y se amojone, un terreno en abertal, denominado Los Peñones, que linda con terrenos comunales de la parroquia de San Cucufate, en el término de La Cogolla. El pleno acuerda que el perito municipal, Joaquín Suárez González, y los concejales Víctor Rodríguez Ablanedo, Manuel Alonso Rodríguez y Tomás González Vega, visiten los terrenos en cuestión y fijen el deslinde entre los terrenos.

Acta del pleno del 29 de mayo de 1909.

El asunto quedó zanjado en el mes de junio, en el plenario del día 26, aunque en esta ocasión la finca propiedad de Felipe Polo, recibe el nombre de La Requejada.

Esa solución aprobada por el ayuntamiento en pleno, no fue del gusto de los vecinos de la parroquia, quienes se dirigieron al plenario municipal en el mes de julio, para manifestar su descontento, y acusar a Felipe Polo Flórez, como representante legal de su mujer, Ramona Martínez Valdés, de «tratar de apropiarse de un terreno en el monte común llamado La Cogolla, cuyo monte está exceptuado de la venta á favor de aquel vecindario», de la misma manera que otro particular está tratando de hacer en el mismo monte. Ante la situación, el pleno acuerda dejar el asunto pendiente de resolución a una próxima sesión, aunque el mismo nunca volverá a constar en ningún acta de sesión.

Acta del pleno del 10 de julio de 1909.

Y este no sería la única discrepancia que tendría la familia con el ayuntamiento, como ya vimos el pasado mes de agosto, cuando publicamos el artículo El ayuntamiento investigó a Franco por el cierre de una finca. Fue en 1936.

Unos años antes, en 1926, la iglesia de San Juan el Real de Oviedo, acogía los funerales por Felipe Polo Flórez, cuyos restos fueron luego trasladados al cementerio del Salvador, tal y como podemos leer en el diario Región del 23 de junio.

Región, 23 de junio de 1926.

El ayuntamiento no se libró de los cacos

Como cualquier otro vecino, faltaría más, los cacos también tenían las puertas abiertas del ayuntamiento para plantear su problemática concreta, aunque también es cierto que les gustaba más acceder al interior del edificio consistorial con nocturnidad y alevosía, para llevar a cabo sus intenciones delictivas en el interior del mismo. Así aconteció en al menos cuatro ocasiones en los años 30, una en 1931 y las otras tres en un breve intervalo de tiempo entre los meses de mayo y agosto de 1934, como así ha quedado reflejado en seis actas de sesiones plenarias del Ayuntamiento de Llanera.

Severino Coterón, a la sazón alcalde del municipio, informó a sus compañeros de corporación, en la sesión el 25 de mayo de 1931, que el sábado anterior se había producido un allanamiento de la Casa Consistorial, después de que los asaltantes accedieran al interior a través de la puerta del patio, que les permitió, a su vez, abrir la puerta del juzgado (ayuntamiento, juzgado y calabozos compartían el mismo edificio), para luego acceder a las oficinas «violentaron los cajones de la mesa de Intervención y el archivador del Sr. Secretario, abrieron los cajones de las mesas de Secretaría e intentaron abrir sin conseguirlo, la mesa del salón de sesiones», tal y como se recoge en el acta plenaria.

Fragmento del acta del 25 de mayo de 1931, en la que se informa sobre el asalto sufrido por el ayuntamiento unos días antes.

Una vez revisado parece que la acción de los amigos de lo ajeno se limitó a dejar papeles revueltos, sin que se echara nada en falta, lo que no impidió que el domingo por la mañana, al detectarse la intrusión, se diera parte a la Guardia Civil, al Juzgado y al gobernador, quien procedió al envío de varios agentes de policía.

Más fructífero para los ladrones resultó el asalto producido en la madrugada del 8 al 9 de mayo de 1934, que se saldó con un botín de 65,20 pts. Esta vez los asaltantes fueron más osados que los de tres años antes, y accedieron al consistorio por la puerta principal para luego pasearse a sus anchas por las oficinas de recaudación de las cédulas personales, de secretaría y de intervención. El alcalde informa al pleno de que están informadas del hecho la policía, la Guardia Civil y el Juzgado para poner en marcha la correspondiente investigación.

Fragmento del acta del pleno del 9 de mayo de 1934.

De nuevo en julio el ayuntamiento recibe tan indeseada visita, y esta vez es el secretario municipal quien traslada a los concejales la información acerca del allanamiento el sábado anterior. Según el informe del secretario municipal, no se nota la falta de ningún documento, aunque el hecho de que violentaran las mesas, los armarios y revolvieran el archivo, hace que se vaya a tardar un tiempo en comprobar si efectivamente falta alguna cosa o no. El funcionario pide a los concejales que «se adopten medidas de seguridad que pongan fin a estos frecuentes robos que deterioran el mobiliario y originan grandes molestias al desordenar todos los papeles».

Fragmento del acta del pleno del 6 de julio de 1934 el cual el secretario informó del último asalto sufrido por el ayuntamiento pocos días antes.

Para mantener la racha, en agosto se volvió a las andadas, concretamente el día 16. El secretario y el interventor se quejan de que el archivo quedó completamente desordenado, aunque no parece haber desaparecido ningún libro de actas o de contabilidad o de documentos relevantes. Lo que sí se llevaron los cacos fue una de las dos máquinas de escribir Continental con las que contaba el ayuntamiento, lo que supone un trastorno importante para el desarrollo de la actividad normal del consistorio.

Uno de los concejales, Benigno Cuervo, recuerda a sus compañeros que en una sesión anterior, se había tomado la decisión de «reforzar las ventanas y puertas con barras de hierro y que ya debió de haberse hecho». El alcalde afirma que se hizo el encargo al taller de los González, pero que estos aún no han cumplido con el mismo. Agustín González, también concejal, insiste en que esas barras «no deben ponerse en determinadas ventanas o huecos sino en todos, sin excepción alguna».

Fragmento del acta del pleno del 22 de agosto de 1934.

Si en los asaltos anteriores no tenemos noticia acerca de si los autores fueron detenidos o no, en este caso sí sabemos que en el mes de septiembre, estaban puestos a disposición del Juzgado de Oviedo, varios individuos acusados de ser los autores del robo de la máquina de escribir, instrumento que, además, iba a poder recuperar el ayuntamiento, junto con los «demás objetos robados», según la información ofrecida por el alcaldes a los ediles en el pleno del 12 de septiembre.

