Las escuelas del concejo en el siglo XIX (2)

Apertura del acta del pleno municipal del 30 de abril de 1898.

En julio del año pasado escribí un primer artículo dedicado a la situación de las escuelas en el concejo en la siglo XIX, que se puede leer pinchando aquí, y anunciaba un segundo referido al contenido de un informe elaborado por el inspector educativo, Dimas Rojas González, en el año 1898.

Este documento de especial interés para nuestro concejo, lo conocemos gracias a que se leyó en el transcurso de un pleno monográfico sobre el asunto, que se celebró el 30 de abril de ese año, cuyas actas se conservan en el archivo municipal de Llanera. En ese informe se recorre la situación de los centros educativos y del mismo se aprecia claramente el nivel de deficiencia que existía en las mismas.

El inspector quedó muy poco satisfecho de su visita a las escuelas del concejo, como aparece expresado de forma muy clara en el arranque del acta municipal: “Que tan disgustado se halla a causa del nada satisfactorio estado de la casi totalidad de las escuelas del concejo que no puede por menos de significarlo a esta Corporación en primera línea, si bien con harto sentimiento y por obligar a ello el cargo que desempeña”.

Escuelas de Sta. Cruz y de Pruvia.

Empezando por la parroquia que acoge a la capital municipal, Rondiella, el inspector encuentra «deficiencias reglamentarias en los registros» y señala la falta de asistencia de los alumnos en una escuela de grado elemental. En el caso de Arlós, un total de 79 niños y 57 niñas, de los cuales acuden regularmente 70 entre ambos sexos, comparten un espacio de apenas 17 metros cuadrados. Con razón el inspector afirma que es imposible dar clase en esas condiciones, además de encontrar malas las condiciones higiénicas con un aire viciado en el interior. Además, incidió en el aspecto legal de no estar permitida la enseñanza mixta en las escuelas elementales y en las parroquias de más de 800 habitantes, como era el caso, era obligatorio contar con una escuela de niñas. Ante la situación, el inspector decidió enviar para casa a las niñas presentes, un total de 21.

Sin embargo, entiende que “la instrucción de los niños se extiende á la que en la generalidad de las asignaturas del grado elemental y está en buen estado relativamente á las muchas faltas de asistencia”.

Fragmento del acta del 30 de abril de 1898.

En Santa Cruz, parece que el principal problema que observa Dimas Rojas, es la falta de nivel educativo, de tal forma que amenaza al maestro con la jubilación en el caso de que en próxima visita la situación no haya mejorado. Tampoco sale bien parado el docente de Pruvia, quien, en opinión del inspector, no sigue los criterios pedagógicos ni respeta el reglamento. En Lugo aprecia problemas de salubridad y masificación, además de encontrar a niños y niñas compartiendo el mismo espacio, aún habiendo una escuela específicamente para niñas. Claro que esta última tenía unas dimensiones de 3,08 m por 2,08 m. para 56 alumnos (22 niños y 31 niñas), todos ellos respirando un aire insano. Mandó marchar a los niños.

Mejor iban las cosas por Bonielles, gracias a un maestro activo y que «se esfuerza para que los niños aprendan» a pesar de que su titulación es la más básica posible. Todos sus alumnos saben leer, no todos saben escribir y muy pocos tienen conocimientos de aritmética según el inspector. Las escuelas de San Cucufate y de Ables recibirán la visita de la junta, previsiblemente la de Primera Enseñanza, por lo que se deja para esa visita la elaboración del informe sobre su situación, aunque de la primera se dice que está «en estado regular».

Fragmento del acta del 30 de abril de 1898.

En Cayés, Rojas González, encuentra que el maestro cumple «regularmente» con su cometido, mientras que en Ferroñes el docente «es trabajador y sus alumnos obtienen resultados», lo que convierte a su escuela en un centro de atracción de alumnos procedentes de otras parroquias vecinas, lo que demuestra la existencia de una cierta preocupación por parte de las familias de enviar a sus hijos a la escuela en la que podían obtener mejores aprendizajes.

