Alfonso XII y Alfonso XIII de paso por Llanera

Reproducción del libro de José Mª Canal Sánchez-Pagín.

En agosto se cumplirán 137 años del paso por nuestro concejo del entonces rey Alfonso XII, y 119 desde que su hijo, Alfonso XIII, hiciera lo propio y en ambos casos fue el ferrocarril el medio de transporte elegido para esas visitas, más bien pasos fugaces por las tierras de Llanera.

En agosto de 1884 se inauguraba la rampa de Pajares y con ello se comunicaba por vía férrea Asturias con al Meseta y con Madrid, reduciendo un viaje de 70 horas en diligencia a las 22 en un tren que podía llegar a alcanzar la velocidad de hasta 50 kilómetros por hora, una velocidad nada despreciable para la época.

Abro este artículo reproduciendo el fragmento que a este hecho dedicó el párroco José Mª Canal, en su libro «Santa María de Lugo. Una parroquia. Un santuario», editado en 1984 y que es posible encontrar en las estanterías de nuestras bibliotecas. En él recoge parte de la crónica que el periódico ovetense El Carbayón dedicó al paso por Llanera de la expedición real, la cual se detuvo en la estación de Lugo para recibir el saludo del alcalde, Ramón García Miranda y Ablanedo, quien después de un estampido de voladores, se dirigió al rey quien «acogió el saludo con una sonrisa… El recibimiento fue brillante y respetuoso». Y eso parece haber sido todo.

El monarca vino acompañado por su mujer, Cristina de Habsburgo, y sus hijas Isabel y Eulalia, además de una amplia comitiva oficial, en la que se incluían hasta cuatro ministros.

Alfonso XIII. Foto Wikipedia.

Igualmente amplia fue la comitiva que acompañó a Alfonso XIII durante su viaje oficial a Asturias en enero de 1902, aunque esta vez la familia quedó reducida a su hermana Mercedes, y el esposo de esta, don Carlos. Después de hacer noche en Oviedo, como se explica en las páginas de El Noroeste, «varios coches conducen a la estación los equipajes de los regios expedicionarios y de sus comitivas». Cuando el rey accede a la estación se va a encontrar con «más de dos mil personas. El cuadro que ofrecen los andenes es imponente», escribe el periodista de El Noroeste.

Sin apenas saludar al alcalde de la capital asturiana, la comitiva se sube al tren, y en Lugones el tren se detendrá un corto periodo de tiempo, para dejar paso al tren mixto procedente de Gijón, para, a continuación, seguir rumbo a Villabona, donde «apenas hay una docena de personas». Nada dice el periodista acerca del paso por Lugo de Llanera, donde estaba previsto que una comisión municipal saliera a su encuentro, tal y como se había hecho con Alfonso XII, años antes.

Fragmento del acta del pleno municipal del 26 de julio de 1902. Foto del autor.

El acta del pleno municipal del 26 de julio de 1902, nos informa de la intención del pleno de enviar una comisión para recibir al monarca a su paso por Lugo de Llanera, formada por el alcalde, de nuevo, Ramón García Miranda, junto con los concejales Froilán Menéndez Prado, José González Solares, Manuel Rodríguez García, Celedonio Díaz Rodríguez y Víctor Rodríguez Ablanedo «además del resto de individuos que voluntariamente se quieran sumar al recibimiento». Queda pendiente la presentación de «la cuenta de los gastos que se han de producir».

El Noroeste, 13 de agosto de 1902.

Es bastante posible que si ya en Oviedo apenas si saludó a la corporación municipal, en este caso Alfonso XIII, pasara de largo sin detenerse hasta rendir viaje en Avilés donde se levantaron varias tribunas para acoger al público que acudió a recibir al «regio huésped», como lo define el periódico gibones, y disfrutar de «un espléndido lunch para 34 comensales que tenía preparado la corporación municipal». Después de visitar la fábrica azucarera de Villalegre, Soto de Rey y Salinas y embarcar en el Urania con destino a Santander, no sin antes dejar en Avilés «para los pobres de la parroquia mil quinientas pesetas».

Prudencio González y la llegada del alumbrado público a la capital municipal

Asistentes al banquete de homenaje llevado a cabo en Cuba en honor de Prudencio González (marcado con la X). Región 25 de abril de 1924.

En mi artículo anterior me detuve en la figura de Alejandro Mon y su relación con el concejo, y las razones por las cuales da nombre a una de las calles de la capital municipal, Posada de Llanera. En esta ocasión, hago lo propio con el personaje que bautiza la principal avenida de la misma población, y que recuerda la memoria de Prudencio González. Vamos a ver cómo la vinculación de este convecino nuestro, cuya familia era y sigue siendo la propietaria del popular comercio Casa Rosa abierto en 1870, con la llegada del primer alumbrado público a Posada, le va a hacer acreedor a ese honor.

