El ayuntamiento que pudo haber sido y no fue

Fachada del edificio consistorial proyectada por Francisco Casariego. Foto del autor.

El viernes 21 de abril de 2023, se presentó en la Plaza de La Habana de Posada de Llanera el primer número de la revista Cartafueyos de Llanera Revista Cultural del Concejo, en la cual publico un artículo que reproduzco a continuación añadiendo el soporte visual que fue imposible incluir en la publicación en papel ,y que supone sacar a la luz por primera vez los planos completos de un proyecto arquitectónico del que únicamente se tenía noticia por las noticias aparecidas en prensa y las alusiones contenidas en las sesiones plenarias del Ayuntamiento de Llanera.

La apertura

Corría el año 1920 cuando tenemos las primeras noticias acerca de la intención de los responsables municipales, presididos por el alcalde, Joaquín Palacio Muñiz, de proceder a la construcción de un nuevo edificio consistorial, para lo cual el pleno acuerda adquirir un inmueble en Posada con el fin de dedicarla a juzgado y a ayuntamiento, mientras que el edificio que dejaría libre el consistorio se procedería a su reparación para que pudiera acoger el cuartel de la Guardia Civil.

En la toma de decisión de levantar un nuevo edificio consistorial, parece que concurrieron dos circunstancias. Por un lado, la amenaza lanzada por el jefe del contingente de la Guardia Civil instalado en la capital municipal, de suprimir la presencia de la Benemérita si no se le facilitaban unas instalaciones capaces de albergar en condiciones a los agentes y, por otro, la necesidad de mejorar las condiciones de la Casa Consistorial.

Eso queda así reflejado en el acta de la sesión plenaria del 10 de enero, cuyo primer punto del orden del día se centró en dar cuenta a los concejales acerca de una sesión extraordinaria, previsiblemente de la Comisión Permanente aunque no se explicita, llevada a cabo para afrontar este asunto.

Se informa al pleno del ofrecimiento hecho por Rosalía González Ablanedo, de una casa para dar solución al problema “teniendo en cuenta la gran necesidad que existe, por tratarse del caso de alojar la fuerza de la gda [sic] civil”, un asunto que requería atención rápida, toda vez que el mando de la Benemérita amenazaba con “que si en un plazo perentorio no se adquiere donde alojar la fuerza, suprimiría el puesto de este concejo.”

La amenaza no surtió ningún efecto sobre los concejales, y Severino Coterón Menéndez, representante del Partido Reformista, pide que la propuesta de Rosalía González se deje sobre la mesa por espacio de una semana para poder hacer un estudio más detenido de la misma.

La propuesta del reformista, en medio de una corporación dominada por el elemento conservador, fue rechazada por mayoría, decantándose en cambio por acordar el inmueble ofrecido y abonar el importe de 25.000 pesetas propuesto por la propiedad, repartidas en 9.000 a pagar al contado “y las diez y seis pesetas restantes, en obligaciones de dos mil pesetas cada un año con el cinco por ciento de interés anual.”

Fachada lateral del consistorio. Foto del autor.

Asimismo, se acuerda que el inmueble que se pretende adquirir será dedicada a Consistoriales y Juzgado, además de dependencias auxiliares, mientras que el edificio que liberará el ayuntamiento se procederá a su acondicionamiento para su uso como cuartel y caballerizas para la Guardia Civil “y todo lo necesario para ese fin, y que dada la gran necesidad se den principio á las obras lo antes posible.”

Por la revista Asturias y el artículo del por aquel entonces secretario municipal, Ramón Rayón, del 4 de abril de 1920, sabemos que el contingente de la Guardia Civil se encontraba en aquellos momentos acuartelado en Villabona, después de que Fernando Ablanedo, propietario del inmueble que ocupaba el instituto armado hubiera procedido a su venta a la Sociedad Hijos de Guisasola, para la instalación de una botica y de un comercio al por mayor, y de ahí la reclamación del cuerpo de su reubicación.

Como buen conocedor de la realidad municipal, Rayón no evita transmitir las dificultades existentes para que el proyecto salga finalmente adelante debido a la existencia de “una tirantez política tan grande que es causa de no poder efectuarse cualquier empresa que se proyecte”, aunque en esta ocasión muestra su confianza en que se lleve adelante “para el bien de todos.”

