
En el ya lejano año de 1995, Perfecto Rodríguez Fernández, profesor de la Universidad de Oviedo, ya jubilado, publicó en la editorial gijonesa Auseva, un libro titulado «Cartas del general Bonet sobre la Guerra de la Independencia en Asturias (enero-abril de 1810)», en la que recoge varios centenares de cartas escritas por Bonet a sus subordinados durante esos meses, en 24 de las cuales se encuentran referencias al municipio de Llanera, en las cuales se pone de manifiesto la importancia estratégica que tenía el puente de Cayés, en las comunicaciones entre Oviedo y Gijón, pasando por La Venta de Puga, por lo que la presencia de tropas francesas en esos dos puntos va a ser más que regular.
En ese año de 1810, en enero, el general Bonet recibe la orden de Napoleón de dirigirse desde Santander hacia Asturias y tomar Oviedo. Eso fue el día 20 y después de superar la oposición que le pudieron ofrecer las tropas asturianas, el día 31 entraba en la capital asturiana y el 7 de febrero, los franceses hacían lo propio con Gijón, y el 7 de febrero Bonet escribe la primera carta (la número 88 en la recopilación de Perfecto Rodríguez), en la que se menciona una población de nuestro municipio.

Se trata de La Venta de Puga, en la parroquia de Pruvia, muy cerca de la población gijonesa de Veranes, y punto importante en la carretera que une Gijón con Oviedo. En esa carta, Bonet le indica al coronel Cretin, acuartelado en la villa de Jovellanos, que «no se olvide de la compañía que se halla en la Venta de Puga», señal inequívoca de la presencia de tropas imperiales en el solar de Llanera. Unos días más tarde, ante el conocimiento de los movimientos que estaba llevando a cabo el guerrillero apodado El Marquesito, ordenará el envío de tropa a Puga para intentar obtener mayor información al respecto.
Lógicamente, para asegurar la viabilidad de las comunicaciones, los puentes son infraestructuras de gran relevancia, y de ahí que el 14 de febrero, ordene al coronel Gauthier que el batallón del comandante Lustringer envíe un destacamento a Cayés, mientras que una compañía de granaderos del 118 se instalará en el puente de Colloto. Unas tropas que dejarán sentir su presencia también en la parroquia de San Cucufate, hasta donde llegaban las patrullas que Bonet enviaba desde Oviedo, como señala en una carta fechada el 23 de febrero de 1810.

La situación inestable en el frente asturiano, hizo que Bonet tuviera abiertas las posibilidades de tener que retirarse hacia Pola de Siero, como así tendría que terminar haciendo, y en otra misiva valoraba la posibilidad de retirarse desde San Cucufate hacia Cayés, puente que como el de Brañes, estaba controlado por sus tropas, y las patrullas entre ambos puntos del municipio de Llanera eran diarias sin encontrar ninguna oposición armada.
En el mes de marzo, el general ordena el despliegue de 30 soldados y un oficial en Cayés, con la misión de proteger el puente colocando un puesto en altura para controlar la posible llegada del enemigo desde la vecina San Cucao. Considera suficiente ese contingente y otros desplegados por zonas próximas «al no estar el enemigo presente en esta parte y no tener más que algunos campesinos para combatir en esa zona». Lo que no va a ser óbice para que en marzo, en una carta enviada al comandante Lustringer, muestre cierta alarma por la presencia de ocho jinetes procedentes, supone él, de Pravia.

Días después, Bonet reforzará la guarnición del puente de Cayés con un total de un centenar de hombres y un oficial, con la misión añadida de hacer reconocimientos diarios hasta San Cucufate. Eran tropas del regimiento 118 y la orden se cursó el 11 de marzo. Sin embargo, una semana más tarde, tal vez por la necesidad de reunir tropas para hacer frente a la amenaza de las tropas asturianas, reduce la necesidad de hombres en Cayés a medio centenar.
Al día siguiente, 19 de marzo, el general Bonet se congratula por la llegada del comandante Lustringer con su batallón, y le ordena enviar al día siguiente por la mañana, la mitad de sus tropas a efectuar un reconocimiento a San Cucufate, mientras que la otra mitad tenía que ocupar las alturas que dominan el puente de Cayés. Unas órdenes que no se cumplieron con exactitud y el general muestra su disgusto con el comandante en una misiva que le remite el día 20 de marzo y el 29, le insiste al coronel Duclos, sobre la necesidad de ubicar un centenar de hombres para proteger el puente cayesino y la aldea de La Corredoria.

En las últimas cartas en las que se menciona a poblaciones de Llanera, será La Venta de Puga la protagonista, primero para ordenar al coronel Cretin el envío de un destacamento para asegurar la correspondencia. Eso el 31 de marzo, mientras que el 6 de abril ordena el regreso de ese destacamento, que sería relevado, al día siguiente, por otro que permanecería únicamente hasta las nueve de la mañana.
La última de las cartas relacionada con nuestro concejo, está fechada el 23 de abril de 1810, y en ella le pide a Cretin que aumente en una compañía el regimiento 118, hasta La Venta de Puga, punto clave para mantener abierta la ruta de comunicación entre las dos principales ciudades asturianas.