Llanera en la invasión napoleónica a través de las cartas del general Bonet

Puente de Cayés en la década de 1900.

En el ya lejano año de 1995, Perfecto Rodríguez Fernández, profesor de la Universidad de Oviedo, ya jubilado, publicó en la editorial gijonesa Auseva, un libro titulado «Cartas del general Bonet sobre la Guerra de la Independencia en Asturias (enero-abril de 1810)», en la que recoge varios centenares de cartas escritas por Bonet a sus subordinados durante esos meses, en 24 de las cuales se encuentran referencias al municipio de Llanera, en las cuales se pone de manifiesto la importancia estratégica que tenía el puente de Cayés, en las comunicaciones entre Oviedo y Gijón, pasando por La Venta de Puga, por lo que la presencia de tropas francesas en esos dos puntos va a ser más que regular.

En ese año de 1810, en enero, el general Bonet recibe la orden de Napoleón de dirigirse desde Santander hacia Asturias y tomar Oviedo. Eso fue el día 20 y después de superar la oposición que le pudieron ofrecer las tropas asturianas, el día 31 entraba en la capital asturiana y el 7 de febrero, los franceses hacían lo propio con Gijón, y el 7 de febrero Bonet escribe la primera carta (la número 88 en la recopilación de Perfecto Rodríguez), en la que se menciona una población de nuestro municipio.

Portada del libro escrito por Perfecto Rodríguez Fernández.

Se trata de La Venta de Puga, en la parroquia de Pruvia, muy cerca de la población gijonesa de Veranes, y punto importante en la carretera que une Gijón con Oviedo. En esa carta, Bonet le indica al coronel Cretin, acuartelado en la villa de Jovellanos, que «no se olvide de la compañía que se halla en la Venta de Puga», señal inequívoca de la presencia de tropas imperiales en el solar de Llanera. Unos días más tarde, ante el conocimiento de los movimientos que estaba llevando a cabo el guerrillero apodado El Marquesito, ordenará el envío de tropa a Puga para intentar obtener mayor información al respecto.

Lógicamente, para asegurar la viabilidad de las comunicaciones, los puentes son infraestructuras de gran relevancia, y de ahí que el 14 de febrero, ordene al coronel Gauthier que el batallón del comandante Lustringer envíe un destacamento a Cayés, mientras que una compañía de granaderos del 118 se instalará en el puente de Colloto. Unas tropas que dejarán sentir su presencia también en la parroquia de San Cucufate, hasta donde llegaban las patrullas que Bonet enviaba desde Oviedo, como señala en una carta fechada el 23 de febrero de 1810.

Puente y molino de Cayés en la década de 1910.

La situación inestable en el frente asturiano, hizo que Bonet tuviera abiertas las posibilidades de tener que retirarse hacia Pola de Siero, como así tendría que terminar haciendo, y en otra misiva valoraba la posibilidad de retirarse desde San Cucufate hacia Cayés, puente que como el de Brañes, estaba controlado por sus tropas, y las patrullas entre ambos puntos del municipio de Llanera eran diarias sin encontrar ninguna oposición armada.

En el mes de marzo, el general ordena el despliegue de 30 soldados y un oficial en Cayés, con la misión de proteger el puente colocando un puesto en altura para controlar la posible llegada del enemigo desde la vecina San Cucao. Considera suficiente ese contingente y otros desplegados por zonas próximas «al no estar el enemigo presente en esta parte y no tener más que algunos campesinos para combatir en esa zona». Lo que no va a ser óbice para que en marzo, en una carta enviada al comandante Lustringer, muestre cierta alarma por la presencia de ocho jinetes procedentes, supone él, de Pravia.

La Ponte, Cayés.

Días después, Bonet reforzará la guarnición del puente de Cayés con un total de un centenar de hombres y un oficial, con la misión añadida de hacer reconocimientos diarios hasta San Cucufate. Eran tropas del regimiento 118 y la orden se cursó el 11 de marzo. Sin embargo, una semana más tarde, tal vez por la necesidad de reunir tropas para hacer frente a la amenaza de las tropas asturianas, reduce la necesidad de hombres en Cayés a medio centenar.

Al día siguiente, 19 de marzo, el general Bonet se congratula por la llegada del comandante Lustringer con su batallón, y le ordena enviar al día siguiente por la mañana, la mitad de sus tropas a efectuar un reconocimiento a San Cucufate, mientras que la otra mitad tenía que ocupar las alturas que dominan el puente de Cayés. Unas órdenes que no se cumplieron con exactitud y el general muestra su disgusto con el comandante en una misiva que le remite el día 20 de marzo y el 29, le insiste al coronel Duclos, sobre la necesidad de ubicar un centenar de hombres para proteger el puente cayesino y la aldea de La Corredoria.

La Venta de Puga.

