Corría el año 1926 en plena dictadura de Primo de Rivera y bajo la alcaldía de Celestino Tresguerres, cuando llega al pleno municipal, concretamente en la sesión del 11 de diciembre de 1926, el asunto de si el ayuntamiento debe de dotarse o no de un vehículo de propiedad municipal, en lo que iba a ser el primer coche oficial con el que contó nuestro ayuntamiento en toda su historia que, por aquel entonces, ya sumaba bastante más de un siglo de andadura independiente.
Encabezamiento del acta de la sesión del 11 de diciembre de 1926.
El primer punto del orden del día de aquella sesión fue el dedicado a la dotación de una partida presupuestaria por importe de 5.000 pesetas, con destino a la compra del vehículo para el servicio del ayuntamiento, punto que fue defendido directamente por el alcalde Tresguerres.
Entre los motivos que éste alegó para justificar ese desembolso económico, estaba el hecho de que el concejo contaba con 11 parroquias «diseminadas en las cuales se están realizando o van a ejecutar obras por administración que hay que inspeccionar», tal y como se recoge en el acta del pleno, unas inspecciones que se veían dificultadas por «falta de medios de comunicación».
Otra de las ventajas que se veía a la compra de un coche, era la de agilizar la visita al terreno de las comisiones municipales que se enviaban para informar acerca de peticiones vecinales que llegaban al ayuntamiento, cuya resolución en ocasiones se retrasaba «porque no siempre puede la comisión informante ir a cumplir su cometido», sigue el acta.
Donde se explicitan algunos de los motivos que aconsejan la compra del vehículo.
Por otro lado, la propia dinámica de la gestión municipal hacía necesarios los viajes a distintos organismos oficiales ubicados en Oviedo, e incluso se generaban desplazamientos oficiales a municipios vecinos. A todo eso se añade la facilidad que aportaría a los propios concejales para desplazarse hasta la capital municipal para participar en las sesiones plenarias «y más aún, el regreso a sus hogares, casi siempre de noche y atravesando horas de carretera».
Todas ellas eran razones que venían a abonar el argumento principal esgrimido por Celestino Tresguerres, que uno era otro que el ahorro que iba a suponer para las arcas municipales, habida cuenta de que si bien «hasta ahora los gastos que los viajes oficiales originaban a la Corporación y empleados, eran satisfechos en su mayor parte del bolsillo particular de cada uno», el aumento en la frecuencia de esos viajes «hace que esos gastos se multipliquen y excedan de las disponibilidades de cada uno, lo que obligará a todos a pasar la cuenta para que, como es de justicia, se abone con cargo al presupuesto que resultará menos gravado si los viajes oficiales se hacen en el auto municipal».
Fragmento del acta de pleno en la que se explicita el modelo de coche que va a adquirir el municipio.
Una vez conseguida la unanimidad de los concejales asistentes a la sesión, se pasó a discutir el modelo de vehículo que podría ser más apropiado para los fines establecidos, llegándose a la conclusión de que la mejor opción, al decir del alcalde, era un «Peugeot 11 H.P., cinco asientos, usado, casi nuevo, que su dueño vende, por haber adquirido un coche mayor». Propietario que al parecer, pedía la cantidad de 8.500 pesetas aunque, eso sí, ofreciendo flexibilidad en el pago.
Modelo Peugeot 172 Bc Quadrilette 1924, 11 hp
Ya en 1926 una de las cuestiones que se valoraron para aprobar la compra del vehículo fue que «es de muy poco consumo», como puso de manifiesto el concejal José Alonso. Las deliberaciones entre los ediles concluyeron con el acuerdo de abonar con cargo al presupuesto en ejercicio la cantidad de 3.500 pesetas, dejando el resto del importe para el año siguiente, siempre y cuando el mecánico al que se le encargara la revisión del vehículo diera el visto bueno al estado del vehículo. Asimismo, se decidió reservar en el presupuesto la cantidad de 2.000 pesetas para afrontar los gastos que ocasionaría el uso del vehículo por la corporación.
Dejamos para un próximo artículo el recorrido por la polémica, que se extenderá hasta 1932, provocada por la compra de ese vehículo.
Fachada del edificio consistorial proyectada por Francisco Casariego. Foto del autor.
El viernes 21 de abril de 2023, se presentó en la Plaza de La Habana de Posada de Llanera el primer número de la revista Cartafueyos de Llanera Revista Cultural del Concejo, en la cual publico un artículo que reproduzco a continuación añadiendo el soporte visual que fue imposible incluir en la publicación en papel ,y que supone sacar a la luz por primera vez los planos completos de un proyecto arquitectónico del que únicamente se tenía noticia por las noticias aparecidas en prensa y las alusiones contenidas en las sesiones plenarias del Ayuntamiento de Llanera.
La apertura
Corría el año 1920 cuando tenemos las primeras noticias acerca de la intención de los responsables municipales, presididos por el alcalde, Joaquín Palacio Muñiz, de proceder a la construcción de un nuevo edificio consistorial, para lo cual el pleno acuerda adquirir un inmueble en Posada con el fin de dedicarla a juzgado y a ayuntamiento, mientras que el edificio que dejaría libre el consistorio se procedería a su reparación para que pudiera acoger el cuartel de la Guardia Civil.
En la toma de decisión de levantar un nuevo edificio consistorial, parece que concurrieron dos circunstancias. Por un lado, la amenaza lanzada por el jefe del contingente de la Guardia Civil instalado en la capital municipal, de suprimir la presencia de la Benemérita si no se le facilitaban unas instalaciones capaces de albergar en condiciones a los agentes y, por otro, la necesidad de mejorar las condiciones de la Casa Consistorial.
Eso queda así reflejado en el acta de la sesión plenaria del 10 de enero, cuyo primer punto del orden del día se centró en dar cuenta a los concejales acerca de una sesión extraordinaria, previsiblemente de la Comisión Permanente aunque no se explicita, llevada a cabo para afrontar este asunto.
Se informa al pleno del ofrecimiento hecho por Rosalía González Ablanedo, de una casa para dar solución al problema “teniendo en cuenta la gran necesidad que existe, por tratarse del caso de alojar la fuerza de la gda [sic] civil”, un asunto que requería atención rápida, toda vez que el mando de la Benemérita amenazaba con “que si en un plazo perentorio no se adquiere donde alojar la fuerza, suprimiría el puesto de este concejo.”
La amenaza no surtió ningún efecto sobre los concejales, y Severino Coterón Menéndez, representante del Partido Reformista, pide que la propuesta de Rosalía González se deje sobre la mesa por espacio de una semana para poder hacer un estudio más detenido de la misma.
La propuesta del reformista, en medio de una corporación dominada por el elemento conservador, fue rechazada por mayoría, decantándose en cambio por acordar el inmueble ofrecido y abonar el importe de 25.000 pesetas propuesto por la propiedad, repartidas en 9.000 a pagar al contado “y las diez y seis pesetas restantes, en obligaciones de dos mil pesetas cada un año con el cinco por ciento de interés anual.”
Fachada lateral del consistorio. Foto del autor.
Asimismo, se acuerda que el inmueble que se pretende adquirir será dedicada a Consistoriales y Juzgado, además de dependencias auxiliares, mientras que el edificio que liberará el ayuntamiento se procederá a su acondicionamiento para su uso como cuartel y caballerizas para la Guardia Civil “y todo lo necesario para ese fin, y que dada la gran necesidad se den principio á las obras lo antes posible.”
Por la revista Asturias y el artículo del por aquel entonces secretario municipal, Ramón Rayón, del 4 de abril de 1920, sabemos que el contingente de la Guardia Civil se encontraba en aquellos momentos acuartelado en Villabona, después de que Fernando Ablanedo, propietario del inmueble que ocupaba el instituto armado hubiera procedido a su venta a la Sociedad Hijos de Guisasola, para la instalación de una botica y de un comercio al por mayor, y de ahí la reclamación del cuerpo de su reubicación.
