Seguramente habrá personas a las que el nombre de Felipe Polo así a bote pronto no le diga muchas cosas, pero si añado el dato de que fue (a su pesar) suegro de Franco, entonces la cosa seguro que cambia un poco y ya ubicamos al personaje, incluso en sus propiedades, por parte de la familia de su mujer, en La Piniella en la parroquia de San Cucufate. Para esta entrada de hoy hay que remontarse a finales del siglo XIX, para seguir la pista de la historia.
Lo primero sería explicar que las finanzas de los ayuntamientos hasta bien entrado el siglo XX, vamos hasta el regreso de la democracia, eran del todo caóticas y los municipios apenas si eran capaces de recaudar lo suficiente para hacer frente a los gastos corrientes. El caso de Llanera, en ese sentido, era paradigmático lastrado como estaba por no tener un sistema eficaz de recaudación y por los altos niveles de contrabando, tal y como podemos leer en diversas actas municipales, y a los que seguramente acabaré por referirme en alguna entrada en este mismo blog.
Así, no era extraño que de cuando en cuando, el ayuntamiento recurriera a solicitar préstamos a particulares o a poner en marcha colectas entre los vecinos a los que se ofrecía un porcentaje de rentabilidad, como si de un préstamo bancario se tratara.

Para el tema que nos ocupa nos vamos al año 1896, cuando en el pleno del 21 de noviembre, bajo la presidencia del alcalde Ramón García Miranda y Ablanedo (todo un personaje, todo hay que decirlo, y al que también le prestaré una atención especial), se informa a la corporación del recibimiento de una carta firmada por Felipe Polo y Juan Ávila, maridos de las hijas de Ramón Martínez Valdés, Pilar y Ramona, en la que reclaman la cifra de 8.000 pesetas prestadas al ayuntamiento para financiar las obras de la carretera entre San Cucufate y la capital municipal. El pleno decide nombrar una comisión formada por los concejales, José González Solares y Severino López Coto para proceder a la liquidación del préstamo.

El ayuntamiento no debió de agilizar mucho las gestiones, habida cuenta de que algo más de un año más tarde, concretamente en enero de 1898, el asunto vuelve de nuevo al pleno municipal, ante la insistencia de Felipe Polo y de Juan de Ávila por resolver el asunto. Tema por lo demás antiguo, ya que según se recoge en el acta del pleno, el préstamo se había hecho en el ya lejano año de 1864.
Así lo pusieron de manifiesto varios exconcejales llamados por el alcalde para aclarar la situación, acordándose de nuevo nombrar una comisión que procediera a la liquidación de las cantidades que se adeudaran «teniendo en cuenta que esos señores deven [sic] satisfacer y dar como cantidades recibidas todas las cantidades que adeudaban como contribuciones de consumos y contingente provincial desde el día del otorgamiento de la Escritura (del préstamo) hasta el día de la liquidación», como se recoge en el acta del pleno del 8 de enero de 1898. En caso de que los herederos no aceptaran este acuerdo, el ayuntamiento iría a los tribunales.

Así llegamos al año 1900 y al acta del pleno del 17 de noviembre, en la cual encontramos dos datos relevantes. Uno que el asunto finalmente llegó a juicio y que el préstamo lo había hecho Ramón Martínez Valdés siendo él alcalde de Llanera. En el pleno, los concejales que intervinieron pusieron de manifiesto que «poco o nada se les debe», y fueron los ediles Víctor Rodríguez Ablanedo y Manuel Ablanedo y Álvarez, quienes desvelaron que el dinero prestado por Ramón lo había sido durante su periodo como alcalde, y con la única finalidad de «faborecer [sic] sus propiedades de San Cucufate», de ahí que el ayuntamiento «debe defenderse y no pagar cantidades que no debe».
Por otro lado, desvelan que la casa de La Piniella no pagaba la contribuciones, y ponen el acento en que la mala administración, tanto por parte de la familia como por parte del ayuntamiento, está provocando el aumento de la deuda, y se muestran convencidos de que «si viviesen los padres políticos del los demandantes hijos pertenecientes a una de las principales familias de este concejo, no tolerarían jamás que se llevara este asunto más que al terreno de la amistad.» Antes de la votación, que arrojó un resultado unánime de defender los intereses del ayuntamiento por la vía judicial, el concejal Ramón Martínez Coto, tío de los demandantes, abandonó el Salón de Plenos.

Las actas de los plenos del Ayuntamiento de Llanera, no nos dan más información al respecto, ni siquiera a través de la prensa hemos podido localizar información acerca de cómo terminó el pleito, pero lo que sí sabemos es que las disputas entre la familia y el ayuntamiento y vecinos de la zona, no terminaron ahí.
Así El Noroeste, el 5 de octubre de 1907, informa de la puesta a disposición judicial del vecino de San Cucufate, Vicente Martínez Díaz, por ser el autor de la extracción de 30 metros cúbicos de tierra de una finca al parecer propiedad de Felipe Polo.

Un hecho que es bastante posible que tuviera que ver con la disputa sobre un terreno comunal en la zona, como pone de manifiesto la solicitud que Felipe Polo hace al ayuntamiento, vista en el pleno del 29 de mayo de 1909, en la pide que se proceda al deslinde y se amojone, un terreno en abertal, denominado Los Peñones, que linda con terrenos comunales de la parroquia de San Cucufate, en el término de La Cogolla. El pleno acuerda que el perito municipal, Joaquín Suárez González, y los concejales Víctor Rodríguez Ablanedo, Manuel Alonso Rodríguez y Tomás González Vega, visiten los terrenos en cuestión y fijen el deslinde entre los terrenos.

El asunto quedó zanjado en el mes de junio, en el plenario del día 26, aunque en esta ocasión la finca propiedad de Felipe Polo, recibe el nombre de La Requejada.
Esa solución aprobada por el ayuntamiento en pleno, no fue del gusto de los vecinos de la parroquia, quienes se dirigieron al plenario municipal en el mes de julio, para manifestar su descontento, y acusar a Felipe Polo Flórez, como representante legal de su mujer, Ramona Martínez Valdés, de «tratar de apropiarse de un terreno en el monte común llamado La Cogolla, cuyo monte está exceptuado de la venta á favor de aquel vecindario», de la misma manera que otro particular está tratando de hacer en el mismo monte. Ante la situación, el pleno acuerda dejar el asunto pendiente de resolución a una próxima sesión, aunque el mismo nunca volverá a constar en ningún acta de sesión.

Y este no sería la única discrepancia que tendría la familia con el ayuntamiento, como ya vimos el pasado mes de agosto, cuando publicamos el artículo El ayuntamiento investigó a Franco por el cierre de una finca. Fue en 1936.
Unos años antes, en 1926, la iglesia de San Juan el Real de Oviedo, acogía los funerales por Felipe Polo Flórez, cuyos restos fueron luego trasladados al cementerio del Salvador, tal y como podemos leer en el diario Región del 23 de junio.



















