Fuera por esa tensión política o por otra cuestión, el caso es que el asunto entró en vía muerta durante unos meses y no será hasta septiembre que se vuelva a asomar al plenario municipal, ya con la presencia de un nuevo alcalde, Manuel Alonso Rodríguez.

Por ese tiempo, la Guardia Civil ya parece haber vuelto a la capital municipal, toda vez que se discute sobre la necesidad de ampliar, como se lee en el acta de la sesión del 4 de septiembre, “en la parte Norte un local para destinar a cocinas para la casa cuartel.” El plenario acuerda llevar adelante las obras y, en el punto siguiente del orden del día, se toma la decisión de requerir a Rosalía González con el fin de firmar la escritura de compra venta del inmueble que el consistorio había acordado adquirir, para lo que se le da un plazo de 30 días. Ya no vamos a tener más noticias sobre el asunto hasta que en plena dictadura primorriverista y bajo la alcaldía de Celestino Tresguerres, se active el proyecto ya con una madurez mayor que hacía presagiar que el municipio podría por fin contar con unas nuevas Casas Consistoriales.

Fachada posterior. Foto del autor.

La polémica

A finales de 1926, concretamente en el mes de diciembre, será cuando se reactive el proyecto de nuevo ayuntamiento mediante la reserva en los presupuestos municipales de 15.000 pesetas ante la “necesidad de construir una nueva Consistorial”, obras que debían de estar en marcha, ya que en el acta del día 11 de diciembre se dice que la cantidad se guarda “a reserva de que la Corporación, en sucesivos presupuestos vote el crédito suficiente para terminar las obras.” Obras que más parecen tener que ver con reparaciones en el edificio ya existente, ya que no será hasta 1929 cuando el plenario vea los planos de lo que iba a ser el nuevo edificio consistorial.

En julio de ese año, concretamente el día 20, el alcalde Tresguerres plantea a sus compañeros de corporación la “gran necesidad de construir una nueva Consistorial y una Casa-Cuartel”, y pide al interventor que explique a los concejales cual es la manera de disponer de los fondos necesarios para ello.

La explicación que ofrece incluye utilizar para ese menester 40.000 pesetas procedentes del superávit del presupuesto de 1928, unidas a las 20.000 reservadas para el mismo fin en las cuentas del año en curso, a lo que se sumaría un crédito por otras 10.000 pesetas destinadas a las obras en el cuartel de la Benemérita. Esas cantidades, según el interventor, serían suficientes para iniciar las obras y se tenía la previsión de finalizarlas gracias al presupuesto para el año 1930. La propuesta del interventor logra el apoyo por unanimidad de la corporación.

Será en el mes de noviembre de 1929, cuando apenas si quedan unos meses para finalice la dictadura de Primo de Rivera, en enero siguiente, y con ella el mandato de los ayuntamientos de ese periodo, el momento en el que se presente a los concejales los planos del nuevo edificio proyectado por el arquitecto Francisco Casariego (Oviedo 1890-1958).

De nuevo Tresguerres vuelve a insistir a sus concejales en la necesidad de llevar adelante la obra del nuevo edificio, para lo cual se hace imprescindible proceder a la compra de un solar capaz de acoger el edificio proyectado por Casariego. El solar que parece más adecuado, tal y como se lee en el acta del pleno del 30 de noviembre, parece ser uno propiedad de Carmen García Martínez, algo con lo que el redactor del proyecto también parece estar de acuerdo y así lo ratifican los concejales por unanimidad.

De nuevo gracias a una publicación editada en Cuba, El Progreso de Asturias, con destino a la comunidad asturiana, como también lo era la revista Asturias que mencionamos anteriormente, sabemos que el proyecto de nuevo ayuntamiento era acogido con suspicacias en la capital municipal, al considerar que “lo que pretender hacer los señores concejales ahora, no es cubrir una necesidad apremiante, construyendo un edificio de tanta cuantía y máxime teniendo en cuenta que el arca municipal no está en condiciones para hacer tan gran desembolso”. Según la memoria económica que acompaña a los planos de Francisco Casariego, el importe total de la obra sería de 151.101,46 pesetas.

Resumen del presupuesto. Foto del autor.