Fragmento del acta del pleno del 12 de septiembre de 1934.

Unos días después, el 26, se discute en pleno si al ayuntamiento le merece la pena personarse en la causa contra los últimos asaltantes del edificio consistorial, tomándose la decisión de no hacerlo habida cuenta de que se habían recuperado los objetos robados, y de acelerar las gestiones con el fin de colocar trancas en puertas y ventanas «y nada más para evitar gastos». Las arcas municipales no estaban para alegrías y menos que lo iban a estar.

Acta del pleno del 26 de septiembre de 1934, en el cual el ayuntamiento decide no personarse en la causa contra los asaltantes.

El teatro aficionado en Cayés en los años 20 y 30

Integrantes del Cuadro Artístico de Coruño. Región 23 de abril de 1926.

Dedicaba mi artículo anterior a contar las andanzas del Cuadro Artístico de Lugo, en una primera aproximación al teatro aficionado en nuestro concejo, en las décadas de los años 20 y 30. Esta vez fijo la atención en los entusiastas del arte de Talía en la parroquia de Cayés, concretamente del barrio de Coruño, y, en menor medida también en los de Posada, de los que hay muy pocas referencias en la prensa del momento, lo que me hace pensar, al menos de momento, que tuvo menos arraigo esta afición teatral.

La primera mención a la existencia de un grupo de teatro en el barrio obrero de Coruño, vinculado a la Fábrica de Explosivos, la encontramos en una breve información publicada en La Voz de Asturias, el 24 de febrero de 1926, en la que se explica que el domingo anterior, un grupo de jóvenes había organizado una velada teatral, no se nos dice donde aunque previsiblemente sería en el mismo local en el que la Sociedad El Recreo llevaba a cabo sus actividades, con la puesta en escena de la obra Los peligros de mentir, una «hermosa comedia» que se representó «muy a satisfacción del numeroso público que acudió a presentarla».

La Voz de Asturias, 24 de febrero de 1926.

El Salón García de Lugo de Llanera, unos días después, fue el escenario que vio una nueva representación de esa obra, dejando «una grata impresión» entre el público de Lugo, recoge la La Voz de Asturias, en una información que nos permite conocer los nombres de los integrantes del grupo. En el primer acto intervinieron Fermín González interpretando a De Gálvez; Juan Alonso (Juanito); José Pérez (don Rafael); Celso Díaz (Mateo); Pepe (Jacinto) y Francisco «El Boy» (Liana). En el segundo acto, el protagonismo fue para Valerio Quesada (Bartolo), David «Pupín» (Gazpachu); Luis Menéndez (Bastián) y Jerónimo Macías como apuntador.

La Voz de Asturias, 28 de febrero de 1926.

Animados seguramente por la buena acogida, el grupo volverá visitar el Salón García un mes después, para levantar un programa doble formado las obras El médico a palos de Moliere, y ¡Una limosna por Dios! Un grupo al que debía de dominar un gran entusiasmo, ya que apenas dos meses después, en mayo, ya estaba en disposición de presentar al público otro programa doble formado esta vez por El alcalde de Retortijo, D. Quico Polaina de las Verdes Praderas y el monólogo La buena crianza o tratado de urbanidad. Repertorio que ofrecieron a su público de Coruño en una función en su barrio de origen, y que repetirían al jueves siguiente en Lugo, en el Salón García.

La Voz de Asturias, 9 de mayo de 1926.

Un andar frenético que en algún momento y por circunstancias que desconocemos, se debió de detener, si bien no por mucho tiempo, hasta que uno de sus integrantes David, apodado Pupín, se hizo cargo del mismo pasado el Cuadro Artístico de Coruño a denominarse Cuadro Artístico Pupín, y con esa denominación lo encontramos ya en 1927, en lo que según La Voz de Asturias, era la reaparición del grupo sobre los escenarios. El grupo estaba en ese momento «organizando sus ensayos y presentarán al público un buen escogido programa», con la vista puesta en el día de san José, fecha prevista para el estreno del grupo ante el público. Un grupo formado por «expertos jóvenes obreros y esperamos de tan excelentes artistas unos grandes éxitos teatrales».

La Voz de Asturias 24 de febrero de 1927.

La reaparición tuvo lugar en la fecha prevista en el Salón La Lula, con una estructura de programa ya clásica en el grupo de dos obras teatrales y un monólogo. En este caso, se abrió la función con El miedo ridículo, obra en un acto con Fermín González (Amo de la casa), José Pérez y David «Pupín» (criados) y Ángel Lozano (viajante). Vino seguida por El que la hace la paga o ratones en trampa, con José Pérez, F. González, David «Pupín», Jerónimo Macías, José Antonio y los niños Luis M., Juan A., Ángel L., Francisco J. y Avelino Díaz. «Pupín» cerró la velada recitando el monólogo ¡Cuando el güelu lo diz…! El corresponsal de La Voz de Asturias terminaba su crónica diciendo: «Dado el buen aliciente del Cuadro Artístico, ya visto en otras ocasiones, es de esperar que tendrán un éxito resonante, y del resultado de la velada se dará a conocer a los lectores de este diario».

La Voz de Asturias, 18 de marzo de 1927.

Y así lo hizo unos días después, concretamente el 25 de marzo. De ahí sabemos que el Salón La Lula registró un lleno hasta la bandera, con los actores a la altura de las circunstancias, saldando la primera de las obras con actuaciones que «rayaron a gran altura en la interpretación de dicha obra», mientras que en la segunda todos ellos, niños incluidos, «dijeron admirablemente sus papeles, y el público, agradecido, obsequió al cuadro con muchos aplausos», mientras que el vestuario y el decorado fueron «muy elegante y adecuado», respectivamente. El recitado del monólogo final «dejó al público sin aliente de tanto reírse, recibiendo el incipiente actor calurosos aplausos».

El domingo de la Pascua de 1927, los de Cayés volvieron al Salón La Lula, esta vez para ofrecer al público el monólogo ¡Pobre melandru!, de Pachín de Melás.

