El ayuntamiento que pudo haber sido y no fue

Fachada del edificio consistorial proyectada por Francisco Casariego. Foto del autor.

El viernes 21 de abril de 2023, se presentó en la Plaza de La Habana de Posada de Llanera el primer número de la revista Cartafueyos de Llanera Revista Cultural del Concejo, en la cual publico un artículo que reproduzco a continuación añadiendo el soporte visual que fue imposible incluir en la publicación en papel ,y que supone sacar a la luz por primera vez los planos completos de un proyecto arquitectónico del que únicamente se tenía noticia por las noticias aparecidas en prensa y las alusiones contenidas en las sesiones plenarias del Ayuntamiento de Llanera.

La apertura

Corría el año 1920 cuando tenemos las primeras noticias acerca de la intención de los responsables municipales, presididos por el alcalde, Joaquín Palacio Muñiz, de proceder a la construcción de un nuevo edificio consistorial, para lo cual el pleno acuerda adquirir un inmueble en Posada con el fin de dedicarla a juzgado y a ayuntamiento, mientras que el edificio que dejaría libre el consistorio se procedería a su reparación para que pudiera acoger el cuartel de la Guardia Civil.

En la toma de decisión de levantar un nuevo edificio consistorial, parece que concurrieron dos circunstancias. Por un lado, la amenaza lanzada por el jefe del contingente de la Guardia Civil instalado en la capital municipal, de suprimir la presencia de la Benemérita si no se le facilitaban unas instalaciones capaces de albergar en condiciones a los agentes y, por otro, la necesidad de mejorar las condiciones de la Casa Consistorial.

Eso queda así reflejado en el acta de la sesión plenaria del 10 de enero, cuyo primer punto del orden del día se centró en dar cuenta a los concejales acerca de una sesión extraordinaria, previsiblemente de la Comisión Permanente aunque no se explicita, llevada a cabo para afrontar este asunto.

Se informa al pleno del ofrecimiento hecho por Rosalía González Ablanedo, de una casa para dar solución al problema “teniendo en cuenta la gran necesidad que existe, por tratarse del caso de alojar la fuerza de la gda [sic] civil”, un asunto que requería atención rápida, toda vez que el mando de la Benemérita amenazaba con “que si en un plazo perentorio no se adquiere donde alojar la fuerza, suprimiría el puesto de este concejo.”

La amenaza no surtió ningún efecto sobre los concejales, y Severino Coterón Menéndez, representante del Partido Reformista, pide que la propuesta de Rosalía González se deje sobre la mesa por espacio de una semana para poder hacer un estudio más detenido de la misma.

La propuesta del reformista, en medio de una corporación dominada por el elemento conservador, fue rechazada por mayoría, decantándose en cambio por acordar el inmueble ofrecido y abonar el importe de 25.000 pesetas propuesto por la propiedad, repartidas en 9.000 a pagar al contado “y las diez y seis pesetas restantes, en obligaciones de dos mil pesetas cada un año con el cinco por ciento de interés anual.”

Fachada lateral del consistorio. Foto del autor.

Asimismo, se acuerda que el inmueble que se pretende adquirir será dedicada a Consistoriales y Juzgado, además de dependencias auxiliares, mientras que el edificio que liberará el ayuntamiento se procederá a su acondicionamiento para su uso como cuartel y caballerizas para la Guardia Civil “y todo lo necesario para ese fin, y que dada la gran necesidad se den principio á las obras lo antes posible.”

Por la revista Asturias y el artículo del por aquel entonces secretario municipal, Ramón Rayón, del 4 de abril de 1920, sabemos que el contingente de la Guardia Civil se encontraba en aquellos momentos acuartelado en Villabona, después de que Fernando Ablanedo, propietario del inmueble que ocupaba el instituto armado hubiera procedido a su venta a la Sociedad Hijos de Guisasola, para la instalación de una botica y de un comercio al por mayor, y de ahí la reclamación del cuerpo de su reubicación.

Como buen conocedor de la realidad municipal, Rayón no evita transmitir las dificultades existentes para que el proyecto salga finalmente adelante debido a la existencia de “una tirantez política tan grande que es causa de no poder efectuarse cualquier empresa que se proyecte”, aunque en esta ocasión muestra su confianza en que se lleve adelante “para el bien de todos.”

Fuera por esa tensión política o por otra cuestión, el caso es que el asunto entró en vía muerta durante unos meses y no será hasta septiembre que se vuelva a asomar al plenario municipal, ya con la presencia de un nuevo alcalde, Manuel Alonso Rodríguez.

