En los dos artículos anteriores a este, hablábamos, respectivamente, de la llegada del alumbrado público a Posada de Llanera en el año 1923, y de la polémica generada al año siguiente en torno a su coste y si tenía que ser el ayuntamiento quien asumiera el mismo, o tenían que ser los vecinos, tal y como defendían dos concejales que terminó generando una amplia atención mediática y una polémica que se tuvo que zanjar en un pleno municipal, a favor de la continuidad del alumbrado y del pago por parte del ayuntamiento. En este tercer artículo dedicado al mismo asunto eléctrico, veremos como a lo largo de los años 20 y primeros 30, esta mejora tecnológica se irá extendiendo a otros núcleos del municipio, empezando por Cayés y pasando por Ables y San Cucao.

De forma lógica, el primer núcleo en recibir esa mejora tenía que ser la parroquia de Cayés, ya que, como vimos, la línea para traer el fluido hasta Posada partía de Cerámicas Guisasola, fábrica ubicada en la localidad de La Venta del Gallo, dentro de esa parroquia. Así, lo hizo saber el diario gijonés El Noroeste, el 23 de enero de 1923, cuando informa de que «hace unos días ha sido instalada la luz eléctrica en el pueblo de Cayés», a través de la Sociedad Popular Ovetense (SPO) y gracias a la generosidad de la firma Hijos de Guisasola, propietaria de la empresa cerámica. El periodista, se pregunta que ya que ha llegado a Cayés, si no será posible su extensión a la parroquia vecina de Ables.
Sin embargo, los vecinos de Ables tendrán que esperar todavía tres años para ver colmadas sus esperanzas de ver llegar el alumbrado público a sus caminos. Así nos lo hace saber La Voz de Asturias el 26 de enero de 1926, cuando informa del desarrollo a buen ritmo de los trabajos para llevar la luz eléctrica por cuenta de la SPO, con la intención de hacerla llegar también a la parroquia aledaña de San Cucufate. Por esa misma crónica, sabemos que otros territorios del concejo estaban demandando la llegada de la electricidad a ellos.

El hecho de que José Tartiere, conde de Santa Bárbara de Lugones, y gestor de las fábricas de explosivos de Cayés y de Lugones, entre otras muchas cosas, tuviera una propiedad en San Cucufate, fue un elemento que ayudó a la llegada de la luz a esa parroquia. Esa conclusión la extraemos de la lectura del acta del pleno municipal celebrado el 23 de mayo de 1925, y de la moción presentada por el concejal José Alonso Granda que decía lo siguiente: «Que en próxima fecha será instalada la luz eléctrica en la parroquia de San Cucufate; como la instalación ha de ir enclavada en la carretera sería muy necesario establecer seis luces públicas con las que quedaría el pueblo perfectamente adornado. Ruega al propio tiempo que la Corporación haciéndose eco del común sentir de los vecinos de San Cucufate, acuerde consignar en acta un voto de gracias para el Excmo Señor Conde de Santa Bárbara por sus felices gestiones en pro de tan importante mejora.» El resto de la corporación hizo suya la moción aprobada por unanimidad, incluyendo la instalación de seis luces públicas «teniendo en cuenta, tan luego sea un hecho imponer el tributo correspondiente a las personas que les reportan estos beneficios.»

La obra no debió de ir tan rápida como esperaba el edil Alonso Granda, casi un año después el diario Región escribía: «La instalación de la luz eléctrica en San Cucufate toca a su fin. Pronto, dentro de muy breves días, lucirá esta en tan simpático pueblecito veraniego.» El vecindario de la parroquia quiere manifestar su agradecimiento a José Tartiere y propone bautizar con el nombre de Avenida José Tartiere la carretera principal que atraviesa el pueblo, a imagen y semejanza de lo que se había hecho en la capital municipal con Prudencio González. Esa información está fechada el 16 de mayo de 1926. Una semana después, la misma noticia, con idéntica redacción, aparecerá en el diario El Comercio. La iniciativa de bautizar al tramo de carretera con el nombre del conde de Santa Bárbara, finalmente nunca se llevará a cabo sin que por ahora, conozcamos las razones para no llevarla a cabo.

La ansiada inauguración del alumbrado tuvo lugar el sábado 30 de mayo de 1926, haciendo «realidad el suelo dorado de los vecinos de San Cucufate», tal y como escribe Región el día 1 de junio de ese mismo año. En el acto «derrochose en gusto y dinero», siendo el epicentro del festejo la explanada delante de Casa García, donde se instaló «gran número de bombillas de distintos colores, intercalándose varios focos, dando un aspecto sorprendente a la plazuela en la cual el baile y demás festejos celebrados, duraron hasta la una de la madrugada.»

Luego le tocará el turno a la parroquia de Ables, donde el ayuntamiento instalará seis bombillas a petición de los vecinos, nos cuenta El Noroeste el 10 de octubre de 1926, y en marzo del año siguiente, Región mediante, sabemos que la parroquia celebró la llega del alumbrado público a la misma. La celebración se hizo por medio de una «gran romería el domingo último, que estuvo animadísima y se lanzaron a espacio multitud de cohetes.» Algo antes, la electricidad había llegado al barrio de Arriba y ahora sus convecinos del barrio de Abajo se sumaban a ella.

No acabaron ahí los actos de celebración, toda vez que en el mes de abril de 1927, los vecinos de Ables quisieron agradecer al alcalde, Celestino Tresguerres, la mejora recibida obsequiándole con un «valioso juego de café, verdadera obra de arte, y un hermoso álbum en el que constan los nombres de los vecinos que contribuyeron con su óbolo a tan merecido como justo homenaje de agradecimiento.» Fueron los vecinos Fructuoso Hevia, Vicente Díaz, Enrique Rodríguez y Fructuoso Martínez, los encargados de entregarle el regalo en su casa en el día de su onomástica. Tresguerres agradeció el gesto y «obsequió a los comisionados con pastas y licores.» (Región, 14 de abril de 1927).




















