Los expedientes de reconstrucción de iglesias tras la Guerra Civil: Santiago de Pruvia

Iglesia de Santiago de Pruvia.

Su construcción se data entre los siglos XVI y XVII, primero como capilla de la familia Rodríguez de Pruvia, cuya casa solariega se encuentra muy próxima a ella, y más tarde como iglesia parroquial desde que en 1893 Pruvia adquiriera entidad propia, al producirse su separación de la parroquia de santa María de Lugo, pasando así Llanera a contar con las once entidades parroquiales con las que cuenta en la actualidad.

Portada del proyecto de restauración de la iglesia tras la Guerra Civil.

El aspecto externo de la iglesia se encuentra muy modificado, resultando de mucho mayor interés el interior del templo, donde se conservan dos escudos de la familia Rodríguez a los lados del arco de triunfo, y otro más rematando un camarín con una inscripción que reza: “Esta capilla y retablo y la a ella colateral es de Alonso Rodríguez de Prubia i María Ximénez de Valenzuela su muger que la fundaron e hizie hizieron a su costa i dieron todos los hornamentos dotáronla en trexientos ducados de principal que rescibieron los bezinos de Prubia a cuia cuenta está el manometerlos año de 1619”. De la familia Rodríguez pasará a ser propiedad de los Candamo.

Inscripción que recuerda que fueron Alonso Rodríguez de Pruvia y su mujer, María Jiménez de Valenzuela, los promotores de la iglesia en el año 1619.

Esta iglesia también sufrirá destrucción durante la Guerra Civil, de tal forma que en enero de 1940 se hace la petición de subvención con el fin de volver a reconstruir el edificio. En este caso, el autor del proyecto fue el arquitecto, Francisco Saro, quien planteó una serie de trabajos destinados a revertir “los grandes desperfectos que a continuación reseñamos; destrucción total de las cubiertas, pórtico, tribuna y portería tanto interior como exterior, quedando únicamente en pie los muros y estos con desperfectos”.

Presupuesto para la restauración de la iglesia.

Las obras, señala el arquitecto, iban a estar dirigidas a adaptarse “en lo posible a lo que fue un día iglesia parroquial de Pruvia”, utilizando para ello un sistema constructivo habitual “atendiendo con ello a la fácil ejecución y economía”. El listado de trabajos a realizar incluye “muros de mampostería ordinaria, cubierta entramado de madera con las firmas vistas al interior, tablero de rasilla poblado de teja curva, el Presbiterio con bóveda por arista acusándose los arcos ojivos, en el pórtico soportes de madera con zapatas del mismo material y basas de piedra artificial; el pavimento actual de losas de piedra se encuentra en bastante buen estado exijiendo [sic] solo una pequeña reparación”. 

Detalle de la bóveda en la zona del altar.

El presupuesto previsto para llevar a cabo todos esos trabajos fue de 24.672,67 pts. Era enero de 1941. Desde la oficina técnica de la Comisión de Oviedo de Regiones Devastadas, en febrero del mismo año, tanto el arquitecto Juan Vallaure, como el arquitecto jefe, José Francisco de Zuvillaga, dieron por bueno el presupuesto e informaron favorablemente el expediente de reconstrucción nº 2427. Un mes después, la Comisión da también su visto bueno a esa cantidad y en abril hará lo propio el obispado remitiendo el expediente al Ministro de Justicia.

Memoria del proyecto de restauración.

Eso no fue óbice para que en junio de 1943, el ecónomo Ramón Sampedro Peláez, no tuviera que responder a un cuestionario, a través del cual nos hacemos una idea de lo que habían avanzado, poco, las obras de reconstrucción del templo. Así, sabemos que las paredes de la iglesia se habían aguantado el intento de destrucción, mientras que la cubierta únicamente se había hecho una provisional y todavía no se había actuado sobre la cubierta ni de la sacristía ni del pórtico, en el pavimento aún no se había hecho ninguna actuación, aunque como hemos visto, el informe del arquitecto decía que estaba en bastante buen estado.

Escudo de armas en el interior de la iglesia.

Hasta ese momento la inversión realizada era de 4.875 pts. Esa era la cantidad que contaba con justificación, ya que había otra cantidad que no se especifica en el cuestionario carecía de ella, toda vez que el “constructor Sr. Álvarez Nieto deja mucho que desear en sus procedimientos respecto de su cometido”, frase de la que se deduce el descontento del ecónomo con el responsable de la obra.

