Los palacios del siglo XVII en Llanera (y II): Villabona

El Palacio de Villabona en una imagen de los años 60. Foto Archivo del Ayuntamiento de Llanera

Se trata de un edificio construido en dos fases separadas por unos cuarenta años de diferencia, en un solar propiedad de la familia Alonso de Villabona al menos desde finales del siglo XV. En 1615, Toribio Alonso de Villabona y su mujer Quiteria González de Oviedo y Portal fundan el mayorazgo de la casa y en 1619 inician su actividad constructora ordenando levantar en la iglesia de san Miguel de Villardeveyo, la capilla mayor con patronato, asientos, armas y sepulturas, conjunto del que desgraciadamente no se conserva resto alguno.

El matrimonio será el responsable de contratar las primeras obras del futuro palacio que no fueron otras que las de la torre que todavía hoy podemos admirar, en cuyo interior se construyó una capilla, luego convertida en oratorio, dedicada a los Reyes Magos. Eso fue en 1623 y el encargo se otorgó a Juan de Naveda una figura sobre la que merece la pena detener la vista por un momento.

El palacio en los años 60. Foto Archivo del Ayuntamiento de Llanera.

Nacido en San Mamés de Aras (Voto, Cantabria) en torno al año 1590, fallecerá en León en 1638 mientras dirigía las obras de la catedral, Juan de Naveda Sisniega fue discípulo de Juan de Herrera, arquitecto conocido por haber sido el responsable del Monasterio de San Lorenzo del Escorial, y eso le convertirá en una de las figuras fundamentales en la extensión de los postulados clasicistas por el norte de la península. Naveda llega a Asturias en el año 1621, después de haber estado trabajando en el conjunto ducal de la localidad burgalesa de Lerma, para hacerse cargo de las trazas de las Casas Consistoriales de Oviedo y, a partir de ese año, irá dejando por la región un conjunto de obras notables como es el caso de la Capilla de la Concepción en la torre de La Pedrera (Villaviciosa), la girola de la Catedral de Oviedo, el Palacio de Peón (Villaviciosa) o la rehabilitación del Palacio del obispo Valdés (Gijón).

La torre alberga en su interior la capilla dedicada a los Reyes Magos. Foto del autor.

En 1623 el insigne arquitecto dejará perfilados los planos de la capilla del Palacio de Villabona en los que se puede leer de su puño y letra: “Esta es la traza y planta hecha por Juan de Naueda, maestro arquitecto de las obras de Su Magestad, de la hermita que a de haçer Juan Gómez, maestro de cantería, delante de su casa en el lugar de Villabona, concejo de Llanera. De lo qual otorgaron escritura oy, veynte y cinco de septiembre de mil y seiscientos y veynte y tres. Y esta planta y alzado, cosido con ella, quedó en poder del dicho Toribio Alonso de Villabona” (Pedrayes, 1996), y siguen las condiciones que van a regir la construcción entre las que se incluye la fecha tope para la finalización de los trabajos: el primero de octubre de 1624. La piedra necesaria para llevar a cabo la obra tenía que proceder de la cantera gijonesa de Ruedes, según otra de las condiciones fijadas en el acuerdo.

Inscripción inserta en el muro de la torre del palacio. Foto del autor.

Al término de las obras se requirió la presencia de Naveda para solventar el pleito por la tasación de las obras generado entre el comitente y el maestro cantero, Juan Gómez, una valoración fijada finalmente en 2.300 reales. Una construcción inscrita dentro de los parámetros clasicistas definitorios del estilo de Juan de Naveda, un estilo centrado en lo esencial y en potenciar las armonías geométricas entre los distintos elementos que configuran la construcción. En este caso, la capilla se va a cubrir con una bóveda vaída, con pechinas y arcos de medio punto apoyados en pilares sobre una planta de cruz griega. En las pechinas se pueden ver unos tondos con las efigies de san Antonio Abad, san Francisco, san Ignacio y otro santo cuya identificación se ha perdido. En el centro de la bóveda se representa la Cruz de la Victoria.

El edificio visto desde Veyo. Foto del autor.