En las últimas cartas en las que se menciona a poblaciones de Llanera, será La Venta de Puga la protagonista, primero para ordenar al coronel Cretin el envío de un destacamento para asegurar la correspondencia. Eso el 31 de marzo, mientras que el 6 de abril ordena el regreso de ese destacamento, que sería relevado, al día siguiente, por otro que permanecería únicamente hasta las nueve de la mañana.

La última de las cartas relacionada con nuestro concejo, está fechada el 23 de abril de 1810, y en ella le pide a Cretin que aumente en una compañía el regimiento 118, hasta La Venta de Puga, punto clave para mantener abierta la ruta de comunicación entre las dos principales ciudades asturianas.

Cuando en Llanera se celebraba la Fiesta del Árbol

El Noroeste 10 de febrero de 1919.

La primera referencia que encontramos relacionada con la Fiesta del Árbol en nuestro concejo, está en las páginas del diario El Noroeste del 10 de febrero de 1919, para criticar que todos los años en el presupuesto municipal se reservan 100 pesetas para organizar esta fiesta, sin que nunca se llegue a celebrar y sin que los vecinos sepan a que otro fin se destina ese dinero. La escueta información señala que la fiesta nunca se ha llegado a organizar.

La Voz de Asturias 15 de marzo de 1924.

No se volverá a insistir con el tema hasta los años 20, concretamente hasta 1924, ya en plena dictadura de Primo de Rivera y con Celestino Tresguerres al frente de la alcaldía, cuando otro periódico, en este caso La Voz de Asturias, se interrogue acerca de lo que ocurre con la Fiesta del Árbol, habida cuenta de que el fallecido delegado gubernativo, Álvarez Bardón, había pedido al ayuntamiento que organizase la fiesta sin que ello se haya llevado a cabo y, a la vista de la pasividad municipal, el firmante del artículo, Antonio, se pregunta si no podrían ser los maestros los encargados de hacerlo. El mismo redactor, también para el diario Región, insistirá unos días después desde esa tribuna, en los mismos argumentos.

En lo referido a la fiesta, en el año 1924 no encontramos más información, y será al año siguiente cuando el municipio se ponga manos a la obra para sacar adelante esta fiesta, y ante la advertencia del nuevo delegado gubernativo, Emilio Rodríguez Solís, de la proximidad de la época del año propicia para la repoblación forestal y con ello la oportunidad para celebrar la Fiesta del Árbol, el ayuntamiento decide convocar un pleno para el 12 de febrero de 1925, a las tres de la tarde, para tratar sobre la organización de esa fiesta par que esta «resulte con la esplendidez debida.»

Acta del pleno del 7 de marzo de 1925.

Finalmente, se fijó la fecha del 15 de marzo para celebrar por fin la fiesta, en la capital municipal, concretamente en La Huelga. Con el fin de que la celebración tuviera la vistoridad merecida, el alcalde Tresguerres, en el pleno del 7 de marzo pidió a los concejales su asistencia a la misma y que invitan al mayor número de vecinos posible, para que estuvieran presentes. El concejal, José Alonso Granda, se congratuló de que los niños del municipio fueran los principales protagonistas de la festividad, y se ofreció a donar 100 pesetas para obsequiar a los niños participantes.

Por las páginas de Región del 21 de marzo de 1925, conocemos el programa de ese día de fiesta que se inició a las tres de la tarde, con el desplazamiento de los escolares desde el ayuntamiento hasta La Huelga, donde se había instalado una tribuna para invitados y autoridades. Se inició el acto con la lectura de trabajos alusivos y se cantaron himnos al árbol, a cargo de los escolares de las escuelas públicas. El apartado de discursos corrió a cargo de varios maestros nacionales, el médico titular del concejo, el párroco y el alcalde, mientras que el secretario judicial, Ramón Rayón, leyó una composición en asturiano.

Región 21 de marzo de 1925.

A continuación se procedió a la plantación de 200 plantones de árboles, que recibieron la bendición religiosa, y varias «distinguidas señoritas ayudaron a los celosos maestros» a repartir la merienda entre los niños, con la que finalizó una fiesta que resultó tan «brillante como simpática, mereciendo plácemes todos sus entusiastas organizadores», como recogió Región en su crónica del evento.

Como nunca llueve a gusto de todos, algún desaprensivo rompía el cierre de alambre que protegía la zona repoblada, provocando la entrada del ganado en la zona y la pérdida de muchos de los plantones por la acción de las vacas, tal y como informan las páginas de El Noroeste del 19 de mayo, en una crónica que termina diciendo: «Seguros de que á tales abusos ha de ponerles fin y teniendo en cuenta el interés que demuestra poner el actual Ayuntamiento en la repoblación forestal, es de suponer que se castigue como merecen á los infractores de tales abusos.»

El Noroeste, 19 de mayo de 1925.