Finalmente, Villardeveyo da la impresión de rozar el desastre más absoluto, ya que a pesar de tener un maestro con formación superior, no había ni organización ni método, tampoco había libros para uso de los alumnos y el material disponible era muy escaso mientras que la asistencia era muy baja. Ante el inspector, el docente explica que se lleva dos meses delicado de salud, disculpa que no impide que sea amonestado por el inspector, quien termina recomendando al ayuntamiento que se lleven a cabo exámenes anuales a todos los alumnos y se vigile la administración del material para evitar abusos.

Al final de la sesión plenaria, el alcalde, Ramón García Miranda y Ablanedo, da las gracias al inspector “por lo bien que se enteró de la enseñanza de las escuelas de este término municipal”, y se ofreció, de acuerdo con la junta local a “corregir todas las faltas y cuenta con todos los maestros que si bien hay algunos que no responden á los sacrificios que este Ayuntamiento hace por la enseñanza, sin embargo en su mayoría son celosos”, y se espera que en próximas inspecciones la imagen que se lleve el inspector de las escuelas del concejo, haya mejorado.

Fragmento del acta donde se mencionan las escuelas de Cayés, Ferroñes y Villardeveyo.

La fundación del Club Llanera de La Habana

Don Pancho, primer presidente y fundador del Club Llanera de La Habana, con su familia en Cuba. Revista Asturias 23 de agosto de 1918.

Desde que a mediados del siglo XIX se levantaron las restricciones a la emigración y hasta los años 30 del siglo XX, la isla caribeña de Cuba fue uno de los destinos principales de la emigración de nuestros convecinos de Llanera en un volumen ciertamente considerable, ya que nuestro concejo fue uno de los de principal emigración ultramarina de toda la región. Lógicamente, los emigrantes cuando llegan a un nuevo lugar buscan el apoyo de sus compatriotas, y de ahí la formación de sociedades como el famoso Centro Asturiano de La Habana, además de asociarse por los lugares de origen, para así seguir manteniendo, en cierta medida, el contacto con el lugar de nacimiento.

El ejemplo más antiguo que tenemos de organización de los asturianos allende los mares, lo tenemos en México, país en el que la colonia asturiana en 1732, funda un colectivo con el fin de celebrar la fiesta de la Santina en la iglesia conventual de Valvanera. En Cuba, esas asociaciones, con la finalidad de ayudar a aquellos compatriotas a los que no les iban bien las cosas, dieron comienzo en 1877 con la Sociedad Asturiana de Beneficencia de La Habana. En 1892 se inaugura la sede del Centro Asturiano de La Habana.

Natural de Carbayal de Bonielles, don Pancho fue el impulsor del Club Llanera de La Habana.

Nuestros convecinos no tomarán la iniciativa de asociarse hasta que un grupo de naturales del concejo, se reúna un 8 de agosto de 1912 y tome la iniciativa de formar lo que será conocido como Club Llanera de La Habana, cuya presentación en sociedad tendría lugar el 2 de mayo del año siguiente, por medio de una jira celebrada en la finca La Lira en Arroyo Apolo. Su primer presidente y el más longevo en el cargo fue Francisco García Suárez (Carbayal de Bonielles, 1864 – La Habana, 1923), gracias a permanecer al frente de la sociedad entre los años 1912 y 1920.

Menú servido en el banquete de fundación del Club Llanera de La Habana.

La forma de dar a conocer la idea de la asociación fue a través de la prensa, con la publicación de una convocatoria dirigida a todos los naturales de Llanera residentes en La Habana con el objeto de fundar un club o sociedad “que además de servirnos de lazo de unión, nos permitiera iniciar obras beneficiosas en nuestro solar nativo, que demostrase a los de allá, que los que aquí seguíamos teniendo el mismo cariño, la misma devoción, por el lugar donde vimos la luz primera”.

