Alejandro Mon, ministro de Hacienda

Casa Palacio en Vidriera, Bonielles, Llanera.

La idea para este artículo me llegó después de leer un tuit de la Real Academia Española de la Lengua (RAE), que recordaba que hoy se cumplen 173 años del nacimiento de Alejandro Pidal y Mon (1846-1913), quien fuera presidente de aquella institución, y sobrino del cinco veces ministro de Hacienda, Alejandro Mon y Martínez de la Torre (1801-1882), cuyo cuerpo, junto al de su hijo, está enterrado en una tumba en el interior de la iglesia de San Nicolás de Bonielles y la casa familiar en la localidad de Vidriera (parroquia de Bonielles, municipio de Llanera), se la conoce como Ca Palacio. En la parroquia también reposaron los restos de sus padres, Miguel y Francisca, y de su hermano José Ramón. A la figura de Alejandro Mon es a la que dedicaré este artículo.

Nacido en Oviedo, estudio en la Facultad de Leyes de la universidad asturiana y su vocación política le llevará a enrolarse en las Milicia Nacional, interviniendo en la defensa de la capital asturiana de los ataques del ejército absolutista en junio de 1823, lo que le valdría el destierro y su posible traslado a Andalucía, ya que consta su estancia en Sevilla hacia 1828. Ocho años después, será elegido diputado por Oviedo formando parte de las filas de la Unión Liberal un cargo que irá revalidando elección tras elección hasta su fallecimiento. Retirado de la vida pública, Alfonso XIII lo nombrará senador vitalicio.

Sepultura de Alejandro Mon y su hijo en el interior de la parroquial de Bonielles.

Su dilatada carrera política le llevó a ser ministro de Hacienda en cinco ocasiones, presidente del Consejo de Ministros, embajador en París y ante la Santa Sede, jefe de gobierno durante un breve periodo en 1864, además de ser uno de los fundadores de la Academia de Ciencias Políticas y Morales. A su fallecimiento, en 1882, era propietario de un total de 694 fincas, la mayoría de ellas en Llanera y repartidas por todas las parroquias del concejo, y valoradas en 146.000 pts de la época.

Los constantes vaivenes vividos en la política decimonónica española, le convertirá en uno de los políticos nacionales obligados a exiliarse en Francia, acompañando a la reina María Cristina en 1841. Eso no le impedirá ser, cuatro años después, uno de los ideólogos de la Constitución de 1845, como uno de los representantes del liberalismo moderado. En ese mismo año dio comienzo a una reforma tributaria de la que fue deudora la Hacienda Pública española, hasta los cambios introducidos con la llegada de la democracia a España tras la caída de la dictadura franquista.

Portada del catálogo de la exposición organizada por el Museo de Bellas Artes de Asturias en 2003.

Cinco fueron los puntos clave de la reforma. Así fijó una contribución de inmuebles, que muy bien puede considerarse como el antecedente del actual IBI; una contribución industrial, precursora del IAE; una contribución denominada de Inquilinatos y Consumo; otra figura que gravaba los incrementos de patrimonio (plusvalías), y un impuesto que se fijó para las exportaciones.

Una reforma que afectó sustancialmente a la iglesia católica, ya que una de las medidas fue la supresión del diezmo, a través de la Ley de dotación del culto y del clero. Los objetivos que perseguía esa reforma eran los de unificar el sistema fiscal en todo el territorio nacional, y dejar en manos de la Hacienda Pública el monopolio fiscal del país.

Retrato fotográfico de la Colección Castellano, Biblioteca Nacional de España.

En el periodo en el que estuvo fuera de la política, se dedicó a la actividad empresarial con negocios dentro del sector siderúrgico y ferroviario, además de ayudar a la instalación en Trubia de la Fábrica de Armas, y de asociarse con Pidal y Camposagrado en Duro y Compañía.

Defensor a ultranza de la monarquía borbónica y miembro del Partido Moderado, acompañó a Isabel II al exilio, y por ello recibiría el Toisón de Oro en 1871, condecoración que pudo añadir al Gran Cordón de la Legión de Honor francesa. Y es que siempre mantuvo una especial relación con Francia, al que se exilió en dos ocasiones acompañando a otras tantas regentes, y también en París nacerá su único hijo, nacido de la relación que tuvo con Rita Martínez, una mujer casada con la que tuvo una aventura.

En definitiva, se trató de una figura política a la altura de otros grandes políticos asturianos de su mismo siglo, como fueron Campillo y Cossío, Campomanes, Flórez Estrada, Canga Argüelles o el propio Jovellanos un poco antes. Una figura que en su día dio nombre a la Biblioteca Publica que estaba situada en la calle de la capital municipal que hoy le recuerda