El anónimo cronista de El Progreso de Asturias, que publica la información en su número del 30 de enero de 1930, pide que se utilice el solar vecino a la plaza cubierta, donde antiguamente se llevaba a cabo el mercado de ganado, para dotar a Posada de un parque, teniendo en cuenta que los vecinos “carecen en absoluto de lugares de esparcimiento”, además de cumplir con el compromiso adquirido por el ayuntamiento con el Club Llanera de La Habana “de higienizar los alrededores de la Plaza cubierta, que buena falta hace”, y supondría una “verdadera obra de embellecimiento y de utilidad pública”, concluye el artículo.

Con esas críticas probablemente en mente, la nueva corporación presidida por José González Solares, una vez puesto fin a los ayuntamientos del periodo dictatorial, decide aprobar unos presupuestos municipales en los que se aumenta la partida dedicada a la reparación del viejo ayuntamiento y otros edificios en 2.000 pesetas, y en 5.000 pesetas para los gastos de calefacción. A estas alturas, el edificio de casa cuartel seguía sin construirse como demuestra el hecho de que en ese presupuesto, aprobado el 8 de marzo de 1930, se aumenta de 7.000 a 13.500 pesetas la partida para levantar el nuevo cuartel.

El 19 abril el concejal José Rodríguez, pregunta en pleno acerca de la compra del solar sobre el que supuestamente se iba a edificar el nuevo consistorio, sin que el acta de la sesión recoja si recibió respuesta alguna a su demanda.

Sí es más expresiva el acta del pleno del 28 de junio, presidido por Eugenio Vázquez Rodríguez, si bien tuvo que abandonar el salón de sesiones al tener un interés personal en el asunto de la compra del solar, tal y como le recordó el concejal Severino Coterón, que es quien fuerza el abandono del pleno por parte de Vázquez, quien fue sustituido por el primer teniente alcalde, José González Solares.

Cumplido con ese trámite, se pasa a dar lectura a la escritura firmada el 2 de enero de ese mismo año 1930, otorgada por Carmen García Martínez, ante el notario López Urrutia, por el cual se procedió a la venta de un solar de 3.420 metros cuadrados de superficie, sito en la capital municipal, a razón de 4,75 pesetas el metro cuadrado, con destino a la nueva consistorial.

El presidente de la sesión pide que el pleno denuncie esa escritura “por haber suficientes terrenos propios del municipio”, y amparándose en un Real Decreto publicado ese mismo mes, por el cual se autoriza a los municipios a declarar lesivos todos los acuerdos adoptados a partir del 13 de septiembre de 1923, con el fin de poder recurrir a la vía contencioso administrativa para obtener el resarcimiento que se vea conveniente. El plenario acuerda finalmente intentar una avenencia con la propiedad con el fin de no llegar a la vía judicial, y si este no fuera posible “promover recurso contencioso contra los acuerdos de la Corporación de la Dictadura referentes a la compra a Dña Carmen García de un solar para nueva Consistorial y anular la escritura pública otorgada.”

Detalle del presupuesto adjunto al proyecto. Foto del autor.

El asunto vuelve al pleno el 11 de octubre, para estudiar el informe jurídico que se había solicitado a los abogados José Buylla y Ramón G. López. Ambos letrados coinciden en la procedencia de declarar lesivos los acuerdos tomados al respecto por la corporación presidida por Tresguerres, pedir a los tribunales que declaren la escritura nula, para, a continuación, acudir al juzgado para pedir daños y perjuicios. Así lo acuerda el pleno facultando al alcalde para que en el plazo de ocho días de un poder en nombre del ayuntamiento, a los procuradores Bueres, Cabañas, Pedrosa y Emilio Valdés, además de encargar la defensa al letrado Ramón González López.

En el turno de ruegos y preguntas de esa misma sesión, el edil Severino Coterón, indaga acerca del recuento de la madera adquirida con la finalidad de ser destinada a la construcción de la nueva consistorial, y si fue trasladada al almacén municipal. Al mismo tiempo, se interesó por saber a qué capítulo del presupuesto se imputó ese gasto así como el de los planos. El alcalde le responde que la madera aún está en posesión del vendedor, Manuel Braña, y que los costes de su compra, traslado y de los planos se imputaron al presupuesto de 1929, sin que se explicitara la cuantía de ese gasto.