Pasará prácticamente un año hasta que volvamos a tener noticias del grupo teatral cayesino, y será con motivo de una actuación conjunta que llevará a cabo junto con el cuadro artístico de la capital municipal. Ambos grupos unieron fuerzas para ofrecer un programa de monólogos asturianos el 25 de marzo de 1928, en el local de Los Chicos, cuya ubicación se nos oculta. El programa incluyó Los rapazos cantariegos, original de Pachín de Melás, interpretado por Antonio y José María; seguido por ¡Pobre melandru! a cargo de «Pupín» y de Lozano, mientras que el propio «Pupín» ponía fin a la función interpretando «La buena crianza o tratado de urbanidad en 17 minutos», que ya formaba parte del repertorio del grupo cayesino desde 1926.

La Voz de Asturias, 25 de marzo de 1928.

Una breve parada para hacer referencia al grupo teatral de Posada, integrado por jóvenes que también formaban parte del equipo de fútbol aficionado El Rápido, y que también serán responsable de la organización de alguna edición de las fiestas veraniegas de la capital municipal, lo que demuestra que se trataba de un grupo muy activo, sin bien no le darían continuidad a la afición teatral, y esa actuación conjunta con sus vecinos de Cayés es una de las dos únicas referencias que tenemos de ello.

El grupo había debutado en febrero de 1928, con la obra El médico a palos, obra que «fue un éxito grande (…) saliendo el público, que era numeroso, gratamente impresionado de la labor notable de los mismos», en una función en la que todos los actores «desempeñaron su papel a las mil maravillas; por eso queremos citarlos individualmente, por que todos tienen muy bien ganado el galardón artístico por su labor educativa».

Región 24 de febrero de 1928.

Después de esa función, el grupo de Coruño parece haber pasado por una etapa de crisis, con un primer anuncio de reaparición para marzo de 1929 en el Salón García de Lugo, reaparición que finalmente no se pudo hacer por causas ajenas a la voluntad del grupo, como explica el diario Región el 14 de marzo de 1929, fijando la fecha definitiva para una semana después. La ausencia de noticias del grupo hasta dos años más tarde, nos hace sospechar que la vuelta a las tablas se hizo esperar más de lo deseado.

Cuando los de Coruño recuperen el grupo teatral, la prensa lo tratará como si fuera un grupo de nueva creación, y se fija su primera actuación para el mes de octubre de 1931 en el local Zapaterín, en la capital municipal. Una velada que daría comienzo a las ocho y media de la noche, con un programa compuesto por textos de Pachín de Melás, como eran Arre Moricu, La herencia de Pepín, y Xuacu busca criau y na… más, junto con Un match de boxeo, de Nieva. «Dado el sugestivo programa es de esperar que obtendrán un buen lleno y nos congratulamos de que los éxitos de tan noveles actores sean coronados».

Región, 11 de octubre de 1931.

«El domingo y con un lleno insuperable, ha debutado en el salón El Zapaterín el novel Cuadro Artístico de Coruño». Así se inicia la breve crónica que incluyó Región en sus páginas unos días después del debut. En ella se nos informa de que el grupo ofrecerá el mismo programa que en Posada, en el salón de El Andaluz, en Pruvia, el domingo siguiente. Una función que no pudieron culminar con éxito, debido a que a la hora de iniciar la función, tal y como podemos leer en La Voz de Asturias del 24 de octubre de 1931, unos chavales azuzados por uno de ellos, interrumpieron la función «abusando de la educación de los jóvenes forasteros» y faltando al respecto a varias de las mujeres allí presentes, de tal forma que el anónimo cronista pide mayor presencia de las autoridades en la zona para que sucesos así no volvieran a repetirse.

Para resarcirse del mal sabor de boca, el grupo fue muy bien recibido en el salón de Amalio Prieto en Balboa (Siero), y la próxima función tenían previsto ofrecerla en la Venta del Escamplero, en el vecino concejo de Las Regueras.

La mala experiencia en Pruvia, no les hizo desistir de volver a acudir a la misma, y para febrero de 1932 tenían previsto el regreso, esta vez con un programa estrenado en el Salón Maravillas de Coruño, propiedad de Vicente Suárez, compuesto por Timidito y Francón, obra en un acto, ¡Ya me ha tocado! y La herencia, de Pachín de Melás. El mismo repertorio lo llevarán a Cancienes al mes siguiente.

Región, 13 de febrero de 1932.

La última noticia que tenemos referida a este grupo con anterioridad a la guerra civil, está fechada el 9 de abril de 1932, cuando el diario Región anuncia que para el día siguiente, el colectivo llevará a cabo una actuación en la Plaza de Abastos de Posada con un programa que se abrió con Los malditos, comedia dramática en dos actos de ambiente asturiano con la participación de Lola Menéndez, Eloína Villa y Libertad Fernández. La segunda obra iba a ser Júntate con buenos y se cerraría con Los años del tío Figuas (juguete cómico en un acto).

La función iba a ser benéfica a favor de María Luisa, hija de Manolo Belín, con el fin de recaudar fondos para la compra de un elemento ortopédico para una de sus piernas. Se pusieron a la venta localidades al precio de 50 céntimos los adultos y de 30 céntimos para los menores, que se podían adquirir en los establecimientos comerciales siguientes: Don Antonio Carús, La Venta del Gallo; Aurelio, Puente de Cayés; Peluquería Rogelio, Coruño; Casa Laureano, Posada; Viuda de Jesús, San Cucufate; Bonifacio, La Miranda; Los Ferroviarios y José Pina, Lugo de Llanera.

Región, 9 de abril de 1932.

El cuadro artístico de Lugo en los años 20

Integrantes del cuadro artístico de Lugo. Región 5 de febrero de 1926.

Las páginas de los periódicos La Prensa y El Noroeste del 18 de abril de 1922, incluían una información acerca de la fundación en Lugo de Llanera, de un «casino recreativo que a la vez que servirá de expansión y divertimiento los días festivos, lo será para la realización de actos culturales». Para contribuir a esos fines, se fundaba al mismo tiempo un cuadro artístico «bajo la genial dirección de nuestro querido y respetable amigo don José Tolosa Comaporada».