El 21 de marzo de 1926 fue la fecha elegida para la celebración de una nueva Fiesta del Árbol, esta vez con la novedad del cambio de escenario al trasladarse la misma desde La Huelga hasta La Mogal, una zona que en ese momento, reunía una amplia extensión de terreno comunal. El mal tiempo fue el invitado incómodo de la jornada, hasta impedir el normal desarrollo de la fiesta. Esta vez la crónica de El Noroeste es más expresiva que las del año anterior, y gracias a ella conocemos los nombres de las niñas que ofrecieron sus discurso a los asistentes.

Ellas fueron las hermanas Ramona y Aurora Álvarez González, de la escuela de Rondiella, dirigida por Francisca López Notario; y Alicia Rodríguez, Regina García y Oliva González, de San Cucufate, dirigida por Purificación López Bernal, junto con «otros niños cuyos nombres sentimos no recordar», escribe el anónimo redactor. Ramón Rayón y los maestros de Ferroñes y Santa Cruz, también se dirigieron a los presentes. En esta edición se plantaron un centenar de árboles y los niños fueron obsequiados con una merienda.

El Noroeste, 24 de marzo de 1926.

De nuevo el mal tiempo fue el protagonista de la edición de 1927, esta vez trasladada al domingo 10 de abril y con cambio de parroquia, al ser Ables la que acogió esta tercera edición de la fiesta, en la que se dieron cita un centenar de personas. La crónica de Región lo deja meridianamente claro: «Fue una lástima que lo desapacible del día desluciera tan simpática y cultural fiesta. Ello fue causa de que no tuviera la brillantez que debiera y por lo tanto resultado fría como el día.»

Los escolares plantaron algunos árboles, y se cantaron los himnos al árbol y a la bandera, trasladándose el grueso de los actos a la escuela de la parroquia, donde se leyeron poesías alusivas al acto por parte de los infantes, y el alcalde Tresguerres hizo un elocuente discurso en el cual «encareció el amor al árbol y puso de manifiesto los innumerables beneficios que aquel reporta a la humanidad, beneficios que por desgracia desconocen muchos.» La consabida merienda puso fin a una fiesta de la que no nos han quedado más rastros en las páginas de los periódicos regionales.

Región 14 de abril de 1927.

En 1928 le tocó el turno de acoger la Fiesta del Árbol a la parroquia de San Cucufate, concretamente el entorno de la iglesia parroquial, donde se celebró el día, desde las cuatro de la tarde, con la presencia de los alumnos de las escuelas públicas, además de los de las Escuelas del Ave María de Coruño, «con sus profesores, Lolita Martínez, Justina Alonso y el joven Arcadio Suárez.» En el atrio de la iglesia, los niños Carlos Pevida, Aurora García y Esther Álvarez, todos de San Cucufate, recitaron poesías.

La Nueva España 27 de marzo de 1928.

La parte más institucional, corrió a cargo del pasionista de la residencia de Mieres padre Fulgencio, y del alcalde Celestino Tresguerres, quien pronunció «un brillante discurso lleno de fervor al niño y al árbol, complaciéndose por tan singular y simpático acto.» A continuación, con la pertinente bendición religiosa, se procedió a la plantación de árboles en el campo de la iglesia. Para finalizar el acto, los niños fueron obsequiados con pastas y naranjas «terminando tan simpática fiesta con el himno a la bandera Salve Patria por las niñas de la escuela de San Cucufate, bajo la dirección de la culta e ilustrada profesora de la misma doña María Luisa Zanón», tal y como se puede leer en las páginas de La Nueva España del 27 de marzo de 1928.

Al año siguiente, los organizadores fijaron la fecha para el 14 de abril y esta vez el tiempo acompañó a una celebración llevada a cabo en la población de Coruño, con un programa de actividades que dio comienzo el día anterior con una verbena con iluminación veneciana, ante el establecimiento de Ángel Rodríguez, en La Venta del Gallo, amenizada con música de gramola y clásica, con suelta de globos de diferentes dimensiones.

Por lo que toca a la fiesta como tal, a ella acudieron los alumnos de las escuelas nacionales de Lugo, Rondiella, San Cucufate, Santa Cruz, Bonielles, Ables, Cayés y del Ave María de Coruño, acompañados por sus maestros y portando las respectivas banderas. El coro de las escuelas del Ave María abrió el acto cantando el himno al árbol, bajo la dirección de su maestra, Soledad Martínez.

Después de proceder a la plantación de un centenar de árboles, los niños José Quirós, José López, José Suárez y Justo Lozano, alumnos de las escuelas del Ave María, y las niñas de Cayés, Rosa Alonso, Margarita Álvarez, Ángeles Fernández y María Paredes, recitaron poesías alusivas a la fiesta. El alcalde, Celestino Tresguerres, cerró los actos institucionales con el tradicional discurso, al término del cual los niños fueron obsequiados con golosinas.

