El mundo castreño en Llanera

El castro del Pico Cogolla visto desde la calle Alejandro Mon de Posada, durante la nevada de enero de 2006. Foto del autor

En el territorio que hoy define nuestro concejo, nos encontramos con cinco de estos asentamientos, como son el Cantu San Pedro y El Cuetu, en la parroquia de Lugo; Picu Cogolla, en Rondiella; La Coroña, parroquia de Ferroñes; y Peña Menende, en la de Bonielles. Todos ellos fueron catalogados por el erudito de Las Regueras, José Manuel González.

Ninguno de ellos ha sido objeto de ningún estudio riguroso, que nos permita siquiera aventurar su cronología o su contemporaneidad o no, lo que obliga a que cualquier afirmación que se haga al respecto de ellos, se tenga necesariamente que mover dentro del resbaladizo terreno de las hipótesis.

El más destacado de todos ellos, es el Cantu San Pedro, que se eleva unos 25 metros en relación al terreno circundante, lo que le otorga una posición dominante con relación al territorio, predominantemente llano, que lo rodea. A pesar de la presión humana (en parte de la superficie que ocupaba el castro, se encuentra construida una vivienda, mientras que otra parte ha sido cortada limpiamente por las vías del ferrocarril), conserva la estructura mesetaria típica de estos poblados, junto con las laderas en terraza.

El Cantu San Pedro. Imagen del año 2005. Foto del autor

Su posición le permite tener una visibilidad de 360º, y mantener contacto visual tanto en El Cuetu, como con el Picu Cogolla, ambos con un aparato defensivo de mayor envergadura, y situados a una mayor altitud. En el caso de El Cuetu, se encuentra a 350 metros de altura, y todavía se puede distinguir un potente foso defensivo con forma de V. Por su parte, el Pico Cogolla, se eleva hasta los 340 metros, y las defensas se concentran en el lado oeste, ya que es el lugar más desguarnecido, formadas por un gran foso de unos 3 metros de ancho.

Todo esto ha hecho pensar a los investigadores, que estos tres recintos podrían estar relacionados entre sí, siendo El Cuetu y el Picu Cogolla, centros de vigilancia, mientras que el Cantu, podría ocupar una posición más relacionada con la producción agrícola y ganadera, funcionando así, como un centro aglutinador de población. Tampoco es descartable, en el estado actual de los conocimientos, que El Cantu fuera de fundación romana, en que se concentraría la población de los otros castros para dar origen al hábitat disperso que conformaría la fisonomía de Lucus Asturum.

Vista panorámica desde la falda del Pico Cogolla. Foto del autor.

De todos los castros de nuestro concejo, el que se encuentra a una mayor altitud relativa, es Peña Menende, que llega hasta los 481 metros, una altura ya considerable para nuestro municipio, en el cual la altura máxima es el Gorfolí con 617 metros. Por su parte, La Coroña, está a 320 metros de altitud, en una ubicación que le da una preeminencia visual sobre el valle de Ferroñes y, en días despejados, hasta el Cantábrico. Este castro es un claro ejemplo de cantera de fortuna, ya que de él se extrajeron materiales para construir el firme de la carretera que pasa por sus cercanías.

Todavía hoy se pueden apreciar vestigios de una probable muralla defensiva.Si seguimos las teorías de J. Camino Mayor, quien hace un promedio de habitantes por hectárea, atribuyendo 200 individuos por hectárea, en el caso del Picu Cogolla, cuya superficie es de 0,5 hectáreas, tendríamos un total de habitantes de 100 individuos, y de 20 en La Coroña, teniendo en cuenta que su superficie total es de 0,1 hectáreas. Lo más probables, teniendo en cuenta la morfología de estos asentamientos, es que el número de residentes fuera aún menor, además de la existencia de construcciones no dedicadas a vivienda, como almacenes o establos, por ejemplo, reducirían aún más el espacio habitable.

Castro de Areñes. Imagen de 2005. Foto del autor.

Sin embargo, hay que tener en cuenta, que los castros no serían las únicas zonas de concentración de población, sino que es perfectamente posible la existencia de un hábitat disperso, con granjas aisladas, o pequeñas aldeas, que, al ser construcciones donde los materiales perecederos sería los predominantes, no han dejado huellas de su existencia, de tal forma que los castros podrían funcionar como lugares centrales, y de articulación de la vida social de estas gentes.

El Pico Cogolla. Foto del autor.

Tablero de cancel y capiteles prerrománicos

Posible tablero de cancel procedente de Lugo de Llanera. Expuesto en el Museo Arqueológico de Asturias. Foto del autor.