Cuando aparece esta información en ambos medios, el incipiente grupo teatral ya había debutado poniendo sobre las tablas un programa doble formado por las obras El tapete verde y El veneno. La sede de ese casino y lugar de actuación del grupo teatral, se encontraba en las inmediaciones de la estación ferroviaria, y el estreno de la función teatral con programa doble, tuvo lugar después de un baile que, al parecer, estuvo muy animado, cosechando después los actores el «agrado del público, que premió con aplausos la labor de los incipientes actores, especialmente del niño Alfredo Blanco, que admirablemente hizo dos principales papeles», según se puede leer en El Noroeste.

La Prensa, 18 de abril de 1922.

El trabajo del grupo hubo de ser intenso y con mucha afición, porque para el mes de abril ya tenían previsto el estreno de otros dos textos, como eran El taller del carpintero y A bofetadas, obras en las que iban a debutar «las simpáticas jóvenes de la localidad Amada Menéndez y María Menéndez», tal y como nos informan desde las páginas de El Noroeste, en el mismo día en el que se iba a producir el estreno, el domingo 28 de abril. Ante el estreno «existe en este vecindario gran interés por presenciar la labro de los artistas».

El Noroeste, 28 de abril de 1922.

A pesar de esos inicios tan prometedores, no volveremos a tener constancia de la actividad de este grupo, hasta que unos años después la localidad recupere la existencia de un nuevo grupo teatral. Así, habrá que esperar hasta 1926 para conocer la fundación de un nuevo grupo a cargo de «unos cuantos jóvenes, entusiastas del arte de Talía», según se explica en La Voz de Asturias del 3 de enero de 1926, y que son los que aparecen en la fotografía con la que abrimos este artículo.

Unos días antes de la publicación de la noticia, ya habían dado comienzo a los ensayos «de varias obras teatrales, entre las cuales figuran algunas de ambiente asturiano», con la vista puesta en el estreno previsto para el día 6 de enero a las nueve de la noche, en el Salón García «aprovechando la circunstancia de ser la festividad de Reyes». Según el periodista «es digna de encomio la obra que se proponen realizar estos jóvenes de Lugo, así el nivel cultural de su pueblo».

La Voz de Asturias, 3 de enero de 1926.

En febrero, La Voz de Asturias, nos informa de que el grupo, en lo que era su segunda representación, había puesto sobre las tablas la comedia La chaqueta parda y la obra costumbrista Secadiella. En palabras del cronista en la primera de las obras destacaron «las simpáticas y bellas señoritas Amada Menéndez y Maruja Genúa [sic]«, quienes «se nos mostraron como dos consumadas actrices (…); Julio Sanz, en su papel de Juan, estuvo admirable, y el simpático Jesús Casaprima, muy requetebién en lo suyo».

En el segundo de los montajes, los actores más destacados fueron Felipe González, Manuel Menéndez y Jesús García Suárez. El cierre al programa teatral lo pusieron Amada Menéndez y Álvaro A. Suárez-Puerta, con el recitado de varias composiciones poéticas. El periodista felicita efusivamente a todos los integrantes, especialmente «a los cultos jóvenes don Álvaro Álvarez Suárez-Puerta y don Julio Copa, presidente y vicepresidente de dicha agrupación cultural».

La Voz de Asturias, 3 de febrero de 1926.

Lamentablemente de nuevo nos encontramos con la falta de información acerca de la posible continuidad o no, que pudiera haber tenido este grupo, ya que a partir de aquí ya no vuelve a asomarse a las páginas de los periódicos. Posada y Cayés también tendrán sus propios cuadros artísticos, de los que me ocuparé en otra ocasión, especialmente del segundo que tuvo mayor continuidad, y que nos demuestra que en los años veinte la afición por el teatro estaba muy extendida por el concejo.

La inauguración de las escuelas de Robledo

Las antiguas escuelas de Robledo, convertidas en albergue juvenil, en una imagen de 2005. Foto del autor.

En el mes de septiembre de 1930 tuvo lugar la inauguración oficial de las escuelas de Robledo, en un edificio destinado a albergar a niños y a niñas, en aulas separadas eso sí, y vivienda del maestro. Una obra que fue patrocinada por el indiano natural de la localidad, Casildo López Martínez (Robledo, 1851- Camagüey, Cuba, 1935), quien también patrocinará la construcción de la carretera desde Castiello hasta Casa Carmen Les Caleyes, la traída de agua y la reparación de la capilla de la Concepción.

Estamos pues ante un edificio de arquitectura indiana que revista un carácter único en Asturias, por la aplicación de criterios decorativos de raíz historicismo, merced a los remates almenados que podemos ver en los porches de acceso, y en la zona central de la fachada enmarcando de una forma preeminente la placa de mármol en la que se puede leer: «Escuela de Nuestra Señora del Carmen, donada por el Sr. Casildo López Martínez a su pueblo natal de Robledo. Julio 16 de 1930». Vemos que la fecha de finalización de la obra no coincide con la fecha de su inauguración oficial.

Detalle de la placa que corona la fachada de las escuelas. Foto del autor.

Casildo López, también conocido como Casildo Coto, hizo fortuna en Cuba, concretamente en la población de Camagüey gracias al comercio y a la ganadería, y la primera noticia que tenemos de su actuación en el concejo, al menos por lo que a la prensa se refiere, la tenemos en una noticia publicada en El Noroeste, el 24 de agosto de 1921, como patrocinador de una misa de requiem por los soldados fallecidos en el norte de África en la guerra con Marruecos, y que se celebró en la parroquial de Lugo de Llanera.

El Noroeste, 24 de agosto de 1921.

En relación al tema que nos ocupa, las escuelas, tanto El Noroeste como Región, se hicieron eco en sus páginas del acuerdo tomado por la Comisión Permanente del Ayuntamiento de Llanera, de dar «las más expresivas gracias al acaudalado comerciante de La Habana don Casildo López, por su donativo de cinco mil pesetas, cuya cantidad será invertida en la construcción de la carretera en proyecto que enlazando con la de La Campana irá al pueblecito de Bayo [sic], por Robledo». Asimismo, se anuncia que en breve, también a sus expensas, se levantará «un edificio escuela y casa habitación para el maestro». Era el año 1928.

Región, 5 de septiembre de 1928.

