Peregrinos medievales a Jerusalén

Entrada al antigo cementerio de Lugo de Llanera, anexo en su día a la parroquial de Sta. Mª de Lugo destruida durante la Guerra Civil y reconstruida en la ubicación actual en la población de Lugo de Llanera.

Esta mañana una amiga me envió una noticia publicada en el periódico El Español el pasado mes de octubre, en la que se recogía la historia de la primera viajera de la historia, la gallega Egeria quien habría viajado a Tierra Santa allá por el s. IV, dejando además una crónica del viaje, una parte de la cual se conserva en la biblioteca de la ciudad italiana de Arezzo, donde fue descubierta por un investigador italiano en 1884.

En esos finales del s. IV llevó a cabo un viaje de alrededor de 5.000 kilómetros, lo que hace suponer que era una mujer de posibles, incluso contó con escolta del ejército romano en algún tramo del recorrido, y, sin duda, de una gran curiosidad como así demuestra su escrito o, al menos, la parte que se conserva. Un viaje de gran dureza para la época del que no sabemos si regresó a la Gallaecia, su punto de partida, o si sucumbió a las penurias del camino.

Sirva esta introducción para decir que leyendo esa noticia, me saltó a la mente la referencia a dos hombres que hicieron una donación de terrenos a la iglesia de Santa María de Lugo en tiempos medievales, precisamente cuando iban camino a Jerusalén. Así aparece recogido en un exhaustivo inventario de propiedades de la iglesia lucense en tiempos del clérigo Pelayo Domínguez, el presbítero Cristóbal, Domingo de Ciudad, Pedro Abad y Pedro Miguélez. Documento fechado de forma imprecisa entre los siglos XII y XIII, en el momento en el que la parroquial de Santa María pertenecía al monasterio ovetense de San Vicente.

En ese documento podemos leer como Pelagio Iohannes y Christóforo Iohannes, mientras iban camino a Jerusalén, donaron a Santa María, media propiedad que tenían colindante con otra propiedad de Pelayo Ectaz de Cerredo, sin que tengamos más detalles al respecto, salvo que esa donación tuvo lugar en tiempos del presbítero Christóforo, y se incluye dentro de una larga relación de heredades y pomares realizadas por una multitud de personas en ese mismo tiempo.

Literalmente se recoge en el documento: «Alio petazum médiums, que dederunt Pelagio Iohannes et Christoforo Iohannes quando ibant ad Iherusalem, sub ipsa terra de Pelagio Ectaz de Cerredo».

Seguramente el recorrido de estos dos peregrinos a Tierra Santa sería muy similar al seguido siglos antes por Egeria, y no podemos sino especular con las razones para afrontar toda una aventura, entre los que a buen seguro el componente piadoso tuvo que ser una fuerza motriz fundamental. Tampoco sabemos, como en el caso de la gallega, que deparó el destino a esos dos aventureros ni sobre las razones que les llevaron a hacer una donación como la que hicieron, a la iglesia de Santa María de Lugo, pero ahí queda este pequeño detalle recogido. Tal vez algún día algún investigador dé con la puesta de Pelayo y Cristóforo y podamos conocer más detalles de su peregrinación.

Alfonso XII y Alfonso XIII de paso por Llanera

Reproducción del libro de José Mª Canal Sánchez-Pagín.

En agosto se cumplirán 137 años del paso por nuestro concejo del entonces rey Alfonso XII, y 119 desde que su hijo, Alfonso XIII, hiciera lo propio y en ambos casos fue el ferrocarril el medio de transporte elegido para esas visitas, más bien pasos fugaces por las tierras de Llanera.

En agosto de 1884 se inauguraba la rampa de Pajares y con ello se comunicaba por vía férrea Asturias con al Meseta y con Madrid, reduciendo un viaje de 70 horas en diligencia a las 22 en un tren que podía llegar a alcanzar la velocidad de hasta 50 kilómetros por hora, una velocidad nada despreciable para la época.

Abro este artículo reproduciendo el fragmento que a este hecho dedicó el párroco José Mª Canal, en su libro «Santa María de Lugo. Una parroquia. Un santuario», editado en 1984 y que es posible encontrar en las estanterías de nuestras bibliotecas. En él recoge parte de la crónica que el periódico ovetense El Carbayón dedicó al paso por Llanera de la expedición real, la cual se detuvo en la estación de Lugo para recibir el saludo del alcalde, Ramón García Miranda y Ablanedo, quien después de un estampido de voladores, se dirigió al rey quien «acogió el saludo con una sonrisa… El recibimiento fue brillante y respetuoso». Y eso parece haber sido todo.

El monarca vino acompañado por su mujer, Cristina de Habsburgo, y sus hijas Isabel y Eulalia, además de una amplia comitiva oficial, en la que se incluían hasta cuatro ministros.

Alfonso XIII. Foto Wikipedia.

Igualmente amplia fue la comitiva que acompañó a Alfonso XIII durante su viaje oficial a Asturias en enero de 1902, aunque esta vez la familia quedó reducida a su hermana Mercedes, y el esposo de esta, don Carlos. Después de hacer noche en Oviedo, como se explica en las páginas de El Noroeste, «varios coches conducen a la estación los equipajes de los regios expedicionarios y de sus comitivas». Cuando el rey accede a la estación se va a encontrar con «más de dos mil personas. El cuadro que ofrecen los andenes es imponente», escribe el periodista de El Noroeste.

