
Se trata de un edificio construido en dos fases separadas por unos cuarenta años de diferencia, en un solar propiedad de la familia Alonso de Villabona al menos desde finales del siglo XV. En 1615, Toribio Alonso de Villabona y su mujer Quiteria González de Oviedo y Portal fundan el mayorazgo de la casa y en 1619 inician su actividad constructora ordenando levantar en la iglesia de san Miguel de Villardeveyo, la capilla mayor con patronato, asientos, armas y sepulturas, conjunto del que desgraciadamente no se conserva resto alguno.
El matrimonio será el responsable de contratar las primeras obras del futuro palacio que no fueron otras que las de la torre que todavía hoy podemos admirar, en cuyo interior se construyó una capilla, luego convertida en oratorio, dedicada a los Reyes Magos. Eso fue en 1623 y el encargo se otorgó a Juan de Naveda una figura sobre la que merece la pena detener la vista por un momento.

Nacido en San Mamés de Aras (Voto, Cantabria) en torno al año 1590, fallecerá en León en 1638 mientras dirigía las obras de la catedral, Juan de Naveda Sisniega fue discípulo de Juan de Herrera, arquitecto conocido por haber sido el responsable del Monasterio de San Lorenzo del Escorial, y eso le convertirá en una de las figuras fundamentales en la extensión de los postulados clasicistas por el norte de la península. Naveda llega a Asturias en el año 1621, después de haber estado trabajando en el conjunto ducal de la localidad burgalesa de Lerma, para hacerse cargo de las trazas de las Casas Consistoriales de Oviedo y, a partir de ese año, irá dejando por la región un conjunto de obras notables como es el caso de la Capilla de la Concepción en la torre de La Pedrera (Villaviciosa), la girola de la Catedral de Oviedo, el Palacio de Peón (Villaviciosa) o la rehabilitación del Palacio del obispo Valdés (Gijón).

En 1623 el insigne arquitecto dejará perfilados los planos de la capilla del Palacio de Villabona en los que se puede leer de su puño y letra: “Esta es la traza y planta hecha por Juan de Naueda, maestro arquitecto de las obras de Su Magestad, de la hermita que a de haçer Juan Gómez, maestro de cantería, delante de su casa en el lugar de Villabona, concejo de Llanera. De lo qual otorgaron escritura oy, veynte y cinco de septiembre de mil y seiscientos y veynte y tres. Y esta planta y alzado, cosido con ella, quedó en poder del dicho Toribio Alonso de Villabona” (Pedrayes, 1996), y siguen las condiciones que van a regir la construcción entre las que se incluye la fecha tope para la finalización de los trabajos: el primero de octubre de 1624. La piedra necesaria para llevar a cabo la obra tenía que proceder de la cantera gijonesa de Ruedes, según otra de las condiciones fijadas en el acuerdo.

Al término de las obras se requirió la presencia de Naveda para solventar el pleito por la tasación de las obras generado entre el comitente y el maestro cantero, Juan Gómez, una valoración fijada finalmente en 2.300 reales. Una construcción inscrita dentro de los parámetros clasicistas definitorios del estilo de Juan de Naveda, un estilo centrado en lo esencial y en potenciar las armonías geométricas entre los distintos elementos que configuran la construcción. En este caso, la capilla se va a cubrir con una bóveda vaída, con pechinas y arcos de medio punto apoyados en pilares sobre una planta de cruz griega. En las pechinas se pueden ver unos tondos con las efigies de san Antonio Abad, san Francisco, san Ignacio y otro santo cuya identificación se ha perdido. En el centro de la bóveda se representa la Cruz de la Victoria.

En la faja que rodea la capilla aparece la siguiente inscripción: “ESTA. CAPYLLA. / HYZYERON. A SV COSTA. TORYBYO ALONSO DE VILLA.BONA SEÑOR DE LA CASSA. DE VILLA.BONA. Y QVYTERYA. GONCALEZ DE OVYEDO Y DEL PORTAL SV. MUG / ER. A HONOR DE LOS TRES SANTOS. REYES. MAGOS. LA DOTARON / CON. DOZE MYSSAS. DE ANYBER / SSARYO. CADA. AÑO. DYCHAS. DENTRO. DE SV OCTABARYO. SOBRE. ESTAS CASSAS QVE ESTAN. DEBAXO DELLA CON SV CERCADO Y A / SYENTO Y VYENES. A ELLA ANEXOS. AÑO. M.DC.XX.V”.
Capilla que contenía un pequeño retablo fechado por Germán Ramallo en 1625 y del que dice que contenía un relieve central con la Adoración de los Magos. En su día, Ramallo todavía pudo ver algunos elementos de un retablo que encontró “desmontado y utilizado como objeto decorativo en sus diversos elementos”. Se conservan “dos tablas, una de gran calidad, con un relieve de la Virgen, el Niño y san José, y otra con la representación de santa Olaya (santa Eulalia)” (Rodríguez, 2007).