Tan agradecida fue la inversión de esos dineros en el concejo, que el ayuntamiento en el pleno del 17 de noviembre de ese mismo año 1928, además de manifestar su agradecimiento por las 5.000 pts., se acuerdo nombrarle hijo predilecto del municipio, un título que «se le comunique en un pergamino artístico que la [Comisión ]Permanente encargará a quien corresponda».

Fragmento del acta del pleno municipal del 17 de noviembre de 1928, declarando a Casildo López hijo predilecto del concejo.

Honor que se ampliaría unos días antes de la inauguración de las escuelas, cuando la Comisión Permanente tome, entre otros, el acuerdo, a propuesta del alcalde, de colocar en el salón de plenos un retrato de Casildo López, y, al mismo tiempo, se diera su nombre al tramo de carretera por él patrocinado. Finalmente, el domingo 14 de septiembre de 1930, tuvo lugar la solemne inauguración del edificio escolar y entrega oficial del mismo al ayuntamiento.

El listado de asistentes incluyó, entre otros, al alcalde Eugenio Vázquez; los concejales, Benjamín Valdés, Laureano Casaprima, José Menéndez, Severino Coterón, Anselmo Suárez, José Díaz Pedrosa, Bonifacio Álvarez y Antonio Carril; junto con el anterior alcalde, Celestino Tresguerres; el gobernador, Rosón; o el eclesiástico, Aurelio Gago, encargado de la bendición del edificio y de oficiar una misa posterior, en la capilla de la Concepción cuya restauración también patrocinó nuestro indiano.

Crónica de la inauguración de las escuelas de Robledo. La Voz de Asturias, 16 de septiembre de 1930.

Para dar la bienvenida a los invitados, en el pueblo se instalaron sendos arcos de triunfo, y después de un recorrido por el interior del edificio, la esposa de Casildo López, Carmen Machado, procedió a descorrer la cortina y dejar a la vista la placa conmemorativa. En su discurso, el gobernador destacó que «el hombre que construye una escuela, restaura una iglesia y abre un camino, ha fundido en una sola obra los tres grandes ideales de la humanidad». En el mismo local de la escuela, donde estaba colgado el retrato del patrocinador, obra del pintor Duarte, se ofreció un banquete preparado por Cándido Muñoz.

Su sobrino Fructuoso Hevia, fue el encargado de leer un breve discurso en nombre de Casildo, en el cual, entre otras cosas decía: «Hasta hoy me pareció estéril mi vida, a pesar de la titánica lucha sostenida allende los mares; desde hoy parece que una voz interior me dice: Has hecho un bien a tus semejantes».

Dos imágenes de la inauguración de las escuelas. La Voz de Asturias 16 de septiembre de 1930.

Una vez concluido el discurso, Celestino Treguerres, propuso, y así fue aceptado por los presentes, que el ayuntamiento iniciara un expediente para solicitar al Gobierno de España la concesión de la Cruz de Alfonso XIII a Casildo López. Expediente que desconocemos si llegó a tramitarse.

Las escuelas tardaron un poco más en entrar en funcionamiento, ya que hasta febrero de 1931, no se entregó al inspector provincial de Primera Enseñanza, tal y como nos informa El Noroeste, el expediente de esta escuela y de la de Cayés. Esa situación provocó que el concejal Valdés Medio, preguntara en pleno en el mes de marzo, sobre la situación de dicho expediente, recibiendo la respuesta de estaba esperando «el resultado de unas gestiones particulares que se están realizando con el donante del edificio», según podemos leer en El Comercio y en El Noroeste.

El Comercio 27 de marzo de 1931.

En noviembre de 1931 la escuela mixta de Robledo, a cargo de maestro, ya aparece en la relación de escuelas creadas, y en julio de 1932, la maestra reclama el abono de la consignación de material para el centro educativo, lo que nos hace sospechar que en ese año la escuela ya estaba a pleno rendimiento.

Un robo de cine

La estación ferroviaria de Villabona fue el escenario en el que se perpetró lo que podríamos denominar un robo de película. No porque fuera especialmente llamativa la forma de llevarlo a cabo, o porque el ladrón desplegara una habilidad especial, sino simple y llanamente porque los objetos robados fueron dos películas de nombres tan sonoros como Las castigadoras de Broadway y Gallardo y calavera. A todo los hechos saltaron a las páginas de los periódicos El Noroeste y La Voz de Asturias, un 5 de febrero de 1931. Esas fuentes son las que utilizamos para dar forma a este artículo.

Titular de La Voz de Asturias, 5 de febrero de 1931.

Al principio la Compañía del Norte, empresa encargada de la explotación de la línea ferroviaria, no tenía claro si las películas se habían extraviado o si habían sido objeto de un robo, y publicó un anuncio para solicitar la devolución de las cintas si alguien sabía de su paradero. Fue el 26 de enero cuando la policía de Gijón recibió la noticia del robo de las películas, encargándose de la investigación el inspector González Casanave. A los pocos días recibió el soplo de que alguien andaba por Gijón ofreciendo la venta de las películas, lo que fue aprovechado por el inspector y otro agente, para proceder a la detención de un tal Hermógenes Castañón, de 42 años de edad, y como señala La Voz de Asturias «conocido profesional contra lo ajeno».

Después de varias declaraciones titubeantes acerca de si había tenido cómplices o no y sobre el destino de las películas, Castañón terminó confesando haber sido el único autor del robo, aprovechando que el tren se había detenido en la estación de Villabona para hacerse con los seis rollos de Las castigadoras de Broadway y los dos de Gallardo y calavera. Rollos todos ellos que había ocultado en un matorral en las proximidades de Lugo de Llanera. Asimismo, declaró que el industrial gijonés La Osa, iba a ser el destinatario de las cintas.

Programa de mano de la película Las castigadoras de Broadway.

Encaminada la policía hacia el escondite señalado por el caco, por cierto que el valor de lo robado era ni más ni menos que de 42.000 pts de la época, allí estaban únicamente los rollos de una de las películas, sin que la prensa nos informe de cual de las dos se trataba. Eso hizo que los agentes gijoneses se desplazaran en moto a Oviedo para poner el hecho en conocimiento de sus colegas de la capital asturiana al tanto del hecho.