La primera reunión se mantuvo el 8 de agosto de 1912 y una semana más tarde quedaba configurada la directiva encargada de poner en marcha al colectivo, encabezada por Francisco García Suárez, en ese momento vicepresidente del Centro Asturiano, acompañado por José María Martínez Álvarez como vicepresidente, Luis García Suárez en el cargo de tesorero, y con José Suárez Vega en el de secretario, además de un total de 22 vocales.

Integrantes del Club Llanera de La Habana, con su presidente en el centro, en una imagen publicada en la Revista Asturias en 1915.

Para ilustrar la portada del programa de la jira con la que el Club se presentó en sociedad en mayo de 1913, se eligió una imagen del Molinón de Guyame, y el menú consistió en un total de nueve platos, incluido el postre, entre los que había una fabada aderezada con unas morcillas “hechas expresamente en Llanera, para esta jira”, tal y como se dejaba constancia en dicho programa.

Ese mismo día se llevó a cabo la bendición del estandarte del Club, bordado en Oviedo por Carmen Flores, por aquel entonces prometida del futuro presidente, Manuel Menéndez Díaz, en un acto en el que ejerció de madrina Teresa Pujol, esposa de don Pancho, mientras que su hijo Francisco ofició de portaestandarte.

Carmen Flores, autora del estandarte del Club Llanera.

El club iniciará su andadura con la nada despreciable cifra de 200 socios, y aunque sufrirá una escisión muy pronto con la fundación del Círculo Llanera, en 1923 ambas sociedad se reunificarán de nuevo en una sola. En agosto de ese año se nombra una nueva junta directiva reunificada celebra una reunión y en ella se decide nombrar a Joaquín Ablanedo presidente de la Comisión de Propaganda. Todos unidos bajo la presidencia del natural de Guyame, José María Martínez.

Reproducción de la invitación para participar en el banquete fundacional del club, para la cual se utilizó una imagen del molinón de Guyame

Dejo para próximos artículos desgranar más detalles sobre el Club Llanera de La Habana, sobre la figura de don Pancho y acerca de los proyectos, unos fallidos y otros culminados con éxito, auspiciados por nuestros coterráneos desde la distancia y que hoy son parte de la historia y del paisaje de nuestro concejo.

El mundo castreño en Llanera

El castro del Pico Cogolla visto desde la calle Alejandro Mon de Posada, durante la nevada de enero de 2006. Foto del autor

En el territorio que hoy define nuestro concejo, nos encontramos con cinco de estos asentamientos, como son el Cantu San Pedro y El Cuetu, en la parroquia de Lugo; Picu Cogolla, en Rondiella; La Coroña, parroquia de Ferroñes; y Peña Menende, en la de Bonielles. Todos ellos fueron catalogados por el erudito de Las Regueras, José Manuel González.

Ninguno de ellos ha sido objeto de ningún estudio riguroso, que nos permita siquiera aventurar su cronología o su contemporaneidad o no, lo que obliga a que cualquier afirmación que se haga al respecto de ellos, se tenga necesariamente que mover dentro del resbaladizo terreno de las hipótesis.

El más destacado de todos ellos, es el Cantu San Pedro, que se eleva unos 25 metros en relación al terreno circundante, lo que le otorga una posición dominante con relación al territorio, predominantemente llano, que lo rodea. A pesar de la presión humana (en parte de la superficie que ocupaba el castro, se encuentra construida una vivienda, mientras que otra parte ha sido cortada limpiamente por las vías del ferrocarril), conserva la estructura mesetaria típica de estos poblados, junto con las laderas en terraza.

El Cantu San Pedro. Imagen del año 2005. Foto del autor

Su posición le permite tener una visibilidad de 360º, y mantener contacto visual tanto en El Cuetu, como con el Picu Cogolla, ambos con un aparato defensivo de mayor envergadura, y situados a una mayor altitud. En el caso de El Cuetu, se encuentra a 350 metros de altura, y todavía se puede distinguir un potente foso defensivo con forma de V. Por su parte, el Pico Cogolla, se eleva hasta los 340 metros, y las defensas se concentran en el lado oeste, ya que es el lugar más desguarnecido, formadas por un gran foso de unos 3 metros de ancho.