Como buen conocedor de la realidad municipal, Rayón no evita transmitir las dificultades existentes para que el proyecto salga finalmente adelante debido a la existencia de “una tirantez política tan grande que es causa de no poder efectuarse cualquier empresa que se proyecte”, aunque en esta ocasión muestra su confianza en que se lleve adelante “para el bien de todos.”
Fuera por esa tensión política o por otra cuestión, el caso es que el asunto entró en vía muerta durante unos meses y no será hasta septiembre que se vuelva a asomar al plenario municipal, ya con la presencia de un nuevo alcalde, Manuel Alonso Rodríguez.
Por ese tiempo, la Guardia Civil ya parece haber vuelto a la capital municipal, toda vez que se discute sobre la necesidad de ampliar, como se lee en el acta de la sesión del 4 de septiembre, “en la parte Norte un local para destinar a cocinas para la casa cuartel.” El plenario acuerda llevar adelante las obras y, en el punto siguiente del orden del día, se toma la decisión de requerir a Rosalía González con el fin de firmar la escritura de compra venta del inmueble que el consistorio había acordado adquirir, para lo que se le da un plazo de 30 días. Ya no vamos a tener más noticias sobre el asunto hasta que en plena dictadura primorriverista y bajo la alcaldía de Celestino Tresguerres, se active el proyecto ya con una madurez mayor que hacía presagiar que el municipio podría por fin contar con unas nuevas Casas Consistoriales.
Fachada posterior. Foto del autor.
La polémica
A finales de 1926, concretamente en el mes de diciembre, será cuando se reactive el proyecto de nuevo ayuntamiento mediante la reserva en los presupuestos municipales de 15.000 pesetas ante la “necesidad de construir una nueva Consistorial”, obras que debían de estar en marcha, ya que en el acta del día 11 de diciembre se dice que la cantidad se guarda “a reserva de que la Corporación, en sucesivos presupuestos vote el crédito suficiente para terminar las obras.” Obras que más parecen tener que ver con reparaciones en el edificio ya existente, ya que no será hasta 1929 cuando el plenario vea los planos de lo que iba a ser el nuevo edificio consistorial.
En julio de ese año, concretamente el día 20, el alcalde Tresguerres plantea a sus compañeros de corporación la “gran necesidad de construir una nueva Consistorial y una Casa-Cuartel”, y pide al interventor que explique a los concejales cual es la manera de disponer de los fondos necesarios para ello.
La explicación que ofrece incluye utilizar para ese menester 40.000 pesetas procedentes del superávit del presupuesto de 1928, unidas a las 20.000 reservadas para el mismo fin en las cuentas del año en curso, a lo que se sumaría un crédito por otras 10.000 pesetas destinadas a las obras en el cuartel de la Benemérita. Esas cantidades, según el interventor, serían suficientes para iniciar las obras y se tenía la previsión de finalizarlas gracias al presupuesto para el año 1930. La propuesta del interventor logra el apoyo por unanimidad de la corporación.
Será en el mes de noviembre de 1929, cuando apenas si quedan unos meses para finalice la dictadura de Primo de Rivera, en enero siguiente, y con ella el mandato de los ayuntamientos de ese periodo, el momento en el que se presente a los concejales los planos del nuevo edificio proyectado por el arquitecto Francisco Casariego (Oviedo 1890-1958).
De nuevo Tresguerres vuelve a insistir a sus concejales en la necesidad de llevar adelante la obra del nuevo edificio, para lo cual se hace imprescindible proceder a la compra de un solar capaz de acoger el edificio proyectado por Casariego. El solar que parece más adecuado, tal y como se lee en el acta del pleno del 30 de noviembre, parece ser uno propiedad de Carmen García Martínez, algo con lo que el redactor del proyecto también parece estar de acuerdo y así lo ratifican los concejales por unanimidad.
De nuevo gracias a una publicación editada en Cuba, El Progreso de Asturias, con destino a la comunidad asturiana, como también lo era la revista Asturias que mencionamos anteriormente, sabemos que el proyecto de nuevo ayuntamiento era acogido con suspicacias en la capital municipal, al considerar que “lo que pretender hacer los señores concejales ahora, no es cubrir una necesidad apremiante, construyendo un edificio de tanta cuantía y máxime teniendo en cuenta que el arca municipal no está en condiciones para hacer tan gran desembolso”. Según la memoria económica que acompaña a los planos de Francisco Casariego, el importe total de la obra sería de 151.101,46 pesetas.
Resumen del presupuesto. Foto del autor.
El anónimo cronista de El Progreso de Asturias, que publica la información en su número del 30 de enero de 1930, pide que se utilice el solar vecino a la plaza cubierta, donde antiguamente se llevaba a cabo el mercado de ganado, para dotar a Posada de un parque, teniendo en cuenta que los vecinos “carecen en absoluto de lugares de esparcimiento”, además de cumplir con el compromiso adquirido por el ayuntamiento con el Club Llanera de La Habana “de higienizar los alrededores de la Plaza cubierta, que buena falta hace”, y supondría una “verdadera obra de embellecimiento y de utilidad pública”, concluye el artículo.
Con esas críticas probablemente en mente, la nueva corporación presidida por José González Solares, una vez puesto fin a los ayuntamientos del periodo dictatorial, decide aprobar unos presupuestos municipales en los que se aumenta la partida dedicada a la reparación del viejo ayuntamiento y otros edificios en 2.000 pesetas, y en 5.000 pesetas para los gastos de calefacción. A estas alturas, el edificio de casa cuartel seguía sin construirse como demuestra el hecho de que en ese presupuesto, aprobado el 8 de marzo de 1930, se aumenta de 7.000 a 13.500 pesetas la partida para levantar el nuevo cuartel.
El 19 abril el concejal José Rodríguez, pregunta en pleno acerca de la compra del solar sobre el que supuestamente se iba a edificar el nuevo consistorio, sin que el acta de la sesión recoja si recibió respuesta alguna a su demanda.
Sí es más expresiva el acta del pleno del 28 de junio, presidido por Eugenio Vázquez Rodríguez, si bien tuvo que abandonar el salón de sesiones al tener un interés personal en el asunto de la compra del solar, tal y como le recordó el concejal Severino Coterón, que es quien fuerza el abandono del pleno por parte de Vázquez, quien fue sustituido por el primer teniente alcalde, José González Solares.
Cumplido con ese trámite, se pasa a dar lectura a la escritura firmada el 2 de enero de ese mismo año 1930, otorgada por Carmen García Martínez, ante el notario López Urrutia, por el cual se procedió a la venta de un solar de 3.420 metros cuadrados de superficie, sito en la capital municipal, a razón de 4,75 pesetas el metro cuadrado, con destino a la nueva consistorial.
El presidente de la sesión pide que el pleno denuncie esa escritura “por haber suficientes terrenos propios del municipio”, y amparándose en un Real Decreto publicado ese mismo mes, por el cual se autoriza a los municipios a declarar lesivos todos los acuerdos adoptados a partir del 13 de septiembre de 1923, con el fin de poder recurrir a la vía contencioso administrativa para obtener el resarcimiento que se vea conveniente. El plenario acuerda finalmente intentar una avenencia con la propiedad con el fin de no llegar a la vía judicial, y si este no fuera posible “promover recurso contencioso contra los acuerdos de la Corporación de la Dictadura referentes a la compra a Dña Carmen García de un solar para nueva Consistorial y anular la escritura pública otorgada.”
Detalle del presupuesto adjunto al proyecto. Foto del autor.
El asunto vuelve al pleno el 11 de octubre, para estudiar el informe jurídico que se había solicitado a los abogados José Buylla y Ramón G. López. Ambos letrados coinciden en la procedencia de declarar lesivos los acuerdos tomados al respecto por la corporación presidida por Tresguerres, pedir a los tribunales que declaren la escritura nula, para, a continuación, acudir al juzgado para pedir daños y perjuicios. Así lo acuerda el pleno facultando al alcalde para que en el plazo de ocho días de un poder en nombre del ayuntamiento, a los procuradores Bueres, Cabañas, Pedrosa y Emilio Valdés, además de encargar la defensa al letrado Ramón González López.
