Cuando Llanera recibió a la primera mujer piloto de España

Corría el año 1929 cuando los campos de La Morgal, que todavía no se habían convertido en aeródromo aunque ya hacía varios años que se venía comentando la posibilidad de convertirlos en una instalación de ese tipo, recibieron el aterrizaje de María de la Salud Bernaldo de Quirós, a la sazón la primera mujer que tuvo en España el título de piloto de aviación en 1928, manejando un modelo De Havilland DH-60 Moth. Para hacernos una idea, el mismo avión el que Robert Redford y Meryl Streep viven una apasionada historia de amor sobre los cielos y las tierras de África.

Región, 22 de agosto de 1929.

Eca como era conocida en el entorno familiar o Miss Golondrina, como la habían bautizado sus compañeros varones del aeródromo de Getafe, había nacido en 1898 en el seno de una familia con raíces llaniscas. Se casa joven con su primo Ramón y joven también, quedará viuda después de un matrimonio de apenas dos años de duración, a lo largo de los cuales la pareja verá como pierden a dos bebés. Volverá a casarse en Ciudad Rodrigo (Salamanca) donde residía, con el que será alcalde de la localidad José Manuel Sánchez-Arjona y Velasco, del que se divorcia nada más estrenarse la ley de divorcio de la Segunda República, en 1932, siendo en ello también una de las primeras mujeres españolas en acogerse a esa ley.

De forma definitiva compartirá el resto de su vida con el comandante José Rodríguez Díaz de Lecea, quien había sido su instructor de vuelo y, posteriormente, será ministro del Aire en la dictadura franquista entre 1957 y 1962. Fallece en 1967.

Región, 23 de agosto de 1929.

A la aviadora se la esperaba ese mismo día en Oviedo, donde el alcalde ya lo tenía todo preparado, el campo señalizado e incluso la banda de música, cuando se recibe la noticia del cambio en el lugar de aterrizaje. “Deprisa se recogieron las banderas y los lienzos blancos dispuestos para llamar la atención hacia el campo, y se trasladaron al amplísimo campo de Coruño”, podemos leer en Región.

Eso no impidió que el alcalde ovetense llegara a tiempo a La Morgal acompañado por varios concejales, y donde ya estaban sus homólogos de Tineo y de Llanera, a los que se unió “el vecindario de aquellas inmediaciones” formado por personas que “acudieron unos corriendo campo a traviesa y otros por la carretera”, seguimos leyendo en Región.

Región, 26 de agosto de 1929.

El anónimo cronista de Región apunta que entre el público abundaban más las mujeres que los hombres, y el aterrizaje fue recibido con vítores y aclamaciones, teniendo que ser la multitud controlada por la Guardia Civil. María llegó acompañada por el comandante Lecea, profesor de la Escuela Civil.

Una vez cumplimentadas las autoridades, en un coche se trasladó a los aviadores en coche al Hotel Covadonga de Oviedo, para almorzar para esa misma tarde, volver a La Morgal a ofrecer bautismos de vuelo en los que participó la “bella señorita de Coruño”, María Luisa Uría, mientras que las señoritas de Lugo, María García, María Teresa Martínez y María González, ofrecieron un ramo de flores a la aviadora. Allí mismo se organizó una romería con organillos.

La Voz de Asturias, 22 de agosto de 1929.

Para el día 23 de agosto, cuando se celebró el banquete organizado por el Ayuntamiento de Llanera, en La Morgal había tres aparatos allí estacionados. Al banquete acudieron el gobernador Zuvillaga, el presidente de la Diputación, el alcalde y el primer teniente de alcalde de Oviedo y el alcalde de Llanera, entre otros.