El Noroeste, 21 de enero de 1922.

La primera noticia que tenemos de las gestiones que está realizando un particular, cuyo nombre no está autorizado a publicar pero que toda seguridad se trata de nuestro protagonista, la tenemos en la edición de El Noroeste del 21 de enero de 1922, y en ella se muestra el optimismo acerca de la llegada del alumbrado público a Posada, una mejora que «es incuestionable que desde hace ya muchos años, no la capital, sino la mayoría de los pueblos del concejo debiera disfrutar de tan necesario fluido». Sin embargo, por «la apatía de unos y la despreocupación de otros, estamos como los pueblos más incomunicados de España.» Al mismo tiempo, se pide, a las tres grandes industrias asentadas en el concejo, a saber, Cerámicas Guisasola, Fábrica de Explosivos y Sociedad Orueta e Irán explotadora de la mina carbonífera de Santufirme, que colaboren con esta iniciativa.

El Noroeste, 25 de febrero de 1922.

Si en enero se había mantenido en secreto el nombre del impulsor del proyecto, al mes siguiente El Noroeste deja claro que es Prudencio González el principal promotor de la idea, quien recién llegado de La Habana se vio «extrañado de ver llegar la luz á las mismas puertas de Posada (…) creyó conveniente iniciar un movimiento de opinión en este sentido.» El primero contacto lo estableció con la empresa Cerámicas Guisasola, la cual respondió favorablemente y ofreció la posibilidad, de forma gratuita, de continuar la línea desde la ubicación de la empresa en La Venta del Gallo (Cayés).

El Noroeste, 25 de febrero de 1922.

Asimismo, se forma una comisión gestora en la que se integraron los siguientes delegados: Justo Fernández Ablanedo, para Cuba; Crisanto Álvarez Cueto, en Buenos Aires; Eduardo Menéndez López, en México; y José Álvarez Salvador, en los Estados Unidos; con el objetivo de conseguir aportaciones por parte de los emigrantes de Llanera en cada uno de esos países. La comisión estaba presidida por el sacerdote, Ramón Díaz; con Prudencio González como secretario; Froilán Menéndez, tesorero; y los vocales, Fermín Rayón, Eugenio Vázquez, Guillermo Toca, Francisco Virsida, Bernardo Díaz y Bonifacio Rodríguez.

Aunque no se dan detalles pormenorizados, El Noroeste del 24 de mayo de 1922, señala la satisfacción que tienen los miembros de la comisión pro alumbrado de Posada, por los éxitos que se van logrando, hasta el punto de que en su primera reunión, el presidente propone da un voto de gracias a Prudencio González, quien «á más de ser su organizador, llevó á cabo multitud de trabajos que tan franco y lisonjero éxito obtuvieron.» Animados por la buena marcha del proyecto, muestran su voluntad de seguir con la actividad de la comisión, y utilizar parte del dinero recaudado «en mejorar el servicio de aguas y construir un lavadero cubierto, previa aquiescencia de las personas que habían hecho donativos para la luz.» En esa reunión no pudo estar presente el vocal Francisco Virsida, debido a su fallecimiento, y se acordó nombrar a Ramón Rayón, secretario judicial, como vicesecretario de la comisión.

Fragmento del acta del pleno del 9 de agosto de 1922.

Lógicamente, el asunto termina por llegar al pleno municipal, y será en una sesión extraordinaria celebrada el 9 de agosto de 1922, cuando se trate del asunto con la lectura de una carta enviada por la Sociedad Popular Ovetense (SPO), en la que ofrece sus servicios para dotar de alumbrado a la capital municipal, y otra de la Sociedad Hijos de Guisasola facilitando el uso de su red para traer la electricidad hasta Posada. El pleno designa una comisión, integrada por el alcalde, Joaquín Palacio Muñiz, y los concejales, Benjamín Valdés Medio y Marcelino Rodríguez, para entrevistarse con la SPO y con Hijos de Guisasola «y de la entrevista habida, dar cuenta á la Corporación en un día para que esta resuelva lo que estime más procedente.»

Fragmento del acta del peno del 17 de marzo de 1923.