En el turno de ruegos y preguntas de esa misma sesión, el edil Severino Coterón, indaga acerca del recuento de la madera adquirida con la finalidad de ser destinada a la construcción de la nueva consistorial, y si fue trasladada al almacén municipal. Al mismo tiempo, se interesó por saber a qué capítulo del presupuesto se imputó ese gasto así como el de los planos. El alcalde le responde que la madera aún está en posesión del vendedor, Manuel Braña, y que los costes de su compra, traslado y de los planos se imputaron al presupuesto de 1929, sin que se explicitara la cuantía de ese gasto.
El asunto de los costes de la madera, volverá a ponerse de manifiesto en el pleno del 8 de noviembre, en el transcurso del cual se discute partida por partida, el presupuesto presentado por el carpintero Manuel Braña, algunas de las cuales son rechazadas. El plenario acuerda abonar 513 pesetas, excluyendo el coste del seguro contra incendios que era de 100 pesetas. El aporte de madera necesitó del viaje de tres carpinteros a Gijón para proceder a su selección y transporte hasta Llanera.
Se da un plazo de 48 horas a Manuel Braña para que acuda al ayuntamiento para ser informado sobre el acuerdo adoptado y, en caso de conformidad, proceder al traslado de la madera o, en caso de disconformidad, acudir al juzgado para que permita el traslado de la madera que aún estaba en su poder, ya que una parte ya se encontraba almacenada en la Plaza de Abastos, donde un recuento realizado por el concejal Celedonio García, había detectado la falta de 200 piezas, ante lo cual se decide iniciar una investigación para intentar averiguar el paradero de las mismas. Un material que volverá a asomarse a las páginas de la prensa socialista, cuando el diario Avance publique el 26 de noviembre, que “continúa almacenada la madera comprada en mal hora por el Ayuntamiento de la Dictadura, para la construcción de la nueva Casa Consistorial”. El municipio asegura que “todavía no se ha recibido el permiso del ministerio de Hacienda para proceder a la subasta, permiso que le fue pedido hace tiempo”, como podemos leer en el mismo artículo. Del destino de la madera nunca más se supo.
Carpeta que contiene el proyecto de casa consistorial. Foto del autor.
El arquitecto
El ayuntamiento, como ya hemos visto, encargó la redacción de los planos al ovetense, Francisco Casariego Terrero (1890-1950), arquitecto y pintor. Dejando de lado esta segunda faceta, decir que estudia arquitectura en Madrid entre 1910 y 1916 al mismo tiempo que estudia en la Academia de Artillería, para más tarde ejercer como arquitecto municipal en Langreo; en 1921 ejerce como arquitecto de catastro; y, entre 1922 y 1940 lo hace como arquitecto municipal de Oviedo.
Cuando le llega el encargo de realizar los planos de un nuevo ayuntamiento para Llanera, ya era un profesional con una importante trayectoria, como demuestra el hecho de que, junto con el ingeniero municipal, Ildefonso Sánchez del Río, había realizado el proyecto del ensanche de varias calles de la capital asturiana, incluyendo algunas intervenciones en la Fábrica de Armas.
De su mano salió una amplia obra arquitectónica, tanto en Asturias como fuera de las fronteras regionales. Como veremos en los planos del consistorio de Llanera, por esos años era un arquitecto caracterizado por la solidez constructiva y el manejo de elementos regionalistas e historicistas como se aprecia en la Casa del Arco Iris, el edificio de viviendas de la calle Uría 25, el Cine Principado en la calle Cabo Noval ya desaparecido, o la colonia Ladreda conjuntamente con Enrique Bustelo, todas ellas obras de los años 20.
Probablemente el proyecto de mayor interés dentro de su obra arquitectónica sean las instalaciones del Orfanato Minero de Oviedo, creado en 1929 gracias al acuerdo entre el SOMA y el gobierno de Primo de Rivera, para atender las necesidades de los huérfanos de la minería. Un adelanto muy importante por lo que tocaba a la atención de los menores, en un momento en el que la siniestralidad minera era muy alta dejando a muchas familias en una situación de extrema vulnerabilidad.
La construcción se inicia en 1931 bajo la dirección del ingeniero de minas, Ernesto Winter, y el proyecto fue obra de los arquitectos asturianos Enrique Rodríguez Bustelo y Francisco Casariego, quienes contaron con la ayuda de Ildefonso Sánchez del Río, en todo lo que tuvo que ver con la estructura de hormigón armado con la que cuenta el edificio. En Llanera sí llegó a construir el edifico de Cerámicas Guisasola en 1947.
Portada del proyecto. Foto del autor.
La fachada principal no sólo se privilegiaba con el pórtico y con el balcón, sino que se añadía una apertura rematada por escudo y con un aparejo de piedra que continuaba el del piso inferior hasta concluir todo el frente con un reloj y un remate en el tejado que recuerda al que podemos ver en el Ayuntamiento de Oviedo, siguiendo modelos historicistas procedentes del siglo XIX ya muy ensayados en la arquitectura de algunos de los ayuntamientos asturianos, como los que hemos mencionado con anterioridad.
En las fachadas laterales se rompe la monotonía del muro continuo, dando un ligero resalte al cuerpo central, hasta el antepecho de sendas ventanas relacionadas con los dormitorios de las dos viviendas que ocupan todo el espacio de la segunda planta, una destinada al conserje del edificio y otra al secretario municipal.
El edificio estaba formado por una planta de sótano con una serie de habitáculos que reproducen la estructura de habitaciones del piso inmediatamente superior. Desde el pórtico se accedía a la planta baja que era la ocupada en su totalidad por las instalaciones del Juzgado Municipal, con un vestíbulo de acceso a cuyos lados se sitúan tanto el despacho del juez como la Depositaría, y con un patio central como elemento organizador del espacio, una sala de juicios, las instalaciones de calefacción y la cárcel municipal la cual tenía un acceso independiente por la parte trasera del edificio para llegar a las dos celdas con las que contaba, y el despacho del secretario municipal.
Planta segunda del edificio proyectado. Foto del autor.
Por medio de unas escaleras se subía al primer piso, destinado a acoger el Ayuntamiento propiamente dicho, con su Salón de Sesiones con salida al balcón sobre la fachada principal, despachos para el alcalde, el secretario, archivo y otras dependencias.
La estructura interna se remataba con un segundo piso dedicado exclusivamente a acoger las viviendas del conserje y del secretario, con sus correspondientes dormitorios, cocinas, comedor y baño, junto con el acceso al reloj. No será hasta los años 60, concretamente hasta 1969 cuando Llanera pueda presumir de tener un nuevo edificio consistorial, que en su día supuso una mejora muy importante y que sigue en uso en este siglo XXI, mostrando ya múltiples carencias que hacen aconsejable pensar en la elevación de una nueva construcción, adaptada plenamente a las necesidades de un municipio en crecimiento y con servicios municipales distribuidos en diferentes localizaciones dentro de la capital municipal.
Si nos asomamos a las páginas de los periódicos de los años veinte, concretamente de los de 1927, nos podemos encontrar, en Región y en El Noroeste, con la noticia de la creación en el concejo de la bautizada como Sociedad Cultural de Llanera, entre cuyos proyectos estaba la fundación de la primera biblioteca en nuestro concejo.
La primera noticia la localizamos en las páginas de Región del 29 de enero de 1927. En ellas se informa de la convocatoria que se había enviado a varias personas, a las cuales no se identifica, con el fin de poner en marcha la «formación de un Ateneo Popular». Todos los invitados, como no podía ser de otra manera, aprobaron «con gran entusiasmo llevar a cabo la idea de sus iniciadores e inscribiéndose acto seguido unos veinticinco», una cifra nada despreciable por otra parte.