En el diario Región del día siguiente se nos dan los nombres de los asistentes al banquete: «La presidencia estaba ocupada por María Bernaldo de Quirós; capitán, Pérez Marín; gobernador civil, teniente señor Sampil, don Gaspar Cienfuegos Jovellanos, don Ramón Menéndez de Luarca. A la izquierda, comandante Lecea, alcalde de Llanera, señor Tresguerres, y el resto del ayuntamiento. En la otra cabecera se hallaban la señora de Cienfuegos Jovellanos; presidente de la Diputación, señor Cuesta; alcalde de Oviedo, señor Gutiérrez; capitán de aviación, señor Moreno Miró; señor Sanrandeses, don Alejandro Pidal y don Luis Herrero».

Región, 22 de agosto de 1929.

A los postres, el alcalde Tresguerres, se dirigió a los presentes para agradecer su asistencia al acto, y le pide a la aviadora que utilice su influencia para conseguir que La Morgal se convierta en una base de la aviación militar, y anunció que iba a proponer que el campo llevara el nombre del general Zuvillaga.

La aviadora pronunció unas breves palabras de agradecimiento y comprometiéndose a apoyar las pretensiones municipales, que debieron de quedar un poco apagadas cuando el capitán Pérez Marín mostró unos documentos que portaba mostrando las condiciones que tenía que reunir el campo y, claro está, los gastos tendrían que correr a cuenta del Ayuntamiento, aunque tanto el presidente de la Diputación, como los alcaldes de Llanera y Oviedo, aseguran al enviado del jefe de la aeronáutica militar, Alfredo Kindelán, que harán todo lo que sea necesario para que la base sea una realidad.

La Voz de Asturias 22 de agosto de 1929.

La tarde continuó con una verbena con música de organillos y varios bautismos aéreos, y el 24 de agosto por la mañana, María Bernaldo de Quirós levantó el vuelo en dirección a La Coruña mientras que Pérez Marín hacía lo propio rumbo a Madrid.

La peripecia vital de María de la Salud Bernaldo de Quirós se puede seguir durante los años 20 a través de los medios de comunicación, convertida en una celebridad, tanto que la empresa fabricante del avión, la británica De Havilland, le vendió un aparato a mitad de precio a condición de que lo utilizara para volar por España haciendo propaganda de la marca y de un modelo de avión pensado para la aviación de recreo, y también para una formación militar básica.

Así va a ser frecuente encontrar noticias en la prensa española narrando su viaje iniciático entre Getafe y Chinchón, para asistir a una corrida de toros invitada por el matador Marcial Lalanda, su participación en un concurso aéreo en San Sebastián, o efectuar el saque de honor en un partido de fútbol en Vigo. A lo largo de su vida dio más de 200 bautismos aéreos, muchos de ellos a mujeres. La llegada de la dictadura la dejó en tierra y los medios de comunicación no volverán a dar noticias suyas hasta su fallecimiento en 1983.

María Bernaldo de Quirós practicando la caza de la avutarda en una imagen obtenida de Internet.

Cuando en Llanera se celebraba la Fiesta del Árbol

El Noroeste 10 de febrero de 1919.

La primera referencia que encontramos relacionada con la Fiesta del Árbol en nuestro concejo, está en las páginas del diario El Noroeste del 10 de febrero de 1919, para criticar que todos los años en el presupuesto municipal se reservan 100 pesetas para organizar esta fiesta, sin que nunca se llegue a celebrar y sin que los vecinos sepan a que otro fin se destina ese dinero. La escueta información señala que la fiesta nunca se ha llegado a organizar.

La Voz de Asturias 15 de marzo de 1924.

No se volverá a insistir con el tema hasta los años 20, concretamente hasta 1924, ya en plena dictadura de Primo de Rivera y con Celestino Tresguerres al frente de la alcaldía, cuando otro periódico, en este caso La Voz de Asturias, se interrogue acerca de lo que ocurre con la Fiesta del Árbol, habida cuenta de que el fallecido delegado gubernativo, Álvarez Bardón, había pedido al ayuntamiento que organizase la fiesta sin que ello se haya llevado a cabo y, a la vista de la pasividad municipal, el firmante del artículo, Antonio, se pregunta si no podrían ser los maestros los encargados de hacerlo. El mismo redactor, también para el diario Región, insistirá unos días después desde esa tribuna, en los mismos argumentos.

