La inauguración de las escuelas de Robledo

Las antiguas escuelas de Robledo, convertidas en albergue juvenil, en una imagen de 2005. Foto del autor.

En el mes de septiembre de 1930 tuvo lugar la inauguración oficial de las escuelas de Robledo, en un edificio destinado a albergar a niños y a niñas, en aulas separadas eso sí, y vivienda del maestro. Una obra que fue patrocinada por el indiano natural de la localidad, Casildo López Martínez (Robledo, 1851- Camagüey, Cuba, 1935), quien también patrocinará la construcción de la carretera desde Castiello hasta Casa Carmen Les Caleyes, la traída de agua y la reparación de la capilla de la Concepción.

Estamos pues ante un edificio de arquitectura indiana que revista un carácter único en Asturias, por la aplicación de criterios decorativos de raíz historicismo, merced a los remates almenados que podemos ver en los porches de acceso, y en la zona central de la fachada enmarcando de una forma preeminente la placa de mármol en la que se puede leer: «Escuela de Nuestra Señora del Carmen, donada por el Sr. Casildo López Martínez a su pueblo natal de Robledo. Julio 16 de 1930». Vemos que la fecha de finalización de la obra no coincide con la fecha de su inauguración oficial.

Detalle de la placa que corona la fachada de las escuelas. Foto del autor.

Casildo López, también conocido como Casildo Coto, hizo fortuna en Cuba, concretamente en la población de Camagüey gracias al comercio y a la ganadería, y la primera noticia que tenemos de su actuación en el concejo, al menos por lo que a la prensa se refiere, la tenemos en una noticia publicada en El Noroeste, el 24 de agosto de 1921, como patrocinador de una misa de requiem por los soldados fallecidos en el norte de África en la guerra con Marruecos, y que se celebró en la parroquial de Lugo de Llanera.

El Noroeste, 24 de agosto de 1921.

En relación al tema que nos ocupa, las escuelas, tanto El Noroeste como Región, se hicieron eco en sus páginas del acuerdo tomado por la Comisión Permanente del Ayuntamiento de Llanera, de dar «las más expresivas gracias al acaudalado comerciante de La Habana don Casildo López, por su donativo de cinco mil pesetas, cuya cantidad será invertida en la construcción de la carretera en proyecto que enlazando con la de La Campana irá al pueblecito de Bayo [sic], por Robledo». Asimismo, se anuncia que en breve, también a sus expensas, se levantará «un edificio escuela y casa habitación para el maestro». Era el año 1928.

Región, 5 de septiembre de 1928.

Tan agradecida fue la inversión de esos dineros en el concejo, que el ayuntamiento en el pleno del 17 de noviembre de ese mismo año 1928, además de manifestar su agradecimiento por las 5.000 pts., se acuerdo nombrarle hijo predilecto del municipio, un título que «se le comunique en un pergamino artístico que la [Comisión ]Permanente encargará a quien corresponda».

Fragmento del acta del pleno municipal del 17 de noviembre de 1928, declarando a Casildo López hijo predilecto del concejo.

Honor que se ampliaría unos días antes de la inauguración de las escuelas, cuando la Comisión Permanente tome, entre otros, el acuerdo, a propuesta del alcalde, de colocar en el salón de plenos un retrato de Casildo López, y, al mismo tiempo, se diera su nombre al tramo de carretera por él patrocinado. Finalmente, el domingo 14 de septiembre de 1930, tuvo lugar la solemne inauguración del edificio escolar y entrega oficial del mismo al ayuntamiento.

El listado de asistentes incluyó, entre otros, al alcalde Eugenio Vázquez; los concejales, Benjamín Valdés, Laureano Casaprima, José Menéndez, Severino Coterón, Anselmo Suárez, José Díaz Pedrosa, Bonifacio Álvarez y Antonio Carril; junto con el anterior alcalde, Celestino Tresguerres; el gobernador, Rosón; o el eclesiástico, Aurelio Gago, encargado de la bendición del edificio y de oficiar una misa posterior, en la capilla de la Concepción cuya restauración también patrocinó nuestro indiano.

Crónica de la inauguración de las escuelas de Robledo. La Voz de Asturias, 16 de septiembre de 1930.