Todo esto ha hecho pensar a los investigadores, que estos tres recintos podrían estar relacionados entre sí, siendo El Cuetu y el Picu Cogolla, centros de vigilancia, mientras que el Cantu, podría ocupar una posición más relacionada con la producción agrícola y ganadera, funcionando así, como un centro aglutinador de población. Tampoco es descartable, en el estado actual de los conocimientos, que El Cantu fuera de fundación romana, en que se concentraría la población de los otros castros para dar origen al hábitat disperso que conformaría la fisonomía de Lucus Asturum.

Vista panorámica desde la falda del Pico Cogolla. Foto del autor.

De todos los castros de nuestro concejo, el que se encuentra a una mayor altitud relativa, es Peña Menende, que llega hasta los 481 metros, una altura ya considerable para nuestro municipio, en el cual la altura máxima es el Gorfolí con 617 metros. Por su parte, La Coroña, está a 320 metros de altitud, en una ubicación que le da una preeminencia visual sobre el valle de Ferroñes y, en días despejados, hasta el Cantábrico. Este castro es un claro ejemplo de cantera de fortuna, ya que de él se extrajeron materiales para construir el firme de la carretera que pasa por sus cercanías.

Todavía hoy se pueden apreciar vestigios de una probable muralla defensiva.Si seguimos las teorías de J. Camino Mayor, quien hace un promedio de habitantes por hectárea, atribuyendo 200 individuos por hectárea, en el caso del Picu Cogolla, cuya superficie es de 0,5 hectáreas, tendríamos un total de habitantes de 100 individuos, y de 20 en La Coroña, teniendo en cuenta que su superficie total es de 0,1 hectáreas. Lo más probables, teniendo en cuenta la morfología de estos asentamientos, es que el número de residentes fuera aún menor, además de la existencia de construcciones no dedicadas a vivienda, como almacenes o establos, por ejemplo, reducirían aún más el espacio habitable.

Castro de Areñes. Imagen de 2005. Foto del autor.

Sin embargo, hay que tener en cuenta, que los castros no serían las únicas zonas de concentración de población, sino que es perfectamente posible la existencia de un hábitat disperso, con granjas aisladas, o pequeñas aldeas, que, al ser construcciones donde los materiales perecederos sería los predominantes, no han dejado huellas de su existencia, de tal forma que los castros podrían funcionar como lugares centrales, y de articulación de la vida social de estas gentes.

El Pico Cogolla. Foto del autor.

Los expedientes de reconstrucción de iglesias tras la Guerra Civil: San Nicolás de Bonielles

Iglesia de San Nicolás de Bonielles.

En este caso nos encontramos con el expediente con menos documentación de los cinco que hemos localizado. La iglesia tal y como la conocemos hoy, es fruto de una reconstrucción llevada a cabo en el siglo XIX, para sustituir a la anterior que albergaba la sepultura de la familia Carbajal. Actualmente, y a pesar de la destrucción durante la Guerra Civil, se puede visitar la tumba de Alejandro Mon y Menéndez de la Torre (Oviedo 1801-1881), prototipo del caciquismo decimonónico y por ello fue dardo de las críticas desde las páginas del periódico republicano y anticaciquil, El Noroeste, editado en Gijón y que con el paso de los años serán el órgano oficial del Partido Reformista de Melquiades Álvarez.

Tumbas de los Mon, padre e hijo, en interior de la parroquial de Bonielles.