Sin apenas saludar al alcalde de la capital asturiana, la comitiva se sube al tren, y en Lugones el tren se detendrá un corto periodo de tiempo, para dejar paso al tren mixto procedente de Gijón, para, a continuación, seguir rumbo a Villabona, donde «apenas hay una docena de personas». Nada dice el periodista acerca del paso por Lugo de Llanera, donde estaba previsto que una comisión municipal saliera a su encuentro, tal y como se había hecho con Alfonso XII, años antes.

Fragmento del acta del pleno municipal del 26 de julio de 1902. Foto del autor.

El acta del pleno municipal del 26 de julio de 1902, nos informa de la intención del pleno de enviar una comisión para recibir al monarca a su paso por Lugo de Llanera, formada por el alcalde, de nuevo, Ramón García Miranda, junto con los concejales Froilán Menéndez Prado, José González Solares, Manuel Rodríguez García, Celedonio Díaz Rodríguez y Víctor Rodríguez Ablanedo «además del resto de individuos que voluntariamente se quieran sumar al recibimiento». Queda pendiente la presentación de «la cuenta de los gastos que se han de producir».

El Noroeste, 13 de agosto de 1902.

Es bastante posible que si ya en Oviedo apenas si saludó a la corporación municipal, en este caso Alfonso XIII, pasara de largo sin detenerse hasta rendir viaje en Avilés donde se levantaron varias tribunas para acoger al público que acudió a recibir al «regio huésped», como lo define el periódico gibones, y disfrutar de «un espléndido lunch para 34 comensales que tenía preparado la corporación municipal». Después de visitar la fábrica azucarera de Villalegre, Soto de Rey y Salinas y embarcar en el Urania con destino a Santander, no sin antes dejar en Avilés «para los pobres de la parroquia mil quinientas pesetas».

Llanera vio dos de los últimos vuelos de Jesús Fernández Duro

El Noroeste 23 de julio de 1905

En unos días se cumplirán 116 años desde que el aeronauta langreano, Jesús Fernández Duro, sobrevolara por dos ocasiones, los cielos de Llanera, pilotando El Alcotán, un globo aerostático con el que consiguió múltiples hazañas aéreas que le valieron, entre otras condecoraciones la Legión de Honor francesa. Esos serían dos de sus últimos vuelos, ya que la muerte le alcanzará al año siguiente en San Juan de Luz, a la edad de 28 años, debido a unas fiebres tifoideas.

El aeronauta había nacido en La Felguera en 1878 y había estudiado ingeniería mecánica en París, donde obtiene al mismo tiempo, el título de piloto de globo. Un aparato al que bautizó con el nombre de Alcotán, un ave de la familia de los halcones, con el que realizará múltiples giras por España como la que le llevó a ser el primer piloto en sobrevolar los Pirineos en 1906, viajando desde la localidad francesa de Pau hasta la andaluza de Granada.

El Noroeste 23 de julio de 1905

En las páginas del periódico gijonés El Noroeste, encontramos la crónica de un vuelo que dio comienzo en Gijón con el inflado del globo a las ocho de la mañana, para, hora y media más tarde despegar de forma majestuosa «siendo despedido entusiásticamente por numeroso público entre el que se encontraban algunas señoras y señoritas». El vuelo fue seguido desde un coche por sus amigos Yermo, Ablanedo y Ruíz Gómez.

El vuelo llevó al globo a cruzar, imaginamos que en medio de una gran curiosidad vecinal, la zona de Porceyo, Sotiello y la Venta de Veranes, a cuya altura el piloto decidió soltar una de las bolsas de lastre con el fin de aligerar el peso y poder así superar las alturas de Puga y entrar ya en los cielos de Llanera, tomando dirección hacia Villabona, cruzar sobre el túnel de Robledo, sobrevolar Lugo de Llanera y aterrizar en las proximidades de la Fábrica de Lugones.

El Noroeste 23 de julio de 1905

Eran las once de la mañana y en la zona de aterrizaje le estaban esperando los hermanos Guisasola y los amigos que habían ido siguiendo el vuelo desde el coche, aterrizaje que tuvo lugar, según El Noroeste, en medio de una gran expectación de los vecinos del barrio de Cayés «hombres, mujeres, ancianos y niños», quienes ya habían advertido la presencia del aeronauta sobre la altura de Santufirme. Después de comer en Lugones, toda la expedición regresó a la Gijón en coche ya por la tarde.

Según la información recogida por el periódico gijonés, este vuelo hacía el número 34 de los llevados a cabo por Fernández Duro «quien ha maniobrado con habilidad suma, aprovechando las corrientes bajas que impulsaban el globo hacia el concejo de Siero y las más altas que lo dirigían hacia Avilés, consiguiendo tomar tierra en el lugar que se proponía hacerlo como si dispusiese el globo de una dirección obediente a la voluntad del piloto».

Retrato de Jesús Fernández Duro. (Foto Wikipedia)

Dos días después el mismo rotativo, se hace eco de nuevo en su primera página, de un nuevo vuelo del Alcotán, que de nuevo tuvo como protagonista a nuestro concejo, aunque esta vez parece que más por el capricho del viento que por la intención del piloto, quien parece ser que tenía previsto llevar a cabo un vuelo sobre la costa, y «apenas quedó libre de amarras tomó la dirección de la parroquia de Roces», para terminar tomando tierra «en una fumarada contigua al punte de Cayés a corta distancia de la fábrica de cerámica de los Sres. Guisasola, es decir, a 500 metros de donde El Alcotán tomó tierra en su expedición del sábado».

