
Desde que a mediados del siglo XIX se levantaron las restricciones a la emigración y hasta los años 30 del siglo XX, la isla caribeña de Cuba fue uno de los destinos principales de la emigración de nuestros convecinos de Llanera en un volumen ciertamente considerable, ya que nuestro concejo fue uno de los de principal emigración ultramarina de toda la región. Lógicamente, los emigrantes cuando llegan a un nuevo lugar buscan el apoyo de sus compatriotas, y de ahí la formación de sociedades como el famoso Centro Asturiano de La Habana, además de asociarse por los lugares de origen, para así seguir manteniendo, en cierta medida, el contacto con el lugar de nacimiento.
El ejemplo más antiguo que tenemos de organización de los asturianos allende los mares, lo tenemos en México, país en el que la colonia asturiana en 1732, funda un colectivo con el fin de celebrar la fiesta de la Santina en la iglesia conventual de Valvanera. En Cuba, esas asociaciones, con la finalidad de ayudar a aquellos compatriotas a los que no les iban bien las cosas, dieron comienzo en 1877 con la Sociedad Asturiana de Beneficencia de La Habana. En 1892 se inaugura la sede del Centro Asturiano de La Habana.

Nuestros convecinos no tomarán la iniciativa de asociarse hasta que un grupo de naturales del concejo, se reúna un 8 de agosto de 1912 y tome la iniciativa de formar lo que será conocido como Club Llanera de La Habana, cuya presentación en sociedad tendría lugar el 2 de mayo del año siguiente, por medio de una jira celebrada en la finca La Lira en Arroyo Apolo. Su primer presidente y el más longevo en el cargo fue Francisco García Suárez (Carbayal de Bonielles, 1864 – La Habana, 1923), gracias a permanecer al frente de la sociedad entre los años 1912 y 1920.

La forma de dar a conocer la idea de la asociación fue a través de la prensa, con la publicación de una convocatoria dirigida a todos los naturales de Llanera residentes en La Habana con el objeto de fundar un club o sociedad “que además de servirnos de lazo de unión, nos permitiera iniciar obras beneficiosas en nuestro solar nativo, que demostrase a los de allá, que los que aquí seguíamos teniendo el mismo cariño, la misma devoción, por el lugar donde vimos la luz primera”.
La primera reunión se mantuvo el 8 de agosto de 1912 y una semana más tarde quedaba configurada la directiva encargada de poner en marcha al colectivo, encabezada por Francisco García Suárez, en ese momento vicepresidente del Centro Asturiano, acompañado por José María Martínez Álvarez como vicepresidente, Luis García Suárez en el cargo de tesorero, y con José Suárez Vega en el de secretario, además de un total de 22 vocales.

Para ilustrar la portada del programa de la jira con la que el Club se presentó en sociedad en mayo de 1913, se eligió una imagen del Molinón de Guyame, y el menú consistió en un total de nueve platos, incluido el postre, entre los que había una fabada aderezada con unas morcillas “hechas expresamente en Llanera, para esta jira”, tal y como se dejaba constancia en dicho programa.
Ese mismo día se llevó a cabo la bendición del estandarte del Club, bordado en Oviedo por Carmen Flores, por aquel entonces prometida del futuro presidente, Manuel Menéndez Díaz, en un acto en el que ejerció de madrina Teresa Pujol, esposa de don Pancho, mientras que su hijo Francisco ofició de portaestandarte.

El club iniciará su andadura con la nada despreciable cifra de 200 socios, y aunque sufrirá una escisión muy pronto con la fundación del Círculo Llanera, en 1923 ambas sociedad se reunificarán de nuevo en una sola. En agosto de ese año se nombra una nueva junta directiva reunificada celebra una reunión y en ella se decide nombrar a Joaquín Ablanedo presidente de la Comisión de Propaganda. Todos unidos bajo la presidencia del natural de Guyame, José María Martínez.

Dejo para próximos artículos desgranar más detalles sobre el Club Llanera de La Habana, sobre la figura de don Pancho y acerca de los proyectos, unos fallidos y otros culminados con éxito, auspiciados por nuestros coterráneos desde la distancia y que hoy son parte de la historia y del paisaje de nuestro concejo.