Según la ficha del Inventario del Patrimonio Arquitectónico de Asturias, se trata de una iglesia del siglo XIX, de tradición barroca, «de nave única, transepto apenas marcado en planta, cabecera de planta cuadrada con dependencias adosadas de menor altura y pórtico a ambos lados. Está realizada en sillar y sillares con mortero en la fachada y sacristías que está a la vista en el lienzo mural, puerta adentellada, con enmarque moldurado y uso de dovelas desplazadas, que se remata con friso liso y tejaroz, y que tiene sobre ella un luneto.»

Portada del proyecto de restauración del templo.

Después de esta digresión y de regreso a lo que nos ocupa en este artículo, fue el aparejador Juan de Mendiolagoitia el responsable de la redacción del proyecto de reconstrucción de la iglesia, con un importe total de 37.902,15 pts. Si bien el presupuesto está fechado en el mes de noviembre de 1939, la memoria que lo acompaña tiene fecha del 30 de noviembre de 1945, sin que conozcamos las razones de un retraso tan considerable.

Memoria firmada por el aparejador Juan de Mendiolagoitia.

En esa memoria el aparejador destaca que la iglesia “era de moderna planta”, y “durante el dominio rojo fue saqueada e incendiada, quedando destruida totalmente la cubierta, así como las puertas, ventanas, el pavimento, la tribuna, el pórtico y la sacristía, amén los altares, imágenes, y demás enseres de la iglesia”. La parte positiva que ve Mendiolagoitia, es que al no haber sido afectada la estructura arquitectónica del edificio, “no es necesario para su reparación la dirección facultativa de arquitecto.”

Presupuesto para la restauración de la iglesia de Bonielles.

En el reparto por partidas, la parte que se iba a llevar una mayor cantidad dentro del presupuesto total, era la cubierta con 337,20 metros cuadrados de superficie, incluyendo bajantes, con 16.875 pts. Le seguía la albañilería, con trabajos de cargas y enlucidos interiores, de las bóvedas y en el cielo raso, además del embaldosado sobre hormigón. El total de la albañilería se cifra en 12.232,34 pts; mientras que la carpintería y la pintura suman 4.294,90 y 3.232,34 pts, respectivamente.

Alejandro Mon, ministro de Hacienda

Casa Palacio en Vidriera, Bonielles, Llanera.

La idea para este artículo me llegó después de leer un tuit de la Real Academia Española de la Lengua (RAE), que recordaba que hoy se cumplen 173 años del nacimiento de Alejandro Pidal y Mon (1846-1913), quien fuera presidente de aquella institución, y sobrino del cinco veces ministro de Hacienda, Alejandro Mon y Martínez de la Torre (1801-1882), cuyo cuerpo, junto al de su hijo, está enterrado en una tumba en el interior de la iglesia de San Nicolás de Bonielles y la casa familiar en la localidad de Vidriera (parroquia de Bonielles, municipio de Llanera), se la conoce como Ca Palacio. En la parroquia también reposaron los restos de sus padres, Miguel y Francisca, y de su hermano José Ramón. A la figura de Alejandro Mon es a la que dedicaré este artículo.

Nacido en Oviedo, estudio en la Facultad de Leyes de la universidad asturiana y su vocación política le llevará a enrolarse en las Milicia Nacional, interviniendo en la defensa de la capital asturiana de los ataques del ejército absolutista en junio de 1823, lo que le valdría el destierro y su posible traslado a Andalucía, ya que consta su estancia en Sevilla hacia 1828. Ocho años después, será elegido diputado por Oviedo formando parte de las filas de la Unión Liberal un cargo que irá revalidando elección tras elección hasta su fallecimiento. Retirado de la vida pública, Alfonso XIII lo nombrará senador vitalicio.

Sepultura de Alejandro Mon y su hijo en el interior de la parroquial de Bonielles.

Su dilatada carrera política le llevó a ser ministro de Hacienda en cinco ocasiones, presidente del Consejo de Ministros, embajador en París y ante la Santa Sede, jefe de gobierno durante un breve periodo en 1864, además de ser uno de los fundadores de la Academia de Ciencias Políticas y Morales. A su fallecimiento, en 1882, era propietario de un total de 694 fincas, la mayoría de ellas en Llanera y repartidas por todas las parroquias del concejo, y valoradas en 146.000 pts de la época.