Para dar la bienvenida a los invitados, en el pueblo se instalaron sendos arcos de triunfo, y después de un recorrido por el interior del edificio, la esposa de Casildo López, Carmen Machado, procedió a descorrer la cortina y dejar a la vista la placa conmemorativa. En su discurso, el gobernador destacó que «el hombre que construye una escuela, restaura una iglesia y abre un camino, ha fundido en una sola obra los tres grandes ideales de la humanidad». En el mismo local de la escuela, donde estaba colgado el retrato del patrocinador, obra del pintor Duarte, se ofreció un banquete preparado por Cándido Muñoz.

Su sobrino Fructuoso Hevia, fue el encargado de leer un breve discurso en nombre de Casildo, en el cual, entre otras cosas decía: «Hasta hoy me pareció estéril mi vida, a pesar de la titánica lucha sostenida allende los mares; desde hoy parece que una voz interior me dice: Has hecho un bien a tus semejantes».

Dos imágenes de la inauguración de las escuelas. La Voz de Asturias 16 de septiembre de 1930.

Una vez concluido el discurso, Celestino Treguerres, propuso, y así fue aceptado por los presentes, que el ayuntamiento iniciara un expediente para solicitar al Gobierno de España la concesión de la Cruz de Alfonso XIII a Casildo López. Expediente que desconocemos si llegó a tramitarse.

Las escuelas tardaron un poco más en entrar en funcionamiento, ya que hasta febrero de 1931, no se entregó al inspector provincial de Primera Enseñanza, tal y como nos informa El Noroeste, el expediente de esta escuela y de la de Cayés. Esa situación provocó que el concejal Valdés Medio, preguntara en pleno en el mes de marzo, sobre la situación de dicho expediente, recibiendo la respuesta de estaba esperando «el resultado de unas gestiones particulares que se están realizando con el donante del edificio», según podemos leer en El Comercio y en El Noroeste.

El Comercio 27 de marzo de 1931.

En noviembre de 1931 la escuela mixta de Robledo, a cargo de maestro, ya aparece en la relación de escuelas creadas, y en julio de 1932, la maestra reclama el abono de la consignación de material para el centro educativo, lo que nos hace sospechar que en ese año la escuela ya estaba a pleno rendimiento.

Fugas de la prisión municipal

Información de la que parece ser la primera fuga de la prisión municipal. El Comercio, 17 de octubre de 1899.

Al contar Llanera con una sede judicial le correspondía igualmente, tener una dependencia en la que albergar los detenidos por la Guardia Civil, antes de ser juzgados, bien en el juzgado municipal en el caso de delitos menores, bien en el provincial, para delitos más graves, es decir, que el calabozo, seguramente no sería más que eso, era únicamente para estancias de corta duración. Se trataba de una instalación, como veremos, de construcción precaria, y con unas condiciones higiénicas francamente deficientes, como también veremos.

Con este panorama, la primera y escueta noticia que tenemos de una fuga del centro de detención del municipio, la encontramos en las páginas de El Comercio, medio que el 17 de octubre de 1899 se hacía eco de una información publicada en El Diario de Avilés, en la que se decía que Manuel Rodríguez Valdés, alias «Chorín», quien ya se había fugado en el mes de septiembre de la Audiencia de Oviedo durante el traslado desde Avilés custodiado por la Guardia Civil, había hecho lo propio de la cárcel de Llanera, lo cual suponía que había vuelto a ser detenido por la Benemérita dentro del territorio de nuestro municipio, conducido a la capital, Posada, y de ahí volvería a poner pies el polvorosa, sin que sepamos las peripecias posteriores de «Chorín».

En los años 10 del siglo XX volverán a producirse sendas fugas, que pondrán de manifiesto la precariedad del calabozo municipal. En la Revista Asturias del 26 de diciembre de 1915, gracias a la pluma del secretario judicial, Ramón Rayón, leemos que la Guardia Civil del puesto de Posada detenía a Francisco Ortega por conducir una caballería sin la correspondiente guía, siendo sospechoso de haberla robado. Los agentes pusieron a Francisco a disposición judicial internándolo en la cárcel municipal. El presunto cuatrero aprovecharía la noche para «valiéndose de uno de los pies del camastro, empezó a abrir un boquete en la pared, de la parte posterior del edificio, consiguiendo hacer un agujero, por le cual salió fácilmente, logrando así evadirse de la prisión» nos cuenta Rayón, quien también nos dice que fue el empleado municipal, Enrique Rodríguez, la persona que notó su ausencia al dirigirse por la mañana a hablar con el detenido. La Guardia Civil, sin saber en qué dirección podría haberse fugado, se puso tras la pista y ahí termina la información que tenemos del hecho.