Por ese tiempo, la Guardia Civil ya parece haber vuelto a la capital municipal, toda vez que se discute sobre la necesidad de ampliar, como se lee en el acta de la sesión del 4 de septiembre, “en la parte Norte un local para destinar a cocinas para la casa cuartel.” El plenario acuerda llevar adelante las obras y, en el punto siguiente del orden del día, se toma la decisión de requerir a Rosalía González con el fin de firmar la escritura de compra venta del inmueble que el consistorio había acordado adquirir, para lo que se le da un plazo de 30 días. Ya no vamos a tener más noticias sobre el asunto hasta que en plena dictadura primorriverista y bajo la alcaldía de Celestino Tresguerres, se active el proyecto ya con una madurez mayor que hacía presagiar que el municipio podría por fin contar con unas nuevas Casas Consistoriales.

Fachada posterior. Foto del autor.

La polémica

A finales de 1926, concretamente en el mes de diciembre, será cuando se reactive el proyecto de nuevo ayuntamiento mediante la reserva en los presupuestos municipales de 15.000 pesetas ante la “necesidad de construir una nueva Consistorial”, obras que debían de estar en marcha, ya que en el acta del día 11 de diciembre se dice que la cantidad se guarda “a reserva de que la Corporación, en sucesivos presupuestos vote el crédito suficiente para terminar las obras.” Obras que más parecen tener que ver con reparaciones en el edificio ya existente, ya que no será hasta 1929 cuando el plenario vea los planos de lo que iba a ser el nuevo edificio consistorial.

En julio de ese año, concretamente el día 20, el alcalde Tresguerres plantea a sus compañeros de corporación la “gran necesidad de construir una nueva Consistorial y una Casa-Cuartel”, y pide al interventor que explique a los concejales cual es la manera de disponer de los fondos necesarios para ello.

La explicación que ofrece incluye utilizar para ese menester 40.000 pesetas procedentes del superávit del presupuesto de 1928, unidas a las 20.000 reservadas para el mismo fin en las cuentas del año en curso, a lo que se sumaría un crédito por otras 10.000 pesetas destinadas a las obras en el cuartel de la Benemérita. Esas cantidades, según el interventor, serían suficientes para iniciar las obras y se tenía la previsión de finalizarlas gracias al presupuesto para el año 1930. La propuesta del interventor logra el apoyo por unanimidad de la corporación.

Será en el mes de noviembre de 1929, cuando apenas si quedan unos meses para finalice la dictadura de Primo de Rivera, en enero siguiente, y con ella el mandato de los ayuntamientos de ese periodo, el momento en el que se presente a los concejales los planos del nuevo edificio proyectado por el arquitecto Francisco Casariego (Oviedo 1890-1958).

De nuevo Tresguerres vuelve a insistir a sus concejales en la necesidad de llevar adelante la obra del nuevo edificio, para lo cual se hace imprescindible proceder a la compra de un solar capaz de acoger el edificio proyectado por Casariego. El solar que parece más adecuado, tal y como se lee en el acta del pleno del 30 de noviembre, parece ser uno propiedad de Carmen García Martínez, algo con lo que el redactor del proyecto también parece estar de acuerdo y así lo ratifican los concejales por unanimidad.

De nuevo gracias a una publicación editada en Cuba, El Progreso de Asturias, con destino a la comunidad asturiana, como también lo era la revista Asturias que mencionamos anteriormente, sabemos que el proyecto de nuevo ayuntamiento era acogido con suspicacias en la capital municipal, al considerar que “lo que pretender hacer los señores concejales ahora, no es cubrir una necesidad apremiante, construyendo un edificio de tanta cuantía y máxime teniendo en cuenta que el arca municipal no está en condiciones para hacer tan gran desembolso”. Según la memoria económica que acompaña a los planos de Francisco Casariego, el importe total de la obra sería de 151.101,46 pesetas.

Resumen del presupuesto. Foto del autor.

El anónimo cronista de El Progreso de Asturias, que publica la información en su número del 30 de enero de 1930, pide que se utilice el solar vecino a la plaza cubierta, donde antiguamente se llevaba a cabo el mercado de ganado, para dotar a Posada de un parque, teniendo en cuenta que los vecinos “carecen en absoluto de lugares de esparcimiento”, además de cumplir con el compromiso adquirido por el ayuntamiento con el Club Llanera de La Habana “de higienizar los alrededores de la Plaza cubierta, que buena falta hace”, y supondría una “verdadera obra de embellecimiento y de utilidad pública”, concluye el artículo.

Con esas críticas probablemente en mente, la nueva corporación presidida por José González Solares, una vez puesto fin a los ayuntamientos del periodo dictatorial, decide aprobar unos presupuestos municipales en los que se aumenta la partida dedicada a la reparación del viejo ayuntamiento y otros edificios en 2.000 pesetas, y en 5.000 pesetas para los gastos de calefacción. A estas alturas, el edificio de casa cuartel seguía sin construirse como demuestra el hecho de que en ese presupuesto, aprobado el 8 de marzo de 1930, se aumenta de 7.000 a 13.500 pesetas la partida para levantar el nuevo cuartel.