Ese cuestionario fue respondido en el mes de junio de 1943 y después de otros documentos de menor entidad resueltos a lo largo de ese año, llegamos a 1950 con las obras aún por terminar, como desvela la carta remitida por Marcelino Ramos Fernández, coadjutor de la parroquia de san Juan el Real de Oviedo y párroco de la de Pruvia, al director general de Regiones Devastadas.

Cuestionario sobre el estado de las obras en 1943.

Una carta en la cual se dan informaciones muy interesantes, al respecto del aspecto original que tenía la iglesia antes del incendio sufrido en 1936. En ella se explica que el retablo del altar mayor “era de madera de caoba traída de América, con algunas imágenes de verdadero valor artístico”, y que el techo estaba cubierto por frescos. El párroco explica que los descendientes de la familia que había patrocinado la construcción en el siglo XVII, están “cooperando en la medida de sus posibilidades a su reconstrucción y culto”. Todos esos argumentos le valen al párroco para tratar de llamar la atención sobre un templo que no es “una de tantas iglesias de aldea sin mérito alguno por lo que es más de lamentar el mal estado en que se encuentra”.

Para llevar a cabo la culminación de las obras, considera insuficiente la subvención concedida por la dirección general por importe de 20.000 pts, por lo que la obra aún no se ha podido finalizar. De hecho la iglesia carece en ese momento, según se recoge en la carta, sin cielo raso “y en un estado de desmantelamiento y desamparo que aleja a los fieles de la asistencia a los Oficios Divinos”, unos fieles a los que no duda en calificar como “aldeanos ignorantes, a los que por desgracia, es necesario atraer además de con la palabra de Dios, con el culto en un ambiente que les mueva a devoción y del que hoy carecen”.

En 1950 las obras seguían sin haber sido terminadas.

Con el fin de poder terminar las obras iniciadas en la nave y la construcción del altar mayor “desde luego más modesto que el anterior”, serían necesarias, según los cálculos del párroco, unas 70.000 pts, sin duda, un presupuesto muy alejado de aquellas algo más de 24.000 pts presupuestadas siete años antes, en 1943.

Esa es toda la información contenida en el expediente. Los visitantes de hoy podemos todavía disfrutar del interior de una iglesia con enorme interés, con los escudos de la familia Rodríguez, el camarín y una hermosa bóveda de crucería, aunque, lamentablemente, ni el retablo ni las pinturas se han conservado.

Los expedientes de reconstrucción de iglesias tras la Guerra Civil: San Nicolás de Bonielles

Iglesia de San Nicolás de Bonielles.

En este caso nos encontramos con el expediente con menos documentación de los cinco que hemos localizado. La iglesia tal y como la conocemos hoy, es fruto de una reconstrucción llevada a cabo en el siglo XIX, para sustituir a la anterior que albergaba la sepultura de la familia Carbajal. Actualmente, y a pesar de la destrucción durante la Guerra Civil, se puede visitar la tumba de Alejandro Mon y Menéndez de la Torre (Oviedo 1801-1881), prototipo del caciquismo decimonónico y por ello fue dardo de las críticas desde las páginas del periódico republicano y anticaciquil, El Noroeste, editado en Gijón y que con el paso de los años serán el órgano oficial del Partido Reformista de Melquiades Álvarez.

Tumbas de los Mon, padre e hijo, en interior de la parroquial de Bonielles.

Según la ficha del Inventario del Patrimonio Arquitectónico de Asturias, se trata de una iglesia del siglo XIX, de tradición barroca, «de nave única, transepto apenas marcado en planta, cabecera de planta cuadrada con dependencias adosadas de menor altura y pórtico a ambos lados. Está realizada en sillar y sillares con mortero en la fachada y sacristías que está a la vista en el lienzo mural, puerta adentellada, con enmarque moldurado y uso de dovelas desplazadas, que se remata con friso liso y tejaroz, y que tiene sobre ella un luneto.»

Portada del proyecto de restauración del templo.

Después de esta digresión y de regreso a lo que nos ocupa en este artículo, fue el aparejador Juan de Mendiolagoitia el responsable de la redacción del proyecto de reconstrucción de la iglesia, con un importe total de 37.902,15 pts. Si bien el presupuesto está fechado en el mes de noviembre de 1939, la memoria que lo acompaña tiene fecha del 30 de noviembre de 1945, sin que conozcamos las razones de un retraso tan considerable.

Memoria firmada por el aparejador Juan de Mendiolagoitia.

