En el artículo anterior hacía referencia a la decisión tomada por el ayuntamiento presidido por Celestino Tresguerres, de dotar al consistorio de su primer vehículo oficial, y adelantaba que la compra traería consigo una polémica que se arrastraría hasta el año 1932, en el que el asunto se cerró de la manera que vamos a ver.
Una vez concluida la dictadura de Primo de Rivera en enero de 1930, uno de los cambios que vivió la situación política nacional fue el regreso a los ayuntamientos democráticos, muchos de los cuales, el de Llanera incluido, empezaron a revisar todos los acuerdos tomados durante el periodo dictatorial declarando muchos de ellos como lesivos para los intereses municipales y, en nuestro caso, la compra del Peugeot 11 hp fue uno de ellos.
Un coche que, ya durante el periodo de Tresguerres, había sido sustituido por un Fiat, del que no tenemos más detalles, por medio de un acuerdo plenario de marzo de 1929, y que para para marzo del año siguiente aún no había sido pagado en su totalidad, como demuestra el hecho de que en la sesión del 8 de marzo de 1930 la nueva corporación decide suprimir del presupuesto municipal una partida de 3.000 pts «para pago de parte del importe del automóvil Fiat del Ayuntº».
En marzo de 1930 se decide suprimir la partida de 3.000 pts para pago parcial del Fiat.
Apenas una semana más tarde, el asunto saltó a las páginas del diario gijonés El Noroeste, de tendencia republicana y próximo al Partido Reformista, en las que en la edición del día 15 se podían leer con todo detalle el coste que para el ayuntamiento había tenido el vehículo municipal. Así, se decía que el precio del Peugeot había sido de 8.500 pts, el cual se había cambiado por un Fiat «grande, dando, además, 9.000 pts.»
Un coche que a lo que parece «no quiere andar», y en el que se habían gastado 17.500 pts, una cantidad nada despreciable para las exiguas finanzas municipales, a lo que habría que añadir los costes de mantenimiento que estaban entre las 2.000 y las casi 2.500 pts, aparte de hacer frente a los plazos de pago de la compra del vehículo. Según la información contenida en El Noroeste, incluyendo algunos gastos de representación, se habría llegado a las 25.000 pts.
Información sobre los gastos ocasionados por el coche oficial publicada en El Noroeste.
El asunto volvió a llegar al salón de plenos en octubre de ese año 1930, cuando se lee íntegramente el acuerdo del 11 de diciembre de 1926 para la compra del Peugeot. Los concejales presentes acuerdan de forma unánime declarar ese acuerdo como lesivo para los intereses municipales, reservándose el derecho a acudir al tribunal contencioso para «más adelante».
Ante la situación, el consistorio decide poner el vehículo a la venta, y en la sesión del 8 de noviembre de 1930, el concejal José Rodríguez pregunta en qué estado se encuentra el asunto de la venta, recibiendo como respuesta que se está a la «espera que los peritos nombrados vengan a hacer la tasación».
Volvemos de nuevo a las páginas de El Noroeste, esta vez del 20 de febrero de 1931, para encontrarnos con la publicación de un anuncio de la alcaldía, ya regentada por el reformista Severino Coterón, y gracias al cual sabemos que el modelo de Fiat adquirido por el consistorio era un modelo de 1925 con 20 hp de potencia, alguno más que los 11 hp del Fiat de segunda mano al que vino a sustituir, con 6 cilindros, 7 asientos, descapotable y con 2 ruedas de repuesto. El anuncio señala que las ofertas tendrán que superar las 500 pts, y el vehículo se podrá examinar acudiendo a los almacenes municipales.
Anuncio de la alcaldía referente a la subasta del coche Fiat.
La subasta tuvo lugar en el mes de marzo de ese mismo año, tal y como nos informan de nuevo las páginas de El Noroeste, y al parecer, había tres propuestas encima de la mesa. Una subasta que debió de concluir con la venta del coche para chatarra, como podemos intuir de la lectura de las páginas del periódico socialista Avance del 22 de junio de 1932, en las que se informa de la decisión tomada por el ayuntamiento de satisfacer las cantidades que todavía se adeudaban por la compra del «automóvil adquirido cuando la dictadura y que fue subastado para chatarra».
Así se cerraba el asunto del primer coche oficial del Ayuntamiento de Llanera.
El inicio de la polémica. Región 1 de junio de 1924.
En el artículo anterior veíamos como las gestiones realizadas por el indiano Prudencio González, habían conseguido dotar, en 1923, a la capital municipal con alumbrado público, proyecto en el que también se implicó el ayuntamiento y el Club Llanera de La Habana, que le valió a nuestro convecino que desde entonces la calle principal de Posada de Llanera, lleve su nombre. También veíamos como a la hora de dotar a la calle con las pertinentes señales con el nuevo nombre de Avenida Prudencio González, al promotor de la iniciativa, el comerciante Ramón González, le costó encontrar el apoyo económico necesario por parte de los vecinos, unos por desidia y otros por desinterés, como afirmaba La Voz de Asturias.