Estos que ya debían de tener a sus sospechosos habituales, apenas si tardaron unas horas con localizar en un chigre de La Manjoya la película que faltaba, además de otra serie de objetos también procedentes de robos. Cuando la prensa nos informa de los hechos, la policía seguía investigando la posible implicación en el hecho del cuñado del ladrón confeso, trabajador del Ferrocarril del Norte, que bien le podría haber dado el soplo sobre el traslado de las películas.

La noticia en La Voz de Asturias del 5 de febrero de 1931.

En cuanto a las películas, Las castigadoras de Broadway es una comedia musical estrenada en 1929 y producida por la Warner, y era una de las primeras películas musicales que se rodaron en color, y en ella se cuenta la historia de tres chicas que intentan conseguir que un millonario patrocine su espectáculo de Broadway. En el año de su estreno fue la película más aclamada por el público norteamericano.

Por su parte, Gallardo y calavera, es igualmente una comedia, romántica en este caso, en la que un joven de la aristocracia londinense y crápula de profesión, se enamora de una chica en un viaje en tren a Biarritz, y después de las idas y venidas típicas de este tipo de argumentos, la cosa termina en boda.

Cuando en San Cucufate cazaron un dragón, o casi

Titular en La Voz de Asturias del 30 de enero de 1926

Hoy un breve artículo para comentar un hecho curioso acontecido en la parroquia de San Cucufate allá por 1926, o sea, hace poco menos de un siglo, y del que se hizo eco La Voz de Asturias en enero de ese año. El caso es que los vecinos de la zona empezaron 1926 con una extraña inquietud debido a la presencia de un «ser extraño» que, según algunos testigos, hacia su acto de aparición en horario nocturno en los aledaños de la «fuente llamada de Sobiña [Soviña]»

Como suele ocurrir con esta clase de relatos, cada uno que lo contaba iba añadiendo características a la aparición. Así, en el artículo periodístico se decía que por los ojos «despedía chispeantes llamas y producía un imponente ruido», descripción que atribuía el periodista a «personas desocupadas», que le daban al «cosu» características propias de un dragón.

Un anónimo redactor que, si bien reconocía no creer en tales cosas ni considerarlo tema adecuado para ser llevado a letras de molde, se veía obligado a hacerlo «a instancias de queridos amigos y lectores que desean su divulgación para patentizar una vez más la incomprensión de determinadas personas».

Sea como fuere, la noticia de semejante aparición fue corriendo por la parroquia, hasta que un valiente, como lo define nuestro cronista aunque deja en la oscuridad la identidad del mismo, decidió formar un grupo para poner fin a la aparición de ser tan enigmático. La convocatoria tuvo éxito, logrando reunir a una treintena de vecinos, aunque en el titular eleva su número a 50, cada uno de ellos pertrechado con su garrote correspondiente, que una cosa es no creer en apariciones, y otra muy distinta, acudir a una cita así sin ir debidamente protegido.

Esos «aguerridos defensores de la tranquilidad pública«, se acercaron con las debidas precauciones a la fuente, donde detectaron la presencia del extraño ser. Suponemos al jefe de la cuadrilla dar la orden de ataque, a la que responderían todos a una, para liarse a garrotazos con la criatura, algo que parece ser que hicieron con especial energía hasta que, en un momento dado «alguien se dio cuenta de que la víctima de la paliza era un muñeco debidamente preparado y un aaaah unánime puso fin a la batalla», según podemos leer en La Voz de Asturias.

De esa forma tan chusca se puso fin a las apariciones de ser tan extraño, y como cierra su artículo el periodista de La Voz de Asturias: «si supiéramos que éramos atendidos nos atreveríamos a pedir una recompensa para aquel que le puso fin con su decisión valerosa».

Para cerrar les dejo la captura con la noticia completa.

Noticia completa tal y como apareció publicada en La Voz de Asturias el 30 de enero de 1926.

El Santofirme se echó al mar

Para Llanera el Picu Santufirme es uno de esos puntos geográficos que, al mismo tiempo, tienen mucho que decir en nuestra historia. No en vano en sus laderas está localizado uno de los cinco castros existentes en el municipio, por allí han aparecido restos romanos, e incluso mucho más antiguos, restos de instrumental del Paleolítico, lo que nos dice que los humanos llevamos pasando por esa zona desde hace milenios. Eso, sin olvidarnos de que es fundamental para entender la historia minera de Llanera en general y de Villabona en particular, y centro de reunión social todos los 1 de mayo, gracias a la jira que durante décadas organizó la asociación de vecinos CAFAMILU y que sigue viva.

Todo eso es bastante conocido, pero lo que ya no lo es tanto, y yo hasta 2009 no lo supe, es que el Santufirme también sirvió para bautizar a un barco, un vapor más exactamente. Esto lo supe gracias a Álvaro Álvarez, aplicado estudioso de todo lo que tiene que ver con la parroquia de Villardeveyo fundamentalmente, y que en ese año 2009 escribió un artículo en la revista del III Encuentro de Amigos y Vecinos de Villardeveyo, motivo por el cual yo publiqué, a mi vez, un artículo en el periódico El Tapín de noviembre de 2009, haciéndome eco del que iba a publicar Álvaro. Con parte de esos datos escribo ahora este artículo más breve que aquel.

El vapor Santofirme en el puerto de Vigo en 1921 cargado de soldados con rumbo a Melilla. Foto del archivo fotográfico de la ciudad de Vigo.

La historia del Santofirme, como fue bautizado, comienza en 1896, cuando en los astilleros británicos de Sunderland, se bota el King Edgar, una nave que tiene casi 93 metros de eslora, 13,24 de manga y 6 de puntal, capaz de transportar hasta 4.400 toneladas repartidas en cuatro bodegas, y que puede alcanzar una velocidad de 9 millas a la hora. Un barco que recalará en el País Vasco donde es bautizado como Elorrio, primero, y como Begoña nº 1 después, pasar a llamarse Santofirme cuando llegue a Asturias y finalizará sus días bajo el nombre de Vicente Figaredo, cuando en 1934 sea desguazado en Bilbao.

Reproducción de la fotografía el Santofirme que incluyó Álvaro Álvarez en su artículo.

