Santiago de Arlós, excelente ejemplo de románico rural

Iglesia de Santiago de Arlos en una imagen de 2006. Foto del autor.

Hace unos meses dedicaba una serie de artículos a los expedientes de restauración de las iglesias de Llanera, afectadas por la destrucción durante la Guerra Civil, y una de ellas era la de Santiago de Arlós, por lo que los detalles referidos a esa reconstrucción no van a formar parte de este artículo y remito al lector interesado a ese artículo, y en el presente me voy a centrar en los aspectos artísticos de un templo que es un magnífico ejemplo de románico rural asturiano.

Es uno de los escasos templos asturianos que podemos fechar de forma aproximada recurriendo a la documentación. Sabemos que fue donada por el obispo Martín II al monasterio de San Vicente de Oviedo el 13 de octubre de 1151, tras haber recibido la Catedral de Oviedo la donación previa por un tal Petrus Guterri. Todo esto nos permite saber que esta iglesia estaría construida al menos en el segundo cuarto del siglo XII, aunque siguiendo paralelos estilísticos hay autores que la llevan al siglo XIII, lo cual puede indicar diferentes momentos en su construcción y que la iglesia se fuera enriqueciendo a lo largo del tiempo.

Portada del templo. Foto del autor.

Nos encontramos ante un buen ejemplo de románico rural al cual podemos suponerle una fundación relacionada con el Camino de Santiago, uno de cuyos ramales secundarios, concretamente vinculado al llamado Camino de la Costa, pasaba por las inmediaciones de la iglesia siguiendo un itinerario muy parecido al de la actual carretera que une Avilés con Grado donde se uniría a la ruta principal del Camino de Santiago en Asturias. Otra posible pista al respecto puede estar en la propia advocación del templo.

Es una iglesia sencilla, de proporciones modestas compuesta por una sola nave y cabecera rectangular más baja y estrecha que la nave. La cubierta de cielo raso de la nave no se correspondería con la original que sería de madera, en cambio la cabecera conserva la bóveda de medio cañón típica en estos casos. Lo que hace de esta construcción un ejemplo destacado es su decoración concentrada en la portada, el arco de triunfo, la ventana del ábside y algunos canecillos que todavía conservan su decoración escultórica.

Capitel de la portada representando a sendos caballeros practicando la cetrería. Foto del autor.

En la portada podemos ver dos arquivoltas con guardapolvos decorados con el ajedrezado, mientras que en las arquivoltas la decoración se hace por medio de pequeñas bolas helicoidales y franjas de semicírculos. Tanto las arquivoltas como el guardapolvos, apoyan en impostas con relieves de minuciosa decoración geométrica. Por debajo de estas, aparecen dos columnas en los lados más exteriores y molduras angulares en los interiores que repiten los motivos decorativos de la arquivolta correspondiente.

Capitel de la portada que simboliza la lucha entre las fuerzas del Bien y del Mal. Foto del autor.

Los capiteles de las columnas, ofrecen un relieve de gran calidad con temática figurativa. En el lado derecho aparecen dos animales afrontados que pueden identificarse como leones que aparecen devorando algo que parecen serpientes, una de la cuales aparece mordiendo el lomo del león más exterior, simbolizando el combate entre las fuerzas del Bien y del Mal. Sobre el lomo de uno de estos leones se aprecia un castillo que presenta una escalera apoyada en una de las almenas y una máscara humana. Por su parte, en el capitel de la izquierda, se representan sendos caballeros portando aves con las que practicarían el arte de la cetrería.

Detalle de la decoración del arco de triunfo. Foto del autor.

El arco de triunfo, que separa el espacio reservado a los fieles del que ocuparía el clero oficiante, vuelve a decorarse con profusión de motivos vegetales, geométricos, humanos y animalísticos como palmetas, posible representación simbólica de la flora del Paraíso, entre las que aparecen unas máscaras humanas, y una pareja de aves afrontadas (palomas o pelícanos) que parecen estar bebiendo, animal que se identifica con Jesús Salvador y la Redención. 

Decoración del arco de triunfo. foto del autor.

En la cabecera nos encontramos con dos columnillas con capiteles. En el de la derecha se ven dos animales afrontados, tal vez leones de nuevo, que parecen estar devorando un pájaro representando las fuerzas maléficas y destructivas o castigos ejemplares, y en el de la izquierda, se representa un macho cabrío con dos cuerpos que comparten una sola cabeza, representación simbólica del Demonio o el Mal. 

Ventana del ábside. Foto del autor.

Asimismo, se conservan algunos canecillos en los que podemos ver diferentes tipos de representaciones: un hombre portando sobre sus hombros un tonel, rostros humanos, elementos geométricos tipo rollos, bolas, un ratón que toca un arpa, una suerte de mono, entre otros.

Canecillos en el exterior de la iglesia. Foto del autor.

Los palacios del siglo XVII en Llanera (I): Villanueva

El Palacio de Villanueva en una imagen probablemente de los años 60. Archivo Ayuntamiento de Llanera.

Se trata de un edificio magnífico que cuenta con la máxima figura de protección de nuestro patrimonio, al estar catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC) desde el año 1995. Afortunadamente, las obras de consolidación de la ruina llevadas a cabo hace unos años, han venido a frenar un deterioro que parecía irreversible. Se trata de uno de los mejores ejemplos de palacio nobiliario insertado en el medio rural de toda la región y que se nos muestra magnífico aun en su estado ruinoso.

El palacio en una imagen del año 2017. Foto: Daniel Mora.