A pesar de que parecía todo estar encarrilado para que el alumbrado público fuera una realidad ya en ese año de 1922, habrá que esperar hasta el año siguiente para encontrar noticias sobre la evolución del proyecto, concretamente hasta un acta de la sesión plenaria del 17 de marzo de 1923. Todos los concejales estuvieron de acuerdo ese día, en «dar toda clase de facilidades a la sociedad empresaria» para instalar el transformador y los postes necesarios, mientras que el coste de las luces correría a cargo de los fondos municipales. Los encargados de trasladar ese ofrecimiento a la SPO fue una comisión integrada por los concejales Eugenio Vázquez y José Rodríguez, y los miembros de la comisión pro alumbrado, Froilán Menéndez y Guillermo Toca. Esa reunión debió de producirse y en ella se concretaría el número de luces a instalar en Posada, ya que en el pleno del 2 de junio se pide a la comisión citada que vuelva a hablar con la empresa con el fin de instalar dos luces más de las concertadas, una «en la plazuela de la casa de D. Primo Álvarez, cartero, y otra en las inmediaciones de la casa de D. Bonifacio Rodríguez.»

La Voz de Asturias, 28 de julio de 1923.

La Voz de Asturias, deja constancia el 28 de julio de 1923, de que la Diputación tiene para informar la concesión solicitada por la Sociedad Popular Ovetense, para hacer una línea de baja tensión en la carretera Lugones-Avilés, con el fin de dar alumbrado a la capital de Llanera, y con ello el proyecto entraba ya en su fase decisiva.

El Progreso, 30 de julio de 1923.

Otro medio de comunicación, esta vez editado en Cuba para la emigración asturiana con informaciones tanto de la isla como de Asturias, como fue El Progreso, nos informa en sus páginas del 30 de julio de 1923, que el proyecto de alumbrado público se había conseguido sin necesidad de recurrir al dinero recolectado por la colonia de naturales de Llanera en la isla caribeña, por lo que la dirección del Club Llanera de La Habana toma la decisión de reservar ese dinero para llevar adelante otro proyecto muy ambicionado por ese colectivo, como era el de dotar a Posada de Llanera de una plaza mercado cubierta, proyecto que finalmente fue una realidad y del que hablaremos en otro momento. Con todo ello, podemos concluir que el año 1923 fue el año en el cual Posada de Llanera, empezó a contar con iluminación eléctrica en su calle principal.

Avenida Prudencio González

Acta del pleno del 17 de noviembre de 1923, en el que se trató la propuesta de Ramón González para poner el nombre de Agustín González a la calle principal de Posada de Llanera.

La iniciativa de bautizar la avenida con el nombre del indiano fue del comerciante de Posada, Ramón González Llosa, cuya petición oficial se discute en el pleno el 17 de noviembre de 1923. «Todos conocéis las gestiones realizadas para conseguir el fin que se proponía y sin desmayar ante los obstáculos que al paso se le presentaban vio colmado el éxito de la empresa emprendida. De corazones nobles y adornados de sentimientos humanitarios es ser agradecidos a los favores que reciben», se decía en el texto presentado por el promotor de denominar como Avenida de Prudencio González, el tramo de la calle principal entre el domicilio de Froilán Menéndez y el suyo propio. La propuesta salió adelante por unanimidad. En ese momento, el homenajeado se encontraba de nuevo en La Habana.

Región, 25 de noviembre de 1923.

Ramón González no se quedó ahí, sino que además abrió una suscripción popular entre los vecinos de Posada, con el fin de costear los rótulos con los que hacer visible el nuevo nombre de una calle que hasta ese momento era más conocida como Avenida de las Huelgas. El encargado de recoger el dinero recaudado era Antonio Menéndez Varela, a la sazón corresponsal en Llanera del periódico El Noroeste. Una suscripción que, sin embargo, no logró el éxito apetecido, como así hizo constar el promotor en una carta enviada a La Voz de Asturias del 27 de diciembre de 1923, «unos por apatía, por diferencia de criterio otros y por indiferencia los más.» En total se hicieron once aportaciones por un importe total de 75 pts, que fueron suficientes al renunciar Francisco López y Ramón Menéndez, a la cantidad que les correspondía por la colocación de las nuevas señales indicativas.

La Voz de Asturias, 27 de diciembre de 1923.

En el pleno del 22 de marzo de 1924, se dio lectura a una carta enviada por Prudencio González agradeciendo el gesto de dar su nombre a la calle, y en el acta de la sesión queda patente el agradecimiento del consistorio hacia el indiano: «Nuevamente la Corporación queda altamente agradecida al benemérito hijo de Llanera, y acuerda que jamás se borre esta memoria en pro de un joven que tantos desvelos ha sufrido por llevar a la práctica obras de vital interés para el concejo. Que se le comunique este acuerdo para satisfacción del mismo.»

Algunos de los asistentes al homenaje tributado en Cuba a Prudencio González. Región 25 de abril de 1924.

Los homenajes no sólo los acabará recibiendo Prudencio González en Llanera, sino que en la propia capital cubana, de la mano del Club Llanera de La Habana, del que era socio, en el conocido como Salón H se organizará un banquete en su honor acompañado por la dirección del club, encabezada por su presidente, José María Martínez, en el transcurso del cual se le nombrará presidente de honor del club.