A finales de 1919 A finales de 1919, la Sociedad Luis Ibrán Armador, decide afrontar la compra del Santofirme por un precio de 4 millones de pesetas. La fuerte demanda que había de carbón tanto para la industria como para el ferrocarril, explica que se creara la naviera Sociedad Luis Ibrán Armador, que contará con una flota de cuatro buques destinados, fundamentalmente, al transporte de carbón hacia Bilbao y Barcelona.

Al final de su vida útil, el Santofirme-Vicente Figaredo habrá recorrido casi 300.000 millas marinas, en 147 singladuras, en las que se le cargaron y descargaron 540.000 toneladas de mineral, datos todos ellos que aparecen recogidos en el artículo de Álvaro.

Datos estadísticos relativos al vapor Santofirme, publicados por Álvaro Álvarez.

Entre las vicisitudes sufridas por la embarcación, en el año 1924 sufriría una colisión contra un objeto flotante, otra contra el vapor Eugenio Dutrus, además de tener que entrar de urgencia en el puerto de Lisboa por una avería en la máquinas.

Cinco años después, pasará un mes en dique seco para una revisión general que costó 115.000 pesetas de 1929, y dos años después, la tripulación se pondría en huelga para pedir un aumento de salarios, algo que finalmente se conseguiría. Una tripulación formada por casi 40 marineros, la mayoría de ellos asturianos, aunque también contaba con gallegos, cántabros, vascos y un cartagenero, todos ellos al mando del capitán Antonio Casariego.

Artículo de mi autoría publicado en El Tapín en noviembre de 2009.

En 1923 muere Luis Ibrán, y en 1926 Vicente Figaredo forma la Compañía Vicente Figaredo Armador con la flota ya reducida a sólo dos barcos, el Inocencio Figaredo y el Santofirme. Vicente Figaredo fallecerá en 1929, y en 1932 se hace cargo de la naviera Minas de Figaredo con la creación de una sección marítima.

En 1933, cuando ya se denominaba Vicente Figaredo, el buque sufrió una importante vía de agua a la altura de Valencia, cuando estaba en ruta hacia Barcelona con una carga de carbón, avería que obligó a tener que traerlo remolcado hasta el puerto de Bilbao, donde la sociedad marítima de Minas de Figaredo, decidió venderlo para chatarra.

Portada de la revista del III Encuentro de Amigos y Vecinos de Villardeveyo.

“Valorado contablemente el buque en 259.340 pesetas y recuperadas 82.500 como importe de su chatarra, más otras pequeñas compensaciones, la naviera anota en sus cuentas de 1933 una pérdida de 164.083 pesetas”, se dice en el artículo de Álvaro. Triste final para un barco que en su primer año de trabajo dejó un producto bruto de explotación algo superior al millón de pesetas.

Así se puso fin a la historia de un buque que había sido capaz de completar 147 singladuras, en las que habría transportado del orden de 540.000 toneladas de mineral, a puertos como Barcelona, Tarragona, Bilbao, Málaga, Huelva, Cartagena, Sevilla, Almería y Cádiz. En sus viajes de regreso solía llenar sus bodegas con cereal, pirita para las fábricas de explosivos, superfosfatos o ceniza, además de haber contribuido al esfuerzo bélico español en Marruecos, con el transporte de tropas, en dos ocasiones, al puerto de Melilla, como podemos ver en la foto que se muestra al inicio del artículo.

La fundación del Club Llanera de La Habana

Don Pancho, primer presidente y fundador del Club Llanera de La Habana, con su familia en Cuba. Revista Asturias 23 de agosto de 1918.

Desde que a mediados del siglo XIX se levantaron las restricciones a la emigración y hasta los años 30 del siglo XX, la isla caribeña de Cuba fue uno de los destinos principales de la emigración de nuestros convecinos de Llanera en un volumen ciertamente considerable, ya que nuestro concejo fue uno de los de principal emigración ultramarina de toda la región. Lógicamente, los emigrantes cuando llegan a un nuevo lugar buscan el apoyo de sus compatriotas, y de ahí la formación de sociedades como el famoso Centro Asturiano de La Habana, además de asociarse por los lugares de origen, para así seguir manteniendo, en cierta medida, el contacto con el lugar de nacimiento.

El ejemplo más antiguo que tenemos de organización de los asturianos allende los mares, lo tenemos en México, país en el que la colonia asturiana en 1732, funda un colectivo con el fin de celebrar la fiesta de la Santina en la iglesia conventual de Valvanera. En Cuba, esas asociaciones, con la finalidad de ayudar a aquellos compatriotas a los que no les iban bien las cosas, dieron comienzo en 1877 con la Sociedad Asturiana de Beneficencia de La Habana. En 1892 se inaugura la sede del Centro Asturiano de La Habana.

Natural de Carbayal de Bonielles, don Pancho fue el impulsor del Club Llanera de La Habana.

Nuestros convecinos no tomarán la iniciativa de asociarse hasta que un grupo de naturales del concejo, se reúna un 8 de agosto de 1912 y tome la iniciativa de formar lo que será conocido como Club Llanera de La Habana, cuya presentación en sociedad tendría lugar el 2 de mayo del año siguiente, por medio de una jira celebrada en la finca La Lira en Arroyo Apolo. Su primer presidente y el más longevo en el cargo fue Francisco García Suárez (Carbayal de Bonielles, 1864 – La Habana, 1923), gracias a permanecer al frente de la sociedad entre los años 1912 y 1920.

Menú servido en el banquete de fundación del Club Llanera de La Habana.

La forma de dar a conocer la idea de la asociación fue a través de la prensa, con la publicación de una convocatoria dirigida a todos los naturales de Llanera residentes en La Habana con el objeto de fundar un club o sociedad “que además de servirnos de lazo de unión, nos permitiera iniciar obras beneficiosas en nuestro solar nativo, que demostrase a los de allá, que los que aquí seguíamos teniendo el mismo cariño, la misma devoción, por el lugar donde vimos la luz primera”.

La primera reunión se mantuvo el 8 de agosto de 1912 y una semana más tarde quedaba configurada la directiva encargada de poner en marcha al colectivo, encabezada por Francisco García Suárez, en ese momento vicepresidente del Centro Asturiano, acompañado por José María Martínez Álvarez como vicepresidente, Luis García Suárez en el cargo de tesorero, y con José Suárez Vega en el de secretario, además de un total de 22 vocales.