El asunto de los costes de la madera, volverá a ponerse de manifiesto en el pleno del 8 de noviembre, en el transcurso del cual se discute partida por partida, el presupuesto presentado por el carpintero Manuel Braña, algunas de las cuales son rechazadas. El plenario acuerda abonar 513 pesetas, excluyendo el coste del seguro contra incendios que era de 100 pesetas. El aporte de madera necesitó del viaje de tres carpinteros a Gijón para proceder a su selección y transporte hasta Llanera.

Se da un plazo de 48 horas a Manuel Braña para que acuda al ayuntamiento para ser informado sobre el acuerdo adoptado y, en caso de conformidad, proceder al traslado de la madera o, en caso de disconformidad, acudir al juzgado para que permita el traslado de la madera que aún estaba en su poder, ya que una parte ya se encontraba almacenada en la Plaza de Abastos, donde un recuento realizado por el concejal Celedonio García, había detectado la falta de 200 piezas, ante lo cual se decide iniciar una investigación para intentar averiguar el paradero de las mismas. Un material que volverá a asomarse a las páginas de la prensa socialista, cuando el diario Avance publique el 26 de noviembre, que “continúa almacenada la madera comprada en mal hora por el Ayuntamiento de la Dictadura, para la construcción de la nueva Casa Consistorial”. El municipio asegura que “todavía no se ha recibido el permiso del ministerio de Hacienda para proceder a la subasta, permiso que le fue pedido hace tiempo”, como podemos leer en el mismo artículo. Del destino de la madera nunca más se supo.

Carpeta que contiene el proyecto de casa consistorial. Foto del autor.

El arquitecto

El ayuntamiento, como ya hemos visto, encargó la redacción de los planos al ovetense, Francisco Casariego Terrero (1890-1950), arquitecto y pintor. Dejando de lado esta segunda faceta, decir que estudia arquitectura en Madrid entre 1910 y 1916 al mismo tiempo que estudia en la Academia de Artillería, para más tarde ejercer como arquitecto municipal en Langreo; en 1921 ejerce como arquitecto de catastro; y, entre 1922 y 1940 lo hace como arquitecto municipal de Oviedo.

Cuando le llega el encargo de realizar los planos de un nuevo ayuntamiento para Llanera, ya era un profesional con una importante trayectoria, como demuestra el hecho de que, junto con el ingeniero municipal, Ildefonso Sánchez del Río, había realizado el proyecto del ensanche de varias calles de la capital asturiana, incluyendo algunas intervenciones en la Fábrica de Armas.

De su mano salió una amplia obra arquitectónica, tanto en Asturias como fuera de las fronteras regionales. Como veremos en los planos del consistorio de Llanera, por esos años era un arquitecto caracterizado por la solidez constructiva y el manejo de elementos regionalistas e historicistas como se aprecia en la Casa del Arco Iris, el edificio de viviendas de la calle Uría 25, el Cine Principado en la calle Cabo Noval ya desaparecido, o la colonia Ladreda conjuntamente con Enrique Bustelo, todas ellas obras de los años 20.

Probablemente el proyecto de mayor interés dentro de su obra arquitectónica sean las instalaciones del Orfanato Minero de Oviedo, creado en 1929 gracias al acuerdo entre el SOMA y el gobierno de Primo de Rivera, para atender las necesidades de los huérfanos de la minería. Un adelanto muy importante por lo que tocaba a la atención de los menores, en un momento en el que la siniestralidad minera era muy alta dejando a muchas familias en una situación de extrema vulnerabilidad.

La construcción se inicia en 1931 bajo la dirección del ingeniero de minas, Ernesto Winter, y el proyecto fue obra de los arquitectos asturianos Enrique Rodríguez Bustelo y Francisco Casariego, quienes contaron con la ayuda de Ildefonso Sánchez del Río, en todo lo que tuvo que ver con la estructura de hormigón armado con la que cuenta el edificio. En Llanera sí llegó a construir el edifico de Cerámicas Guisasola en 1947.

Portada del proyecto. Foto del autor.

La fachada principal no sólo se privilegiaba con el pórtico y con el balcón, sino que se añadía una apertura rematada por escudo y con un aparejo de piedra que continuaba el del piso inferior hasta concluir todo el frente con un reloj y un remate en el tejado que recuerda al que podemos ver en el Ayuntamiento de Oviedo, siguiendo modelos historicistas procedentes del siglo XIX ya muy ensayados en la arquitectura de algunos de los ayuntamientos asturianos, como los que hemos mencionado con anterioridad.

