Peregrinos medievales a Jerusalén

Entrada al antigo cementerio de Lugo de Llanera, anexo en su día a la parroquial de Sta. Mª de Lugo destruida durante la Guerra Civil y reconstruida en la ubicación actual en la población de Lugo de Llanera.

Esta mañana una amiga me envió una noticia publicada en el periódico El Español el pasado mes de octubre, en la que se recogía la historia de la primera viajera de la historia, la gallega Egeria quien habría viajado a Tierra Santa allá por el s. IV, dejando además una crónica del viaje, una parte de la cual se conserva en la biblioteca de la ciudad italiana de Arezzo, donde fue descubierta por un investigador italiano en 1884.

En esos finales del s. IV llevó a cabo un viaje de alrededor de 5.000 kilómetros, lo que hace suponer que era una mujer de posibles, incluso contó con escolta del ejército romano en algún tramo del recorrido, y, sin duda, de una gran curiosidad como así demuestra su escrito o, al menos, la parte que se conserva. Un viaje de gran dureza para la época del que no sabemos si regresó a la Gallaecia, su punto de partida, o si sucumbió a las penurias del camino.

Sirva esta introducción para decir que leyendo esa noticia, me saltó a la mente la referencia a dos hombres que hicieron una donación de terrenos a la iglesia de Santa María de Lugo en tiempos medievales, precisamente cuando iban camino a Jerusalén. Así aparece recogido en un exhaustivo inventario de propiedades de la iglesia lucense en tiempos del clérigo Pelayo Domínguez, el presbítero Cristóbal, Domingo de Ciudad, Pedro Abad y Pedro Miguélez. Documento fechado de forma imprecisa entre los siglos XII y XIII, en el momento en el que la parroquial de Santa María pertenecía al monasterio ovetense de San Vicente.

En ese documento podemos leer como Pelagio Iohannes y Christóforo Iohannes, mientras iban camino a Jerusalén, donaron a Santa María, media propiedad que tenían colindante con otra propiedad de Pelayo Ectaz de Cerredo, sin que tengamos más detalles al respecto, salvo que esa donación tuvo lugar en tiempos del presbítero Christóforo, y se incluye dentro de una larga relación de heredades y pomares realizadas por una multitud de personas en ese mismo tiempo.

Literalmente se recoge en el documento: «Alio petazum médiums, que dederunt Pelagio Iohannes et Christoforo Iohannes quando ibant ad Iherusalem, sub ipsa terra de Pelagio Ectaz de Cerredo».

Seguramente el recorrido de estos dos peregrinos a Tierra Santa sería muy similar al seguido siglos antes por Egeria, y no podemos sino especular con las razones para afrontar toda una aventura, entre los que a buen seguro el componente piadoso tuvo que ser una fuerza motriz fundamental. Tampoco sabemos, como en el caso de la gallega, que deparó el destino a esos dos aventureros ni sobre las razones que les llevaron a hacer una donación como la que hicieron, a la iglesia de Santa María de Lugo, pero ahí queda este pequeño detalle recogido. Tal vez algún día algún investigador dé con la puesta de Pelayo y Cristóforo y podamos conocer más detalles de su peregrinación.

Llanera en la invasión napoleónica a través de las cartas del general Bonet

Puente de Cayés en la década de 1900.

En el ya lejano año de 1995, Perfecto Rodríguez Fernández, profesor de la Universidad de Oviedo, ya jubilado, publicó en la editorial gijonesa Auseva, un libro titulado «Cartas del general Bonet sobre la Guerra de la Independencia en Asturias (enero-abril de 1810)», en la que recoge varios centenares de cartas escritas por Bonet a sus subordinados durante esos meses, en 24 de las cuales se encuentran referencias al municipio de Llanera, en las cuales se pone de manifiesto la importancia estratégica que tenía el puente de Cayés, en las comunicaciones entre Oviedo y Gijón, pasando por La Venta de Puga, por lo que la presencia de tropas francesas en esos dos puntos va a ser más que regular.

En ese año de 1810, en enero, el general Bonet recibe la orden de Napoleón de dirigirse desde Santander hacia Asturias y tomar Oviedo. Eso fue el día 20 y después de superar la oposición que le pudieron ofrecer las tropas asturianas, el día 31 entraba en la capital asturiana y el 7 de febrero, los franceses hacían lo propio con Gijón, y el 7 de febrero Bonet escribe la primera carta (la número 88 en la recopilación de Perfecto Rodríguez), en la que se menciona una población de nuestro municipio.

