
Cuando llegamos al año 1927, la capital municipal, Posada, además de Cayés, Ables y San Cucufate, son las poblaciones y parroquias que en mayor o menor medida, incluso polémicas mediante, cuentan con alumbrado público en lo que suponía la llegada de uno de los elementos de modernidad que, poco a poco, se iban abriendo paso en el municipio. Así, no es extraño que otras poblaciones empiecen a demandar ese nuevo adelanto tecnológico como fue el caso de Guyame, perteneciente a la parroquia de San Cucufate, cuya petición fue presentada en el pleno municipal del 13 de agosto de 1927, por el concejal de la parroquia, Eloy Álvarez, y el suplente, Leoncio López.
Ellos pidieron a sus compañeros de corporación «se de la debida protección a los vecinos del barrio de Guyame para que puedan disfrutar del fluido eléctrico al igual que los convecinos de S. Cucufate y Ables.» El resto de concejales se muestran de acuerdo con esta petición siempre y cuando «además de la petición antedicha se comprometen a realizar beneficios para que de esta manera la Sociedad Popular [Ovetense] pueda suministrar a dicho pueblo la luz eléctrica.» Carecemos de datos que nos permitan saber cuándo llegó finalmente el fluido eléctrico a esa población.

Al año siguiente, 1928, El Noroeste incluye en sus páginas un ruego al alcalde de Llanera, Celestino G. Tresguerres, recordándole que los vecinos de La Venta del Gallo llevan ya un tiempo largo pidiendo contar con alumbrado público, una petición que para el redactor es lógico que se atienda «porque es un barrio de alguna importancia industrial y máxime teniendo en cuenta que en el límite de Lugones se halla establecido.» Tampoco tenemos constancia de cuando fue finalmente atendida esa demanda.

Si sabemos fehacientemente, gracias al diario Región del 17 de junio de 1928, que los vecinos de Andorcio, uno de los barrios de la parroquia de Ables, se disponían a celebrar, ese mismo día, domingo, a partir de las cuatro de la tarde, la llegada del fluido eléctrico suministrado por la Sociedad Popular Ovetense (SPO). Para ello, los vecinos organizaron «una romería que será amenizada por varios organillos y la música del país.» En el artículo anterior, veíamos como tanto el barrio alto como el bajo de Ables lograban la llegada de la electridad, y con la incorporación del barrio de Andorcio, la parroquia se ponía en cabeza del municipio en cuanto a la extensión de la electricidad.

Una extensión que no estaba exenta de problemas, por la necesidad de hacer un buen mantenimiento de la instalación, y precisamente desde Ables, un mes después de la celebración llevada a cabo en Andorcio, llegan peticiones, a través de las páginas de Región del 7 de julio de 1928, para que el empleado municipal contratado para hacer el mantenimiento eléctrico cumpla con sus funciones, lo que nos hace sospechar que, lo mismo que vimos en su momento con el alumbrado en la capital municipal, en ese año se empezó a poner de manifiesto el descuido en el mantenimiento de la red.

Por una pregunta planteada en el pleno del 11 de diciembre de 1930, por el concejal del Partido Reformista, Severino Coterón, sabemos que el alumbrado con el que contaba el municipio a esa fecha, le costaba al ayuntamiento en torno a las 3.000 pts, por el dato facilitado por el interventor municipal. En ese mismo pleno, se trata de la oferta realizada por dos vecinos de Cayés, Benjamín González Suárez y José González, para hacerse cargo del mantenimiento y encendido de todo el alumbrado público de Llanera «poniendo por su cuenta los materiales, comprometiéndose al recambio de lámparas dentro de las veinticuatro horas en que dejen de lucir y al inmediato arreglo de averías, excepto las de los transformadores y líneas en que la fábrica no consiente toquen más que sus empleados y dejando a su servicio al actual empleado de San Cucufate hasta que vaya a cumplir con sus deberes militares, todo por la cantidad anual de mil trescientas pts.» A la vista de las condiciones, el pleno acuerda que ambos se hagan cargo del servicio a partir del día 1 de enero siguiente.

El siguiente núcleo de población del que se empieza a hablar para recibir el fluido eléctrico será Lugo de Llanera en el año 1929. Esta vez será el diario El Comercio el 14 de junio de ese año, el que dé la noticia de que la SPO y su director e ingeniero, Julio Eguilaz, atendiendo a las peticiones que le estaban llegando desde la población, toma la decisión de «surtir de energía eléctrica el mencionado barrio.» El periódico se muestra optimista en relación a los plazos y aventura que «en fecha próxima se celebrará solemnemente la inauguración del alumbrado.»

La empresa empieza a hacer los trámites para lograr que Lugo cuente con electricidad, y el diario Región nos informa, el 28 de junio, que la SPO solicita a la Diputación la pertinente autorización para construir una línea alta tensión «desde Lugones a Villabona, con objeto de extender lo servicios de alumbrado y fuerza motriz a los pueblos de Lugo y Villabona.» La burocracia administrativa es como es y no será hasta finales del año siguiente, 1929, cuando la SPO reciba el visto bueno al expediente (Región, 13 de diciembre de 1929).

Tampoco eso aceleró la llegada del adelanto tecnológico a la población de Lugo, ya que todavía tendría que esperar otros cinco años para ver su anhelo cumplido. El Noreoste, el 16 de agosto de 1934, nos dice que coincidiendo con la fiesta de Nuestra Señora de La Asunción, se producirá la «inauguración del tendido eléctrico», seguramente de ahí «el entusiasmo indecible que reina, se barrunta tres días grandes para todo el mundo, particularmente para la gente bailadora y la gente menuda.» Una alegría que, como casi siempre, no fue completa ya que al año siguiente, el mismo periódico publicaba un elocuente titular: «La estación en tinieblas», seguido de una no menos incisiva apertura: «Nos referimos á la del Norte, ubicada en Lugo de Llanera. A veces ocurren cosas anormales debido exclusivamente al desdén que llega á apoderarse totalmente de los hombres flojos de espíritu, cuando en realidad, con ‘dar vuelta á la hoja’, se penetra en la normalidad de lo anormal, sin necesidad de ser ningún erudito en geometría…»

En resumen se refiere a la ausencia de iluminación eléctrica de una estación situada a medio camino entre Lugones y Villabona, con un notable tráfico tanto de personas como de mercancías y, al parecer, iluminada únicamente por un farol de petróleo «que como mocho de la vida antigua cuelga de la pared consumiendo un artículo extranjero.» Lo mismo ocurre en la zona de almacenaje de la estación «que es más bien almacén de trastes viejos que de depósito de mercancías.» La sala de espera está igualmente a oscuras, pero eso sí decorada «con infinidad de letreros del departamento de Sanidad dando reglas para lograr la salubridad pública.»