En las fachadas laterales se rompe la monotonía del muro continuo, dando un ligero resalte al cuerpo central, hasta el antepecho de sendas ventanas relacionadas con los dormitorios de las dos viviendas que ocupan todo el espacio de la segunda planta, una destinada al conserje del edificio y otra al secretario municipal.

El edificio estaba formado por una planta de sótano con una serie de habitáculos que reproducen la estructura de habitaciones del piso inmediatamente superior. Desde el pórtico se accedía a la planta baja que era la ocupada en su totalidad por las instalaciones del Juzgado Municipal, con un vestíbulo de acceso a cuyos lados se sitúan tanto el despacho del juez como la Depositaría, y con un patio central como elemento organizador del espacio, una sala de juicios, las instalaciones de calefacción y la cárcel municipal la cual tenía un acceso independiente por la parte trasera del edificio para llegar a las dos celdas con las que contaba, y el despacho del secretario municipal.

Planta segunda del edificio proyectado. Foto del autor.

Por medio de unas escaleras se subía al primer piso, destinado a acoger el Ayuntamiento propiamente dicho, con su Salón de Sesiones con salida al balcón sobre la fachada principal, despachos para el alcalde, el secretario, archivo y otras dependencias.

La estructura interna se remataba con un segundo piso dedicado exclusivamente a acoger las viviendas del conserje y del secretario, con sus correspondientes dormitorios, cocinas, comedor y baño, junto con el acceso al reloj. No será hasta los años 60, concretamente hasta 1969 cuando Llanera pueda presumir de tener un nuevo edificio consistorial, que en su día supuso una mejora muy importante y que sigue en uso en este siglo XXI, mostrando ya múltiples carencias que hacen aconsejable pensar en la elevación de una nueva construcción, adaptada plenamente a las necesidades de un municipio en crecimiento y con servicios municipales distribuidos en diferentes localizaciones dentro de la capital municipal.

El ayuntamiento no se libró de los cacos

Como cualquier otro vecino, faltaría más, los cacos también tenían las puertas abiertas del ayuntamiento para plantear su problemática concreta, aunque también es cierto que les gustaba más acceder al interior del edificio consistorial con nocturnidad y alevosía, para llevar a cabo sus intenciones delictivas en el interior del mismo. Así aconteció en al menos cuatro ocasiones en los años 30, una en 1931 y las otras tres en un breve intervalo de tiempo entre los meses de mayo y agosto de 1934, como así ha quedado reflejado en seis actas de sesiones plenarias del Ayuntamiento de Llanera.

Severino Coterón, a la sazón alcalde del municipio, informó a sus compañeros de corporación, en la sesión el 25 de mayo de 1931, que el sábado anterior se había producido un allanamiento de la Casa Consistorial, después de que los asaltantes accedieran al interior a través de la puerta del patio, que les permitió, a su vez, abrir la puerta del juzgado (ayuntamiento, juzgado y calabozos compartían el mismo edificio), para luego acceder a las oficinas «violentaron los cajones de la mesa de Intervención y el archivador del Sr. Secretario, abrieron los cajones de las mesas de Secretaría e intentaron abrir sin conseguirlo, la mesa del salón de sesiones», tal y como se recoge en el acta plenaria.

Fragmento del acta del 25 de mayo de 1931, en la que se informa sobre el asalto sufrido por el ayuntamiento unos días antes.

Una vez revisado parece que la acción de los amigos de lo ajeno se limitó a dejar papeles revueltos, sin que se echara nada en falta, lo que no impidió que el domingo por la mañana, al detectarse la intrusión, se diera parte a la Guardia Civil, al Juzgado y al gobernador, quien procedió al envío de varios agentes de policía.

Más fructífero para los ladrones resultó el asalto producido en la madrugada del 8 al 9 de mayo de 1934, que se saldó con un botín de 65,20 pts. Esta vez los asaltantes fueron más osados que los de tres años antes, y accedieron al consistorio por la puerta principal para luego pasearse a sus anchas por las oficinas de recaudación de las cédulas personales, de secretaría y de intervención. El alcalde informa al pleno de que están informadas del hecho la policía, la Guardia Civil y el Juzgado para poner en marcha la correspondiente investigación.

Fragmento del acta del pleno del 9 de mayo de 1934.