Revista Asturias, 11 de junio de 1916.

Más chusca sería la siguiente fuga de la que volvemos a tener noticia gracias a la crónica de Ramón Rayón, publicada en la Revista Asturias el 11 de junio de 1916. Gracias a ella sabemos que varios vecinos de la parroquia de Ables, recelosos ante dos desconocidos que transitaban a pie por ella conduciendo una novilla, decidieron pararles y, de alguna forma, conseguir que uno de ellos confesara que el animal era fruto de un robo que había cometido, ni más ni menos, que en la aldea de Agüerina, en el concejo de Belmonte, es decir, a unos 70 kilómetros de distancia.

Con esa información, los vecinos alertaron a la Guardia Civil procediendo a la detención de los dos sospechosos, Rafael Alonso Martínez, quirosano de Salcedo, quien se autoinculpó como autor de la novilla, y Francisco Pérez y Pérez, quien habría coincidido con el primero en San Cucufate, donde habrían emprendido el camino juntos al dirigirse ambos a Oviedo. Ambos fueron conducidos hasta la cárcel municipal.

Aquí dejo la palabra totalmente a Ramón Rayón y al expresivo párrafo con el que describe el momento de la fuga del ladrón de ganado: «Una vez en la cárcel de Posada, no le gustó al Rafael la topografía del pueblo ni el chalet donde lo hospedaron, pues por la noche se dedicó a trabajar y haciendo un hoyo por debajo de la puerta intermedia entre el depósito y archivo se fugó, sin que se sepa el rumbo pues no se lo comunicó ni al compañero de fatigas, según éste declaró. A la mañana siguiente el Alcalde [es posible que el término ‘alcalde’ sea una errata por ‘alcaide’ en el sentido de responsable del calabozo, dentro del tono chistoso con el que nos narra la noticia. En ese momento el alcalde era José Sala Cadamo], don Enrique Rodríguez Alonso mandó a que se enteraran de cómo habían pasado la noche, encontrándose con la celda completamente transformada y creyó al ver el terreno tan movido que se trataba de un terremoto.»

Lo simpático de la noticia no se quedó ahí, sino que a continuación, Francisco Pérez «(que no se fugó por no darle la gana)», empezó a decir que «era una persona de gran honradez e influencia», cuando la realidad era que era un mendigo de profesión, y que su detención iba a provocar serios disgustos, lo que le vale a Rayón para ironizar: «¡Acaso saldrá España de la neutralidad por tal detención!», en alusión a la postura que nuestro país había adoptado en relación con la Primera Guerra Mundial. La novilla quedó en depósito en la casa de Modesto Vázquez Rodríguez.

El Noroeste, 22 de junio de 1917.

Dentro del contexto de una huelga planteada por los trabajadores de la Fábrica de Explosivos de Cayés, un total de seis mujeres fueron detenidas en sendas redadas por números de la Benemérita, y conducidas al calabozo de Posada donde pasaron 24 horas detenidas antes de ser puestas de nuevo en libertad. Tal y como podemos leer en El Noroeste, todas ellas se quejaron con insistencia de las pésimas condiciones higiénicas existentes en un calabozo «que parece más propio para alojar animales que para pernoctar seres humanos.» Por ello, el cronista del periódico gibones no duda en pedir al alcalde que «se digne ordenar el arreglo y limpieza de dicho local.»

Extracto del acta del pleno del 3 de junio de 1922, en el que se acordó hacer obras en la cárcel municipal.

Una actuación de la que no hay constancia que el consistorio abordara hasta cinco años más tarde, algo que sabemos por el acta del pleno del 3 de junio de 1922, en la cual se acuerda «hacer una pronta reparación en la cárcel municipal, para instalar un camarote, un banco, y cerrar el recipiente para la salud de los detenidos, pues actualmente es insalubre, y se halla en pésimas condiciones el depósito.»