Región, 29 de enero de 1927.
Lo que sí nos dice la información periodística es el nombre de la directiva encargada de poner en marcha la idea, integrada por Ramón Rayón, José Luis Moreno del Busto, Aurelio Hevia, Sinesio Rodríguez y Manuel Vázquez. La nota publicada en Región termina diciendo: «Acogemos con simpatía esta iniciativa, significando nuestro aplauso a los señores que empezaron la labor de organización, y celebramos que al futuro Ateneo se incorpore buen número de simpatizantes».
En el mes de febrero será El Noroeste el medio que informe del devenir del colectivo, ya transmutado en la Sociedad Cultural de Llanera, ya constituida y cuya sede social estará en la capital municipal. El propósito fundamental de sus fundadores era el de «intensificar la cultura en todos sus órdenes», y para cumplir con ese objetivo tenían la idea de «instalar en el domicilio de la misma una Biblioteca, se organizarán conferencias y otros actos instructivos».
El Noroeste, 26 febrero de 1927.
Unos objetivos de cierta ambición para un municipio como el nuestro por aquellos años, y para lograrlos contaba ya, según El Noroeste, con «gran número de asociados, la adhesión de otros muchos», y la junta directiva que se encargaría de cumplir con ellos quedaba formada definitivamente por Ramón Rayón (secretario del juzgado) como presidente; José A. Martínez, como vicepresidente; Manuel Vázquez, secretario; José Rodríguez y Arias, tesorero; y los vocales Guillermo Toca (farmacéutico municipal), Víctor G. Proaza (indiano), Aurelio Hevia, Ramón González Llera (depositario municipal), Sinesio Rodríguez, Celestino G. Tresguerres (alcalde de Llanera), Celedonio García (será presidente del Partido Reformista en Llanera en 1930), y Víctor García González (indiano).
Tanto El Noroeste, en el mes de febrero, como Región en el de marzo, afirman que ya están hechas donaciones de libros con destino a los fondos de la nueva biblioteca, con obras de Armando Palacio Valdés, donadas por el gijonés Aurelio Menéndez, y «varios tomos de literatura española», a cargo de Álvaro Álvarez.
Región, 2 de marzo de 1927.
El hecho de no haber localizado más informaciones hasta el momento, en los medios de comunicación regionales, nos hace sospechar que tan encomiable iniciativa no debió de culminar con el éxito deseado y la sociedad no pudo llegar a cumplir con los objetivos previstos.
Con otra finalidad más lúdica, Región dará cuenta en sus páginas del 6 de mayo de 1931, de la fundación en Posada «en breve» de un «nuevo Centro Cultural de Recreo a base de los primeros de su categoría en un soberbio local». Con total seguridad está anunciando de la apertura de un local para organizar bailes y otras veladas de carácter más social que cultural. «La directiva la compondrán distinguidas personas del concejo, y otro día daremos a conocer a los lectores más detalles sobre el particular», termina la nota de Región. La ausencia de noticias posteriores hace sospechar que tampoco llegar a levantar el vuelo la iniciativa.
Región, 6 de mayo de 1931.
Así las cosas, Llanera tendrá que esperar hasta la dictadura franquista para contar con su primera biblioteca pública, concretamente hasta el año 1959, cuando se produzca la inauguración de la Biblioteca Pública Alejandro Mon, en la calle del mismo nombre, que se mantendría en uso hasta prácticamente 30 años más tarde, cuando, ya con la democracia de vuelta al país, se inauguró la actual Casa de Cultura de Posada, ocupando el mismo solar que había ocupado el ayuntamiento, primero, y la sede de la OJE (Organización Juvenil Española), después.
Imagen de la biblioteca el día de su inauguración en 1959. Foto Archivo Ayuntamiento de Llanera.
Corría el año 1929 cuando los campos de La Morgal, que todavía no se habían convertido en aeródromo aunque ya hacía varios años que se venía comentando la posibilidad de convertirlos en una instalación de ese tipo, recibieron el aterrizaje de María de la Salud Bernaldo de Quirós, a la sazón la primera mujer que tuvo en España el título de piloto de aviación en 1928, manejando un modelo De Havilland DH-60 Moth. Para hacernos una idea, el mismo avión el que Robert Redford y Meryl Streep viven una apasionada historia de amor sobre los cielos y las tierras de África.
Región, 22 de agosto de 1929.
Eca como era conocida en el entorno familiar o Miss Golondrina, como la habían bautizado sus compañeros varones del aeródromo de Getafe, había nacido en 1898 en el seno de una familia con raíces llaniscas. Se casa joven con su primo Ramón y joven también, quedará viuda después de un matrimonio de apenas dos años de duración, a lo largo de los cuales la pareja verá como pierden a dos bebés. Volverá a casarse en Ciudad Rodrigo (Salamanca) donde residía, con el que será alcalde de la localidad José Manuel Sánchez-Arjona y Velasco, del que se divorcia nada más estrenarse la ley de divorcio de la Segunda República, en 1932, siendo en ello también una de las primeras mujeres españolas en acogerse a esa ley.
De forma definitiva compartirá el resto de su vida con el comandante José Rodríguez Díaz de Lecea, quien había sido su instructor de vuelo y, posteriormente, será ministro del Aire en la dictadura franquista entre 1957 y 1962. Fallece en 1967.
Región, 23 de agosto de 1929.
A la aviadora se la esperaba ese mismo día en Oviedo, donde el alcalde ya lo tenía todo preparado, el campo señalizado e incluso la banda de música, cuando se recibe la noticia del cambio en el lugar de aterrizaje. “Deprisa se recogieron las banderas y los lienzos blancos dispuestos para llamar la atención hacia el campo, y se trasladaron al amplísimo campo de Coruño”, podemos leer en Región.
Eso no impidió que el alcalde ovetense llegara a tiempo a La Morgal acompañado por varios concejales, y donde ya estaban sus homólogos de Tineo y de Llanera, a los que se unió “el vecindario de aquellas inmediaciones” formado por personas que “acudieron unos corriendo campo a traviesa y otros por la carretera”, seguimos leyendo en Región.
Región, 26 de agosto de 1929.
El anónimo cronista de Región apunta que entre el público abundaban más las mujeres que los hombres, y el aterrizaje fue recibido con vítores y aclamaciones, teniendo que ser la multitud controlada por la Guardia Civil. María llegó acompañada por el comandante Lecea, profesor de la Escuela Civil.
Una vez cumplimentadas las autoridades, en un coche se trasladó a los aviadores en coche al Hotel Covadonga de Oviedo, para almorzar para esa misma tarde, volver a La Morgal a ofrecer bautismos de vuelo en los que participó la “bella señorita de Coruño”, María Luisa Uría, mientras que las señoritas de Lugo, María García, María Teresa Martínez y María González, ofrecieron un ramo de flores a la aviadora. Allí mismo se organizó una romería con organillos.
La Voz de Asturias, 22 de agosto de 1929.
Para el día 23 de agosto, cuando se celebró el banquete organizado por el Ayuntamiento de Llanera, en La Morgal había tres aparatos allí estacionados. Al banquete acudieron el gobernador Zuvillaga, el presidente de la Diputación, el alcalde y el primer teniente de alcalde de Oviedo y el alcalde de Llanera, entre otros.
En el diario Región del día siguiente se nos dan los nombres de los asistentes al banquete: «La presidencia estaba ocupada por María Bernaldo de Quirós; capitán, Pérez Marín; gobernador civil, teniente señor Sampil, don Gaspar Cienfuegos Jovellanos, don Ramón Menéndez de Luarca. A la izquierda, comandante Lecea, alcalde de Llanera, señor Tresguerres, y el resto del ayuntamiento. En la otra cabecera se hallaban la señora de Cienfuegos Jovellanos; presidente de la Diputación, señor Cuesta; alcalde de Oviedo, señor Gutiérrez; capitán de aviación, señor Moreno Miró; señor Sanrandeses, don Alejandro Pidal y don Luis Herrero».