El Noroeste 25 de julio de 1905

Jesús Fernández Duro no sólo fue un hombre que llevó a cabo múltiples hazañas aéreas, de las que se hicieron eco las páginas de la prensa europea, sino que también animado por su espíritu aventurero, en 1902 llevó a cabo la hazaña de viajar, ida y vuelta, en automóvil entre Gijón y Moscú sin utilizar ningún tipo de mapa, sumando la friolera de 10.000 kilómetros. Desde el año 2004, su localidad natal recuerda su memoria con un monumento en su honor, y al año siguiente se funda el Círculo Aeronáutico Jesús Fernández Duro también en La Felguera.

Imagen del monumento en memoria de Jesús Fernández Duro en La Felguera. (Foto Wikipedia)

Una ganadería de 500 animales para Villabona

Ayer mismo veía en los informativos la notica de que una empresa navarra proyecta la construcción en el municipio soriano de Noviercas, de una granja con capacidad para 23.000 vacas de producción lechera que prevé ocupar una extensión de algo así como 1.000 campos de fútbol ni más ni menos. El alcalde totalmente favorable a la instalación en un municipio ejemplo de la España que se nos está vaciando, y otros colectivos en contra por el riesgo que supone para el medio ambiente la producción de purines de una explotación de ese tipo y el enorme consumo de agua que va a traer consigo. En contraposición hablaban ayer de más de 100 puestos de trabajo.

Esa noticia me hizo recordar otra aparecida en la Revista Asturias allá por el año 1916, casi nada, que hablaba del interés del marqués de Argüelles por instalar en Villabona una ganadería para 500 reses también dedicadas a la producción lechera, que iría acompañada de una fábrica de productos lácteos. Sin duda, la proximidad a la estación ferroviaria era un atractivo para poder poner en el mercado el producto con facilidad.

Cuando el secretario del juzgado de Posada, Ramón Rayón, publica esa información en la revista el 1 de noviembre de 1916, da como hecho cierto que el marqués tiene arrendado el coto de Villabona para instalar allí a las reses, de hecho, ya parece que había 200 pastando por allí, un número que, sin duda, debía de parecerles tan fantástico a los vecinos de un concejo donde el ganadero que tenía 4 vacas era algo excepcional, como hoy nos parecen las 23.000 de Noviercas.

No sólo parece que al menos 200 de las 500 previstas, ya habían llegado a sus pastos, sino que el marqués había adquirido «cincuenta varas de yerba a razón de peseta la arroba», y añade que «según me informaron va a construir una una fábrica de productos lácteos y como el Marqués nada se le pone por delante, a causa de que tiene mucho dinero, será desde luego, un hecho la anterior noticia.»

Hasta el momento, no he encontrado más información al respecto, lo que me hace sospechar que la iniciativa no tuvo mayor recorrido y que todo se quedó en buenas intenciones.

En el resto de la noticia, el cronista señala la buena cosecha de trigo, la de maíz tenía buena pinta y la de hierba también había sido importante, mientras que los precios, guerra mundial mediante, estaban disparados y lo sueldos, como dice irónicamente, «mantienen la más estricta neutralidad», mientras el vecino de Santa Rosa, José Prado, lamentaba el robo de un cobertor, 17 sábanas, dos pares de botas, 20 camisas, un traje de caballero, 6 fundas de almohada y una capa de cristianar.

Revista Asturias, 1 de noviembre de 1916.

El maestro sanador de Arlós

Acta del pleno del 13 de octubre de 1899.

En nuestro artículo anterior comentábamos la visita que había hecho al concejo el inspector educativo, Dimas Rojas González, en 1898 y como de su informe no habían salido muy bien paradas las escuelas del municipio por sus condiciones higiénicas, la masificación y, en algún caso, por la labor de los maestros. Todo eso se juntó en el caso de Arlós.

Probablemente, aunque en el acta del pleno en el que se leyó el informe del inspector no aparece con claridad y de la advertencia que trasladó a la corporación de vigilar más estrechamente la administración del material comprado para las escuelas, venga la causa primera del expediente que se abrió al año siguiente, 1899, al maestro de Arlós, Manuel Rodríguez Pérez. Un expediente que sería abierto por la Junta Local de Primera Enseñanza y luego remitido, como era preceptivo al gobernador.

Así el asunto llegó al pleno del 13 de octubre de 1899, presidido por el alcalde Ramón García Miranda, y en él la corporación señala que al analizar las pruebas de descargo presentadas por el docente «debe tenerse muy en cuenta que los testimonios que éste ha presentado, son amigos y llamados por él», testigos que «han declarado en cuanto al servicio y el menage [sic] de la escuela todo lo contrario á lo que la Junta Local de este concejo ha observado cuando giró la visita á dicho local escuela».

Acta del pleno del 13 de octubre de 1899.

Y por si fuera poco el hecho de que no cuidara como tenía que ser del material escolar, su conducta también era cuando menos peculiar. Los concejales que giraron la inspección detectaron que el maestro «viaja a los mercados con muchísima frecuencia» y lo que resulta más llamativo: «que se ocupa de la medicina está bien demostrado, toda vez que ha expedido recetas con su firma como lo han visto varias personas».

Y claro está en los tiempos que corrían, no podía faltar la opinión del párroco que tampoco resultó ser favorable al maestro, vía informe y que la corporación pide que sea respetado «y atenerse en un todo á lo por él manifestado antes que al de ningún otro vecino de la referida parroquia de Arlós».

Al día siguiente, 14 de octubre, el asunto vuelve a surgir en el pleno el asunto y se nos facilita algún detalle más. El primero es que el informe municipal había sido solicitado por la Junta Provincial de Instrucción Pública; el segundo que los testigos aportados por el maestro atestiguaron que era un fiel cumplidor del horario lectivo, a pesar de que «está bien demostrado que los primeros testigos declararon la verdad y espontáneamente están bien informado pues han venido tan solo porque ven las muchas faltas en aquella escuela», tal y como se recoge literalmente en el acta plenaria.