En la puerta de acceso a la capilla desde el exterior, nos encontramos con una portada románica procedente del antiguo monasterio de Santa Clara, ubicado en Oviedo y hoy sede de la Agencia Tributaria. Esa portada es uno de los pocos elementos conservados de la fábrica románica de un monasterio que en el siglo XVIII sufrió profundas y polémicas modificaciones. En el siglo XIX fue afectado por la desamortización y la parte antigua del monasterio se derribó en 1902, momento en el que se pudo hacer el traslado hasta Villabona.
Inicialmente el conjunto se reconstruyó en la zona de acceso a la finca del palacio, lugar en el que se mantuvo hasta el momento en el que un camión sufrió un accidente a consecuencia del cual la portada se vino abajo. Después de que los restos estuvieran algún tiempo esparcidos por la finca, se decidió su reubicación en la puerta de entrada a la capilla del palacio.

Esa portada está formada por una serie de sillares bien trabajados que alojan un arco semicircular formado por dovelas sin decorar y un guardapolvo de puntas de diamante. Por comparación con fotografías antiguas, se puede ver que ambos elementos presentan una curvatura más pronunciada de la que tenían originalmente, al mismo tiempo que lo que eran canecillos, bajo el tejaroz, ahora aparecen colocados en sendas esquinas con fines más decorativos que prácticos, mientras que el arco y el guardapolvo apoyan en sendos capiteles, uno con decoración de tipo vegetal, sostenidos en dos columnillas adosadas que no tienen nada que ver con la primitiva fábrica románica. Por encima de esa portada y en el antepecho del segundo de los vanos, encontramos la siguiente inscripción: “ESTA CASA CON / SUS ARMAS FUE TRANSLADADA I INCORPORADA / CON ESTA CAPILLA A EXPENSAS DE LOS SEÑO / RES BALTHASAR DE VBON SUBCESOR DUE / ÑO I POSEEDOR DELLA I DOÑA THERESA DE RI / VERA SV MVGER COMENZOSE ESTA HOBRA AÑO DE 1661 ACABOSE AÑO DE 1669 OÑOS”.

La torre de tres pisos está horadada por dos vanos de buenas dimensiones, ambos rematados en medio punto y clave, de piezas más regulares en el primero, mientras que el superior presenta una mayor irregularidad en el tamaño de los bloques que le dan forma. A su lado se coloca el escudo de la familia Quintana. El último piso, separado del inferior por una línea de imposta resaltada en relación al muro, únicamente está iluminado por dos saeteras rectangulares.
La información ofrecida por la inscripción nos dice que entre la finalización de las obras de la capilla y el inicio de las del palacio propiamente dicho se dejaron pasar casi 40 años, probablemente siguiendo los planos que el propio Juan de Naveda pudo dejar dibujados en su día. En todo caso, la fusión entre una construcción y otra está resuelta con calidad.

La nota discordante vendría impuesta por la presencia de una segunda torre flanqueando la fachada, que rompería con la proporción general de la construcción en tanto en cuanto estaría desplazada en relación al eje de simetría del resto de elementos constructivos. Esa torre no se ha conservado y, posiblemente, no estaría incluida en el diseño original. La fachada del palacio se organiza de una forma simétrica, con dos pisos, por los tres de la torre, que traslucen al exterior la distribución interior de los espacios de habitación. Así, la parte baja acoge la gran puerta de entrada, flanqueada por dos pequeñas saeteras rematadas en venera, a una suerte de recibidor a cuyos lados se abren sendos espacios probablemente destinados a almacenes, que tiene su traducción al exterior en dos grandes vanos con antepecho y rematados en medio punto.
Esta parte baja tiene su correlato en el piso superior con la ventana que marca la presencia de la zona noble del palacio con el gran salón. Vanos que al contrario de lo que sucedía con los del piso bajo, aparecen ligeramente decorados con unas molduras rectas, a lo que se añade, en los vanos laterales, un alfeizar saliente. El central que sería el correspondiente de forma directa con el salón, se destaca con un pequeño balcón de poco vuelo sobre una cornisa también moldurada. A ambos lados se colocan sendos escudos de las familias Alonso de Villabona y Portal para reforzar el aire noble que caracteriza a toda la construcción.

La presencia de los muros vistos permite apreciar las diferencias en el uso del material según se trate de los paramentos o los vanos y esquinales. Sillarejo de piezas irregulares es el utilizado para los muros, mientras que los elementos que no aparecerían cubiertos por algún tipo de revoco presentan sillares bien escuadrados y de mayor tamaño.
Los espacios internos del palacio se organizan en torno a un patio con cuatro columnas de orden toscano, el orden que el arquitecto renacentista italiano Andrea Palladio (1508-1580) consideraba como el más puro y simple de todos los órdenes arquitectónicos. Columnas sobre las que se levanta un corredor de madera tallado con una estética barroca construido en 1940. En un año indeterminado posterior a la Guerra Civil, se sustituyó el corredor de la fachada sur por una galería acristalada. En los años 20, se trasladó la escalera de acceso al segundo piso originalmente pegada al muro norte de la torre y la capilla.
Declarado en 1982 Monumento Histórico Artístico de carácter nacional, el Palacio de Villabona es hoy en día, sin ningún género de dudas, el mejor ejemplo de arquitectura nobiliaria conservado en el concejo.