Los constantes vaivenes vividos en la política decimonónica española, le convertirá en uno de los políticos nacionales obligados a exiliarse en Francia, acompañando a la reina María Cristina en 1841. Eso no le impedirá ser, cuatro años después, uno de los ideólogos de la Constitución de 1845, como uno de los representantes del liberalismo moderado. En ese mismo año dio comienzo a una reforma tributaria de la que fue deudora la Hacienda Pública española, hasta los cambios introducidos con la llegada de la democracia a España tras la caída de la dictadura franquista.

Portada del catálogo de la exposición organizada por el Museo de Bellas Artes de Asturias en 2003.

Cinco fueron los puntos clave de la reforma. Así fijó una contribución de inmuebles, que muy bien puede considerarse como el antecedente del actual IBI; una contribución industrial, precursora del IAE; una contribución denominada de Inquilinatos y Consumo; otra figura que gravaba los incrementos de patrimonio (plusvalías), y un impuesto que se fijó para las exportaciones.

Una reforma que afectó sustancialmente a la iglesia católica, ya que una de las medidas fue la supresión del diezmo, a través de la Ley de dotación del culto y del clero. Los objetivos que perseguía esa reforma eran los de unificar el sistema fiscal en todo el territorio nacional, y dejar en manos de la Hacienda Pública el monopolio fiscal del país.

Retrato fotográfico de la Colección Castellano, Biblioteca Nacional de España.

En el periodo en el que estuvo fuera de la política, se dedicó a la actividad empresarial con negocios dentro del sector siderúrgico y ferroviario, además de ayudar a la instalación en Trubia de la Fábrica de Armas, y de asociarse con Pidal y Camposagrado en Duro y Compañía.

Defensor a ultranza de la monarquía borbónica y miembro del Partido Moderado, acompañó a Isabel II al exilio, y por ello recibiría el Toisón de Oro en 1871, condecoración que pudo añadir al Gran Cordón de la Legión de Honor francesa. Y es que siempre mantuvo una especial relación con Francia, al que se exilió en dos ocasiones acompañando a otras tantas regentes, y también en París nacerá su único hijo, nacido de la relación que tuvo con Rita Martínez, una mujer casada con la que tuvo una aventura.

En definitiva, se trató de una figura política a la altura de otros grandes políticos asturianos de su mismo siglo, como fueron Campillo y Cossío, Campomanes, Flórez Estrada, Canga Argüelles o el propio Jovellanos un poco antes. Una figura que en su día dio nombre a la Biblioteca Publica que estaba situada en la calle de la capital municipal que hoy le recuerda

Cuando en Llanera se celebraba la Fiesta del Árbol

El Noroeste 10 de febrero de 1919.

La primera referencia que encontramos relacionada con la Fiesta del Árbol en nuestro concejo, está en las páginas del diario El Noroeste del 10 de febrero de 1919, para criticar que todos los años en el presupuesto municipal se reservan 100 pesetas para organizar esta fiesta, sin que nunca se llegue a celebrar y sin que los vecinos sepan a que otro fin se destina ese dinero. La escueta información señala que la fiesta nunca se ha llegado a organizar.

La Voz de Asturias 15 de marzo de 1924.

No se volverá a insistir con el tema hasta los años 20, concretamente hasta 1924, ya en plena dictadura de Primo de Rivera y con Celestino Tresguerres al frente de la alcaldía, cuando otro periódico, en este caso La Voz de Asturias, se interrogue acerca de lo que ocurre con la Fiesta del Árbol, habida cuenta de que el fallecido delegado gubernativo, Álvarez Bardón, había pedido al ayuntamiento que organizase la fiesta sin que ello se haya llevado a cabo y, a la vista de la pasividad municipal, el firmante del artículo, Antonio, se pregunta si no podrían ser los maestros los encargados de hacerlo. El mismo redactor, también para el diario Región, insistirá unos días después desde esa tribuna, en los mismos argumentos.

