Y los vecinos de Ferroñes se organizaron para celebrar las fiestas

En el lejano año de 1893 cuando los vecinos de la parroquia de santa Eulalia de Ferroñes, dejaron por escrito su voluntad de seguir celebrando las tres fiestas que se venían organizando «desde tiempo inmemorial» en la misma. Eso no es lo excepcional, y sí lo es que se haya conservado y llegado hasta nosotros el documento en el cual el vecindario dejó por escrito la voluntad de que eso fuera así, y se distribuyeran las funciones entre el mayordomo de la iglesia y los vecinos de la parroquia.

Encabezamiento del documento por el que mayordomo y vecinos se reparten las obligaciones en la organización de las fiestas parroquiales. Reproducción del autor.

Gracias a la generosidad de un vecino de una parroquia aledaña, tuve acceso a ese documento que en este momento saco a la luz por vez primera. Está formado por cuatro páginas, de las cuales casi tres son de firmas de vecinos, un total de 60, de las cuales únicamente tres son de mujeres, lo que nos hace deducir que son viudas, ya que en el documento se señala que las firmas son una por familia, lo que también no da una idea del número de casas con las que contaba la parroquia, suponiendo que todas ellas suscribieran el documento, algo que parece perfectamente posible.

El hecho de que los vecinos y el párroco vieran la necesidad de poner por escrito las obligaciones que se contraían para poder seguir adelante con las fiestas, nos hace sospechar igualmente, que la organización de las mismas podía estar pasando por dificultades, precisamente por no estar claras las responsabilidades del mayordomo de la iglesia, por un lado, y de los vecinos, por otro, lo cual podría estar poniendo el riesgo el desarrollo de las tres festividades anuales celebradas en la parroquia desde la noche de los tiempos.

Iglesia parroquial de santa Eulalia de Ferroñes.

Esas festividades, como aparecen reflejadas en el documento, eran las de santa Eulalia «en su día, Frutos el día de San Pedro, y el Sacramento, el segundo domingo de Agosto. En este día habrá dos misas por razón de la mayor solemnidad y número de concurrencia».

Además de asegurar la continuidad de los festejos, la otra intención que lleva a la redacción de este documento, es que organización sea «a la vez menos graboso [sic] al Mayordomo que sea nombrado, y que este no pueda evadirse del compromiso adquirido sin causa justificada á conocimiento de todos los interesados». De ahí la necesidad de dejar claras las obligaciones de ambos. Así, el mayordomo se compromete a la organización de las fiestas, mientras que los vecinos se obligan a sufragarlas económicamente, con una cantidad fija por hogar, de tal forma que si una de las dos partes no cumpliera con su parte del compromiso, ambas «tendrán el derecho de demandarse los unos a los otros, esto es, el Mayordomo para que le paguen y los demás para que cumpla con su cargo, recayendo todos perjuicios sobre el culpable.»

Otra de las partes del documento. Reproducción del autor.

Con la firma del documento los vecinos se obligaban a aportar 14 reales por casa al año, pagaderas a lo largo del mes de diciembre, dinero que el mayordomo tendría que invertir en la organización de las tres fiestas anuales de la parroquia que referenciamos con anterioridad.

En el texto se señala igualmente que si algún vecino, no estuviera de acuerdo con la firma del acuerdo «ya sea porque le parezca mucho la cantidad en ella señalada o por cual quiera otra circunstancia», tendría que hacerlo «públicamente por ser público el acto de que se trata y a la vez conveniente para saber á que atenerse tanto el Mayordomo como los vecinos», lo que no deja de introducir un fuerte componente de presión social a la que sería muy difícil oponerse.

El párrafo se cierra de una forma no menos expresiva: «Y en el caso de oponerse se excluirán del número de los demás vecinos en el asunto de que se trata los que se tendrán por rebeldes y enemigos de dar culto a Dios». Casi nada.

Detalle de las firmas contenidas en el documento. Reproducción del autor.

El listado de todos los firmantes es el siguiente: José González, José Rodríguez, Manuel García, Ramón González y Díaz, Ramón Rodríguez Rodríguez, Rosendo Rodríguez, Ramón González, José García, José González, José Fernández Morán, Francisco González, Bernardo Rodríguez, Manuel Alonso, Francisco Martínez, Antonio Álvarez, Manuel García, Manuel Martínez y Díaz, Dabiz [sic] Álbarez [sic], Nemesio Martínez, Pedro González, Pedro Suárez, Francisco Suárez, José Rodríguez, Juan García, Ramón González, Ramón (…), José Rodríguez Espina, José García Monte, José Martínez, Manuel Menéndez, María Rodríguez, Agustín Álvarez, Bernardo Martínez, Pedro Rodríguez, Ramón Martínez y Díaz, Francisco Martínez, José (…), Vicente Díaz, José Quintana, Manuel García y Díaz, Ramona Menéndez, José González, Ramón Álvarez y Suárez, José Illanes, Fernando Solís, Josefa Sánchez, José González, Manuel Lorenzo, Ramón García, Emilio Martínez, Juan Suárez, Josefa Álvarez, Celestino Martínez, Faustino González, Segunda (…), José Díaz Braña, José Álvarez Guerra, Francisco Rodríguez, Juan Martínez del Mozo, Bernardo Losa.