En esa memoria el aparejador destaca que la iglesia “era de moderna planta”, y “durante el dominio rojo fue saqueada e incendiada, quedando destruida totalmente la cubierta, así como las puertas, ventanas, el pavimento, la tribuna, el pórtico y la sacristía, amén los altares, imágenes, y demás enseres de la iglesia”. La parte positiva que ve Mendiolagoitia, es que al no haber sido afectada la estructura arquitectónica del edificio, “no es necesario para su reparación la dirección facultativa de arquitecto.”

Presupuesto para la restauración de la iglesia de Bonielles.

En el reparto por partidas, la parte que se iba a llevar una mayor cantidad dentro del presupuesto total, era la cubierta con 337,20 metros cuadrados de superficie, incluyendo bajantes, con 16.875 pts. Le seguía la albañilería, con trabajos de cargas y enlucidos interiores, de las bóvedas y en el cielo raso, además del embaldosado sobre hormigón. El total de la albañilería se cifra en 12.232,34 pts; mientras que la carpintería y la pintura suman 4.294,90 y 3.232,34 pts, respectivamente.

Los expedientes de reconstrucción de iglesias tras la Guerra Civil: Santiago de Arlós

Aspecto actual de la parroquial de Arlós.

Independientemente de que su construcción tuviera lugar en el siglo XII o en el XIII, ya que si bien aparece citada en un documento de donación fechado en el año 1151 no falta quien, siguiendo paralelos estilísticos, retrase la fecha de su elevación hasta el siglo XIII, lo cierto es que se trata de una edificación muy antigua y que recibió, a lo largo de los siglos, varias obras que le han asegurado su pervivencia hasta nuestros días, aunque actualmente se encuentre en un estado muy precario que pide a gritos una pronta restauración de importancia.

Vista general de la iglesia de Santiago de Arlós.

Por hacer un resumen muy breve de ello, decir que los libros de fábrica de la iglesia recogen una serie de obras realizadas a lo largo de los siglos XVIII y XX. En 1882 se solicita al Ministerio de Gracia y Justicia permiso para la construcción de una nueva iglesia, lo que hace suponer que el estado de conservación de la misma se encontraba muy al límite y requeriría una actuación decidida para asegurar su viabilidad arquitectónica. Cinco años después, en 1887, se van a llevar a cabo reformas en la nave, y en 1895 se procede al embaldosado de la nave, y en 1902 se añade al conjunto una sacristía en el muro sur de la cabecera.

Portada de la iglesia.

Con ello se modificaba la estructura primigenia de la iglesia, consistente en una sencilla nave rectangular y un ábside de planta cuadrada, siguiendo los esquemas constructivos que se venían desarrollando en la región desde la época de la Monarquía Asturiana, destacando poderosamente la calidad de la talla contenida en los capiteles tanto de la portada como del arco de triunfo, así como en la ventana del ábside y en los canecillos, muchos de ellos perdidos con el paso de los siglos.

En negro la planta original de la iglesia.

En 1999 se hizo otro conjunto de obras entre las que destacaron la separación de los nichos adosados al muro norte de la nave, causantes de graves problemas de humedad en el interior, la apertura del muro oeste del cabildo y la colocación de un tejadillo que rompe dramáticamente las proporciones exteriores del edificio, renovación de la carga exterior y algún trabajo en la cubierta. La viceconsejería de Cultura del Principado de Asturias anunció in situ, la realización de trabajos de consideración a lo largo del año 2018, que iban a servir para asegurar la pervivencia de la auténtica joya del patrimonio monumental del concejo de Llanera, sin que finalmente se llevaran a cabo.

Portada del proyecto de reconstrucción del templo tras la Guerra Civil.

Cuando se hace el repaso a las sucesivas noticias existentes sobre reparaciones en esta iglesia, nunca se hace mención a las llevadas a cabo tras la Guerra Civil, en este caso siguiendo las directrices marcadas por el arquitecto Juan Antonio Miralles, firmante del proyecto de reconstrucción tras los sucesos bélicos.

Fragmento de la carta manuscrita del párroco Ramón Cuesta dirigida al obispo de Oviedo.

En este caso el expediente se inicia con un escrito enviado por el párroco, Ramón Cuesta Junquera, dirigido al obispo de Oviedo, el 15 de marzo de 1945. En el mismo narra con cierto pormenor la destrucción de la iglesia que había tenido lugar en el mes de agosto de 1936, provocada por un incendio de mano de “los marxistas.” Suceso que convirtió en pasto de las llamas “los retablos, imágenes, confesionarios, reclinatorios, techumbre etc.; quedando solo las paredes en estado ruinoso y el pórtico; sin que hasta la fecha háyase recibido ayuda alguna del Estado para reparación de tantos daños.”