Construcción patrocinada por una familia Valdés cuya vinculación con Llanera hay que buscarla en el siglo XII, cuando García González levanta las primitivas torres de Guyame, mientras que Pedro Menéndez de Valdés recibe la encomienda del concejo de manos episcopales dos siglos más tarde. Su implicación política hará de los Valdés una de las familias relevantes de la Edad Media asturiana, aunque llegados al siglo XVII la rama de los Valdés que seguía asentada en Llanera ya no tiene el mismo esplendor.

El palacio en el año 2012. Foto propia.

La iniciativa de la construcción del palacio fue debida al impulso del matrimonio formado por Andrés de Valdés, escribano de Llanera, y María Alonso de Quirós, responsables además de la fundación del mayorazgo de Villanueva en 1620, renovado por su nieto Álvaro de Valdés Quirós y Navia Osorio en los años 1709 y 1723. El edificio fue conocido como las Torres Nuevas por contraposición a las torres antiguas en las que la familia había tenido su solar desde los siglos altomedievales.

Vista trasera del palacio en el año 2006. Foto propia.

Nos encontramos ante una edificación inscrita nuevamente dentro de postulados clasicistas, de volúmenes claros con una fachada principal de dos pisos flanqueada por sendas torres de cuatro alturas, separadas por unas sencillas líneas de imposta que se convierten en uno de los escasos elementos decorativos de la construcción, junto con los vanos y los escudos, elementos estos últimos que parece que no formaron parte del palacio hasta el siglo XVIII, otorgándosele esa iniciativa a Álvaro Valdés Quirós. Son los elementos heráldicos de las familias Valdés, Bernaldo de Quirós y Navia-Osorio.

Detalle de la fachada en 2010. Foto propia.

Se trata de un palacio de buenas dimensiones con un esquema constructivo muy similar al que veremos en el Palacio de Villabona. De nuevo volvemos a ver un portalón de entrada de buenas dimensiones, lo que permitía la entrada de carros para facilitar la descarga de su mercancía en alguna de las dos estancias comunicadas con el primer piso de las torres. Sobre la puerta de entrada al palacio tres vanos rectangulares con barandilla de madera nos dicen que ahí estaba el salón.

En las torres, rematadas con mansarda, el ritmo de los vanos es de 1-1-2-3, rectangulares los de mayor tamaño y cuadrados los más pequeños. A la altura del tercer piso el espacio entre ventanales es ocupado por los escudos nobiliarios.

Detalle de una de las torres. Foto propia.

El tono amarillento del sillarejo con el que están construidos los lienzos murales, contrasta de una forma pintoresca con los tonos claros de los sillares bien escuadrados con los que se privilegia a las esquinas y los distintos vanos. La ordenación regular de todos los elementos de la fachada principal, se vuelve cierto desorden cuando rodeamos el edificio y nos encontramos con ventanas de distintos tamaños y de distribución irregular, algunos de ellos con apariencia de no pertenecer a la fábrica primitiva.

Escudo nobiliario en una de las torres. Foto propia.

Los espacios de habitación interiores cuentan con un patio como elemento centralizador, esta vez formado por una docena de columnas de orden toscano, a cuya parte superior se accedía a través de una magnífica escalera de piedra, que se ha convertido en uno de los escasos elementos que aún se conservan en pie. Un patio ligeramente desplazado de lo que sería el centro geométrico del edificio, cerrado con un muro telón que puede hacer sospechar la presencia de una cuarta crujía, tal vez rematada con otro par de torres, lo que daría al palacio una apariencia espectacular.

La capilla estaba dedicada a Ntra. Sñra. de Villanueva. Foto propia.

La importancia dada a la fachada principal se remarca con la construcción de la capilla dedicada a Nuestra Señora de Villanueva, adosada a la torre oeste del conjunto. Una capilla a la que María Alonso de Quirós debía de tener un cariño importante y en su testamento de 1620 dice: “tenemos devoción de reedificar la nuestra hermita de nuestra Señora de Villanueva, que nos tenemos en el lugar de Villanueva, y que en ella se digan las dichas treinta y seis misas”. Contó con capellanía dedicada a san Pedro y san Andrés.

Otro de los escudos nobiliarios que se pueden ver en una de las torres. Foto propia.

Desde el punto de vista constructivo, la capilla es de planta rectangular originalmente cubierta con una bóveda que no se ha conservado, con sendos contrafuertes de buen desarrollo al exterior. Lo que sí se mantiene es el arco de triunfo, formado por dovelas pétreas bien escuadradas, apoyado en sendos capiteles moldurados a su vez sustentados en pilares adosados a las paredes de la capilla. De lo conservado, se observa que los muros contaban con una línea de imposta corrida a la altura de los capiteles del arco de triunfo visible también al exterior. En el frente además de la puerta de acceso, se colocan tres vanos para permitir la iluminación interior.

Arco en el interior de la capilla. Foto propia.

Desde el segundo piso de la torre se podía acceder directamente a una pequeña tribuna, como demuestra la existencia de una puerta hoy tapiada, y los arranques de las vigas de madera que sostendrían esa estructura. Se completa la edificación con una espadaña y una sacristía adosada a la zona del altar.

Patio interior del palacio en una foto de 1985.

El que en su día fuera uno de los mejores palacios del siglo XVII de toda la región, se ha convertido en una sombra de esplendores pasados, de tiempos en los que todo el pueblo de Villanueva se congregaba en su finca para celebrar la fiesta de su patrona.