En la faja que rodea la capilla aparece la siguiente inscripción: “ESTA. CAPYLLA. / HYZYERON. A SV COSTA. TORYBYO ALONSO DE VILLA.BONA SEÑOR DE LA CASSA. DE VILLA.BONA. Y QVYTERYA. GONCALEZ DE OVYEDO Y DEL PORTAL SV. MUG / ER. A HONOR DE LOS TRES SANTOS. REYES. MAGOS. LA DOTARON / CON. DOZE MYSSAS. DE ANYBER / SSARYO. CADA. AÑO. DYCHAS. DENTRO. DE SV OCTABARYO. SOBRE. ESTAS CASSAS QVE ESTAN. DEBAXO DELLA CON SV CERCADO Y A / SYENTO Y VYENES. A ELLA ANEXOS. AÑO. M.DC.XX.V”.

Capilla que contenía un pequeño retablo fechado por Germán Ramallo en 1625 y del que dice que contenía un relieve central con la Adoración de los Magos. En su día, Ramallo todavía pudo ver algunos elementos de un retablo que encontró “desmontado y utilizado como objeto decorativo en sus diversos elementos”. Se conservan “dos tablas, una de gran calidad, con un relieve de la Virgen, el Niño y san José, y otra con la representación de santa Olaya (santa Eulalia)” (Rodríguez, 2007).

Escudo de la familia Alonso de Villabona. Foto del autor.

En la puerta de acceso a la capilla desde el exterior, nos encontramos con una portada románica procedente del antiguo monasterio de Santa Clara, ubicado en Oviedo y hoy sede de la Agencia Tributaria. Esa portada es uno de los pocos elementos conservados de la fábrica románica de un monasterio que en el siglo XVIII sufrió profundas y polémicas modificaciones. En el siglo XIX fue afectado por la desamortización y la parte antigua del monasterio se derribó en 1902, momento en el que se pudo hacer el traslado hasta Villabona.

Inicialmente el conjunto se reconstruyó en la zona de acceso a la finca del palacio, lugar en el que se mantuvo hasta el momento en el que un camión sufrió un accidente a consecuencia del cual la portada se vino abajo. Después de que los restos estuvieran algún tiempo esparcidos por la finca, se decidió su reubicación en la puerta de entrada a la capilla del palacio.

Escudo de la familia Portal en la fachada del palacio. Foto del autor.

Esa portada está formada por una serie de sillares bien trabajados que alojan un arco semicircular formado por dovelas sin decorar y un guardapolvo de puntas de diamante. Por comparación con fotografías antiguas, se puede ver que ambos elementos presentan una curvatura más pronunciada de la que tenían originalmente, al mismo tiempo que lo que eran canecillos, bajo el tejaroz, ahora aparecen colocados en sendas esquinas con fines más decorativos que prácticos, mientras que el arco y el guardapolvo apoyan en sendos capiteles, uno con decoración de tipo vegetal, sostenidos en dos columnillas adosadas que no tienen nada que ver con la primitiva fábrica románica. Por encima de esa portada y en el antepecho del segundo de los vanos, encontramos la siguiente inscripción: “ESTA CASA CON / SUS ARMAS FUE TRANSLADADA I INCORPORADA / CON ESTA CAPILLA A EXPENSAS DE LOS SEÑO / RES BALTHASAR DE VBON SUBCESOR DUE / ÑO I POSEEDOR DELLA I DOÑA THERESA DE RI / VERA SV MVGER COMENZOSE ESTA HOBRA AÑO DE 1661 ACABOSE AÑO DE 1669 OÑOS”. 

Vista general del palacio. Foto del autor.

La torre de tres pisos está horadada por dos vanos de buenas dimensiones, ambos rematados en medio punto y clave, de piezas más regulares en el primero, mientras que el superior presenta una mayor irregularidad en el tamaño de los bloques que le dan forma. A su lado se coloca el escudo de la familia Quintana. El último piso, separado del inferior por una línea de imposta resaltada en relación al muro, únicamente está iluminado por dos saeteras rectangulares.

La información ofrecida por la inscripción nos dice que entre la finalización de las obras de la capilla y el inicio de las del palacio propiamente dicho se dejaron pasar casi 40 años, probablemente siguiendo los planos que el propio Juan de Naveda pudo dejar dibujados en su día. En todo caso, la fusión entre una construcción y otra está resuelta con calidad.

Pieza situada en el muro exterior de cierre de la finca del palacio. Foto del autor.

La nota discordante vendría impuesta por la presencia de una segunda torre flanqueando la fachada, que rompería con la proporción general de la construcción en tanto en cuanto estaría desplazada en relación al eje de simetría del resto de elementos constructivos. Esa torre no se ha conservado y, posiblemente, no estaría incluida en el diseño original. La fachada del palacio se organiza de una forma simétrica, con dos pisos, por los tres de la torre, que traslucen al exterior la distribución interior de los espacios de habitación. Así, la parte baja acoge la gran puerta de entrada, flanqueada por dos pequeñas saeteras rematadas en venera, a una suerte de recibidor a cuyos lados se abren sendos espacios probablemente destinados a almacenes, que tiene su traducción al exterior en dos grandes vanos con antepecho y rematados en medio punto.