Región, 22 de agosto de 1929.
A los postres, el alcalde Tresguerres, se dirigió a los presentes para agradecer su asistencia al acto, y le pide a la aviadora que utilice su influencia para conseguir que La Morgal se convierta en una base de la aviación militar, y anunció que iba a proponer que el campo llevara el nombre del general Zuvillaga.
La aviadora pronunció unas breves palabras de agradecimiento y comprometiéndose a apoyar las pretensiones municipales, que debieron de quedar un poco apagadas cuando el capitán Pérez Marín mostró unos documentos que portaba mostrando las condiciones que tenía que reunir el campo y, claro está, los gastos tendrían que correr a cuenta del Ayuntamiento, aunque tanto el presidente de la Diputación, como los alcaldes de Llanera y Oviedo, aseguran al enviado del jefe de la aeronáutica militar, Alfredo Kindelán, que harán todo lo que sea necesario para que la base sea una realidad.
La Voz de Asturias 22 de agosto de 1929.
La tarde continuó con una verbena con música de organillos y varios bautismos aéreos, y el 24 de agosto por la mañana, María Bernaldo de Quirós levantó el vuelo en dirección a La Coruña mientras que Pérez Marín hacía lo propio rumbo a Madrid.
La peripecia vital de María de la Salud Bernaldo de Quirós se puede seguir durante los años 20 a través de los medios de comunicación, convertida en una celebridad, tanto que la empresa fabricante del avión, la británica De Havilland, le vendió un aparato a mitad de precio a condición de que lo utilizara para volar por España haciendo propaganda de la marca y de un modelo de avión pensado para la aviación de recreo, y también para una formación militar básica.
Así va a ser frecuente encontrar noticias en la prensa española narrando su viaje iniciático entre Getafe y Chinchón, para asistir a una corrida de toros invitada por el matador Marcial Lalanda, su participación en un concurso aéreo en San Sebastián, o efectuar el saque de honor en un partido de fútbol en Vigo. A lo largo de su vida dio más de 200 bautismos aéreos, muchos de ellos a mujeres. La llegada de la dictadura la dejó en tierra y los medios de comunicación no volverán a dar noticias suyas hasta su fallecimiento en 1983.
María Bernaldo de Quirós practicando la caza de la avutarda en una imagen obtenida de Internet.
Fragmento del acta del pleno del 13 de agosto de 1927, en el que se pidió la llegada del alumbrado a Guyame (San Cucufate)
Cuando llegamos al año 1927, la capital municipal, Posada, además de Cayés, Ables y San Cucufate, son las poblaciones y parroquias que en mayor o menor medida, incluso polémicas mediante, cuentan con alumbrado público en lo que suponía la llegada de uno de los elementos de modernidad que, poco a poco, se iban abriendo paso en el municipio. Así, no es extraño que otras poblaciones empiecen a demandar ese nuevo adelanto tecnológico como fue el caso de Guyame, perteneciente a la parroquia de San Cucufate, cuya petición fue presentada en el pleno municipal del 13 de agosto de 1927, por el concejal de la parroquia, Eloy Álvarez, y el suplente, Leoncio López.
Ellos pidieron a sus compañeros de corporación «se de la debida protección a los vecinos del barrio de Guyame para que puedan disfrutar del fluido eléctrico al igual que los convecinos de S. Cucufate y Ables.» El resto de concejales se muestran de acuerdo con esta petición siempre y cuando «además de la petición antedicha se comprometen a realizar beneficios para que de esta manera la Sociedad Popular [Ovetense] pueda suministrar a dicho pueblo la luz eléctrica.» Carecemos de datos que nos permitan saber cuándo llegó finalmente el fluido eléctrico a esa población.
El Noroeste, 21 de marzo de 1928. Los vecinos de La Venta del Gallo llevan tiempo pidiendo el alumbrado público sin éxito.
Al año siguiente, 1928, El Noroeste incluye en sus páginas un ruego al alcalde de Llanera, Celestino G. Tresguerres, recordándole que los vecinos de La Venta del Gallo llevan ya un tiempo largo pidiendo contar con alumbrado público, una petición que para el redactor es lógico que se atienda «porque es un barrio de alguna importancia industrial y máxime teniendo en cuenta que en el límite de Lugones se halla establecido.» Tampoco tenemos constancia de cuando fue finalmente atendida esa demanda.
Región, 17 de junio de 1928. Los vecinos de Andordio (Ables) organizan una romería para festejar la llegada del alumbrado.
Si sabemos fehacientemente, gracias al diario Región del 17 de junio de 1928, que los vecinos de Andorcio, uno de los barrios de la parroquia de Ables, se disponían a celebrar, ese mismo día, domingo, a partir de las cuatro de la tarde, la llegada del fluido eléctrico suministrado por la Sociedad Popular Ovetense (SPO). Para ello, los vecinos organizaron «una romería que será amenizada por varios organillos y la música del país.» En el artículo anterior, veíamos como tanto el barrio alto como el bajo de Ables lograban la llegada de la electridad, y con la incorporación del barrio de Andorcio, la parroquia se ponía en cabeza del municipio en cuanto a la extensión de la electricidad.
Región, 7 de julio de 1928. Se pide mejor mantenimiento del alumbrado en Ables.
Una extensión que no estaba exenta de problemas, por la necesidad de hacer un buen mantenimiento de la instalación, y precisamente desde Ables, un mes después de la celebración llevada a cabo en Andorcio, llegan peticiones, a través de las páginas de Región del 7 de julio de 1928, para que el empleado municipal contratado para hacer el mantenimiento eléctrico cumpla con sus funciones, lo que nos hace sospechar que, lo mismo que vimos en su momento con el alumbrado en la capital municipal, en ese año se empezó a poner de manifiesto el descuido en el mantenimiento de la red.
Fragmento del acta del pleno del 11 de diciembre de 1930. Se acepta la oferta de dos vecinos de Cayés para hacerse cargo del mantenimiento del alumbrado eléctrico en el concejo.
Por una pregunta planteada en el pleno del 11 de diciembre de 1930, por el concejal del Partido Reformista, Severino Coterón, sabemos que el alumbrado con el que contaba el municipio a esa fecha, le costaba al ayuntamiento en torno a las 3.000 pts, por el dato facilitado por el interventor municipal. En ese mismo pleno, se trata de la oferta realizada por dos vecinos de Cayés, Benjamín González Suárez y José González, para hacerse cargo del mantenimiento y encendido de todo el alumbrado público de Llanera «poniendo por su cuenta los materiales, comprometiéndose al recambio de lámparas dentro de las veinticuatro horas en que dejen de lucir y al inmediato arreglo de averías, excepto las de los transformadores y líneas en que la fábrica no consiente toquen más que sus empleados y dejando a su servicio al actual empleado de San Cucufate hasta que vaya a cumplir con sus deberes militares, todo por la cantidad anual de mil trescientas pts.» A la vista de las condiciones, el pleno acuerda que ambos se hagan cargo del servicio a partir del día 1 de enero siguiente.
El Comercio, 14 de junio de 1929. Anuncia la próxima llegada del alumbrado a Lugo. Hubo que esperar hasta 1934.
El siguiente núcleo de población del que se empieza a hablar para recibir el fluido eléctrico será Lugo de Llanera en el año 1929. Esta vez será el diario El Comercio el 14 de junio de ese año, el que dé la noticia de que la SPO y su director e ingeniero, Julio Eguilaz, atendiendo a las peticiones que le estaban llegando desde la población, toma la decisión de «surtir de energía eléctrica el mencionado barrio.» El periódico se muestra optimista en relación a los plazos y aventura que «en fecha próxima se celebrará solemnemente la inauguración del alumbrado.»
Región, 28 de junio de 1929. La Diputación aprobó la petición de la SPO de obras para llevar la electricidad a Lugo y Villabona.