Alejandro Mon, ministro de Hacienda

Casa Palacio en Vidriera, Bonielles, Llanera.

La idea para este artículo me llegó después de leer un tuit de la Real Academia Española de la Lengua (RAE), que recordaba que hoy se cumplen 173 años del nacimiento de Alejandro Pidal y Mon (1846-1913), quien fuera presidente de aquella institución, y sobrino del cinco veces ministro de Hacienda, Alejandro Mon y Martínez de la Torre (1801-1882), cuyo cuerpo, junto al de su hijo, está enterrado en una tumba en el interior de la iglesia de San Nicolás de Bonielles y la casa familiar en la localidad de Vidriera (parroquia de Bonielles, municipio de Llanera), se la conoce como Ca Palacio. En la parroquia también reposaron los restos de sus padres, Miguel y Francisca, y de su hermano José Ramón. A la figura de Alejandro Mon es a la que dedicaré este artículo.

Nacido en Oviedo, estudio en la Facultad de Leyes de la universidad asturiana y su vocación política le llevará a enrolarse en las Milicia Nacional, interviniendo en la defensa de la capital asturiana de los ataques del ejército absolutista en junio de 1823, lo que le valdría el destierro y su posible traslado a Andalucía, ya que consta su estancia en Sevilla hacia 1828. Ocho años después, será elegido diputado por Oviedo formando parte de las filas de la Unión Liberal un cargo que irá revalidando elección tras elección hasta su fallecimiento. Retirado de la vida pública, Alfonso XIII lo nombrará senador vitalicio.

Sepultura de Alejandro Mon y su hijo en el interior de la parroquial de Bonielles.

Su dilatada carrera política le llevó a ser ministro de Hacienda en cinco ocasiones, presidente del Consejo de Ministros, embajador en París y ante la Santa Sede, jefe de gobierno durante un breve periodo en 1864, además de ser uno de los fundadores de la Academia de Ciencias Políticas y Morales. A su fallecimiento, en 1882, era propietario de un total de 694 fincas, la mayoría de ellas en Llanera y repartidas por todas las parroquias del concejo, y valoradas en 146.000 pts de la época.

Los constantes vaivenes vividos en la política decimonónica española, le convertirá en uno de los políticos nacionales obligados a exiliarse en Francia, acompañando a la reina María Cristina en 1841. Eso no le impedirá ser, cuatro años después, uno de los ideólogos de la Constitución de 1845, como uno de los representantes del liberalismo moderado. En ese mismo año dio comienzo a una reforma tributaria de la que fue deudora la Hacienda Pública española, hasta los cambios introducidos con la llegada de la democracia a España tras la caída de la dictadura franquista.

Portada del catálogo de la exposición organizada por el Museo de Bellas Artes de Asturias en 2003.

Cinco fueron los puntos clave de la reforma. Así fijó una contribución de inmuebles, que muy bien puede considerarse como el antecedente del actual IBI; una contribución industrial, precursora del IAE; una contribución denominada de Inquilinatos y Consumo; otra figura que gravaba los incrementos de patrimonio (plusvalías), y un impuesto que se fijó para las exportaciones.

Una reforma que afectó sustancialmente a la iglesia católica, ya que una de las medidas fue la supresión del diezmo, a través de la Ley de dotación del culto y del clero. Los objetivos que perseguía esa reforma eran los de unificar el sistema fiscal en todo el territorio nacional, y dejar en manos de la Hacienda Pública el monopolio fiscal del país.

Retrato fotográfico de la Colección Castellano, Biblioteca Nacional de España.

En el periodo en el que estuvo fuera de la política, se dedicó a la actividad empresarial con negocios dentro del sector siderúrgico y ferroviario, además de ayudar a la instalación en Trubia de la Fábrica de Armas, y de asociarse con Pidal y Camposagrado en Duro y Compañía.

Defensor a ultranza de la monarquía borbónica y miembro del Partido Moderado, acompañó a Isabel II al exilio, y por ello recibiría el Toisón de Oro en 1871, condecoración que pudo añadir al Gran Cordón de la Legión de Honor francesa. Y es que siempre mantuvo una especial relación con Francia, al que se exilió en dos ocasiones acompañando a otras tantas regentes, y también en París nacerá su único hijo, nacido de la relación que tuvo con Rita Martínez, una mujer casada con la que tuvo una aventura.

En definitiva, se trató de una figura política a la altura de otros grandes políticos asturianos de su mismo siglo, como fueron Campillo y Cossío, Campomanes, Flórez Estrada, Canga Argüelles o el propio Jovellanos un poco antes. Una figura que en su día dio nombre a la Biblioteca Publica que estaba situada en la calle de la capital municipal que hoy le recuerda