Sigo con el repaso a los materiales procedentes de Llanera que se pueden ver en las salas del Museo Arqueológico de Asturias, y lo hago con un posible tablero de cancel de época altomedieval y unos capiteles prerrománicos localizados tanto en Lugo como en Villabona, aunque los que están expuestos en el museo son los dos procedentes de esta última localidad.

En excavaciones realizadas por Emilio Olávarri en los terrenos colindantes con esa antigua iglesia de Santa María de Lugo, se localizó, en 1981, un tablero de cancel que todos los autores fechan con anterioridad al periodo de la monarquía asturiana. El arqueólogo César García de Castro Valdés, por indicios indirectos le supone una cronología entre los siglos VII-VIII, algo en lo que coincide Fernando Marín, atribuyéndola a la plástica visigoda. Se encontró cubriendo una tumba de lajas datable entre los siglos VIII y X.

Por lo que se refiere a la iconografía que se recoge en esta pieza, se encuentra dividida en dos frisos superpuestos divididos por una franja de lunetos. En ambos frisos se representa a sendos leones afrontados y simétricos separados por un árbol estilizado rematado en punta de lanza y que toma la forma de cruz ansada de tradición egipcia; este árbol hunde sus raíces en el agua que da la vida, representada por los lunetos ya mencionados. Sobre los lomos de los leones aparecen representadas sendas palmeras alusivas a la flora del Paraíso. Por la parte superior y derecha se conserva parte de una cenefa decorada con motivos esquemáticos de roleos triangulares y hojas de hiedra.

Detalle del friso inferior del posible tablero de cancel. Foto del autor.

Todos estos motivos tienen su origen en Oriente ya desde la Antigüedad y llegarían a Asturias a través de objetos como telas, marfiles, etc., a lo que se añadiría la tradición local. Así, el uso de la piedra local y de la técnica del relieve en dos planos estaría preludiando lo que sería la plástica prerrománica, en opinión de César García de Castro Valdés, quien también destaca que nos encontramos ante una pieza sin parangón en la Alta Edad Media asturiana y de importancia singular dentro de lo hispánico.

Asimismo, en el Museo Arqueológico Provincial, está depositado un capitel, también encontrado en las proximidades de Santa María de Lugo de Llanera. Está trabajado en arenisca gris, cuenta con una talla de hojas carnosas, redondeadas con un grueso nervio central, lo que le lleva a afirmar a César García de Castro Valdés, que podría ser el antecedente de los capiteles que se encuentran en la arquería del ábside de San Miguel de Lillo12. Su datación es controvertida, ya que mientras el autor citado lo fecha en los siglos VII-VIII, Domínguez Perela lo sitúa en el siglo IX.

Capitel procedente de Villabona expuesto en el Museo Arqueológico de Asturias. Foto del autor.

En unas excavaciones realizadas por Augusto Díaz-Ordóñez y Bailly, conde de San Antolín de Sotillo, en los años 1926-28, en un lugar de su propiedad llamada «Mundín», en las ruinas de la capilla de Santa Eufemia, se localizaron sendos capiteles de plástica prerrománica. Se encuentran depositados en el Museo Arqueológico Provincial.

El primero de ellos es un capitel exento tallado en arenisca gris, con forma de tronco de pirámide invertida, tipología que deriva de modelos bizantinos. En sus cuatro caras aparece una decoración de sogueado, motivo que procede de la orfebrería castreña, formando arcos de medio punto ligeramente peraltados apoyados en columnillas que acogen figuras humanas que representan al llamado «hombre del bastón», tema que proviene de la cultura irlandesa y cuyo significado exacto se desconoce (obispo, pastor, representación triunfal del emperador siguiendo modelos de los dípticos romanos…); se tallan un total de ocho figuras de este tipo, dos por cada cara. En la parte superior, también repetido en las cuatro caras, dos aves de presa (águilas o buitres) afrontadas y con las alas plegadas que se disputan un cuadrúpedo (tal vez un cordero) al que sujetan por el lomo con sus garras.

Este capitel tiene unas características muy similares a los que podemos ver en Santa María del Naranco, por lo que suele fecharse en el período ramirense (842-850).

El segundo de los capiteles encontrados en la misma zona que el anterior, también está tallado en arenisca gris y tiene una forma troncopiramidal. Asimismo, volvemos a ver a las aves de presa capturando a un cuadrúpedo y los arcos de medio punto apoyados en columnillas que albergan relieves con el «hombre del bastón». Estas similitudes hacen que pueda pensarse en una relación entre ambos.