La empresa empieza a hacer los trámites para lograr que Lugo cuente con electricidad, y el diario Región nos informa, el 28 de junio, que la SPO solicita a la Diputación la pertinente autorización para construir una línea alta tensión «desde Lugones a Villabona, con objeto de extender lo servicios de alumbrado y fuerza motriz a los pueblos de Lugo y Villabona.» La burocracia administrativa es como es y no será hasta finales del año siguiente, 1929, cuando la SPO reciba el visto bueno al expediente (Región, 13 de diciembre de 1929).
El Noroeste, 16 de agosto de 1934. Las fiestas de agosto sirvieron para inaugurar el tendido eléctrico en Lugo.
Tampoco eso aceleró la llegada del adelanto tecnológico a la población de Lugo, ya que todavía tendría que esperar otros cinco años para ver su anhelo cumplido. El Noreoste, el 16 de agosto de 1934, nos dice que coincidiendo con la fiesta de Nuestra Señora de La Asunción, se producirá la «inauguración del tendido eléctrico», seguramente de ahí «el entusiasmo indecible que reina, se barrunta tres días grandes para todo el mundo, particularmente para la gente bailadora y la gente menuda.» Una alegría que, como casi siempre, no fue completa ya que al año siguiente, el mismo periódico publicaba un elocuente titular: «La estación en tinieblas», seguido de una no menos incisiva apertura: «Nos referimos á la del Norte, ubicada en Lugo de Llanera. A veces ocurren cosas anormales debido exclusivamente al desdén que llega á apoderarse totalmente de los hombres flojos de espíritu, cuando en realidad, con ‘dar vuelta á la hoja’, se penetra en la normalidad de lo anormal, sin necesidad de ser ningún erudito en geometría…»
El Noroeste, 27 de enero de 1935. A pesar de que la población de Lugo ya contaba con alumbrado, este no había llegado a la estación ferroviaria.
En resumen se refiere a la ausencia de iluminación eléctrica de una estación situada a medio camino entre Lugones y Villabona, con un notable tráfico tanto de personas como de mercancías y, al parecer, iluminada únicamente por un farol de petróleo «que como mocho de la vida antigua cuelga de la pared consumiendo un artículo extranjero.» Lo mismo ocurre en la zona de almacenaje de la estación «que es más bien almacén de trastes viejos que de depósito de mercancías.» La sala de espera está igualmente a oscuras, pero eso sí decorada «con infinidad de letreros del departamento de Sanidad dando reglas para lograr la salubridad pública.»
En los dos artículos anteriores a este, hablábamos, respectivamente, de la llegada del alumbrado público a Posada de Llanera en el año 1923, y de la polémica generada al año siguiente en torno a su coste y si tenía que ser el ayuntamiento quien asumiera el mismo, o tenían que ser los vecinos, tal y como defendían dos concejales que terminó generando una amplia atención mediática y una polémica que se tuvo que zanjar en un pleno municipal, a favor de la continuidad del alumbrado y del pago por parte del ayuntamiento. En este tercer artículo dedicado al mismo asunto eléctrico, veremos como a lo largo de los años 20 y primeros 30, esta mejora tecnológica se irá extendiendo a otros núcleos del municipio, empezando por Cayés y pasando por Ables y San Cucao.
El Noroeste 23 de enero de 1923.
De forma lógica, el primer núcleo en recibir esa mejora tenía que ser la parroquia de Cayés, ya que, como vimos, la línea para traer el fluido hasta Posada partía de Cerámicas Guisasola, fábrica ubicada en la localidad de La Venta del Gallo, dentro de esa parroquia. Así, lo hizo saber el diario gijonés El Noroeste, el 23 de enero de 1923, cuando informa de que «hace unos días ha sido instalada la luz eléctrica en el pueblo de Cayés», a través de la Sociedad Popular Ovetense (SPO) y gracias a la generosidad de la firma Hijos de Guisasola, propietaria de la empresa cerámica. El periodista, se pregunta que ya que ha llegado a Cayés, si no será posible su extensión a la parroquia vecina de Ables.
Sin embargo, los vecinos de Ables tendrán que esperar todavía tres años para ver colmadas sus esperanzas de ver llegar el alumbrado público a sus caminos. Así nos lo hace saber La Voz de Asturias el 26 de enero de 1926, cuando informa del desarrollo a buen ritmo de los trabajos para llevar la luz eléctrica por cuenta de la SPO, con la intención de hacerla llegar también a la parroquia aledaña de San Cucufate. Por esa misma crónica, sabemos que otros territorios del concejo estaban demandando la llegada de la electricidad a ellos.
La Voz de Asturias, 26 de enero de 1926.
El hecho de que José Tartiere, conde de Santa Bárbara de Lugones, y gestor de las fábricas de explosivos de Cayés y de Lugones, entre otras muchas cosas, tuviera una propiedad en San Cucufate, fue un elemento que ayudó a la llegada de la luz a esa parroquia. Esa conclusión la extraemos de la lectura del acta del pleno municipal celebrado el 23 de mayo de 1925, y de la moción presentada por el concejal José Alonso Granda que decía lo siguiente: «Que en próxima fecha será instalada la luz eléctrica en la parroquia de San Cucufate; como la instalación ha de ir enclavada en la carretera sería muy necesario establecer seis luces públicas con las que quedaría el pueblo perfectamente adornado. Ruega al propio tiempo que la Corporación haciéndose eco del común sentir de los vecinos de San Cucufate, acuerde consignar en acta un voto de gracias para el Excmo Señor Conde de Santa Bárbara por sus felices gestiones en pro de tan importante mejora.» El resto de la corporación hizo suya la moción aprobada por unanimidad, incluyendo la instalación de seis luces públicas «teniendo en cuenta, tan luego sea un hecho imponer el tributo correspondiente a las personas que les reportan estos beneficios.»
Fragmento del acta del pleno municipal del 23 de mayo de 1925.
La obra no debió de ir tan rápida como esperaba el edil Alonso Granda, casi un año después el diario Región escribía: «La instalación de la luz eléctrica en San Cucufate toca a su fin. Pronto, dentro de muy breves días, lucirá esta en tan simpático pueblecito veraniego.» El vecindario de la parroquia quiere manifestar su agradecimiento a José Tartiere y propone bautizar con el nombre de Avenida José Tartiere la carretera principal que atraviesa el pueblo, a imagen y semejanza de lo que se había hecho en la capital municipal con Prudencio González. Esa información está fechada el 16 de mayo de 1926. Una semana después, la misma noticia, con idéntica redacción, aparecerá en el diario El Comercio. La iniciativa de bautizar al tramo de carretera con el nombre del conde de Santa Bárbara, finalmente nunca se llevará a cabo sin que por ahora, conozcamos las razones para no llevarla a cabo.
Región, 16 de mayo de 1926.
La ansiada inauguración del alumbrado tuvo lugar el sábado 30 de mayo de 1926, haciendo «realidad el suelo dorado de los vecinos de San Cucufate», tal y como escribe Región el día 1 de junio de ese mismo año. En el acto «derrochose en gusto y dinero», siendo el epicentro del festejo la explanada delante de Casa García, donde se instaló «gran número de bombillas de distintos colores, intercalándose varios focos, dando un aspecto sorprendente a la plazuela en la cual el baile y demás festejos celebrados, duraron hasta la una de la madrugada.»
Región, 1 de junio de 1926.
Luego le tocará el turno a la parroquia de Ables, donde el ayuntamiento instalará seis bombillas a petición de los vecinos, nos cuenta El Noroeste el 10 de octubre de 1926, y en marzo del año siguiente, Región mediante, sabemos que la parroquia celebró la llega del alumbrado público a la misma. La celebración se hizo por medio de una «gran romería el domingo último, que estuvo animadísima y se lanzaron a espacio multitud de cohetes.» Algo antes, la electricidad había llegado al barrio de Arriba y ahora sus convecinos del barrio de Abajo se sumaban a ella.
Región, 10 de marzo de 1927.