La extensión del alumbrado público (II): Andorcio (Ables) y Lugo de Llanera

Fragmento del acta del pleno del 13 de agosto de 1927, en el que se pidió la llegada del alumbrado a Guyame (San Cucufate)

Cuando llegamos al año 1927, la capital municipal, Posada, además de Cayés, Ables y San Cucufate, son las poblaciones y parroquias que en mayor o menor medida, incluso polémicas mediante, cuentan con alumbrado público en lo que suponía la llegada de uno de los elementos de modernidad que, poco a poco, se iban abriendo paso en el municipio. Así, no es extraño que otras poblaciones empiecen a demandar ese nuevo adelanto tecnológico como fue el caso de Guyame, perteneciente a la parroquia de San Cucufate, cuya petición fue presentada en el pleno municipal del 13 de agosto de 1927, por el concejal de la parroquia, Eloy Álvarez, y el suplente, Leoncio López.

Ellos pidieron a sus compañeros de corporación «se de la debida protección a los vecinos del barrio de Guyame para que puedan disfrutar del fluido eléctrico al igual que los convecinos de S. Cucufate y Ables.» El resto de concejales se muestran de acuerdo con esta petición siempre y cuando «además de la petición antedicha se comprometen a realizar beneficios para que de esta manera la Sociedad Popular [Ovetense] pueda suministrar a dicho pueblo la luz eléctrica.» Carecemos de datos que nos permitan saber cuándo llegó finalmente el fluido eléctrico a esa población.

El Noroeste, 21 de marzo de 1928. Los vecinos de La Venta del Gallo llevan tiempo pidiendo el alumbrado público sin éxito.

Al año siguiente, 1928, El Noroeste incluye en sus páginas un ruego al alcalde de Llanera, Celestino G. Tresguerres, recordándole que los vecinos de La Venta del Gallo llevan ya un tiempo largo pidiendo contar con alumbrado público, una petición que para el redactor es lógico que se atienda «porque es un barrio de alguna importancia industrial y máxime teniendo en cuenta que en el límite de Lugones se halla establecido.» Tampoco tenemos constancia de cuando fue finalmente atendida esa demanda.

Región, 17 de junio de 1928. Los vecinos de Andordio (Ables) organizan una romería para festejar la llegada del alumbrado.

Si sabemos fehacientemente, gracias al diario Región del 17 de junio de 1928, que los vecinos de Andorcio, uno de los barrios de la parroquia de Ables, se disponían a celebrar, ese mismo día, domingo, a partir de las cuatro de la tarde, la llegada del fluido eléctrico suministrado por la Sociedad Popular Ovetense (SPO). Para ello, los vecinos organizaron «una romería que será amenizada por varios organillos y la música del país.» En el artículo anterior, veíamos como tanto el barrio alto como el bajo de Ables lograban la llegada de la electridad, y con la incorporación del barrio de Andorcio, la parroquia se ponía en cabeza del municipio en cuanto a la extensión de la electricidad.

Región, 7 de julio de 1928. Se pide mejor mantenimiento del alumbrado en Ables.

Una extensión que no estaba exenta de problemas, por la necesidad de hacer un buen mantenimiento de la instalación, y precisamente desde Ables, un mes después de la celebración llevada a cabo en Andorcio, llegan peticiones, a través de las páginas de Región del 7 de julio de 1928, para que el empleado municipal contratado para hacer el mantenimiento eléctrico cumpla con sus funciones, lo que nos hace sospechar que, lo mismo que vimos en su momento con el alumbrado en la capital municipal, en ese año se empezó a poner de manifiesto el descuido en el mantenimiento de la red.

Fragmento del acta del pleno del 11 de diciembre de 1930. Se acepta la oferta de dos vecinos de Cayés para hacerse cargo del mantenimiento del alumbrado eléctrico en el concejo.