Memoria descriptiva del proyecto firmada por el arquitecto Juan Antonio Miralles.

Sin embargo, los vecinos “pobres en su inmensa mayoría”, en palabras del párroco, habían aportado tanto en dinero como en madera, la nada desdeñable cifra de “13.500 pesetas aproximadamente, cantidad insignificante, si se tiene en cuenta el presupuesto total de las obras”, un presupuesto que el arquitecto Miralles había estimado en 49.492,53 pts. De ahí que Cuesta Junquera enviara al obispo el presupuesto para hacer las reparaciones necesarias, para que éste lo hiciera llegar “a donde convenga en orden a conseguir la subvención que a tenor del presupuesto se necesita para realizar las obras” necesarias para que la iglesia pudiera volver a acoger “con decoro los actos del culto.”

Resumen del presupuesto de la obra de restauración.

La memoria descriptiva redactada por Miralles, incide en los argumentos del párroco al señalar que la iglesia “fue semidestruida por las hordas marxistas durante nuestra pasada guerra.” La estructura y los muros no fueron los que más sufrieron la acción del fuego, de ahí que en exterior se plantee únicamente la reparación de desconchones de las fachadas, mientras que para el interior se prevé el enlucido y pintado de los muros. Para las sacristías se plantea la colocación de un falso techo y la reparación de las paredes, y para el solado de la iglesia se estudia la colocación de “madera de castaño machiembrado sobre rastreles también de castaño”, mientras que en las sacristías el suelo será de “de baldosa de 20×20 en colores lisos.”

Sin embargo, la obra principal se reserva para la cubierta, en ese momento resuelta de manera provisional “y que necesita una rápida reparación ya que cala al interior completamente los días lluviosos”, según se explica en la memoria descriptiva. También se plantea la reparación de las cubiertas del porche y de las sacristías, y la reconstrucción del coro.

Una vez examinado el proyecto y el presupuesto, el 30 de abril de 1945, la documentación recibe el visto bueno para continuar con el expediente de concesión de la ayuda económica solicitada.

Los expedientes de reconstrucción de iglesias tras la Guerra Civil: San Juan de Ables

La iglesia parroquial de San Juan de Ables en una imagen del año 1916.

En el transcurso del alrededor de año y medio que el concejo de Llanera se mantuvo como retaguardia del frente de Oviedo, las iglesias del municipio van a sufrir intentos de destrucción, que les causaron daños de diversa consideración que, una vez finalizada la contienda civil, van a generar la apertura de los correspondientes expedientes de reconstrucción resueltos por la Dirección Regional de Regiones Devastadas y Reparaciones, departamento puesto en marcha por el franquismo con el fin de volver a poner en pie todos aquellos edificios destruidos durante la guerra.

Cinco de esos expedientes los hemos localizado hace ya unos cuantos años, en el Archivo General de la Administración, ubicado en la ciudad madrileña de Alcalá de Henares, todos ellos incoados en los inicios de la década de 1940. Los expedientes, unos más completos que otros, a los que hacemos referencia son los relativos a las iglesias de San Juan de Ables, Santiago de Arlós, San Nicolás de Bonielles, Santiago de Pruvia y San Miguel de Villardeveyo. A ellos dedicaremos los próximos artículos y remitimos al lector interesado en una visión de conjunto, al número 11 de la revista La Piedriquina, editado en el año 2018 en la que firmo un artículo completo sobre este mismo tema.

La parroquial de Ables en una imagen de 2005.

Se trata de un templo parroquial estilísticamente encuadrable dentro del estilo popular que se desarrolla entre los siglos XVII y XIX. La planta de la iglesia se corresponde al modelo de cruz latina, aunque al exterior está oculta por añadidos que se le han ido haciendo al edificio a lo largo del tiempo. Iglesia de buenas proporciones, con coro a los pies de la nave que se separa del altar por medio de un arco de medio punto, y presenta cubierta adintelada en contraposición a las bóvedas de cañón apreciables en los brazos del crucero que remata en una cúpula sencilla. En el aspecto exterior, destaca la espadaña con sendos huecos para acoger la campanas y un magnífico ejemplar de tejo.

Procesión en Ables en el mes de julio de 1924.