En lo referido a la fiesta, en el año 1924 no encontramos más información, y será al año siguiente cuando el municipio se ponga manos a la obra para sacar adelante esta fiesta, y ante la advertencia del nuevo delegado gubernativo, Emilio Rodríguez Solís, de la proximidad de la época del año propicia para la repoblación forestal y con ello la oportunidad para celebrar la Fiesta del Árbol, el ayuntamiento decide convocar un pleno para el 12 de febrero de 1925, a las tres de la tarde, para tratar sobre la organización de esa fiesta par que esta «resulte con la esplendidez debida.»

Acta del pleno del 7 de marzo de 1925.

Finalmente, se fijó la fecha del 15 de marzo para celebrar por fin la fiesta, en la capital municipal, concretamente en La Huelga. Con el fin de que la celebración tuviera la vistoridad merecida, el alcalde Tresguerres, en el pleno del 7 de marzo pidió a los concejales su asistencia a la misma y que invitan al mayor número de vecinos posible, para que estuvieran presentes. El concejal, José Alonso Granda, se congratuló de que los niños del municipio fueran los principales protagonistas de la festividad, y se ofreció a donar 100 pesetas para obsequiar a los niños participantes.

Por las páginas de Región del 21 de marzo de 1925, conocemos el programa de ese día de fiesta que se inició a las tres de la tarde, con el desplazamiento de los escolares desde el ayuntamiento hasta La Huelga, donde se había instalado una tribuna para invitados y autoridades. Se inició el acto con la lectura de trabajos alusivos y se cantaron himnos al árbol, a cargo de los escolares de las escuelas públicas. El apartado de discursos corrió a cargo de varios maestros nacionales, el médico titular del concejo, el párroco y el alcalde, mientras que el secretario judicial, Ramón Rayón, leyó una composición en asturiano.

Región 21 de marzo de 1925.

A continuación se procedió a la plantación de 200 plantones de árboles, que recibieron la bendición religiosa, y varias «distinguidas señoritas ayudaron a los celosos maestros» a repartir la merienda entre los niños, con la que finalizó una fiesta que resultó tan «brillante como simpática, mereciendo plácemes todos sus entusiastas organizadores», como recogió Región en su crónica del evento.

Como nunca llueve a gusto de todos, algún desaprensivo rompía el cierre de alambre que protegía la zona repoblada, provocando la entrada del ganado en la zona y la pérdida de muchos de los plantones por la acción de las vacas, tal y como informan las páginas de El Noroeste del 19 de mayo, en una crónica que termina diciendo: «Seguros de que á tales abusos ha de ponerles fin y teniendo en cuenta el interés que demuestra poner el actual Ayuntamiento en la repoblación forestal, es de suponer que se castigue como merecen á los infractores de tales abusos.»

El Noroeste, 19 de mayo de 1925.

El 21 de marzo de 1926 fue la fecha elegida para la celebración de una nueva Fiesta del Árbol, esta vez con la novedad del cambio de escenario al trasladarse la misma desde La Huelga hasta La Mogal, una zona que en ese momento, reunía una amplia extensión de terreno comunal. El mal tiempo fue el invitado incómodo de la jornada, hasta impedir el normal desarrollo de la fiesta. Esta vez la crónica de El Noroeste es más expresiva que las del año anterior, y gracias a ella conocemos los nombres de las niñas que ofrecieron sus discurso a los asistentes.

Ellas fueron las hermanas Ramona y Aurora Álvarez González, de la escuela de Rondiella, dirigida por Francisca López Notario; y Alicia Rodríguez, Regina García y Oliva González, de San Cucufate, dirigida por Purificación López Bernal, junto con «otros niños cuyos nombres sentimos no recordar», escribe el anónimo redactor. Ramón Rayón y los maestros de Ferroñes y Santa Cruz, también se dirigieron a los presentes. En esta edición se plantaron un centenar de árboles y los niños fueron obsequiados con una merienda.