La Fiestona de San Cucao en los años veinte

La Voz de Asturias, 10 de julio de 1923.

Este próximo fin de semana la parroquia de San Cucufate, se prepara para la gran cita festiva del verano, con la celebración de la popular Fiestona, recuperada hace unos años por un grupo de vecinos que primero buscaron recaudar fondos para favorecer la restauración de la iglesia parroquia y que, una vez conseguido ese objetivo, decidieron mantener viva la tradición de organizar una de las fiestas clásicas del verano en Llanera.

La implicación del pueblo para sacar adelante la fiesta, es algo histórico como nos muestra la prensa de los años veinte, como ese primer recorte con el que abro el artículo, sacado de las páginas de La Voz de Asturias del 10 de julio de 1923, en el cual se anuncia que gracias a los indianos de la parroquia, La Fiestona iba a tener un programa de «extraordinaria importancia». Lamentablemente, los medios de comunicación no dieron cuenta del programa festivo que se estaba preparando.

Región, 16 de julio de 1924.

La implicación vecinal la volverá a poner de manifiesto Región al año siguiente, 1924, cuando se está preparando un programa con «numerosos atractivos», gracias al trabajo de una comisión de fiestas integrada «por cuatro bellísimas señoritas de la colonia veraniega», que le sirve al cronista para augurar un «rotundo éxito», y aunque anuncia que en los próximos días se daría publicidad al programa, tenemos que irnos a las páginas de La Voz de Asturias para conocer el programa en sus detalles.

La Voz de Asturias, 19 de julio de 1924.

Ciertamente, el programa festivo de ese año fue muy destacado y dio comienzo el sábado con el toque de oración a las doce del mediodía, lanzamiento de palenques de grueso calibre y música del país. Para la noche, se instaló una iluminación veneciana en el parque, donde tendría lugar la romería amenizada por varios organillos y gaitas. Se lanzaron globos al aire y se quemaron fuegos artificiales a cargo de un renombrado pirotécnico vitoriano. Para las ocho, antes de iniciar la verbena, una carroza en la que «irán distinguidas señoritas», para recorrer las principales vías de la población, carroza que, por razones desconocidas, finalmente no pudo salir.

El domingo la diana corría a cargo de la banda de música de Baúro, con comunión general a las ocho de la mañana, seguida de misa cantada «a toda orquesta por los sacerdotes del Arciprestazgo», acompañados por el sonido del armonium. Después de la misa, procesión. Por la tarde, gran romería, carreras de bicicleta, bailes populares y elevación de «globos grotescos». A las cinco de la tarde partido de fútbol entre los equipos de Guyame y Bonielles, que terminaron ganando los primeros por 4-2, llevándose la copa que había ofrecido un indiano de la zona. Por la noche, otra vez música, bailes y elevación de globos grotescos.

Región, 24 de julio de 1924.

Unos días después de la finalización de la fiesta, gracias a Región, sabemos el nombre de las señoritas que corrieron con la organización de las fiestas. Fueron Rosario Alonso, María Teresa Rodríguez, Adela Solares y Carmen Rodríguez, quienes, según el cronista, Antonio, «pueden estar orgullosísimas de la labor realizada pues resultaron las fiestas de lo mejor que en este pueblo se ha conocido».

El Noroeste, 17 de julio de 1926.

Las fiestas de 1926 tuvieron la presencia del futuro dictador Francisco Franco, casado con la vecina de la parroquia, Carmen Polo, quien en la procesión después de la misa del domingo, portó el farol, mientras que el sermón había corrido a cargo del capellán del Regimiento Príncipe, y la misa fue cantada por un coro de seminaristas, mientras que en los festejos se dejó notar una nutrida representación de la colonia americana.

Una comunidad emigrante que se involucraba en la organización de la fiesta de forma directa, y la comisión que preparó las fiestas de 1927, estuvo formada por Gumersindo Solares, Manuel Cuesta y José Arango, quienes, entre otros alicientes, anuncian la presencia de la masa coral La Nocturna, de Lugones, para cantar la misa, aunque finalmente esta formación musical no pudo acudir a la cita con La Fiestona. Además, coincidiendo con los días de fiesta, la escuela de niñas acogía una exposición de trabajos realizados durante el curso. La maestra María Belén Zanón, invita a asistir a la muestra a la Junta Local de Instrucción Primaria, autoridades y vecindario.

Región 24 de julio de 1927.

Si hacemos caso de la crónica publicada en el diario Región, la edición de 1927 fue todo un éxito de asistencia de público, dejando incluso pequeña la capacidad del campo festivo, con personas que acudieron en toda clase de vehículos, incluso a pie, para disfrutar de una verbena que se alargó hasta bien entrada la madrugada el sábado, aunque el domingo a las ocho de la mañana, los vecinos estaban convocados a la misa de comunión. Este año, el encargado de portar el farol en la procesión fue el alcalde, Celestino Tresguerres.