No acabaron ahí los actos de celebración, toda vez que en el mes de abril de 1927, los vecinos de Ables quisieron agradecer al alcalde, Celestino Tresguerres, la mejora recibida obsequiándole con un «valioso juego de café, verdadera obra de arte, y un hermoso álbum en el que constan los nombres de los vecinos que contribuyeron con su óbolo a tan merecido como justo homenaje de agradecimiento.» Fueron los vecinos Fructuoso Hevia, Vicente Díaz, Enrique Rodríguez y Fructuoso Martínez, los encargados de entregarle el regalo en su casa en el día de su onomástica. Tresguerres agradeció el gesto y «obsequió a los comisionados con pastas y licores.» (Región, 14 de abril de 1927).
Serán dos periódicos madrileños, como eran La Época y El Imparcial, los primeros en hacerse eco de la concesión con carácter condicional por parte del Ministerio de Fomento, al conde de San Antolín de Sotillo, más conocido como el conde de Villabona (Llanera), para la construcción a su costa de una carretera mixta directa de Oviedo a Gijón, pasando por las localidades de Villabona y de Serín, esta última correspondiente al municipio de Gijón, y que llevaría el nombre de Pista Príncipe de Asturias, siguiendo un trazado idéntico por el que varias décadas después seguirá la conocida autopista Y, que enlaza las tres grandes ciudades asturianas, y que no será una realidad hasta el año 1976.
No habrá más noticias en la prensa regional hasta prácticamente dos años después, cuando el ovetense diario Región se haga eco de unas declaraciones del gobernador Caballero, en las que se muestra optimista con este proyecto, especialmente, después de haber negociado con el conde una fórmula de financiación por medio de la cual el Estado garantizaría el 5% de interés al 50% del capital invertido, mientras que la diputación, los ayuntamientos de Oviedo, Gijón, Siero y Llanera, por cuyos territorios pasaría el trazado, garantizarían el 5% del 25% del dinero a invertir, mientras que del 25% restante del capital correspondería íntegramente a la empresa concesionaria.
Región 17 de mayo de 1928.
Para una mayor claridad, el periódico recurre al ejemplo y explica que si el presupuesto de la obra, es un suponer, fuera de 10 millones de pesetas, el Estado garantizaría el 5% de 5 millones, es decir, 250.000 pts anuales; los municipios el 5% de 2,5 millones o, lo que es lo mismo, 125.000 pts al año; y la empresa los 2,5 millones restantes. Con ello, el gobernador Caballero se mostraba convencido de que los bancos iban a acudir raudos y veloces a financiar la obra.
Fragmento del acta del pleno del 19 de mayo de 1928.
Dos días después, el 19 de mayo de 1928, en la sesión plenaria correspondiente del Ayuntamiento de Llanera, se leyó una solicitud enviada por el conde de Villabona, solicitando el apoyo económico municipal al proyecto de «construcción de una carretera-pista directa de Oviedo a Gijón». Una propuesta que es aprobada por unanimidad de todos los concejales, habida cuenta de que su construcción «ha de beneficiar grandemente a Asturias y a este Municipio particularmente y acariciar la idea de apoyarla económicamente.»
Con ese acuerdo plenario como base, el ayuntamiento presidido por Celestino Tresguerres, debió de ir trabajando sobre el apoyo que el proyecto iba a recibir por parte del municipio, aunque no será hasta prácticamente un año más tarde, cuando esa propuesta se sustancie. Eso se hará en el transcurso de una reunión mantenida por el alcalde con el gobernador civil, de la que se hará eco tanto la prensa regional como la nacional de la mano del rotativo madrileño ABC. En sus páginas se resume la reunión, a la que también acudieron los alcaldes de Gijón y de Oviedo, junto con el conde de Villabona, Indalecio Corugedo, Luis Corujo, y el marqués de Aledo, delegado regional de Turismo.
ABC 8 de marzo de 1929.
El alcalde de Llanera ofreció la nada desdeñable cifra, habida cuenta de la precaria situación de las arcas municipales, de 100.000 pesetas, además de la cesión gratuita de los terrenos que fueran de propiedad municipal y necesarios para la construcción de la vía, y la exención de impuestos municipales durante 25 años sobre los solares y las edificaciones que la empresa pudiera llegar a necesitar para culminar la obra. Es decir, se atendían todas las peticiones que el conde había planteado al ayuntamiento.
Cuando ese compromiso llegue al Salón de Plenos, órgano facultado para dar su aprobación definitiva, en el mes de mayo, los concejales no mostraron tan buena disposición como su alcalde, considerando abusivas dos de las tres peticiones del conde. Así, la petición de una subvención de 4.000 pts anuales durante 25 años a fondo perdido, hasta sumar las 100.000 ofrecidas por el alcalde, se consideró lesiva para los intereses municipales, la misma consideración que se dio a la solicitud de la exención fiscal durante 25 años. La única de las tres condiciones que el pleno aceptó, fue la de ceder los terrenos comunales necesarios para facilitar el paso de la autopista.
El Noroeste, 26 de octubre de 1930.
Entre el padrón sufrido en el Salón de Plenos y que a principios de año cayó el régimen de Primo de Rivera, provocando asimismo la caída de los alcaldes nombrados durante ese periodo como había sido Celestino Tresguerres, no es extraño que toda clase de dudas surgieran en torno a este proyecto y, probablemente, de ahí la carta enviada por el concesionario de la obra al nuevo alcalde, Eugenio Vázquez Rodríguez, asegurándole la viabilidad del proyecto e incluso un pronto inicio de las obras: «Tan pronto como se aprueben los presupuestos, donde ya está incluida la subvención de 250.000 pesetas, correspondiente á la primera anualidad de la aportación del Estado, se dará comienzo á los trabajos en las zonas de Gijón y Oviedo.» Este asunto no volverá a tratarse en ninguna sesión plenaria del Ayuntamiento de Llanera.
Eso no convenció al menos al Ayuntamiento de Oviedo, donde el concejal Bonifacio Martín pidió que si las obras no daban comienzo el 1 de enero de 1931, ese consistorio debía de revocar la subvención concedida, sin que se señale el importe de la misma.
El Noroeste, 1 de noviembre de 1930.
Probablemente como un último intento por salvar el proyecto, la Comisión Municipal Permanente del municipio ovetense, tomó el acuerdo de pedir al ministro de Fomento la inclusión de a obra en el Patronato Nacional de Turismo, tal y como informa El Noroeste en el mes de diciembre de 1930.
El Noroeste, 7 de diciembre de 1930.
Como final, y a la vista de que no había manera de arrancar las obras, en el mes de noviembre de 1931, la Comisión de Hacienda tiene la idea de eliminar de su presupuesto una partida dotada con 50.000 pts destinadas a financiar la obra, decisión ante la cual, el anónimo periodista de El Noroeste muestra su disconformidad, por lo que puede suponer poner en serio riesgo la construcción de una vía de comunicación fundamental para la región que, como ya señalé al inicio de este artículo, todavía tardará más de 40 años en ser una realidad.
La primera referencia que encontramos relacionada con la Fiesta del Árbol en nuestro concejo, está en las páginas del diario El Noroeste del 10 de febrero de 1919, para criticar que todos los años en el presupuesto municipal se reservan 100 pesetas para organizar esta fiesta, sin que nunca se llegue a celebrar y sin que los vecinos sepan a que otro fin se destina ese dinero. La escueta información señala que la fiesta nunca se ha llegado a organizar.
La Voz de Asturias 15 de marzo de 1924.
No se volverá a insistir con el tema hasta los años 20, concretamente hasta 1924, ya en plena dictadura de Primo de Rivera y con Celestino Tresguerres al frente de la alcaldía, cuando otro periódico, en este caso La Voz de Asturias, se interrogue acerca de lo que ocurre con la Fiesta del Árbol, habida cuenta de que el fallecido delegado gubernativo, Álvarez Bardón, había pedido al ayuntamiento que organizase la fiesta sin que ello se haya llevado a cabo y, a la vista de la pasividad municipal, el firmante del artículo, Antonio, se pregunta si no podrían ser los maestros los encargados de hacerlo. El mismo redactor, también para el diario Región, insistirá unos días después desde esa tribuna, en los mismos argumentos.