El 19 abril el concejal José Rodríguez, pregunta en pleno acerca de la compra del solar sobre el que supuestamente se iba a edificar el nuevo consistorio, sin que el acta de la sesión recoja si recibió respuesta alguna a su demanda.

Sí es más expresiva el acta del pleno del 28 de junio, presidido por Eugenio Vázquez Rodríguez, si bien tuvo que abandonar el salón de sesiones al tener un interés personal en el asunto de la compra del solar, tal y como le recordó el concejal Severino Coterón, que es quien fuerza el abandono del pleno por parte de Vázquez, quien fue sustituido por el primer teniente alcalde, José González Solares.

Cumplido con ese trámite, se pasa a dar lectura a la escritura firmada el 2 de enero de ese mismo año 1930, otorgada por Carmen García Martínez, ante el notario López Urrutia, por el cual se procedió a la venta de un solar de 3.420 metros cuadrados de superficie, sito en la capital municipal, a razón de 4,75 pesetas el metro cuadrado, con destino a la nueva consistorial.

El presidente de la sesión pide que el pleno denuncie esa escritura “por haber suficientes terrenos propios del municipio”, y amparándose en un Real Decreto publicado ese mismo mes, por el cual se autoriza a los municipios a declarar lesivos todos los acuerdos adoptados a partir del 13 de septiembre de 1923, con el fin de poder recurrir a la vía contencioso administrativa para obtener el resarcimiento que se vea conveniente. El plenario acuerda finalmente intentar una avenencia con la propiedad con el fin de no llegar a la vía judicial, y si este no fuera posible “promover recurso contencioso contra los acuerdos de la Corporación de la Dictadura referentes a la compra a Dña Carmen García de un solar para nueva Consistorial y anular la escritura pública otorgada.”

Detalle del presupuesto adjunto al proyecto. Foto del autor.

El asunto vuelve al pleno el 11 de octubre, para estudiar el informe jurídico que se había solicitado a los abogados José Buylla y Ramón G. López. Ambos letrados coinciden en la procedencia de declarar lesivos los acuerdos tomados al respecto por la corporación presidida por Tresguerres, pedir a los tribunales que declaren la escritura nula, para, a continuación, acudir al juzgado para pedir daños y perjuicios. Así lo acuerda el pleno facultando al alcalde para que en el plazo de ocho días de un poder en nombre del ayuntamiento, a los procuradores Bueres, Cabañas, Pedrosa y Emilio Valdés, además de encargar la defensa al letrado Ramón González López.

En el turno de ruegos y preguntas de esa misma sesión, el edil Severino Coterón, indaga acerca del recuento de la madera adquirida con la finalidad de ser destinada a la construcción de la nueva consistorial, y si fue trasladada al almacén municipal. Al mismo tiempo, se interesó por saber a qué capítulo del presupuesto se imputó ese gasto así como el de los planos. El alcalde le responde que la madera aún está en posesión del vendedor, Manuel Braña, y que los costes de su compra, traslado y de los planos se imputaron al presupuesto de 1929, sin que se explicitara la cuantía de ese gasto.

El asunto de los costes de la madera, volverá a ponerse de manifiesto en el pleno del 8 de noviembre, en el transcurso del cual se discute partida por partida, el presupuesto presentado por el carpintero Manuel Braña, algunas de las cuales son rechazadas. El plenario acuerda abonar 513 pesetas, excluyendo el coste del seguro contra incendios que era de 100 pesetas. El aporte de madera necesitó del viaje de tres carpinteros a Gijón para proceder a su selección y transporte hasta Llanera.

Se da un plazo de 48 horas a Manuel Braña para que acuda al ayuntamiento para ser informado sobre el acuerdo adoptado y, en caso de conformidad, proceder al traslado de la madera o, en caso de disconformidad, acudir al juzgado para que permita el traslado de la madera que aún estaba en su poder, ya que una parte ya se encontraba almacenada en la Plaza de Abastos, donde un recuento realizado por el concejal Celedonio García, había detectado la falta de 200 piezas, ante lo cual se decide iniciar una investigación para intentar averiguar el paradero de las mismas. Un material que volverá a asomarse a las páginas de la prensa socialista, cuando el diario Avance publique el 26 de noviembre, que “continúa almacenada la madera comprada en mal hora por el Ayuntamiento de la Dictadura, para la construcción de la nueva Casa Consistorial”. El municipio asegura que “todavía no se ha recibido el permiso del ministerio de Hacienda para proceder a la subasta, permiso que le fue pedido hace tiempo”, como podemos leer en el mismo artículo. Del destino de la madera nunca más se supo.

Carpeta que contiene el proyecto de casa consistorial. Foto del autor.