El Noroeste, 18 de julio de 1929.

Para cerrar una referencia a la fiesta de 1929, organizada por una comisión de la que gracias a la prensa conocemos los nombres de sus integrantes: Manolito Rodríguez, Enrique Juan Laguna, Pepe Rodríguez, Prudencio Pérez, María Teresa Rodríguez y Beny y Morena Rodríguez, para una fiesta que ya por aquellos años tenía capacidad para atraer público de otros concejos próximos como Oviedo, Gijón, Avilés y Siero.

Aquellos primeros accidentes de tráfico

La Voz de Asturias, 24 de enero de 1925.

Abro el artículo de hoy con una noticia publicada en La Voz de Asturias en 1925, que nos cuenta como a las entradas y salidas de Lugones y de Posada de Llanera, las autoridades competentes habían decidido colocar unos carteles advirtiendo a los viandantes de la necesidad de estar atentos a los vehículos a motor. Algo que de entrada nos puede parecer sorprendente habida cuenta de lo menguado del parque automovilístico general, las situación pésima de las carreteras del momento que impedían en periodos de mal tiempo, incluso la circulación de carros, y que para nada facilitaban que los automóviles alcanzaran grandes velocidades, pensado esto, claro está, desde nuestra mentalidad de hoy.

Como ejemplo de las velocidades que se alcanzaban por aquellos años, decir que los dos coches oficiales que tuvo el Ayuntamiento de Llanera en la década de los veinte, uno, un Peugeot, tenía como velocidad máxima los 60 kilómetros por hora, y el Fiat modelo 1925 que sustituyó al anterior, llegaba a la friolera de 73 kilómetros por hora, velocidades que en ningún caso se podrían llegar a alcanzar por las carreteras y caminos del concejo.

Revista Asturias, 9 de octubre de 1921.

Eso no es óbice para que en la prensa de esos años se ponga el acento en automovilistas que van «a todo meter», poniendo en riesgo tanto su seguridad como las de los viandantes, tanto, seguramente, por la falta de pericia de los conductores, como de las condiciones de las vías. Eso debió de pasarles a los ocupantes del coche matrícula 1330, cuando volcaron haciendo un trayecto entre Brañes y Llanera, con el resultado de los cuatro viajeros heridos. Ellos eran el propietario del comercio La Violeta, en la población cubana de Camagüey, Joaquín Álvarez, con heridas graves en una pierna; el médico del concejo, José Menéndez Alvaré, con magulladuras por todo el cuerpo; Ramón Fernández Cuesta, con un brazo roto; y el señor Aldingundi (?), alto empleado de la empresa Trasatlántica, con erosiones sin importancia. Ese hecho tuvo lugar el 26 de agosto de 1921, y de él se hicieron eco el periódico El Noroeste y la Revista Asturias.

Si los anteriores tal vez sean los primeros accidentados mientras viajaban en coche por las carreteras del concejo aparecidos en prensa, el vecino de San Cucao, José García Fernández, arrollado por el coche matrícula B 2810 y con heridas leves en un pie como consecuencia, de las que fue atendido en la Casa de Socorro, es factible que sea el primer atropellado de Llanera en aparecer en las páginas de la prensa regional, en este caso en las del periódico Región del 16 de diciembre de 1925.

Región, 13 de enero de 1926.

Al ser las bicicletas un medio de transporte muy habitual por aquellos años, no es extraño que coches y ciclistas entraran en conflicto en las carreteras, como le ocurrió a un vecino de Villardeveyo, de 20 años de edad, y que respondía al nombre de Eugenio González Díaz, quien se vio obligado a ingresar en la Casa de Socorro, después de haberse estrellado contra un camión cuando se dirigía a su domicilio. Según la noticia aparecida en el diario Región el 13 de enero de 1926, el herido evolucionaba favorablemente de sus heridas.

Políticos accidentados

De la veintena de sucesos relacionados con accidentes de tráfico acontecidos en el concejo entre los años 1921 y 1934 que tengo recopilados hasta el momento, uno de ellos apareció publicado en las páginas del nacional ABC el 26 de julio de 1929, haciéndose eco del accidente sufrido de madrugada por un grupo de jóvenes que se dirigían a Gijón en automóvil, cuando al pasar por Llanera, se precipitaron por un terraplén resultando fallecido César Miranda y herido, Manuel Díaz.

El Noroeste, 12 de noviembre de 1930.

Pero sin duda los accidentados más famosos en las carreteras de nuestro concejo, fueron los diputados provinciales, Secundino Felgueroso y Mariano Merediz, ambos gijoneses, quienes mientras se dirigían a una sesión del pleno de la Diputación Provincial, a su paso por la capital municipal, sufrieron un avería mecánica causante de una salida de la vía, a la altura de Casa el Ferrador (en la información de El Noroeste aparece como Casa del Herrero), es decir, en plena calle principal de Posada. El conductor del vehículo, chofer habitual de Secundino Felgueroso, salió ileso mientras que los otros dos ocupantes del vehículo resultaron heridos.

