
Hoy un breve artículo para comentar un hecho curioso acontecido en la parroquia de San Cucufate allá por 1926, o sea, hace poco menos de un siglo, y del que se hizo eco La Voz de Asturias en enero de ese año. El caso es que los vecinos de la zona empezaron 1926 con una extraña inquietud debido a la presencia de un «ser extraño» que, según algunos testigos, hacia su acto de aparición en horario nocturno en los aledaños de la «fuente llamada de Sobiña [Soviña]»
Como suele ocurrir con esta clase de relatos, cada uno que lo contaba iba añadiendo características a la aparición. Así, en el artículo periodístico se decía que por los ojos «despedía chispeantes llamas y producía un imponente ruido», descripción que atribuía el periodista a «personas desocupadas», que le daban al «cosu» características propias de un dragón.
Un anónimo redactor que, si bien reconocía no creer en tales cosas ni considerarlo tema adecuado para ser llevado a letras de molde, se veía obligado a hacerlo «a instancias de queridos amigos y lectores que desean su divulgación para patentizar una vez más la incomprensión de determinadas personas».
Sea como fuere, la noticia de semejante aparición fue corriendo por la parroquia, hasta que un valiente, como lo define nuestro cronista aunque deja en la oscuridad la identidad del mismo, decidió formar un grupo para poner fin a la aparición de ser tan enigmático. La convocatoria tuvo éxito, logrando reunir a una treintena de vecinos, aunque en el titular eleva su número a 50, cada uno de ellos pertrechado con su garrote correspondiente, que una cosa es no creer en apariciones, y otra muy distinta, acudir a una cita así sin ir debidamente protegido.
Esos «aguerridos defensores de la tranquilidad pública«, se acercaron con las debidas precauciones a la fuente, donde detectaron la presencia del extraño ser. Suponemos al jefe de la cuadrilla dar la orden de ataque, a la que responderían todos a una, para liarse a garrotazos con la criatura, algo que parece ser que hicieron con especial energía hasta que, en un momento dado «alguien se dio cuenta de que la víctima de la paliza era un muñeco debidamente preparado y un aaaah unánime puso fin a la batalla», según podemos leer en La Voz de Asturias.
De esa forma tan chusca se puso fin a las apariciones de ser tan extraño, y como cierra su artículo el periodista de La Voz de Asturias: «si supiéramos que éramos atendidos nos atreveríamos a pedir una recompensa para aquel que le puso fin con su decisión valerosa».
Para cerrar les dejo la captura con la noticia completa.