Iglesia de san Martín de Cayés

La parroquial de Cayés en una imagen del año 1917.

El aspecto actual de la iglesia parroquial de Cayés, dedicada a San Martín, lo debe todo a los años finales de la década de los años 20 del siglo pasado, cuando el párroco Manuel M. Antuña puso su empeño y dedicación a mejorar tanto el edificio como el cementerio anexo, dándole un nuevo aspecto a la construcción, tal y como podemos apreciar fijándonos en las dos fotografías con las que abro este artículo.

La iglesia en una imagen tomada por el autor en 2005.

Antes de eso, la primera noticia relacionada con este templo que localizamos en la prensa, concretamente en el periódico La Época el 28 de febrero de 1850, es la del nombramiento De Francisco Álvarez Nava como párroco de Cayés, iglesia que en 1866 recibirá la ingrata visita de los ladrones, quienes se llevaron las joyas de la iglesia, sin que la noticia aparecida en el rotativo La Esperanza el 1 de octubre de ese año, de más detalles al respecto.

La prensa será la fuente de información fundamental para seguir las sucesivas obras llevadas a cabo en la parroquial, con un primer punto de atención en el año 1915, en el cual sabemos, gracias a la Revista Asturias, que están próximas a su finalización las obras en el templo, sin que se nos proporcione información adicional, así que no podemos saber el alcance de las mismas.

Revista Asturias, 20 de junio de 1915.

Las obras más en serio parece que dieron comienzo, o al menos esa era la intención, en el año 1923, cuando el corresponsal de La Voz de Asturias, informa de la realización de «obras de alguna importancia en la iglesia parroquial de Cayés, a fin de dar cumplimiento a una cláusula testamentaria de D. Juan Álvarez Quintanal», obras a las que también contribuirán los vecinos de la parroquia con el fin de «dar más amplitud a dichas obras con lo que ganará mucho en esbeltez».

La Voz de Asturias, 2 de septiembre de 1923.

Será el diario Región el 29 de enero de 1931, quien nos dejará un listado detallado de las obras llevadas a cabo bajo la dirección del párroco Antuña, durante el quinquenio anterior. Obras que habían dado comienzo en 1925 dotando a la iglesia de un nuevo presbiterio, obra que superó ligeramente las 5.700 pts de la época, de las cuales 2.000 salieron del testamento de Juan Álvarez Quintanal, y el propio párroco aportará poco más de 2.800 pts. El resto del dinero se obtuvo por medio de limosnas y aportaciones de particulares

La Fábrica de Explosivos facilitó la madera para el techo, la bóveda, ventanas, puerta y andamios, además de pagar al carpintero. Por su parte, Cerámicas Guisasola aportó todo el ladrillo necesario y corrió con los gastos del decorado interior del nuevo presbiterio.

Cuatro años después, en 1929, se concluyeron las obras del cementerio, iniciadas un año antes, por un importe de 3.149,99 pts., sufragadas con el aporte de 50 pts por parte de cada vecino que tuviera una sepultura en propiedad en el campo santo, entre los que se encontraba Cerámicas Guisasola al adquirir una decena de sepulturas, además de aportar el ladrillo y la teja para el depósito de cadáveres y el adorno del montante del muro de cierre. El terreno para hacer la ampliación, se obtuvo por medio de una donación realizada por la esposa de Javier Cavanilles.

La Voz de Asturias, 21 de marzo de 1928.

El 16 de septiembre de 1929 se dio inicio a la obra de la torre de ladrillo y cemento, que vio su finalización el 12 de mayo de 1930, completada con la adquisición de una campana de media tonelada de peso, obras en las que de nuevo la implicación de la fábrica de Coruño fue determinante, cediendo la madera para el andamiaje, y los elementos necesarios para elevar la campana a su ubicación definitiva, junto con la colocación del pararrayos. Por su parte, Guisasola aportó otra vez ladrillos y 9.634,61 pts necesarias para cumplir con el presupuesto de la obra.

La Voz de Asturias, 29 de diciembre de 1929.