En lo referido a la fiesta, en el año 1924 no encontramos más información, y será al año siguiente cuando el municipio se ponga manos a la obra para sacar adelante esta fiesta, y ante la advertencia del nuevo delegado gubernativo, Emilio Rodríguez Solís, de la proximidad de la época del año propicia para la repoblación forestal y con ello la oportunidad para celebrar la Fiesta del Árbol, el ayuntamiento decide convocar un pleno para el 12 de febrero de 1925, a las tres de la tarde, para tratar sobre la organización de esa fiesta par que esta «resulte con la esplendidez debida.»

Acta del pleno del 7 de marzo de 1925.

Finalmente, se fijó la fecha del 15 de marzo para celebrar por fin la fiesta, en la capital municipal, concretamente en La Huelga. Con el fin de que la celebración tuviera la vistoridad merecida, el alcalde Tresguerres, en el pleno del 7 de marzo pidió a los concejales su asistencia a la misma y que invitan al mayor número de vecinos posible, para que estuvieran presentes. El concejal, José Alonso Granda, se congratuló de que los niños del municipio fueran los principales protagonistas de la festividad, y se ofreció a donar 100 pesetas para obsequiar a los niños participantes.

Por las páginas de Región del 21 de marzo de 1925, conocemos el programa de ese día de fiesta que se inició a las tres de la tarde, con el desplazamiento de los escolares desde el ayuntamiento hasta La Huelga, donde se había instalado una tribuna para invitados y autoridades. Se inició el acto con la lectura de trabajos alusivos y se cantaron himnos al árbol, a cargo de los escolares de las escuelas públicas. El apartado de discursos corrió a cargo de varios maestros nacionales, el médico titular del concejo, el párroco y el alcalde, mientras que el secretario judicial, Ramón Rayón, leyó una composición en asturiano.

Región 21 de marzo de 1925.

A continuación se procedió a la plantación de 200 plantones de árboles, que recibieron la bendición religiosa, y varias «distinguidas señoritas ayudaron a los celosos maestros» a repartir la merienda entre los niños, con la que finalizó una fiesta que resultó tan «brillante como simpática, mereciendo plácemes todos sus entusiastas organizadores», como recogió Región en su crónica del evento.

Como nunca llueve a gusto de todos, algún desaprensivo rompía el cierre de alambre que protegía la zona repoblada, provocando la entrada del ganado en la zona y la pérdida de muchos de los plantones por la acción de las vacas, tal y como informan las páginas de El Noroeste del 19 de mayo, en una crónica que termina diciendo: «Seguros de que á tales abusos ha de ponerles fin y teniendo en cuenta el interés que demuestra poner el actual Ayuntamiento en la repoblación forestal, es de suponer que se castigue como merecen á los infractores de tales abusos.»

El Noroeste, 19 de mayo de 1925.

El 21 de marzo de 1926 fue la fecha elegida para la celebración de una nueva Fiesta del Árbol, esta vez con la novedad del cambio de escenario al trasladarse la misma desde La Huelga hasta La Mogal, una zona que en ese momento, reunía una amplia extensión de terreno comunal. El mal tiempo fue el invitado incómodo de la jornada, hasta impedir el normal desarrollo de la fiesta. Esta vez la crónica de El Noroeste es más expresiva que las del año anterior, y gracias a ella conocemos los nombres de las niñas que ofrecieron sus discurso a los asistentes.

Ellas fueron las hermanas Ramona y Aurora Álvarez González, de la escuela de Rondiella, dirigida por Francisca López Notario; y Alicia Rodríguez, Regina García y Oliva González, de San Cucufate, dirigida por Purificación López Bernal, junto con «otros niños cuyos nombres sentimos no recordar», escribe el anónimo redactor. Ramón Rayón y los maestros de Ferroñes y Santa Cruz, también se dirigieron a los presentes. En esta edición se plantaron un centenar de árboles y los niños fueron obsequiados con una merienda.