De nuevo en julio el ayuntamiento recibe tan indeseada visita, y esta vez es el secretario municipal quien traslada a los concejales la información acerca del allanamiento el sábado anterior. Según el informe del secretario municipal, no se nota la falta de ningún documento, aunque el hecho de que violentaran las mesas, los armarios y revolvieran el archivo, hace que se vaya a tardar un tiempo en comprobar si efectivamente falta alguna cosa o no. El funcionario pide a los concejales que «se adopten medidas de seguridad que pongan fin a estos frecuentes robos que deterioran el mobiliario y originan grandes molestias al desordenar todos los papeles».

Fragmento del acta del pleno del 6 de julio de 1934 el cual el secretario informó del último asalto sufrido por el ayuntamiento pocos días antes.

Para mantener la racha, en agosto se volvió a las andadas, concretamente el día 16. El secretario y el interventor se quejan de que el archivo quedó completamente desordenado, aunque no parece haber desaparecido ningún libro de actas o de contabilidad o de documentos relevantes. Lo que sí se llevaron los cacos fue una de las dos máquinas de escribir Continental con las que contaba el ayuntamiento, lo que supone un trastorno importante para el desarrollo de la actividad normal del consistorio.

Uno de los concejales, Benigno Cuervo, recuerda a sus compañeros que en una sesión anterior, se había tomado la decisión de «reforzar las ventanas y puertas con barras de hierro y que ya debió de haberse hecho». El alcalde afirma que se hizo el encargo al taller de los González, pero que estos aún no han cumplido con el mismo. Agustín González, también concejal, insiste en que esas barras «no deben ponerse en determinadas ventanas o huecos sino en todos, sin excepción alguna».

Fragmento del acta del pleno del 22 de agosto de 1934.

Si en los asaltos anteriores no tenemos noticia acerca de si los autores fueron detenidos o no, en este caso sí sabemos que en el mes de septiembre, estaban puestos a disposición del Juzgado de Oviedo, varios individuos acusados de ser los autores del robo de la máquina de escribir, instrumento que, además, iba a poder recuperar el ayuntamiento, junto con los «demás objetos robados», según la información ofrecida por el alcaldes a los ediles en el pleno del 12 de septiembre.

Fragmento del acta del pleno del 12 de septiembre de 1934.

Unos días después, el 26, se discute en pleno si al ayuntamiento le merece la pena personarse en la causa contra los últimos asaltantes del edificio consistorial, tomándose la decisión de no hacerlo habida cuenta de que se habían recuperado los objetos robados, y de acelerar las gestiones con el fin de colocar trancas en puertas y ventanas «y nada más para evitar gastos». Las arcas municipales no estaban para alegrías y menos que lo iban a estar.

Acta del pleno del 26 de septiembre de 1934, en el cual el ayuntamiento decide no personarse en la causa contra los asaltantes.

El ayuntamiento investigó a Franco por el cierre de una finca

Casa solariega de La Piniella.

Recientemente saltó a las páginas de los periódicos regionales, que la familia Franco había puesto en venta la propiedad sita en La Piniella (San Cucufate, Llanera, Asturias), por una cantidad muy próxima a los 5 millones de euros. Eso me hizo recordar un episodio más anecdótico que histórico, relacionado con esa propiedad, y que no es otro que la investigación que abrió el Ayuntamiento de Llanera a Franco, en relación con el cierre de una finca próxima en los años 30.

Conocido es que la relación del dictador, Francisco Franco Bahamonde (El Ferrol, 1892 – Madrid, 1975), con el municipio de Llanera, se inició merced a su cortejo con Carmen Polo Martínez-Valdés (Oviedo, 1900 – Madrid, 1988), perteneciente a una familia de rancio abolengo asentada en la parroquia de San Cucufate, con casa solariega en la población de La Piniella. La relación entre ambos dio comienzo en 1917, cuando se conocen e inician un noviazgo durante la estancia del, por aquel entonces, comandante en la guarnición de Oviedo, ciudad en la que terminarían por contraer matrimonio en 1923, tres años antes de convertirse Franco en el general más joven de España.

El Noroeste, 21 de julio de 1926.

En esa casa solariega pasará la pareja su corta luna de miel, además de convertirse en ocasional residencia veraniega durante el periodo de la dictadura franquista. Visitas que, de forma anecdótica, obligaban a los escolares de Posada de Llanera y de San Cucao a ocupar las márgenes de la carretera agitando banderitas al paso de la comitiva. La propiedad es difícilmente visible desde el exterior debido a la frondosidad de la vegetación que la rodea.