Por una pregunta planteada en el pleno del 11 de diciembre de 1930, por el concejal del Partido Reformista, Severino Coterón, sabemos que el alumbrado con el que contaba el municipio a esa fecha, le costaba al ayuntamiento en torno a las 3.000 pts, por el dato facilitado por el interventor municipal. En ese mismo pleno, se trata de la oferta realizada por dos vecinos de Cayés, Benjamín González Suárez y José González, para hacerse cargo del mantenimiento y encendido de todo el alumbrado público de Llanera «poniendo por su cuenta los materiales, comprometiéndose al recambio de lámparas dentro de las veinticuatro horas en que dejen de lucir y al inmediato arreglo de averías, excepto las de los transformadores y líneas en que la fábrica no consiente toquen más que sus empleados y dejando a su servicio al actual empleado de San Cucufate hasta que vaya a cumplir con sus deberes militares, todo por la cantidad anual de mil trescientas pts.» A la vista de las condiciones, el pleno acuerda que ambos se hagan cargo del servicio a partir del día 1 de enero siguiente.

El Comercio, 14 de junio de 1929. Anuncia la próxima llegada del alumbrado a Lugo. Hubo que esperar hasta 1934.

El siguiente núcleo de población del que se empieza a hablar para recibir el fluido eléctrico será Lugo de Llanera en el año 1929. Esta vez será el diario El Comercio el 14 de junio de ese año, el que dé la noticia de que la SPO y su director e ingeniero, Julio Eguilaz, atendiendo a las peticiones que le estaban llegando desde la población, toma la decisión de «surtir de energía eléctrica el mencionado barrio.» El periódico se muestra optimista en relación a los plazos y aventura que «en fecha próxima se celebrará solemnemente la inauguración del alumbrado.»

Región, 28 de junio de 1929. La Diputación aprobó la petición de la SPO de obras para llevar la electricidad a Lugo y Villabona.

La empresa empieza a hacer los trámites para lograr que Lugo cuente con electricidad, y el diario Región nos informa, el 28 de junio, que la SPO solicita a la Diputación la pertinente autorización para construir una línea alta tensión «desde Lugones a Villabona, con objeto de extender lo servicios de alumbrado y fuerza motriz a los pueblos de Lugo y Villabona.» La burocracia administrativa es como es y no será hasta finales del año siguiente, 1929, cuando la SPO reciba el visto bueno al expediente (Región, 13 de diciembre de 1929).

El Noroeste, 16 de agosto de 1934. Las fiestas de agosto sirvieron para inaugurar el tendido eléctrico en Lugo.

Tampoco eso aceleró la llegada del adelanto tecnológico a la población de Lugo, ya que todavía tendría que esperar otros cinco años para ver su anhelo cumplido. El Noreoste, el 16 de agosto de 1934, nos dice que coincidiendo con la fiesta de Nuestra Señora de La Asunción, se producirá la «inauguración del tendido eléctrico», seguramente de ahí «el entusiasmo indecible que reina, se barrunta tres días grandes para todo el mundo, particularmente para la gente bailadora y la gente menuda.» Una alegría que, como casi siempre, no fue completa ya que al año siguiente, el mismo periódico publicaba un elocuente titular: «La estación en tinieblas», seguido de una no menos incisiva apertura: «Nos referimos á la del Norte, ubicada en Lugo de Llanera. A veces ocurren cosas anormales debido exclusivamente al desdén que llega á apoderarse totalmente de los hombres flojos de espíritu, cuando en realidad, con ‘dar vuelta á la hoja’, se penetra en la normalidad de lo anormal, sin necesidad de ser ningún erudito en geometría…»

El Noroeste, 27 de enero de 1935. A pesar de que la población de Lugo ya contaba con alumbrado, este no había llegado a la estación ferroviaria.

En resumen se refiere a la ausencia de iluminación eléctrica de una estación situada a medio camino entre Lugones y Villabona, con un notable tráfico tanto de personas como de mercancías y, al parecer, iluminada únicamente por un farol de petróleo «que como mocho de la vida antigua cuelga de la pared consumiendo un artículo extranjero.» Lo mismo ocurre en la zona de almacenaje de la estación «que es más bien almacén de trastes viejos que de depósito de mercancías.» La sala de espera está igualmente a oscuras, pero eso sí decorada «con infinidad de letreros del departamento de Sanidad dando reglas para lograr la salubridad pública.»