En un primer momento fueron auxiliados por otros automovilistas que pasaban por la zona, uno de ellos el abogado, también gijonés, Eduardo Ibaseta, quien se encargó del traslado de los heridos a la villa de Jovellanos en su vehículo. Secundino Felgueroso resultó con fractura de tibia y peroné de la pierna izquierda, luxación del hombro izquierdo, fractura de la muñeca del mismo lado y diferentes contusiones y heridas producidas por la rotura de los cristales del vehículo.

Más suerte tuvo Mariano Merediz, con una simple contusión con derrame en el pie derecho y heridas incisas en mano derecha, además de varias contusiones. El Noroeste informa de que muchas personas pasaron por el domicilio de ambos políticos para interesarse por su estado de salud, y hacía votos por el pronto restablecimiento de ambos.

Una multa y un suceso chusco para terminar

En 1930 tenemos constancia de la primera multa impuesta en Llanera por exceso de velocidad. El «afortunado» fue el conductor del vehículo matrícula O 5118, a quien se le impuso por parte de la alcaldía, una multa de 25 pesetas por ir a una velocidad consideraba como excesiva.

Y el suceso chusco fue el protagonizado por un vecino de Salinas (Castrillón), de nombre Plácido, de 20 años de edad, quien no tuvo mejor idea que, a la altura de Santa Cruz, sacar la cabeza por la ventanilla cuando se estaba cruzando con otro vehículo, a resultado de lo cual sufrió una herida contusa en la región frontal y otra en la parietal derecha y otras erosiones en la cara, calificadas de graves y que obligaron a su ingreso hospitalario en un sanatorio de la capital asturiana. Fue en un mes de julio de 1934.

El Noroeste, 24 de julio de 1934.

Las escuelas del concejo en el siglo XIX (I)

Fragmento del acta del pleno del 12 de enero de 1859 en la que se menciona el reparto entre parroquias de las fanegas de maíz necesarias para atender a los gastos que suponían las escuelas.

En el archivo del Ayuntamiento de Llanera se conservan todas las actas de los plenos municipales desde el 1 de enero de 1859, de forma ininterrumpida hasta el día de hoy. Muy pronto, el 12 de enero de ese año, encontramos la primera mención en un documento público, a la existencia de escuelas en el municipio. Son apenas tres líneas en las que se dice: «Se acordó repartir entre las parroquias del concejo y ayaron de ver de cada una el numº de fanegas de maíz necesario para cubrir las dotaciones de maestros del año actual y más gastos de las escuelas.»

Siendo como es un párrafo escueto nos da una primera noticia acerca de la extensión de la red educativa probablemente por todas las parroquias, y que los gastos generados por esas escuelas, incluidos los sueldos de los maestros, tenían un reflejo en especie. Hay que tener en cuenta, que los lugares utilizados de forma general para impartir las clases eran los atrios de las iglesias, y así va a seguir siendo durante muchas décadas, incluso cuando se empiecen a construir los primeros edificios pensados únicamente con una finalidad educativa.

Acta del pleno extraordinario del 17 de mayo de 1874.

En nuestro caso, a instancias de la Junta Superior de Instrucción Pública de la provincia, el consistorio reunido en sesión extraordinaria, para tratar únicamente el tema de las escuelas, toma la decisión de establecer diez escuelas incompletas en cada una de las parroquias y una elemental completa en la capital municipal. Las primeras tendrían una dotación de 600 reales y los padres, por medio de una cuota, correrían con el sueldo del maestro, dotación que ascendería hasta los 3.300 reales en el caso de la de Posada de Llanera, teniendo el maestro la obligación «de admitir en su Escuela a los niños de las incompletas que hayan recibido los rudimentos en las incompletas y que tengan diez años de edad», tal y como se recoge en el acta citada.

La diferencia entre una escuela completa y una incompleta, se basa en el número de grados que se imparten en cada una de ellas. Así, en una escuela completa se imparten seis grados, recogidos así en la conocida como Ley Moyano, que entró en vigor en 1857. Primer grado: doctrina cristiana y nociones de Historia sagrada acomodada a los niños; Segundo: Lectura; Tercero: Escritura; Cuarto: Principios de gramática castellana con ejercicios de ortografía; Quinto: Principios de aritmética con el sistema legal de medidas, pesas y monedas; Sexto: Breves nociones de agricultura, industria y comercio, según las localidades. Cuando no se impartían todos los grados, la escuela se consideraba como incompleta y, en el caso de las niñas, recibían las mismas asignaturas, a excepción del Sexto, que era sustituido por «Labores propias de su sexo» (art. 2º y 5º de la Ley Moyano).