Tras la destrucción sufrida durante la Guerra Civil, el expediente de restauración se pone en marcha el 31 de enero de 1940, por medio de un documento firmado por el secretario de Cámara y Gobierno del Obispado de Oviedo, Rufino Truébano, y dirigido al presidente de la Junta Provincial de Regiones Devastadas, solicitando la concesión de la subvención necesaria para proceder a la reconstrucción del templo.

Portada del expediente de restauración de la parroquial de Ables.

El encargado de la redacción del proyecto y elaborar la memoria correspondiente, fue el aparejador, Enrique González Arranz. En ésta última señala que la iglesia es una edificación de “antigua construcción, manifestando aún en la actualidad y en el interior del templo, el cuidado y arte que requieren esta clase de edificaciones.” Un edificio que ocupa una superficie de 441,60 metros cuadrados, y explica las causas del estado de deterioro que se busca financiar a cargo de Regiones Devastadas: “Durante la pasada guerra se intentó destruir este edificio incendiando en su interior montones de madera a puertas cerradas, por cuyo motivo se destruyó el pavimento, la carpintería y gran parte de los techos y cubierta, siendo preciso a su reconstrucción demoler la parte que quedó calcinada: cubierta del pórtico, revestido de las paredes, etc., en la forma que se detalla en los planos y presupuesto que se adjuntan.”

Presupuesto de restauración firmado por el aparejador Enrique González Arranz.

Las obras se presupuestaron en un total de 25.521,61 pesetas, para llevar a cabo una reforma integral desde el tejado (sustitución de la armadura de madera y retejado), sacristías, tribuna (incluyendo los peldaños de acceso), las vidrieras (con herrajes y pintura), y para culminar la obra pintura interior al temple con la aplicación de tres manos. El presupuesto incluía un 5%, es decir, 1.215,35 pesetas de imprevistos.

Las obras irán avanzando, como así queda reflejado en el informe del arquitecto de la Oficina Técnica de la Comisión de Oviedo, de la Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones, José Francisco de Zuvillaga, fechado el 20 de septiembre de 1941, en el que afirma que la iglesia había sufrido “destrucción casi total”, y que en ese momento se encontraba reconstruida “en parte”, y da el visto bueno al presupuesto presentado para su reconstrucción. El 6 de octubre del mismo año, la Comisión de Oviedo, da por bueno el presupuesto, y el día 17 el Obispado de Oviedo envía el expediente al ministro de Justicia.

Informe del 20 de septiembre de 1941.

Sin embargo, la tramitación todavía se alargaría hasta el año siguiente, cuando se le solicita al párroco de Ables, Benjamín Martínez Rodríguez, cumplimentar un cuestionario, en cuyo margen se puede leer: “A devolver consignando los datos que faltan.” En el apartado de observaciones, el párroco de Ables explica que la iglesia “fue destruida quedando sólo las paredes y el campanario. Los vecinos de la parroquia pusieron la cubierta para dedicarla al culto a su espensas [sic]”. En ese momento se habían invertido 2.500 pesetas en la restauración del templo aportadas por los vecinos de la parroquia. Hablamos del 18 de enero de 1942.

Cuestionario sobre el avance de los trabajos de restauración.

Obras llevadas a cabo por Vicente Díaz, y de su puño y letra se conserva un documento justificativo por importe de esas 2.500 pesetas, fechado el 8 de julio de 1942. Dinero que se había empleado en reparar la cubierta, y repartido en 1.000 pts para pagar jornales; de sierra 500 pts; en materiales como cristales, puntas, cerraduras y bisagras, otras 500 pts; mientras que los derechos del constructor de la obra se habían llevado otras 500 pts.

Certificado del número de feligreses con los que contaba la parroquia en 1942.

A la vista de esa justificación, el obispo de Oviedo, Manuel Arce Ochotorena, envía el 23 de julio de 1942, al presidente de la Junta Nacional de reconstrucción de templos parroquiales, una solicitud de subvención por importe de 15.000 pts, y un año después, el 18 de julio de 1943, un arquitecto gijonés redacta otro informe en el cual “vistos los datos consignados en el cuestionario suscrito por el Sr. Párroco, se deduce que existe desproporción entre lo presupuestado y el coste real de las obras, razón que obliga a reducir la cantidad importe de los daños a la cifra alzada de 16.000 pts por la que se propone aprobación.”

Hasta aquí llega la información contenida en el expediente número 3579 de la Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones. La realidad es que de una forma u otra, la iglesia fue restaurada y puesta al servicio de los feligreses de la parroquia.