La extensión del alumbrado público (I): Cayés, San Cucufate y Ables

En los dos artículos anteriores a este, hablábamos, respectivamente, de la llegada del alumbrado público a Posada de Llanera en el año 1923, y de la polémica generada al año siguiente en torno a su coste y si tenía que ser el ayuntamiento quien asumiera el mismo, o tenían que ser los vecinos, tal y como defendían dos concejales que terminó generando una amplia atención mediática y una polémica que se tuvo que zanjar en un pleno municipal, a favor de la continuidad del alumbrado y del pago por parte del ayuntamiento. En este tercer artículo dedicado al mismo asunto eléctrico, veremos como a lo largo de los años 20 y primeros 30, esta mejora tecnológica se irá extendiendo a otros núcleos del municipio, empezando por Cayés y pasando por Ables y San Cucao.

El Noroeste 23 de enero de 1923.

De forma lógica, el primer núcleo en recibir esa mejora tenía que ser la parroquia de Cayés, ya que, como vimos, la línea para traer el fluido hasta Posada partía de Cerámicas Guisasola, fábrica ubicada en la localidad de La Venta del Gallo, dentro de esa parroquia. Así, lo hizo saber el diario gijonés El Noroeste, el 23 de enero de 1923, cuando informa de que «hace unos días ha sido instalada la luz eléctrica en el pueblo de Cayés», a través de la Sociedad Popular Ovetense (SPO) y gracias a la generosidad de la firma Hijos de Guisasola, propietaria de la empresa cerámica. El periodista, se pregunta que ya que ha llegado a Cayés, si no será posible su extensión a la parroquia vecina de Ables.

Sin embargo, los vecinos de Ables tendrán que esperar todavía tres años para ver colmadas sus esperanzas de ver llegar el alumbrado público a sus caminos. Así nos lo hace saber La Voz de Asturias el 26 de enero de 1926, cuando informa del desarrollo a buen ritmo de los trabajos para llevar la luz eléctrica por cuenta de la SPO, con la intención de hacerla llegar también a la parroquia aledaña de San Cucufate. Por esa misma crónica, sabemos que otros territorios del concejo estaban demandando la llegada de la electricidad a ellos.

La Voz de Asturias, 26 de enero de 1926.

El hecho de que José Tartiere, conde de Santa Bárbara de Lugones, y gestor de las fábricas de explosivos de Cayés y de Lugones, entre otras muchas cosas, tuviera una propiedad en San Cucufate, fue un elemento que ayudó a la llegada de la luz a esa parroquia. Esa conclusión la extraemos de la lectura del acta del pleno municipal celebrado el 23 de mayo de 1925, y de la moción presentada por el concejal José Alonso Granda que decía lo siguiente: «Que en próxima fecha será instalada la luz eléctrica en la parroquia de San Cucufate; como la instalación ha de ir enclavada en la carretera sería muy necesario establecer seis luces públicas con las que quedaría el pueblo perfectamente adornado. Ruega al propio tiempo que la Corporación haciéndose eco del común sentir de los vecinos de San Cucufate, acuerde consignar en acta un voto de gracias para el Excmo Señor Conde de Santa Bárbara por sus felices gestiones en pro de tan importante mejora.» El resto de la corporación hizo suya la moción aprobada por unanimidad, incluyendo la instalación de seis luces públicas «teniendo en cuenta, tan luego sea un hecho imponer el tributo correspondiente a las personas que les reportan estos beneficios.»

Fragmento del acta del pleno municipal del 23 de mayo de 1925.

La obra no debió de ir tan rápida como esperaba el edil Alonso Granda, casi un año después el diario Región escribía: «La instalación de la luz eléctrica en San Cucufate toca a su fin. Pronto, dentro de muy breves días, lucirá esta en tan simpático pueblecito veraniego.» El vecindario de la parroquia quiere manifestar su agradecimiento a José Tartiere y propone bautizar con el nombre de Avenida José Tartiere la carretera principal que atraviesa el pueblo, a imagen y semejanza de lo que se había hecho en la capital municipal con Prudencio González. Esa información está fechada el 16 de mayo de 1926. Una semana después, la misma noticia, con idéntica redacción, aparecerá en el diario El Comercio. La iniciativa de bautizar al tramo de carretera con el nombre del conde de Santa Bárbara, finalmente nunca se llevará a cabo sin que por ahora, conozcamos las razones para no llevarla a cabo.

Región, 16 de mayo de 1926.