Acta del 14 de octubre de 1899.

Otro dato nuevo que se nos ofrece es que cuando la comisión municipal visitó la escuela «ni había libros ni menage [sic] que valen la suma de cinco pesetas por más que el Señor Maestro diga otra cosa». Por otro lado, se confirma que era habitual verlo en los mercados de Avilés y de Oviedo «no solo para comprar lo que la escuela necesita sino para otros asuntos a que se dedica y entre ellos á curar enfermos, hasta el punto de expedir recetas con su firma como lo han visto algunos individuos de esta corporación».

Tampoco libraba del análisis su actitud hacia la religión especialmente hacia el precepto pascual, siendo imposible encontrar «testigo alguno que pueda afirmar si cumple o no» con esa obligación.

No conocemos el resultado final del informe, pero el hecho de que el periódico El Progreso de Asturias publicara el 15 de octubre de 1901, la noticia de que la escuela de niños de Arlós, dotada con 625 pts., se iba a cubrir por concurso de turno único y que los aspirantes tenían 30 días para hacerlos, nos hace sospechar que la investigación pudo haber concluido con la destitución de Manuel Rodríguez Pérez como maestro de la parroquia.

Acta del 14 de octubre de 1899.

Las escuelas del concejo en el siglo XIX (2)

Apertura del acta del pleno municipal del 30 de abril de 1898.

En julio del año pasado escribí un primer artículo dedicado a la situación de las escuelas en el concejo en la siglo XIX, que se puede leer pinchando aquí, y anunciaba un segundo referido al contenido de un informe elaborado por el inspector educativo, Dimas Rojas González, en el año 1898.

Este documento de especial interés para nuestro concejo, lo conocemos gracias a que se leyó en el transcurso de un pleno monográfico sobre el asunto, que se celebró el 30 de abril de ese año, cuyas actas se conservan en el archivo municipal de Llanera. En ese informe se recorre la situación de los centros educativos y del mismo se aprecia claramente el nivel de deficiencia que existía en las mismas.

El inspector quedó muy poco satisfecho de su visita a las escuelas del concejo, como aparece expresado de forma muy clara en el arranque del acta municipal: “Que tan disgustado se halla a causa del nada satisfactorio estado de la casi totalidad de las escuelas del concejo que no puede por menos de significarlo a esta Corporación en primera línea, si bien con harto sentimiento y por obligar a ello el cargo que desempeña”.

Escuelas de Sta. Cruz y de Pruvia.

Empezando por la parroquia que acoge a la capital municipal, Rondiella, el inspector encuentra «deficiencias reglamentarias en los registros» y señala la falta de asistencia de los alumnos en una escuela de grado elemental. En el caso de Arlós, un total de 79 niños y 57 niñas, de los cuales acuden regularmente 70 entre ambos sexos, comparten un espacio de apenas 17 metros cuadrados. Con razón el inspector afirma que es imposible dar clase en esas condiciones, además de encontrar malas las condiciones higiénicas con un aire viciado en el interior. Además, incidió en el aspecto legal de no estar permitida la enseñanza mixta en las escuelas elementales y en las parroquias de más de 800 habitantes, como era el caso, era obligatorio contar con una escuela de niñas. Ante la situación, el inspector decidió enviar para casa a las niñas presentes, un total de 21.

Sin embargo, entiende que “la instrucción de los niños se extiende á la que en la generalidad de las asignaturas del grado elemental y está en buen estado relativamente á las muchas faltas de asistencia”.

Fragmento del acta del 30 de abril de 1898.

En Santa Cruz, parece que el principal problema que observa Dimas Rojas, es la falta de nivel educativo, de tal forma que amenaza al maestro con la jubilación en el caso de que en próxima visita la situación no haya mejorado. Tampoco sale bien parado el docente de Pruvia, quien, en opinión del inspector, no sigue los criterios pedagógicos ni respeta el reglamento. En Lugo aprecia problemas de salubridad y masificación, además de encontrar a niños y niñas compartiendo el mismo espacio, aún habiendo una escuela específicamente para niñas. Claro que esta última tenía unas dimensiones de 3,08 m por 2,08 m. para 56 alumnos (22 niños y 31 niñas), todos ellos respirando un aire insano. Mandó marchar a los niños.

Mejor iban las cosas por Bonielles, gracias a un maestro activo y que «se esfuerza para que los niños aprendan» a pesar de que su titulación es la más básica posible. Todos sus alumnos saben leer, no todos saben escribir y muy pocos tienen conocimientos de aritmética según el inspector. Las escuelas de San Cucufate y de Ables recibirán la visita de la junta, previsiblemente la de Primera Enseñanza, por lo que se deja para esa visita la elaboración del informe sobre su situación, aunque de la primera se dice que está «en estado regular».

Fragmento del acta del 30 de abril de 1898.

En Cayés, Rojas González, encuentra que el maestro cumple «regularmente» con su cometido, mientras que en Ferroñes el docente «es trabajador y sus alumnos obtienen resultados», lo que convierte a su escuela en un centro de atracción de alumnos procedentes de otras parroquias vecinas, lo que demuestra la existencia de una cierta preocupación por parte de las familias de enviar a sus hijos a la escuela en la que podían obtener mejores aprendizajes.

