Documentos inéditos amplían la nómina de alcaldes del siglo XIX

Comunicación del alcalde al pedáneo de Lugo del 29 de julio de 1848.

Al igual que mi artículo anterior, este debe mucho a la generosidad de un vecino de nuestro concejo, a quien agradezco infinitamente que me proporcionara el conjunto de documentos, fechados entre los años 1847 y 1848, que son la base de este artículo y que permenecían inéditos hasta ahora. Se trata de alrededor de una veintena de comunicaciones enviadas por los alcaldes del municipio, Francisco Rubín de Celis y Ramón Ablanedo, al pedáneo de Lugo, Francisco Álvarez Guerra, y que fueron agrupadas de forma somera con un cordel sin guardar un orden cronológico.

Hay que tener en cuenta que estos son los documentos más antiguos relacionados con la actividad municipal, que parecen conservarse, toda vez que en el archivo municipal se conservan las actas municipales desde 1859. Documentos que nos permiten, además, añadir dos nombres más a la lista de alcaldes del concejo, como son los de Francisco Rubín de Celis y Ramón Ablanedo. Hasta ahora encabezaba la lista Antonio López Coto, quien dirigió los destinos municipales entre 1859 y 1861.

La serie de documentos se abre con dos relacionados con el nombramiento de Francisco Álvarez como alcalde de barrio de la parroquia de Lugo de Llanera, por el Gobierno Político de Oviedo, cargo que sería efectivo una vez que prestase juramento ante el alcalde el 1 de enero de 1848. Así se lo comunica Francisco Rubín, quien estaba ya al final de un mandato que previsiblemente habría dado comienzo en enero de 1846, toda vez que la primera comunicación que recibe el nuevo pedáneo de Lugo, ya está firmada por Ramón Ablanedo.

Nombramiento de Francisco Álvarez como pedáneo de Lugo.

Esa primera comunicación tiene fecha del 8 de enero de 1848, y en ella se le pide que a la salida de misa informe a los asistentes de la necesidad de, aquellos que lleven «terrenos aforados por el Ayuntamiento», cumplan con el pago de la renta o canon correspondiente, cuyo plazo «venció el último Sanmartino», con un plazo de seis días para hacerlo, pasados los cuales se procederá al cobro por la vía de apremio.

Los temas relacionados con el pago de impuestos van a ser uno de los de mayor presencia en las comunicaciones, y en ocasiones misiones desagradables relacionadas con ello. En febrero recibirá la orden del primer edil de convencer al pedáneo anterior de la necesidad de entregar en el ayuntamiento las cantidades abonadas por los vecinos de Lugo, y le insista en «que al preciso termino de veinticuatro horas ponga en poder del depositario del Concejo las cantidades que se hallan recaudadas y el resto lo verifique al tercero día».

También en febrero, el pedáneo tuvo que hablar con un tal Pedro Fernández, uno de los cobradores de tasas e impuestos con los que contaba el ayuntamiento, para recordarle la necesidad de que «haga la paga del segundo semestre y rentas del anterior dentro de segundo dia pena de apremio».

Detalle de la comunicación del 16 de septiembre de 1848.

El aviso a los vecinos a los que les tocaba presentarse para el sorteo del servicio militar, será otra de las funciones que cumplían los pedáneos, para lo cual recibían como podemos ver en la imagen superior, un listado con los jóvenes que tenían que presentarse en el ayuntamiento para la talla. Convocatoria que se publicaba en misa, y se les advertía de que de no presentarse voluntariamente, sería el alguacil el encargado de proceder a su conducción teniendo que correr los padres con los gastos que se pudieran derivar de la gestión.

La seguridad pública va a ser otro de los cometidos del alcalde de barrio, al hacerle responsable de la elaboración de un censo de armas en el que estuvieran incluidos todos los vecinos «y mas personas de casa de cualesquiera edad y estado, quien sean, sin quedar una, bajo de toda responsabilidad y se remitirá dentro de ocho dias sin quedar alguna», según la instrucción recibida en enero, no consta el día, de 1848. Asimismo, se le autoriza para tomar «cuantas medidas le dicte su celo», incluso con la formación de «patrullas por las noches (…) con los vecinos honrados», con el fin de conservar el orden público en la parroquia.

Comunicación del 22 de abril de 1848.

Otras veces se le informa de sucesos acontecidos en la parroquia, como fue el caso del incendio intencionado de una vara de hierba propiedad de Ramón Fernández, en Castañera; o se le piede un relación de «todas las personas que en esa parroquia haya entegadas ala vagancia o se hallan mal entretenidas».

Igualmente, censos de propiedad de animales para establecer las correspondientes cargas impositivas; recordar a los vecinos la obligación que tenían de proceder a la plantación de árboles en los «montes llamados del Rey»; o recibir comunicaciones de nombramientos o destituciones, como ocurrió con Francisco Carril, de Fonciello, destituido de su cargo de montero «por no saver [sic] escribir», nombrándose en su lugar a Francisco Martínez, de Silvota.

Otras veces era por relevo natural al cumplirse el periodo de permanencia en el cargo, como le ocurrió a Francisco Díaz del Río, quien después de haber «servido el año de cuarenta y cinco y cuarenta y seis», era sustituido como montero del barrio de Castañera, por José Alonso Casaprín.

Comunicación del 13 de mayo de 1848.

En definitiva se trata de un conjunto escueto de documentos, a través de los cuales nos podemos hacer una idea más clara de algunos de los aspectos que regían las vidas cotidianas de nuestros convecinos decimonónicos, además de, como ya hemos puesto de manifiesto, retrotraer el listado de alcaldes del municipio hasta el año 1846 y aportar dos nuevos nombres a la misma.