La ansiada inauguración del alumbrado tuvo lugar el sábado 30 de mayo de 1926, haciendo «realidad el suelo dorado de los vecinos de San Cucufate», tal y como escribe Región el día 1 de junio de ese mismo año. En el acto «derrochose en gusto y dinero», siendo el epicentro del festejo la explanada delante de Casa García, donde se instaló «gran número de bombillas de distintos colores, intercalándose varios focos, dando un aspecto sorprendente a la plazuela en la cual el baile y demás festejos celebrados, duraron hasta la una de la madrugada.»

Región, 1 de junio de 1926.

Luego le tocará el turno a la parroquia de Ables, donde el ayuntamiento instalará seis bombillas a petición de los vecinos, nos cuenta El Noroeste el 10 de octubre de 1926, y en marzo del año siguiente, Región mediante, sabemos que la parroquia celebró la llega del alumbrado público a la misma. La celebración se hizo por medio de una «gran romería el domingo último, que estuvo animadísima y se lanzaron a espacio multitud de cohetes.» Algo antes, la electricidad había llegado al barrio de Arriba y ahora sus convecinos del barrio de Abajo se sumaban a ella.

Región, 10 de marzo de 1927.

No acabaron ahí los actos de celebración, toda vez que en el mes de abril de 1927, los vecinos de Ables quisieron agradecer al alcalde, Celestino Tresguerres, la mejora recibida obsequiándole con un «valioso juego de café, verdadera obra de arte, y un hermoso álbum en el que constan los nombres de los vecinos que contribuyeron con su óbolo a tan merecido como justo homenaje de agradecimiento.» Fueron los vecinos Fructuoso Hevia, Vicente Díaz, Enrique Rodríguez y Fructuoso Martínez, los encargados de entregarle el regalo en su casa en el día de su onomástica. Tresguerres agradeció el gesto y «obsequió a los comisionados con pastas y licores.» (Región, 14 de abril de 1927).

Región, 14 de abril de 1927.

Los crímenes de Llanera

02

Para la primera entrada de este blog, he elegido el título del artículo que publico en el último número de la revista La Piedriquina, que se presenta el próximo viernes 12 en la Casa de Cultura de Posada de Llanera, después de una primera presentación el viernes pasado en el Club de Prensa de La Nueva España en Oviedo.

Se trata de un artículo que recoge un suceso que conmocionó al concejo y con un amplio seguimiento a cargo de la prensa del momento. El hecho ocurrió en el año 1895 y se juzgó dos años después en la capital asturiana, y tuvo como escenario la parroquia de San Cucufate.

03

Manuel Valdés Queipo, indiano retornado y de 63 años de edad en el momento del hecho, fue acusado del asesinato, con la complicidad de la comadrona, Josefa Bango, del bebé de Josefa Fernández, criada del primero y presunto padre de la criatura. Por si ese hecho no fuera lo suficientemente grave por sí mismo, la madre apareció igualmente asesinada unos días después, una vez que había ido pregonando por el pueblo que Manuel y Josefa Bango habían asesinado a su bebé.

El juicio fue muy sonado y con un amplio seguimiento a cargo de la prensa regional, con el ovetense El Carbayón publicando la primera información de la que se haría eco el gijonés El Comercio, para ser El Noroeste, también editado en Gijón, el rotativo que más amplia cobertura dio al juicio, hasta el punto de dedicar, uno de los días, prácticamente una página entera del periódico lo que suponía prácticamente el 25% de las páginas del mismo.

En un juicio con jurado el veredicto final fue de pena de muerte para Manuel, finalmente conmutada por cadena perpetua, y de 14 años de prisión para su cómplice. Manuel terminará falleciendo en el penal de Burgos pocos años después. De Josefa no sabemos cual fue su destino.

06

Además del hecho en sí, el interés de este juicio estuvo en que el diario El Comercio, lo utilizó para criticar la ley del jurado mostrando su disgusto por el hecho de que personas sin formación pudieran verse obligadas a dilucidar sobre asuntos de tan extraordinaria relevancia jurídica, y decidir sobre la vida o la muerte de una persona basándose únicamente en impresiones personales, toda vez que los métodos de investigación policiales tenían graves carencias, como se vio en este juicio en el cual, la mala fama del principal acusado tuvo mucho que ver en su condena al no haber pruebas forenses suficientes, y basarse la acusación principalmente en testimonios orales de los vecinos.