El Noroeste, 24 de marzo de 1926.

De nuevo el mal tiempo fue el protagonista de la edición de 1927, esta vez trasladada al domingo 10 de abril y con cambio de parroquia, al ser Ables la que acogió esta tercera edición de la fiesta, en la que se dieron cita un centenar de personas. La crónica de Región lo deja meridianamente claro: «Fue una lástima que lo desapacible del día desluciera tan simpática y cultural fiesta. Ello fue causa de que no tuviera la brillantez que debiera y por lo tanto resultado fría como el día.»

Los escolares plantaron algunos árboles, y se cantaron los himnos al árbol y a la bandera, trasladándose el grueso de los actos a la escuela de la parroquia, donde se leyeron poesías alusivas al acto por parte de los infantes, y el alcalde Tresguerres hizo un elocuente discurso en el cual «encareció el amor al árbol y puso de manifiesto los innumerables beneficios que aquel reporta a la humanidad, beneficios que por desgracia desconocen muchos.» La consabida merienda puso fin a una fiesta de la que no nos han quedado más rastros en las páginas de los periódicos regionales.

Región 14 de abril de 1927.

En 1928 le tocó el turno de acoger la Fiesta del Árbol a la parroquia de San Cucufate, concretamente el entorno de la iglesia parroquial, donde se celebró el día, desde las cuatro de la tarde, con la presencia de los alumnos de las escuelas públicas, además de los de las Escuelas del Ave María de Coruño, «con sus profesores, Lolita Martínez, Justina Alonso y el joven Arcadio Suárez.» En el atrio de la iglesia, los niños Carlos Pevida, Aurora García y Esther Álvarez, todos de San Cucufate, recitaron poesías.

La Nueva España 27 de marzo de 1928.

La parte más institucional, corrió a cargo del pasionista de la residencia de Mieres padre Fulgencio, y del alcalde Celestino Tresguerres, quien pronunció «un brillante discurso lleno de fervor al niño y al árbol, complaciéndose por tan singular y simpático acto.» A continuación, con la pertinente bendición religiosa, se procedió a la plantación de árboles en el campo de la iglesia. Para finalizar el acto, los niños fueron obsequiados con pastas y naranjas «terminando tan simpática fiesta con el himno a la bandera Salve Patria por las niñas de la escuela de San Cucufate, bajo la dirección de la culta e ilustrada profesora de la misma doña María Luisa Zanón», tal y como se puede leer en las páginas de La Nueva España del 27 de marzo de 1928.

Al año siguiente, los organizadores fijaron la fecha para el 14 de abril y esta vez el tiempo acompañó a una celebración llevada a cabo en la población de Coruño, con un programa de actividades que dio comienzo el día anterior con una verbena con iluminación veneciana, ante el establecimiento de Ángel Rodríguez, en La Venta del Gallo, amenizada con música de gramola y clásica, con suelta de globos de diferentes dimensiones.

Por lo que toca a la fiesta como tal, a ella acudieron los alumnos de las escuelas nacionales de Lugo, Rondiella, San Cucufate, Santa Cruz, Bonielles, Ables, Cayés y del Ave María de Coruño, acompañados por sus maestros y portando las respectivas banderas. El coro de las escuelas del Ave María abrió el acto cantando el himno al árbol, bajo la dirección de su maestra, Soledad Martínez.

Después de proceder a la plantación de un centenar de árboles, los niños José Quirós, José López, José Suárez y Justo Lozano, alumnos de las escuelas del Ave María, y las niñas de Cayés, Rosa Alonso, Margarita Álvarez, Ángeles Fernández y María Paredes, recitaron poesías alusivas a la fiesta. El alcalde, Celestino Tresguerres, cerró los actos institucionales con el tradicional discurso, al término del cual los niños fueron obsequiados con golosinas.