El 20 de junio de 1930 las obras del campanario fueron finalizadas. Sin embargo, la actividad constructiva del párroco no se detuvo ahí, sino que procedió a la compra de dos días de bueyes de terreno, con el fin de dotar a la iglesia de un campo que le diera más prestancia al edificio. Un campo delimitado con un muro en el que se abrió una zona de entrada, y cuyo coste total, cifrado en 3.008,20 pts salieron, según el diario Región, del propio bolsillo del párroco.

Aspecto actual de la torre campanario de la iglesia de Cayés. Foto del autor.

Item más. en diciembre de ese año finalizaron las obras del camino que unía la iglesia con la casa parroquial, de nuevo gracias a la inestimable ayuda de la Fábrica de Explosivos, que proporcionó la pólvora necesaria y el material para el firme, que fue transportado por los vecinos del barrio de Campiello, en sus carros. La cantidad económica de 966,50 pts restante, de nuevo fue aportada por el sacerdote.

Región, 18 de junio de 1931.

En agosto de ese año, se estaban culminando las obras de la nueva capilla del Santo Cristo con la que se dotó al templo, así como la ampliación de la sacristía, que culminarían una remodelación total del templo que habían costado más de 20.000 pts de la época, en total.

Imagen de la iglesia con el tejado colapsado en diciembre de 2003. Foto del autor.

Ya en el siglo XXI, concretamente en diciembre de 2003, la estructura de buena parte de la techumbre no aguantó más y se produjo un hundimiento, afortunadamente, en un momento en el que no había ninguna persona en su interior, que obligó a trasladar el culto durante un largo periodo de tiempo hasta que se puedo solucionar el problema y volver a abrirla al culto.

Noticias publicada en el diario Región el 29 de enero de 1931, resumiendo las obras realizadas en la iglesia parroquial de Cayés durante los cinco años anteriores.

Como un préstamo de la familia Polo al ayuntamiento terminó en pleito

Seguramente habrá personas a las que el nombre de Felipe Polo así a bote pronto no le diga muchas cosas, pero si añado el dato de que fue (a su pesar) suegro de Franco, entonces la cosa seguro que cambia un poco y ya ubicamos al personaje, incluso en sus propiedades, por parte de la familia de su mujer, en La Piniella en la parroquia de San Cucufate. Para esta entrada de hoy hay que remontarse a finales del siglo XIX, para seguir la pista de la historia.

Lo primero sería explicar que las finanzas de los ayuntamientos hasta bien entrado el siglo XX, vamos hasta el regreso de la democracia, eran del todo caóticas y los municipios apenas si eran capaces de recaudar lo suficiente para hacer frente a los gastos corrientes. El caso de Llanera, en ese sentido, era paradigmático lastrado como estaba por no tener un sistema eficaz de recaudación y por los altos niveles de contrabando, tal y como podemos leer en diversas actas municipales, y a los que seguramente acabaré por referirme en alguna entrada en este mismo blog.

Así, no era extraño que de cuando en cuando, el ayuntamiento recurriera a solicitar préstamos a particulares o a poner en marcha colectas entre los vecinos a los que se ofrecía un porcentaje de rentabilidad, como si de un préstamo bancario se tratara.

Acta del pleno del 21 de noviembre de 1896.

Para el tema que nos ocupa nos vamos al año 1896, cuando en el pleno del 21 de noviembre, bajo la presidencia del alcalde Ramón García Miranda y Ablanedo (todo un personaje, todo hay que decirlo, y al que también le prestaré una atención especial), se informa a la corporación del recibimiento de una carta firmada por Felipe Polo y Juan Ávila, maridos de las hijas de Ramón Martínez Valdés, Pilar y Ramona, en la que reclaman la cifra de 8.000 pesetas prestadas al ayuntamiento para financiar las obras de la carretera entre San Cucufate y la capital municipal. El pleno decide nombrar una comisión formada por los concejales, José González Solares y Severino López Coto para proceder a la liquidación del préstamo.

Acta del pleno del 21 de noviembre de 1896.

El ayuntamiento no debió de agilizar mucho las gestiones, habida cuenta de que algo más de un año más tarde, concretamente en enero de 1898, el asunto vuelve de nuevo al pleno municipal, ante la insistencia de Felipe Polo y de Juan de Ávila por resolver el asunto. Tema por lo demás antiguo, ya que según se recoge en el acta del pleno, el préstamo se había hecho en el ya lejano año de 1864.