Finalmente, Villardeveyo da la impresión de rozar el desastre más absoluto, ya que a pesar de tener un maestro con formación superior, no había ni organización ni método, tampoco había libros para uso de los alumnos y el material disponible era muy escaso mientras que la asistencia era muy baja. Ante el inspector, el docente explica que se lleva dos meses delicado de salud, disculpa que no impide que sea amonestado por el inspector, quien termina recomendando al ayuntamiento que se lleven a cabo exámenes anuales a todos los alumnos y se vigile la administración del material para evitar abusos.

Al final de la sesión plenaria, el alcalde, Ramón García Miranda y Ablanedo, da las gracias al inspector “por lo bien que se enteró de la enseñanza de las escuelas de este término municipal”, y se ofreció, de acuerdo con la junta local a “corregir todas las faltas y cuenta con todos los maestros que si bien hay algunos que no responden á los sacrificios que este Ayuntamiento hace por la enseñanza, sin embargo en su mayoría son celosos”, y se espera que en próximas inspecciones la imagen que se lleve el inspector de las escuelas del concejo, haya mejorado.

Fragmento del acta donde se mencionan las escuelas de Cayés, Ferroñes y Villardeveyo.

La Sociedad Cultural de Llanera y su proyecto de biblioteca

Si nos asomamos a las páginas de los periódicos de los años veinte, concretamente de los de 1927, nos podemos encontrar, en Región y en El Noroeste, con la noticia de la creación en el concejo de la bautizada como Sociedad Cultural de Llanera, entre cuyos proyectos estaba la fundación de la primera biblioteca en nuestro concejo.

La primera noticia la localizamos en las páginas de Región del 29 de enero de 1927. En ellas se informa de la convocatoria que se había enviado a varias personas, a las cuales no se identifica, con el fin de poner en marcha la «formación de un Ateneo Popular». Todos los invitados, como no podía ser de otra manera, aprobaron «con gran entusiasmo llevar a cabo la idea de sus iniciadores e inscribiéndose acto seguido unos veinticinco», una cifra nada despreciable por otra parte.

Región, 29 de enero de 1927.

Lo que sí nos dice la información periodística es el nombre de la directiva encargada de poner en marcha la idea, integrada por Ramón Rayón, José Luis Moreno del Busto, Aurelio Hevia, Sinesio Rodríguez y Manuel Vázquez. La nota publicada en Región termina diciendo: «Acogemos con simpatía esta iniciativa, significando nuestro aplauso a los señores que empezaron la labor de organización, y celebramos que al futuro Ateneo se incorpore buen número de simpatizantes».

En el mes de febrero será El Noroeste el medio que informe del devenir del colectivo, ya transmutado en la Sociedad Cultural de Llanera, ya constituida y cuya sede social estará en la capital municipal. El propósito fundamental de sus fundadores era el de «intensificar la cultura en todos sus órdenes», y para cumplir con ese objetivo tenían la idea de «instalar en el domicilio de la misma una Biblioteca, se organizarán conferencias y otros actos instructivos».

El Noroeste, 26 febrero de 1927.

Unos objetivos de cierta ambición para un municipio como el nuestro por aquellos años, y para lograrlos contaba ya, según El Noroeste, con «gran número de asociados, la adhesión de otros muchos», y la junta directiva que se encargaría de cumplir con ellos quedaba formada definitivamente por Ramón Rayón (secretario del juzgado) como presidente; José A. Martínez, como vicepresidente; Manuel Vázquez, secretario; José Rodríguez y Arias, tesorero; y los vocales Guillermo Toca (farmacéutico municipal), Víctor G. Proaza (indiano), Aurelio Hevia, Ramón González Llera (depositario municipal), Sinesio Rodríguez, Celestino G. Tresguerres (alcalde de Llanera), Celedonio García (será presidente del Partido Reformista en Llanera en 1930), y Víctor García González (indiano).

Tanto El Noroeste, en el mes de febrero, como Región en el de marzo, afirman que ya están hechas donaciones de libros con destino a los fondos de la nueva biblioteca, con obras de Armando Palacio Valdés, donadas por el gijonés Aurelio Menéndez, y «varios tomos de literatura española», a cargo de Álvaro Álvarez.

Región, 2 de marzo de 1927.

El hecho de no haber localizado más informaciones hasta el momento, en los medios de comunicación regionales, nos hace sospechar que tan encomiable iniciativa no debió de culminar con el éxito deseado y la sociedad no pudo llegar a cumplir con los objetivos previstos.

Con otra finalidad más lúdica, Región dará cuenta en sus páginas del 6 de mayo de 1931, de la fundación en Posada «en breve» de un «nuevo Centro Cultural de Recreo a base de los primeros de su categoría en un soberbio local». Con total seguridad está anunciando de la apertura de un local para organizar bailes y otras veladas de carácter más social que cultural. «La directiva la compondrán distinguidas personas del concejo, y otro día daremos a conocer a los lectores más detalles sobre el particular», termina la nota de Región. La ausencia de noticias posteriores hace sospechar que tampoco llegar a levantar el vuelo la iniciativa.

Región, 6 de mayo de 1931.

Así las cosas, Llanera tendrá que esperar hasta la dictadura franquista para contar con su primera biblioteca pública, concretamente hasta el año 1959, cuando se produzca la inauguración de la Biblioteca Pública Alejandro Mon, en la calle del mismo nombre, que se mantendría en uso hasta prácticamente 30 años más tarde, cuando, ya con la democracia de vuelta al país, se inauguró la actual Casa de Cultura de Posada, ocupando el mismo solar que había ocupado el ayuntamiento, primero, y la sede de la OJE (Organización Juvenil Española), después.

Imagen de la biblioteca el día de su inauguración en 1959. Foto Archivo Ayuntamiento de Llanera.

