
En el artículo anterior veíamos como las gestiones realizadas por el indiano Prudencio González, habían conseguido dotar, en 1923, a la capital municipal con alumbrado público, proyecto en el que también se implicó el ayuntamiento y el Club Llanera de La Habana, que le valió a nuestro convecino que desde entonces la calle principal de Posada de Llanera, lleve su nombre. También veíamos como a la hora de dotar a la calle con las pertinentes señales con el nuevo nombre de Avenida Prudencio González, al promotor de la iniciativa, el comerciante Ramón González, le costó encontrar el apoyo económico necesario por parte de los vecinos, unos por desidia y otros por desinterés, como afirmaba La Voz de Asturias.
Tal vez haya que buscar ahí la raíz de la polémica que, de un modo sorprendente visto desde hoy en día, estalló al año siguiente en torno al alumbrado de la capital municipal, en lo que sin duda era un importante adelanto en el municipio y que era muy demandado por las diferentes parroquias del concejo para ellas mismas. Fue el diario Región el primero en vaticinar los nubarrones de la polémica, cuando el 1 de junio de 1924 publica en sus páginas una información bajo el titular «¿Será verdad?» En ella, se hacía eco de la posibilidad de que en la próxima reunión de la Junta Permanente del ayuntamiento, hubiera concejales que pidieran la supresión de la partida presupuestaria reservada para el pago del alumbrado público, y que ascendía a la cantidad de 650 pts.
El anónimo redactor de la noticia, se muestra confiado en que tal propósito no saldría adelante, toda vez que el ayuntamiento tenía firmado un contrato con la Sociedad Popular Ovetense (SPO), por el cual estaba obligado al pago del servicio durante un número determinado de años. A pesar de ello, el periodista no puede evitar dejar la duda en el aire: «¿Será posible que lo que tanto trabajo costó por conseguirlo haya quien pretenda hacerlo desaparecer?», y advierte que «el Pueblo de Posada hará prevalecer sus derechos antes que tal anomalía se cometa.»

Antonio Menéndez, corresponsal de La Voz de Asturias, empieza a informar sobre el tema el 5 de junio, dando cuenta de un pleno extraordinario llevado a cabo el sábado 31 de mayo (en las actas conservadas en el archivo municipal no aparece ningún pleno con esta fecha, con lo que caben dos posibilidades: o bien por algún motivo no se llegó a hacer ese acta, o bien se trató en realidad de una reunión de la Comisión Permanente, ya que de este órgano no se ha conservado ningún acta), en el cual, entre otros asuntos, se trató la propuesta de los ediles Deogracias Ruiz y Fernando Ablanedo, en favor de la supresión del pago del alumbrado público.
El secretario municipal desgranó algunas cuestiones legales que, en su opinión, no harían posible tomar ese acuerdo, empezando por el acuerdo plenario del 17 de marzo de 1923 y terminando, por la existencia de un contrato con la empresa suministradora. Los dos concejales de la polémica «se muestran extrañados de la protesta presentada por el vecindario, que acababan de oír, pues ignoraban que sus propósitos trascendieran a la calle y que pudiera tomarse el acuerdo sin la protesta unánime de los vecinos.» Sin embargo, a pesar de la presión del público asistente al pleno, ambos se mantuvieron firmes en su propuesta.
Será el secretario judicial, Ramón Rayón, quien apunte en la dirección del contrato existente con la SPO como argumento que pareció definitivo, una vez leído el texto públicamente, documento que tanto Ruiz como Ablanedo, afirmaron desconocer y que al proceder a su lectura pareció dejarles convencidos de lo absurdo de su postura contraria al alumbrado público en la capital del concejo. Rayón, en su alocución, había pedido que «por respeto a la persona que tanto trabajó por la traída del fluido eléctrico, y al que el Ayuntamiento anterior quiso testimoniar su agradecimiento, poniendo su nombre a una calle de Posada, no debe ni discutirse el asunto.»

Sin embargo, la polémica no se quedó ahí, sino que los dos concejales señalados como opositores, enviaron al periódico El Noroeste y publicada el 14 de junio de 1924 (ese mismo día también la publicó La Prensa), una carta que no sirvió más que para avivar la polémica. En ella, ambos ediles rechazan la acusación de querer votar en contra del alumbrado público en Posada de Llanera, sino que su opinión es la de que «debe ser objeto de una exacción que recaiga sobre las personas más directamente beneficiadas en el referido servicio, para que desaparezca la carga de 650 pesetas que gravita sobre un presupuesto débil.» A modo de ejemplo, señalan que en las cuentas municipales se incluyen 3.500 pts para obligaciones sanitarias, «de las cuales se dedicaron mil para la construcción de un puente en Arlós, quedando para el resto del concejo dos mil quinientas pesetas que es necesario distribuir entre más de cien barrios.»
La misma carta con la extensión completa, aparecerá también en las páginas de Región el día 17. Así sabemos que otro de los argumentos de ambos concejales fue el de considerar que Rondiella es una de las parroquias de menor extensión del concejo, y ese gasto de 650 pts solo en alumbrado, les lleva a preguntarse: «¿Dónde está la equidad, la igualdad y la justicia ante la ley? Para regenerar los pueblos es condición precisa alejarse del egoísmo.» Para evitar acusaciones de que detrás de su posición no hay más que rencillas personales, explica que «de los 25 vecinos que lindan con la carretera, 23 son amigos nuestros y apelamos al testimonio de los mismos.» Terminan pidiendo que el ayuntamiento «establezca una contribución especial sobre el alumbrado público (…) y así se completaría la obra de justicia.»