Vista de la entrada a la finca desde el exterior de la verja de acceso.

Valga esta introducción para entrar en la materia central de este breve artículo. Corría el mes de febrero de 1932, cuando el día 13 se reúne el Ayuntamiento de Llanera en pleno para tratar, entre otros asuntos del orden del día, una instancia presentada por Francisco Franco, en nombre de su esposa Carmen Polo, solicitando autorización para proceder al cierre de una finca de su propiedad denominada Monte La Cogolla, en la parroquia de San Cucufate, y de 9,5 hectáreas de extensión. Propiedad que “linda por el Oriente con tierras del Marqués de San Esteban y camino; Mediodía, monte común; Poniente, bienes de esta procedencia y Norte castañedo de D. Francisco González Rojo y Dª Victoria González Llana”, tal y como se recoge literalmente en el acta de la sesión plenaria.

Fragmento del acta del pleno del 13 de febrero de 1932.

Ante las dimensiones de la finca y la información facilitada por el concejal Marcelino Rodríguez, quien se hacía eco de los rumores que circulaban entre los vecinos de San Cucufate acerca de la posibilidad de que Franco fuera a cerrar una superficie mayor de la declarada, el alcalde, Severino Coterón, perteneciente al Partido Reformista de Melquiades Álvarez, decide reforzar la Comisión de Policía con dos concejales más, para lo que propone al socialista Agustín González y a Celedonio García para estudiar el asunto. Finalmente, el socialista renunciará a formar parte de esa comisión y será sustituido por Marcelino Rodríguez. Por unanimidad de todos los concejales presentes, se acuerda que la Comisión de Policía reforzada, presidida por el alcalde y asesorada por el secretario municipal, proceda a ver el terreno in situ, ver los lindes y redactar el correspondiente informe.

El asunto volverá al pleno municipal el día 26 de marzo, para dar cuenta del informe elaborado por esa comisión, en el cual se dice que “habiendo examinado y medido los terrenos y vista los títulos de propiedad, puede autorizarse el cierre por el deslinde practicado por ese Ayuntamiento el 25 de noviembre de 1839 y del cual existen los diez finxos o mojones”. Junto a esa autorización para el cierre, se permitió asimismo “la variación del camino que parte del camino que viene de Mazurén a la Casa de la Cogolla.”

Fragmento del acta del pleno del 26 de marzo en la que se autoriza el cierre de la finca, debiendo advertir Franco al contratista que la obra se ajuste por completo a las condiciones establecidas en la autorización.

Por su parte, el concejal Marcelino Rodríguez deja claro que el contratista que está llevando a cabo el cierre de la finca “ha practicado parte sin sujetarse al informe y propone se le advierta que debe sujetarse a él”. Los concejales de forma unánime respaldan la concesión del permiso municipal para levantar el cierre de la propiedad “de conformidad con el informe emitido por la Comisión y advertir al Sr. Franco que conmine al encargado del cierre para que se ajuste por completo al acuerdo.”

Las condiciones de concesión de la oportuna licencia, incluían dejar con un ancho de cinco metros los caminos de Mazurén a San Cucao, de San Cucao a Saguñera, el de la Casa de la Cogolla a Agüera, y «autorizando la variación del camino que parte del camino que viene de Mazurén a la Casa de la Cogolla, al lindero comunal, con un ancho de dos metros y medio.»

ABC, 12 de junio de 1976.

Una curiosidad final relacionada con la casa de La Piniella, la encontramos en las páginas del ABC del 12 de junio de 1976, en una noticia a página completa firmada por Armando Méndez, escrita con un claro tono nostálgico de las glorias pasadas de una propiedad que “fue escenario de importantes momentos históricos en los últimos cuarenta años”. En ella, citando como fuente “un amigo de los que suelen estar enterados de la vida provincial”, se refiere a una presunta autorización concedida a una “empresa norteamericana especializada en fruticultura” para “emplear cinco hectáreas de prado, inmediatas a la noble casa de la propiedad, para plantar en ellas varios miles de manzanos que con toda seguridad darán un ciento por uno de rendimiento”. Bienvenido míster Marshall.