Documentos inéditos amplían la nómina de alcaldes del siglo XIX

Comunicación del alcalde al pedáneo de Lugo del 29 de julio de 1848.

Al igual que mi artículo anterior, este debe mucho a la generosidad de un vecino de nuestro concejo, a quien agradezco infinitamente que me proporcionara el conjunto de documentos, fechados entre los años 1847 y 1848, que son la base de este artículo y que permenecían inéditos hasta ahora. Se trata de alrededor de una veintena de comunicaciones enviadas por los alcaldes del municipio, Francisco Rubín de Celis y Ramón Ablanedo, al pedáneo de Lugo, Francisco Álvarez Guerra, y que fueron agrupadas de forma somera con un cordel sin guardar un orden cronológico.

Hay que tener en cuenta que estos son los documentos más antiguos relacionados con la actividad municipal, que parecen conservarse, toda vez que en el archivo municipal se conservan las actas municipales desde 1859. Documentos que nos permiten, además, añadir dos nombres más a la lista de alcaldes del concejo, como son los de Francisco Rubín de Celis y Ramón Ablanedo. Hasta ahora encabezaba la lista Antonio López Coto, quien dirigió los destinos municipales entre 1859 y 1861.

La serie de documentos se abre con dos relacionados con el nombramiento de Francisco Álvarez como alcalde de barrio de la parroquia de Lugo de Llanera, por el Gobierno Político de Oviedo, cargo que sería efectivo una vez que prestase juramento ante el alcalde el 1 de enero de 1848. Así se lo comunica Francisco Rubín, quien estaba ya al final de un mandato que previsiblemente habría dado comienzo en enero de 1846, toda vez que la primera comunicación que recibe el nuevo pedáneo de Lugo, ya está firmada por Ramón Ablanedo.

Nombramiento de Francisco Álvarez como pedáneo de Lugo.

Esa primera comunicación tiene fecha del 8 de enero de 1848, y en ella se le pide que a la salida de misa informe a los asistentes de la necesidad de, aquellos que lleven «terrenos aforados por el Ayuntamiento», cumplan con el pago de la renta o canon correspondiente, cuyo plazo «venció el último Sanmartino», con un plazo de seis días para hacerlo, pasados los cuales se procederá al cobro por la vía de apremio.

Los temas relacionados con el pago de impuestos van a ser uno de los de mayor presencia en las comunicaciones, y en ocasiones misiones desagradables relacionadas con ello. En febrero recibirá la orden del primer edil de convencer al pedáneo anterior de la necesidad de entregar en el ayuntamiento las cantidades abonadas por los vecinos de Lugo, y le insista en «que al preciso termino de veinticuatro horas ponga en poder del depositario del Concejo las cantidades que se hallan recaudadas y el resto lo verifique al tercero día».

También en febrero, el pedáneo tuvo que hablar con un tal Pedro Fernández, uno de los cobradores de tasas e impuestos con los que contaba el ayuntamiento, para recordarle la necesidad de que «haga la paga del segundo semestre y rentas del anterior dentro de segundo dia pena de apremio».

Detalle de la comunicación del 16 de septiembre de 1848.

El aviso a los vecinos a los que les tocaba presentarse para el sorteo del servicio militar, será otra de las funciones que cumplían los pedáneos, para lo cual recibían como podemos ver en la imagen superior, un listado con los jóvenes que tenían que presentarse en el ayuntamiento para la talla. Convocatoria que se publicaba en misa, y se les advertía de que de no presentarse voluntariamente, sería el alguacil el encargado de proceder a su conducción teniendo que correr los padres con los gastos que se pudieran derivar de la gestión.

La seguridad pública va a ser otro de los cometidos del alcalde de barrio, al hacerle responsable de la elaboración de un censo de armas en el que estuvieran incluidos todos los vecinos «y mas personas de casa de cualesquiera edad y estado, quien sean, sin quedar una, bajo de toda responsabilidad y se remitirá dentro de ocho dias sin quedar alguna», según la instrucción recibida en enero, no consta el día, de 1848. Asimismo, se le autoriza para tomar «cuantas medidas le dicte su celo», incluso con la formación de «patrullas por las noches (…) con los vecinos honrados», con el fin de conservar el orden público en la parroquia.

Comunicación del 22 de abril de 1848.

Otras veces se le informa de sucesos acontecidos en la parroquia, como fue el caso del incendio intencionado de una vara de hierba propiedad de Ramón Fernández, en Castañera; o se le piede un relación de «todas las personas que en esa parroquia haya entegadas ala vagancia o se hallan mal entretenidas».

Igualmente, censos de propiedad de animales para establecer las correspondientes cargas impositivas; recordar a los vecinos la obligación que tenían de proceder a la plantación de árboles en los «montes llamados del Rey»; o recibir comunicaciones de nombramientos o destituciones, como ocurrió con Francisco Carril, de Fonciello, destituido de su cargo de montero «por no saver [sic] escribir», nombrándose en su lugar a Francisco Martínez, de Silvota.

Otras veces era por relevo natural al cumplirse el periodo de permanencia en el cargo, como le ocurrió a Francisco Díaz del Río, quien después de haber «servido el año de cuarenta y cinco y cuarenta y seis», era sustituido como montero del barrio de Castañera, por José Alonso Casaprín.

Comunicación del 13 de mayo de 1848.

En definitiva se trata de un conjunto escueto de documentos, a través de los cuales nos podemos hacer una idea más clara de algunos de los aspectos que regían las vidas cotidianas de nuestros convecinos decimonónicos, además de, como ya hemos puesto de manifiesto, retrotraer el listado de alcaldes del municipio hasta el año 1846 y aportar dos nuevos nombres a la misma.