En lo referido a la fiesta, en el año 1924 no encontramos más información, y será al año siguiente cuando el municipio se ponga manos a la obra para sacar adelante esta fiesta, y ante la advertencia del nuevo delegado gubernativo, Emilio Rodríguez Solís, de la proximidad de la época del año propicia para la repoblación forestal y con ello la oportunidad para celebrar la Fiesta del Árbol, el ayuntamiento decide convocar un pleno para el 12 de febrero de 1925, a las tres de la tarde, para tratar sobre la organización de esa fiesta par que esta «resulte con la esplendidez debida.»
Acta del pleno del 7 de marzo de 1925.
Finalmente, se fijó la fecha del 15 de marzo para celebrar por fin la fiesta, en la capital municipal, concretamente en La Huelga. Con el fin de que la celebración tuviera la vistoridad merecida, el alcalde Tresguerres, en el pleno del 7 de marzo pidió a los concejales su asistencia a la misma y que invitan al mayor número de vecinos posible, para que estuvieran presentes. El concejal, José Alonso Granda, se congratuló de que los niños del municipio fueran los principales protagonistas de la festividad, y se ofreció a donar 100 pesetas para obsequiar a los niños participantes.
Por las páginas de Región del 21 de marzo de 1925, conocemos el programa de ese día de fiesta que se inició a las tres de la tarde, con el desplazamiento de los escolares desde el ayuntamiento hasta La Huelga, donde se había instalado una tribuna para invitados y autoridades. Se inició el acto con la lectura de trabajos alusivos y se cantaron himnos al árbol, a cargo de los escolares de las escuelas públicas. El apartado de discursos corrió a cargo de varios maestros nacionales, el médico titular del concejo, el párroco y el alcalde, mientras que el secretario judicial, Ramón Rayón, leyó una composición en asturiano.
Región 21 de marzo de 1925.
A continuación se procedió a la plantación de 200 plantones de árboles, que recibieron la bendición religiosa, y varias «distinguidas señoritas ayudaron a los celosos maestros» a repartir la merienda entre los niños, con la que finalizó una fiesta que resultó tan «brillante como simpática, mereciendo plácemes todos sus entusiastas organizadores», como recogió Región en su crónica del evento.
Como nunca llueve a gusto de todos, algún desaprensivo rompía el cierre de alambre que protegía la zona repoblada, provocando la entrada del ganado en la zona y la pérdida de muchos de los plantones por la acción de las vacas, tal y como informan las páginas de El Noroeste del 19 de mayo, en una crónica que termina diciendo: «Seguros de que á tales abusos ha de ponerles fin y teniendo en cuenta el interés que demuestra poner el actual Ayuntamiento en la repoblación forestal, es de suponer que se castigue como merecen á los infractores de tales abusos.»
El Noroeste, 19 de mayo de 1925.
El 21 de marzo de 1926 fue la fecha elegida para la celebración de una nueva Fiesta del Árbol, esta vez con la novedad del cambio de escenario al trasladarse la misma desde La Huelga hasta La Mogal, una zona que en ese momento, reunía una amplia extensión de terreno comunal. El mal tiempo fue el invitado incómodo de la jornada, hasta impedir el normal desarrollo de la fiesta. Esta vez la crónica de El Noroeste es más expresiva que las del año anterior, y gracias a ella conocemos los nombres de las niñas que ofrecieron sus discurso a los asistentes.
Ellas fueron las hermanas Ramona y Aurora Álvarez González, de la escuela de Rondiella, dirigida por Francisca López Notario; y Alicia Rodríguez, Regina García y Oliva González, de San Cucufate, dirigida por Purificación López Bernal, junto con «otros niños cuyos nombres sentimos no recordar», escribe el anónimo redactor. Ramón Rayón y los maestros de Ferroñes y Santa Cruz, también se dirigieron a los presentes. En esta edición se plantaron un centenar de árboles y los niños fueron obsequiados con una merienda.
El Noroeste, 24 de marzo de 1926.
De nuevo el mal tiempo fue el protagonista de la edición de 1927, esta vez trasladada al domingo 10 de abril y con cambio de parroquia, al ser Ables la que acogió esta tercera edición de la fiesta, en la que se dieron cita un centenar de personas. La crónica de Región lo deja meridianamente claro: «Fue una lástima que lo desapacible del día desluciera tan simpática y cultural fiesta. Ello fue causa de que no tuviera la brillantez que debiera y por lo tanto resultado fría como el día.»
Los escolares plantaron algunos árboles, y se cantaron los himnos al árbol y a la bandera, trasladándose el grueso de los actos a la escuela de la parroquia, donde se leyeron poesías alusivas al acto por parte de los infantes, y el alcalde Tresguerres hizo un elocuente discurso en el cual «encareció el amor al árbol y puso de manifiesto los innumerables beneficios que aquel reporta a la humanidad, beneficios que por desgracia desconocen muchos.» La consabida merienda puso fin a una fiesta de la que no nos han quedado más rastros en las páginas de los periódicos regionales.
Región 14 de abril de 1927.
En 1928 le tocó el turno de acoger la Fiesta del Árbol a la parroquia de San Cucufate, concretamente el entorno de la iglesia parroquial, donde se celebró el día, desde las cuatro de la tarde, con la presencia de los alumnos de las escuelas públicas, además de los de las Escuelas del Ave María de Coruño, «con sus profesores, Lolita Martínez, Justina Alonso y el joven Arcadio Suárez.» En el atrio de la iglesia, los niños Carlos Pevida, Aurora García y Esther Álvarez, todos de San Cucufate, recitaron poesías.
La Nueva España 27 de marzo de 1928.
La parte más institucional, corrió a cargo del pasionista de la residencia de Mieres padre Fulgencio, y del alcalde Celestino Tresguerres, quien pronunció «un brillante discurso lleno de fervor al niño y al árbol, complaciéndose por tan singular y simpático acto.» A continuación, con la pertinente bendición religiosa, se procedió a la plantación de árboles en el campo de la iglesia. Para finalizar el acto, los niños fueron obsequiados con pastas y naranjas «terminando tan simpática fiesta con el himno a la bandera Salve Patria por las niñas de la escuela de San Cucufate, bajo la dirección de la culta e ilustrada profesora de la misma doña María Luisa Zanón», tal y como se puede leer en las páginas de La Nueva España del 27 de marzo de 1928.
Al año siguiente, los organizadores fijaron la fecha para el 14 de abril y esta vez el tiempo acompañó a una celebración llevada a cabo en la población de Coruño, con un programa de actividades que dio comienzo el día anterior con una verbena con iluminación veneciana, ante el establecimiento de Ángel Rodríguez, en La Venta del Gallo, amenizada con música de gramola y clásica, con suelta de globos de diferentes dimensiones.
Por lo que toca a la fiesta como tal, a ella acudieron los alumnos de las escuelas nacionales de Lugo, Rondiella, San Cucufate, Santa Cruz, Bonielles, Ables, Cayés y del Ave María de Coruño, acompañados por sus maestros y portando las respectivas banderas. El coro de las escuelas del Ave María abrió el acto cantando el himno al árbol, bajo la dirección de su maestra, Soledad Martínez.
Después de proceder a la plantación de un centenar de árboles, los niños José Quirós, José López, José Suárez y Justo Lozano, alumnos de las escuelas del Ave María, y las niñas de Cayés, Rosa Alonso, Margarita Álvarez, Ángeles Fernández y María Paredes, recitaron poesías alusivas a la fiesta. El alcalde, Celestino Tresguerres, cerró los actos institucionales con el tradicional discurso, al término del cual los niños fueron obsequiados con golosinas.