El Santofirme se echó al mar

Para Llanera el Picu Santufirme es uno de esos puntos geográficos que, al mismo tiempo, tienen mucho que decir en nuestra historia. No en vano en sus laderas está localizado uno de los cinco castros existentes en el municipio, por allí han aparecido restos romanos, e incluso mucho más antiguos, restos de instrumental del Paleolítico, lo que nos dice que los humanos llevamos pasando por esa zona desde hace milenios. Eso, sin olvidarnos de que es fundamental para entender la historia minera de Llanera en general y de Villabona en particular, y centro de reunión social todos los 1 de mayo, gracias a la jira que durante décadas organizó la asociación de vecinos CAFAMILU y que sigue viva.

Todo eso es bastante conocido, pero lo que ya no lo es tanto, y yo hasta 2009 no lo supe, es que el Santufirme también sirvió para bautizar a un barco, un vapor más exactamente. Esto lo supe gracias a Álvaro Álvarez, aplicado estudioso de todo lo que tiene que ver con la parroquia de Villardeveyo fundamentalmente, y que en ese año 2009 escribió un artículo en la revista del III Encuentro de Amigos y Vecinos de Villardeveyo, motivo por el cual yo publiqué, a mi vez, un artículo en el periódico El Tapín de noviembre de 2009, haciéndome eco del que iba a publicar Álvaro. Con parte de esos datos escribo ahora este artículo más breve que aquel.

El vapor Santofirme en el puerto de Vigo en 1921 cargado de soldados con rumbo a Melilla. Foto del archivo fotográfico de la ciudad de Vigo.

La historia del Santofirme, como fue bautizado, comienza en 1896, cuando en los astilleros británicos de Sunderland, se bota el King Edgar, una nave que tiene casi 93 metros de eslora, 13,24 de manga y 6 de puntal, capaz de transportar hasta 4.400 toneladas repartidas en cuatro bodegas, y que puede alcanzar una velocidad de 9 millas a la hora. Un barco que recalará en el País Vasco donde es bautizado como Elorrio, primero, y como Begoña nº 1 después, pasar a llamarse Santofirme cuando llegue a Asturias y finalizará sus días bajo el nombre de Vicente Figaredo, cuando en 1934 sea desguazado en Bilbao.

Reproducción de la fotografía el Santofirme que incluyó Álvaro Álvarez en su artículo.

A finales de 1919 A finales de 1919, la Sociedad Luis Ibrán Armador, decide afrontar la compra del Santofirme por un precio de 4 millones de pesetas. La fuerte demanda que había de carbón tanto para la industria como para el ferrocarril, explica que se creara la naviera Sociedad Luis Ibrán Armador, que contará con una flota de cuatro buques destinados, fundamentalmente, al transporte de carbón hacia Bilbao y Barcelona.

Al final de su vida útil, el Santofirme-Vicente Figaredo habrá recorrido casi 300.000 millas marinas, en 147 singladuras, en las que se le cargaron y descargaron 540.000 toneladas de mineral, datos todos ellos que aparecen recogidos en el artículo de Álvaro.

Datos estadísticos relativos al vapor Santofirme, publicados por Álvaro Álvarez.

Entre las vicisitudes sufridas por la embarcación, en el año 1924 sufriría una colisión contra un objeto flotante, otra contra el vapor Eugenio Dutrus, además de tener que entrar de urgencia en el puerto de Lisboa por una avería en la máquinas.

Cinco años después, pasará un mes en dique seco para una revisión general que costó 115.000 pesetas de 1929, y dos años después, la tripulación se pondría en huelga para pedir un aumento de salarios, algo que finalmente se conseguiría. Una tripulación formada por casi 40 marineros, la mayoría de ellos asturianos, aunque también contaba con gallegos, cántabros, vascos y un cartagenero, todos ellos al mando del capitán Antonio Casariego.

Artículo de mi autoría publicado en El Tapín en noviembre de 2009.

En 1923 muere Luis Ibrán, y en 1926 Vicente Figaredo forma la Compañía Vicente Figaredo Armador con la flota ya reducida a sólo dos barcos, el Inocencio Figaredo y el Santofirme. Vicente Figaredo fallecerá en 1929, y en 1932 se hace cargo de la naviera Minas de Figaredo con la creación de una sección marítima.

En 1933, cuando ya se denominaba Vicente Figaredo, el buque sufrió una importante vía de agua a la altura de Valencia, cuando estaba en ruta hacia Barcelona con una carga de carbón, avería que obligó a tener que traerlo remolcado hasta el puerto de Bilbao, donde la sociedad marítima de Minas de Figaredo, decidió venderlo para chatarra.

Portada de la revista del III Encuentro de Amigos y Vecinos de Villardeveyo.

“Valorado contablemente el buque en 259.340 pesetas y recuperadas 82.500 como importe de su chatarra, más otras pequeñas compensaciones, la naviera anota en sus cuentas de 1933 una pérdida de 164.083 pesetas”, se dice en el artículo de Álvaro. Triste final para un barco que en su primer año de trabajo dejó un producto bruto de explotación algo superior al millón de pesetas.

Así se puso fin a la historia de un buque que había sido capaz de completar 147 singladuras, en las que habría transportado del orden de 540.000 toneladas de mineral, a puertos como Barcelona, Tarragona, Bilbao, Málaga, Huelva, Cartagena, Sevilla, Almería y Cádiz. En sus viajes de regreso solía llenar sus bodegas con cereal, pirita para las fábricas de explosivos, superfosfatos o ceniza, además de haber contribuido al esfuerzo bélico español en Marruecos, con el transporte de tropas, en dos ocasiones, al puerto de Melilla, como podemos ver en la foto que se muestra al inicio del artículo.