Y los vecinos de Ferroñes se organizaron para celebrar las fiestas

En el lejano año de 1893 cuando los vecinos de la parroquia de santa Eulalia de Ferroñes, dejaron por escrito su voluntad de seguir celebrando las tres fiestas que se venían organizando «desde tiempo inmemorial» en la misma. Eso no es lo excepcional, y sí lo es que se haya conservado y llegado hasta nosotros el documento en el cual el vecindario dejó por escrito la voluntad de que eso fuera así, y se distribuyeran las funciones entre el mayordomo de la iglesia y los vecinos de la parroquia.

Encabezamiento del documento por el que mayordomo y vecinos se reparten las obligaciones en la organización de las fiestas parroquiales. Reproducción del autor.

Gracias a la generosidad de un vecino de una parroquia aledaña, tuve acceso a ese documento que en este momento saco a la luz por vez primera. Está formado por cuatro páginas, de las cuales casi tres son de firmas de vecinos, un total de 60, de las cuales únicamente tres son de mujeres, lo que nos hace deducir que son viudas, ya que en el documento se señala que las firmas son una por familia, lo que también no da una idea del número de casas con las que contaba la parroquia, suponiendo que todas ellas suscribieran el documento, algo que parece perfectamente posible.

El hecho de que los vecinos y el párroco vieran la necesidad de poner por escrito las obligaciones que se contraían para poder seguir adelante con las fiestas, nos hace sospechar igualmente, que la organización de las mismas podía estar pasando por dificultades, precisamente por no estar claras las responsabilidades del mayordomo de la iglesia, por un lado, y de los vecinos, por otro, lo cual podría estar poniendo el riesgo el desarrollo de las tres festividades anuales celebradas en la parroquia desde la noche de los tiempos.

Iglesia parroquial de santa Eulalia de Ferroñes.

Esas festividades, como aparecen reflejadas en el documento, eran las de santa Eulalia «en su día, Frutos el día de San Pedro, y el Sacramento, el segundo domingo de Agosto. En este día habrá dos misas por razón de la mayor solemnidad y número de concurrencia».

Además de asegurar la continuidad de los festejos, la otra intención que lleva a la redacción de este documento, es que organización sea «a la vez menos graboso [sic] al Mayordomo que sea nombrado, y que este no pueda evadirse del compromiso adquirido sin causa justificada á conocimiento de todos los interesados». De ahí la necesidad de dejar claras las obligaciones de ambos. Así, el mayordomo se compromete a la organización de las fiestas, mientras que los vecinos se obligan a sufragarlas económicamente, con una cantidad fija por hogar, de tal forma que si una de las dos partes no cumpliera con su parte del compromiso, ambas «tendrán el derecho de demandarse los unos a los otros, esto es, el Mayordomo para que le paguen y los demás para que cumpla con su cargo, recayendo todos perjuicios sobre el culpable.»

Otra de las partes del documento. Reproducción del autor.

Con la firma del documento los vecinos se obligaban a aportar 14 reales por casa al año, pagaderas a lo largo del mes de diciembre, dinero que el mayordomo tendría que invertir en la organización de las tres fiestas anuales de la parroquia que referenciamos con anterioridad.

En el texto se señala igualmente que si algún vecino, no estuviera de acuerdo con la firma del acuerdo «ya sea porque le parezca mucho la cantidad en ella señalada o por cual quiera otra circunstancia», tendría que hacerlo «públicamente por ser público el acto de que se trata y a la vez conveniente para saber á que atenerse tanto el Mayordomo como los vecinos», lo que no deja de introducir un fuerte componente de presión social a la que sería muy difícil oponerse.

El párrafo se cierra de una forma no menos expresiva: «Y en el caso de oponerse se excluirán del número de los demás vecinos en el asunto de que se trata los que se tendrán por rebeldes y enemigos de dar culto a Dios». Casi nada.

Detalle de las firmas contenidas en el documento. Reproducción del autor.

El listado de todos los firmantes es el siguiente: José González, José Rodríguez, Manuel García, Ramón González y Díaz, Ramón Rodríguez Rodríguez, Rosendo Rodríguez, Ramón González, José García, José González, José Fernández Morán, Francisco González, Bernardo Rodríguez, Manuel Alonso, Francisco Martínez, Antonio Álvarez, Manuel García, Manuel Martínez y Díaz, Dabiz [sic] Álbarez [sic], Nemesio Martínez, Pedro González, Pedro Suárez, Francisco Suárez, José Rodríguez, Juan García, Ramón González, Ramón (…), José Rodríguez Espina, José García Monte, José Martínez, Manuel Menéndez, María Rodríguez, Agustín Álvarez, Bernardo Martínez, Pedro Rodríguez, Ramón Martínez y Díaz, Francisco Martínez, José (…), Vicente Díaz, José Quintana, Manuel García y Díaz, Ramona Menéndez, José González, Ramón Álvarez y Suárez, José Illanes, Fernando Solís, Josefa Sánchez, José González, Manuel Lorenzo, Ramón García, Emilio Martínez, Juan Suárez, Josefa Álvarez, Celestino Martínez, Faustino González, Segunda (…), José Díaz Braña, José Álvarez Guerra, Francisco Rodríguez, Juan Martínez del Mozo, Bernardo Losa.

Iglesia de san Martín de Cayés

La parroquial de Cayés en una imagen del año 1917.