Portada del libro escrito por Perfecto Rodríguez Fernández.

Se trata de La Venta de Puga, en la parroquia de Pruvia, muy cerca de la población gijonesa de Veranes, y punto importante en la carretera que une Gijón con Oviedo. En esa carta, Bonet le indica al coronel Cretin, acuartelado en la villa de Jovellanos, que «no se olvide de la compañía que se halla en la Venta de Puga», señal inequívoca de la presencia de tropas imperiales en el solar de Llanera. Unos días más tarde, ante el conocimiento de los movimientos que estaba llevando a cabo el guerrillero apodado El Marquesito, ordenará el envío de tropa a Puga para intentar obtener mayor información al respecto.

Lógicamente, para asegurar la viabilidad de las comunicaciones, los puentes son infraestructuras de gran relevancia, y de ahí que el 14 de febrero, ordene al coronel Gauthier que el batallón del comandante Lustringer envíe un destacamento a Cayés, mientras que una compañía de granaderos del 118 se instalará en el puente de Colloto. Unas tropas que dejarán sentir su presencia también en la parroquia de San Cucufate, hasta donde llegaban las patrullas que Bonet enviaba desde Oviedo, como señala en una carta fechada el 23 de febrero de 1810.

Puente y molino de Cayés en la década de 1910.

La situación inestable en el frente asturiano, hizo que Bonet tuviera abiertas las posibilidades de tener que retirarse hacia Pola de Siero, como así tendría que terminar haciendo, y en otra misiva valoraba la posibilidad de retirarse desde San Cucufate hacia Cayés, puente que como el de Brañes, estaba controlado por sus tropas, y las patrullas entre ambos puntos del municipio de Llanera eran diarias sin encontrar ninguna oposición armada.

En el mes de marzo, el general ordena el despliegue de 30 soldados y un oficial en Cayés, con la misión de proteger el puente colocando un puesto en altura para controlar la posible llegada del enemigo desde la vecina San Cucao. Considera suficiente ese contingente y otros desplegados por zonas próximas «al no estar el enemigo presente en esta parte y no tener más que algunos campesinos para combatir en esa zona». Lo que no va a ser óbice para que en marzo, en una carta enviada al comandante Lustringer, muestre cierta alarma por la presencia de ocho jinetes procedentes, supone él, de Pravia.

La Ponte, Cayés.

Días después, Bonet reforzará la guarnición del puente de Cayés con un total de un centenar de hombres y un oficial, con la misión añadida de hacer reconocimientos diarios hasta San Cucufate. Eran tropas del regimiento 118 y la orden se cursó el 11 de marzo. Sin embargo, una semana más tarde, tal vez por la necesidad de reunir tropas para hacer frente a la amenaza de las tropas asturianas, reduce la necesidad de hombres en Cayés a medio centenar.

Al día siguiente, 19 de marzo, el general Bonet se congratula por la llegada del comandante Lustringer con su batallón, y le ordena enviar al día siguiente por la mañana, la mitad de sus tropas a efectuar un reconocimiento a San Cucufate, mientras que la otra mitad tenía que ocupar las alturas que dominan el puente de Cayés. Unas órdenes que no se cumplieron con exactitud y el general muestra su disgusto con el comandante en una misiva que le remite el día 20 de marzo y el 29, le insiste al coronel Duclos, sobre la necesidad de ubicar un centenar de hombres para proteger el puente cayesino y la aldea de La Corredoria.

La Venta de Puga.

En las últimas cartas en las que se menciona a poblaciones de Llanera, será La Venta de Puga la protagonista, primero para ordenar al coronel Cretin el envío de un destacamento para asegurar la correspondencia. Eso el 31 de marzo, mientras que el 6 de abril ordena el regreso de ese destacamento, que sería relevado, al día siguiente, por otro que permanecería únicamente hasta las nueve de la mañana.

La última de las cartas relacionada con nuestro concejo, está fechada el 23 de abril de 1810, y en ella le pide a Cretin que aumente en una compañía el regimiento 118, hasta La Venta de Puga, punto clave para mantener abierta la ruta de comunicación entre las dos principales ciudades asturianas.