No parece que esos 23 vecinos se sintieran animados por su pretendida amistad con los dos concejales, habida cuenta de que van a ser ellos los firmantes de la réplica, también en forma de carta dividida en diez puntos, aparecida en La Voz de Asturias del día 18 de junio. En el sexto, los firmantes les recuerdan a los concejales, que en el desvío de 1.000 pts hacia el puente de Arlós ellos también estuvieron de acuerdo en su momento, y rechazan que «nuestras apreciaciones, pueden ser equivocadas, pero que nunca son insidiosas ni falsas, como ellos afirman.» En el punto 9º, matizan que en la sesión plenaria convocada para cerrar la cuestión «solo hubo dos votos en contra; los de los señores Alonso y Ruiz.»

Una semana después, serán los concejales los que recurran a las páginas de La Voz de Asturias del día 25, para continuar con el intercambio epistolar con los vecinos los que replican que ya que parecen dispuestos a colaborar con su propio peculio para hacer llegar la electricidad al resto del municipio, pueden correr con el gasto de su llegada a la capital municipal y eso «más lo agradecería el resto del concejo.» Asimismo, rechazan haber votado en contra en el pleno, habida cuenta que dicha votación no habría tenido lugar y no está claro «que los 25 vecinos de Posada estén exentos de la exacción especial que el Estatuto municipal vigente establece que se imponga sobre las personas especialmente interesadas en determinadas obras.» Finalizan la carta con el siguiente párrafo: «No nos guía tampoco a nosotros el deseo de mortificar por considerarlo impropio de persona bien nacida; es siempre deplorable la ofensa, sin embargo hay quien trata de inferirla sin tener presente que ‘para lanzar injurias, no basta tener elocuencia, es preciso tener crédito’ según ha dicho un gran estadista.»

Esas afirmaciones iban a tener cumplida respuesta el día 29, de nuevo desde las páginas de La Voz de Asturias que empieza así: «Que es indubitable que lo que pretenden dichos señores con defender lo indefendible, es exhibirse para salir del actual ostracismo en que se encuentran, y por eso no debiéramos concederles el honor de la réplica.» Más adelante, se les pregunta «¿Qué concepto tienen ustedes, si es que tienen alguno, de la equitativa distribución de los fondos públicos? (…) ¿No conciben ustedes que en la provincia habrá parroquias, incluso concejos, que contribuyan al contingente provincial y a pesar de ello pasarán años y años sin beneficiarse con un mal camino vecinal?»

Todavía habrá sendos intercambios epistolares más en los primeros días del mes de julio, en los que no insistiré por la repetición de argumentos ya conocidos y a estas alturas del intercambio epistolar, probablemente la única forma de ponerle fin era con la discusión del asunto en un pleno municipal, donde todo el mundo se retratara. Así, al pleno del 31 de agosto de 1924 llega un escrito firmado por un grupo de vecinos de Posada, motivado por el rumor de que «algunos Señores Concejales, pretenden privarles del alumbrado público, el cual reporta grandes beneficios no solo a los vecinos, sino también a los transeúntes; y que de llevarse a la práctica irrogaría grandes perjuicios.» La Corporación a la vista del escrito y del acuerdo al que se había llegado en el pleno del 17 de marzo de 1923, «ya la Corporación acordó costear las luces públicas, las de la Consistorial y Juzgado; y que de suprimirse estas sería un atropello, e irrogaría graves perjuicios, acuerda dejar en firme dicho acuerdo y seguir consignando la cantidad suficiente en los presupuestos municipales.»

Con esa decisión la polémica terminó por quedar en nada y Posada pudo seguir disfrutando del alumbrado público, al menos mientras las bombillas estuvieron en funcionamiento, porque en el arranque del año 1928, Región publica la noticia de que desde hace varias semanas, el alumbrado público de Posada carece de lámparas casi en su totalidad. Esa situación, denunciada en el mes de enero, en marzo seguía sin resolverse tal y como se puede leer tanto en El Noroeste como en Región, los días 21 y 23 de marzo de 1928.