Gracias a ese mismo acta municipal del 17 de mayo de 1874, sabemos que Llanera contaba con un total de 12 maestros, solo uno de ellos mujer, para atender a la población escolar de las 11 parroquias en las que está dividido el municipio. Una plantilla de docentes que suponían al concejo un gasto de 3.245 pesetas, más otras 300 en concepto de material, cifra que para un municipio con graves dificultades de tesorería, que arrastrará durante muchos años, suponía una cantidad muy importante y a la que a duras penas podía hacer frente.

Fragmento del acta del 10 de julio de 1874 en la que se afirma que un concejal se apropió de dinero destinado a la construcción de una escuela.

A las dificultades para cumplir con el gasto necesario para sustentar la red escolar del municipio, se venía a sumar en alguna ocasión la avaricia de algún concejal, caso del representante de la parroquia de Santa Cruz, quien se había apropiado de la nada desdeñable cantidad de 5.000 reales destinados a la construcción de una escuela en el municipio. Al descubrirse la fechoría «fue apremiado hasta el embargo.»

A pesar de que los ayuntamientos estaban obligados por ley a incluir en sus presupuestos las cantidades necesarias para abonar los salarios de sus maestros, Llanera, seguramente que al igual que otros muchos, se negó en 1887 a atender una petición de los docentes en ese sentido, habida cuenta de la situación «precaria en que se hallan los fondos municipales en perjuicio de otros gastos de necesidad.» Se acuerda enviar comunicaciones a los alcaldes pedáneos, para que estos hagan saber «á los padres de familia la obligación que tienen de satisfacer las retribuciones á sus respectivos Maestros» y en caso de no hacerlo, se pedirá a los propios maestros que envíen al ayuntamiento una relación con los padres que se nieguen al abono correspondiente «exceptuando de este pago a los pobres ó que deban ser considerados como tales.»

En un próximo artículo veremos un interesante testimonio de un inspector educativo que elaboró un informe sobre la situación de las escuelas del municipio en 1898.

Apuntes sobre el fútbol aficionado en Llanera (II)

El Noroeste 27 de junio de 1917

En esta segunda parada en los primeros paso del fútbol en el municipio de Llanera, abro con un dato que se me olvidó incluir en mi artículo anterior, y que tiene que ver con la que puede ser la noticia periodística más antigua en la que se menciona a un equipo de fútbol del concejo, como es el caso del Rácing Club de Cayés. Se trata de un breve párrafo de cinco líneas, inserto en una amplia información acerca de las fiestas de san Pedro de Lugones, en cuyo programa se incluye, para el día 29 de junio, un partido que se califica de «importante», entre el Atlétic Club Lugonense y el Rácing Club de Cayés. En juego estaba un «valioso premio titulado Santa Bárbara».

El equipo cayesino tendrá incluso su hueco en la prensa deportiva nacional, cuando en las páginas del Madrid Sport del 27 de mayo de 1920, se haga eco de la derrota del Rácing de Cayés por 2-0 ante el Rácing Deportivo de Villalegre, en una escueta crónica que únicamente informa del resultado.

Lógicamente, para poder practicar este deporte los equipos tenían la necesidad de contar con un terreno de juego más o menos adecuado. Así, La Morgal será una de las zonas elegidas, a la que se irán incorporando La Huelga, en Posada, La Rotella, en Villabona y Las Artosas, en Cayés. El Rápido, equipo de la capital municipal, se reorganiza en el verano de 1928, para pasar a denominarse Llanera FC, y entre los proyectos del nuevo equipo estaba el contar con un terreno de juego de 110×60 metros, en el conocido como prado de Los Señores, un proyecto que nunca llegaría a materializarse, y este equipo y los que le siguieron hasta hoy en día, jugarán en un terreno en la zona de La Huelga que no alcanza esas dimensiones.

Derby de aficionados

Fragmento de la crónica del partido de rivalidad entre los aficionados del Oviedo y del Sporting. El Noroeste 9 de abril de 1933

Corría el año 1933 cuando la rivalidad regional que mantenían el Oviedo y el Sporting, tuvo su reflejo entre los aficionados a ambos equipos en el concejo, quienes se retaron respectivamente a jugar un partido en el campo cayesino de Las Artosas. El resultado final fue favorable a los rojiblancos por 6-2, un resultado que el anónimo cronista de El Noroeste, calificó de bálsamo para los sportinguistas debido a «la desgraciada actuación de su equipo favorito en la Liga, a causa de las lesiones de algunos jugadores». De su tono irónico tampoco se libró el colegiado: «Del arbitraje estuvo encargado un señor que tuvo algunas pifias, muy disculpables por su falta de entrenamiento».