El arquitecto

El ayuntamiento, como ya hemos visto, encargó la redacción de los planos al ovetense, Francisco Casariego Terrero (1890-1950), arquitecto y pintor. Dejando de lado esta segunda faceta, decir que estudia arquitectura en Madrid entre 1910 y 1916 al mismo tiempo que estudia en la Academia de Artillería, para más tarde ejercer como arquitecto municipal en Langreo; en 1921 ejerce como arquitecto de catastro; y, entre 1922 y 1940 lo hace como arquitecto municipal de Oviedo.

Cuando le llega el encargo de realizar los planos de un nuevo ayuntamiento para Llanera, ya era un profesional con una importante trayectoria, como demuestra el hecho de que, junto con el ingeniero municipal, Ildefonso Sánchez del Río, había realizado el proyecto del ensanche de varias calles de la capital asturiana, incluyendo algunas intervenciones en la Fábrica de Armas.

De su mano salió una amplia obra arquitectónica, tanto en Asturias como fuera de las fronteras regionales. Como veremos en los planos del consistorio de Llanera, por esos años era un arquitecto caracterizado por la solidez constructiva y el manejo de elementos regionalistas e historicistas como se aprecia en la Casa del Arco Iris, el edificio de viviendas de la calle Uría 25, el Cine Principado en la calle Cabo Noval ya desaparecido, o la colonia Ladreda conjuntamente con Enrique Bustelo, todas ellas obras de los años 20.

Probablemente el proyecto de mayor interés dentro de su obra arquitectónica sean las instalaciones del Orfanato Minero de Oviedo, creado en 1929 gracias al acuerdo entre el SOMA y el gobierno de Primo de Rivera, para atender las necesidades de los huérfanos de la minería. Un adelanto muy importante por lo que tocaba a la atención de los menores, en un momento en el que la siniestralidad minera era muy alta dejando a muchas familias en una situación de extrema vulnerabilidad.

La construcción se inicia en 1931 bajo la dirección del ingeniero de minas, Ernesto Winter, y el proyecto fue obra de los arquitectos asturianos Enrique Rodríguez Bustelo y Francisco Casariego, quienes contaron con la ayuda de Ildefonso Sánchez del Río, en todo lo que tuvo que ver con la estructura de hormigón armado con la que cuenta el edificio. En Llanera sí llegó a construir el edifico de Cerámicas Guisasola en 1947.

Portada del proyecto. Foto del autor.

La fachada principal no sólo se privilegiaba con el pórtico y con el balcón, sino que se añadía una apertura rematada por escudo y con un aparejo de piedra que continuaba el del piso inferior hasta concluir todo el frente con un reloj y un remate en el tejado que recuerda al que podemos ver en el Ayuntamiento de Oviedo, siguiendo modelos historicistas procedentes del siglo XIX ya muy ensayados en la arquitectura de algunos de los ayuntamientos asturianos, como los que hemos mencionado con anterioridad.

En las fachadas laterales se rompe la monotonía del muro continuo, dando un ligero resalte al cuerpo central, hasta el antepecho de sendas ventanas relacionadas con los dormitorios de las dos viviendas que ocupan todo el espacio de la segunda planta, una destinada al conserje del edificio y otra al secretario municipal.

El edificio estaba formado por una planta de sótano con una serie de habitáculos que reproducen la estructura de habitaciones del piso inmediatamente superior. Desde el pórtico se accedía a la planta baja que era la ocupada en su totalidad por las instalaciones del Juzgado Municipal, con un vestíbulo de acceso a cuyos lados se sitúan tanto el despacho del juez como la Depositaría, y con un patio central como elemento organizador del espacio, una sala de juicios, las instalaciones de calefacción y la cárcel municipal la cual tenía un acceso independiente por la parte trasera del edificio para llegar a las dos celdas con las que contaba, y el despacho del secretario municipal.

Planta segunda del edificio proyectado. Foto del autor.

Por medio de unas escaleras se subía al primer piso, destinado a acoger el Ayuntamiento propiamente dicho, con su Salón de Sesiones con salida al balcón sobre la fachada principal, despachos para el alcalde, el secretario, archivo y otras dependencias.

La estructura interna se remataba con un segundo piso dedicado exclusivamente a acoger las viviendas del conserje y del secretario, con sus correspondientes dormitorios, cocinas, comedor y baño, junto con el acceso al reloj. No será hasta los años 60, concretamente hasta 1969 cuando Llanera pueda presumir de tener un nuevo edificio consistorial, que en su día supuso una mejora muy importante y que sigue en uso en este siglo XXI, mostrando ya múltiples carencias que hacen aconsejable pensar en la elevación de una nueva construcción, adaptada plenamente a las necesidades de un municipio en crecimiento y con servicios municipales distribuidos en diferentes localizaciones dentro de la capital municipal.