Tal vez haya que buscar ahí la raíz de la polémica que, de un modo sorprendente visto desde hoy en día, estalló al año siguiente en torno al alumbrado de la capital municipal, en lo que sin duda era un importante adelanto en el municipio y que era muy demandado por las diferentes parroquias del concejo para ellas mismas. Fue el diario Región el primero en vaticinar los nubarrones de la polémica, cuando el 1 de junio de 1924 publica en sus páginas una información bajo el titular «¿Será verdad?» En ella, se hacía eco de la posibilidad de que en la próxima reunión de la Junta Permanente del ayuntamiento, hubiera concejales que pidieran la supresión de la partida presupuestaria reservada para el pago del alumbrado público, y que ascendía a la cantidad de 650 pts.
El anónimo redactor de la noticia, se muestra confiado en que tal propósito no saldría adelante, toda vez que el ayuntamiento tenía firmado un contrato con la Sociedad Popular Ovetense (SPO), por el cual estaba obligado al pago del servicio durante un número determinado de años. A pesar de ello, el periodista no puede evitar dejar la duda en el aire: «¿Será posible que lo que tanto trabajo costó por conseguirlo haya quien pretenda hacerlo desaparecer?», y advierte que «el Pueblo de Posada hará prevalecer sus derechos antes que tal anomalía se cometa.»
La Voz de Asturias 5 de junio de 1924.
Antonio Menéndez, corresponsal de La Voz de Asturias, empieza a informar sobre el tema el 5 de junio, dando cuenta de un pleno extraordinario llevado a cabo el sábado 31 de mayo (en las actas conservadas en el archivo municipal no aparece ningún pleno con esta fecha, con lo que caben dos posibilidades: o bien por algún motivo no se llegó a hacer ese acta, o bien se trató en realidad de una reunión de la Comisión Permanente, ya que de este órgano no se ha conservado ningún acta), en el cual, entre otros asuntos, se trató la propuesta de los ediles Deogracias Ruiz y Fernando Ablanedo, en favor de la supresión del pago del alumbrado público.
El secretario municipal desgranó algunas cuestiones legales que, en su opinión, no harían posible tomar ese acuerdo, empezando por el acuerdo plenario del 17 de marzo de 1923 y terminando, por la existencia de un contrato con la empresa suministradora. Los dos concejales de la polémica «se muestran extrañados de la protesta presentada por el vecindario, que acababan de oír, pues ignoraban que sus propósitos trascendieran a la calle y que pudiera tomarse el acuerdo sin la protesta unánime de los vecinos.» Sin embargo, a pesar de la presión del público asistente al pleno, ambos se mantuvieron firmes en su propuesta.
Será el secretario judicial, Ramón Rayón, quien apunte en la dirección del contrato existente con la SPO como argumento que pareció definitivo, una vez leído el texto públicamente, documento que tanto Ruiz como Ablanedo, afirmaron desconocer y que al proceder a su lectura pareció dejarles convencidos de lo absurdo de su postura contraria al alumbrado público en la capital del concejo. Rayón, en su alocución, había pedido que «por respeto a la persona que tanto trabajó por la traída del fluido eléctrico, y al que el Ayuntamiento anterior quiso testimoniar su agradecimiento, poniendo su nombre a una calle de Posada, no debe ni discutirse el asunto.»
El Noroeste, 14 de junio de 1924.
Sin embargo, la polémica no se quedó ahí, sino que los dos concejales señalados como opositores, enviaron al periódico El Noroeste y publicada el 14 de junio de 1924 (ese mismo día también la publicó La Prensa), una carta que no sirvió más que para avivar la polémica. En ella, ambos ediles rechazan la acusación de querer votar en contra del alumbrado público en Posada de Llanera, sino que su opinión es la de que «debe ser objeto de una exacción que recaiga sobre las personas más directamente beneficiadas en el referido servicio, para que desaparezca la carga de 650 pesetas que gravita sobre un presupuesto débil.» A modo de ejemplo, señalan que en las cuentas municipales se incluyen 3.500 pts para obligaciones sanitarias, «de las cuales se dedicaron mil para la construcción de un puente en Arlós, quedando para el resto del concejo dos mil quinientas pesetas que es necesario distribuir entre más de cien barrios.»