Esta parte baja tiene su correlato en el piso superior con la ventana que marca la presencia de la zona noble del palacio con el gran salón. Vanos que al contrario de lo que sucedía con los del piso bajo, aparecen ligeramente decorados con unas molduras rectas, a lo que se añade, en los vanos laterales, un alfeizar saliente. El central que sería el correspondiente de forma directa con el salón, se destaca con un pequeño balcón de poco vuelo sobre una cornisa también moldurada. A ambos lados se colocan sendos escudos de las familias Alonso de Villabona y Portal para reforzar el aire noble que caracteriza a toda la construcción.

Posible canecillo románico colocado en el muro de cierre de la finca. Foto del autor.

La presencia de los muros vistos permite apreciar las diferencias en el uso del material según se trate de los paramentos o los vanos y esquinales. Sillarejo de piezas irregulares es el utilizado para los muros, mientras que los elementos que no aparecerían cubiertos por algún tipo de revoco presentan sillares bien escuadrados y de mayor tamaño.

Los espacios internos del palacio se organizan en torno a un patio con cuatro columnas de orden toscano, el orden que el arquitecto renacentista italiano Andrea Palladio (1508-1580) consideraba como el más puro y simple de todos los órdenes arquitectónicos. Columnas sobre las que se levanta un corredor de madera tallado con una estética barroca construido en 1940. En un año indeterminado posterior a la Guerra Civil, se sustituyó el corredor de la fachada sur por una galería acristalada. En los años 20, se trasladó la escalera de acceso al segundo piso originalmente pegada al muro norte de la torre y la capilla.

Declarado en 1982 Monumento Histórico Artístico de carácter nacional, el Palacio de Villabona es hoy en día, sin ningún género de dudas, el mejor ejemplo de arquitectura nobiliaria conservado en el concejo.

Los expedientes de reconstrucción de iglesias tras la Guerra Civil: Santiago de Pruvia

Iglesia de Santiago de Pruvia.

Su construcción se data entre los siglos XVI y XVII, primero como capilla de la familia Rodríguez de Pruvia, cuya casa solariega se encuentra muy próxima a ella, y más tarde como iglesia parroquial desde que en 1893 Pruvia adquiriera entidad propia, al producirse su separación de la parroquia de santa María de Lugo, pasando así Llanera a contar con las once entidades parroquiales con las que cuenta en la actualidad.

Portada del proyecto de restauración de la iglesia tras la Guerra Civil.

El aspecto externo de la iglesia se encuentra muy modificado, resultando de mucho mayor interés el interior del templo, donde se conservan dos escudos de la familia Rodríguez a los lados del arco de triunfo, y otro más rematando un camarín con una inscripción que reza: “Esta capilla y retablo y la a ella colateral es de Alonso Rodríguez de Prubia i María Ximénez de Valenzuela su muger que la fundaron e hizie hizieron a su costa i dieron todos los hornamentos dotáronla en trexientos ducados de principal que rescibieron los bezinos de Prubia a cuia cuenta está el manometerlos año de 1619”. De la familia Rodríguez pasará a ser propiedad de los Candamo.

Inscripción que recuerda que fueron Alonso Rodríguez de Pruvia y su mujer, María Jiménez de Valenzuela, los promotores de la iglesia en el año 1619.

Esta iglesia también sufrirá destrucción durante la Guerra Civil, de tal forma que en enero de 1940 se hace la petición de subvención con el fin de volver a reconstruir el edificio. En este caso, el autor del proyecto fue el arquitecto, Francisco Saro, quien planteó una serie de trabajos destinados a revertir “los grandes desperfectos que a continuación reseñamos; destrucción total de las cubiertas, pórtico, tribuna y portería tanto interior como exterior, quedando únicamente en pie los muros y estos con desperfectos”.

Presupuesto para la restauración de la iglesia.