El Noroeste, 24 de marzo de 1926.

De nuevo el mal tiempo fue el protagonista de la edición de 1927, esta vez trasladada al domingo 10 de abril y con cambio de parroquia, al ser Ables la que acogió esta tercera edición de la fiesta, en la que se dieron cita un centenar de personas. La crónica de Región lo deja meridianamente claro: «Fue una lástima que lo desapacible del día desluciera tan simpática y cultural fiesta. Ello fue causa de que no tuviera la brillantez que debiera y por lo tanto resultado fría como el día.»

Los escolares plantaron algunos árboles, y se cantaron los himnos al árbol y a la bandera, trasladándose el grueso de los actos a la escuela de la parroquia, donde se leyeron poesías alusivas al acto por parte de los infantes, y el alcalde Tresguerres hizo un elocuente discurso en el cual «encareció el amor al árbol y puso de manifiesto los innumerables beneficios que aquel reporta a la humanidad, beneficios que por desgracia desconocen muchos.» La consabida merienda puso fin a una fiesta de la que no nos han quedado más rastros en las páginas de los periódicos regionales.

Región 14 de abril de 1927.

En 1928 le tocó el turno de acoger la Fiesta del Árbol a la parroquia de San Cucufate, concretamente el entorno de la iglesia parroquial, donde se celebró el día, desde las cuatro de la tarde, con la presencia de los alumnos de las escuelas públicas, además de los de las Escuelas del Ave María de Coruño, «con sus profesores, Lolita Martínez, Justina Alonso y el joven Arcadio Suárez.» En el atrio de la iglesia, los niños Carlos Pevida, Aurora García y Esther Álvarez, todos de San Cucufate, recitaron poesías.

La Nueva España 27 de marzo de 1928.

La parte más institucional, corrió a cargo del pasionista de la residencia de Mieres padre Fulgencio, y del alcalde Celestino Tresguerres, quien pronunció «un brillante discurso lleno de fervor al niño y al árbol, complaciéndose por tan singular y simpático acto.» A continuación, con la pertinente bendición religiosa, se procedió a la plantación de árboles en el campo de la iglesia. Para finalizar el acto, los niños fueron obsequiados con pastas y naranjas «terminando tan simpática fiesta con el himno a la bandera Salve Patria por las niñas de la escuela de San Cucufate, bajo la dirección de la culta e ilustrada profesora de la misma doña María Luisa Zanón», tal y como se puede leer en las páginas de La Nueva España del 27 de marzo de 1928.

Al año siguiente, los organizadores fijaron la fecha para el 14 de abril y esta vez el tiempo acompañó a una celebración llevada a cabo en la población de Coruño, con un programa de actividades que dio comienzo el día anterior con una verbena con iluminación veneciana, ante el establecimiento de Ángel Rodríguez, en La Venta del Gallo, amenizada con música de gramola y clásica, con suelta de globos de diferentes dimensiones.

Por lo que toca a la fiesta como tal, a ella acudieron los alumnos de las escuelas nacionales de Lugo, Rondiella, San Cucufate, Santa Cruz, Bonielles, Ables, Cayés y del Ave María de Coruño, acompañados por sus maestros y portando las respectivas banderas. El coro de las escuelas del Ave María abrió el acto cantando el himno al árbol, bajo la dirección de su maestra, Soledad Martínez.

Después de proceder a la plantación de un centenar de árboles, los niños José Quirós, José López, José Suárez y Justo Lozano, alumnos de las escuelas del Ave María, y las niñas de Cayés, Rosa Alonso, Margarita Álvarez, Ángeles Fernández y María Paredes, recitaron poesías alusivas a la fiesta. El alcalde, Celestino Tresguerres, cerró los actos institucionales con el tradicional discurso, al término del cual los niños fueron obsequiados con golosinas.