Prudencio González y la llegada del alumbrado público a la capital municipal

Asistentes al banquete de homenaje llevado a cabo en Cuba en honor de Prudencio González (marcado con la X). Región 25 de abril de 1924.

En mi artículo anterior me detuve en la figura de Alejandro Mon y su relación con el concejo, y las razones por las cuales da nombre a una de las calles de la capital municipal, Posada de Llanera. En esta ocasión, hago lo propio con el personaje que bautiza la principal avenida de la misma población, y que recuerda la memoria de Prudencio González. Vamos a ver cómo la vinculación de este convecino nuestro, cuya familia era y sigue siendo la propietaria del popular comercio Casa Rosa abierto en 1870, con la llegada del primer alumbrado público a Posada, le va a hacer acreedor a ese honor.

El Noroeste, 21 de enero de 1922.

La primera noticia que tenemos de las gestiones que está realizando un particular, cuyo nombre no está autorizado a publicar pero que toda seguridad se trata de nuestro protagonista, la tenemos en la edición de El Noroeste del 21 de enero de 1922, y en ella se muestra el optimismo acerca de la llegada del alumbrado público a Posada, una mejora que «es incuestionable que desde hace ya muchos años, no la capital, sino la mayoría de los pueblos del concejo debiera disfrutar de tan necesario fluido». Sin embargo, por «la apatía de unos y la despreocupación de otros, estamos como los pueblos más incomunicados de España.» Al mismo tiempo, se pide, a las tres grandes industrias asentadas en el concejo, a saber, Cerámicas Guisasola, Fábrica de Explosivos y Sociedad Orueta e Irán explotadora de la mina carbonífera de Santufirme, que colaboren con esta iniciativa.

El Noroeste, 25 de febrero de 1922.

Si en enero se había mantenido en secreto el nombre del impulsor del proyecto, al mes siguiente El Noroeste deja claro que es Prudencio González el principal promotor de la idea, quien recién llegado de La Habana se vio «extrañado de ver llegar la luz á las mismas puertas de Posada (…) creyó conveniente iniciar un movimiento de opinión en este sentido.» El primero contacto lo estableció con la empresa Cerámicas Guisasola, la cual respondió favorablemente y ofreció la posibilidad, de forma gratuita, de continuar la línea desde la ubicación de la empresa en La Venta del Gallo (Cayés).

El Noroeste, 25 de febrero de 1922.

Asimismo, se forma una comisión gestora en la que se integraron los siguientes delegados: Justo Fernández Ablanedo, para Cuba; Crisanto Álvarez Cueto, en Buenos Aires; Eduardo Menéndez López, en México; y José Álvarez Salvador, en los Estados Unidos; con el objetivo de conseguir aportaciones por parte de los emigrantes de Llanera en cada uno de esos países. La comisión estaba presidida por el sacerdote, Ramón Díaz; con Prudencio González como secretario; Froilán Menéndez, tesorero; y los vocales, Fermín Rayón, Eugenio Vázquez, Guillermo Toca, Francisco Virsida, Bernardo Díaz y Bonifacio Rodríguez.

Aunque no se dan detalles pormenorizados, El Noroeste del 24 de mayo de 1922, señala la satisfacción que tienen los miembros de la comisión pro alumbrado de Posada, por los éxitos que se van logrando, hasta el punto de que en su primera reunión, el presidente propone da un voto de gracias a Prudencio González, quien «á más de ser su organizador, llevó á cabo multitud de trabajos que tan franco y lisonjero éxito obtuvieron.» Animados por la buena marcha del proyecto, muestran su voluntad de seguir con la actividad de la comisión, y utilizar parte del dinero recaudado «en mejorar el servicio de aguas y construir un lavadero cubierto, previa aquiescencia de las personas que habían hecho donativos para la luz.» En esa reunión no pudo estar presente el vocal Francisco Virsida, debido a su fallecimiento, y se acordó nombrar a Ramón Rayón, secretario judicial, como vicesecretario de la comisión.

Fragmento del acta del pleno del 9 de agosto de 1922.

Lógicamente, el asunto termina por llegar al pleno municipal, y será en una sesión extraordinaria celebrada el 9 de agosto de 1922, cuando se trate del asunto con la lectura de una carta enviada por la Sociedad Popular Ovetense (SPO), en la que ofrece sus servicios para dotar de alumbrado a la capital municipal, y otra de la Sociedad Hijos de Guisasola facilitando el uso de su red para traer la electricidad hasta Posada. El pleno designa una comisión, integrada por el alcalde, Joaquín Palacio Muñiz, y los concejales, Benjamín Valdés Medio y Marcelino Rodríguez, para entrevistarse con la SPO y con Hijos de Guisasola «y de la entrevista habida, dar cuenta á la Corporación en un día para que esta resuelva lo que estime más procedente.»

Fragmento del acta del peno del 17 de marzo de 1923.