Las obras, señala el arquitecto, iban a estar dirigidas a adaptarse “en lo posible a lo que fue un día iglesia parroquial de Pruvia”, utilizando para ello un sistema constructivo habitual “atendiendo con ello a la fácil ejecución y economía”. El listado de trabajos a realizar incluye “muros de mampostería ordinaria, cubierta entramado de madera con las firmas vistas al interior, tablero de rasilla poblado de teja curva, el Presbiterio con bóveda por arista acusándose los arcos ojivos, en el pórtico soportes de madera con zapatas del mismo material y basas de piedra artificial; el pavimento actual de losas de piedra se encuentra en bastante buen estado exijiendo [sic] solo una pequeña reparación”. 

Detalle de la bóveda en la zona del altar.

El presupuesto previsto para llevar a cabo todos esos trabajos fue de 24.672,67 pts. Era enero de 1941. Desde la oficina técnica de la Comisión de Oviedo de Regiones Devastadas, en febrero del mismo año, tanto el arquitecto Juan Vallaure, como el arquitecto jefe, José Francisco de Zuvillaga, dieron por bueno el presupuesto e informaron favorablemente el expediente de reconstrucción nº 2427. Un mes después, la Comisión da también su visto bueno a esa cantidad y en abril hará lo propio el obispado remitiendo el expediente al Ministro de Justicia.

Memoria del proyecto de restauración.

Eso no fue óbice para que en junio de 1943, el ecónomo Ramón Sampedro Peláez, no tuviera que responder a un cuestionario, a través del cual nos hacemos una idea de lo que habían avanzado, poco, las obras de reconstrucción del templo. Así, sabemos que las paredes de la iglesia se habían aguantado el intento de destrucción, mientras que la cubierta únicamente se había hecho una provisional y todavía no se había actuado sobre la cubierta ni de la sacristía ni del pórtico, en el pavimento aún no se había hecho ninguna actuación, aunque como hemos visto, el informe del arquitecto decía que estaba en bastante buen estado.

Escudo de armas en el interior de la iglesia.

Hasta ese momento la inversión realizada era de 4.875 pts. Esa era la cantidad que contaba con justificación, ya que había otra cantidad que no se especifica en el cuestionario carecía de ella, toda vez que el “constructor Sr. Álvarez Nieto deja mucho que desear en sus procedimientos respecto de su cometido”, frase de la que se deduce el descontento del ecónomo con el responsable de la obra.

Ese cuestionario fue respondido en el mes de junio de 1943 y después de otros documentos de menor entidad resueltos a lo largo de ese año, llegamos a 1950 con las obras aún por terminar, como desvela la carta remitida por Marcelino Ramos Fernández, coadjutor de la parroquia de san Juan el Real de Oviedo y párroco de la de Pruvia, al director general de Regiones Devastadas.

Cuestionario sobre el estado de las obras en 1943.

Una carta en la cual se dan informaciones muy interesantes, al respecto del aspecto original que tenía la iglesia antes del incendio sufrido en 1936. En ella se explica que el retablo del altar mayor “era de madera de caoba traída de América, con algunas imágenes de verdadero valor artístico”, y que el techo estaba cubierto por frescos. El párroco explica que los descendientes de la familia que había patrocinado la construcción en el siglo XVII, están “cooperando en la medida de sus posibilidades a su reconstrucción y culto”. Todos esos argumentos le valen al párroco para tratar de llamar la atención sobre un templo que no es “una de tantas iglesias de aldea sin mérito alguno por lo que es más de lamentar el mal estado en que se encuentra”.

Para llevar a cabo la culminación de las obras, considera insuficiente la subvención concedida por la dirección general por importe de 20.000 pts, por lo que la obra aún no se ha podido finalizar. De hecho la iglesia carece en ese momento, según se recoge en la carta, sin cielo raso “y en un estado de desmantelamiento y desamparo que aleja a los fieles de la asistencia a los Oficios Divinos”, unos fieles a los que no duda en calificar como “aldeanos ignorantes, a los que por desgracia, es necesario atraer además de con la palabra de Dios, con el culto en un ambiente que les mueva a devoción y del que hoy carecen”.

En 1950 las obras seguían sin haber sido terminadas.

Con el fin de poder terminar las obras iniciadas en la nave y la construcción del altar mayor “desde luego más modesto que el anterior”, serían necesarias, según los cálculos del párroco, unas 70.000 pts, sin duda, un presupuesto muy alejado de aquellas algo más de 24.000 pts presupuestadas siete años antes, en 1943.

Esa es toda la información contenida en el expediente. Los visitantes de hoy podemos todavía disfrutar del interior de una iglesia con enorme interés, con los escudos de la familia Rodríguez, el camarín y una hermosa bóveda de crucería, aunque, lamentablemente, ni el retablo ni las pinturas se han conservado.