Integrantes del Club Llanera de La Habana, con su presidente en el centro, en una imagen publicada en la Revista Asturias en 1915.

Para ilustrar la portada del programa de la jira con la que el Club se presentó en sociedad en mayo de 1913, se eligió una imagen del Molinón de Guyame, y el menú consistió en un total de nueve platos, incluido el postre, entre los que había una fabada aderezada con unas morcillas “hechas expresamente en Llanera, para esta jira”, tal y como se dejaba constancia en dicho programa.

Ese mismo día se llevó a cabo la bendición del estandarte del Club, bordado en Oviedo por Carmen Flores, por aquel entonces prometida del futuro presidente, Manuel Menéndez Díaz, en un acto en el que ejerció de madrina Teresa Pujol, esposa de don Pancho, mientras que su hijo Francisco ofició de portaestandarte.

Carmen Flores, autora del estandarte del Club Llanera.

El club iniciará su andadura con la nada despreciable cifra de 200 socios, y aunque sufrirá una escisión muy pronto con la fundación del Círculo Llanera, en 1923 ambas sociedad se reunificarán de nuevo en una sola. En agosto de ese año se nombra una nueva junta directiva reunificada celebra una reunión y en ella se decide nombrar a Joaquín Ablanedo presidente de la Comisión de Propaganda. Todos unidos bajo la presidencia del natural de Guyame, José María Martínez.

Reproducción de la invitación para participar en el banquete fundacional del club, para la cual se utilizó una imagen del molinón de Guyame

Dejo para próximos artículos desgranar más detalles sobre el Club Llanera de La Habana, sobre la figura de don Pancho y acerca de los proyectos, unos fallidos y otros culminados con éxito, auspiciados por nuestros coterráneos desde la distancia y que hoy son parte de la historia y del paisaje de nuestro concejo.

El vampiro de Santa Cruz

Titular en el periódico El Noroeste el 24 de abril de 1917

Hace algo más de un siglo ya, cuando un vecino de Santa Cruz saltaba tristemente a la fama periodística, al ser el autor de un crimen de los calificados como horrendos, en Avilés, y que sería recordado como el vampiro de Santa Cruz o de Avilés según se mire su lugar de procedencia o el lugar del crimen, una historia que personas mayores de la parroquia me reconocían que se la contaban sus padres de niños, y a la que nunca hicieron mucho caso al pensar que se trataba de una historia inventada por ellos con el fin de meterles miedo, pero que en realidad nunca había ocurrido algo así.

Como la realidad siempre se empeña en superar a la ficción y a la imaginación de los humanos, la historia resultaba ser cierta. Fue en 1917 cuando el suceso saltó a las páginas de los periódicos con motivo del juicio al que se enfrentó Ramón Cuervo (1891-1917), de mote Ramón de Paulo, por el asesinato en Avilés del niño, Manuel Torres Rodríguez, en Avilés, para luego beber su sangre con el fin de poner fin a una enfermedad, tuberculosis pulmonar, con la que había regresado de su estancia en la isla caribeña de Cuba.

Ramón Cuervo.

Los testimonios en su contra en el juicio, empezaron pro los de un droguero avilesino, que le vendió un frasco de cloroformo, y el de un joven de la calle Galiana, José Rodríguez, de mote Carolo, a quien Ramón había convencido de que lo acompañara a un descampado, y al que dejó marchar al considerar que el chaval «estaba algo raquítico, después de preguntarle si se hallaba enfermo», como se recoge en la información del periódico gijonés.

Sin embargo, el testimonio de mayor peso sería el de la vecina de Grandiella, María Martínez, quien aseguró haber visto al acusado irse con la víctima camino de un monte cercano, y regresar en solitario. La exhaustiva investigación policial, llevó al análisis de la materia fecal del acusado, a cargo del químico Juan Álvarez Casariego y el doctor Covián, quienes concluyeron la presencia de sangre en la misma. En ese punto de la investigación, el acusado seguía negando haber cometido crimen alguno.

Detalle del artículo aparecido en El Noroeste el 24 de abril de 1917.

De nuevo interpelado por el juez Eduardo Prada, el acusado terminó reconociendo que había utilizado una ampolla de cloroformo, con el niño Manuel Torres, a quien había localizado en la zona de La Magdalena y al que llevó con engaños al «monte Arabuya, en donde le aplicó el cloroformo, y después de efectuado, con un cortaplumas que le ocupó el Juzgado, le hizo una ó dos heridas en la yugular, donde aspiró la sangre que brotaba», nos cuenta El Noroeste.

Realizada la fechoría, regresó a la pensión en la que se alojaba para, a la mañana siguiente, salir en dirección a su casa de Santa Cruz, donde fue detenido. Durante el interrogatorio, reconoció que el motivo de su acto criminal había sido la creencia «de que con ello recobraría su salud, y que tal consejo se lo diera un negro de Sagua la Grande (Cuba)».

El Noroeste, 24 de abril de 1917.

En Santa Cruz siempre quedó la duda de si su convecino habría tenido algo que ver en la desaparición de una niña de la parroquia, acontecida unos dos años antes y vecina de la casa de Ramón, una desaparición coincidente en el tiempo con el regreso, ya enfermo, del emigrante de la isla caribeña. Unos rumores a los que desde El Noroeste «no dábamos eco atribuyéndolos á fantasías populares, pero estas van adquiriendo cuerpo, los sacamos á la luz por ser del dominio público y habérsenos asegurado que la autoridad tiene conocimiento de ello y se propone hacer indagaciones para ponerlo en claro».

También Ramón Rayón hará mención al suceso en su periódico artículo que enviaba a la Revista Asturias. En este caso para dar respuesta al corresponsal del periódico ovetense El Carbayón, quien habría insistido en «que el asesino es de Llanera y que en Avilés no hay gente de esa calaña, diré que aquí tampoco existe», y no dudaba en definir a Ramón como «una aberración de la naturaleza».

Revista Asturias, 10 de junio de 1917.

En el mes de abril permanecía en la prisión avilesa, hasta que en mayo un juez decreta su traslado a la prisión de Oviedo y ahí se pierde la pista de Ramón Cuervo. Hay quien afirma que murió en prisión y quien dice que saltó del carro en el que era trasladado a prisión.