Así lo pusieron de manifiesto varios exconcejales llamados por el alcalde para aclarar la situación, acordándose de nuevo nombrar una comisión que procediera a la liquidación de las cantidades que se adeudaran «teniendo en cuenta que esos señores deven [sic] satisfacer y dar como cantidades recibidas todas las cantidades que adeudaban como contribuciones de consumos y contingente provincial desde el día del otorgamiento de la Escritura (del préstamo) hasta el día de la liquidación», como se recoge en el acta del pleno del 8 de enero de 1898. En caso de que los herederos no aceptaran este acuerdo, el ayuntamiento iría a los tribunales.

Acta del pleno del 8 de enero de 1898.

Así llegamos al año 1900 y al acta del pleno del 17 de noviembre, en la cual encontramos dos datos relevantes. Uno que el asunto finalmente llegó a juicio y que el préstamo lo había hecho Ramón Martínez Valdés siendo él alcalde de Llanera. En el pleno, los concejales que intervinieron pusieron de manifiesto que «poco o nada se les debe», y fueron los ediles Víctor Rodríguez Ablanedo y Manuel Ablanedo y Álvarez, quienes desvelaron que el dinero prestado por Ramón lo había sido durante su periodo como alcalde, y con la única finalidad de «faborecer [sic] sus propiedades de San Cucufate», de ahí que el ayuntamiento «debe defenderse y no pagar cantidades que no debe».

Por otro lado, desvelan que la casa de La Piniella no pagaba la contribuciones, y ponen el acento en que la mala administración, tanto por parte de la familia como por parte del ayuntamiento, está provocando el aumento de la deuda, y se muestran convencidos de que «si viviesen los padres políticos del los demandantes hijos pertenecientes a una de las principales familias de este concejo, no tolerarían jamás que se llevara este asunto más que al terreno de la amistad.» Antes de la votación, que arrojó un resultado unánime de defender los intereses del ayuntamiento por la vía judicial, el concejal Ramón Martínez Coto, tío de los demandantes, abandonó el Salón de Plenos.

Acta del pleno del 17 de noviembre de 1900.

Las actas de los plenos del Ayuntamiento de Llanera, no nos dan más información al respecto, ni siquiera a través de la prensa hemos podido localizar información acerca de cómo terminó el pleito, pero lo que sí sabemos es que las disputas entre la familia y el ayuntamiento y vecinos de la zona, no terminaron ahí.

Así El Noroeste, el 5 de octubre de 1907, informa de la puesta a disposición judicial del vecino de San Cucufate, Vicente Martínez Díaz, por ser el autor de la extracción de 30 metros cúbicos de tierra de una finca al parecer propiedad de Felipe Polo.

El Noroeste, 5 de octubre de 1907.

Un hecho que es bastante posible que tuviera que ver con la disputa sobre un terreno comunal en la zona, como pone de manifiesto la solicitud que Felipe Polo hace al ayuntamiento, vista en el pleno del 29 de mayo de 1909, en la pide que se proceda al deslinde y se amojone, un terreno en abertal, denominado Los Peñones, que linda con terrenos comunales de la parroquia de San Cucufate, en el término de La Cogolla. El pleno acuerda que el perito municipal, Joaquín Suárez González, y los concejales Víctor Rodríguez Ablanedo, Manuel Alonso Rodríguez y Tomás González Vega, visiten los terrenos en cuestión y fijen el deslinde entre los terrenos.

Acta del pleno del 29 de mayo de 1909.

El asunto quedó zanjado en el mes de junio, en el plenario del día 26, aunque en esta ocasión la finca propiedad de Felipe Polo, recibe el nombre de La Requejada.

Esa solución aprobada por el ayuntamiento en pleno, no fue del gusto de los vecinos de la parroquia, quienes se dirigieron al plenario municipal en el mes de julio, para manifestar su descontento, y acusar a Felipe Polo Flórez, como representante legal de su mujer, Ramona Martínez Valdés, de «tratar de apropiarse de un terreno en el monte común llamado La Cogolla, cuyo monte está exceptuado de la venta á favor de aquel vecindario», de la misma manera que otro particular está tratando de hacer en el mismo monte. Ante la situación, el pleno acuerda dejar el asunto pendiente de resolución a una próxima sesión, aunque el mismo nunca volverá a constar en ningún acta de sesión.

Acta del pleno del 10 de julio de 1909.

Y este no sería la única discrepancia que tendría la familia con el ayuntamiento, como ya vimos el pasado mes de agosto, cuando publicamos el artículo El ayuntamiento investigó a Franco por el cierre de una finca. Fue en 1936.

Unos años antes, en 1926, la iglesia de San Juan el Real de Oviedo, acogía los funerales por Felipe Polo Flórez, cuyos restos fueron luego trasladados al cementerio del Salvador, tal y como podemos leer en el diario Región del 23 de junio.

Región, 23 de junio de 1926.