El aspecto actual de la iglesia parroquial de Cayés, dedicada a San Martín, lo debe todo a los años finales de la década de los años 20 del siglo pasado, cuando el párroco Manuel M. Antuña puso su empeño y dedicación a mejorar tanto el edificio como el cementerio anexo, dándole un nuevo aspecto a la construcción, tal y como podemos apreciar fijándonos en las dos fotografías con las que abro este artículo.

La iglesia en una imagen tomada por el autor en 2005.

Antes de eso, la primera noticia relacionada con este templo que localizamos en la prensa, concretamente en el periódico La Época el 28 de febrero de 1850, es la del nombramiento De Francisco Álvarez Nava como párroco de Cayés, iglesia que en 1866 recibirá la ingrata visita de los ladrones, quienes se llevaron las joyas de la iglesia, sin que la noticia aparecida en el rotativo La Esperanza el 1 de octubre de ese año, de más detalles al respecto.

La prensa será la fuente de información fundamental para seguir las sucesivas obras llevadas a cabo en la parroquial, con un primer punto de atención en el año 1915, en el cual sabemos, gracias a la Revista Asturias, que están próximas a su finalización las obras en el templo, sin que se nos proporcione información adicional, así que no podemos saber el alcance de las mismas.

Revista Asturias, 20 de junio de 1915.

Las obras más en serio parece que dieron comienzo, o al menos esa era la intención, en el año 1923, cuando el corresponsal de La Voz de Asturias, informa de la realización de «obras de alguna importancia en la iglesia parroquial de Cayés, a fin de dar cumplimiento a una cláusula testamentaria de D. Juan Álvarez Quintanal», obras a las que también contribuirán los vecinos de la parroquia con el fin de «dar más amplitud a dichas obras con lo que ganará mucho en esbeltez».

La Voz de Asturias, 2 de septiembre de 1923.

Será el diario Región el 29 de enero de 1931, quien nos dejará un listado detallado de las obras llevadas a cabo bajo la dirección del párroco Antuña, durante el quinquenio anterior. Obras que habían dado comienzo en 1925 dotando a la iglesia de un nuevo presbiterio, obra que superó ligeramente las 5.700 pts de la época, de las cuales 2.000 salieron del testamento de Juan Álvarez Quintanal, y el propio párroco aportará poco más de 2.800 pts. El resto del dinero se obtuvo por medio de limosnas y aportaciones de particulares

La Fábrica de Explosivos facilitó la madera para el techo, la bóveda, ventanas, puerta y andamios, además de pagar al carpintero. Por su parte, Cerámicas Guisasola aportó todo el ladrillo necesario y corrió con los gastos del decorado interior del nuevo presbiterio.

Cuatro años después, en 1929, se concluyeron las obras del cementerio, iniciadas un año antes, por un importe de 3.149,99 pts., sufragadas con el aporte de 50 pts por parte de cada vecino que tuviera una sepultura en propiedad en el campo santo, entre los que se encontraba Cerámicas Guisasola al adquirir una decena de sepulturas, además de aportar el ladrillo y la teja para el depósito de cadáveres y el adorno del montante del muro de cierre. El terreno para hacer la ampliación, se obtuvo por medio de una donación realizada por la esposa de Javier Cavanilles.

La Voz de Asturias, 21 de marzo de 1928.

El 16 de septiembre de 1929 se dio inicio a la obra de la torre de ladrillo y cemento, que vio su finalización el 12 de mayo de 1930, completada con la adquisición de una campana de media tonelada de peso, obras en las que de nuevo la implicación de la fábrica de Coruño fue determinante, cediendo la madera para el andamiaje, y los elementos necesarios para elevar la campana a su ubicación definitiva, junto con la colocación del pararrayos. Por su parte, Guisasola aportó otra vez ladrillos y 9.634,61 pts necesarias para cumplir con el presupuesto de la obra.

La Voz de Asturias, 29 de diciembre de 1929.

El 20 de junio de 1930 las obras del campanario fueron finalizadas. Sin embargo, la actividad constructiva del párroco no se detuvo ahí, sino que procedió a la compra de dos días de bueyes de terreno, con el fin de dotar a la iglesia de un campo que le diera más prestancia al edificio. Un campo delimitado con un muro en el que se abrió una zona de entrada, y cuyo coste total, cifrado en 3.008,20 pts salieron, según el diario Región, del propio bolsillo del párroco.

Aspecto actual de la torre campanario de la iglesia de Cayés. Foto del autor.

Item más. en diciembre de ese año finalizaron las obras del camino que unía la iglesia con la casa parroquial, de nuevo gracias a la inestimable ayuda de la Fábrica de Explosivos, que proporcionó la pólvora necesaria y el material para el firme, que fue transportado por los vecinos del barrio de Campiello, en sus carros. La cantidad económica de 966,50 pts restante, de nuevo fue aportada por el sacerdote.

Región, 18 de junio de 1931.

En agosto de ese año, se estaban culminando las obras de la nueva capilla del Santo Cristo con la que se dotó al templo, así como la ampliación de la sacristía, que culminarían una remodelación total del templo que habían costado más de 20.000 pts de la época, en total.

Imagen de la iglesia con el tejado colapsado en diciembre de 2003. Foto del autor.

Ya en el siglo XXI, concretamente en diciembre de 2003, la estructura de buena parte de la techumbre no aguantó más y se produjo un hundimiento, afortunadamente, en un momento en el que no había ninguna persona en su interior, que obligó a trasladar el culto durante un largo periodo de tiempo hasta que se puedo solucionar el problema y volver a abrirla al culto.

Noticias publicada en el diario Región el 29 de enero de 1931, resumiendo las obras realizadas en la iglesia parroquial de Cayés durante los cinco años anteriores.