La misma carta con la extensión completa, aparecerá también en las páginas de Región el día 17. Así sabemos que otro de los argumentos de ambos concejales fue el de considerar que Rondiella es una de las parroquias de menor extensión del concejo, y ese gasto de 650 pts solo en alumbrado, les lleva a preguntarse: «¿Dónde está la equidad, la igualdad y la justicia ante la ley? Para regenerar los pueblos es condición precisa alejarse del egoísmo.» Para evitar acusaciones de que detrás de su posición no hay más que rencillas personales, explica que «de los 25 vecinos que lindan con la carretera, 23 son amigos nuestros y apelamos al testimonio de los mismos.» Terminan pidiendo que el ayuntamiento «establezca una contribución especial sobre el alumbrado público (…) y así se completaría la obra de justicia.»
Región, 17 de junio de 1924.
No parece que esos 23 vecinos se sintieran animados por su pretendida amistad con los dos concejales, habida cuenta de que van a ser ellos los firmantes de la réplica, también en forma de carta dividida en diez puntos, aparecida en La Voz de Asturias del día 18 de junio. En el sexto, los firmantes les recuerdan a los concejales, que en el desvío de 1.000 pts hacia el puente de Arlós ellos también estuvieron de acuerdo en su momento, y rechazan que «nuestras apreciaciones, pueden ser equivocadas, pero que nunca son insidiosas ni falsas, como ellos afirman.» En el punto 9º, matizan que en la sesión plenaria convocada para cerrar la cuestión «solo hubo dos votos en contra; los de los señores Alonso y Ruiz.»
La Voz de Asturias, 18 de junio de 1924.
Una semana después, serán los concejales los que recurran a las páginas de La Voz de Asturias del día 25, para continuar con el intercambio epistolar con los vecinos los que replican que ya que parecen dispuestos a colaborar con su propio peculio para hacer llegar la electricidad al resto del municipio, pueden correr con el gasto de su llegada a la capital municipal y eso «más lo agradecería el resto del concejo.» Asimismo, rechazan haber votado en contra en el pleno, habida cuenta que dicha votación no habría tenido lugar y no está claro «que los 25 vecinos de Posada estén exentos de la exacción especial que el Estatuto municipal vigente establece que se imponga sobre las personas especialmente interesadas en determinadas obras.» Finalizan la carta con el siguiente párrafo: «No nos guía tampoco a nosotros el deseo de mortificar por considerarlo impropio de persona bien nacida; es siempre deplorable la ofensa, sin embargo hay quien trata de inferirla sin tener presente que ‘para lanzar injurias, no basta tener elocuencia, es preciso tener crédito’ según ha dicho un gran estadista.»
La Voz de Asturias, 25 de junio de 1924.
Esas afirmaciones iban a tener cumplida respuesta el día 29, de nuevo desde las páginas de La Voz de Asturias que empieza así: «Que es indubitable que lo que pretenden dichos señores con defender lo indefendible, es exhibirse para salir del actual ostracismo en que se encuentran, y por eso no debiéramos concederles el honor de la réplica.» Más adelante, se les pregunta «¿Qué concepto tienen ustedes, si es que tienen alguno, de la equitativa distribución de los fondos públicos? (…) ¿No conciben ustedes que en la provincia habrá parroquias, incluso concejos, que contribuyan al contingente provincial y a pesar de ello pasarán años y años sin beneficiarse con un mal camino vecinal?»
La Voz de Asturias, 29 de junio de 1924.
Todavía habrá sendos intercambios epistolares más en los primeros días del mes de julio, en los que no insistiré por la repetición de argumentos ya conocidos y a estas alturas del intercambio epistolar, probablemente la única forma de ponerle fin era con la discusión del asunto en un pleno municipal, donde todo el mundo se retratara. Así, al pleno del 31 de agosto de 1924 llega un escrito firmado por un grupo de vecinos de Posada, motivado por el rumor de que «algunos Señores Concejales, pretenden privarles del alumbrado público, el cual reporta grandes beneficios no solo a los vecinos, sino también a los transeúntes; y que de llevarse a la práctica irrogaría grandes perjuicios.» La Corporación a la vista del escrito y del acuerdo al que se había llegado en el pleno del 17 de marzo de 1923, «ya la Corporación acordó costear las luces públicas, las de la Consistorial y Juzgado; y que de suprimirse estas sería un atropello, e irrogaría graves perjuicios, acuerda dejar en firme dicho acuerdo y seguir consignando la cantidad suficiente en los presupuestos municipales.»
Fragmento del acta del pleno del 31 de agosto de 1924.
Con esa decisión la polémica terminó por quedar en nada y Posada pudo seguir disfrutando del alumbrado público, al menos mientras las bombillas estuvieron en funcionamiento, porque en el arranque del año 1928, Región publica la noticia de que desde hace varias semanas, el alumbrado público de Posada carece de lámparas casi en su totalidad. Esa situación, denunciada en el mes de enero, en marzo seguía sin resolverse tal y como se puede leer tanto en El Noroeste como en Región, los días 21 y 23 de marzo de 1928.