Las polémicas

El Noroeste 2 de julio de 1925

La polémica y el fútbol es un binomio que ha ido de la mano desde los mismos inicios de este deporte, y el balompié local no iba a ser una excepción. Una que tuvo que tener cierta repercusión, sería la relacionada con el abandono del campo, en pleno partido, de los jugadores del Rácing de Cayés, que en ese momento se enfrentaban al Ku Kux Klan, con un marcador de empate a un gol. Era el 15 de julio de 1925, y tres días más tarde aparecía la crónica en El Noroeste, y el periodista aún no era capaz de entender cuáles habían sido las razones que habían llevado al Rácing a abandonar el partido antes de su finalización. El Ku Kux Klan, disconforme con el resultado, anunciaba en la misma crónica su intención de volver a retar al Rácing para resolver el partido en un campo neutral.

Otro encuentro que nunca se llegaría a terminar sería el que enfrentó a la Cultural Deportiva Frieres, en este caso por la dureza con la que se emplearon los jugadores langreanos que ocasionó cuatro lesionados entre los jugadores obligando a El Rápido a dejar el partido. El marcador fue de 1-5 para los de Langreo, y el cronista de El Noroeste cargó en su crónica contra la pasividad arbitral y los malos modos de los jugadores visitantes.

Esas acusaciones provocaron la respuesta del Frieres, por medio de una carta firmada por sus directivos D. Riera y Felipe García, quienes dijeron que «si el árbitro no cumplió, culpa de ellos fue, porque acordado estaba cambiarlo si demostraba parcialidad». Asimismo, niegan que fueran cuatro los lesionados de El Rápido, número que redujeron a uno, y como causa principal del abandono del partido por parte de los de Llanera, señalan que se justificaba por el hecho de que «no querían perder por más goles».

De sus críticas tampoco se libró el cronista de El Noroeste, al que pedían que «para reseñar un partido acuda al campo, y si acude, informe imparcialmente. De esta forma hará deporte».

Carta de los directivos del Frieres publicada en El Noroeste el 8 de octubre de 1927.

Antonio, nombre del autor de la crónica de la polémica, cuatro días después, el 12 de octubre dará cumplida réplica a los directivos langreanos, señalando como el árbitro, con empate a uno en el marcador, había alargado de forma injustificada el tiempo de juego de la primera mitad, en 6 minutos, y en la segunda permitió el juego duro de los visitantes. Para demostrar la realidad de los cuatro lesionados, afirma estar en posesión de un certificado del médico municipal, Gil de Arévalo, que afirma haber tratado a cuatro jugadores de El Rápido por lesiones provocadas durante el partido. Uno de ellos, Estanislao Vázquez con una artritis traumática y un golpe en la articulación de la rodilla.

Asimismo, desmiente no haber asistido al encuentro, y no solo estuvo presente sino que además evitó, junto con otros espectadores, que parte del público «hubiera hecho justicia, como pretendía, ante la poca consideración que han demostrado los componentes de la Cultural».

Réplica del periodista a los directivos del Frieres. El Noroeste 12 de octubre de 1927.

El mismo cronista se vio en un brete cuando recibe dos crónicas contradictorias del partido entre El Rápido y el Sin Miedo, que terminó con el resultado de 5-3. Dejó escrito el redactor: «Acerca de este partido hemos recibido dos notas, la que por ser ambas contradictorias nos abstenemos de darles á la publicidad. Procuren los amigos de Posada y Cayés, hacer deporte y déjense de llevarlo por derroteros distintos al que es necesario en toda clase de Sociedades deportivas. Y nada más.» Así se puede leer en El Noroeste del 1 de diciembre de 1927. Genio y figura.

Por terminar con este apartado de polémicas en particular y con este artículo en general, citar el encuentro que midió a los jugadores de El Rápido con los del Club Astur de Fuente de la Plata. El partido llegó al descanso con el resultado de 2-4 para los visitantes, sin embargo, en la reanudación El Rápido hizo honor a su nombre y muy pronto se puso por delante con un marcador de 5-4. En un partido que tiene toda la pinta de haber sido muy emocionante, los visitantes lograban el empate, sin que eso arredrara al ataque local, más bien todo lo contrario, según se desprende de la crónica, de nuevo en las páginas de El Noroeste del 15 de diciembre de 1927.

Los de Posada cercaron la portería visitante, amenazando seriamente con volver a poner el marcador a su favor, momento en el cual los jugadores del Astur decidieron abandonar el terreno de juego a falta de ocho minutos para el final del partido, y sin que la sorpresa del colegiado y la indignación del público local hiciera desistir de su actitud al equipo visitante. Muy discretamente el cronista escribió: «La conducta de los del Club Astur ha sido muy censurada», aunque uno no puede evitar pensar lo cerca que debieron de estar los de Oviedo de terminar todos arrojados al cauce del río Zalandrón.

Continuará.

Crónica del partido entre El Rápido y el Club Astur de Fuente de la Plata. El Noroeste 15 de diciembre de 1927.