A pesar de que parecía todo estar encarrilado para que el alumbrado público fuera una realidad ya en ese año de 1922, habrá que esperar hasta el año siguiente para encontrar noticias sobre la evolución del proyecto, concretamente hasta un acta de la sesión plenaria del 17 de marzo de 1923. Todos los concejales estuvieron de acuerdo ese día, en «dar toda clase de facilidades a la sociedad empresaria» para instalar el transformador y los postes necesarios, mientras que el coste de las luces correría a cargo de los fondos municipales. Los encargados de trasladar ese ofrecimiento a la SPO fue una comisión integrada por los concejales Eugenio Vázquez y José Rodríguez, y los miembros de la comisión pro alumbrado, Froilán Menéndez y Guillermo Toca. Esa reunión debió de producirse y en ella se concretaría el número de luces a instalar en Posada, ya que en el pleno del 2 de junio se pide a la comisión citada que vuelva a hablar con la empresa con el fin de instalar dos luces más de las concertadas, una «en la plazuela de la casa de D. Primo Álvarez, cartero, y otra en las inmediaciones de la casa de D. Bonifacio Rodríguez.»

La Voz de Asturias, 28 de julio de 1923.

La Voz de Asturias, deja constancia el 28 de julio de 1923, de que la Diputación tiene para informar la concesión solicitada por la Sociedad Popular Ovetense, para hacer una línea de baja tensión en la carretera Lugones-Avilés, con el fin de dar alumbrado a la capital de Llanera, y con ello el proyecto entraba ya en su fase decisiva.

El Progreso, 30 de julio de 1923.

Otro medio de comunicación, esta vez editado en Cuba para la emigración asturiana con informaciones tanto de la isla como de Asturias, como fue El Progreso, nos informa en sus páginas del 30 de julio de 1923, que el proyecto de alumbrado público se había conseguido sin necesidad de recurrir al dinero recolectado por la colonia de naturales de Llanera en la isla caribeña, por lo que la dirección del Club Llanera de La Habana toma la decisión de reservar ese dinero para llevar adelante otro proyecto muy ambicionado por ese colectivo, como era el de dotar a Posada de Llanera de una plaza mercado cubierta, proyecto que finalmente fue una realidad y del que hablaremos en otro momento. Con todo ello, podemos concluir que el año 1923 fue el año en el cual Posada de Llanera, empezó a contar con iluminación eléctrica en su calle principal.

Avenida Prudencio González

Acta del pleno del 17 de noviembre de 1923, en el que se trató la propuesta de Ramón González para poner el nombre de Agustín González a la calle principal de Posada de Llanera.

La iniciativa de bautizar la avenida con el nombre del indiano fue del comerciante de Posada, Ramón González Llosa, cuya petición oficial se discute en el pleno el 17 de noviembre de 1923. «Todos conocéis las gestiones realizadas para conseguir el fin que se proponía y sin desmayar ante los obstáculos que al paso se le presentaban vio colmado el éxito de la empresa emprendida. De corazones nobles y adornados de sentimientos humanitarios es ser agradecidos a los favores que reciben», se decía en el texto presentado por el promotor de denominar como Avenida de Prudencio González, el tramo de la calle principal entre el domicilio de Froilán Menéndez y el suyo propio. La propuesta salió adelante por unanimidad. En ese momento, el homenajeado se encontraba de nuevo en La Habana.

Región, 25 de noviembre de 1923.

Ramón González no se quedó ahí, sino que además abrió una suscripción popular entre los vecinos de Posada, con el fin de costear los rótulos con los que hacer visible el nuevo nombre de una calle que hasta ese momento era más conocida como Avenida de las Huelgas. El encargado de recoger el dinero recaudado era Antonio Menéndez Varela, a la sazón corresponsal en Llanera del periódico El Noroeste. Una suscripción que, sin embargo, no logró el éxito apetecido, como así hizo constar el promotor en una carta enviada a La Voz de Asturias del 27 de diciembre de 1923, «unos por apatía, por diferencia de criterio otros y por indiferencia los más.» En total se hicieron once aportaciones por un importe total de 75 pts, que fueron suficientes al renunciar Francisco López y Ramón Menéndez, a la cantidad que les correspondía por la colocación de las nuevas señales indicativas.

La Voz de Asturias, 27 de diciembre de 1923.

En el pleno del 22 de marzo de 1924, se dio lectura a una carta enviada por Prudencio González agradeciendo el gesto de dar su nombre a la calle, y en el acta de la sesión queda patente el agradecimiento del consistorio hacia el indiano: «Nuevamente la Corporación queda altamente agradecida al benemérito hijo de Llanera, y acuerda que jamás se borre esta memoria en pro de un joven que tantos desvelos ha sufrido por llevar a la práctica obras de vital interés para el concejo. Que se le comunique este acuerdo para satisfacción del mismo.»

Algunos de los asistentes al homenaje tributado en Cuba a Prudencio González. Región 25 de abril de 1924.

Los homenajes no sólo los acabará recibiendo Prudencio González en Llanera, sino que en la propia capital cubana, de la mano del Club Llanera de La Habana, del que era socio, en el conocido como Salón H se organizará un banquete en su honor acompañado por la dirección del club, encabezada por su presidente, José María Martínez, en el transcurso del cual se le nombrará presidente de honor del club.